El complejo Uchiha estaba en calma aquella noche, bajo un cielo despejado salpicado de estrellas. Rosemary y Shikadai habían pasado la tarde juntos, como era habitual desde que comenzaron su relación en secreto. El complejo, donde Rose vivía con su madre, les ofrecía privacidad, pero también un constante riesgo de ser descubiertos.
No obstante, aquella vez no fueron tan cuidadosos. Tenten, regresando temprano de una reunión, decidió pasar por la habitación de su hija para asegurarse de que estaba bien. Al abrir la puerta, se detuvo en seco al encontrar a Rosemary sentada en la cama con la camiseta del clan Nara puesta y su cabello ligeramente desordenado. Frente a ella estaba Shikadai, con el torso desnudo, tratando de ajustar los cordones de su pantalón.
Tenten no necesitó explicaciones.
—¿Rosemary Hyuga? —su voz no era un grito, pero el tono severo hizo que ambos jóvenes se tensaran inmediatamente.
Antes de que pudiera decir algo más, Temari apareció detrás de ella, curiosa por el alboroto. Al asomarse, cruzó los brazos y soltó un suspiro exasperado al ver a su hijo.
—Shikadai Nara... ¿es en serio?
Los dos jóvenes se miraron con pánico evidente, sin saber qué decir. Finalmente, Rosemary intentó romper el incómodo silencio.
—Mamá, yo...
—No, no digas nada ahora —interrumpió Tenten, llevándose una mano a la frente mientras respiraba profundamente para calmarse—. Shikadai, vístete. Y tú, Rose, más te vale tener una buena explicación.
Una vez que Shikadai se vistió y los cuatro se sentaron en la sala común, Tenten y Temari los miraron fijamente.
—¿Cuánto tiempo lleva esto? —preguntó Temari, directamente y sin rodeos.
—Unos meses... —admitió Shikadai, rascándose la nuca con nerviosismo.
—¿Y por qué lo ocultaron? —insistió Tenten, cruzando los brazos.
Rosemary respondió con voz temblorosa:
—Porque sabíamos cómo iban a reaccionar... y porque no sabíamos cómo decírselo a Shikamaru.
Temari levantó una ceja, claramente divertida por la idea de su esposo enfrentándose a esta revelación.
—Bueno, tienen razón en preocuparse por eso. Shikamaru no es exactamente alguien fácil de sorprender, pero esto... Esto podría ponerlo un poco paranoico.
Tenten suspiró profundamente antes de hablar.
—No voy a decir que me encanta la idea de que se escondieran, pero mientras sean responsables y sepan lo que están haciendo, no me voy a oponer.
Temari asintió.
—Estoy de acuerdo. Aunque deberían pensar muy bien cómo van a decírselo a mi esposo. Porque si él lo descubre de la manera equivocada, no va a ser tan comprensivo como nosotras.
Los dos jóvenes asintieron rápidamente, agradeciendo la inesperada comprensión de sus madres. Pero el problema real aún estaba por delante: Shikamaru.
Unos días después, en la fiesta del clan Nara, Shikadai y Rosemary intentaban mantener las apariencias. Aunque habían planeado hablar con Shikamaru después del evento, la tensión era evidente. Shikamaru, siempre observador, notó que su hijo y Rosemary pasaban más tiempo juntos de lo habitual, susurrando en los rincones del patio.
Decidió no intervenir de inmediato, pero no pudo evitar seguirlos cuando los vio salir hacia un área más apartada del jardín. Desde las sombras, observó cómo Shikadai tomaba las manos de Rosemary y hablaba con una expresión seria pero tierna.
—Todo va a estar bien —le decía Shikadai, acariciando suavemente sus manos—. Ya enfrentamos a nuestras madres. Podemos con mi papá.
—Lo sé —respondió Rosemary, suspirando—, pero eso no lo hace menos aterrador. Tu papá siempre ha sido como un padre para mí. No quiero decepcionarlo.
—No lo decepcionaremos. Solo necesita tiempo para adaptarse.
Antes de que Rosemary pudiera responder, Shikadai se inclinó y la besó suavemente. El beso fue breve, pero suficiente para que Shikamaru, que había estado observando en silencio, diera un paso adelante.
—¿Adaptarme a qué, exactamente?
El tono tranquilo pero peligroso de su voz hizo que ambos se separaran de inmediato, volteando hacia él con expresiones de pánico absoluto.
—Papá, yo... —comenzó Shikadai, pero Shikamaru alzó una mano para detenerlo.
—No necesito explicaciones ahora. —Su mirada se dirigió a Rosemary, quien apenas podía sostenerle la mirada—. Solo quiero saber una cosa: ¿están siendo sinceros el uno con el otro?
Shikadai respondió con firmeza:
—Sí, papá. Estoy completamente seguro de lo que siento por Rose.
Shikamaru observó a ambos por un momento antes de soltar un largo suspiro, llevándose una mano a la nuca.
—Esto es problemático... —murmuró, antes de mirar a Rosemary—. Pero si Shikadai está seguro, y tú también, no voy a interponerme. Solo recuerden: una relación no es fácil. Requiere esfuerzo, paciencia y mucha comunicación.
Rosemary asintió rápidamente, sintiendo un alivio que casi la hizo llorar.
—Gracias, Shika.
Shikamaru sonrió levemente, aunque seguía pareciendo agotado por la situación.
—No me agradezcas todavía. Solo no hagan que me arrepienta de esto.
Con eso, Shikamaru se giró y regresó a la fiesta, dejándolos a ambos parados bajo la luz de la luna, más aliviados pero también conscientes del desafío que tenían por delante.
