Juegos Perversos [Wicked Games] es autoría de creaatingmadness, Crepúsculo y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la traducción al español es mía con el permiso de la autora.
Juegos Perversos [Wicked Games] was written by creaatingmadness, Twilight and its characters belong to Stephenie Meyer, the Spanish translation is mine with the author's permission.
¡Gracias a Sully y arrobale!
ADVERTENCIAS: Esta historia contiene uso de drogas, contenido sexual explícito, violencia y lenguaje soez. Está clasificado como M por una razón. Agregaré advertencias de activación en la parte superior de los capítulos que creo que las requieren más allá de esta advertencia inicial. Es un BxE, pero es una combustión lenta, así que abróchate el cinturón.
Capítulo 6: Sabe a arrepentimiento
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Bella
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xXx
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Me siento al fondo de la ducha, abrazando mis rodillas contra mi pecho, el agua ahuyentando mis lágrimas. Hay un dolor debajo de mis costillas que no desaparece, la expresión en la cara de Masen cuando se dio la vuelta y salió corriendo de mi habitación, el sonido que hizo. Ese gemido entrecortado. Se me retuerce el estómago y me pregunto si voy a vomitar de nuevo. Ya lo he hecho dos veces.
He hecho cosas malas antes, muchas. Pero esto se siente diferente. No debí haber hecho eso. Sabía que tocarlo lo molestaría. Simplemente no me di cuenta de lo mal que estaba. Le hice tener un ataque de pánico.
Eso es jodido.
Estoy jodida.
La cagué.
Mierda.
Me toco la garganta con cautela. Ni siquiera me había agarrado tan fuerte, pero debió haberlo hecho. No lo habría culpado. Lo que hice... Eso no estaba bien. Lo sé. No lo había hecho maliciosamente, quiero decir, sabía que no le gustaría, pero estaba aburrida y quería ver cómo se vería mi diseño dibujado en alguien, no me había dado cuenta de que estaba entrando en pánico hasta que gimió y salió corriendo, y luego fue demasiado tarde. Me había quedado helada, con el corazón hundido en el pecho. La rabia en esos ojos verdes enrojecidos cuando me dijo que no lo volviera a tocar, la forma en que me había hablado, yo también me lo merecía. Debe odiarme, y eso está bien. Quiero que lo haga.
Apoyo la mejilla en la rodilla, la culpa se retuerce en mi estómago, me golpea, las manos tiemblan contra mi garganta. Me siento jodidamente mal. Había estado bebiendo. Podía olerlo en su aliento. Mi culpa se hace más profunda, sus enredaderas se extienden a través de mi pecho y lo constriñen.
Le había hecho eso, lo había hecho sentir tan jodido que tuvo que tomarse media botella de vodka solo para recuperarse. He tenido un ataque de pánico antes, he tenido varios. Debí haber reconocido las señales, no debí de haberme distraído tanto con su cuerpo, con su tinta.
No había podido evitar tocar parte de ella. Su piel era tan suave y cálida bajo las yemas de mis dedos, su torso musculoso salpicado de tatuajes y cicatrices rosadas, algunas de las cuales estropeaban su tinta, retorciéndose a través de él en cortes y remaches.
Cuando había corrido, me había tomado un segundo procesar lo que había hecho, procesar que había dado un paso demasiado lejos, y luego fui rápidamente a su habitación para disculparme, sabiendo que necesitaba decir algo. Al abrir esa puerta, se veía tan... Roto, furioso, completamente furioso, pero también triste.
Trago saliva, algo se retuerce bajo mis costillas. Había tarjetas de cumpleaños en su escritorio.
¿Hoy es su cumpleaños?
¿Fue ayer?
¿Será mañana?
Apoyo la cabeza contra la pared, respirando temblorosamente. No me importa Masen, y no me gusta. Quiero que renuncie, lo hago, y eso no ha cambiado. Pero si se queda, si no se va, no lo volveré a tocar. Necesito disculparme con él por lo que hice y asegurarle que nunca volveré a hacerlo.
Vuelvo a sentir el sabor de la bilis en la boca, y me la trago, el agua caliente me golpea, tamborilea contra mi cuero cabelludo.
Dios, espero que se vaya. No quiero tener que enfrentarme a él. ¿Cómo puedo enfrentarme a él después de lo que hice?
Me obligo a levantarme del suelo y lavarme el pelo.
Cuando salgo de la ducha y me pongo pijama y me comunico con Rose por FaceTime.
Suena el teléfono y ella aparece en la pantalla, caminando por el pasillo.
—¡Ey! —me saluda con una sonrisa, girando la cabeza hacia un lado de repente—. Quítate de mi camino, Conor, y tú también, Patrick, por el amor de Dios, ¿dónde está la au pair? ¡Margo!
Rose frunce el ceño y yo lucho por sonreír cuando veo a Margo correr por el pasillo, con cara de pánico.
Rose cierra una puerta detrás de ella y luego cae en su cama, acostada boca abajo, finalmente mirándome. Al instante frunce el ceño.
—Mierda, ¿qué pasa?
Me muerdo el labio inferior. —Hice algo jodido. —Mis ojos lloran y Rose frunce el ceño.
—¿Qué hiciste, B? Háblame, nena.
Trago saliva pesadamente. —Yo... a Mas-Fido, no le gusta que lo toquen, y yo sabía eso... pero estaba tratando de molestarlo, y estaba aburrida, y comencé a dibujar este diseño que ha estado en mi mente las últimas semanas y... —Mi voz se quiebra—. Lo obligué a quedarse allí parado mientras lo hacía, Rose, y tuvo un ataque de pánico...
Los ojos azules de Rose se abren de par en par y su boca se abre y luego se cierra. —B...
Me llevo la mano a la cara. —Me siento tan jodidamente mal.
—B, creo... —se interrumpe con un sonido de choque, y el teléfono se mueve para mostrar el techo blanco mientras la escucho gritar—, ¡estoy al puto teléfono, imbéciles! Lárguense de aquí. ¡Margo!
Hay un torrente de francés rápido, y Rose sigue con su propio torrente de francés a cambio antes de que haya otro estallido de risa juvenil y el sonido de una puerta que se cierra. La cámara se levanta y veo la cara de Rose con una expresión irritada.
—Lo siento, B, los gemelos están de «receso escolar» y me están volviendo jodidamente loca. Pensé que el objetivo de que mi madre los enviara a un internado en Europa era para que no tuviéramos que lidiar con ellos. Uff. —Hace una mueca y luego niega con la cabeza—. Correcto... Mmm, explícame todo el asunto porque realmente no lo entiendo.
Suspiro, frotándome la mejilla. —Lo llamé a mi habitación, le hice quitarse la camisa y luego lo toqué, pero solo para dibujarlo... y luego, antes de que me diera cuenta de lo que estaba pasado, estaba teniendo un ataque de pánico.
—¿Te disculpaste? —Las cejas de Rose se fruncen, sus ojos azules están muy abiertos y contemplativos.
—Lo intenté —digo en voz baja—. Él... no estaba de humor para oír mis disculpas.
Rose se muerde el labio. —¿Por qué te dejó hacer eso?
Toso. —Podría haber... insinuado que haría que lo despidieran si no lo hacía. —No le digo que lo amenacé con la muerte, Rose no lo entendería y, además, era una amenaza vacía.
Rose me hace una mueca. —Está bien, entonces, ¿qué vas a hacer?
Suspiro. —Tengo que disculparme. Espero que renuncie. Debería renunciar, ¿verdad?
—No sé, B... Podría, pero ¿y si no lo hace...?
—Nunca volvería a hacerlo —digo con firmeza—. Seguiré tratando de hacer que renuncie. Simplemente no lo tocaré en absoluto.
—Está bien —asiente Rose, sonriéndome suavemente.
—¿Puedes hacerme un favor? —le pregunto, mordiéndome el labio inferior—. SJ no llegará antes de las 10:30 de mañana, y Masen se va a casa a las 12 de la noche. ¿Puedes hacer que Dianne vaya a la ciudad por mí?
xXx
Duermo en ráfagas intermitentes, mi mente repitiendo constantemente la expresión en el rostro de Masen cuando salió de mi habitación. La culpa me desgarra las entrañas, haciendo que mi corazón lata demasiado rápido en mi pecho. No me importa ser una perra con él. No me arrepiento de nada de lo que he hecho... Quiero que renuncie, después de todo, pero tocarlo... Sabía que era un límite. Había optado por cruzarlo, sin entender muy bien lo que implicaría. No soy un monstruo.
Forzar a alguien a un ataque de pánico, eso es diferente a hacerlo llorar o sentirse como una mierda. La reacción de Masen hacia mí, sé lo que significa. Alguien le hizo eso una vez, tal vez en la cárcel, tal vez antes...
No quiero explotar su abuso. Eso es ir demasiado lejos. Me niego a ser tan mala persona como el resto de mi familia.
Si Masen es lo suficientemente estúpido como para quedarse aquí, no voy a ser fácil con él. Seguiré tirando su cuenco al suelo, seguiré llamándolo Fido y hablaré mierda de él porque eso es lo que hago. Mis tácticas infantiles parecen pequeñas al principio, pero son efectivas, increíblemente efectivas. No necesito recurrir a tocarlo para que salga corriendo.
Cuando me levanto para cepillarme los dientes, jadeo en silencio ante los moretones en forma de dedos, marcados en mi cuello. Puedo cubrirlos con maquillaje más tarde, así que no estoy demasiado preocupada. Me pongo una de las sudaderas con capucha de Cilian, el cuello es bonito y alto, cubriendo mi garganta, y es cálida y acogedora.
El pasillo está en silencio cuando salgo de mi habitación, y me quedo mirando la puerta de Masen por un momento, mordiéndome el labio antes de escabullirme y bajar las escaleras.
Nuestros dormitorios están en el piso superior, uno de cuatro, aunque técnicamente cinco si se cuenta el garaje de abajo. El tercer piso tiene dormitorios para varios invitados, y uno de ellos pertenece a Emmett, no es que lo use nunca.
Nunca voy al segundo piso.
Cuando bajo las escaleras, puedo escuchar el suave sonido de la radio en la cocina, junto con el ligero desorden de los platos. Una cálida luz blanca entra a raudales desde los grandes ventanales del vestíbulo, y el mármol está fresco contra mis pies descalzos mientras me deslizo por el suelo. Entrando en la cocina.
Nuestra chef, Pattie, está de pie en la enorme isla de mármol blanco, con los ojos muy arrugados medio fijos en el televisor pegado a la pared mientras prepara la comida, varios cuchillos y tablas de cortar que la rodean. —Buenos días, Isabella —me saluda, dándome una cálida sonrisa, sus ojos marrones clavados en los míos—, ¿quieres algo de comer?
—Solamente café —le digo, sentándome en uno de los bancos detrás de la isla de la cocina, tamborileando mis largas uñas sobre el mármol. Pattie es nueva y extraño a Naomi, la chef con la que crecí. Se jubiló hace unos meses, y Pattie no hace los huevos igual ni me sonríe igual.
Suspiro, metiendo un mechón de pelo que se me ha caído del moño detrás de la oreja.
La máquina de café emite un zumbido bajo y Pattie vuelve la cabeza hacia mí. —SJ estará aquí a las 10. Creo que iba a ir a la tienda. ¿Necesitas algo?
Niego con la cabeza, dedicándole una pequeña sonrisa cuando coloca un café espumoso frente a mí. —Gracias —digo en voz baja.
El café está caliente y amargo, y la leche espumosa es dulce contra mis labios mientras tomo unos sorbos. Suena el timbre de la puerta y niego con la cabeza a Pattie. —Yo me encargo.
Ella asiente y vuelve a cortar. Los sábados, tenemos un brunch familiar a la 1 pm con todos. Frunzo el ceño al pensarlo. Anoche le rogué a Rose que viniera y ella dijo que lo haría, el miedo a enfrentarse a Emmett no era tan malo como tener que soportar el día con los gemelos. Tener a Rose aquí es un buen amortiguador. Nadie habla de negocios de esa manera, y nadie insiste en hablar conmigo tampoco.
Abro la puerta y sonrío a Rose de pie en la puerta, luciendo tan radiante como siempre, su cabello rubio alisado y con raya al medio. Lleva sombra de ojos rosa pálido y está vestida con botas de gamuza marrones hasta el muslo con un vestido de cuello alto de color similar que abraza su cuerpo esbelto y le llega hasta las rodillas.
—¡Te ves tan bonita! —le digo con una sonrisa, tirando de ella hacia adentro.
Nuestros dedos se entrelazan y ella me abraza, el olor de su perfume floral es increíblemente reconfortante mientras presiono mi cara contra su hombro.
—¿Estás bien? —me pregunta, echándose hacia atrás con el ceño fruncido.
Asiento y ella sostiene una bolsa blanca. —Lo tengo.
—Gracias. —Sonrío. Nos acercamos al mostrador y le pedimos a Pattie que le prepare un café.
