Juegos Perversos [Wicked Games] es autoría de creaatingmadness, Crepúsculo y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la traducción al español es mía con el permiso de la autora.
Juegos Perversos [Wicked Games] was written by creaatingmadness, Twilight and its characters belong to Stephenie Meyer, the Spanish translation is mine with the author's permission.
¡Gracias a Sully y arrobale!
ADVERTENCIAS: Esta historia contiene uso de drogas, contenido sexual explícito, violencia y lenguaje soez. Está clasificado como M por una razón. Agregaré advertencias de activación en la parte superior de los capítulos que creo que las requieren más allá de esta advertencia inicial. Es un BxE, pero es una combustión lenta, así que abróchate el cinturón.
Capítulo 14: Atrapa y libera
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Bella
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xXx
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—Estar suspendida es jodidamente aburrido —le digo a Cilian, apoyando la cabeza en la almohada. Estoy acostada en mi cama donde he estado dibujando todo el día, pero después de cuatro días de esto, extraño a mis amigos.
—Ay, pobre bebé —bromea Cilian, sonriéndome. Sonrío cuando veo la cabeza de Jasper aparecer en la cámara, apoyada en el hombro de Cilian.
—Te extrañamos, Bella —canta Jasper.
Cilian lo mira, y tengo que luchar para no levantar las cejas cuando besa la cabeza de Jasper. Siempre ha sido así de delicado conmigo, pero nunca con nadie más. La emoción burbujea en mis entrañas, pero me obligo a no reaccionar.
—¿Vas a venir a la fiesta esta noche, Cygnet? —Escucho la voz de Alec. La cámara gira y lo veo, apoyando ambos codos en la mesa del comedor, sus ojos oscuros juguetones.
—Definitivamente —digo sonriendo.
Rose se sienta en la mesa junto a Alec y deja escapar un ruido. —¡Bella! ¿Llamaste a Cilian en lugar de a mí, puta de mierda?
Escucho a Cilian resoplar: —No estés celosa, Rosie. Ella simplemente me ama más.
Rose se burla—: ¿Tu nombre está tatuado en su cuerpo? No lo creo.
—Una letra, nena, es una letra, y yo también tengo algo de ella en mi cuerpo —dice Cilian, riendo.
La cámara vuelve a enfocarse en él y en Jasper, y Cilian me guiña un ojo, haciendo que mis mejillas se enrojezcan.
Jasper sonríe—: Es un tatuaje sexy.
—¿Qué es? —pregunta Alec, con su voz profunda llena de curiosidad.
—Deberías preguntarle, ¿dónde está? —se ríe Rose.
Cilian sonríe y yo hago un puchero. —Los extraño a todos.
—Jesús, nena, solo han pasado como tres días —bromea Cilian.
—No te echa de menos a ti, imbécil, me echa de menos a mí —declara Rose.
—Y a mí —dice Alec.
—¿Me echas de menos? —me pregunta Jasper, sonriendo.
—¿A quién echas más de menos? —Rose pregunta.
Me río, y estoy a punto de responder cuando levanto la vista y encuentro a Masen apoyado en mi puerta. Salto y grito de sorpresa. —Maldito Cristo, Fido. Tenemos que conseguirte una campana. me tengo que ir, chicos. —Cuelgo el teléfono con el sonido de protestas y miro fijamente a Masen.
Arquea una ceja hacia mí. —Tu padre está abajo.
Busco a mi alrededor y resoplo frustrada.
—¿Qué buscas? —pregunta Masen, con voz profunda e irritada.
—Solo una mierda para lanzarte —digo con voz apagada—, pero no puedo encontrar una.
La lengua de Masen sale disparada y la muerde, sus ojos verdes brillan.
Sonrío. —Puedes reírte, Fido, sé que soy jodidamente graciosa .
—Divertidísima —dice secamente, cruzándose de brazos.
Miro fijamente su tinta, mordiéndome el labio inferior. Lleva una especie de chaleco, revelando parcialmente sus tatuajes. Llega hasta el bíceps por ambos lados. Mucho espacio para agregar más, y mi cabeza da vueltas ante todas las posibilidades. Es principalmente tinta negra, pero podría agregar algunos colores agradables que encajarían con la vibra que ya tiene.
Aparto la mirada rápidamente. ¿Qué coño estoy haciendo?
—Vete a la mierda, Fido —le ordeno, mirándome las uñas.
– Quiere verte.
Aprieto los dientes. No por Masen, sino porque mi puto padre no se atreve a subir las escaleras y venir él mismo a mi habitación.
—No me importa —murmuro, sin mirarlo.
—Isabella, tengo que llevarte allí, puedes caminar o te llevo cargada, tú eliges.
Levanto la cabeza y lo miro. —Sé que quieres tu mano sobre mí, Fido, pero es un no. No me toques.
—No depende de mí —dice Masen arrastrando las palabras.
Me burlo. —Dile a mi padre que se vaya a la mierda.
Masen pone los ojos en blanco. —Voy a contar hasta cinco, princesa, o caminas por tu propio pie, o te arrastraré escaleras abajo.
Me levanto de la cama y sus ojos se posan inmediatamente en mis piernas. Llevo una camiseta negra y una tanga, nada más.
Tarareo—: ¿Me vas a arrastrar escaleras abajo en ropa interior, Fido?
Los ojos de Masen se fijan en los míos y se encoge de hombros. —No me importa. Si te da vergüenza, vístete.
Resoplo—: No me avergüenzo, Fido, menos mal, porque sin duda me avergonzaría que me vieran en público contigo.
Me mira a los ojos, me dice—: ¿Por qué? Porque la gente se preguntará qué estaría haciendo contigo un tipo tan guapo como yo.
Hago un puchero juguetón—: Mezquino, Fido. —Me doy la vuelta y me agacho para agarrar mis leggings, dándole una vista de mi culo—. ¿Tu mamá nunca te dijo que las palabras duelen? Supongo que estaba demasiado ocupada chupando...
—No lo hagas —gruñe Masen—. No empieces, carajo.
Me doy la vuelta y le doy una expresión inocente—: ¿Empezar qué, Fido?
Me mira fijamente y sonrío.
»Puedo ver que este es un tema delicado para ti. Déjame adivinar. Está claro que tienes problemas con mamá... Entonces, ¿es porque era una puta? ¿Lo sigue siendo ahora? O tal vez ella no te quería, y tus problemas se derivan del rechazo. ¿Es eso, Fido? ¿Te sientes rechazado? —Me acerco a él y lo miro fijamente a los ojos. Rómpete, Masen, rómpete y acaba con esto. Me acerco más, con la boca junto a su oreja—. ¿Fuiste a la cárcel por lastimar a alguien, Fido? Tal vez a ella, tal vez toda esa ira creció y creció, y te desquitaste con tu...
Su gran mano me rodea la garganta y dejo de respirar. No me está sujetando con fuerza. no me está presionando nada. Él simplemente está ahí. Me tira hacia atrás, muy suavemente, pero cuando nuestros ojos se encuentran, los suyos son de un verde venenoso.
Mortal.
—Hazlo —le ordeno, desafiándolo con la mirada—. Hazme daño y luego renuncia. Puedo seguir hablando, Fido. ¿Te...?
Los dedos de Masen se aprietan un poco y dejo de hablar.
—Escúchame con mucha atención. Eres una pequeña perra malcriada. Puede parecer que juego legal, pero también puedo jugar sucio. ¿Crees que tengo las manos jodidamente limpias? No es así —baja la voz, casi escupiéndome—. No te voy a estrangular, aunque sería jodidamente fácil. No te haré daño, pero solo porque necesito este trabajo y porque eres una chica. Una estúpida niña malcriada. —Me mira fijamente, y siento un destello de miedo en mi vientre ante la mirada en sus ojos.
Me río, a pesar de cómo me siento por dentro. —Oh, Fido, no tienes las pelotas, ¿eh? —Parece furioso, esos ojos verdes me miran con rabia mientras sus dedos se mueven alrededor de mi garganta.
»Vamos —lo insto—. Puedes hacerme daño, Fido. No diré nada si prometes irte después.
Sus ojos se entrecierran de repente. —¿Ha sucedido eso antes?
Mis ojos se abren de par en par por la sorpresa.
»Alguien, te lastimó. Te hizo daño. ¿cierto? —espeta.
—Por supuesto que no —afirmo, lamiéndome el labio inferior mientras lo miro fijamente. —. Puedes ser el primero si quieres.
Cierra los ojos, aprieta los dientes, y siento una repentina sacudida que me recorre al darme cuenta de lo cerca que estamos, su mano grande y cálida alrededor de mi cuello. Huele a cigarrillos y a algo dulce y picante que no puedo ubicar, el aroma hace que la parte inferior de mi estómago se enrolle en un nudo. Mis ojos recorren sus pómulos altos, enrojecidos por la ira, y su boca rosada y carnosa. Hoy está bien afeitado y cuando mi mirada se posa en su mandíbula cincelada, me pregunto cómo se sentiría lamerla. El calor me escupe por la espina dorsal y me alejo de sus brazos, necesitando estar lejos de él, necesitando un poco de distancia.
Los ojos de Masen se abren de par en par, y la mirada que me dirige hace que algo se me retuerza el estómago. Dios, me odia.
Pero eso es lo que quería. Eso es lo que quiero.
—No sé cómo duermes por la noche —murmura—. Ahora ponte ropa porque te estoy arrastrando hasta allí, independientemente de lo que quieras.
Me subo los leggings y lo miro fijamente. —Duermo como un bebé, Fido.
Mentiras.
Pero mentir es el único lenguaje que puedo tener con Masen. Cuanto más me odie, más probable es que renuncie.
Me doy cuenta de que empiezo a romperlo, que no hará falta mucho más.
Debería estar jodidamente contenta por ello.
En cambio, todo lo que siento es enfermizo.
xXx
Me siento en el sofá, con los brazos cruzados, mientras Charlie está de pie frente a mí. Está mirando su reloj cada dos segundos, así que sé que tiene un lugar donde estar, un lugar más importante en el que estar.
Está esperando a que acepte sus disculpas, y va a estar esperando mucho tiempo porque no lo voy a perdonar.
Miro más allá de él y miro hacia donde Masen está sentado en el banco del piano. Todavía tiene ese chaleco, sus brazos musculosos descansan sobre el negro reluciente mientras mira por la ventana. Está aquí como un amortiguador, creo. Es por eso que Charlie no le ha pedido que se vaya. Masen puede llevarme si Charlie pierde los estribos y no quiere tratar conmigo.
La luz brilla en su rostro, acentuando su piel pálida y resaltándolo en un suave resplandor blanco. Todo lo relacionado con su posición debería molestar a Charlie, normalmente lo hace, y nunca antes había tenido un guardaespaldas actuando así con mi padre, pero Masen simplemente se sale con la suya.
Incluso Emmett está enamorado de él, y mis tíos hablan con Masen más que conmigo. Están al acecho en la cocina en este momento, puedo escuchar a Ginny reírse y me duele el pecho. Los echo de menos. Pero nunca les importo lo suficiente. Es por eso que ya se han dado por vencidos.
—¡Por el amor de Dios, Isabella! —Charlie estalla—: ¿Puedes decir algo?
—Algo —digo inocentemente. Veo que los labios de Masen se contraen.
—¿Crees que eres jodidamente graciosa? —Charlie suspira, frotándose la cara.
—Por supuesto —respondo, cruzando una pierna sobre la otra y mirándolo fijamente—. ¿Qué quieres exactamente, papito querido?
—Respeto —murmura.
Me río—: No en esta vida.
Sus ojos se entrecierran, pero refrena su temperamento. —¿Puedes aceptar un consejo como amigos, entonces? Las cosas no están bien en este momento. Necesito que tengas cuidado, que no te escabullas, que no jodas, que te quedes con Masen en todo momento.
Inclino la cabeza hacia él. —¿Las cosas no están bien en qué sentido? Em mencionó a Bano y a Cinna.
Charlie suspira. —Sí, esa es su propia maldita pesadilla, pero hemos tenido algunos tipos que han aparecido muertos, no he podido averiguar quién lo hizo, pero algo está pasando, así que simplemente... por favor, por el amor de Dios, sé buena.
—Lo que sea —digo con desdén. Quiero saber más, pero no quiero darle la satisfacción de preguntar. Em me lo dirá.
Charlie me mira con recelo. —¿Eso es todo? ¿No hay berrinche?
Sonrío inocentemente. —Es tu día de suerte, papá.
Entrecierra los ojos para mirarme, pero luego vuelve a mirar su reloj. —Mierda, realmente tengo que irme.
—Por favor, disculpa mi falta de sorpresa —le digo, mirándome las uñas.
Se inclina y me besa la cabeza. —Sé una buena chica. Por favor, Bella.
No me pican los ojos y no quiero llorar.
Se acerca a Masen y le dice algo en voz baja. Masen asiente con la cabeza, y luego mi padre sale de la habitación sin mirar atrás.
—¡Adiós, Cygnet! —Oigo a mis tíos despedirse en voz alta. Charlie dice algo, y hay una ronda de risas, luego las voces desaparecen.
Me burlo, hundo las rodillas en el pecho y apoyo la cabeza en ellas. La habitación está en silencio, excepto por la respiración de Masen y la mía, y cierro los ojos.
Después de unos segundos, escucho sus pasos, levanto la cabeza y lo encuentro tendido en el sofá frente a mí.
—¿Qué haces, Fido? —pregunto, arqueando una ceja.
—El jefe dijo que me pegara a ti como pegamento, también puede ser jodidamente cómodo.
Frunzo el ceño—: No se refería a la casa, maldito idiota.
Masen levanta un poco la cabeza, esos vívidos ojos verdes chocan con los míos. —En realidad, dijo específicamente en la casa.
Le enseño el dedo corazón y sonríe, se recuesta y cierra los ojos.
Quiero salir de la habitación, pero estoy jodidamente cansada y no me molesta, así que me acuesto también, dejando que mis ojos se cierren.
xXx
Me revuelvo en el sofá y levanto la cabeza, parpadeando sombríamente. Para mi sorpresa, Masen está profundamente dormido en el otro. Lo miro fijamente por un segundo, mordiéndome el labio. Sus labios carnosos están ligeramente entreabiertos, su rostro ligeramente arrugado donde descansa sobre su mano. Mi mirada se desplaza a través de sus largas pestañas negras y el color en sus pómulos altos. Parece casi etéreo. El sol de la tarde baña su rostro con un cálido resplandor anaranjado, salpicando también los cojines que lo rodean.
Sus respiraciones son profundas, el ascenso y descenso de su fuerte pecho es rítmico.
—¿Puedo ayudarte con algo? —Su voz baja me hace saltar, y miro hacia arriba y encuentro brillantes ojos esmeralda fijos en los míos, alertas y firmemente abiertos.
—¿Qué? —pregunto, mirándolo fijamente.
—Oh, ¿has terminado de mirarme? —Masen sonríe, se incorpora e inclina la cabeza hacia mí.
—Sí —afirmo con seguridad—, y la respuesta es... Sigues siendo basura. Eh. —Sonrío inocentemente y observo esos ojos verdes brillar peligrosamente.
—¡Bells! —Escucho la llamada de SJ. Vuelvo la cabeza hacia la puerta.
—¡Aquí!— Le grito.
—Phil está aquí.
Jadeo y salto del sofá, saliendo corriendo de la habitación. Puedo oír a Masen trotando detrás de mí y lucho contra las ganas de poner los ojos en blanco. ¿Qué es exactamente lo que cree que me va a pasar en los diez segundos que tarda en entrar en el vestíbulo?
Mis ojos se iluminan cuando veo a Phil quitándose una chaqueta de cuero negra y recogiéndose el pelo largo y castaño en un moño desordenado. Sonríe cuando me ve, sus ojos azules se arrugan mientras extiende sus brazos tatuados. Vuelo hacia ellos y él me levanta, me abraza con fuerza y me pone a su altura, con los pies colgando. Respiro su loción de afeitar, una punzada dolorosa resuena en mi pecho. Huele como la risa de mi madre, sentada en sus hombros mientras baila música antigua, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes.
—Hola, cariño —me murmura al oído.
—Te extrañé —suspiro mientras me deja en el suelo.
Phil me frota el brazo para consolarme y me acerco para tocar la tinta nueva en su cuello. Está inacabado. Alas y dientes y lobos, delineados, pero no rellenados.
—Estoy esperando que me agregues un poco de color. —Sonríe Phil, agarrando mi mano y apretándola.
—¿Sí? —pregunto feliz—. Confías en mí ahora, ¿eh?
Phil mueve las cejas. —Tengo que arriesgarme por la galleta, nefesim (2).
Sonrío suavemente ante el término turco de cariño. Es como mi mamá solía llamarme, y solo ella y Phil lo usaban. Charlie nunca se atrevería.
—Pareces viejo —le digo juguetonamente. No lo hace, no realmente, a pesar de que ahora tiene cuarenta y cinco años.
—Me veo jodidamente exquisito. —Sonríe Phil, mirando por encima de mi cabeza y levantando una ceja—. Oh, este es tu nuevo guardaespaldas.
—No lo será por mucho tiempo —digo con confianza.
Phil tararea. A él no le gusta que siga obligándolos a renunciar, a pesar de que sabe el porqué. Piensa que es peligroso para mí.
No me importa.
—Hola, soy Phil, el tío de Bella —dice Phil cordialmente. Puede que esté sonriendo, pero sus ojos son duros.
—Hola —murmura la voz áspera de Masen.
—¿Puedo sacarte? —me pregunta Phil, mirando hacia abajo y alborotándome el pelo.
—No —responde Masen por mí—. Ella no puede salir. Lo siento.
Me doy la vuelta y me encuentro con su expresión de aburrimiento. —A la mierda con eso. Podemos salir, Phil —digo enojada.
—Sí, no lo creo. —Masen se ríe, cruzando los musculosos brazos—. Te arrastraré de vuelta a través de esa puerta, así que no lo intentes.
Aprieto los dientes. —Ignóralo, Phil, él...
—Está bien, ángel. Podemos quedarnos aquí —dice Phil diplomáticamente, interrumpiéndome—. ¿Quieres que pidamos algo?
Como si estuviera en el momento justo, SJ sale de la cocina. —Así que Pattie está haciendo lasaña para esta noche, pero si ustedes tienen hambre ahora, ¿puedo salir y comprar sushi? Masen, ¿quieres un poco?
Masen hace una mueca. —No, paso.
—¿No te gusta el sushi? —le pregunto, tan desconcertada que olvido que se supone que debo odiarlo. Masen me mira con curiosidad antes de encogerse de hombros.
—Nunca lo he probado, pero el pescado crudo no suena muy apetecible.
Phil se ríe y pongo los ojos en blanco. —Tan falto de clase.
—Tan cabrona —Masen imita mi tono de voz, sonriendo.
Me quedo boquiabierta y Phil suelta una carcajada. —Es jodidamente gracioso. Tal vez deberías quedarte con este.
—Paso —murmuro.
—Discúlpame mientras voy a llorar —dice Masen, con una sonrisa arrogante en sus labios. Phil resopla y me vuelvo para mirarlo.
—¿Qué? —levanta las manos, sus ojos juguetones—. ¿No se me permite reír?
—Con él, no —le digo con firmeza.
—Oye, SJ —dice Masen encantadoramente—, ¿puedo ir por una rebanada de tarta?
Ella le sonríe cálidamente. —Veré qué puedo hacer.
Resoplo—: Voy a ir a buscarnos un café, Phil, ¿podemos ver una película?
—Suena bien, cariño. —Sonríe Phil—. Oh, antes de que se me olvide, ¿tienes el dinero para la fundación?
—¡Iré a buscarlo! —digo, subiendo corriendo las escaleras. Cuando vuelvo a bajar, Masen y Phil se ríen, y puedo ver en la cara de Phil que le gusta.
Le arrojo el fajo de billetes, mirándolo fijamente. —Lamento interrumpir tu nuevo bromance (3).
Phil no reconoce mis palabras, pero toma el dinero, luciendo complacido. Me doy la vuelta y camino hacia la cocina.
—¿Para qué es eso? —Oigo a Masen preguntarle en voz baja.
—Ah, la madre de Bella fundó una organización benéfica para...
El resto de sus palabras se cortan cuando entro en la cocina, el canto desafinado de Pattie las ahoga.
Me aclaro la garganta y ella salta, dándose la vuelta con una expresión de sorpresa.
—No me dijiste que sabías cantar —digo con picardía.
Pattie sonríe, dándome una sonrisa pícara. —Oh, esa no era yo. Era un gato que se estaba muriendo afuera.
Resoplo. —No eres tan mala. Además, eres valiente por intentar cantar algo de The Bangles. No es fácil.
Pattie se ríe, sus ojos se iluminan. —¿Te gustan The Bangles?
Trago saliva—: A mi mamá le gustaban.
—Entonces tenía buen gusto. —Pattie guiña un ojo.
Le dedico una pequeña sonrisa y tomo asiento.
—¿Tienes hambre, amor? —pregunta Pattie en voz baja.
—SJ fue a comprar sushi —respondo—, pero... ¿café? ¿Para Phil y para mí? Por favor.
—Claro —tararea Pattie.
—¿Vas a darme una serenata más mientras lo haces? —pregunto, riéndome un poco.
Los ojos de Pattie se arrugan. —¿Por qué no cantas para mí más bien? Sé que lo haces muy bien. Te he escuchado.
Niego con la cabeza con firmeza. —No, eh.
—¿Ni siquiera por una galleta? —Pattie guiña un ojo, blandiendo una cubierta de chispas de chocolate.
—Haré absolutamente cualquier cosa por una galleta, excepto eso. —Me río.
Una sonrisa melancólica se extiende por sus labios, sus ojos se nublan por la emoción.
Me muerdo el labio alarmada. —Oh, lo siento, puedo si realmente quieres...
—No, es... mi hija también solía decir eso —dice Pattie en voz baja, con voz reverente y gentil. La expresión de su rostro lo dice todo. Su tono lo dice aún más fuerte.
—¿Cuándo...? —pregunto gentilmente.
Pattie traga saliva. —Han pasado diez años. Tenía más o menos tu edad cuando...
—Lo siento mucho.
—No podemos cambiar el pasado —murmura Pattie. Suspira suavemente, y luego sus labios se curvan ligeramente hacia arriba—. Me la recuerdas mucho. Ella también era luchadora.
—Ah, pero ¿era tan molesta como yo? —le digo, dedicándole una sonrisa maliciosa.
—No exactamente —bromea Pattie.
xXx
—Bella —balbucea Rose, con la cabeza apoyada en mi hombro. Miro a Alec con los ojos en blanco y él sonríe, inclina la botella de whisky hacia atrás y bebe un trago. Pongo a Rose sobre Cilian y me inclino sobre la mesa de cristal para aspirar la línea que me espera.
—Carajo —tiemblo, recostándome de nuevo en el sofá.
Cilian me devuelve suavemente a Rose y luego agarra a Jasper por la nuca, besándolo ferozmente. Los miro con ojos pesados, mordiéndome el labio.
Se ven tan jodidamente calientes juntos, pero no me uniré, aunque sé que podría. Lo que casi sucedió la otra semana fue divertido, y no me habría arrepentido, pero el momento ya pasó. Además, Jasper y Cilian parecen estar follando como conejos. No me necesitan para pasar un buen rato.
La élite de Manhattan sabe cómo celebrar una fiesta. En lugar de vasos plásticos con borde rojo hay vasos de cristal, el alcohol que mancha la mesa cuesta más de 200 dólares la botella, y hay tantas bolsas de coca por todas partes que parece que alguien derramó harina.
Estamos en un ático, el apartamento de Abbey Greeneham. Para todos los demás, su padre es un destacado funcionario de finanzas, pero sé lo que realmente hace: le compra directamente a Trigger y vende en Oriente Medio y cada centavo en esta sala se paga con sangre. No sé si Abbey está al tanto de su trabajo, pero si no lo está, no me corresponde a mí decírselo. La mafia se infiltra en esta ciudad como hormigas bajo los adoquines, oculta a plena vista, pululando y hambrienta bajo la superficie.
El sofá de cuero negro es suave y flexible debajo de nosotros, sin sudor ni derrames porque todo es demasiado caro para eso, y el aire acondicionado está llenando la habitación con una brisa ártica que me alegra de llevar sujetador. El golpeteo de la música se filtra, lento y nervioso, a través de la idea de alguien de una pista caliente. Nadie escucha realmente. Todo son vibraciones. Negro y dorado. Al igual que las tarjetas de crédito extendidas sobre la mesa de cristal frente a nosotros, reflejando brillantes detalles bancarios que contienen millones en su interior.
Pasan varias horas y estoy de vuelta en el sofá, con los pies saltando y la mandíbula apretada por la nueva línea que acabo de tomar. Ya terminé. Estoy hambrienta y hace frío.
La fiesta continúa. Hay varias chicas en topless y bailando, pero a Rose la recogieron hace unas horas, y todos mis mejores amigos están follando o demasiado fuera de sí para ser divertidos en este momento.
Inclino la cabeza hacia atrás, mirando el candelabro de cristal reluciente que se eleva por encima de mi cabeza. Quiero irme a casa, estoy aburrida, pero eso presenta un problema. Normalmente, Cilian me llevaría, pero arrastró a Jasper hace unas horas, y por los ruidos que aún provienen de esa habitación, todavía están ocupados. Suspiro malhumorada. Podría interrumpir, pero conociéndolos a los dos, eso terminaría conmigo intercalada en el medio y no quiero eso.
Tampoco puedo preguntarle a Alec porque desapareció hace un tiempo con dos chicas universitarias que vinieron con el hermano de Agnes. Ojalá me hubiera ido con Rose en lugar de jugar esa estúpida partida de póquer con los gemelos Moss. He perdido 500 dólares y me he quedado atrapada aquí sin forma de regresar a casa.
Me levanto arrastrándome, doy una vuelta rápida y me despido de todos, esquivando besos borrachos y manos errantes. La carretera principal está a solo tres minutos a pie, y puedo tomar fácilmente un taxi amarillo una vez que esté ahí. Estaré bien. De todos modos, nadie sabe dónde estoy.
Mis botas rechinan sobre el suelo de mármol del vestíbulo de la planta baja, y asiento con la cabeza al portero mientras me mantiene la puerta abierta.
El cielo está negro apagado, la noche velada por las luces de la ciudad hasta que parece que se ha eliminado todo el contraste, las estrellas se esconden entre el extraño gris.
Observo todo, caminando rápidamente más allá de los edificios, cuando una mano grande de repente me tapa la boca y me tira hacia atrás contra un cuerpo duro. Al instante me pongo en alerta máxima, apretando el codo hacia atrás mientras la adrenalina me inunda, el corazón se acelera. Huele a sudor y a peligro, y entro en pánico, retorciéndome rápidamente, con la cabeza dando vueltas. Intento darle un codazo al hombre de nuevo, pero él lo esquiva con facilidad, y gimo cuando un segundo par de manos me agarran, tirando de mis brazos detrás de mi cuerpo.
Muerdo la mano que me cubre la boca y escucho un silbido detrás de mí. Sacudo mi cuerpo para zafarme de las garras de los dos hombres, pero me empujan al suelo, con una rodilla en la espalda, lo que me hace jadear para respirar. Mis manos están tirando bruscamente hacia atrás, un chillido de plástico mientras una brida se cierra alrededor de mis muñecas, cortando mi piel con fuerza.
Tengo un cuchillo atado a mi muslo, pero no puedo alcanzarlo en este momento. Fueron demasiado rápidos. Debería haber traído una pistola. Mi corazón martillea contra mi caja torácica.
De repente, escucho un gorgoteo ahogado sobre mí, y algo candente cae sobre mi espalda y cuello, quemándome. Caigo hacia delante y giro ligeramente el hombro por debajo de mí, evitando por poco estrellarme la cara contra el hormigón. Es áspero contra mi piel, el olor a piedra húmeda y orina me da arcadas.
Escucho una pelea a mi lado y me retuerzo bruscamente sobre mi espalda, el suelo irregular me araña el vientre desnudo. Por un segundo, me quedo tumbada, jadeando, pero luego estoy lanzando los pies por encima de la cabeza, levantando las caderas en alto para poder maniobrar mis muñecas atadas hacia la parte delantera de mi cuerpo. Saco las manos de debajo de mí y rozo mis muslos, los músculos del estómago se tensan mientras me levanto para arrastrar las piernas y los pies por el hueco.
Con las manos finalmente frente a mí, logro ponerme de rodillas y mirar rápidamente a mi alrededor. Saboreo la bilis al ver el cuerpo desplomado frente a mí, el pavimento pintado de rojo. Algo gotea por mi blusa, entre mis pechos, y no miro hacia abajo porque sé lo que era esa cosa caliente, y si me permito mirar, me enfermaré.
El sonido de la pelea me hace girar la cabeza y veo a Masen agachándose y esquivando a dos hombres. Verlo me llena de tanto alivio que me quedo sin aliento. Es muy ágil, su labio se curva de ira, los músculos de sus brazos se tensan mientras bloquea golpes y lanza golpes. Puedo ver destellos plateados, y abro mucho los ojos cuando me doy cuenta de que tienen cuchillos.
Levanto los brazos por encima de la cabeza, respiro hondo antes de golpear los codos hasta las caderas. El primer intento no hace nada, el plástico solo me corta más profundamente, pero en el tercer intento, para mi deleite, se rompe. El alivio en mis muñecas es inmediato, pero no tengo tiempo para deleitarme con ello. Rápidamente me pongo de pie de un salto y busco un arma en el cuerpo del hombre.
Siento un metal frío y liso contra las palmas de las manos, y lo levanto, tirando del seguro y agarrándolo con fuerza. Sé cómo usarlo en teoría. Nunca antes había tenido que hacerlo.
—¡Alto! —ordeno, apuntando con el arma a los dos hombres y a Masen. Todos se congelan y mi mano tiembla, el peso de la pistola me hace arder los hombros.
—No la usarás —se burla el hombre a su derecha. Lleva una máscara sobre los ojos y el pelo rubio grasiento colgando sobre los hombros.
—Pruébame —digo con frialdad, sorprendido de que no me tiemble la mano. Los ojos de Masen se fijan en los míos durante un breve segundo, y mueve la cabeza ligeramente hacia la derecha. Apunto mi arma hacia el hombre rubio, con la esperanza de que eso sea lo que quiere decir, y de repente se oye un ruido de asfixia desde el otro lado de Masen. Miro hacia arriba en estado de shock, mi pecho se congela mientras una fuente de sangre brota de la boca del hombre de cabello oscuro, su cuerpo tiembla. Miro hacia abajo y encuentro el puño de Masen en sus entrañas, una gruesa empuñadura negra en la palma de su mano. Masen saca el cuchillo y, antes de que me dé cuenta de lo que ha pasado, está agarrando al hombre de pelo rubio por detrás, con la hoja roja reluciente en la garganta. El otro hombre golpea el suelo con un ruido sordo, con los ojos vidriosos mirando hacia arriba.
—Adelante, entonces —sisea el rubio—, mátame.
Me obligo a levantar la vista y él me mira fijamente. Puedo distinguir sus ojos azules detrás de la máscara, fríos y calculadores, penetrando en los míos.
—Habla con ella de nuevo y no te mataré, pero te sacaré un ojo —sisea Masen. El hombre se queda en silencio. Masen me hace señas para que me acerque a él, y me acerco con cuidado, mientras el hombre que tiene en sus manos lucha mientras me acerco.
—Dame el arma —ordena Masen—. Camina detrás de mí y ponla en la parte de atrás de mis jeans. —Hago lo que me dice, levantándole la camisa.
—La seguridad es lo primero —dice Masen bruscamente, haciendo que me congele. Lo engancho rápidamente y luego agarro su cinturón, las yemas de mis dedos rozan la suave piel de su espalda mientras empujo la pistola en la cintura. Está húmedo, mojado de sudor, la pistola se desliza un poco contra él.
»Buena chica —murmura Masen—, ¿sabes cómo arrancar una moto?
—Sí —digo con voz ronca.
—Está bien, agarra las llaves y mi teléfono. Están en mi bolsillo delantero derecho.
—Pero tengo que tocar...
Masen se ríe. Echa la cabeza hacia atrás y se ríe. —Estás cubierta de maldita sangre, chica. ¿Es eso realmente lo que te preocupa en este momento? Pon tus manos en mis malditos pantalones y agarra esa mierda.
Cuando busco su bolsillo, estoy temblando tanto que fallo las primeras veces, rozando accidentalmente sus abdominales. Finalmente logro sacar las llaves y el teléfono, y Masen me ladra para que llame a alguien llamado Ricko.
Me paro un poco detrás de él, temblando, y Masen gira la cabeza para mirarme. Sus ojos verdes se encuentran con los míos, y me estremezco, las lágrimas nublan mi visión. Masen recorre con su mirada mis mejillas antes de maldecir en voz baja.
—Sé que estás jodidamente asustada, pero necesito que te concentres, ¿de acuerdo? Tenemos dos malditos cadáveres aquí, esta mierda es realmente mala.
—Está bien —digo, castañeteando los dientes.
—Está bien, llama a Ricko por mí, ponlo en altavoz. Sé una buena chica.
Abro su pantalla de bloqueo. Es una foto de él y un niño pequeño, dos pares de ojos verdes idénticos, mirando a la cámara. Lo fuerzo al fondo de mi mente y abro el icono del teléfono. Ricko está en marcación rápida, y lo hago temblando, presionando el altavoz y sosteniéndolo junto a Masen.
—Mase, ¿qué su...?
—Necesito un equipo de limpieza en un callejón de la 1ª Avenida y la 84ª. Dile a SBS que Cygnet está bien, pero tengo dos bultos y uno pateando.
—Estaré ahí en cinco. ¿Estás herido? Oi, Monkey, Smalls, Vance, nos vamos.
—Los dos estamos bien. Pero tengo que sacarla de aquí.
—Bien, hermano, no te muevas.
Se oye un pitido y Masen vuelve la cabeza hacia mí—: ¿Estás bien?
Asiento con la cabeza y él señala con la cabeza. —Ve por mi moto y enciéndela por mí, ¿de acuerdo? Está en el callejón.
Trago saliva y camino hacia la esbelta motocicleta negra.
—¿Quién te envió? —Masen le pregunta al chico con voz áspera—. ¿Para quién trabajas?
Escucho una risa baja—: Moriré antes de decírtelo.
—Eso se puede arreglar —dice Masen con voz amenazadora—, y no será jodidamente rápido.
El hombre dice algo, pero cuando me siento a horcajadas sobre la moto y giro las llaves, el fuerte ronroneo del motor ahoga sus palabras.
Me siento allí, con la moto vibrando entre mis piernas, un espejo de la forma en que mi corazón se estrella contra mis costillas. La sangre se seca, se endurece en la nuca, gotea de mi cabello y corre por mi columna vertebral.
Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Es mi mantra, y no sé cuánto tiempo lo voy a repetir hasta que escucho el chirrido de los neumáticos y los pies golpeando el pavimento. De repente, un cuerpo cálido presiona detrás del mío, poniéndome tensa.
—Soy yo —me dice Masen al oído—. ¿Puedes conducir, o tenemos que cambiar?
Le doy una patada al soporte mientras sus fuertes brazos me rodean la cintura y sujetan el manillar levantando los pies mientras la motocicleta avanza por el callejón.
xXx
(2) Nefesim, palabra en turco que es una expresión de cariño, puede traducirse como mi aliento o mi vida.
(3) Un bromance es una amistad íntima y afectiva entre hombres que no tiene connotaciones sexuales. La palabra es una combinación de "bro" (hermano) y "romance".
Nota de la autora: Apuesto a que tienes preguntas ;-) Todas serán respondidas... Al final *guiña un ojo* Déjame saber lo que estás pensando :D
Nota de la traductora: Si te gustan las historias navideñas, recién estoy iniciando la traducción de "The Twelve Days of Christmas" de pattyrose, pásate y dime cómo te parece. Antes publiqué otra de la misma autora.
