Juegos Perversos [Wicked Games] es autoría de creaatingmadness, Crepúsculo y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la traducción al español es mía con el permiso de la autora.
Juegos Perversos [Wicked Games] was written by creaatingmadness, Twilight and its characters belong to Stephenie Meyer, the Spanish translation is mine with the author's permission.


¡Gracias a Sully y arrobale!


ADVERTENCIAS: Esta historia contiene uso de drogas, contenido sexual explícito, violencia y lenguaje soez. Está clasificado como M por una razón. Agregaré advertencias de activación en la parte superior de los capítulos que creo que las requieren más allá de esta advertencia inicial. Es un BxE, pero es una combustión lenta, así que abróchate el cinturón.

Capítulo 15: Desconcierto

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Edward

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xXx

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La moto se detiene y tengo que bajar rápidamente los pies para evitar caernos. Le doy una patada al soporte y luego me relajo, mis muslos arden por la repentina liberación de presión. Isabella está congelada frente a mí, y agarro su diminuta cintura con mis manos, levantándola y colocándola de pie junto a la moto.

—Está bien, buena chica —murmuro, sosteniéndola con una mano mientras desmonto. En el momento en que estoy a su lado, vuelve a temblar, y rápidamente coloco mis brazos alrededor de su cuerpo, levantándola. Su cabeza cae contra mi pecho, y me sorprende lo jodidamente pequeña que es por un segundo. Está cubierta de maldita sangre, con esos ojos verdes, azules y marrones muy abiertos.

»¿Estás bien? —le pregunto en voz baja.

Asiente, mordiéndose el labio. —Solo... todavía drogada y borracha y...

Miro a mi alrededor en busca del auto de Charlie o de sus chicos, pero no están aquí. No hay nadie.

Como si Isabella pudiera leer mi mente, se ríe, en voz baja y sin humor.

»No vendrá, todavía no. Los negocios son lo primero —recita las palabras monosilábicamente como si le hubieran sido golpeadas.

No contesto, tecleo el código del garaje. Entramos y de repente me agarra la camisa. La miro, arqueando una ceja. Ella me impresionó esta noche, liberándose de esa brida, moviéndose rápido como lo hizo, luchando contra ellos cuando la agarraron. Especialmente cuando tomó esa pistola y apuntó directamente a esos tipos.

Tenía razón. Ella no habría sido capaz de apretar el gatillo, pero Isabella es una buena mentirosa, y durante esa fracción de segundo, él le creyó. Fue suficiente.

Su voz es acusadora—: ¿Cómo supiste? ¿Cómo supiste dónde estaba?

—Te seguí —digo bruscamente, deseando que termine esta conversación—. No quiero decir nada más.

Lucha en mis brazos. —Ya puedo caminar. Estoy bien.

Prácticamente la dejo caer, y ella tropieza un poco mirándome. —Jesús, Masen.

Aprieto la mandíbula y sigo avanzando.

—Si me viste salir, ¿por qué me dejaste irme sola? —pregunta Isabella detrás de mí, con voz plana.

Ella sabe la respuesta. Sé que lo sabe.

—¿Necesitas que lo diga en voz alta? —pregunto bruscamente, girando y mirándola a los ojos. Me sorprende la ferocidad que veo en ellos.

—Sí —casi sisea.

—Bien —le espeto—. Me pidió que te dejara ir. Sabía que te seguirían, y quería atrapar a uno.

Sus ojos se llenan de lágrimas. —¿Me usó como carnada?

Mis manos forman puños. —No, ¿sabes qué, Isabella?, misma te jodiste. ¡Sabes que hay gente detrás de ti! —le gruño—. ¿Y qué coño haces? Sales de todos modos. ¡No solo eso, sino que te vas sola! ¡Nunca pensé que serías tan jodidamente estúpida como para hacer eso!

Isabella me mira fijamente, con expresión feroz. —¿Por qué coño te importa lo que me pase?

Porque necesito este puto trabajo —rujo.

Parece desconcertada, con los ojos entrecerrados. —¿Por qué?

Me doy la vuelta y abro la puerta. —Vete y lávate esa mierda.

—¡No, dime por qué!

Me acerco a ella tan rápido que se estremece, la arrojo por encima de mi hombro y subo las escaleras.

—¡Masen! —Isabella grita, retorciéndose. Atravieso su habitación y la tiro en la ducha, retorciendo la manija y empapándonos a los dos. Isabella me mira, el agua corre roja a nuestros pies, y observo cómo comienza a desmoronarse lentamente, la lluvia oculta las lágrimas que sé que corren por sus mejillas.

No digo nada. Me quedo allí con ella mientras se apoya contra la pared y se desliza hasta el suelo, apoyando la cabeza entre las manos, sollozando. Cuando finalmente se detiene y se pone de pie, sus ojos se encuentran con los míos, de borde rojo y jodidamente hermosos. Sus manos van a su parte superior y se comienza a desvestir, mirándome directamente a los ojos.

Miro su sujetador negro, sus tetas que sobresalen, y por un segundo, todo lo que quiero hacer es golpear mi cuerpo contra el suyo y besarla, tocarla, saborear cada puto centímetro de ella. Pero en lugar de eso, me doy la vuelta, cruzando los brazos mientras miro fijamente a la puerta.

Mi polla se está esforzando en mis jeans mojados, empujando la cremallera con tanta fuerza que me duele.

Puedo oírla lavarse, oler los suaves cítricos de su maldito champú, el cremoso aroma a vainilla de su gel de baño. Sé cómo debe verse en este momento, enjabonada y mojada, esas alegres tetas resbaladizas, gotas corriendo por su estómago tonificado y entre sus piernas hasta su coño.

Quiero verla. Pero no lo haré. No puedo. Me niego a hacerlo.

La ducha se apaga, agarro una toalla de la puerta y la tiro hacia atrás.

—¿Por qué? —Su voz es tranquila, y sé lo que está preguntando esta vez.

—Porque la primera vez que vi a alguien muerto, me asusté muchísimo, y no deberías estar sola —digo con rigidez.

Se queda en silencio por un segundo. —No fue la primera vez que veía un cadáver —dice finalmente Isabella—. Y estuve sola. Durante horas.

Me doy la vuelta para mirarla, pero ella está mirando al suelo, con la piel rosada por la ducha, todavía mojada. Quiero preguntar quién. Quiero saber por qué se ve tan jodidamente triste.

Pero no voy a preguntar. Puede que sea vulnerable en este momento, pero eso no cambia nada. Sigue siendo una perra, y debería odiarla.

La odio.

Charlie viene a verla a las 3 de la madrugada.

xXx

—Oh, debes estar bromeando —siseo al teléfono.

—No, chico, no lo hago —Jimmy se ríe.

—Jimmy, sabes que no jodo con esta mierda, pero tengo que estar en alguna parte. ¿Alguien puede cubrirme hasta las 3?

—Lo siento mucho, Mase, pero hoy todos tenemos un trabajo grande. No puedo prescindir de nadie, y sabes que hay menos de cinco personas en las que SBS le confiaría a Cygnet en este momento.

—Carajo. —Suspiro.

—¿Tienes recados que hacer? Simplemente llévala contigo. Siempre y cuando no sea peligroso —dice Jimmy arrastrando las palabras.

—¿Está ahí el Jefe? Déjame preguntarle si está de acuerdo —le pregunto.

Hay un ruido apagado y luego la voz profunda de Charlie. —¿Qué?

—Tengo que arreglar la mierda en el hospital para mi hermano, ¿puedo llevarla conmigo? Tiene que ser hoy, y nadie más puede hacerlo. —Estoy desesperado por que diga que sí, y obviamente lo escucha porque el crujido de fondo se detiene y su voz es un poco más suave cuando responde.

—Oye, no te preocupes, chico. Llévala a donde quieras. Solo mantenla a salvo. De todos modos, los lugares inesperados son mejores en este momento.

Gruño en respuesta. El imbécil que atrapé la semana pasada no dijo una puta palabra, así que lo colgaron de un edificio y le prendieron fuego. Enviamos un mensaje, pero no logramos una mierda para averiguar quién está detrás del Jefe. No se lo he dicho a Isabella, dudo que alguien lo haga. No le hará bien saber que pasó por esa mierda por nada, incluso si ha visto morir a alguien antes.

Cuelgo y me miro las manos. No he dormido desde que maté a esos dos. No es la primera vez que lo hago, sé que no será la última, pero esta vez me sentí... diferente. Antes, siempre se trataba de sobrevivir, de mi supervivencia.

Ahora es la de ella.

Y la de Tommie, me recuerdo a mí mismo. Sigo recordándome a mí mismo, una y otra vez. Estoy haciendo esto por él, y él vale cada gota de sangre que derramo.

Stevie está callado en el camino para recoger a Tommie, y yo inclino la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y tratando de prepararme para esta mierda. No la quiero cerca de Tommie. Nunca la he querido cerca de él. No tiene ni idea de cómo es ella, aunque sabe lo que hago. Tampoco le he hablado a Es de ella. Cuando me preguntan por el trabajo, solo digo que es un puto trabajo y cambio de tema.

Tommie está muy emocionado cuando ve el auto, y balbucea todo el camino a la escuela de Isabella. Stevie sube y baja la pantalla tantas veces que me marea, pero hace reír a Tommie, y yo vivo para esa mierda, así que al demonio.

Isabella está adentro cuando llego, y tengo que caminar hasta la oficina para buscarla. Le digo a Tommie que espere en el auto y que se porte bien con Stevie, y él pone los ojos en blanco, se recuesta en uno de los asientos y sonríe hacia el techo.

Cuando encuentro a Isabella, está sentada en una silla con cojines negros y rojos, jugando en su teléfono, con los labios carnosos fijos en la pantalla mientras golpea el suelo con el pie.

Me cruzo de brazos cuando me detengo frente a ella. —¿Qué coño hiciste esta vez? —pregunto, incapaz de ocultar la irritación en mi voz.

Isabella no levanta la vista de su teléfono, sus uñas golpean la pantalla. —No es de tu incumbencia, Fido.

—Lo que sea, sal de una puta vez, tenemos un lugar donde estar —digo con impaciencia.

Isabella levanta la vista y ladea la cabeza hacia mí durante un segundo.

—¿Qué te pasa?

—¿Qué? —le pregunto, arqueando una ceja.

—Te ves todo... sudoroso —murmura Isabella, poniéndose de pie y acercándose a mí, inclinando la cabeza mientras estudia mis ojos—. ¿Pasó algo? ¿Es mi papá?

Me sorprende la expresión de preocupación en su rostro.

—No —murmuro, agarrándola del brazo y guiándola mientras avanzamos. Isabella lucha un poco, pero accede cuando mis dedos se aprietan—. No tengo tiempo para tu mierda —le espeto.

—Bien —Isabella arranca su brazo del mío y marcha delante de mí, con la falda parpadeando contra la parte posterior de sus muslos desnudos.

Un chico de cabello oscuro se acerca a ella, la agarra por la cintura y la detiene en seco. Mis ojos se abren de par en par cuando veo su rostro. Lo he visto con ella antes, pero solo de lejos. Nunca me di cuenta de la semejanza.

Parece la viva imagen de Cinna.

—¿Qué coño hiciste esta vez? —le pregunta el chico, frunciendo el ceño.

—Le dije al señor Peters que se fuera a la mierda —murmura Isabella—. Y luego lo llamé cabrón.

El chico resopla. —¿Por qué?

—Porque él dijo... hizo un comentario con el que no estuve de acuerdo... sobre la sexualidad.

El chico abre mucho los ojos. —¿Qué...? ¿Sobre Cil?

—No específicamente —sisea Isabella—. Pero molestó a Jasper y Cil, así que le dije que era un viejo cabrón y que debería irse a la mierda si no puede aceptar que la sexualidad no es una elección.

Cygnet... Te van a expulsar.

—Tonterías, papá solo hará una donación —murmura Isabella.

Los labios del chico se curvan ligeramente hacia arriba, y frunzo el ceño al darme cuenta de lo amargada que está por el dinero de Charlie. Nunca me había dado cuenta de eso antes.

—Tenemos que irnos —digo secamente, sin dejar de estudiar al chico con recelo.

Me mira y luego me mira nuevamente. —Oye... ¿Te conozco de alguna parte?

Niego con la cabeza, encogiéndome de hombros. —Probablemente no.

—Solía trabajar para tu papá —dice Isabella—. Alec es el hijo de Cinna.

—Ya veo —murmuro.

Los ojos oscuros de Alec se clavaron en los míos por un momento antes de encogerse de hombros. —Bueno, apesta ser tú. Mi padre es un puto imbécil.

—Semántica. —Isabella se ríe.

—Isabella —digo frustrado.

—Oh, Dios, Fido, ¡qué carajo! —Gime—. Nos vemos la semana que viene, Alec.

Ella empieza a caminar, y yo la sigo, pero puedo sentir su mirada en la nuca, y no me gusta. Alec no me habría visto cuando trabajaba para Cinna. Nunca estuve lo suficientemente cerca.

Entonces, ¿cómo coño me reconoce?

xXx

Estoy parado frente a la recepción del hospital, hablando con el Dr. Cullen, pero mis ojos siguen desviándose hacia Tommie e Isabella. En el momento en que llegó al auto y se encontró con él, no han dejado de hablar, y me está dando un puto pánico.

Al menos en el automóvil, podía vigilarla y oír lo que decía. Se me retuerce el estómago mientras me pregunto qué dirá ahora que me he ido. Si ella lo molesta, lo juro por Dios.

—¿Edward?

Vuelvo la cabeza hacia el doctor Cullen. Es más joven de lo que esperaba, tiene treinta y tantos años, su pelo oscuro se ha vuelto ligeramente canoso en las sienes. Me sonríe suavemente, sus ojos marrones se arrugan en las esquinas.

»¿Estás de acuerdo?

Una risa fuerte y hermosa se filtra a través del vestíbulo, y miro hacia arriba automáticamente, buscando a la persona que la hizo. La conmoción se apodera de mí cuando veo a Isabella, con la cabeza inclinada hacia atrás, la boca abierta de risa, mi hermano mirándola feliz.

¿Qué diablos?

—¿Edward? —El Dr. Cullen repite.

Me vuelvo hacia él, sacudiendo la cabeza y mirándolo culpable. —Lo siento, doctor... ¿Me puede repetir?

—Tommie necesita estar aquí para su quimioterapia dos veces por semana, y no puede estar solo.

Trago, moviéndome en el acto. —Mmm ... Veré qué puedo hacer. ¿No hay forma de que podamos hacerlo a mediodía en lugar de por la tarde?

—Lo siento, pero es mejor que Tommie reciba el tratamiento lo más tarde posible en el día. Así podrá dormir un poco si lo hacemos de esa manera. Lo ayudará con las náuseas.

—Claro doctor, es solo... Su mamá puede sentarse con él para la sesión del martes, pero los jueves tiene que trabajar... y se supone que yo a esa hora debo estar trabajando. —Vuelvo a mirar a Isabella y vuelvo a fruncir el ceño al verla a ella y a Tommie inclinados sobre su cuaderno de bocetos, sonriendo.

—¿A qué te dedicas? —pregunta el Dr. Cullen con curiosidad.

—Soy guardaespaldas, el de ella —le digo, señalando a Isabella.

—Bueno... ¿no puede venir contigo? Parece que se llevan bien.

—Tendría que preguntarle...

El doctor Cullen levanta ligeramente la ceja como diciendo: «Pregúntale a ella, entonces». Toso y asiento. Sonríe, sus profundos ojos marrones brillan. —Házmelo saber. La enfermera se encargará de todos los análisis de sangre hoy, y luego podremos comenzar la próxima semana.

—¿Tan pronto? —pregunto, sorprendido.

El médico hace una leve mueca—: Bienvenido a los servicios de salud privados.

Asiento con cuidado, extendiendo mi mano para que él la estreche. —Gracias, doctor.

La sacude con firmeza, dándome una cálida sonrisa. —Es un buen chico, fuerte también. Así que manténganse positivos, todos ustedes. Vayamos semana a semana.

De repente siento que mi garganta se cierra, así que todo lo que puedo hacer es asentir con la cabeza mientras se da la vuelta y se aleja. Me dirijo a Tommie e Isabella y abro mucho los ojos ante el boceto que veo de mí en la libreta.

—Vaya, Tommie, eso es realmente bueno. —Sonrío.

—Yo no lo hice. Fue Bella. —Tommie sonríe,

Mi cabeza se acerca a la de Isabella con sorpresa. ¿Dibuja?

Por supuesto que sí, tatúa gente, por el amor de la mierda.

—Aquí está el mío —anuncia Tommie.

Pasa la página y veo un boceto diferente de mí, este más detallado alrededor de mis ojos y boca.

—Increíble, niño —le digo, alborotando su cabello.

Isabella le sonríe dulcemente a Tommie—: Lo capturaste mucho mejor que yo.

—Bueno, sé cómo se ve con los ojos cerrados —dice Tommie con orgullo, sacando el pecho.

Isabella se ríe, un sonido suave y genuino, y mis ojos se abren de par en par. ¿Es esto algún tipo de juego? ¿Le va a hacer algo a Tommie para tratar de molestarme?

—¿Puedo hablar contigo un segundo? —le pregunto con dureza.

Ella me mira con el ceño fruncido. —Um... Bien. Dibuja a esa enfermera de allí, Tommie. Te estoy cronometrando, cinco minutos. —Le guiña un ojo.

Tommie pasa la página y le sonríe.

Nos alejamos y la miro fijamente. —¿A qué mierda estás jugando?

Ella parece desconcertada. —¿Qué?

—¿Por qué estás siendo amable con él? Mira, sé que quieres que renuncie, pero no arrastres a Tommie, es...

—¿Estás bromeando? —pregunta Isabella incrédula.

—Es solo un niño, ¿de acuerdo? Por favor, no lo involucres.

Me frunce el ceño. —Fido... —Sus ojos se cierran brevemente—. Masen. Sé que soy una perra contigo, pero eso es por... Nunca le haría algo así a Tommie. Lo juro. Yo no... De todos modos, me gusta Tommie, por eso estoy siendo amable con él. Por cierto, es muy talentoso, mucho mejor de lo que yo era cuando tenía esa edad. La verdad es que estoy un poco celosa. —Suspira melancólicamente.

La miro fijamente, confundido. —¿Qué?

Isabella mira a mi hermano y sonríe: —Es un niño dulce, ¿qué es...? ¿Qué pasa? ¿Por qué necesita estar aquí?

—Tiene cáncer —digo bruscamente—. De todos modos, pronto lo sabrá.

Isabella inhala bruscamente, colocando su mano en su garganta. —¿Qué...? ¿Es malo?

Aprieto los dientes y luego relajo la mandíbula. —Sí. Pero ahora está recibiendo el tratamiento que necesita.

Unos ojos grandes, azules verdosos y marrones escudriñan los míos, y la preocupación que hay en ellos me sorprende tanto que tengo que hacer una doble toma.

—Él... Va a estar bien, ¿verdad?

Inhalo bruscamente y luego me encojo de hombros. —Eso espero. —Mi voz es áspera, y me aclaro la garganta, pasando junto a ella.

—Edward —dice Isabella con dulzura—. Me vuelvo sobre ella, mirándola fijamente. Sus ojos son suaves. —Lo siento, Tommie me dijo tu nombre ... Mmm... Necesito... ¿Es esto…? —le hace un gesto a Tommie—, ¿es por eso que no has renunciado? ¿Necesitas dinero para su tratamiento?

Asiento con rigidez y ella traga saliva:

—¡Lo hice, Bella! —grita Tommie, mirándonos con impaciencia. La observo mientras sus labios se curvan en una sonrisa impresionante, sus ojos se iluminan al cruzarse con los de Tommie.

—¿Qué? ¡No es posible! No fueron ni cinco minutos —bromea, pasando junto a mí y directamente hacia mi hermano—. Déjame ver esta obra maestra. Apuesto a que es un desastre total.

Frunzo el ceño, pero Tommie se echa a reír y me quedo helado de sorpresa cuando Isabella se arrodilla en el sucio suelo del hospital junto a él, inclinando la cabeza sobre el cuaderno de bocetos.

—¡Guau! —Ella se ríe—. Eso merece un poco de chocolate. Voy a ir a buscarte un poco. —Se inclina y le susurra algo a Tommie, y él se ríe.

Me acerco a ellos. —No puede comer nada. Tiene que hacerse un escáner.

Tommie se vuelve hacia mí y pone los ojos en blanco. —Lo sé, Ed. —Se ríe—. Me lo comeré después, duh. —Él mira a Isabella expectante, y ella me guiña un ojo, sonriendo juguetonamente.

Duh —repite, haciendo que Tommie se ría de nuevo.

—¿Por qué te ves tan gruñón? —dice Tommie de repente, con cara de preocupación—. ¿Pasa algo, Ed?

Niego con la cabeza rápidamente y le sonrío, arrodillándome junto a Isabella y alborotándole el pelo. —Por supuesto que no, hombrecito. Solo estoy de mal humor. No puedo dibujar ni una mierda, y ustedes dos son como los malditos Picassos.

—Tal vez Bella pueda enseñarte —sugiere Tommie.

—Estoy seguro de que Isabella tiene mejores cosas que hacer —digo rápidamente.

La cara de Tommie se arruga. —Ella prefiere que la llamen Bella. ¿Por qué la llamas así?

Mis ojos se dirigen a Isabella, y ella se muerde el labio inferior regordete.

—Bueno, amigo, el papá de Isabella es mi jefe, así que mientras yo la estoy protegiendo, ella es una especie de jefa, así que tengo que ser profesional —le digo con cuidado.

—Oh, está bien. —Tommie se vuelve hacia Bella—. ¿Crees que podrías darle un poco más de tiempo libre, Bella? Lo extraño durante la semana.

Su boca se abre y se cierra antes de darle una dulce sonrisa. —Bueno... —Traga saliva, mirándome—, si no te importa que lo acompañe, ¿podemos venir a verte juntos de vez en cuando?

Frunzo el ceño. —Eso no es...

—Impresionante —Tommie se ríe.

La enfermera se acerca con una silla de ruedas azul brillante, pegatinas de Iron Man cubriendo el marco. Tommie salta y me regala una pequeña sonrisa. Está nervioso, me arrodillo a su lado y paso mi mano por su suave cabello, frotando suavemente mi pulgar en la parte posterior de su cabeza.

—Voy a estar aquí, ¿de acuerdo? Luego podemos ir por un helado.

Mira más allá de mí a Isabella. —¿Bella también vendrá?

Abro la boca para responder cuando ella se arrodilla en el suelo conmigo, sonriéndole a mi hermano. —¿Y perderme comerme un helado? Tienes que estar bromeando. Por supuesto, voy. Te diré una cosa, Tommie. Mientras estás en tu escaneo, trata de adivinar cuál es mi sabor favorito. Si lo haces bien, te compraré helado cada vez que te vea.

La cara de Tommie se ilumina. —¿Cada vez?

—Cada. Vez —dice Isabella en tono conspirador—. Así que piénsalo bien, y cuando vuelvas, podrás decirme tres conjeturas.

—Está bien. —Tommie se ríe—. ¡Lo tengo!

—Ya veremos. —Isabella guiña un ojo.

Se va en la silla de ruedas, y me siento jodidamente raro y confundido, así que me siento, tirando de mi pelo.

—No te entiendo —le murmuro.

—Lo sé —dice en voz baja—. Fi... quiero decir, Mase...

La interrumpo cuando me levanto y me alejo, con los dedos temblando. Se supone que no debo dejarla, pero necesito un cigarrillo, y ella está a salvo donde está.

De todos modos, solamente tardaré cinco minutos.

Cuando regreso, Isabella está inclinada sobre el cuaderno de bocetos de Tommie, su cabello castaño cae en cascada por todas partes mientras guía el lápiz. A pesar de que tengo mucha curiosidad por saber qué está dibujando, me siento a unos asientos de ella y me cruzo de brazos.

Mis ojos se desvían hacia ella, en contra de mi voluntad. Su boca está ligeramente abierta, el labio inferior completo parece recién mordido, de un tono rojo intenso. No puedo ver sus ojos. Está tan absorta en lo que está haciendo que ni siquiera se ha dado cuenta de que he vuelto.

Estoy jodidamente contento. No quiero hablar con ella en este momento.

Isabella salta de sorpresa cuando la voz de Tommie suena frente a nosotros, y mi cabeza se mueve hacia adelante, buscándolo.

La enfermera que lo empuja tiene una sonrisa en su rostro y sonríe más cuando me ve, sus ojos brillan. Es bonita, pero estoy aquí por Tommie, el resto que se vaya a la mierda.

—¿Cómo te fue, hombrecito? —le pregunto, sonriéndole mientras se detiene frente a nosotros.

—Tenemos que sacar un poco de sangre ahora y hacer una punción lumbar —dice la enfermera antes de que Tommie pueda responder.

Arqueo la ceja y entrecierro los ojos. —Sí, está bien, cariño, pero ¿puede responder él a mi maldita pregunta primero?

Ella jadea, y Tommie resopla—: No te preocupes por él, Annie. Es protector. Estuvo bien, Ed.

—Bien. —Le sonrío y miro a la enfermera, Annie. Está sonrojada y parece un poco molesta.

—Lo siento, preciosa —le digo suavemente, guiñándole un ojo—. No quise molestarte, solo... Quería saber si estaba bien, ¿de acuerdo?

—Claro, no tienes que disculparte —dice Annie, con los ojos muy abiertos.

—Uf, no puedo llevarlo a ninguna parte —se queja Tommie. Isabella resopla, y yo giro la cabeza hacia ella y arqueo una ceja.

Ella solo sonríe.

—¿A dónde tenemos que ir? —le pregunta Isabella a la enfermera en voz baja.

Annie frunce el ceño. —Oh... No puedes venir. Estará bien, no te preocupes.

Tommie la mira preocupado. —¿Qué, por qué? ¿Puede venir Ed, por favor?

—No.

Todo el comportamiento de Isabella cambia, y reconozco el brillo que aparece de repente en sus ojos.

Ahí está.

—Escucha... Annie, ¿verdad? Sé que solo estás haciendo tu trabajo, y oye, respeto muchísimo eso, no puedo imaginar lo que es para ti y toda esa mierda. Pero, si le clavas una aguja estando él solo, su hermano desaparece. ¿Capiche? —Ella sonríe dulcemente, y siento un extraño cosquilleo que me atraviesa.

Reconozco a la perra, pero ¿lo hace para que pueda quedarme con Tommie?

La molestia brilla en el rostro de Annie. —Lo siento, pero es un procedimiento. Claro que puedes entenderlo.

Isabella sonríe. —Entiendo que mi padre dona mucho dinero a este hospital, y yo puedo hacer lo que quiera. Tiene que haber algunas ventajas de tener a un sociópata como mi querido papá, ¿verdad? Esto no es nada personal, Annie. Lo digo en serio, pero estoy feliz de hacerlo personal si no haces lo que te pido. Entonces, ¿por qué no te acercas a tu jefe, le dices que la señorita Swan está en el edificio y que le gustaría una habitación privada para que hagas todas tus pequeñas pruebas con Tommie? Apuesto a que va a ser muy receptivo a esa información. Estaremos aquí cuando nuestra habitación esté lista. Gracias.

Me quedo boquiabierto, al igual que Annie, con los ojos muy abiertos. —Vaya. Oh. ¡Señorita Swan! Correcto, mmm. Dos segundos, lo siento mucho.

Se escabulle y Tommie mira a Isabella con los ojos muy abiertos. —Eso fue genial.

Espero a que Isabella haga algún comentario astuto y malhumorado, pero para mi sorpresa, se inclina hacia Tommie. —La verdad es que no está bien, Tommie. Ella no se merecía eso en absoluto, pero... Ella no es mi prioridad, tú sí. Entonces, fui un poco horrible al salirme con la mía, y a veces eso es lo que tienes que hacer, pero definitivamente no es algo de lo que estar orgulloso, ¿está bien? Y no deberías tratar a la gente como yo lo acabo de hacer.

¡¿Qué diablos?!

La miro con la boca abierta, confundido como un demonio.

—Gracias, Bella —dice Tommie en voz baja—. No tengo miedo ni nada...

Le hago ojos a Isabella y me sujeto a él. —Estoy jodidamente asustado. Odio las agujas.

Tommie se ríe de mí. —Tienes como cien tatuajes, Ed.

Le guiño un ojo. —Sí, y me vuelvo loco como un puto bebé cada vez, niño.

Isabella se ríe suavemente. —Yo también me asusté cuando me hice el mío. No somos tan valientes como tú, Tommie.

Tommie sonríe. —¿Qué tatuajes tienes, Bella?

—Una cadena de margaritas —digo sin pensarlo.

Hay una carcajada a mi lado, y miro a Isabella para encontrar sus ojos encendidos, su boca curvada maliciosamente.

—Oh, genial —dice Tommie, ajeno.

Annie regresa y nos acompaña a una habitación privada.

—Muchas gracias, Annie —dice Isabella en voz baja—. Realmente lo apreciamos.

Annie solo asiente cortésmente, y mientras sale por la puerta, murmura en voz baja. —Maldita perra.

Las palabras se retuercen en mi estómago incómodamente, pero no sé por qué porque Isabella es una perra.

Un enfermero se acerca y dice que necesita hacerle una punción lumbar a Tommie. Va a tener que acostarse aquí durante las próximas dos horas después de que terminen.

Cuando el enfermero agarra la aguja, lucho por no asustarme. Isabella y yo estamos sentados frente a Tommie, que está acostado de lado. Obligo a esbozar una sonrisa en mi rostro, y estoy tratando de pensar en algo que decir para distraerlo cuando Isabella se inclina hacia adelante, sonriendo.

—Entonces... ¿Descubriste mi sabor favorito? —pregunta.

Tommie sonríe. —Tengo mis tres conjeturas.

—Mmm, está bien, dispara.

—¿Chicle? —pregunta Tommie.

—No. —Isabella sonríe.

—Un pequeño pellizco —dice el hombre en voz baja. La cara de Tommie se arruga y observo sorprendido cómo Isabella le agarra la mano y se acerca más—. ¿Cuál es el segundo?

—Chocolate con menta.

Me doy cuenta de que sé la respuesta a esto, el congelador siempre está lleno de helado de pistacho, y he escuchado a SJ decir que es el favorito de Isabella.

—No —dice Isabella en broma—. Una suposición más, ¿cuál será?

Tommie hace una mueca de dolor y yo me muevo en mi asiento, odiando verlo sufrir.

—Helado gratis... —Isabella canta—. Lanza tú última conjetura.

Él sonríe. —Mmm, ¿galletas y crema?

Suspiro para mis adentros.

Carajo.

—¡Maldición! —dice Isabella con tristeza—, esperaba que te equivocaras.

Frunzo el ceño. Espera, ¿qué?

La cara de Tommie se ilumina. —¿Lo adiviné?

—No lo puedo creer, Tommie —se queja Isabella.

Risas.

—Todo listo, quédate quieto un rato Tommie, lo hiciste muy bien —dice el enfermero, quitándose los guantes.

Isabella le sonríe. —Gracias.

Sigo mirándola fijamente, con el ceño fruncido, pero ella me ignora, saca el cuaderno de dibujo de Tommie y lo coloca frente a él.

—Dibujé esto mientras estabas en tu escaneo —murmura, sonriéndole suavemente.

—Vaya.

Mis ojos se posan en el bloc de dibujo y se abren de par en par. Ha dibujado a Tommie, riéndose. Agarro el cuaderno y lo miro fijamente, mis ojos escudriñan el sombreado.

—Cómo carajo...

—¡Eres muy buena, Bella! No puedo esperar a poder dibujar así —dice Tommie con dulzura.

—Amigo, eres mucho mejor de lo que yo era a tu edad, simplemente soy mayor y he tenido un poco más de práctica. Me superarás fácilmente. —La oigo decir.

—Necesito orinar —murmuro, dejando el cuaderno de bocetos.

—Demasiada información, Fido —dice Isabella en broma.

Arqueo una ceja hacia ella, pero no me mira. Está mirando a Tommie con una expresión suave.

—¿Por qué lo llamas Fido? —pregunta Tommie de repente.

Isabella tararea. —Bueno, él es mi guardaespaldas, y en mi familia, llamamos «cagna» a los guardaespaldas, que en italiano significa perra. —Isabella sonríe—. Es una especie de broma interna, como la perra de la familia... Así que, Fido es un nombre de perro.

La miro fijamente, sorprendido de que esté siendo tan honesta con él.

Tommie frunce los labios y me mira. —¿Te molesta que te llame así?

Le sonrío dulcemente. —Por supuesto que no, hombrecito. No me llamaría así si no me gustara, ¿verdad?

Tommie sonríe. —Correcto.

Miro a Isabella, y su rostro parece afligido por un segundo cuando se encuentra con mis ojos. Le sostengo la mirada hasta que ella la aparta.

xXx

Llevo a Tommie a la cama cuando llegamos a casa. Después de llenarse la cara de helado (Isabella le compró un cono triple), prácticamente se desmayó en el automóvil, acurrucándose contra mí, con su carita pegada a mi pecho.

Isabella permaneció en silencio durante todo el viaje, así que me limité a acariciar el pelo de Tommie, mirando la calle a través de las ventanas.

Lo muevo en mis brazos para abrir la puerta principal, y mientras su cabeza se apoya en mi hombro, siento un dolor en el pecho por los años que me perdí. Era tan jodidamente pequeño cuando me fui. Me he perdido la mitad de su puta vida.

Isabella entra detrás de mí y le digo que cierre la puerta mientras camino por la casa. Sé que probablemente esté haciendo una mueca por lo pequeño que es, lo barato que es. Siempre me ha llamado basura blanca. Aquí está su evidencia.

Arropo a Tommie en la cama, le beso la cabeza, luego salgo de la habitación y cierro la puerta suavemente. Cuando salgo a la sala principal, Isabella está de pie junto a la cómoda, mirando las fotos.

—No nos demoraremos mucho —murmuro—. Es estará en casa pronto.

Me mira, y me sorprende lo suave y abierto que es su rostro, esos ojos exóticos que miran fijamente a los míos sin hostilidad por una vez.

—Edward, solamente quiero...

—¿Por qué mentiste? —la interrumpí, cruzando los brazos mientras me apoyo en el mostrador—. ¿Por qué le mentiste a Tommie sobre tu sabor favorito?

Frunce el ceño. —¿Sabes cuál es mi sabor de helado favorito?

Me encogí de hombros. —SJ.

Isabella tararea, con una suave sonrisa cruzando su rostro.

»¿Cuál es tu juego? —pregunto en voz baja—. ¿A qué carajo estás... jugando? ¿Por qué mentirle? No... A mí no me gusta esto. No me gustas.

Suspira suavemente. —Lo sé, y me lo merezco. Pero... No estoy jugando. Mira, cualquier helado que dijera no importaba. Con gusto le llevaré todo el helado que pueda comer para siempre. Simplemente inventé el juego porque quería que se distrajera durante el escaneo. Y adivinar le ayudaba a distraerse con el asunto de la columna vertebral... Simplemente no quería que se asustara o... —Un nuevo suspiro sale de sus labios.

—Comiste galletas con crema en la heladería. ¿Te gusta? —le pregunto, confundido.

—Quiero decir... sí, pero no en cantidades. —Isabella se encoge de hombros. Sus ojos se entrecierran de repente—. Pero no le digas eso a Tommie, ¿de acuerdo? Lo comeré cada vez que comamos helado juntos. No me importa.

Me paso la mano por el pelo. —¿Qué diablos…? —Bajé la voz—. ¿Qué mierda estás tramando? ¿Por qué te estás portando así? ¿Qué, de repente sientes lástima por mí? ¿Así que estás fingiendo que te importa una mierda Tommie?

Sus ojos se nublan. —No estoy fingiendo.

—No te creo —siseo.

Isabella se muerde el labio. —Yo…

La abertura de la puerta principal la interrumpe, y me doy la vuelta, corriendo para ayudar a Esme mientras intenta cargar varias bolsas.

—Oye, ten cuidado—le digo en voz baja, colocando las bolsas sobre el mostrador.

Es se gira para mirar a Isabella con una sonrisa vacilante.

—Hola —dice Isabella en voz baja, mirando de mí a Esme con expresión de sorpresa. Maldigo por dentro, olvidé que Tommie le dijo en la heladería que Es era mi mamá.

—¡Hola! —Esme le sonríe—. Debes ser la chica que custodia Edward. Gracias por permitirle ayudar a Tommie. Tenía que trabajar y...

—Está bien —dice Isabella con dulzura—. Si Tommie alguna vez necesita algo, podemos ir. No me importa.

Esme le sonríe. —Gracias.

Aprieto los dientes. —Nos iremos en un segundo, Isabella —digo secamente—. Puedes sentarte si quieres.

—Estoy bien —responde Isabella, acercándose al mostrador y parándose a mi lado. Inclina la cabeza hacia mí mientras empiezo a desempacar las compras, y Esme me toca el brazo suavemente antes de salir de la habitación—. Es muy joven —comenta Isabella en voz baja—. ¿Cuántos años tenía cuando te tuvo?

—Trece —digo bruscamente, apartándome de ella para abrir los armarios.

Isabella levanta las cejas y yo exhalo con un resoplido. —Escucha, no quiero escuchar la mierda de basura blanca aquí, no con ellos cerca, por favor no lo hagas...

Suspira, con una mueca en la cara. —Yo no...

Esme vuelve a entrar en la habitación, vestida ahora con unos vaqueros ajustados y una blusa roja. La miro y arqueo una ceja. —¿Viene Ralph, Es?

—Sí. —Sonríe.

Tarareo. No me importa Ralph. Parece estar bien.

—Te ves hermosa —dice Isabella con dulzura.

La miro fijamente, pero sus ojos siguen siendo grandes y jodidamente sinceros. Frunzo el ceño.

—Gracias, pero mírate. ¡Eres preciosa!

Isabella se ríe suavemente. —Gracias.

—Tenemos que irnos —digo, moviéndome inquieto.

—¿Qué dijo el doctor? —me pregunta Es, con cara de preocupación.

Sonrío para tranquilizarla. —El doc parece bueno. Tiene un gran plan, solo le hicieron algunas pruebas, pero comienza el tratamiento la próxima semana.

Esme coloca su mano sobre su pecho, sus ojos brillan. —¿Ellos...? Quiero decir, ¿creen que funcionará?

Trago. —Dijo que es optimista.

Una lágrima corre por su mejilla. —Eso es bueno.

Asiento con la cabeza, moviéndome torpemente. No tenemos el tipo de relación en la que sé cómo consolarla. Demasiada agua bajo ese maldito puente.

—Cuídate. Te veré el viernes —le digo a Esme, tocándole suavemente el brazo.

Ella asiente, secándose los ojos. —Sí.

—No dejes que el niño te vea llorar, por favor —le ruego.

—Lo sé, no lo haré. —Solloza—. Solo... quiero hacer lo correcto por él.

—Lo estás haciendo bien —digo en voz baja, odiando que Isabella tenga que estar en la habitación en este momento—. Él lo está haciendo bien.

—No quiero volver a cagarla.

—Lo sé —digo con voz grave—. Está bien, Es. ¿Estás bien?

Ella asiente. —Estoy bien.

—Hasta después, entonces. —Le hago un gesto con la cabeza a Isabella para que salga.

Subimos al automóvil y ella abre la boca para hablar, pero yo la miro fijamente. —Solo... No ahora, ¿de acuerdo? Por favor, por favor, siéntate ahí y quédate jodidamente en silencio.

Su boca se cierra y asiente, mordiéndose el labio.

Suspiro aliviado, inclino la cabeza hacia atrás contra el asiento y cierro los ojos.