Juegos Perversos [Wicked Games] es autoría de creaatingmadness, Crepúsculo y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la traducción al español es mía con el permiso de la autora.
Juegos Perversos [Wicked Games] was written by creaatingmadness, Twilight and its characters belong to Stephenie Meyer, the Spanish translation is mine with the author's permission.


¡Gracias a Sully y arrobale!


ADVERTENCIAS: Esta historia contiene uso de drogas, contenido sexual explícito, violencia y lenguaje soez. Está clasificado como M por una razón. Agregaré advertencias de activación en la parte superior de los capítulos que creo que las requieren más allá de esta advertencia inicial. Es un BxE, pero es una combustión lenta, así que abróchate el cinturón.

Capítulo 16: Bien despierta

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Bella

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xXx

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Ahí está mi bebé —me saluda mamá, con una amplia sonrisa en sus labios, su piel dorada brillando bajo el sol de la tarde. Está sentada frente en su tocador, con su falda naranja brillante derramándose sobre el asiento blanco.

Me detengo detrás de ella y acaricio su suave cabello, devolviéndole la sonrisa.

—¿Estás lista para nuestra cena, nefesim? —pregunta, poniéndose sus anillos de oro.

Me muerdo el labio. —Voy a tener que dejarlo para otro día... Le prometí a Rose que me quedaría a dormir esta noche, pero volveré mañana por la tarde...¿Podemos ir a cenar entonces?

La expresión de mamá decae. —Pero teníamos planes...

Lo sé, pero... Ya los tenía. Se me olvidó —miento.

Esta mañana recibí un mensaje de texto invitándonos, a Rose, a Cilian y a mí a una fiesta que Maisie Lockwood organiza para esta noche en el yate de su padrastro en los Hamptons. Va a ser épico. No me la puedo perder.

Por favor, Bella, realmente necesito hablar contigo. —Me mira a los ojos, extendiendo la mano para tocar mi mejilla—. No me decepciones, bebé. Puedes ver a tus amigos en otro momento.

Me alejo de ella, con la culpa retorciéndose en mi estómago. Se convierte en ira cuando pienso en sus palabras. ¿Decepcionarla? ¿Por tener una vida? ¿Cómo es justo eso?

No trates de hacerme sentir culpable... el hecho de que papá no te deje hacer nada no significa que puedas obligarme a pasar el rato contigo.

Mamá se aparta de mí, abriendo mucho los ojos. —Obligarte... Bella, yo...

Resoplo. —¿Qué es de todos modos? ¿Qué es tan importante que tienes que decirme?

Nada —dice crípticamente—. Yo solo... sabes que te amo, ¿verdad, nena?

Pongo los ojos en blanco. —Por supuesto, mamá...

Me acaricia la mejilla. —A veces las cosas no salen según lo planeado y... Solamente quiero que sepas que eres lo más importante del mundo para mí, y pase lo que pase, eso nunca podría cambiar. Aunque no esté... aquí.

Frunciendo el ceño. —¿Te vas a ir o algo así?

Ella niega con la cabeza. —No exactamente, pero...

Mi teléfono empieza a sonar y lo miro. Es Rose. Ya debe estar afuera.

Yo…

Mamá... Realmente tengo que irme —digo, empezando a retroceder—. Rose ya está aquí. Pero... Podemos cenar mañana, ¿verdad?

La expresión de mi mamá es cautelosa por un segundo antes de sonreír. —Está bien. Cena mañana.

La fiesta es un torbellino de diversión y drogas, y cuando vuelvo a casa al día siguiente, tengo una resaca infernal y no tengo ganas de salir a cenar. Charlie no está en casa, y tampoco está SJ y la casa está tranquila. Sin embargo, sé que mamá debe estar arriba, porque sus llaves están en el gancho y nunca va a ninguna parte sin su bolso de hombro multicolor que está en el armario.

Subo corriendo las escaleras, me duelen las piernas de bailar en el yate toda la noche.

—¡Mami! —llamo en voz alta, caminando por su habitación. El piso está algo mojado y frunzo el ceño, girando la cabeza hacia el baño. Puedo oír el traqueteo del agua, debe estar bañándose. ¿O será que se le olvidó cerrar y se fue o algo así?

»¡Mamá, el grifo está abierto! —grito, pongo los ojos en blanco mientras me dirijo al baño, mis pies se deslizan debido a lo resbaladizo que está el piso de madera.

»Ma…

Mis palabras se atascan en mi garganta y mueren, cada parte de mí se congela, un escalofrío helado recorre mi cuerpo.

»Mami —gimoteo, acercándome a la bañera. El agua está fría, helada bajo mis pies descalzos, y está teñida de rojo, sus brazos flácidos flotando, los anillos dorados brillando por la luz sobre su cabeza.

»Mami —repito las palabras, pero son apenas un susurro. De todos modos, no puede oírme. Lo sé.

Tentativamente extiendo la mano para tocarla. Sus muñecas yacían desnudas. Músculo blanco debajo de una gruesa rebanada, hinchado e inflamado y sin sangre, está en el agua, goteando por los lados de la bañera, por mis pies. Está fría, congelada.

Me inclino hacia adelante y cierro el agua, el repentino silencio en la habitación es ensordecedor. Sus ojos miran al techo, vidriosos y abiertos.

Mis rodillas se doblan y caigo sobre ellas con un chapoteo húmedo, gotas carmesí pintando mis brazos y el blanco de mis jeans. Están arruinados para siempre.

Estoy arruinada para siempre.

—Isabella... Isabella... —Oigo. Es una voz profunda, masculina, recubierta de un toque de urgencia—. Isabella, despierta.

Despierta.

Esto es un sueño.

Estoy soñando.

La conciencia parpadea. Estoy arrodillada y mojada. Siento las rodillas entumecidas, las baldosas del frío suelo me presionan la piel. Sé dónde estoy, y el conocimiento me presiona desde todos los lados.

En el baño del segundo piso.

—Isabella...

Aprieto los ojos con más fuerza, aunque sé en mi cabeza que cuando los abra, no la veré, que esto no está sucediendo ahora, que ella se fue hace mucho tiempo.

Hay un sonido miserable que viene de alguna parte, y tardo un segundo en darme cuenta de que soy yo. que estoy sollozando, las lágrimas corriendo calientes y pesadas por mis mejillas.

Un calor repentino roza mi mejilla y abro los ojos, encontrando profundos charcos de color verde esmeralda. Sus dedos caen y su mandíbula se tensa.

Miro más allá de él, me duele el corazón al ver la bañera vacía.

—No sabía que eras sonámbula. ¿Una pesadilla?

Niego con la cabeza, temblando. —No, yo... recuerdos.

Mi respiración comienza a acelerarse y me sorprendo cuando él se acerca, frunciendo el ceño. —¿Estás bien?

Respiro entrecortadamente y veo borroso.

—¿Isabella?

Trago saliva. —No puedo estar aquí. N-no puedo. No puedo.

Empiezo a hiperventilar, y unos brazos fuertes se meten debajo de mis rodillas y me levantan, mi cabeza cae contra un pecho duro.

—Lo siento —lloro.

—No digas nada. —Camina rápido, y siento que el pánico comienza a salir lentamente de mi cuerpo cuando comenzamos a subir las escaleras, alejándome de esa habitación, de ese piso.

Me colocan suavemente en mi cama, y Masen se arrodilla frente a mí, escudriñando mis ojos. —¿Estás bien?

Lo miro fijamente por un segundo. No es Masen, Edward. Ese es su verdadero nombre, como lo llama Tommie.

Suelto una leve carcajada. —Estoy... —Me quedo callada, llevo las rodillas al pecho y lloro—. Puedes irte, no tienes que ser amable.

Suspira, sentándose en la cama a mi lado. —¿Por qué estar en esa habitación te da pánico?

Miro al suelo y respiro temblorosamente. —Porque... mi mamá... murió allí.

Inhala bruscamente. —¿Cómo...?

Mi voz es vacía. —Se suicidó.

—Lo siento.

Levanto la cabeza, encontrándome con sus ojos verdes. —¿Por qué?

Edward se encoge de hombros, mirándome. —Porque lo lamento —dice simplemente.

Lágrimas frescas corren por mis mejillas, y sus ojos las siguen, un surco aparece entre sus cejas.

—Vete. Sé que me odias —le digo en voz baja.

Edward abre la boca y la cierra. —Yo... No te conozco. La chica en el hospital hoy... ¿Eres tú? ¿O fue una actuación?

—No estaba actuando.

—Entonces, ¿por qué...? ¿Por qué eres tan...?

—¿Odiosa? ¿Perra? ¿Horrible? —Ofrezco reflejando el temblor en mi voz, haciéndome sonar patética—. Porque quería que renunciaras.

—¿Por qué? —Edward murmura—. ¿Soy tan malo?

—No es... —Suspiro—, no se trata de ti. Nunca se ha tratado de ti. Es un juego, y soy muy buena en eso.

—¿Eso es todo lo que es? ¿Un juego? ¿Todas esas cosas de mierda que has dicho y hecho?

—Nunca quise decir nada de eso. —Me limpio los ojos—. Es la única manera de conseguir lo que quiero. Dime, honestamente, si no fuera por Tommie, ¿te habrías quedado?

Abre y cierra la boca. —Probablemente no. Quiero decir, quién aguantaría esa mierda.

—Exacto —le digo, escudriñando sus ojos verdes—, ¿no lo entiendes? Nadie lo soportaría. No valgo ninguna cantidad de dinero. Ese es el puto punto. Se suponía que tenías que irte. Todo lo que te dije, de tu mamá... acerca de... No creo que nada de eso sea cierto, lo juro. Tú no eres basura, y tu mamá no lo es... no es así como me siento ni lo que pienso. Dije lo que pensé que te irritaría, te haría enojar lo suficiente como para hacerte renunciar o coo lastimarme y...

—Is… Bella. —Me sorprende el uso de mi nombre acortado—. ¿Alguien te ha hecho daño?

—Me lo merecía. —Me encogí de hombros—. Me lo hubiera merecido si lo hubieras hecho. Es un precio que estoy dispuesta a pagar.

—¿Por qué?

Suspiro y Edward se inclina hacia mí, sus ojos verdes arden de curiosidad.

»¿Se trata de Charlie?

—Yo no... Quiero hablar de ello —murmuro. Lo miro fijamente mordiéndome el labio—. Edward.

—Masen... —Edward corrige, haciendo una mueca—. No dejo... simplemente no me llames así...

—Está bien —digo en voz baja—. Masen, tienes que entender que se suponía que no debías quedarte. Cuando lo hiciste... Seguí esforzándome más y más, y llegué... He odiado tener que estar así contigo. Los otros... Eran diferentes. Eres diferente. Sé que probablemente no signifique nada para ti ahora, pero... Lo siento mucho, por todo eso. —Voy a tocarle el brazo y luego abro mucho los ojos, retrocediendo—. Mierda, lo siento, no era mi intención.

—Relájate —dice Edward en voz baja, mirándome fijamente a los ojos—. Confío en que no presionarás, has tenido cuidado desde...

Me duele el corazón y me limpio los ojos, sollozando. —Lo que te hice... No sabía lo que te haría... No lo sabía, te lo juro.

La voz de Edward es baja. —Lo sé. Está bien.

—¡No está bien! —estallé.

—Esa mierda ya es cosa del pasado, chica —murmura Edward.

—Sé que no me lo merezco, pero ¿podemos empezar de nuevo? —le pregunto con voz gruesa.

Suspira cansado, se aparta de mí y se pasa una mano por el pelo. —Has sido una puta perra, pero... Supongo que tenías tus razones. No es una buena excusa para tratar a alguien como una mierda, pero, lo entiendo. Esto no se trata de mí. Se trata de tu papá. Cualquiera que se lastime en el medio, a la mierda, ¿verdad? A veces tienes que ser un poco horrible para salirte con la tuya... —dice la última parte burlonamente, repitiendo mis palabras en el hospital.

Lo miro fijamente, mordiéndome el labio. —Se suponía que debías renunciar. No sabía nada de Tommie.

Edward me mira a los ojos, la impactante esmeralda me deja sin aliento. —¿Habría cambiado algo?

Suspiro. —Sí, Edward. Yo…

Edward me mira fijamente, y yo me muevo. —Lo siento... Masen. Sé que no me crees, pero en realidad no soy una mala persona. Por supuesto, no habría actuado así si supiera que estabas trabajando aquí para ayudar a tu hermano.

Está en silencio, y puedo ver en su cara que no me cree. No lo culpo. No puedo culparlo.

»Me detendré —digo en voz baja.

Edward se mueve y se recuesta en mi cama, mirando al techo. —Ya te detuviste, ¿no? ¿Después de lo que pasó la semana pasada? Tus esfuerzos han sido a medias desde entonces.

Me recuesto a su lado, manteniendo un espacio entre nosotros. —Sí.

—¿Por qué?

—Siempre ha sido... Es divertido, ser una mocosa —admito en voz baja—. Los tipos que hicieron este trabajo... bueno, son exactamente como Demetri, un agujero negro de carisma, listo para caer sobre una espada a los pies de mi padre, mordiendo el bocado para complacerlo. No me importaba una mierda o...

La cabeza de Edward se vuelve hacia la mía y resopla. —¿Crees que me importas una mierda?

Le sonrío. —¿Es eso lo que dije?

Me regala una sonrisa pícara, la misma que siempre he querido de él, y siento un extraño calor en el estómago.

—El punto es que esos tipos no se quedaron el tiempo suficiente para que me sintiera mal —digo, mordiéndome el labio—. Sí, probablemente se fueron pensando que era una gran perra, pero... De eso se trataba. ¿Y qué es lo que una adolescente estúpida le va a hacer a alguien de todos modos? No tengo el poder para joder la vida de nadie. Tal vez se sentirían jodidos por eso durante una semana o dos, pero luego se olvidarán.

Edward se queda en silencio durante un rato, y cuando me doy la vuelta para mirarlo, me está mirando, apoyado en un brazo.

—Mira, hoy vi un lado diferente de ti —murmura—, y no te odio, Bella, aunque probablemente debería.

—¿No lo haces? —pregunto, sorprendida.

—Quiero decir, no me gustas. —se ríe Edward—, pero no, no te odio. Eres solo una niña con una situación familiar jodida.

Me pongo nerviosa. —No soy una niña. Además, ¿eso no te convertiría en alguien raro? Viendo como prácticamente salivas sobre mis tetas.

Edward me sonríe. —Son unas tetas bonitas, pero... ¿Salivando? Difícilmente, princesa. No me falta compañía.

Pongo los ojos en blanco. —Quieres follarme, solo admítelo.

Edward se ríe, un sonido suave y ligero que no le había oído hacer antes. —No, esa es tu fantasía, no la mía.

—Lo que sea —me burlo—. Para que conste, a mí tampoco me gustas.

—Mentirosa —dice Edward en broma—. Mira, si la chica que vi hoy es lo que realmente eres, no la enorme perra que has sido desde que empecé, podría llegar a tolerarte, pero no estoy aquí para ser tu puto amigo. Estoy aquí para protegerte. Podemos intentar empezar de nuevo, pero ¿me dejarás hacer mi puto trabajo?

Asiento con la cabeza, tragando saliva. —Hasta que Tommie esté mejor, luego renunciarás, ¿verdad?

—Intenta detenerme... —Edward resopla—. Esta no es exactamente mi idea de un buen momento, Isabella.

—Es Bella. Si vamos a ser cordiales, puedes llamarme Bella.

Edward pone los ojos en blanco. —Muy bien. ¿Necesitas decir un Fido más para sacarlo de tu sistema?

Agarro una almohada y lo golpeo en la cara con ella. —Vete a la mierda, Fido.

Su risa ahogada sale de la almohada, y se levanta de la cama, lanzándomela.

—¿Estás bien? —pregunta, inclinando la cabeza.

Asiento con la cabeza, me incorporo y me abrazo las rodillas al pecho. —Estoy bien. Voy a dibujar un rato. No podré dormir.

—Está bien —dice Edward lentamente. Comienza a irse, pero luego se da la vuelta, metiendo las manos en los bolsillos de sus jeans. —Gracias, por... con Tommie, hoy. Gracias.

—No hace falta que me lo agradezcas —le digo en voz baja.

Edward se encoge de hombros y sale de mi habitación.

Lo miro fijamente, incapaz de evitar la pequeña sonrisa que se dibuja en mi rostro.

xXx

Suena el timbre y Cilian agarra nuestras cosas, colgando una mochila en cada hombro. Le sonrío y me guiña un ojo mientras salimos del aula de clases.

—La escuela es tan aburrida cuando no estás aquí —comenta Cilian, mientras su cálida mano roza la mía. Enredo mis dedos con los suyos y él tararea, frotando su pulgar contra el dorso de mi mano—. Nunca te di las gracias por...

—Sí, lo hiciste —le interrumpo, apretándole la mano. Lo miro y frunzo el ceño ante la expresión de su rostro—. Cil, valió la pena que me suspendieran. Además, ya está hecho.

—Pero tu historial...

—Cállate. —Pongo los ojos en blanco—. Sin embargo, sé cómo puedes compensarme...

Cil sonríe, ladeando la cabeza, sus ojos azules escudriñando los míos. —¿Sí? Mmm... de hecho, quería hablar contigo sobre eso.

Nos detenemos en nuestros casilleros y desenlazo nuestras manos, volviéndome para mirarlo con una ceja arqueada.

—No quise decir un favor sexual, que conste —digo con una sonrisa.

Cilian saca la lengua. —Sí, pero no dirías que no, ¿verdad, niña bonita?

Le toco el pecho y me agarra la mano, mirándola con el ceño fruncido.

—¿Qué pasa, Cil? —le pregunto, acercándome más.

—Yo... —Traga saliva—. Creo que me gusta mucho Jasper.

—Cil —digo en voz baja—. Eso es increíble. ¿Por qué pareces tan preocupado?

—Porque nunca... —suspira, y me deslizo en sus brazos, envolviendo los míos alrededor de su cintura mientras lo miro fijamente.

—Háblame —murmuro.

Cilian me mira fijamente a los ojos durante un segundo antes de inclinar la cabeza y apoyarla en mi hombro. —Nunca he salido con nadie antes. ¿Y si la cago?

—No lo harás —lo tranquilizo, acariciándole la espalda—. Eres increíble, Cil, y Jasper también. Ustedes serán perfectos juntos.

—Pero, ¿y si...? —La voz de Cilian se vuelve aún más baja—. Sé que es estúpido, pero... ¿Qué pasa si Jasper y yo nos quedamos juntos después de la escuela secundaria y...? ¿Y si soy de los que termino estando con un chico para siempre? Quiero decir, yo siempre... no es lo que pensé que haría...

Lo abrazo con más fuerza y él respira tembloroso contra mi cuello. —Me imaginé que sería una chica con la que me establecería, que un día tendría hijos y la boda tradicional y esa mierda, ¿sabes?

—Escucha, Cil —le digo en voz baja, acariciando sus mejillas, para que me mire fijamente a los ojos—. Sé que da miedo que no estés haciendo las cosas de la manera que imaginabas, pero a la mierda con lo convencional. Sientes que quieres esas cosas porque eso es lo que siempre te han inculcado. Pero tienes que dejar de lado eso. Te gusta Jasper, ¿verdad? ¿Te hace feliz?

—Sí —asiente Cilian, con los ojos tormentosos.

—Entonces eso es todo lo que importa, nene —le digo, sonriendo. Y si acabas casándote con Jasper, será mejor que sea tu puta madrina, o lo que sea.

—¿La mejor perra? —Cilian bromea a medias.

—Siempre y para siempre, nene. —Sonrío.

Cilian me acaricia la nuca. —Te quiero mucho, B.

—Te quiero más —le digo, inclinándome y besándole la mejilla.

Nos abrazamos un rato más y Cilian me aprieta con fuerza. —No perderemos esto, ¿verdad? ¿Incluso si no estamos jugando?

—Por supuesto que no —murmuro en su pecho—. Eres uno de mis mejores amigos en el mundo.

Cilian tararea y me besa la cabeza, sonriéndome. —¿Qué vas a hacer cuando tu guardaespaldas te ponga cachonda ahora?

Resoplo. —Cilian, te presento mi mano —digo juguetonamente, levantando los dedos y retorciéndolos.

Cilian se ríe a carcajadas, me besa la muñeca y me suelta.

Veo a Jasper caminando hacia nosotros y le sonrío. —Ey, Ja…

Me empuja hacia un lado suavemente, agarra la camisa de Cilian y lo golpea contra los casilleros, besándolo ferozmente.

Hay jadeos a nuestro alrededor de otros estudiantes y algunas risas divertidas. Me quedo boquiabierta cuando Cilian agarra a Jasper por el cuello y los hace girar, empujando a Jasper hacia los casilleros mientras toma el control del beso.

Cilian se echa hacia atrás y me echo a reír ante la expresión del rostro de Jasper, con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta por la lujuria.

—Bueno, eso fue toda una exhibición —digo juguetonamente.

Los ojos de Jasper se fijan en los míos, y parece avergonzado, empujando suavemente a Cilian fuera de él. —Um, lo siento. Yo solo... —Se vuelve hacia Cilian y se pasa una mano por el pelo corto—. Me gustas mucho, Cil. Y yo... —Jasper traga saliva, su rostro se arruga adorablemente—. No quiero que te acuestes más con Bella.

No puedo evitar la sonrisa que se dibuja en mi boca, y Cilian se ríe suavemente, envolviendo un brazo alrededor del estómago de Jasper y tirando de él hacia su cuerpo. Jasper se queda sin aliento y Cilian se lleva la boca al oído, murmurando algo.

Aparto la mirada para darles un poco de privacidad, sonriendo tanto que me duelen las mejillas.

—Lo siento, Bella —dice Jasper de repente.

Vuelvo a mirarlo y me mira con una expresión preocupada.

»No quise sacarte del camino de esa manera.

—Oye, no te preocupes —lo tranquilizo, sonriéndole—. Lo entiendo.

—Aparentemente, es una cosita celosa —murmura Cilian. Mis ojos se fijan en los suyos y él me sonríe.

—Aparentemente. —Me río.

Jasper se muerde el labio y yo le frunzo el ceño. —Jas... ¿Te sientes incómodo con el hecho de que... ¿No quieres que lo abrace más o...?

Cilian se pone rígido y Jasper lo agarra del brazo y me sonríe. —No me siento incómodo —dice en voz baja. Cilian se relaja y besa el cuello de Jasper—. Simplemente no quiero que se metan el uno con el otro.

—No hemos estado juntos desde... los tres, de todos modos —digo, encogiéndome de hombros.

—Oh —dice Jasper, retorciéndose y mirando a Cilian.

Cilian arquea una ceja hacia él. —¿Eso te sorprende? —pregunta juguetonamente, tirando de la corbata de Jasper—. Como si me quedara algo de energía.

Jasper resopla y comparten una mirada que hace que mis mejillas se calienten.

Me muevo y Cilian me sonríe con un brillo cómplice en los ojos.

—Está bien, ahora que todo está resuelto... —digo, sonriendo—. Cilian y yo tenemos que ir a clase. ¿A menos que quieras demostrar que es tuyo otra vez, Jas? —Le guiño un ojo.

—Por favor, hazlo —comenta Tracie Chambers desde su casillero, sonriéndole a Cilian.

Me río y Jasper gime en voz baja. Se besan, y entonces Cilian recoge nuestras cosas del suelo y me pasa el brazo por encima del hombro, con los ojos fijos en Jasper.

Jasper nos sonríe y camina en la otra dirección.

Lo miro fijamente, mordiéndome el labio. —No hace falta que lo pongas a prueba —le digo a Cilian, dándole un ligero codazo.

—Pero lo hago. —Cilian se encoge de hombros—. Un poco de celos, no me importa. Quiero decir, te he estado follando desde que teníamos trece años, pero también eres una de mis mejores amigas en el puto mundo. No puedo permitir que se asuste cuando te toco.

Tarareo. —Supongo.

Cilian se ríe. —Tengo que decir que me gusta celoso. Eso fue jodidamente caliente.

—Realmente lo fue.

Cilian me sonríe. —Sabes que siempre eres bienvenida en nuestra cama.

Lo empujo juguetonamente, caminando hacia adelante.

—Puedes traer al guardaespaldas —dice Cilian detrás de mí.

Le doy el dedo medio y me río cuando me rodea con los brazos, y él me levanta de mis pies, los dos nos reímos mientras entramos en clase.

xXx

Edward está apoyado en la limusina cuando salgo de la escuela, y me acerco a él, frunciendo el ceño ante la expresión de su rostro. Se ve agitado, con bolsas pesadas debajo de los ojos.

—Hola —saludo.

—¿No hay suspensión hoy? —pregunta, arqueando una ceja.

Suspiro. —Supongo que no fui lo suficientemente mala. —Me encogí de hombros, sonriendo—. Siempre hay un mañana.

Los labios de Edward se curvan hacia arriba en la esquina izquierda y me abre la puerta. Lo rozo al entrar, y el aroma almizclado de su loción para después del afeitado hace que algo en la boca del estómago se enrosque. Se sube al automóvil detrás de mí, sentándose frente a mí.

—A la tienda, por favor, S —le digo.

Edward murmura que está bien, y frunzo el ceño. Arquea una ceja hacia mí y levanto el tabique. No quiero que Stevie sepa que de repente me estoy portando bien.

—¿Ese ceño fruncido es para mí? —pregunta Edward, inclinando la cabeza.

Sacudo la mía, cruzo los brazos y apoyo la cabeza en el asiento.

Edward tararea. —Es una cuestión de control para ti, ¿no?

Levanto la cabeza y lo miro fijamente. Los ojos verde eléctrico se encuentran con los míos, e ignoro la sacudida que me atraviesa. —No trates de psicoanalizarme. No soy una psicópata normal —le digo en broma.

—Oh, eres especial, ¿eh? —Edward bromea de vuelta, sus labios se contraen.

—Única en mi clase —afirmo, sonriéndole.

Frunce el ceño y se reclina en su asiento, mirándome fijamente.

—¿Qué? —pregunto, cruzando una pierna sobre la otra. No me pasa desapercibida la forma en que sus ojos se dirigen a mi regazo y vuelven a subir, y le sonrío.

Edward pone los ojos en blanco. —Todavía me estoy acostumbrando a... esto. —Me hace un gesto.

—¿La limusina? —Ofrezco, luchando contra una carcajada.

Edward se muerde la lengua. —¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres molesta?

Finjo pensar en ello. —¿Hoy?

Una pequeña risa sale de su boca, y yo sonrío, inclinando la cabeza hacia atrás. Edward se mueve en el asiento, su pie golpea el suelo.

—¿Qué pasa? —le pregunto en voz baja, mirando al techo.

—¿Eh? —pregunta Edward.

Juego con el dobladillo de mi falda. —Pareces agitado. ¿Qué pasa? —Me incorporo de repente—. ¿Es Tommie? ¿Está bien?

Edward me mira fijamente por un segundo y luego cruza los brazos, apretando la mandíbula. —No quiero hablar de eso.

—¿Quieres ir a verlo? Puedo cancelar mi sesión.

Edward me mira sorprendido. —¿Qué?

Agarro mi teléfono y abro mis mensajes. —No es gran cosa. Podemos llevarlo por un helado o algo así. Déjame enviarle un mensaje de texto a Daniel diciéndole que yo...

Mis palabras se desvanecen cuando una mano cálida de repente se envuelve alrededor de la mía, tirando suavemente del teléfono de mi agarre. Algo caliente se apodera de mi vientre al sentir las yemas de sus dedos contra mi piel, y un escalofrío me recorre cuando levanto la vista y me encuentro con los ojos de Edward.

—Está con Ricko y está bien por esta noche —dice Edward, mirándome con una expresión curiosa.

—Está bien —me las arreglo para decir—. Bueno, en cualquier momento. Dímelo y vamos a verlo.

—Gracias, Bella —murmura Edward.

Voy a agarrar mi teléfono y luego dudo. Edward suspira suavemente y coloca el teléfono en mi mano, agarrando suavemente mi muñeca. Miro hacia arriba y encuentro sus intensos ojos verdes a centímetros de los míos. —Realmente aprecio que trates de no tocarme, pero no tienes que preocuparte si es solo accidental, ¿de acuerdo? Nunca me toques por detrás, y nunca me agarres. Tócame siempre donde pueda verlo venir.

Asiento con la cabeza y luego me muerdo el labio, queriendo aligerar el momento. —¿Cuántos tocamientos esperas que hagamos exactamente?

Edward se ríe, soltando mi muñeca. —Solo prométeme que te detendrás si me alejo o si te lo pido. —Edward me estudia con recelo.

—Sabes que me detendré —le digo en voz baja.

Él asiente. —Sí, creo que sí.

Nos detenemos frente a la tienda, y Edward me detiene justo antes de que abra la puerta. —Bella, ese dinero que le diste a Phil para la caridad de tu madre. ¿Es de esto?

Asiento y Edward se muerde el labio. —Me equivoqué contigo, ¿verdad?

—Viste lo que yo quería que vieras —le digo en voz baja—. Puedes maquillar tu cara, tus palabras y tus acciones para que no se parezcan en nada a tu verdadero yo, y la gente lo creerá porque eso es lo que somos. La raza humana se lo toma todo al pie de la letra. Algunas personas fingen ser diferentes, pero mienten. Si ves el bien en alguien, es porque te lo está permitiendo.

Edward frunce el ceño, abre la boca y niego con la cabeza.

»No digas nada.

Salgo del automóvil.