Juegos Perversos [Wicked Games] es autoría de creaatingmadness, Crepúsculo y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la traducción al español es mía con el permiso de la autora.
Juegos Perversos [Wicked Games] was written by creaatingmadness, Twilight and its characters belong to Stephenie Meyer, the Spanish translation is mine with the author's permission.


¡Gracias a Sully y arrobale!


ADVERTENCIAS: Esta historia contiene uso de drogas, contenido sexual explícito, violencia y lenguaje soez. Está clasificado como M por una razón. Agregaré advertencias de activación en la parte superior de los capítulos que creo que las requieren más allá de esta advertencia inicial. Es un BxE, pero es una combustión lenta, así que abróchate el cinturón.

Capítulo 17: Poder

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Edward

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xXx

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Ricko coloca una botella de cerveza frente a mí, recostándose en la silla.

—¿Cómo está Tommie, bro?

Tomo un sorbo, mis dedos tamborilean sobre la mesa pegajosa de la barra mientras la vuelvo a colocar.

—Él... —Me quedo callado, perdido en busca de las palabras adecuadas. Me doy por vencido y me encojo de hombros, y la mandíbula de Ricko salta, sus ojos buscan los míos.

—¿Estás bien?

Me burlo de él y sus labios se curvan hacia arriba.

»No te hagas el duro conmigo, imbécil. Te he visto cagar. No hay nada más vulnerable que eso.

Mi risa resuena tan fuerte que la gente en la mesa de al lado se da la vuelta para mirar. Miran hacia otro lado cuando Ricko los mira, el tatuaje fresco sobre su ceja y la hendidura a través de ella lo hacen parecer aún más amenazante de lo habitual.

—Es jodidamente malo, bro —murmuro cuando mi risa se detiene—. Vomitando, cansado, el médico dijo que es normal, pero me siento... impotente. No puedo hacer nada para ayudarlo.

Ricko suspira, bebiendo su cerveza por un segundo antes de apoyar ambos brazos en la mesa. —Escucha, Mase. Ya estás haciendo todo lo que puedes. Aceptaste el trabajo para pagar su tratamiento, estás lidiando con Isabella...

Asiento con la cabeza, apartando la mirada de sus ojos azules. No le he contado a nadie la conversación que tuve con Bella sobre su madre o el hecho de que ha sido diferente desde que se enteró de Tommie. No sé por dónde empezaría. Ha sido una mierda para mí procesar su extraña doble persoanlidad.

Cuando estamos cerca de sus tíos, o de Charlie y Emmett, actúa de la manera en que solía hacerlo: grosera, maliciosa, francamente molesta. Pero cuando somos solo nosotros, o si estamos cerca de sus amigos o Tommie, ella es diferente. Siempre es jodidamente sarcástica, pero nuestras bromas son en su mayoría ligeras y juguetonas, y me gusta la forma en que muerde.

No es que yo vaya a decir eso.

Ricko cambia de tema, hablando de esta chica a la que se ha estado follando, Marissa, y yo bebo mi cerveza, agradecido por la distracción.

Tengo que recoger a Bella en unas horas, y probablemente todavía esté de mal humor desde esta mañana. Tuvimos que ir a la oficina de Charlie antes de llevarla a la escuela y, como de costumbre, su conversación fue un puto desastre.

—¿Has mojado la polla últimamente? —Ricko me pregunta, haciendo una pausa en su relato de lo bien que se veía Marissa rebotando en su polla.

—No —murmuro—. Demasiado jodidamente ocupado y simplemente... aburrido de lo fácil que es.

Ricko resopla. —¿Ahora te estás quejando de lo fácil que es para ti echar un polvo?

Me encojo de hombros, apoyando los brazos en los brazos de la silla mientras inclino las patas delanteras del suelo. —Sí, hombre, es jodido... La misma mierda, diferente coño, ¿sabes?

Ricko asiente, jugando con la etiqueta de su cerveza. —No ayuda cuando la chica a la que estás protegiendo es un puto diez.

Sonrío. Recogimos a Tommie de donde Ricko la semana pasada, y cuando vio a Bella, me dijo «carajo».

Muchos de los chicos de Charlie no la han visto antes. Una decisión inteligente porque muchos de ellos son perros, y Bella es sexo con putas piernas. Por no hablar de los jodidos adolescentes.

Es solo otra de las cien razones por las que no querría follarla.

—¿Sabes, amigo?, te lo dije antes, pero ten cuidado. Sabes que, si alguna vez la tocas, se acaba el juego.

Empiezo a responder, y Ricko levanta las manos. —Sé que la odias, pero... hay tensión ahí, lo vi.

—Nunca la tocaría —digo con calma, arqueando una ceja hacia él.

Y no lo haré.

Pero carajo, quiero.

xXx

Me muevo contra la pared, con los ojos fijos en Bella, el zumbido de la máquina de tatuar llenando el aire. Llevamos aquí casi cuatro horas, y aunque podría irme a la otra habitación y tumbarme en el sofá, no quiero. Verla es extrañamente hipnótico. Hay un ligero pliegue entre sus cejas. Sus labios gruesos y carnosos se abrieron concentrados. Es muy cuidadosa, sus movimientos son precisos y sin esfuerzo mientras entinta el diseño entre los omóplatos del chico.

El sonido se corta de repente, dejando la habitación en silencio.

—Todo listo —dice Bella, tocándole en el hombro. Alec se levanta y le sonríe, y me hormiguea la nuca.

Puede que Cinna y Charlie no estén en guerra abierta en este momento, pero las cosas son cualquier cosa menos estables. Hemos tenido varios tipos desaparecidos en el último mes, y la semana pasada los cuatro fueron colocados en varios lugares en el territorio de Charlie, desnudos, con mensajes de advertencia grabados en su piel.

«Renuncia».

«Renuncia, o te obligaremos».

«Tú eres el siguiente».

«Tic-tac».

Podría ser cualquiera de las familias, y el equilibrio de poder es tan precario que, si Charlie insinúa que es una de ellas, todo podría irse a la mierda.

Si eso no fuera lo suficientemente malo, un gran cargamento desapareció de los muelles, y el jefe no puede decidir si es Cinna tratando de anotarse un punto o los malditos federales. Últimamente han estado husmeando a los chivos expiatorios, los que el Departamento de Policía de Nueva York y el FBI creen que están haciendo mierda. Los hijos de puta son tan malditamente despistados. Es vergonzoso. Aunque cualquiera que sepa la verdad está muerto o reclutado antes de que pueda hacer algo con la información.

Lo que sea que esté ocurriendo, Bella pasando el rato con Alec Marquez me molesta. No confío en él, y confío aún menos en su padre.

Alec se acerca para mirarse en el espejo, y yo cruzo los brazos, resoplando por la forma en que flexiona los músculos de la espalda, sus labios curvados hacia arriba en señal de aprobación. El tatuaje que le ha hecho tiene un aspecto increíble: un cuervo con las alas extendidas en el centro de los omóplatos, rodeado de sombras. No tiene color, y tengo la sensación de que odia eso. Sus cejas se fruncieron mientras estudiaba su espalda.

—Se ve tan malditamente bien, Cygnet —dice Alec felizmente, envolviéndola en un abrazo, sus brazos desnudos rodeando su cuerpo más pequeño. Me mira mientras le besa el hombro, y esa mirada vuelve a brillar en sus ojos, como si estuviera tratando de recordar algo. Le devuelvo la mirada, entrecerrando los ojos, y Alec aparta la mirada.

Bella lo empuja hacia la silla. —Déjame limpiarlo —le ordena, sonriéndole.

—Sí, jefa —bromea Alec, lamiéndose el labio inferior e inclinando la cabeza hacia atrás—. Entonces... ¿qué quieres para tu cumpleaños?

Bella se ríe mientras limpia el tatuaje. —¿Qué crees que quiero?

—¿A mí? —Alec dice juguetonamente.

Bella pone los ojos en blanco y él se muerde la mejilla, mirándola fijamente.

»Entonces... Cilian está con Jasper.

—Entonces... —Bella repite, inclinando la cabeza hacia él y sonriendo.

Alec se acerca para rozar con el pulgar su labio inferior. —¿Recuerdas lo que solíamos decir cuando éramos niños, Cygnet?

—Alec... —Bella suspira.

Alec le coge la mano. —Lo resolvería todo. Tú y yo gobernaríamos esta ciudad juntos.

Mis ojos se abren de par en par por la sorpresa, y Bella me mira, mordiéndose el labio por un segundo antes de volverse hacia él.

—Éramos un par de niños estúpidos —dice ella en voz baja, apartándose de su agarre—. Emmett va a tomar el relevo, no yo.

—Pero podría ser nuestra —dice Alec con seriedad.

Bella lo agarra del pelo e inclina la cabeza hacia atrás, mirándolo fijamente. Alec se lo permite, soltando una risita baja.

—No. Estoy. Interesada. Entonces, ¿vas a hacer que nos peleemos de nuevo?

Él se acerca y le quita la mano, poniendo los ojos en blanco. —Muy bien. ¿Siempre podríamos echar un polvo? —Él le sonríe y ella se ríe, dándole unos golpecitos en la mejilla.

—En tus sueños.

Toso para ocultar mi risa, y ambos se giran para mirarme. Bella me guiña un ojo y siento un tirón en la boca del estómago. Esos hermosos y jodidos ojos arden en los míos por un segundo antes de apartar la mirada, enganchando mis pulgares en los bolsillos de mi pantalón.

Escucho a Alec agarrar sus cosas. —Pero en serio, ¿qué quieres para tu cumpleaños?

—Que Charlie no esté organizando esta estúpida fiesta —se queja Bella.

Mis labios se curvan hacia arriba. Todos los que son alguien en New York están invitados, y a Bella se le ha ordenado que se comporte lo mejor posible frente a los colegas de negocios de Charlie. Todas las familias también han sido invitadas, por el bien de las apariencias, por lo que me han dicho que no debo estar a más de medio metro de distancia de ella en todo momento. Es poco probable que algo suceda. Todo el mundo sabe cómo interpretar a sus personajes frente al ojo público.

Lo temo aún más que ella. No he estado en la misma vecindad que Cinna desde que James y yo...

Trago saliva, la tensión irradia a través de mí.

Bella se despide de Alec en la puerta, y cuando vuelve a entrar, se muerde el labio, encontrándose con mis ojos. —Lo que escuchaste...

—No escuché nada —le digo casualmente, sonriéndole.

Bella sonríe agradecida y luego ladea la cabeza hacia mí, frunciendo el ceño. —¿Está todo bien contigo? Luces... estresado.

—Nada, solo jodidamente aburrido —le digo juguetonamente.

Bella sonríe. —No parecías aburrido.

—¿Me estabas mirando? —pregunto, devolviéndole la sonrisa.

Sus ojos brillan. —No tanto como tú a mí.

—Es mi trabajo vigilarte —señalo.

—Entonces considera que es un interés personal mío verte de vuelta —dice Bella, arqueando una ceja hacia mí.

Lucho por reírme. —Tienes una respuesta para todo, ¿no?

—Por supuesto. —Bella sonríe.

Me mira fijamente y se me eriza la piel, un cosquilleo me recorre la espalda. Rápidamente desvío la mirada y cruzo los brazos.

—¿Todavía estamos de acuerdo en ir a ver a Tommie?

—¡Por supuesto! —exclama Bella. Levanto la vista y la encuentro sonriendo ampliamente. Sus ojos se iluminaron de una manera que parece estar reservada para mi hermano—. ¿Podemos llevarlo por un helado?

Me froto la mandíbula, suspirando. —No. No creo que pueda comerlo... Es dice que ha estado vomitando mucho.

La cara de Bella se cae. —Mierda. ¿Qué puedo...? ¿Hay algo que podamos hacer?

Niego con la cabeza y ella se muerde el labio.

»¿Estás bien?

Levanto las cejas. —¿Qué si estoy bien?

—Sí —dice Bella en voz baja—. Debes estar preocupado, y estás aquí en lugar de con él. —Parece culpable y la miro con el ceño fruncido.

—Estoy aquí porque es mi trabajo. Ese no es tu problema.

Bella abre la boca, me acerco y le doy un ligero golpecito en el hombro. —Relájate, estoy bien. Y Tommie es un chico fuerte. Vamos.

Me mira y luego asiente con la cabeza mientras comienza a limpiar su estación de trabajo.

xXx

Tommie está en el sofá, acostado en el regazo de Es cuando entramos en la casa, y levanta la cabeza y sonríe cuando me ve. —Ed —grazna.

Me acerco a él y se levanta, me abraza con fuerza.

—¿Cómo estás, niño? —le pregunto en voz baja. Le acaricio el pelo y trago saliva mientras parte de él se desprende y se queda en mi mano.

—Bien —la voz apagada de Tommie sale junto a mis costillas. Miro fijamente el mechón de pelo entre mis dedos y lo dejo caer al suelo, se me retuerce el pecho.

Tommie pasa de mí a Bella y la abraza también. Ella se agacha a su altura y lo aprieta, encontrándose con mis ojos por encima de su cabeza.

—Voy a fumar un cigarrillo rápido —digo bruscamente. Tommie me devuelve la mirada y le lanzo una sonrisa.

»Vuelvo en un segundo, ¿de acuerdo?

—Está bien. —Tommie me sonríe.

—Tommie, quería mostrarte algo —dice Bella de repente, sacando su bolso.

Cojo mis cigarrillos y salgo por la puerta principal, apoyándome en la pared. Me tiemblan los dedos cuando me llevo uno a los labios, y lo enciendo, respirando profundamente.

Oigo que se abre la puerta y miro a mi derecha. Es se acerca a mí y me tiende la mano.

—¿Puedo robar uno?

Le doy el mío y enciendo uno nuevo, mirando las casas a mi vista. Hay una pelea en el camino, y puedo ver a un traficante asomado a su ventana, hablando con algunos niños.

—¿Cómo estás? —le pregunto a Es en voz baja.

—No puedo esperar a que termine esta ronda —murmura—. Es insoportable verlo pasar por esto. Está adelgazando mucho.

Aprieto los dientes, tengo un sabor amargo en la boca y Es suspira.

»Ed...

—No lo hagas —digo con rigidez.

—Sabes que yo...

—Detente —gruño. Cierro los ojos y respiro hondo, exhalando el humo. Me vuelvo para mirarla. Tiene un brazo cruzado sobre su cuerpo, cenizas acumuladas en el extremo de su cigarrillo. Observo cómo una lágrima corre por su mejilla y se mueve.

—Está hecho, vamos a... no vayas por ahí —le digo con voz más suave, golpeando la punta de su cigarrillo—. Estamos bien.

Es levanta la vista y me regala una débil sonrisa.

—Sabes que se supone que debes fumarlo —le digo en broma.

Su sonrisa se ensancha y ahoga una carcajada.

Inclino la cabeza hacia ella y me paso una mano por el pelo. —Oye, Es, ¿todavía tienes esas tijeras?

xXx

—Deja de mirarme —le digo a Bella, sonriéndole por encima de la encimera de la cocina. Sus ojos se cruzan con los míos por un segundo antes de clavar su tenedor en la ensalada en su plato, sus dientes se hunden en su labio inferior.

—Luces...

Arqueo una ceja, me paso una mano por el pelo recién cortado, la sensación me resulta familiar bajo la palma de la mano. —¿Sí?

—Bien —dice Bella, encogiéndose de hombros.

Tomo un bocado de pizza, mi sonrisa se ensancha y Bella pone los ojos en blanco.

—Eso fue muy dulce de tu parte —dice después de un rato, dejando el tenedor sobre el plato.

—No es nada —le digo, con la boca llena de pizza.

Bella apoya la barbilla en su mano, mirándome fijamente. —Pero significó mucho para Tommie.

Pongo los ojos en blanco. —No llores por eso. No es gran cosa.

—No estoy llorando por eso. Fue simplemente dulce —dice Bella, sacándome la lengua.

La miro, mi polla cobra vida.

—Ahora, ¿quién está mirando? —bromea Bella.

Mis ojos vuelven a los suyos y me encojo de hombros, tomando otro bocado de comida.

—¿Se siente raro?

—No, estoy acostumbrado —murmuro. Dejo mi pizza y me inclino ligeramente hacia ella, observando sus manos mientras juegan con los anillos en sus dedos.

Ella me mira la cabeza con curiosidad, y sonrío, las palabras salen de mi boca antes de que lo haya pensado bien.

—¿Quieres tocar?

Los ojos de Bella se abren de par en par y mi pulso se dispara. No me importa que me toque ahora que conoce los límites y es cuidadosa, pero estoy jodidamente sorprendido de mí mismo por siquiera preguntar.

Las cejas de Bella se juntan. —¿Estás... seguro?

Me muevo en la silla, encogiéndome de hombros. —¿Quieres o no?

—Pero...

Arqueo una ceja. —¿Pero?

Bella suspira, mordiéndose el labio. —No quiero... molestarte.

Resoplo. —¿Desde cuándo?

Bella comienza a fruncir el ceño, pero se relaja cuando ve mi sonrisa.

—¿Estás seguro?

Pongo los ojos en blanco y agarro su mano, tirando de ella hacia mí tan rápido que su respiración se entrecorta.

Me detengo con su mano cerca de mi cabeza y sonrío, arqueando una ceja. —Adelante.

Bella me mira fijamente por un segundo antes de que sus labios se curven y se acerque con cuidado.

En el momento en que sus cálidos dedos rozan mi cuero cabelludo, tengo que luchar contra mis ojos para no rodar hacia atrás.

La mierda se siente tan jodidamente bien.

Me alejo de ella y me encuentro con sus ojos hipnotizantes. Me sonríe. —Se siente raro. Un poco espinoso pero suave al mismo tiempo.

Asiento con la cabeza, mordiendo otro trozo de pizza.

Bella me estudia, abre la boca y luego la vuelve a cerrar.

—¿Qué? —le pregunto con la boca llena.

—Solo... ¿Puedo preguntarte algo?

—Dispara. —Bella se muerde el labio y le sonrío—. Si me vas a proponer matrimonio, sigue siendo no. No eres mi tipo, cariño.

Sus ojos brillan. —Solamente estaba... siento curiosidad por algo.

Arqueo una ceja y Bella se mueve.

»Umm... ¿Cómo tienes sexo si no te gusta que te toquen?

La miro fijamente por un segundo antes de reírme, negando con la cabeza. Bella se mueve en la silla, levantando la barbilla.

—Bueno, cuando follo, siempre tengo el control —digo casualmente, apoyando los codos en la mesa mientras la miro fijamente.

Bella traga saliva y sus pupilas se dilatan. —¿Tienes el control? ¿Como si tuvieras que estar encima?

La forma en que me mira me está poniendo tan jodidamente duro, sus grandes ojos entornados, las mejillas sonrojadas.

—Sí. —Mi voz tiene un tono áspero, y no puedo evitar imaginarla debajo de mí, esas hermosas tetas rebotando mientras la follo, quejidos y gemidos entrecortados saliendo de sus labios—. ¿Por qué? ¿Quieres que tus fantasías sobre mí sean exactas? —Me burlo de ella, mi polla presiona contra la costura de mis jeans.

Bella se mueve en la silla y su lengua se desliza sobre su labio inferior. Me pregunto si ella también se lo está imaginando, pensando en mí encima de ella, dentro de ella. Se me eriza la piel de calor y trago saliva, apartando la mirada de ella.

—Me lo preguntaba —dice con voz entrecortada.

No digo nada, solo me encojo de hombros, deseando que mi polla se enfríe.

Bella se queda en silencio por un segundo. —Me voy a la cama.

—Bien —murmuro—, voy a comer más. Tengo hambre. No hay planes de escabullirse, ¿verdad? Si me como otra rebanada, mi capacidad para correr se verá gravemente obstaculizada.

Bella se ríe y luego se detiene, sonriendo para sí misma antes de asentir con la cabeza. —No, nada de escabullirme esta noche.

La veo irse, su culo se mueve en sus pantalones cortos grises, y dejo caer la pizza en el plato, lamiendo la salsa de mi pulgar.