Juegos Perversos [Wicked Games] es autoría de creaatingmadness, Crepúsculo y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la traducción al español es mía con el permiso de la autora.
Juegos Perversos [Wicked Games] was written by creaatingmadness, Twilight and its characters belong to Stephenie Meyer, the Spanish translation is mine with the author's permission.


¡Gracias a Sully y arrobale!


ADVERTENCIAS: Esta historia contiene uso de drogas, contenido sexual explícito, violencia y lenguaje soez. Está clasificado como M por una razón. Agregaré advertencias de activación en la parte superior de los capítulos que creo que las requieren más allá de esta advertencia inicial. Es un BxE, pero es una combustión lenta, así que abróchate el cinturón.

Capítulo Veintitrés: Miel

.

Edward

.

xXx

.

Nota de la autora: Este capítulo trata un tema sensible que puede afectar a algunas personas, aunque he mantenido los detalles al mínimo. Sin embargo, se menciona un caso de abuso infantil. Cuando veas tres asteriscos (***) puedes saltarte esa parte hasta encontrar otro juego igual para que continúes leyendo.

xXx

Charlie está de pie, mirando hacia la ciudad, con la mano alrededor de una pistola que cuelga suelta a su costado. —Tengo que aceptar que tal vez haya alguien dentro... —dice después de un rato, con voz fría.

Ninguno de nosotros responde y me muevo, mirando alrededor de la habitación. Jimmy y Marcus están recostados en el sofá, Bella acurrucada junto a ellos, con una manta blanca envuelta sobre sus hombros. La seguridad personal de Charlie, Garrett y Kyle, están parados en las puertas, cada uno con una AK en mano, y Emmett está detrás de Charlie, con pistolas gemelas en sus fundas en el pecho. Eric se sienta en un sillón a mi lado, lanzando un cuchillo entre sus dedos llenos de cicatrices.

Charlie finalmente se da vuelta, sus ojos escudriñándonos antes de llegar a Bella, donde rápidamente mira hacia otro lado. —Las únicas personas en las que confío en este momento están en esta sala. Consideren a todos los demás como una amenaza potencial. No les digan nada.

—¿Cuál es tu plan? —Emmett exige—: ¿Esconderte, pasar de un lugar seguro a otro hasta que qué…? ¿Cinna caiga muerto? Sabemos que él está detrás de esto.

—No lo sabemos escupe Charlie—. No estoy seguro, y hasta entonces...

—¡No podemos hacer nada! —Emmett gruñe.

—Si avanzamos hacia Cinna ahora, sin pruebas, todas las otras familias estarán de su lado. No ganaremos. No en este momento.

—Entonces encontremos esas pruebas —Las palabras de Eric son puntuadas con el chasquido de la empuñadura de su cuchillo—. Profundizamos y demostramos que es ese hijo de puta.

Trago. —¿Qué les hace estar tan seguros... que se trata de una persona solamente?

Todas las cabezas se dirigen hacia mí y me aclaro la garganta. —Miren… hasta ahora nadie había venido directamente por Bella, se trataba hacer que el jefe renunciara, amenazando a la seguridad… ¿pero ese auto? Esa mierda tenía como objetivo matarla. Y todos lo sabemos. Así que a menos de que este misterioso hijo de puta haya cambiado repentinamente de planes… ¿cómo sabemos que es un solo tipo y no una alianza? —Me encojo de hombros.

—No hay manera de que Cinna se alíe con alguien —dice Emmett, sacudiendo la cabeza.

Las cejas de Charlie se juntan por un momento y luego asiente. —Tiene razón. Cinna no comparte el poder, y nadie haría este movimiento a menos que quisieran la corona, lo que descarta que otras familias unan fuerzas. Bien pensado, Masen, pero creo que debemos aceptar que esto fue una escalada. Y quieren a Bella muerta. Eso... o ese auto estaba destinado a mí. —Aprieta los dientes—. ¿Hemos recibido otro mensaje?

—Creo que la limusina volando por los aires era el mensaje, jefe —señalo.

Los labios de Bella se contraen. —¿Que pasará ahora? —pregunta, mirando directamente a su padre. Él no la mira a los ojos.

—Seguirás saltando de hotel en hotel, y yo haré lo mismo. La escuela no es una opción, no ahora. Emmett, lo mismo va para ti, sigue moviéndote. Quiero que todos busquen algo que nos permita fijar esto sobre Cinna. Así puedo convocar una reunión de las familias con pruebas indiscutibles…

—¿Estás bromeando? Se metió con Bella. Si descubrimos con certeza que es él, entonces morirá —espeta Emmett.

—Madura, Emmett. No es tan simple —La voz de Charlie es fuerte y aguda—. Alec no está listo para tomar el poder y si comenzamos una guerra todo se irá a la mierda. Cinna será castigado.

—Me alegro mucho de que te importe que casi muero —comenta Bella secamente, mirándose las uñas.

Charlie abre la boca para responder cuando su teléfono empieza a sonar. Se queda mirando la pantalla y maldice.

— Que todo el mundo desaparezca y manténgase callados. Hablen en código o en persona. —Charlie comienza a alejarse y luego gira la cabeza hacia mí, mirándome directamente a los ojos—. Sigue moviéndola.

Asiento con la cabeza. —Entendido, jefe.

xXx

—Bueno, al menos este hotel está un poco mejor —dice Bella, dejándose caer sobre la cama con un suspiro—. ¿Crees que tienen buenas toallas? Las toallas eran una mierda en ese último.

La miro y sonrío. —Qué mocosa tan mimada.

Se sienta y me lanza una mirada juguetona. —Dice el expresidiario. ¿Te dan siquiera toallas en la cárcel?

—Qué graciosa —me burlo, dejando caer mi chaqueta al suelo y recostándome en la cama con ella, con la mano en mi arma.

Bella se recuesta sobre sus antebrazos y levanta una ceja. —¿Vamos a compartir la cama?

—No te dejaré sola en una habitación... órdenes del jefe.

—Ya veo... supongo que entonces ambos tomaremos duchas extra largas —dice Bella, con los ojos entrecerrados mientras me mira fijamente.

Medio río, medio gimo, recordando la sensación húmeda de su lengua en mi palma y sus pequeños gemidos. Mi voz es ronca. —Mocosa.

Bella se ríe y yo la busco inconscientemente, mis dedos encuentran la suave piel de sus costillas. Ella tararea y se acerca a mí, con la cabeza apoyada en mi hombro.

—No debería estar haciendo esto —murmuro.

—Si alguien irrumpe aquí para matarnos, estaremos muertos de todos modos... mi papá no puede matarte dos veces —murmura Bella en mi cuello.

—Todavía voy a dormir en la cama plegable.

Su cálida mano toca mi estómago y exhalo bruscamente. —¿No puedes confiar en ti mismo en la cama conmigo? —ella respira, sus labios vagando sobre mi piel.

Cierro los ojos y una risa forzada sale de mis labios. —No es mi autocontrol lo que me preocupa. —Siento sus labios curvarse contra mi piel y luego se sienta, sus dedos recorriendo los tatuajes en mi brazo.

—Edward, ¿puedo tocarte? —pregunta en voz baja.

La miro a los ojos con curiosidad. —Puedes…

Sonríe. —Lo sé, pero... quiero ver tus tatuajes detalladamente.

Trago alrededor del nudo en mi garganta. —Tú ya…

Las cejas de Bella se juntaron y luego sus ojos se llenaron de lágrimas. —Lo siento mucho.

Mi pulgar limpia una lágrima que recorre su mejilla. —Lo sé. No debería haber mencionado el tema.

Toma mi mano. —Pero... sucedió. Lo hice. Está bien que no lo hayas olvidado... yo tampoco lo olvidaré.

—Pero te perdono —murmuro, inclinándome y presionando mi cabeza contra la de ella—. Confío en ti, Daisy.

»Confío en ti —repito, besando su mejilla antes de quitarme la camisa del cuerpo y tirarla al suelo.

Inmediatamente los ojos de Bella recorrieron mi pecho y sentí un tirón de algo en la parte baja de mi estómago mientras sus ojos se oscurecían y sus labios se separaban. Tan jodidamente hermosa.

—¿Ves algo que te guste, Daisy? —bromeo. Ella asiente, sus dientes se hunden en su labio inferior y siento mi pecho golpear cuando sus manos se posan suavemente sobre él.

—¿Estas bien? — me pregunta, buscando mis ojos.

Agarro su mano tan rápido que salta y le sonrío mientras la deslizo por las crestas de mi estómago. —Dondequiera que me toques... está bien —le digo, guiñándole un ojo.

Sus dientes muerden su labio inferior con más fuerza y un suave sonido sale de sus labios. —Eres tan…

Me lamo los labios. Es tan jodidamente caliente lo mucho que me desea.

Si fuera cualquier otra persona ya la tendría desnuda, con sus labios alrededor de mi polla, pero esto es diferente. Esta es mi Daisy. Guío su mano de regreso a mi pecho y la suelto, mirándola.

—Entonces, ¿cuál es el veredicto? ¿Necesito otro? —le pregunto. Sus ojos vuelan desde donde mi polla se presiona contra mis jeans hasta mis ojos, y me río por el rubor en sus mejillas.

—Edward —murmura, inclinándose hacia mi cuerpo, su boca bajando hacia la mía.

Atrapo su garganta justo antes de que nuestros labios se encuentren, mis pulgares acarician suavemente su mandíbula. —No lo hagas. Si lo haces, no pararemos.

Puedo sentir su dulce aliento contra mi boca y quiero dejar que me bese… sentir mi lengua contra la de ella, frotar mis manos por todo su cuerpecito sexy. Pero no puedo permitírmelo. Dormir juntos es demasiado arriesgado. Si lo hacemos una vez… lo haremos de nuevo. Y luego nos atraparían.

—Tienes razón —murmura, retrocediendo y mirándome con una mirada que hace que mi polla se contraiga—. Y sí... necesitas más. Tal vez algo de color.

Dejé que mi mano abandonara su cuerpo, rozándola sobre la hinchazón de sus pechos durante un segundo antes de que descansara a mi lado. —¿Qué pasa con el zorro?

Bella me da una mirada sorprendida. —El zorro…

—Sí. El que sigues dibujando. Me gusta. Pónmelo. Donde quieras.

Sus cejas se fruncen. —¿Quieres que... te tatúe?

—Te lo dije, confío en ti.

Bella me sonríe insegura. —¿Estás seguro?

—Estoy seguro.

Frunce los labios y sus manos recorren suavemente mis brazos antes de quedarse quieta. —Creo que el mejor lugar sería tu espalda, pero... ¿es ese o…?

—Está tranquilo —le aseguro—. ¿Podríamos hacerlo aquí? La tienda podría ser menos cómoda.

Bella se acerca a mí y tomo sus caderas mientras ella se sienta a horcajadas sobre mí, mi lengua empujando el costado de mi mejilla. —Nena…— le advierto.

Me hace callar y luego sonríe, mirándome por debajo de sus pestañas. —Me gusta cuando me llamas así.

Me siento y ella jadea cuando mi pecho se encuentra con el suyo, sus ojos se cierran. Agarro su cintura y luego giro nuestros cuerpos para que esté debajo de mí, su pequeño grito de sorpresa me hace sonreír.

—Compórtate —gruño en su oído, levantándome de su cuerpo con pesar.

Suspira lastimosamente y yo me río.

—Puedo tatuarte aquí, pero el riesgo de infección es mucho mayor. Si traigo algunas láminas de plástico y todo eso... quiero decir, es arriesgado, pero, si es lo que quieres. Además... necesito liberar mis manos... Creo que la razón por la que no he podido completarlo es porque necesitaba hacerlo en la piel, ¿tiene sentido?

Asiento con la cabeza. —Hagámoslo. Iremos a la tienda y tal vez podamos ver a Tommie en el hospital en el camino. Tu papá dijo que estaba bien siempre y cuando lo limitáramos a veinte minutos y no le dijéramos a nadie que íbamos.

—¡Por supuesto! —Bella exclama, saltando de la cama—. Espera... tenemos que comprarle golosinas y... ¿puede comer? Porque deberíamos darle helado y dulces y algunos libros para leer y, ¿tal vez un osito? Creo que debería tener un osito. O una Nintendo. Yo solía amar mi Nintendo cuando era niña.

Tommie está medio dormido cuando llegamos, así que en silencio arreglamos la docena de regalos que Bella quería traerle y luego nos sentamos a cada lado de su cama. Se ve un poco menos pálido que antes del trasplante y acaricio suavemente su cabeza desnuda, mi mano tiembla un poco ante la sonrisa que me da.

—Hola, hombrecito —lo saludo—. ¿Como te sientes?

—Bien —dice Tommie, pero su voz es débil y tengo que luchar para mantener una sonrisa en mi rostro mientras la impotencia y la desesperación suben por mi garganta, un dolor tirando de mis costillas—. Mamá ha estado durmiendo aquí.

—Por supuesto, también desearía poder estar aquí, amigo —le digo, mientras se me forma un nudo en la garganta. La culpa me azota y Tommie me agarra la mano.

—Tienes que trabajar Ed, ¡está bien! Bella, ¿cómo estuvo tu cumpleaños? ¿Te gustó mi regalo?

El rostro de Bella está tenso por el esfuerzo de no llorar, pero lo logra, sonriéndole cálidamente a Tommie. —Me encantó, muchas gracias. Edward y yo también te compramos algunos regalos… —Ella le entrega la caja envuelta con el Nintendo dentro y lo ayudo a romper el papel cuando sus dedos tiemblan.

—Lo siento —se disculpa, dándome una sonrisa tímida.

—¿Por qué carajo te disculpas? —murmuro, besando su cara hasta que me grita que me detenga.

—¡Oh, guau! —Sus ojos se iluminan cuando ve el Nintendo—. ¡Muchas gracias!

Bella le enseña cómo usarlo y él juega con él durante unos minutos antes de que se le cierren los ojos. —Estoy muy cansado —intenta disculparse.

—Deberías dormir, Tommie —dice Bella, besando su cabeza y metiéndose en la cama con él. Él la abraza.

—¿Volverás pronto, Ed? ¿Verdad?

Me arden los ojos. —Tan pronto como pueda, hombrecito, lo prometo.

Salimos del hospital y recogemos las cosas que necesita de la tienda de su madre, los dedos de Bella recorren los cuadros en la pared con un suspiro.

Unas horas más tarde, estamos sentados con las piernas cruzadas en el suelo, viendo un episodio de alguna comedia cuando Bella se mueve y se sienta frente a mí, sus ojos buscando los míos.

—No has dicho una palabra desde que salimos del hospital.

Me encojo de hombros. —No tengo mucho que decir en este momento.

Sus ojos se llenan de lágrimas y toca mi pierna. —Edward, Tommie se pondrá bien.

Trago fuerte. —Lo sé.

Se acerca a mí y su mano toca suavemente mi cara. Me inclino hacia el calor de su piel y exhalo bruscamente. —Tiene que estarlo —agrego—, no puedo…

—Edward, lo siento mucho —solloza Bella, tomando mi cara entre sus manos—. Lo siento mucho.

Me pican los ojos y tomo suavemente sus manos entre las mías, presionando mi cabeza contra la de ella. —El niño... él es todo mi puto mundo. Antes de Tommie... las cosas eran... debería estar con él, Daisy. Pero tenía que elegir. Estar con él o pagar para que se mejore.

—Nadie debería tener que tomar una decisión así —dice Bella suavemente—. Es injusto.

Casi me río. —Toda mi vida ha sido injusta —digo en voz baja, apartando suavemente sus manos de mi cara.

Bella me mira con atención. —Esme era muy joven... cuando te tuvo. Yo... eso debe haber sido difícil.

Mi boca se abre y se cierra un par de veces antes de que las palabras comiencen a salir—: Sus padres la echaron cuando quedó embarazada. No tengo idea de quién es mi padre, ella eh... creo que él la violó... —Cierro los ojos con fuerza—. No recuerdo mucho, de los primeros años. Trabajó para un tipo llamado Sergei, vendiéndose. No tenía nada más que hacer... Tenía trece años... Bella. Era una niña. Pero ellos la querían. Incluyendo a Sergei. Él también se la cogió, solía oírlo.

Bella jadea en voz baja. —Edward...

—Cuando ella tenía dieciocho años, Sergei ya no la quería, había agotado su valor. —Me muevo—. Ella le suplicó, Bella, le dijo que haría cualquier cosa, pero a él le importaba un carajo. Nos echó a la calle. Unas semanas más tarde encontró un nuevo proxeneta que la aceptó. Era un poco mejor…, pero solía obligarla a hacer todas las citas en el apartamento, así que yo siempre estaba ahí...

(***)

.

.

.

Bella está callada frente a mí y no puedo soportar abrir los ojos. No quiero ver su reacción a lo que le voy a decir a continuación. Solo le he contado esto a dos personas, James y Ricko.

Mi voz es ronca.

»Una noche... creo que tenía cinco años... me desperté con unas manos encima. Me tapó la boca, me inmovilizó y... —Mi estómago se retuerce—. No podía hacer que se detuviera, pesaba mucho.

Puedo escuchar por su respiración que está llorando, pero necesito terminar esto, necesito decirlo. —Cuando terminó, Es nos encontró. Se dio cuenta de lo que había sucedido y comenzaron a pelear. Él fue a apuñalarla y ella... ella le metió una botella de vidrio en el ojo. No podía... moverme, estaba sangrando... así que me tomó en sus brazos y echó a correr.

Ignoro el sonido ahogado que hace Bella, manteniendo los ojos cerrados. —Una vez que llegamos al refugio, ella... se quebró. Ella era solo una niña y yo era demasiado joven para siquiera entender lo que me había pasado, no sabía cómo... ayudarla. Ella seguía diciendo Lo siento, pero no podía soportar que me tocara y…

Siento que mi corazón comienza a acelerarse, los recuerdos amenazan con consumirme. El pánico recorre mi cuerpo, mi respiración me deja entrecortada y salto cuando unas manos cálidas acarician mi mejilla y mis ojos se abren. Bella está arrodillada frente a mí, llorando.

.

.

.

(***)

—¿Estás bien? —pregunta temblorosamente, retirando la mano. La acerco a mi mejilla y la calidez de su toque calma algo en lo profundo de mi pecho. Trago pesadamente, presiono mi cara contra su palma y la abrazo.

—Daisy —le ruego con voz ronca.

Bella se arroja a mis brazos sollozando, sus manos acariciando mi espalda. Entierro mi rostro en su cuello y respiro. —Dios —suspiro, agarrándola con fuerza—, Daisy...

Nos abrazamos por un rato y poco a poco mi respiración comienza a estabilizarse nuevamente. Levanto la cabeza y acaricio su mejilla, buscando en sus ojos compasión o censura, pero todo lo que veo es empatía, sus cálidas lágrimas cubren mi mano.

Le frunzo el ceño y beso suavemente sus mejillas, la sal me hace doler la lengua. —No llores, hermosa.

Bella coloca una palma sobre mi pecho y mi corazón late con fuerza ante el contacto, mi mano agarra la de ella. —Lo siento —solloza.

Beso su mejilla otra vez y luego apoyo mi cabeza en la de ella, suspirando.

—Después... de eso. Es... murió. No sé cómo describirlo mejor. No comía, apenas podía moverse. Después de unos meses ella tenía un nuevo novio y él tenía un apartamento, así que nos mudamos. Por un segundo todo estuvo bien... pero luego las cosas se pusieron muy mal... No me di cuenta en ese momento, pero ella estaba consumiendo, y eso simplemente la hizo... yo tenía tanta hambre, y ella apenas estaba en casa. El apartamento estaba lleno de cucarachas, ratones... A veces me los comía —admito—. Al final simplemente... me fui. No sabía a dónde ir, pero me moría de hambre... Encontré a James poco después. Era un año mayor, más duro. Él tomó el mando, tomó el control. Robábamos cosas, comida, dinero, cigarrillos. Dormimos en la calle durante algunos años, pero poco a poco las cosas mejoraron para nosotros. Nos unimos a algunos tipos que trabajaban para Cinna, empezamos a ascender, teníamos un lugar dónde vivir. Cuando Es quedó embarazada de Tommie, me enteré por un chico de su edificio. Fui a verla, estaba preocupado por... el bebé, ¿sabes?

Bella apoya su cabeza en mi hombro, sus mejillas húmedas contra mi piel.

—Pero ella se recuperó, por Tommie. Se limpió, se esforzó muchísimo, estoy muy orgulloso de ella. Y luego, cuando él nació, lo hizo bien, le ha ido muy bien. Cuando estaba adentro, ella lo llevaba a verme, todo el puto tiempo. Yo no… la perdono. No creo que ella se perdone, pero la gente es jodidamente complicada, ¿no? Era una niña. No puedo odiarla. Se las arregló. Salimos adelante. Estoy vivo. Y Tommie... Él es lo mejor que nos ha pasado a los dos. —Apoyo mis manos en su pequeña cintura, froto mis pulgares y Bella se aleja de mí, lágrimas frescas fluyendo por sus mejillas.

—Nena, por favor deja de llorar —le suplico, presionando mi frente contra la de ella.

—Yo simplemente... no puedo imaginar... cómo fue eso. Lo siento mucho.

—Sabes... actúas como una perra dura y mala —bromeo, besando sus mejillas—, pero eres muy tierna, ¿cierto, Daisy?

Sus ojos bajan a su regazo y su labio inferior tiembla. —Edward yo... dije cosas... cuando empezaste a trabajar que yo…

—No lo sabías. —Suspiro—. Y no lo dijiste en serio.

Bella respira temblorosamente. —No importa. Eso fue muy egoísta de mi parte. Todas esas cosas que hice y dije. Quería que mi papá pagara, pero... no debí haberme desquitado con otras personas.

—No vayas a tener remordimientos de conciencia en este momento —bromeo, mientras mi nariz recorre su mandíbula.

Siento a Bella temblar y envolverla en mis brazos, moviendo mis besos por su cuello, su calidez inundándome. —Dios, Daisy, me haces sentir como si pudiera respirar —susurro contra su piel.

—Yo también —murmura, moviéndose en mi regazo y apoyando su cabeza en mi hombro. La sostengo por un momento, mis dedos acarician su espalda.

xXx

—¿Estás seguro? —pregunta Bella, su mano descansando suavemente entre mis omóplatos.

—Confío en ti, Daisy —le digo en voz baja. Me frota la espalda con crema de afeitar y comienza a afeitarme suavemente. Sus cuidados se detienen cuando llega a mi espalda baja, y tiemblo cuando ella pasa su cálida mano sobre la gruesa cicatriz allí. Me arqueo un poco cuando su cálida boca lo roza, algo arde bajo mis costillas ante el cariñoso gesto. Siento que me pican los ojos y trago con dificultad. Nadie nunca había hecho eso por mí.

—Voy a dibujarlo ahora —murmura—. ¿Sigues estando de acuerdo?

—Más que seguro —le digo, cerrando los ojos y relajándome en la almohada mientras su mano recorre suavemente toda mi espalda. Después de aproximadamente una hora, ella se aleja y escucho varios clics y su suave suspiro.

—Probablemente me llevará unas ocho horas hoy y otras ocho mañana —advierte.

—¿Ya estás cansada? —pregunto en broma.

Bella se ríe ligeramente. —¡No! Este es mi... lugar feliz. Una pistola de tatuajes en mi mano, libertad para crear... eres un sueño hecho realidad ahora mismo.

—¿Es mi trasero? ¿Mi trasero es un sueño hecho realidad? —bromeo.

La mano de Bella lo roza juguetonamente y me estremezco. —Ajá, realmente de ensueño.

—Mocosa.

Me tenso ligeramente cuando la aguja toca mi piel por primera vez y luego me relajo, la familiar sensación de rascado, extrañamente relajante. Debo haberme quedado dormido porque cuando me despierto Bella está aplicando gel en mi espalda.

—Lo hiciste muy bien —murmura, depositando un beso en mi cuello—. ¿Duele?

—Un poco —digo honestamente.

—Haremos la siguiente sesión tan pronto como te despiertes, así puedo cubrirlo todo con una segunda piel. No quiero que quede expuesto por mucho tiempo a infecciones. Además... tienes que dormir así, ¿de acuerdo ? Así que nada de dormir en el piso.

Me pongo de pie con cuidado. —¿Puedo ver?

Bella me sonríe desde la cama y siento mi pecho dar un vuelco. —Espera. Hasta mañana. Si puedes evitarlo.

—Está bien —le digo, inclinándome para besar su cabeza.

—Si aún quieres dormir desnudo, puedes hacerlo —bromea, mordiéndose el labio.

—Como dije, no me preocupa mi autocontrol.

Coloco una pistola a un lado de la cama y otra debajo de mi almohada, ambas con el seguro puesto. Dispararme en la maldita cabeza no está exactamente en mi agenda.

Cuando Bella sale del baño, con el pelo mojado y oliendo a maldita vainilla, gimo. —Santo cielo, Daisy, no puedo tenerte en esta maldita cama, lo juro.

—Sí, puedes —dice Bella, inclinándose ligeramente para secarse el cabello con una toalla. No lleva nada más que una camiseta y, cuando se inclina, esta se levanta, dejando al descubierto sus piernas bronceadas y una pequeña tanga verde.

—Mierda —murmuro.

Los labios de Bella se curvan en una sonrisa maliciosa y mira mi bóxer con ojos oscuros. —Tal vez deberías tener algo... de tiempo a solas en el baño. Realmente, realmente disfruté mi ducha.

Aprieto los dientes mientras una risa forzada me abandona. —¿Sí? ¿Te hiciste correrte en la ducha, nena?

Bella traga y luego asiente, mordiéndose el labio. —Dos veces.

—¿Oh sí? —Mi voz es ronca—. Dos veces, ¿eh? ¿Cómo? ¿Con el cabezal de la ducha?

Sus labios están jodidamente fruncidos mientras se sienta en la cama, esa camiseta se estira nuevamente hasta que puedo ver encaje verde entre sus piernas. Sus pezones están duros, presionando contra el algodón blanco y juro por Dios que mi polla va a explotar.

—Con mis dedos y el cabezal de la ducha, al mismo tiempo —Daisy ronronea.

Sonrío. —Buena chica. Sabes exactamente cómo tocarte.

—Sí. —Su voz es toda entrecortada—. Soy muy buena en eso.

Me río. —Oh, nena... no tienes idea... de lo bueno que yo podría ser.

Bella traga. —Edward, me estás provocando.

—¿Yo te estoy provocando?— Me muevo—. Me has estado volviendo jodidamente loco desde el día que te conocí.

—Y tú a mí —dice Bella, hundiendo los dientes en su labio—. He pensado mucho en ti.

—¿Pensaste en mí en la ducha?

—Sí.

—¿En qué pensaste? Dime.

Bella me mira fijamente, su respiración es pesada. —Tu polla... en mi boca.

Cielo santo.

—¿Qué más? —Prácticamente siseo, mi cuerpo arde.

—Lamiéndome el coño —murmura Bella—, follándome…

—Quiero follarte —admito.

—Edward, sí, por favor —gime.

Gimo, presionando mi mano contra mi cabeza. —Mierda. Ni siquiera puedo darme una ducha fría.

Bella deja escapar una risa entrecortada y yo sacudo la cabeza hacia ella.

»Vas a ser mi muerte. Voy a ir al baño. Y voy a dormir allá, lo juro por Dios.

Bella cae sobre la cama, riéndose. —No puedes dormir ahí.

—Voy a matarme —le digo—. Vas a ser mi muerte.

—¡Tú empezaste! —grita mientras cierro la puerta del baño.

xXx

De alguna manera logramos pasar la noche sin tocarnos en absoluto, y por la mañana me acosté para la segunda sesión y nuevamente me quedé dormido con la mano en el arma. Lucho por no dormirme mientras ella lo hace, tengo miedo de que alguien vaya a atravesar las puertas y la lastime o se la lleve. Tan pronto como me di cuenta de que el auto iba a explotar el día de su cumpleaños, de repente todo se volvió muy sencillo para mí. Que Bella sea lastimada no es una opción. Prefiero morirme.

Finalmente, Bella me deja mirar el tatuaje y mis ojos se abren mientras asimilo la tinta. Sobre el papel el zorro era un dibujo increíble, pero en mi piel parece que estuviera vivo. Los colores se mezclan para crear el contorno de la cara, ojos vibrantes que miran entre los patrones retorcidos de azul, rosa, naranja y verde. Cubre la pieza central de mi espalda, los colores se extienden por el exterior como una niebla y se desvanecen en la piel.

—Es hermoso —le digo con asombro—. ¡Gracias!

Me sonríe. —Gracias por darme permiso... este diseño ha estado en mi mente por un tiempo. Se ve... hermoso.

La alcanzo y la atraigo hacia mi cuerpo. —Eres jodidamente hermosa —murmuro, besando su cuello.

—Tienes que dejar de provocarme —gime Bella, acercándose más a mí.

Me río en su cabello. —Lo siento, me gusta tenerte entre mis manos.

—¿Podemos ir a ver a Tommie otra vez?

—Sí, vamos. También tenemos que mudarnos de hotel. Ricko nos dejará una moto.

Bella se muerde el labio. —Se supone que no debes decirle a nadie dónde estamos...

Rozo su mejilla con la mía. —Ricko es mi maldito hermano. Si me quisiera muerto... podría haberlo hecho hace mucho tiempo. Juro que nunca haría nada que te pusiera en peligro.

Bella suspira. —Está bien. ¿Podemos salir a cenar? Estoy harta del servicio de habitaciones y de la pizza.

Arrugo la frente. —No... creo que sea una buena idea.

—¿Qué tal un bar entonces? ¿En algún lugar al otro lado de la ciudad? Nadie me reconocerá... ¿verdad? ¿Un trago rápido? Por favor... ¡ya tengo dieciocho años! Quiero hacer algo divertido.

—¿Esto no es divertido para ti? —pregunto, haciendo pucheros juguetonamente.

—¡Edward!

Me río. —Bien, encontraremos algún lugar, pero entramos, una bebida y salimos.

Pasamos por el hospital y a la salida nos topamos con Es. Miro a Bella nerviosamente, sin saber qué esperar. Le conté toda la historia de mi vida y Es no es exactamente una superheroína. Pero es algo por lo que me siento jodido y no quiero que Bella la juzgue o actúe diferente con ella.

El alivio me llena cuando Bella actúa igual que siempre, abrazándola y preguntándole cómo está.

Es sonríe. —¡Bien! Yo… Mmm... Edward —Se gira hacia mí, juntando sus manos—, Carlisle... es decir... el doctor Cullen, me preguntó si quería tomar una copa con él. ¿Estaría bien? Quiero decir... no estaría mal que…

—Tranquila —le digo—. Sí. El doctor C es un tipo genial, pero no… ya sabes, este tipo es el único que Tommie… no podemos darnos el lujo de hacerlo enojar. Así que ten cuidado o lo que sea.

Es asiente, mordiéndose las uñas. —Feliz cumpleaños, Bella, se me olvidó decirte…

—Gracias y gracias por la foto —le dice Bella, sonriendo suavemente.

Ella es tan jodidamente hermosa, especialmente hoy, sin apenas maquillaje y un jersey de gran tamaño, su cabello oscuro medio recogido y medio colgando alrededor de su cara en ondas. Mi mirada se posa en la diminuta falda vaquera que lleva puesta y en sus largas piernas bronceadas.

Cuando mis ojos vuelven a Esme, me está mirando con una sonrisa maliciosa. —Bueno, los veré más tarde. —La miro y ella sonríe más ampliamente.

Encontramos la motocicleta y le entrego a Bella unos pantalones y el casco. Me hace puchero y entrecierro los ojos. —Estaremos en esto como una hora, no hay manera de que lo hagas con las piernas desnudas. ¿Alguna vez has visto a alguien caerse de una de estas con jeans puestos? Terminan rasgados en putos pedazos. —La idea de que su cuerpo sea destrozado de esa manera me tiene un poco ansioso y reviso sus pantalones y su casco antes de que se suba a la moto.

Me siento a horcajadas frente a ella y tarareo cuando ella me rodea con sus brazos con fuerza. Esa es mi chica.

Después de unos cuarenta minutos de viaje, dejamos la locura de la ciudad y nos detenemos en un pub irlandés. Bella salta de la motocicleta y se quita los pantalones con entusiasmo, lo que hace que algunos espectadores le silben. Una mirada mía los silencia y me bajo de la moto con el ceño fruncido. Acerco a Bella hacia mí y meto una pistola en la parte trasera de su falda, debajo del jersey.

—Si me pierdes... no lo dudes.

Bella asiente con cautela y por un segundo me pregunto si estoy cometiendo un maldito error al traerla aquí, pero lo descarto. Pasé todo el viaje tratando de decidir si esto era seguro y decidí que estar en cualquier lugar fuera de la ciudad probablemente era más seguro que estar dentro. De esta manera también llegaremos al hotel después del anochecer, lo que significa que es mucho menos probable que nos sigan.

El lugar está lleno de gente y mantengo a Bella cerca de mí mientras me acerco sigilosamente a la barra. Voy a pedir, pero Bella me empuja suavemente, inclinándose sobre la barra y sonriéndole al chico que está detrás.

—Hola, guapo. ¿Podríamos tomar cuatro jarras de cerveza y dos tragos de tequila? En realidad, que sean cuatro tragos.

—¿Cuatro? —Inclino mi cabeza hacia su oreja para preguntarle.

—Está ocupado. De esta manera no tendremos que volver y no perderemos nuestro asiento.

Le entrego al chico un fajo de billetes y tomo las cuatro cervezas mientras Bella toma los tequilas. La guío hasta una mesa que me da una vista de todo y coloco las cervezas sobre la mesa.

La pareja sentada allí nos mira fijamente, el chico entrecerrando los ojos. —Esto está ocupado.

Me inclino hacia él y le doy una sonrisa fría. —Vete ahora, o realmente te arrepentirás.— Levanto un poco mi camiseta y le muestro mi arma. Su esposa tira de él presa del pánico y él suspira—. Jodidamente bien. Pendejo. No quiero ningún problema.

Tomamos asiento y Bella me levanta una ceja. —Parece que no soy la única que a veces es una perra.

—Necesito mantener la vista en la sala —me defiendo.

Bella lanza un trago hacia mí. —Vamos.

—No. —Me río, tomando un sorbo de cerveza—. Tomaré una cerveza. Tú toma lo que sea... pero no te emborraches. Es demasiado peligroso.

Hace pucheros. —Ni siquiera un sorbo...

—No lo intentes, Daisy. Tengo que protegerte. No puedo hacer eso si estoy borracho.

—Un trago no te emborrachará.

—Honestamente, puede que sí —resoplé—. No bebo mucho estos días.

—Edward, eres enorme, un pequeño trago no hará nada.

Me golpeo el estómago. —¿Me estás llamando gordo?

Bella sonríe astutamente, toma un trago y lo inclina hacia atrás. Observo su garganta moverse y golpea el vaso contra la mesa, lamiéndose los labios.

—Oh, ella bebe como una campeona —bromeo.

—No tienes idea —dice, devolviéndome las palabras de la noche anterior. Me río, tomo otro sorbo de cerveza y levanto una ceja cuando ella toma otro trago.

—No vas a tomarte los cuatro, ¿verdad? —pregunto, un poco nervioso.

—Podría —dice Bella juguetonamente, tomando un sorbo de su cerveza.

—¿Cómo van las cosas con tus amigos?

Bella me mira pensativamente y luego suspira. —No puedo decirles nada así que… siento como si siguiera alejándolos. Rose aparentemente tiene novio… y ni siquiera sé quién es. Pensé que tendría la oportunidad de hablar con ella en mi cumpleaños, pero no pude...

—¿Y Jasper, Cilian?

Bella me sonríe. —Están bien.

—¿Alguna vez... terminaste lo que interrumpí? —pregunto con curiosidad. A menudo me he preguntado si ella tenía algo con ellos.

Bella se ríe, alcanza el tercer trago y lo bebé echando la cabeza hacia atrás con un suave suspiro. —No —dice finalmente—. Tú viste lo último. No he hecho nada con nadie más desde entonces. Solo contigo. —Sus ojos se encuentran con los míos y luego aparta la mirada—. ¿Y tú? He oído que eres todo un mujeriego.

Sonrío. —¿Puedes culparlas?

—¡Por favor! —Bella frunce el ceño.

—Estoy bromeando. —Toco suavemente su muslo—. No. Quiero decir. Por supuesto que he follado. Especialmente cuando comencé a trabajar contigo, tenía mucha... tensión que aliviar.

Bella asiente, con los ojos puestos en su cerveza.

—Pero… —continúo—, no por un buen tiempo.

Levanta la cabeza y busca mis ojos. —¿En serio?

—Sí, una mocosa se metió en mi cabeza. Realmente no puedo dejar de pensar en ella, aunque no debería.

Sus labios se curvan hacia arriba. —Bueno, estoy segura de que a ella le pasa lo mismo.

—Sí, sí, claro —digo en broma, tomando otro sorbo de cerveza. Su pierna presiona la mía y es tan jodidamente suave y cálida que me marea.

Hablamos por un rato y luego Bella se inclina hacia mí, sus ojos parpadean. —Edward, yo... no me siento bien. ¿Podemos ir al baño? Creo que he bebido demasiado.

—Mierda, sí —le digo, ayudándola a levantarse y caminando con ella. Hay una cola para damas y hombres, pero los paso a ambos y la llevo a una puerta que dice «SOLO PERSONAL». Lo abro con cautela y sonrío. Es un baño con encimeras y algunos cubículos, y la puerta principal tiene cerradura. La hago entrar y luego la cierro detrás de nosotros.

—Está bien, ¿necesitas vomitar? —pregunto, volviéndome hacia ella.

Bella se acerca a mí, su expresión de repente está completamente alerta. —No.

—¿Todavía te sientes demasiado borracha? —Trago pesadamente mientras ella se muerde el labio inferior.

—No —repite, acercándose a mí—, no me siento borracha en absoluto.

—Pero tú…

Se inclina hacia mi cuerpo, con los ojos entrecerrados mientras me miran fijamente. —Edward…

—¿Sí? —pregunto, tragando fuerte. Sus dedos presionan contra mis abdominales. Ella es una mocosa. No está para nada borracha.

Sus labios se mueven hacia mi cuello y jadeo cuando ella coloca un beso caliente con la boca abierta contra mi piel. —Edward, estoy sufriendo por ti.

Debería irme, hacernos salir de este lugar, pero ya no puedo luchar más. Exhalo bruscamente. —¿Sí?

—Sí. —Prácticamente gime, presionando su pequeño y apretado cuerpo contra el mío.

El calor me corre por la espalda. Mierda.

Sus labios suben por mi cuello. —Yo... Edward, por favor, necesito...

La desesperación en su jodida voz… Apenas puedo ver, estoy muy excitado—. ¿Qué necesitas, nena? —Me muevo.

—Por favor, tócame. Sé que no está bien y que no deberíamos, pero... duele.

No puedo evitar tocarla.

Mis dedos juguetean con la parte interna de sus muslos. —¿Dónde te duele nena? ¿Aquí?

—Cielos, Edward —gime ella.

Subo mis manos y me congelo cuando mis dedos tocan el algodón de su ropa interior.

Santo cielo.

Agarro su trasero con la otra mano y la sostengo con fuerza por un segundo.

—Edward —suplica Bella.

—Daisy… estás tan jodidamente mojada —gruñí.

Carajo, ya no puedo hacer esto. No puedo resistirme a ella.

—Siempre estoy así de mojada por ti.

No me digas mierdas así.

La levanto hacia la encimera y ella me mira con ojos pesados. —Tan jodidamente sexy —tarareo, separando sus muslos con mis manos—. Dime qué quieres.

Saca el arma de su cintura y la deja junto a ella. Agarro la mía y la coloco al lado.

—Quiero… quiero que me folles.

—No te voy a follar, ¿qué más quieres?

Bella traga, abriendo más sus muslos. —Tócame.

—¿Con mis manos nena, o con mi lengua? —pregunto con voz ronca.

Bella se muerde el labio inferior. —Ambas.

Le bajo la tanga por las piernas y le levanto la falda, permitiéndome finalmente mirarla.

Que. Me. Jodan.

—Mmm, mira ese bonito coño rosado —gruñí. Bella gime, arqueando su espalda y tomo una de sus tetas en mi mano, luchando contra el impulso de arrancarle la blusa y chuparlas en mi boca. Si la tengo desnuda frente a mí me la voy a follar, no podré evitarlo.

Especialmente porque lo desea muchísimo.

Mis dedos recorren la parte interna de su muslo y me estremezco cuando se deslizan a través de la resbaladiza excitación.

—Tan jodidamente mojada —siseo.

—Mmm, tu polla se sentiría muy bien deslizándose allí, ¿no es así, cariño? —murmura con voz ronca.

—Maldita sea, Daisy, no hables —gruñí, luchando por ponerme de pie de repente.

—¿Por qué no? —pregunta, esos ojos sensuales se encuentran con los míos.

—Porque quiero follarte —gruñí, agarrando la encimera a cada lado de su cuerpo—. Quiero hundirme tan profundamente en ese lindo coño hasta que grites por mí, Daisy. Quiero sentir que te corres sobre mi polla, una y otra vez.

La boca de Bella se abre y un pequeño maullido ronco sale de sus labios pecaminosos. Le doy una mirada de advertencia y la cierra, tragando pesadamente.

—Abre esas piernas para mí, Daisy, déjame ver cómo te tocas.

Su respiración se entrecorta y me estremezco cuando veo sus dedos recorriendo su raja empapada y luego rodeando su clítoris. Gime cuando sus dedos entran en su cuerpecito apretado y yo gruño en voz baja.

—Buena chica —la elogio, lamiéndome los labios—. Qué buena chica.

Los ojos de Bella se ponen en blanco. Mi mano rodea su muñeca y ella deja escapar un gemido de sorpresa, uno que se profundiza hasta convertirse en un gemido entrecortado. Le quito la mano y llevo sus dedos a mi boca, observándola mientras los lamo.

—Mierda, sí. —Me río con voz ronca, el sabor de ella en toda mi lengua—. Sabes a puta miel, Daisy, ¿lo sabías?

Se muerde el labio inferior y se suelta de mi agarre, llevándose la mano a los labios.

Que. Me. Jodan.

Mi polla palpita mientras ella se chupa los dedos, sus ojos se abren un poco mientras se saborea a sí misma.

—Mmm, ¿está bien, nena? ¿Te gusta cómo sabe? Eres jodidamente caliente —ronroneo—. Lámelo todo, buena chica. Quiero que lamas mi semen así.

Bella gime entre sus dedos y yo me río entre dientes—: Te gusta la forma en que hablo, ¿no, Daisy? ¿Quieres que lama tu bonito coño ahora? Me muero por probarte.

Bella se lame los labios. —Quiero ver tu polla.

Lamo el mío. —Ya has visto mi polla.

Los ojos de Bella brillan juguetonamente. —Quiero chuparte la polla.

—¿Sí? —pregunto con voz ronca.

—Sí.

Arqueo una ceja. —Ven aquí entonces. Chúpala.

Gime y se levanta de la encimera, dando un paso hacia mí. Sus labios rozan los míos y gruño—: Si me besas, te voy a follar.

Bella se inclina más cerca, con la plena intención de hacerme cumplir esa amenaza y me río entre dientes, envolviendo mi mano alrededor de su nuca y guiándola hasta sus rodillas.

—¿Esto es lo que quieres? —le pregunto, ladeando la cabeza. No tengo intención de dejarla chuparme la polla ahora mismo. Voy a terminar follándola si ella siquiera la mira. Pero, maldita sea, verla de rodillas así, con los ojos hambrientos de mí, es una jodida visión.

—Trátame más fuerte —murmura Bella, lamiéndose los labios mientras comienza a desabrocharme el cinturón.

Arqueo una ceja y tiro ligeramente de su cabello. Bella se arquea hacia atrás, gimiendo.

—Mierda, nena, ¿te gusta lo duro?

—Cielos, Edward, por favor —gime—, envuelve tus manos alrededor de mi cuello.

Mis ojos se ponen en blanco. —Carajo, Bella.

—Por favor —suplica.

Agarro su garganta, mi cuerpo se siente como si fuera a estallar. El sonido que suelta prende fuego a todo mi maldito cuerpo. Que. Me. Jodan. Verla así, de rodillas frente a mí con mi mano alrededor de su cuello. Quiero follarla, carajo.

—Cielos, Daisy, ¿tienes idea de cuántas veces he…?

—Dios, yo también —gime Bella—. Te necesito, Edward, por favor, déjame chuparte la polla.

Me muerdo el labio inferior y sacudo un poco la cabeza. Me agacho y la agarro por la cintura, la levanto y la siento en la encimera, empujándola suavemente hacia atrás hasta que queda reclinada sobre sus brazos.

—No cuando has estado bebiendo nena, ahora mismo te recostarás y me dejarás comer este delicioso coño.

Su voz es un gemido necesitado. —Edward.

—Así es, nena —gruñí, separando esos hermosos y bien formados muslos, su piel tan jodidamente suave bajo mis dedos. Nunca antes había querido a alguien así, nunca me había importado lo suficiente alguien así. Quiero atesorarla, saborear cada centímetro de su piel, trazar las curvas de su cuerpo con mis manos, con mi lengua.

Mis dedos recorren su raja húmeda y el ruido que hace amenaza con abrumarme, me duele la polla en mis jeans. Se sienten tan jodidamente apretados que quiero sacarme la polla y follarme el puño mientras la lamo, pero no creo que tenga el autocontrol en este momento para evitar levantarme y tomarla.

Oh, Dios, Edward, quiero que me folles —Daisy jadea, lamiéndose los labios mientras esos hermosos ojos entrecerrados arden en los míos.

Mierda. Especialmente cuando dice cosas así. Reprimo el hambre turbulenta que sacude mis paredes y prende mi sangre en llamas, y le sonrío con satisfacción, besando su muslo. Mi lengua sale y lamo la excitación en sus muslos, dulce y picante en mi lengua.

Gimo ante el sabor, mis dedos presionan suavemente su raja. Ceden tan fácilmente, mi chica está tan jodidamente mojada para mí, empapada. Un ruido sale de mi garganta que está a medio camino entre un gruñido y un gemido cuando siento su calor húmedo succionándome por dentro.

Oh, sí —dejé escapar una risa oscura, mordiendo su muslo suavemente—. Estás jodidamente apretada, nena.

Bella gime. —Te sientes jodidamente bien dentro de mí.

Gruño, dejando caer mi cabeza sobre su muslo. —Que. Me. Jodan.

—No, jódeme tú a mí. —Gime y se muerde el labio inferior.

Me río, aprieto los dientes y dejo escapar un suave gruñido. —Qué jodidamente tentador. —Le meto y saco los dedos y ella se arquea, con las tetas mostrándose en la parte superior de su blusa, presionando en lo alto. —Carajo, sí —murmuro—, eres jodidamente hermosa Daisy, jodidamente hermosa con mis dedos dentro de ti.

La cabeza de Bella se inclina hacia un lado, dejando salir esos pequeños gemidos, su pecho y sus mejillas sonrojados por la excitación, su hermosa boca se abre de placer.

La mía se abre mientras la miro y apenas puedo ver porque mis ojos están entrecerrados. Ella está agarrando mis dedos con tanta fuerza y sé lo jodidamente bien que se sentiría alrededor de mi polla, puedo saborearla.

Saco mis dedos de ella y paso mi lengua por su raja húmeda, gimiendo ante su sabor. Mi sangre arde, mi piel pica y me hormiguea. Nunca en mi vida había tenido tantas ganas de follar. Cualquier otra chica y yo lo haríamos, pero ella es diferente, ella es Bella, mi Daisy, mi chica. No quiero follármela en el baño, quiero follarla toda la noche.

Esto es muy peligroso, lo que estamos haciendo aquí, me dije a mí mismo que no la tocaría así, me prometí a mí mismo que me mantendría alejado de ella hasta que pudiera dejar este trabajo, hasta que hubiera ganado suficiente dinero para Tommie, para que pueda recibir todos sus tratamientos.

Pero no puedo evitarlo.

Mi nariz empuja su clítoris y ella deja escapar un gemido, su cabeza golpea el mesón de mármol con un ligero crujido. Me río entre dientes en su coño, mi mano se levanta y aprieta su pecho.

—Cuidado con esa hermosa cabeza, Daisy —murmuro, provocando sus labios con movimientos de mi lengua, subiendo más y más hasta que estoy justo al lado de su clítoris.

—Oh, mierda, sí, por favor —Bella se queja.

—¿Por favor qué, nena? —No puedo evitarlo.

—Santo cielo, necesito que...

Oh...— Me río con voz ronca—. ¿Esto? —Paso mi lengua contra su clítoris y sus muslos se aprietan alrededor de mi cabeza, un fuerte grito sale de sus labios. Sus manos van a mi cabello, agarrando con fuerza y tirando y gimo contra ella, mi lengua y mis labios se mueven hambrientos contra su clítoris hinchado. Una de mis manos va hacia mi polla y la palmeo, siseando. Se siente como si fuera a explotar, estoy duro como el puto acero.

Los gemidos necesitados de Bella me hacen sentir como si fuera a morir a menos que me la folle, pero desecho todo eso y me concentro en comerme a mi chica hasta que grite mi nombre. Mientras su pequeño y apretado cuerpo tiembla con su clímax, hundo mi lengua dentro de ella, sus paredes me envuelven mientras ella libera más de su dulzura en mi boca, su sabor me hace gemir con avidez.

Levanto la cabeza y le sonrío, tumbada allí luciendo jodidamente aturdida, con las mejillas sonrojadas y los labios de un rojo intenso por el lugar donde los ha estado mordiendo.

—Bésame —murmura con voz ronca.

Me lamo los labios y deslizo mis manos debajo de su espalda, llevándola hacia el borde y levantándola hacia mí, parándome entre sus piernas. Le doy un beso en una de sus mejillas, luego en la otra.

—Por favor, Edward, por favor bésame —Bella me ruega, su voz suave y un poco temblorosa.

Me aparto y busco sus ojos, tomando la parte posterior de su cuello con mi mano. —¿Estás bien? ¿Yo... fui…?

Bella coloca su mano sobre mi pecho, mirándome a los ojos y siento una sacudida atravesarme, algo debajo de mis costillas se mueve hacia arriba.

—Eso fue increíble —dice Bella, sonriéndome—, solo quiero... besarte. ¿Por favor?

Paso mi pulgar por su cuello y me inclino, presionando suavemente mis labios contra los de ella.

Un zumbido parece extenderse desde donde nuestras bocas se encuentran, extendiéndose por mi cuerpo y electrizándolo, levantando cada cabello de sus puntas. A pesar de lo mucho que la deseo, a pesar de lo dura que está mi polla, el beso es lento, suave y jodidamente cálido. Tan jodidamente cálido que lo siento en mi pecho, algo subiendo allí que me hace sentir jodidamente ingrávido. Su lengua entra en mi boca y presiona la mía, y ese calor arde aún más intensamente, mi mente se detiene mientras nuestros labios se mueven entre sí, saboreando y buscando.

Nos retiramos, jadeando por aire y trago, pasando mi pulgar por su suave piel nuevamente. —Eres jodidamente hermosa, Daisy —murmuro, mirándola a los ojos. Están encendidos, los colores se mezclan y se retuercen en un patrón sin fondo. Siento como si estuviera cayendo hacia adelante mientras los miro, el calor de su mano contra mi corazón abrasando.

Me sonríe, una sonrisa real e increíble que me deja sin aliento. —Tu corazón está acelerado.

Asiento hacia ella, mordiéndome la mejilla. No sirve de nada negarlo, ella puede sentirlo

Bella toma mi mano del mesón y la coloca sobre su pecho, sonriéndome. Puedo sentir los latidos de su corazón contra mi palma y trago.

—El mío también —dice suavemente.

Mis labios se curvan. —Sí. —Paso mi mano debajo de su blusa, trazando el lugar donde está su cadena de margaritas.

Mi margarita, mi Daisy.

Bella me sonríe, sus ojos se iluminan. —Sabía que cederías.

Arqueo una ceja hacia ella. —¿Sí? Planeaste esto, ¿verdad?

Niega con la cabeza, sonriendo. —Quiero decir... más o menos. Simplemente no podía soportarlo más, te deseo tanto...

—Carajo, ni siquiera me importa —le digo, sacudiendo la cabeza mientras sonrío—. Pero no podemos volver a hacer esto. ¿De acuerdo?

Bella se muerde el labio, desliza su mano hasta mi estómago y me guiña un ojo. Mis abdominales se tensan bajo su mano y me río, agarrándola y sacándolos de mí. —Eres una mocosa —bromeo, inclinándome y besando su nariz.

Me da una sonrisa que me deja sin aliento.