Capítulo XI
El sonido de la puerta al agrietarse por el frente y la calma del guardia esperando en la puerta trasera, los hizo sentir sus corazones latiendo con mayor velocidad, sus respiraciones se volvieron pesadas. Ninguno de los presentes estaba realmente acostumbrado a las emboscadas.
El encapuchado apretó la mandíbula y sus ojos. Con pesar dijo con incomodidad:
— Jayce… Necesito que lleves a Viktor.
— ¿Qué tienes pensado hacer? — dijo el otro, intentando contener el miedo en su voz, debía mantenerse calmado, ahí también estaba Caitlyn con ellos.
El encapuchado observó su martillo para que el otro lo viera y comprendiera.
— Necesito mis manos libres — explicó.
— ¿Sabes pelear? — inquirió esta vez Caitlyin al encapuchado, notando que la voz del encapuchado era muy similar a la de Jayce, pero más baja y contenida — ¡Son soldados noxianos! ¡No son rivales sencillos ni para alguien entrenado!
— No tenemos muchas más opciones ahora — anunció el encapuchado, mientras le pasaba el cuerpo inconsciente de Viktor a su otro yo, quien pronto sintió el peso de aquel cuerpo que había tomado varias veces desde el día anterior — Si el tipo de en frente es quien creo que es, no podré ganar.
— Eso es sentido común, pero ¿qué tal si es justo esto lo que están esperando? — replicó de nuevo la más joven, notando que ahora ese encapuchado le pasaba la muleta de Viktor.
— No hay tiempo. Saldremos por atrás, yo lo distraeré, ustedes suban al tejado del vecino, crucen para salir por la calle de atrás y vayan a Zaun.
— ¿Qué? Pero…
— Nos veremos allá. Vayan a donde alguna vez fue la tienda de un hombre llamado Benzo.
Sin dar más tiempo, pues los sonidos de la puerta se hacían cada vez más peligrosos, anunciando la entrada inminente de Rictus. Finalmente, Jayce se dirigió a la puerta de atrás. El encapuchado giró la perilla y afianzó su empuñadura sobre el mango del martillo. Pasó saliva y como bólido salió primero. Encontrándose ahí con un guardia noxiano de estatura baja y porte retador.
Partieron caminos de inmediato. Caitlyn corrió al lado izquierdo junto con Jayce, quien traía a Viktor en brazos. El encapuchado se quedó como escudo humano, impidiendo el paso del guardia noxiano, mientras afianzaba aun más su agarre en su arma, nervioso. Sentía su corazón palpitar más fuerte que nunca, él corría el riesgo de morir ahí y eso era lo único que no se podía permitir todavía, debía salvar a Viktor.
El pequeño guardia se precipitó haciendo una finta con su lanza; Jayce reaccionó levantando su martillo y agitándolo horizontalmente como si tuviera un bate. Sin saberlo, Jayce había hecho lo que el soldado quería, pues este último usó la lanza como apoyo, y dio un pequeño salto en el que extendió sus extremidades de manera estética, dando un giro veloz con sus piernas, cuando aterrizó en cuclillas, lanzó una patada veloz desde abajo que apenas por milímetros el rostro de Jayce logró esquivar. El soldado noxiano, ahí en el suelo dio una patada circular baja, derribando a Jayce de espalda al suelo. Cuando el soldado estaba por perseguir al resto, Jayce le sujetó del tobillo y lo jaló para hacerlo tropezar también y ganar algo de tiempo para Caitlyn, Viktor y su otro yo.
Del otro lado, Caitlyn había finalmente logrado trepar con la muleta por una malla hasta un tejado bajo. Jayce traía el cuerpo de Viktor en su hombro y aunque Viktor era delgado y considerablemente más bajo de estatura que él, no dejaba de ser un hombre adulto e inconsciente. Le era difícil trepar con él, pero no se rendiría, solo esperaba que la malla soportara el peso de ambos. Jayce volteó cuando escuchó el estruendo de su otro yo cayendo al suelo y sintió aun más la presión. Seguramente ese golpe había alertado al guardia noxiano del frente.
Cuando Jayce estuvo a una mejor altura, Caitlyn trató de jalarlo un poco para ayudarlo a subir. Jayce sintió un poco de liberación del peso con la ayuda de Caitlyn, al menos lo suficiente para terminar de subir y volteó hacia atrás de nuevo, a ver a su otro yo antes de continuar.
El encapuchado, ahí en el suelo como estaba, trataba de jalar al soltado noxiano, sujetándose a sus piernas. El noxiano las movía de forma violenta, mientras le daba codazos en la parte de atrás del hombro. Intentando alcanzar su lanza. De un certero codazo, se liberó y arrastró un poco, pero la lanza había caído muy por el frente.
Jayce le sujetó una de las piernas con su brazo, intentando torcérsela. El solado no dejó de soltarle patadas con su pierna libre; patadas que apenas y Jayce lograba cubrir con su otro brazo. De repente, se sintió mareado, había recibido un golpe tan duro en la cabeza y el hombro, que, por el impacto, soltó la pierna del guardia.
El noxiano se levantó, con dificultad dio unos pasos al frente, después de todo, Jayce sí había logrado torcerle un poco la pierna. Tomó su lanza y dirigió su mirada cazadora hacia el tejado, dispuesto a derribar a alguno de los tres que intentaban escapar. Más por voluntad y la adrenalina, que otra cosa, Jayce tomó su marillo y mareado, se puso de pie cuando vio al soltado apuntar a su otro yo y Caitlyn y lo agitó directo a la pierna del noxiano.
El crujido de un hueso y la salpicadura de sangre anunciaron el hueso roto y expuesto que el soltado tenía. Molestó, el soltado le arrojó la lanza al Jayce encapuchado. Para fortuna de Jayce, el soldado estaba tan adolorido y sus sentidos tan alterados por el dolor, que por milímetros mayó el golpe, provocándole solo un rasguño en el pómulo.
Jayce y Caitlyn, lo observaron y le hicieron señas con las manos para que se apurara, sabían que el golpe que había recibido era serio y no querían dejarlo atrás.
De fondo se escuchó otro estruendo, sin duda, Rictus había terminado de romper o forzar la puerta.
Con la respiración agitada, Jayce gritó:
— ¡Cierren los ojos!
Dicho esto, levantó su martillo.
Su otro yo entendió lo que iba a hacer y abrazó a Caitlyn para evitar que viera. Lo ultimo que quería es que, cuando se enterase que el encapuchado era él mismo de otra dimensión, Caitlyn tuviera la imagen de él quebrándole el cráneo a alguien con un martillo.
El encapuchado finalmente, golpeó la cabeza del soltado noxiano con su arma. Lo cierto era que, no le interesaba matarlo, solo evitar que lo matara. Pues, aunque el noxiano tenía la pierna rota y ya no tenía su lanza, estaba intentando pararse para darle pelea a mano limpia. Por supuesto, eso ya no era posible.
Finalmente con el camino libre, Jayce corrió a tropezones hacia la malla y comenzó a trepar. El martillo pesaba más de lo que recordaba, pero su cuerpo se movía por sí mismo. De repente, sintió jalones en su ropa y el martillo. Volteó hacia arriba y vio a su otro yo y Caitlyn que lo estaban jalando para subirlo.
Dejó que su cuerpo fuera levantado por ellos y finalmente, cuando estuvo arriba, su sentido de supervivencia se activó al máximo, sujetó sus cabezas y los derribó al suelo, logrando así quitarlos del medio del camino de la lanza que Rictus acababa de arrojarles.
El encapuchado giró e indicó a los otros dos para que avanzaran con un movimiento de mano. Jayce y Caitlyn, en pánico, se arrastraron por el tejado, con sus pechos pegados al tejado y avanzando con sus brazos, intentando jalar el cuerpo de Viktor con ellos mientras avanzaban y la muleta.
Rictus se dirigía a ellos, así que el Jayce viajero activó el rayo de su martillo y disparó para romper la cerca. No le permitiría trepar a Rictus. Si ese hombre implacable trepaba, no tendrían salvación.
Se sintió mareado de nuevo, entre la actividad, los golpes, la altura, sintió que se desmayaría y caería del tejado. Aprovechando que se había detenido, Rictus arrojó su lanza con fiereza hacia su cabeza, pero Jayce al casi desplomarse terminó accidental y afortunadamente, por esquivar la lanza.
— ¡Despierta de una maldita vez! — gritó el Jayce más joven, jalándolo de la camisa, sosteniéndolo y evitando que cayera.
El Jayce encapuchado finalmente reaccionó, aun mareado, pero con la adrenalina lo suficientemente activa para hacerlo correr a tropezones, igual que a su otro yo. Rictus rugió y observó el terreno, buscando una manera de subir.
Ambos Jayce corrieron, el encapuchado con su martillo; el más joven se acercó, reacomodó caóticamente la manta sobre Viktor para que se mantuviera en su sitio, la situación apremiaba moverse rápido. Este último pareció reaccionar finalmente, pero estaba más dormido que despierto.
— ¿J-Jayce? — su voz sonaba ronca y pesada.
— ¿Viktor? ¿Estás…?
— ¡No hay tiempo! — le recordó Caitlyn, jaloneándole del brazo.
Era evidente para todos que, Viktor no podía caminar, ni moverse, apenas y lograba abrir los ojos. Hacerlo moverse (y sin contar su pierna) los volvería más lentos. Al verlo en ese estado debilitado y con esa manta, el viajero desvió la mirada…lucía justo como su Viktor…justo como él día en que lo abandonó.
— ¡Vamos! — los precipitó el viajero.
Finalmente, el Jayce joven cargó a Viktor en sus brazos; Caitlyn tomó la muleta y los tres finalmente corrieron metiéndose entre los tejados, hasta alejarse lo suficiente de la vista de Rictus.
El gigante dio un pisotón en el suelo y observó el cuerpo del otro guardia. Gruñó por lo bajo y revisó sus signos vitales.
Del otro lado, continuaron corriendo hasta que finalmente se metieron por una casa con balcón. No podían hacer muchas maniobras con Viktor casi inconsciente y con prácticamente cero fuerzas en su cuerpo.
Se apuraron a entrar.
— ¡¿Pero qué están…?! — dijo un hombre en el interior de esa casa, viendo a un grupo de personas entrar repentinamente a su casa.
Los tres entraron como bólidos.
— Lamento los daños, le pagaré después pero ahora nos están persiguiendo, así que…
El hombre pareció reconocer su voz.
— ¿Concejal Talis?
— Ojalá… — mintió con torpeza intentando parecer hábil— Debe estar confundiéndome.
Pidió Jayce mientras todos corrían a bajar por las escaleras para llegar al primer piso de la casa, dejando al habitante atrás. Aún más rápido, salieron de la casa y se dirigieron a Zaun, cruzando entre callejones para no ser vistos.
— Jayce… — volvió a llamar Viktor con su consciencia que iba y venía gracias al movimiento, los gritos y los estruendos — ¿En dónde…?
— Viktor... Te mantendré a salvo — aseguró Jayce, angustiado.
— ¡Puedo ver el teleférico! — señaló Caitlyn desde el callejón donde estaban.
— No podemos ir ni por el teleférico ni por el puente.
Dijo de inmediato el encapuchado, negando con la cabeza y deteniéndose, observando opciones.
— ¡¿Por qué no?! ¡¿Cómo se supone que lleguemos ahí con Viktor así y soldados noxianos detrás de nosotros? — inquirió Caitlyn tratando de poner un poco de realidad al desconocido.
— Porque muchos nos verían — explicó Jayce— No tardarían en encontrarnos los noxianos. Además, se supone que puse un punto de revisión en el puente.
— ¿Y no nos ayudaría que el concejal Talis pidiera ayuda a los vigilantes del puente?
— Llamamos demasiado la atención. Y hay cosas difíciles de explicar.
Los tres guardaron silencio un momento.
— Tres encapuchados — Caitlyin comenzó a señalar a cada uno conforme los nombraba — Un hombre al que la única parte de la cara que se ve son sus ojos, el concejal Talis, la hija de la concejal Kiraman y un hombre inconsciente y desnudo envuelto en una manta. Veo tu punto. Además de tensar públicamente la relación entre la casa Talis, la Medarda y la Kiraman.
— Exacto. Así que andando — dijo el Jayce mayor, sin saber bien cómo bajar.
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Ambessa observó a Rictus llegar, para tomar de nuevo su puesto como su escolta.
— ¿Ya llegaron a Zaun? — preguntó ella con una copa de vino en la mano.
— Casi. Dejé al resto persiguiéndolos y les di algunas…advertencias.
Rió recordando como arrojó dos lanzas a la cabeza del encapuchado. Luego,
— Solo es de confirmar que hayan llegado al sitio.
— Bien, solo queda esperar — anunció la mujer con una sonrisa — Por cierto, ¿qué tal le fue al gatito de Zaun con el brillo X?
Rictus rio.
— Definitivamente no podía caminar o moverse luego de que el concejal terminara con él.
Ambos rieron con picardía.
— Lo que sí, es que, el concejal no estaba solo en su casa.
Ambessa arqueó una ceja e interesada, le dio una calada a la copa de vino y dijo:
— ¿No? Háblame de ello.
— Cuando llegué, la única persona que vi entrar a esa casa fue al chico de Zaun y horas más tarde a la chica Kiraman.
— "Caitlyin"…sí, la conozco, la hija de Cassandra. He estado muy interesada en la casa Kiraman últimamente. Uno de mis infiltrados me envió algo interesante sobre ellos — dijo sonriendo y agitando un poco su copa, para que el vino girara dentro de ella.
— Nadie más luego de eso. Pero salieron junto a otro individuo.
— ¿Lo reconociste?
— No. Tenía el rostro cubierto.
Ambessa sonrió. Sin duda, su hija parecía tener buen gusto. Definitivamente Jayce Talis y Viktor eran "fabulosas inversiones" como ella las llamaba. Por supuesto, gracias a la mano de Mel, ya no podía llevarlos a su casa de manera pública. No obstante, Piltover prometía un sin número de opciones. Y de no poder acceder a ellas, sus propios navíos era otra más. No obstante, jugaría sus cartas de la forma que fuera más conveniente. Actualmente sus ojos tenían en la mira dos objetivos que no dejaría escapar y si podía hacerse de una buena comida en el camino, lo haría.
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De repente, desde otro callejón observaron varias cosas: la primera, que había muchos soltados noxianos por todas partes, probablemente buscándolos. Y la segunda, una persona con capucha correr hacia otro callejón de manera sigilosa. El Jayce encapuchado, de repente, empezó a seguir aquella figura.
— Vamos.
Jayce y Caitlyn voltearon a verse indecisos y se encogieron de hombros, siguiéndolo. Jayce persistentemente siguió a esa persona encapuchada por las calles de Piltover, dando vueltas por sitios desconocidos y sinuosos. De repente, Jayce y compañía dieron con un callejón sin salida.
— ¿Qué? ¿Pero a dónde…?
— Miren qué tenemos aquí — escucharon un estruendo de algo cayendo y una voz altanera detrás de ellos— Unos piltillos jugando a ser vigilantes.
Ese comentario hizo molestar a Caitlyn.
— ¿Quién te crees que eres?
— ¿Por qué me están siguiendo? —dijo ignorando la pregunta, con la voz baja y una mirada feral.
— ¿Vi? — inquirió el Jayce encapuchado.
La joven frunció el ceño. Y el Jayce de ese mundo se sorprendió, ¿Esa chica era la tal Vi de la que le estuvo hablando?
— ¿Y tú quién demonios eres?
Jayce suspiró. Era cierto, esa Vi no lo conocía y por lo que sabía, tampoco a su otro yo ni a Caitlyn.
— Yo también tengo la misma pregunta — agregó está vez Caitlyn reticente.
Vi observó a Cait curiosa de arriba abajo y sonrió. Luego volteó a ver al Jayce de ese mundo.
— ¿No eres tú el idiota fundador de hextech?
— Sí — dijo Jayce con un tono un poco lastimero y sin defenderse. La descripción le había disgustado, incluso lastimado un poco su ego. Ciertamente no había hecho varias cosas bien últimamente.
La chica de ojos azulados pasó su mirada ahora por el bulto en sus brazos, notando evidentemente a un hombre, presuntamente desnudo e inconsciente. Cuando observó mejor su rostro, se sorprendió, parecía que lo conocía o esa impresión le dio a Jayce. Vi notó unas cuantas gotas de algo caer de ese hombre inconsciente, a una altura sospechosa.
Arqueó una ceja y rió por lo bajo con algo de amargura.
— ¿Quién diría que el fundador de hextech tendría fetiches raros?
Dijo sin dejar de ver el rostro de Viktor, notando unas marcas extrañas cerca de sus ojos que tocó con sus dedos. Jayce dio un paso hacia atrás para evitar que Vi tocara más a Viktor. La chica frunció sus labios y con una mirada despectiva preguntó:
— Pero ¿brillo X?
— ¡¿Qué?! ¡No es…!
— No me des explicaciones, no me interesa cómo tú y tu novio pasan el tiempo, solo espero que haya sido consensual— lo calló en corto, colocando la palma de su mano abierta frente a él, en señal de que se detuviera, lo último que quería era hacer escándalo.
— ¿Brillo X?
— No engañas a nadie, chico lindo, al juzgar por eso — señaló unas gotas en el suelo— Y esas marcas cerca de sus ojos —ahora señaló las marcas — Le dieron una dosis bastante fuerte.
— ¿Qué es el brillo X? — inquirió tratando de saber más de la droga.
— Aburre a alguien más con tus preguntas — dijo Vi. Si ellos no sabían qué era, prefería que se quedara así, no era bueno que los de arriba supieran de eso.
De nuevo, volteó a ver al encapuchado.
— ¿Y bien? ¿Tú eres?
— ¿No estabas en prisión? — esta vez Jayce preguntó con curiosidad, necesitaba tener razón de ella antes de saber si podría confiar o no, en esa versión de Vi.
Vi bufó.
— No es asunto tuyo.
Caitlyn observó a Vi, le pareció una persona desconfiada, pero, de alguna forma, le hizo sentir algo extrañamente familiar, así que no pudo reprimir su pregunta:
— ¿Te conozco de algún lado?
Violet la miró por unos momentos y luego, desvió la mirada.
— ¿Cómo rayos podríamos conocernos, pastelito?
— No me digas así.
— Vi — esta vez, fue Jayce quién volvió a hablar, intentando darse prisa — Estamos en peligro, necesitamos huir.
La chica de cabello rosa rio por lo bajo.
— ¿Y?
— Nos están persiguiendo soldados noxianos. O Más específicamente, lo están buscando a él — dijo señalando a Viktor, quien de nuevo comenzaba a despertar.
La chica de ojos azules los observó de nuevo, analizando sus palabras. Ella sabía que no mentían. Lo cierto es que había estado observando lo que pasó desde lejos.
— No me interesa — mintió.
— ¿Sabes cómo podemos bajar a Zaun? — está vez fue Caitlyn quien preguntó.
— ¿Por qué querrían ustedes — dijo con desprecio el "ustedes" — ir allá?
— Solo necesitamos huir de ellos por ahora. Después nos iremos.
— Sí, claro — se burló Vi— Ustedes huirán y nos cargarán a nosotros de problemas con los noxianos que de por sí ya causan destrozos, ¡como si no tuviéramos suficientes problemas con eso y sus estúpidos vigilantes!
El Jayce viajero escuchó a Vi quejarse y así, logró unir ciertos puntos con la de su mundo y comprender mejor todo de lo poco que la Vi de su mundo le había compartido. Definitivamente, la vida en Zaun no estaba siendo sencilla para los zaunitas ni para los de su mundo, ni para los de este mundo. Observó a Viktor por un momento y sintió de nuevo pesar, no solo por su estado actual, sino por ver esa manta en la que estaba envuelto y pensando en aquella terrible enfermedad que anunciaba con llevárselo de su lado.
— Te…prometo que nos iremos pronto. Solo…necesitamos ponerlo seguro hasta que pueda moverse — dijo el encapuchado, observando a Viktor — Fue drogado y no sabemos con qué o qué más le hará, además lo están persiguiendo — apretó los labios y agregó — Por favor.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que lo drogaron?
— No lo sé, unas 10 horas, podrían ser más o podrían ser menos.
Violet suspiró. Negó con la cabeza mientras se tallaba la nuca, con una expresión que claramente decía que no quería involucrarse. Finalmente dijo con otro suspiro.
— Es probable que le falten algunas horas más para que la sustancia se vaya por completo. Pero de ahí en más, no sé si tú te extralimitaste que no vaya a poder caminar — se burló.
El rostro de ambos Jayce se coloreó de rojo, aunque el viajero tenía el rostro lo suficientemente cubierto para que no se notara.
Viktor abrió los ojos de nuevo. El mareo era grande y apenas podía enfocar su mirada. Definitivamente, esa droga era muy diferente de la que le daban cuando era niño. Cuando era niño, aquella droga provocaba únicamente el efecto afrodisiaco, pero no lo dilataba, no duraba tanto y no lo dejaba inconsciente después.
Intentó ubicarse, pero no reconocía el lugar. Sabía que estaba en los brazos de Jayce, su Jayce, también lograba ver al otro Jayce usando la capucha, conocía esos ojos demasiado bien como para no identificarlo. Se preguntó porque llevaba su rostro cubierto hasta que notó a Caitlyn, ella era la razón. Aunque no pudo evitar preguntarse ¿a qué hora había llegado? Y finalmente, vio un rostro que se le hizo conocido:
— ¿Violet? — dijo Viktor apenas, volviendo a desmayarse de inmediato. Le era imposible mantenerse despierto.
Vi chasqueó la lengua cuando se vio reconocida de nuevo.
— Espera ¿ustedes se conocen? — inquirió impactado Jayce.
— No tengo idea de quién es — negó Vi, tratando de fingir indiferencia.
— Pero él sabe quién eres tú — agregó el encapuchado con reticencia en un tono acusativo.
— Igual que tú — señaló ahora el Jayce de ese mundo.
Había demasiadas cosas no dichas. Él tenía más preguntas que respuestas y lo que parecía ser una misión impuesta.
— Por favor, ayúdanos a mantenerlo seguro por unas horas. Nos iremos tan pronto Viktor pueda moverse — pidió esta vez Caitlyn, intentando centrar a todos.
Vi los observó por varios segundos, casi quería darse un golpe en la cara a sí misma, ocurrían dos cosas: una, que se sentía en deuda con Caitlyn. Vi la recordaba. Ella había sido la vigilante a la que había sacado de la explosión que había provocado su hermana. Vi la había dejado en un sitio seguro y aun le preocupaba. Así que había ido a verla algunas veces, para asegurarse de que estaba bien. Y otra, que ella estaba consciente de lo vulnerable que podía ser una persona drogada e inconsciente; su consciencia no le permitiría vivir con ello.
La de cabello rosado rodó los ojos y suspiró.
— Bien…pero no les va a gustar.
Comenzaron a caminar por otros tantos callejones más, hasta que llegaron al lugar. Vi abrió una puerta redonda, parecía una especie de alcantarilla. Les extendió la mano y burlona dijo:
— Su majestad, su carruaje le espera.
Ambos Jayce voltearon a verse con desagrado, el aroma ahí era terrible. Por supuesto las quejas de Caitlyn no se hicieron esperar.
— ¡¿Qué?! ¿Quieres que entremos ahí? ¿Bromeas, cierto?
Vi sonrió.
— Por desgracia no.
— No voy a…¡ugh! ¡Qué asco!
Vi tomó unos sacos de tela que estaban ahí y se los arrojó.
— Les recomiendo deslizarse con uno de estos deslizadores ultimo modelo— se burló.
— ¿No hay otro camino? — inquirió Jayce.
— No si él no puede caminar — señaló Vi a Viktor— Podría llevarlos por otro lugar, pero eso también me pondría a mi en peligro, así que es su decisión.
Con un suspiro de desagrado, uno a uno, descendieron.
