Asalto 13.
Una nueva pieza.
(…)
En el momento exacto que el grupo de Orochi partió a la aldea, otra agrupación recorría su camino hacia
el bosque.
Traki, traki. Traqueteaban los granos de arena que eran aplastados por las ruedas y los zapateos de
cascos de corceles.
Etanol dio una mirada de reojo al semi-humano.
— Debo decir que...estoy algo sorprendido…
— ¿Huh? ¿Sorprendido por qué?
— ¿No deberías estar en tu carruaje? Ya sabes...
Era lo normal, ¿no? ¿Qué tipo de líder iba afuera de su vehículo particular?
— Ah... Eso... Sí...
Zelote inmovilizó su propia sonrisa, mirando más adelante.
— He descubierto que me gusta mucho el aire fresco, jaja.
— ¿Es así?
¿Entonces por qué estaba en alerta máxima?
— Por cierto, tenía en mente otra pregunta desde que nos encontramos…
— ¿Sí? Dila, te aseguro que es improbable que me enoje, de todos modos.
Agitó su mano en el aire, disminuyendo la tensión sobre los hombros de Etanol.
Éste, dirigiendo su dedo índice hacia uno de los carruajes:
— ¿Ese niño perro es tu hijo?
— ¿Ah?
El elfo pensó que un demonio giró a verlo. Casi se orinó de miedo.
— Ah...
Zelote aflojó las manos. Casi rasga las riendas.
Sonrió, en un burdo intento de silenciar el miedo de Etanol.
— Lo lamento. No era mi intención ser grosero.
Más que grosero, casi me paras el corazón...
— Es solo que ese tema es delicado. Preferiría no mencionarlo, ¿sí?
— S-Sí.
Aceptó, temeroso de decir lo contrario.
¿El tema es tan extraño e incómodo para él?
Bueno, hasta ahora no oyó que tuviera esposa. Quizás era su hijo ilegítimo, y no quería que esa
información se difundiera.
— Jo, Zelote, ¿de qué tanto estás hablando?
Una voz delicada los interrumpió. La voz de Felina, mirándolos desde la ventanilla del carruaje.
— De nada.
— Oh, vamos. Me estoy aburriendo aquí, ¿Cuándo vamos a llegar?
— Pronto, así que haz silencio.
— ¿Pero cuándo llegaremos...?
Zelote se encogió de hombros.
— A saber...
— ¡Eres odioso! ¿Sabías?
— ¿Cómo está Neithan?
— ¡Hey…! Ah, ¿Nei-Chan? Él está bien, ahora mismo está durmiendo. Si lo hubieras llevado contigo
desde un principio no habría sido tan difícil ponerlo a dormir.
— Solo habría estorbado.
Y no quería ese perro cerca de él.
— Sí, ajá...
Felina rodó los ojos. Su respuesta típica nunca pasaba de moda.
Etanol, a estas alturas, parecía haber sido olvidado por ambos.
— Ah, cierto… ¿Cómo se siente, Etanol-San? ¿Está cómodo?
— Ah, sí. King-San es bastante amable.
Por no decir aterrador.
— Menos mal. Temía que fuera grosero de alguna forma.
"Como si pudiera ser grosero..."
Se oyó un murmullo, el cual Felina ignoró.
— De todos modos… Felina-Chan, me sorprende mucho que seas tan buena cuidando niños... ¿Tienen
muchos hermanos?
— Pues sí. Demasiados, diría yo. Incluso así, no me arrepiento de ninguno de ellos.
— Jaja, mira el lado bueno. Todas esas experiencias te serán útiles cuando formes una familia…
— Gracias, conde. Yo también espero que ese día llegue y pueda poner en práctica mis conocimientos…
Le guiñó el ojo a Zelote, quien se sonrojó ligeramente. Este evento no pasó desapercibido para el elfo de
cabello oscuro, que boqueó traviesamente.
Pero éste cambió de tema a la velocidad del rayo.
— Clover-Kun, ¿no te gustaría adoptar ese niño?
— ¿Eh?
— ¿¡Zelote!?
Felina, enardecida por el implícito ofrecimiento, golpeó los bordes de la ventana del carruaje. Zelote
ignoró los hechos y siguió mirando a Etanol, su esperanza más cercana.
Pero lastimosamente…
— No estoy en la edad de tener más niños, así que lo siento...
— Tch.
No me creo capaz de separar padre e hijo. Sería muy triste.
Pensó, sin cambiar su expresión de disculpa. De otro modo, habría estado más que feliz de traer a casa
otro niño.
(…)
— Nii-Chan…
— ¿Uh?
Un ruido de pasos apresurados detuvo el avance de los caballos. Zelote y Etanol se giraron hacia el
promotor de esa voz infantil y dispuesta de reproche.
— Oh…
Es el niño conejo…
Pensó Etanol, impresionado de que a esa edad ya supiera montar a caballo.
Zelote, inclinando su cabeza en signo de extrañeza.
— ¿Qué pasa, Slayer?
— Me siento mal.
— ¿...? ¿Acaso comiste algo-
— No en ese sentido...
Refunfuñó, mirando más adelante.
— Tengo un mal presentimiento...
—...
¿Uh? ¿Un mal presentimiento?
Zelote guardó silencio, respirando hondo.
— Supongo que no será tan fácil después de todo...
(…)
En frente de ellos se desplegaba una hambrienta boca de lobo, conectada a las más infames
profundidades del bosque que emitía aires a muerte. Las enredaderas se desplegaban desde su boca y
se extendían hasta el suelo.
Etanol leyó un cartel viejo apostado en la entrada.
— Así que no solo hay Lobos boscosos…
En ella se describía una lista de criaturas.
Slayer tuvo la amabilidad de explicar.
— Sí. Hay de todo tipo, pero los más peligrosos son las Anacondas gigantes, Arañas malditas, y Tigres
blancos…
Ah, tigres blancos.
Tuvo algunas experiencias pasadas con dichos animales. Eran tan bipolares que daban miedo.
— ¿Qué hay de la araña maldita?
Esa no la conocía.
— Ellas causan maldiciones a través de sus mordidas. Ten cuidado.
— Ah.
Eso no sonaba nada lindo.
— ¿D-De qué tipo?
— Te darán alucinaciones. Al final comenzarás a comportarte violento con las personas a tu alrededor…
— Eso suena aterrador. Por favor dime que existe antídoto.
— Claro que la hay. Con magia de purificación puedes deshacer el veneno en la sangre, y si no, en un
centro de atención te pueden atender con el antídoto. El problema consta en…
— ¿En qué?
— El efecto es malditamente rápido. Y además la mordida de la Araña es imperceptible, por lo que
muchos no notaron que estaban envenenados hasta que era demasiado tarde.
—…
— Por eso algunos llevan el antídoto consigo…
— Por favor, amigo mío, dime que lo tienes.
— No…
— ¿¡Qué!?
— Si hablas de en físico, no, no la tengo, pero la magia sanadora funciona también.
— Entonces…
— ¿Ves el chico debilucho de allá? Él es un usuario de magia sanadora.
— Ya veo. Menos mal.
Se palmó el pecho con una sonrisa aliviada.
— Supongo que mientras tengas cuidado, no habrá problema incluso te topas con una…
— Usualmente. A menos que te encuentres con un nido de Arañas malditas.
¿Este niño no podía dejar de asustarlo?
(…)
Con el grupo fielmente formado según los estándares de un grupo de caza, partieron rumbo a la guarida
del lobo.
No sin antes…
— ¿Realmente no puedo ir?
— No.
—…
— Piénsalo de esta manera, necesito que alguien cuide de Neithan, ¿o prefieres dejárselo a Olga?
—… Mmm…
Frunciendo los labios, baja la mirada con aires de desilusión. Ella quería estar allí con él, pero también
quería cuidar de Neithan. Sus dos prioridades se superponían entre sí y la hacían dar tamborilazos entre
sus intereses.
Cuando estaba dudando si dejárselo a Olga, ella:
— Si voy a cuidar niños, prefiero que sean míos y de mi marido.
— Supongo entonces que nunca cuidarás niños. - Dijo alguien del fondo.
— ¿¡Disculpa!?
Zelote levantó la mano para hacer silencio.
— De todos modos, nosotros nos encargaremos del resto. Tu cuida tranquila de Neithan.
— Ok...
Felina no tuvo más opción que aceptar que no podía ir. Le dio un corto asentimiento.
Zelote sonrió abiertamente, abriendo sus brazos y alzándose de hombros.
(…)
— Oye, ¿esa es la araña maldita que mencionaste antes?
— Esa es una araña común, conde.
— Ah, entiendo. Ah, ¿y esa otra?
— Esa también es una araña común.
— Entiendo. Ah, creo que vi algo moverse...
— Es solo una rama movida por el viento.
El niño conejo comenzaba a arrepentirse de hablarle antes. Era muy, muy molesto.
— Conde, si tiene miedo, colocarse en medio del grupo será más seguro.
— ¿Eso no sería muy cobarde?
— No es que quiera molestarlo, pero pensó que una hoja que se pegó a su espalda era una serpiente y
rodó por el suelo como un lunático que se estaba incendiando.
—… Ok.
— De todos modos, hagamos un repaso de lo que sabemos.
Zelote llamó la atención de todos. Todos le prestaron oído.
— Antes que nada, el cuerpo de los lobos boscosos está hecho de madera, que se puede mover y
contraer. Es bastante problemático lo fuerte que es.
— ¿Es eso posible?
— Ellos lo hacen posible. Además, aunque destroces su cuerpo, no morirá hasta que destruyas su
núcleo.
— ¿Núcleo? ¿Dónde está eso?
— ¿Podrías guardar silencio, entrometido?
Alguien fue silenciado.
— Según sé, el Ojo de lobo es en realidad el tercer ojo que tienen ellos, pero que rara vez abren a menos
que lo crean necesario.
— Un tercer ojo… ¿Y cuándo es necesario según ellos, señor?
— ¡Cierra la boca de una vez!
— ¡YAH!
Slayer mordió al responsable de hacer preguntas tontas.
— Respecto a eso…
En vez de Zelote, el experto extractor de ojos de acomodó los lentes redondos.
Este fue el tipo que Etanol consiguió del mercado negro para la extracción del ojo.
Se trataba de un chico delgado, portador de lentes, y cabello castaño. Si no estuviera abrigado como si
fuera invierno se vería como un tipo normal de la calle.
— El ojo es como una reserva de maná. Lo usan como combustible cuando están acorralados.
— Me alegra saber que realmente sabes algo, de otro modo, habría sido decepcionante...
— ¿¡Creías que no sabía nada de nada!?
— ¿Eso es todo lo que sabes?
— Err… si se pudiera dar un ataque sorpresa al lobo boscoso, podría ser destruido sin pasar mayores
dificultades, pero en cambio será imposible extraer el ojo de lobo.
— ¿Eh? ¿Por qué eso? ¿No solo hay que extraerlo?
— Si el ojo estuviera físicamente en él, sí, pero lastimosamente, es una característica mágica que solo
ellos pueden exponer por su cuenta.
— ¿¡Eh!?
Acomodo de lentes…
¿No era molesto hacerlo cada vez que daba una declaración?
— Si el lobo muere antes de exponerlo, tu esfuerzo será en vano… Pero si lo matas luego de abrir el
tercer ojo, este permanecerá en un estado físico aun después de su muerte…
— ¡Eso es terriblemente problemático!
— Ciertamente, pero ese ojo tiene cualidades curativas y que entregan fortaleza permanente a la
persona. Gente que antes eran débiles y no eran atléticos se volvieron fornidos y dinámicos luego de
consumirlo.
— Hmm. Ya veo. Debemos proceder con cuidado.
Dijo Zelote, rascándose el cuello.
Etanol asintió, sabiendo que no sería fácil.
Se viró hacia el chico de lentes.
— Por cierto, chico, ¿cuál es tu nombre? Aun no lo sabemos.
— Ah, es Mathias...
— Oh, un gusto, Máthias-Kun.
— Creo que no dijiste correctamente mi nombre…
— ¿Exactamente cómo?
— Mi nombre no lleva entonación en la primera sílaba, sino en la segunda… ¿Deseas cambiar
completamente mi nombre o qué?
— Entonces solo te diré Ma-Kun, asunto arreglado.
— Ah.
¿Lo iba a dejar así?
El chico no entendió la soltura de Etanol antes de una misión peligrosa como esta.
En realidad, el hombre no estaba tan feliz como aparentaba; estaba nervioso.
Tenía miedo, Miedo a fracasar, miedo a no lograr sus objetivos, miedo a perder a Sylph…
Etanol tenía miedo, y por eso fingía estar feliz.
Molestar a otros era su modo de sobrellevar la carga mental.
Zelote siguió hablando.
— Lo primero será separar uno de los lobos de la manada. No podemos elegir una madre de cría – Ya
que eso nos dará trabajo extra —, ni un cachorro – Que prácticamente sería lo mismo… Así que lo más
sabio sería ir por un macho…
Asentimientos.
— Lo primero será hacerlo abrir el tercer ojo, luego acorralarlo y matarlo. Fácil y sencillo. Genial, ¿no?
¿Ese plan no era demasiado simple?
— ¿Alguna duda?
— ¡Ninguna, señor!
— Bien. Andando.
Todos se movieron ante el gesto del semi-humano. Etanol hizo lo mismo. No sabía si a ellos les bastaban
tan pocos detalles, pero tendría fe en ellos.
Dieron unos pasos hacia adelante, pensando en ejecutar dicho plan...
Pero él apareció...
— ¿¡...!?
Justo cuando todos concluyeron lo que iban a hacer, una gran figura negra emergió detrás del hombre
semi-humano.
Fue mucho más grande de lo que podrían haber imaginado. Cuadrúpedo y de un hocico de intimidantes
hileras de dientes.
Nadie adivinó ni en sus sueños más alocados que verían aquel ser más temprano de lo previsto, como
una broma de mal gusto.
— ¿¡...!?
Todos conmovidos grandemente por esta aparición salida del bosque, contuvieron el aliento.
Más la bestia frente a ellos no se quedó en silencio mientras ellos se debatían cuándo reaccionar ante
ella.
Fungiendo un intrépido zarpazo, la ráfaga invisible al ojo humano dibujó un arco oscuro que batió
velozmente. Su objetivo era Zelote, el hombre más cercano y que entraba directamente en su línea de
visión.
— ¡—Hk!
Con el tiempo escaseando, Zelote levantó los brazos y endureció los músculos, apretando los dientes.
Justo después, el golpe llegó con estruendo y su visión se volvió roja y blanca.
Su cuerpo acampó por ingravidez mientras sus pies abandonaban la superficie donde yacía de pie. Su
cabeza dio vueltas y vueltas, y el mareo se convirtió en conmoción al toparse con unos troncos.
El primero roto, el segundo destrozado, y el tercero abollado por su figura.
— ¡Ha…! ¡Ugh!
El aire escapó apresuradamente de sus pulmones golpeados.
— ¡...!
Gritos angustiados, gritos ahogados, y gritos sordos resonaron por el bosque.
— ¡King-Sama!
Exclamaron los semi-humanos presos del pánico.
El elfo miró directamente la gran bestia.
Esos pozos sin fondo lo tragaron entero, diciendo "Eres el siguiente". Su columna presintió cómo un
escalofrío la escalaba.
— Oh, no…
Esto es malo.
— ¡Hah! ¡Ese fue un buen golpe...!
¿¡...!?
Como si antes sus cuerdas no hubieran sido cortadas, el peli-crema se paró de un salto audaz, desfilando
una mirada austera sobre el monstruo que lo derribó.
Aun con su ropa maltrecha y rasgada, la aparición de la sangre no era prevista por ningún lado. Solo
parecía como si hubiera tropezado muy feo.
No parecía tener ningún hueso roto, al menos a simple vista.
No era una actuación, ¿verdad?
— ¿T-Te puedes levantar?
— Claro que sí. ¿Creíste que eso me mataría?
— Parecías bien muerto cuando te vi caer.
— Aunque no sea suficiente para matarme, un golpe sigue siendo un golpe. Tardé en recomponerme.
— Yo creo que no hubo nada de tardanza…
Murmuro, viéndolo venir.
Allanando la textura de la tierra con su pata delantera, el polvo retozó abundantemente. La bestia
agrandó sus fauces repleta de dientes cortantes y curvos, mientras sus ojos de resplandor tóxico
engullían la atención de todo el mundo.
Como si en infierno anunciara su venida, el rugido que se abrió pasó a través de su garganta aturdió los
oídos de la gente, e impartió conmoción como lluvia. Sin excepción salieron apremiantes a cubrirse los
oídos.
El mortal rugido divergió la copa de los árboles por encima de él, abriéndose paso al cielo azul y de
nubes blancas. El sol les permitió tener una mejor visión sobre su enemigo, ahora bañado por los rayos
solares.
Con todas las piezas reunidas en un solo lugar, en enfrentamiento comenzó.
(…)
Ahora la pregunta, ¿por qué esa cosa vino hacia ellos antes de buscarlo?
Enormes y robustas patas, con garras predominantes que yacían al final de sus dedos. Su largo hocico
rezumaba un brillo esmeralda tóxico desde el interior de su cavidad oral. En vez de pelaje, composición
de troncos y vegetación recubría su cuerpo.
Las terminaciones de sus extremidades rechinaban cuando se movía, como un grupo de árboles unidos
entre sí.
— ¡A-Ah!
— Sabía que serías cobarde, pero no pensé que llegaría a este extremo.
Bufó Etanol, sintiendo a Mathias escudándose detrás de él.
— ¡Ataquen!
— ¡FERIUS!
Con la palabra como detonante inmediato, de las manos de al menos la mitad de los semi-humanos
emergió una llamarada poderosa de fuego, que tragó la figura del lobo. Las llamas lo devoraron
ávidamente mientras crepitaba la madera.
— ¿No vas a mirar, Ma-Kun?
— Miraré cuando esa cosa esté muerta.
— Como quieras.
El lobo no se quedó quieto ante el ataque hostil. Zapateó la tierra fuertemente, provocando un pequeño
terremoto.
— ¡Gh!
La tremenda sacudida causó que muchos perdieron el equilibrio, entregando una fracción de segundo
que el lobo aprovechó sin dudar.
— ¡...! ¡Aléjense, rápido!
Zelote entregó instrucciones urgentes, abrió sus ojos como platos al cerciorarse de un peligroso fulgor
proveniente de la boca del lobo.
De allí, un preocupante halo verde luminoso agarró intensidad.
Sin perder tiempo valioso, cada hombre y mujer se separaron de la bestia y tomaron refugio, saliendo
rápidamente de su camino.
Zelote tiró de una patada a alguien que fue algo lento, sacándolo del área lo más pronto posible.
Menos mal que lo hizo.
— ¡...¡
Separando sus fauces con un "crick" audible, formuló un rayo de gran alcance.
— ¿¡...!?
El tifón desgarró el aire, traspasando árboles, tierra, y demás. No quedó nada intacto.
—N-No puede ser…
Los hombres quedaron anonadados por el cambio de vista que trajo el rugido sónico de la bestia.
La parte que recibió el ataque del lobo ahora no poseía árboles ni nada de vegetación. Solo era un
páramo desierto con tierra y troncos arrancados.
El lobo se movió.
Arremetió contra las personas rezagadas, buscando engullirlas. Pero los semi-humanos se movieron más
rápido para evitarla.
— Ah, sí. Se me olvidaba…
Acomodando sus lentes con algo de polvo sobre ellos, Mathías se recompuso como si la obra de ahora
fuera un asunto trivial.
—… Los Lobos boscosos tienen la habilidad del Rugido Sónico. Con él pueden producir un rugido capaz
de destrozar bosques a una gran distancia. Supongo que no hay que aclarar lo poderoso que es.
—…
Etanol lo miró.
Le dio un zape.
¡Estas cosas se decían antes!
El chico gimoteó. No le tuvo lástima.
— ¡Se me olvidó mencionarlo! ¿¡Ok!? ¡Todos nos olvidamos en algún momen—¡Ah!
La expresión de Mathías se ensanchó de terror, abriendo la boca en un grito.
Etanol no pudo moverse a tiempo.
No pudo decir nada con la venida de un nuevo peso aplastante tras su espalda.
— ¡Hk—!
Acompañada del gemido teñido de dolor, escupió sangre carmesí, sintiendo sus costillas apiñadas
dentro de su caja torácica.
El polvo no le permitió cerciorarse mecánicamente de todo lo que sucedía. Su mente no estaba
despejada por las oleadas de repentino dolor que lo abrazaron. Instintivamente se retorció bajo la
extremidad del animal, que lo mantenía entre la tierra y él con suma facilidad.
— ¡Conde!
— ¡Viejo!
— ¡Clover-Kun!
Con una bruma acariciándolo, presintió el sabor metálico de su sangre propagándose por su lengua
desde su garganta. Dentro de su tórax los crujidos no paraban y su visión se volvió borrosa por el dolor.
La cortina de polvo lentamente se deshizo sola, abriéndose paso las fauces del lobo gigante. Sus ojos
verdes taladraron al elfo, viéndolo como nada más que comida.
No tenía fuerzas para oponer resistencia. El dolor era demasiado para siquiera hablar monosílabas.
Ah, no puede ser…
El lobo gigante, abriendo sus fauces para terminar con su extenso y a la vez corto sufrimiento, demostró
hileras de dientes curvos que desgarrarías su carne y huesos como si fueran mantequilla. Sería imposible
salir con vida si entrara allí.
¿Voy a morir…?
Sintiendo una oleada de incontrolable sueño, apretó los molares con intenso fervor.
Pero antes de entregarse a la muerte, oyó algo…
— ¡...!
— ¡Gyai!
La bestia, por primera vez desde su espectacular aparición, soltó un chillido parecido al de un perro al
que le pisaron la cola, retirándose seguidamente de ello.
No, fue obligado a retirarse.
¿Eh?
— ¡FUERA DE AQUÍ!
Zelote tomó la gran cola del animal, negándose a perder a otra persona bajo su mando.
Y, tensando cada músculo de su cuerpo, jaló.
Oyó a la bestia tirar un quejido lastimero.
Con sus cuencas abiertas a par, el lobo fue tirado como una rama seca desde la parte trasera, saliendo
en un parpadeo de encima de Etanol. Su enorme figura de cuatro metros fue lanzada como si de una
diminuta roca se tratara.
Los hombres de Zelote se lanzaron a los lados antes de que la bestia cayera sobre ellos.
La madera de los troncos se despedazó y acabó desecha.
El lobo rugió amenazadoramente tras un tiempo para ponerse de pie, pero…
— ¡Terrarius!
Una muralla de tierra corrió a toda velocidad, golpeándolo de frente como la embestida de un toro
enfurecido.
El tiempo fue dichoso para aquellos que cargaron hechizos en la palma de sus manos.
— ¡Clover-Kun!
— G-Gu, ah… Kh…
Etanol, colindando con la semi-conciencia, entreabrió débilmente sus ojos. Por ellos entró la luz y la
sombra de alguien acercándose a un ritmo acelerado, jadeando y ensanchando sus ojos felinos.
Gimió cuando lo movieron, pues esto provocó un dolor dentro de su pecho.
Zelote hace mucho que perdió el color del rostro.
— No puede ser, ¿Le rompió las costillas…?
Totalmente espantado por la revelación que se dio él mismo, sostuvo delicadamente al peli-verde, cuya
respiración era débil y carrasposa. Su rostro manchado de sangre solo empeoraba la apariencia externa
del elfo que ahora parecía en sus últimas.
— ¡Riel, ven aquí, rápido!
— ¡Sí, King-Sama!
Subiéndose las mangas de la ropa, Riel se acercó al dúo en el suelo, mostrando signos de nerviosismo.
— Ya te pondrás bien, Clover-Sama…
— U-Ugh…
Su visión no daba para tanto, y todo lo que oía sonaba inentendible por el dolor.
Una sensación cálida lo envolvió desde la punta de los pies hasta el último de sus cabellos de la cabeza,
infundiendo vida en sus células que hasta ahora no habían dejado de gritar de agonía.
Encontró grato alivio en este abrazo del destino.
Por supuesto, esta no era la primera vez que lo trataban.
"No puedo creer que siempre seas el primero en acabar herido, Eta-Kun. ¿Te das cuenta del trabajo que
me das casi a diario?"
Solía oír palabras caprichosas que solían recriminarle su estupidez, ya le era bien conocido la sensación
de ser sanado y regañado al mismo tiempo.
— Terminé…
Riel se secó el sudor. El tratamiento del conde prosiguió sin interrupciones, gracias a los esfuerzos del
grupo por detener al lobo.
— Clover-Kun, ¿estás bien…?
Preguntó Zelote, palmando sus mejillas pálidas.
Etanol entreabrió sus ojos, boqueando como un pez por agua luego de estar fuera de ella durante
mucho tiempo.
— ¿Sientes algún malestar…?
Dijo Riel pendiente de cualquier cosa que se le hubiera podido pasar. Al escuchar un gemido, se inclinó
para escucharlo adecuadamente, para oír débilmente…
— Gracias, Yir...
Ok, quizás no lo sanó muy bien. Dijo un nombre ajeno al de él.
— ¿Quién es "Yir"?
Dijo Zelote, trayendo de vuelta a Etanol al mundo de los vivos.
— Ah... ¡L-Lo siento! ¡Estoy bien!
Se puso de pie, obviando la sangre en su ropa.
— Gracias por salvarme… Pensé que no la contaría.
— A mí también me alegra verte vivo. Por ahora, deberías—
— ¡UAAAAHHH!
— ¡IAAAAAH!
— ¿¡Kh!?
Una persona siendo despedida derribó al recién levantado Etanol. La ráfaga de viento agitó el cabello de
Mathias, Zelote y Riel.
— ¿¡Clover-Kun!?
— Hk…
Estos semi-humanos pesaban mucho, tanto que se preguntó qué comían.
— Ah, ¡lo siento, conde!
El semi-humano se quitó de encima, pero Etanol seguía mareado.
Se colocó de pie a duras penas, apoyándose de un árbol.
Zelote se figó del lugar que llegó el hombre.
El lobo dio zarpazos y sacó de su camino a los hombres que aparecían para contenerlo.
Se notaba desde lejos su furia por ser retenido.
— ¡Icerius!
Con otros magos desde la parte trasera, invocaron hielo que atara las patas del animal a un solo lugar,
para evitar que se moviera.
Pero…
El lobo, abrió sus fauces, y apuntó abajo.
Zelote jadeó.
— ¡Todos, fuera!
— ¡...!
Sin esperar otra orden, sus hombres se retiraron lo más rápido que pudieron.
El lobo, a punto de soltar otro Rugido sónico, fue sorprendido por la liviandad repentina de su lado
derecho.
Su extremidad que usaba de apoyo desapareció de un momento a otro, solo dejando un muñón de
madera astillada. El rugido salió disparado al cielo.
El responsable fue un niño de rostro era la personificación de lo encantador y orejas de conejo.
Slayer lo miró provocativamente, imponiendo un ego sobresaliente.
Masticaba algo, teniendo su boca llena.
— Como suponía, sabe a madera vieja…
¿¡...!?
Como si entendiera el significado de lo que dijo, el lobo demostró una furia incontenible dentro de sus
orbes esmeraldas.
Salió apresuradamente a golpearlo de frente, sin importarle si era precipitado.
Slayer no se movió, con una expresión flemática. Cuando el lobo creyó estar a punto de entrar en
contacto, algo saltó al frente del muchacho como un halcón.
Slayer saltó lejos del lugar, dejando en manos de Zelote el resto.
El lobo y el semi-humano colisionaron, explotando la tierra debajo de ellos.
— ¡...!
Tensando la mandíbula, Zelote sostuvo entre sus brazos la cabeza del animal, permaneciendo plantado
como una montaña.
Sus pies se clavaron en tierra y destrozaron el suelo, pero no se movió más de un metro.
En medo de la lucha de fuerza, una sonrisa apareció en el rostro de Zelote.
— ¿Listo para irte al infierno?
El lobo no contestó con un gruñido. Una separación entre su frente y ojos silbó como una hoja de
espada, ¡y apareció un ojo de colores dominantes!
— ¡Ah, lo abrió…!
Exclamó Mathías emocionado desde otro rincón.
De la tierra aparecieron brazos de extremos filosos. Estas fueron traídas por el poder del lobo en un
intento de contener a Zelote.
Sin embargo, éste sonrío.
— Demasiado tarde…
Apenas terminó de burlarse, su cuerpo se fundió con lenguas rojas en una estampida que barrió toda el
área. Ambos fueron tragados por las fauces ardientes de las llamas.
— E-Eh…
Etanol y Mathías sostuvieron sus quijadas caídas, alejándose del calor.
El mar de llamas se levantó como el telón de un teatro recién iniciado, de él emergió un hombre que
llevaba a cuestas una figura negra como el carbón.
Hizo una señal de paz.
— ¡OHHHHHHH!
Sus hombres lo recibieron con vítores, alzando la voz y los brazos. Clover y Mathías también se dejaron
llevar por la emoción y aplaudieron.
Zelote llegó con sus hombres, lanzando al lobo muerto. Miró a Mathías como si él fuera su madre a
punto de regañarlo.
— ¿Q-Qué?
— Mahtias-Kun, ¿sirve quemado?
Mathías, indispuesto por el tono formal, alzó las manos nerviosamente.
— ¿E-Eso? No se preocupe. Aun funciona.
— Ah, menos mal.
Habría sido un horror descubrir que su número regresó para morderlo.
— ¡Au!
Mathías fue pateado en la espinilla.
Slayer movió sus adorables orejas.
— ¿A qué estás esperando? ¿Olvidaste por qué estás aquí?
— ¡Oh, cierto!
¡Vino a extraer el ojo de lobo!
Afirmando la razón de su presencia, Mathías se movió hacia el lobo para hacer su trabajo.
Hubo un ligero movimiento de su hocico.
¿Eh?
La boca del lobo chamuscado de abrió, dejando ver un parpadeo de luz desde el fondo de su garganta.
— ¡...!
Slayer ensanchó al máximo, moviéndose de inmediato para tratar de sacarlo.
Pero estaba muy lejos, no llegaría a tiempo.
Todos quedaron estáticos, mirando las fauces del lobo carbonizado a punto de soltar un último ataque.
Fui descuidado…
Pensó Mathías ante la luz. No tuvo tiempo de tener miedo. Nunca habría pensado que hoy era su día de
morir.
Pero sucedió ante...
Un corte horizontal de luz parpadeante tajó el aire. Zelote apenas pudo verlo unos micro-segundos.
¿Eh?
La luz que brotaba de la boca del lobo se desvaneció. Su caída dio un ruido sordo. Su muerte fue
inmediata.
— ¿¡...!?
—…
Las personas guardaron silencio, anonadados por la rápida ejecución.
Mathían se cayó sobre su trasero, respirando de nuevo.
Slayer llegó a él, buscando alguna herida.
Zelote despertó del ensueño, corriendo hacia Mathías.
— ¿¡E-Estás bien!?
— S-Sí. No sé cómo...
Revisándolo de pies a cabeza, Zelote no encontró nada anormal en el chico de lentes, además de su
respiración apretada.
— ¡Oh, Dios mío! ¿¡Qué fue eso!?
— ¿¡No se suponía que estaba muerto!?
— Así que se hizo el muerto. Que astuto…
— ¡Cuatro-ojos! ¿Estás bien?
Mathían fue abordado por el resto de semi-humanos. Mostraron genuina preocupación por él.
Y entre ellos, alguien suspiró.
— Menos mal que llegué a tiempo…
Sus ojos de guerrero cambiaron y se suavizaron como la seda, quedando solamente un atisbo del
pasado que enterró atrás.
Solo alguien notó levemente el cambio, pero el sentimiento no duró mucho como para preguntar por
ello y se desvaneció.
(…)
Zelote repasó como imágenes parpadeantes los episodios transcurridos, pensando en el misterioso
corte que apareció justo a tiempo para rescatar a Mathías de la muerte segura.
Antes que nada, no tenía entre sus fuerzas a alguien que fuera un talentoso espadachín para trazar ese
hermoso corte.
Los semi-humanos rara vez usaban armas afiladas. Preferían usar armas contundentes, o por defecto, su
propia fuerza.
Tenía algunas sospechas, pero no podía hacer nada con ellas.
— Ah, jefe...
— ¿Qué pasó, Riel?
El sanador cabalgó hasta él.
— Cerca de aquí está mi pueblo natal. ¿Cree que podamos parar allí un rato? Me gustaría visitar a mis
padres brevemente...
— Está bien. De todos modos necesitamos algo de descanso antes de volver.
(…)
Se suponía que iba a ser una parada corta.
Se suponía que sería sencillo.
Se suponía que todo estaría bien.
Así que este era el mal presentimiento de Slayer...
Como siempre, tuvo razón.
La aldea tenía sangre salpicada en las paredes de las casas y la tierra. El humo de los edificios en llamas
nublaba el cielo. El dolor y la muerte rondaban el aire. Muchos sintieron sus narices sensibles al olor
penetrante de la sangre.
En medio de una plaza llena y vacía de gente, encontraron la figura de un héroe.
No tenía espada ceñida a su cintura, ni un traje glamoroso que dijera su estatus. Su ropa estaba un poco
manchada de sangre, y si visión acaparaba todo el cansancio de muchos problemas juntos.
Y sin embargo, dentro de esos ojos sagaces, yacía una fuerte voluntad de hierro.
Heridos llenaban la plaza entera, algunos echados sobre sus espaldas, otros sentados, y otros de pie.
Pero todos mostraban signos de lucha y heridas en sus cuerpos. Era evidente que aquí ocurrió un
episodio caótico.
Y había otra hilera de sábanas abultadas. De algunas sobresalían pies o matas de cabello.
Los rostros de los semi-humanos se ensombrecieron.
El sinónimo de "héroe" daba instrucciones a los aldeanos restantes, controlando el caos y la confusión.
— ¡AH!
Zelote supo quién era este héroe.
— ¿...?
Alexander giró su cabeza, encontrando su mirada.
Abrió los ojos.
— ¿Zelote-San?
— Entonces eres tú, Istogracia-Kun.
— ¿Q-Qué haces aquí?
— Pagando una deuda, pero a nadie le importa eso, ¿qué pasó, qué pasó aquí?
Zelote sepultó la cordialidad. No era hora de saludos.
Alexander lo miró. Sin querer, se quedó sin aliento.
— ¿Me ayudarías primero? Luego te explicaré todo...
Le parecía bien.
En el fondo, se oyó un grito anhelante de Riel por sus padres. Del grupo de gente herida se levantaron
dos personas. Una perdió un brazo.
Lo recibió entre sollozos.
(…)
Horas antes de que los Zelotes llegaran.
Orochi, Urano, Mistic, Alex y Sonata marcharon hacia la aldea del presunto caballero astral para
recolectar el agradecimiento que este les tenía guardado. Como no podían dejar a Sonata solo,
decidieron traerlo a todo riesgo.
Al llegar, lo primero que pudieron captar frente a sus ojos fue el color rojo.
—…
Todos, sin espacio para incredulidad, reaccionaron de la misma manera… llenos de pavor por lo que sus
ojos absorbían.
Gritos cargados de rencilla batían sus alas por el aire cubierto de sangre y humo.
— ¿Qué…es esto?
Mareado por el olor de la sangre mezclada con tierra y carbón, Orochi se llevó los dedos a la nariz y
evitó el paso del humo. Forzó su voz a salir, exponiendo con buena claridad la confusión de sus
pensamientos sobre lo que estaba mirando.
Los demás no eran la excepción. Urano, por su parte, se cubrió la boca en un intento de no oler
demasiado el olor repugnante de la sangre.
Mientras que Mistic, aunque se mostraba calmado, tensaba las cejas y las mejillas por los barbáricos
actos de violencia que las personas se lanzaban entre ellos.
Todos concordaron que esto no tenía sentido.
Lo primero que se vendría a la mente sería un ataque de bandidos. Si la banda fuera numerosa y
tuvieran las armas adecuadas, podrían saquear una pequeña aldea como esta, pero…
Entrecerró los ojos, enfocando a alguien que batía un machete a la persona más cercana.
Por ninguna parte podían ver a alguien con aspecto de bandido.
Todos los que luchaban respondían a niños, mujeres, hombres, y ancianos. Sus vestiduras no eran
diferentes de las que llevarían aldeanos comunes en sus vidas comunes. Y por ninguna parte encontraba
la aparición de armas como espadas o la expectativa de saqueo.
Nadie robaba dinero o amenazaba, lo único que yacía era un torrente de violencia incontrolable.
Los aldeanos contra ellos mismos.
Y con cada segundo que perdía pensando, más sangre era derramada y gritos continuaban rompiendo el
aire contaminado.
Antes que nada, lo más seguro sería salir de allí lo más pronto posible. Si podían evitar la lucha evitarían
un riesgo innecesario.
Y no creía que fuera posible razonar con ellos.
En sus ojos no entraba otra cosa que no fuera la ira ciega y el odio por el prójimo. Era como si estuvieran
poseídos.
…
¿Y si era el caso…? Que todos estuvieran poseídos explicaría por qué se alzaban unos contra otros…
Pero sería difícil que tantas personas lo estuvieran al mismo tiempo… Quien causó esto debería tener un
área extensa…
Pero entonces ¿eso no los hacía entrar en zona de peligro dado que habían entrado a la aldea?
No quería terminar como ellos, asesinando a sus compañeros en un ataque de rabia.
Por ahora, debían retirarse.
— Chicos, vámo—
— ¡Ah!
— ¿¡...!?
— ¡Armorius!
Orochi se preparó para dar una orden inmediata de retirada. La voz de Mistic jadeó. Reaccionó tarde a la
amenazaba del cielo.
En eso, apareció una capa luminosa de color dorado encima de todos.
Orochi no logró decir algo, pues al segundo siguiente oyó extrañas salpicaduras.
¿Lluvia? No...
¿Desde cuándo la lluvia es negra...?
Esta lluvia era negra, de un negro parecido a la brea líquida. Los cielos la entregaban generosamente.
— ¿¡Qué!?
La barrera los protegió de dicha lluvia, Orochi enfocó sus ojos sobre las áreas y personas donde caía el
agua negra.
Las personas que eran tocadas por ella se pudrían y caían a pedazos, siendo torturados por el agua ácida
y venenosa que solo traía males a lo que tocaba.
Aunque eran desechos por la lluvia maligna y su cuerpo era atravesado por las gotas, no pararon de
luchar con el odio empujando sus pútridos cuerpos al límite.
¿Quién levantó la barrera?
Miró atrás.
Encontró al caballero levantando la mano. De ella emanaba una luz cálida.
Éste le sonrió acogedor.
— Deberías estar más pendiente de tu alrededor, Orochi.
Hijo de—
Orochi quiso noquearlo, pero eso haría que la barrera se cayera y ellos fueron tocados por la lluvia
venenosa.
Pensar que su enemigo terminó salvándolo... Hoy pasaban muchas cosas raras.
— Sonata, tú…
Sonata se fijó en la persona de cabello negro como el carbón que lo miraba.
Enunció una sonrisa.
— De nada.
— ¿¡"De nada"!? ¿¡En qué momento te dije las gracias, idiota!?
—… ¿Ahora, quizás?
— ¡Nunca dije nada parecido!
Gruñó, fijándose en los demás. Todos parecían bien.
— ¡AAAAAAAHHHHHHH!
— ¡...!
Con un gutural grito prorrumpiendo en el aire, el grupo se viró a una persona que tenía acorralala a una
más pequeña.
— ¡N-NO!
Una mujer de cabello oscuro levantaba por encima de su cabeza un cuchillo de cocina, éste iba dirigido a
una pequeña a un niño acorralado contra una pared.
No pasaba de los diez años, con su rostro mojado en lágrimas y divagando en pánico.
Su otro brazo sangraba a causa de una herida reciente, seguramente efectuada por el arma que sostenía
la mujer.
Ah...
Siendo un asesino, Orochi estaba acostumbrado a ver, el olor y la sensación de la sangre como parte
habitual de su trabajo, pero tampoco era un maniaco que se excitaba con la muerte de niños pequeños.
— Alto ahí…
— ¿¡...!?
— Ah…
Extendiendo el brazo, su mano se amplió por encima de la cabeza de la señora con ansias asesinas,
mientras su voz entregaba una diamantina advertencia que congelaría los huesos de quienes lo oyeran.
Su férrea voluntad se hizo indiscutible a través de su voz juvenil y severa, la voz de la misma ley que vino
a castigar a los criminales.
Su lúcido traje blanco con azul cielo infería la imagen de un héroe salido de las novelas caballerescas,
que enfatizaba un punto de luz en medio del humo de las casas devoradas por las llamas y la tierra roja
por la sangre.
Su atractivo y sedoso cabello color salmón era llamativo sin importar donde estuviera, y sus ojos fucsia
enfocaban el reverso de la mujer hostil, con un claro sentimiento de aspereza.
Allí, plantado con una pose digna de un héroe, Alexander enfrentó a la mujer.
—….
Hubo un silencio sepulcral.
¿¡ALEXANDER!?
¿¡EN QUÉ MOMENTO LLEGÓ ALLÁ!?
¿Y cómo no era tocado por la lluvia venenosa?
No pudieron seguir haciéndose preguntas, la mujer se movió, cambiando el objetivo de su locura.
— Que estúpido…
El murmullo tintineó dentro de sus oídos, antes de que la visión de la mujer se volviera negra luego de
un golpe sórdido detrás de su cabeza.
Perdió el conocimiento. El cuchillo se resbaló de sus manos.
Alex sostuvo el cuerpo de la mujer entre sus brazos, cuidando de que no golpeara su rostro contra la
tierra.
Tomó el cuchillo y lo rompió hasta hacerlo inofensivo e inutilizable, dirigiéndose hacia el niño.
— ¿Estás bien?
— S-Sí…
Su rostro estaba mojado en lágrimas, pero podía hablar claramente. Alex se alegró de ver que estaba
cuerdo…
Aún…
— Disculpa mi rudeza…
— ¿Eh? ¡...!
Un golpe, el niño cayó en el brazo que Alex le prodigó.
— ¿¡Hah!?
Orochi y Silver elevaron la voz con esa acción inédita del caballero.
— ¿Q-Qué hiciste? ¿¡Por qué noqueaste al niño…!?
No es que Orochi fuera una buena persona, pero también pensó en salvarlo. Pero ¿por qué Alex lo
noqueó también si parecía cuerdo?
Alex los miró seriamente.
— Aunque es en menor medida, sigue siendo afectado por la Influencia que causa el estado actual de los
aldeanos. Si lo dejaba a su suerte acabaría sucumbiendo tarde o temprano, así que lo noqueé para
ahorrarme molestias…
Explicó en tono serio, nada parecido al hombre herido que Orochi y sus amigos encontraron a su puerta.
— ¿Influencia?
— Sí. Puedo comprobarlo, pues también trata de adentrarse en nosotros, aunque parece que es parte
de un ritual que es más efectivo para los que estén desde el principio.
— E-En otras palabras, como acabamos de llegar, no nos afecta tanto como a ellos.
Alex asintió al otro caballero rubio.
— ¿Quién podría hacer esto?
— No tengo idea, pero haré lo posible para noquear a tantos como pueda.
Alex atrajo hacia Mistic al niño y la mujer, cuidado de no lastimarlos. Hacia contraste con la persona
cobarde de hace poco.
— ¿Vas a involucrarte…?
Orochi habló incrédulo. Cualquiera que viera tal acto pensaría que era una locura arriesgarse. Él no era
diferente, prefería irse a un lugar seguro con su gente y evitar este lugar lleno de violencia, pero el chico
guapo negó, con una leve sonrisa.
— Aunque me pese, sigo siendo un Caballero del reino. Es mi trabajo involucrarme en situaciones que
nadie más quiere…
—…
— Aunque confieso que me sería oportuno contar con su apoyo, pero sería pedir demasiado…
"Entonces", articulando una última palabra que no era ni una despedida ni algo que zanjara su
conversación, Alex saltó sobre la multitud que daba gritos y luchaba con lo que tuviera a la mano,
agitando su galante traje blanco.
Orochi se preguntó… ¿De dónde sacó ese traje? Si recordaba verlo solo con una ropa sencilla de una
camisa negra y pantalones blancos.
Si hubiera una segunda vez, le preguntaría por ello, pero lo dudaba, así que debería irse con Urano y
Mistic…
— ¡A la carga!
— ¿¡U-Urano!?
Antes de dar su resolución de retirada, la caballerea rosa como las flores del campo saltaron al escenario
fundido en fuego y terror.
Orochi extendió la mano, pero no alcanzó sino rozar sus cabellos suaves.
¿Ahora qué pensaba esa idiota? ¿Perdió la cabeza?
— ¿¡Qué estás haciendo, idiota!?
— ¿¡No es obvio!? ¡Ayudar a Alex-Sama!
— ¡Eso es lo que no tiene sentido!
Pero alguien más habló.
— ¡Yo también voy!
— ¿¡Tú también!?
Sonata se sumó dispuesto a todo.
Ninguno de los dos esperó a sus instrucciones. De Sonata lo esperaba, pero de Urano no… O tal vez sí…
En fin, ¿por qué se había lanzado a la acción?
¿Sería por el grito de ayuda que dio Alex? ¿Podría ser debido a eso?
La lluvia cesó hace algunos minutos, así que nadie fue herido.
Urano infundió su cabello de magia, y las hebras tomaron vida propia y la alzaron como una esfinge
todopoderosa que tomaba a las personas y las golpeaba hasta dejarlas inconscientes. Desde su punto de
vista, ella parecía un monstruo sangriento que iba por personas inocentes. Así de malvada se veía.
En contraste con su modo salvaje, Sonata noqueaba a las personas con las que se cruzaba de manera
concisa y contundente, con manos vacías y nada más que una sólida determinación. Los ciudadanos
comunes no podían siquiera tocarle un cabello para hacerle daño cuando antes de caer como muñecos
en el suelo.
Debería reconocer que el chico no era un mero loco que se hacía pasar por caballero.
Y Alex, ese ya se había adentrado a la zona profunda de la aldea, donde la algarabía era más bulliciosa.
¿Ahora qué hacía? ¿Simplemente se marchaba? Pero Urano seguía allí…
—…
— Orochi-San… Sus instrucciones…
Mistic, quien de un momento a otro se convirtió en el cuidador de los noqueados – apilándolos en fila –
lo miró fijamente, pidiendo que tomara una decisión pronto. Golpeó el rostro de alguien que intentó
golpearlo por la espalda. El tipo cayó como peso muerto, y Mistic lo apiló junto con los otros cuerpos.
Orochi lo entendió. Decidiera lo que decidiera, Mistic no se quejaría.
Entonces eso hace más fácil las cosas…
Resignado a tener que involucrarse con el problema, habló templado.
— Continúa reuniendo a las personas inconscientes, yo también me uniré a ellos…
— Sí.
Era reconfortante tener un amigo tan comprensivo. Luego se lo agradecería.
Por el cielo de la aldea se remontaba la columna negra de humo y lenguas ardientes. Los gritos y
maldiciones increpaban sus instintos de supervivencia y de largarse lejos, pero se obligó a permanecer
firme.
(…)
Golpe, golpe, golpe, golpe, golpe…
—…
Las piernas le temblaban, no sabía qué acciones tomar para estimularlas de nuevo, pues su visión era
jalada automáticamente por las dos personas que tenía delante.
O debería decir una persona, la otra…ya siquiera se veía como una.
Golpe, golpe, golpe, golpe, golpe…
Con cada músculo temblando violentamente, se encogió en su sitio, esperando que él no se fijara en él.
Tenía miedo, tenía miedo, tenía miedo, tenía miedo, tenía mucho miedo…
Abrazando sus rodillas y con el hipo subiendo por su garganta, sollozó en silencio para no alertar al
hombre que se entretenía con la figura dispersa bajo él.
El arma subía y bajaba, independientemente de su objetivo que ya hace rato dejó de moverse.
El piso de madera ya no era más de color marrón, y ahora se desparramaba una alfombra roja y de olor
metálico.
Entre los charcos profusos se reconocían trozos, o si quería especificar, extremidades entrecortadas por
un elemento cortante.
No quería verlos, porque esos trozos antes pertenecían a la persona que era su madre.
Ahora no era nada más que un cadáver entrecortado a manos de quien una vez llamó padre.
Solo podía encogerse y llorar abundantemente. No tenía la fuerza para hacer nada, tampoco para
defenderse. No pudo ayudar a su madre y ahora estaba acorralado.
Pero, sabía que tarde o temprano su padre se cansaría de golpear el cuerpo sin alma de su madre y él se
convertiría en el próximo objetivo. Sabía que pronto pasaría, pero sus piernas no paraban de temblar y
golpearse entre sí. El miedo no era un sentimiento fácil de afrontar, y tan solo quería llorar y esperar a
que todo pasara.
D-Debo salir de aquí…
Tartamudeando incluso dentro de sus pensamientos aterrorizados, lentamente llevó sus manos al piso
de madera, bajando a la postura de un animal cuadrúpedo que se escabullía por un lugar estrecho.
Sus manos repudiaban el tacto de la piscina roja bajo sus palmas, pero lo soportó por el bien de salir.
Primero movió un brazo, luego el otro… después una pierna…
Con este ritmo, avanzó lentamente hacia la puerta entreabierta. Si llegaba afuera podría salir a pedir
ayuda.
Sus vecinos deberían poder socorrerlo. Siempre se llevaron bien y ellos deberían poder resolver el
extraño comportamiento de su padre.
Pero algo le preocupaba, con todo el ruido que causaba papá ¿por qué nadie había venido hasta ahora?
Era pleno día y dudaba que todos estuvieran durmiendo. ¿Acaso lo ignoraron pensando que no era nada
grave?
Sacudió la cabeza.
No tenía sentido pensar en esto. Lo único que quería ahora era salir pronto de esa habitación del terror.
Arrastrándose con más velocidad, llegó a unos centímetros de la puerta. Su corazón se desbocaba con
latidos retumbantes, y el sudor que segregaban sus poros empañaba su frente.
Un poco más…
La puerta apenas daba para que su cabeza pasara, así que cuidadosamente atrajo hacia adentro el borde
para abrirse paso.
Chiiiir.
— ¡...!
Jadeando ahogadamente, oyó como los latidos de su corazón se detenían…como los golpes detrás de él.
Supo exactamente qué significaba.
—…
— ¿...?
La parálisis que sufría hace poco se cortó por la adrenalina.
— ¡Hk!
Jalando irreflexivamente la puerta con sus delgados brazos, intercaló sus rodillas y sus pies para salir
como una bala.
— ¡...!
Oyó un grito, pero no lo comprendió. No se detuvo y al salir finalmente de la habitación, empujó con su
cuerpo la puerta y le colocó seguro.
— ¿¡...!?
Aun sin entenderlo, saboreaba la rabia detrás de sus gritos.
Colocó todo lo que pudo mover con su frágil figura, desde muebles, objetos pesados y todo lo que se le
viniera a la mente. Procuró ser rápido y lo más prudente posible.
Cuando la puerta retumbaba bajo los golpes alocados de la persona adentró del cuarto, se fugó al pasillo
principal en busca de alguien.
Entró en una habitación entre jadeos, sosteniéndose en sus rodillas exhaustas.
Avanzó por la habitación de colores suaves y coloridos, con cortinas que ocultaban el sol de la parte
exterior de la ventana. Ignoró todo los objetos allí presentes, todos pertenecientes a la persona que
buscaba con anhelo.
Y esta persona yacía metida en una cuna de madera pintada de blanco, rodeada de peluches y juguetes
para su disfrute.
Si iba a abandonarlo todo, quería al menos traérsela con él.
… Ah...
Su visión de volvió negra.
Las yemas de sus dedos que tocaron sus orondas mejillas…solo tocaron piel fría.
—…
Con todo su ser petrificado como una estatua, concentró sus ojos en la pequeña criatura acurrucada
entre mantas.
Su piel, además de fría, no tenía el color rosado con el que nació, mostrando el color de la muerte a
través de sus labios amorataos. De ella no prevenía ningún movimiento u oscilación en su pecho, tal
como una muñeca.
Y entonces supo por qué…
Su cuello estaba constreñido.
Le vino la imagen de la mujer que entró furiosamente a la habitación.
Su madre…
Antes de eso, recordaba que estaba jugando con su hermanita… Su madre le instó a hacer sus deberes
de la escuela, haciendo que se marchara de la habitación y dejara a su madre con su hermanita.
Su madre, se quedó con ella…
Se quedó con ella.
Se quedó con ella…
—…
Luego pasó todo eso atrás...
Así que nunca estuvo normal...
Llorar sería normal. No sería raro que ahora mismo llorara y se acurrara abatido en el suelo y se rindiera
ante la tristeza. Pero sus ojos no produjeron lágrimas, y solo el pecho le dolía tanto como para querer
gritar.
Cuidadoso de no maltratarla, la sostuvo gentilmente en sus brazos…
Quería…al menos, darle un entierro digno…
(…)
Salir no mejoró nada.
Lo único que vio fue rojo.
La casa de su amigo de infancia estaba en llamas. Alrededor, sus amigos, vecinos, conocidos, todos
estaban levantándose contra ellos mismo, asestando golpes de machete, usando palos de madera, o
usando los puños desnudos.
No, no, no, no…
Todo estaba quebrado.
Queriendo no volver a pensar en la agonía que todo esto le causaba, abrazó el frío cuerpo de su
hermanita, queriendo obtener consuelo de ella aun luego de la muerte. Ella fue la única que no le
mostró maldad ni malos deseos.
—…
Esto no era real.
Sí, no era real…
Mañana iría a la escuela, fastidiado de enfrentar el molesto profesor que se creía el último erudito del
mundo. Hablaría relajadamente con sus compañeros de clase. Sus amigos lo molestarían por su cara de
niña como usualmente lo hacían, y al final del día su padre lo vendría a buscar para regresar a casa… Su
madre estaría ya preparando la cena, esperándolos a ambos.
—…
Papá, mamá…
El cambio que sufrieron iba más allá de lo inhumano. No podía reconocerlos de lo que fueron una vez,
pese a que este desastre solo comenzó hace una hora y media.
No comprendía cómo pudieron ir las cosas tan mal en tan poco tiempo. Parecía una pesadilla.
Por eso, solo se resignó a pensar en el mañana que nunca llegaría. Ensimismado con las falsas
esperanzas de reivindicarse con una realidad inexistente.
Al menos quería morir con esos pensamientos pacíficos… Al menos quería desaparecer mientras su
mente divagaba en la falsa felicidad de mañana…
Pero esta felicidad de mentira explotó con una intervención externa.
— Que patético…
— ¿¡...!?
Aversión, desagrado y asco brotaron de aquella voz juvenil como si hablara del objeto más repugnante
de la tierra. Su corazón fue herido gravemente por la crítica implícita dada con suma aspereza.
Su alma se abatió grandemente, y provocó que sus ojos fuertemente cerrados, se abrieran a la silueta
que desplegaba una sombra sobre él.
Encogido, enfocó unos ojos salidos del infierno, de rojo granate y mechones negros que los cubrían
parcialmente. El resto de su cuerpo iba cubierto con un abrigo marrón ceniza, y por dentro de él podía
vislumbrar ligeramente una bufanda oliva envuelta en su cuello, que seguramente traería calor a la
persona en cuestión.
Desenfocado por el humo de los edificios incendiándose, se quedó en silencio.
No recordaba ver antes a este hombre joven, que tenía facciones infantiles pero una mala mirada de
villano.
No era un aldeano. Parecía más un viajero o un criminal buscado por el reino, eso seguro.
Cabía otro matiz que las demás personas no portaban.
Diferenciándose notablemente, no parecía consumido por el odio o estar en un estado agresivo, en vez
de eso tenía molestia grabada firmemente en su ceño.
No era que odiara todo el mundo, solo a él.
Esta idea lo estremeció.
Por estar absorto en sus miedos, no supo en qué momento este chico abrió la boca y comenzó a
hablarle.
— Eres realmente patético…
—…
Su voz no era más madura de la que su imaginación previó, pero fue herido gravemente por el rechazo
que colocó en palabras austeras. Siquiera los gritos de su padre lo hirieron tanto… ¿Qué quería decir,
exactamente?
— ¿Quieres morir?
— Hk…
— Si quieres morir, no me importaría echarte una mano.
Inclinando la cabeza con soltura, el chico le explicó que podría ayudarlo con su deseo.
—…
Dado su pequeño cuerpo y capacidad similar a cero en lucha, no sería una luz complicada de apagar.
Este chico, con una mirada oscura, sería capaz de darle una muerte rápida, al menos eso era seguro.
Entonces…
¿Por qué estaba tan asustado?
Sus manos una vez más volvieron a temblar.
Tenía miedo, tenía mucho miedo.
Debería ser normal aceptar la muerte ahora que su vida estaba destruida. No tenía razones para
aferrarse a la vida, y estaba aquí, estático por la amenaza implícita de un hombre desconocido.
— Entonces, supongo que procederé…
Orochi, encogiendo los hombros, alargó su mano a la cabeza del niño tirado en el suelo…para que…
— ¡...! ¡―Hk!
El niño reaccionó velozmente y se tiró atrás, abrazando más fuerte al bebé. Su rostro se contorsionó de
miedo y permaneció alejado de la mano de Orochi.
Su intención le quedó clara.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Orochi.
— Supongo que aún le tienes algo de apego a la vida.
—…
— Entonces eso me facilita las cosas. Tal y como podrás ver, este lugar no es seguro, y por lo tanto…
— ¿Eh? ¡—Wah!
Emitiendo un ruido de duda, el niño de un momento a otro estaba mirando el suelo, con su cuerpo
suspendido encima de un hombro y una mano que lo sujetaban. Fue una dura tarea mantenerse
aferrado de su hermana, y el cambio repentino de postura le dio un breve letargo.
No sabía por qué, pero ahora el chico lo cargaba.
—… Te llevaré conmigo…
— ¿E-Eh?
— No es que personalmente me importe, pero si deseas seguir sosteniendo esa cosa, agárralo bien…
—…
Y junto con un niño sobre su hombro como un saco de patatas, Orochi se marchó de ese caótico lugar,
directo a la plaza donde estaban las demás personas inconscientes.
Todo sin saber la identidad del causante de este trágico evento.
(…)
— Oh, no, no, no, no, no… ¿Qué es esto?
Sacudiendo sus cuerdas vocales, una voz seductora y de labia filosa graznó maldiciones ásperas nada
propias de su género. Algunos mechones largos de cabello entre plateado y blanco revolotearon
cercanos a sus mejillas.
El viento soplaba libremente sobre ella, y el aire caliente de las llamas consumiendo la ciudad le
entregaban una cálida bienvenida que solo ella podía disfrutar.
Este escenario no podía ser más perfecto. Los personajes fungiendo sus papeles a la perfección, la
atmósfera hirviente de emociones turbulentas y el curso consecuente al que consentía su guion fueron
razón de gozo. No sería su culpa si rompiera a bailar…
Pero aparecieron ellos…
Personajes que nunca antes había visto. Personajes que no creó, y que se adentraron dentro de su
guion, provocando discrepancia. La historia que se suponía real y verdadera, ahora se alejaba del final
que ella quería. Eso no podía ser real.
Porque sus guiones eran perfectos, sin errores ni personajes sin utilidad.
Pero ellos arruinaron sus esfuerzos y pisotearon su trabajo duro, haciendo que el curso de su guion
cambiara a otro cuyo final desconocía.
Y eso no le agradaba.
El trabajo de un guionista era crear una historia. Si ella no sabía el final de dicha historia, no podía
reclamarla como su obra.
Enterró sus ojos blancos sobre ellos, sumamente molesta por su intromisión.
— Aunque algunos merecen un puntaje alto en apariencia, es impensable que hayan entrado sin
permiso en el escenario.
¿De dónde habían salido?
Debido a esta incongruencia, todo estaba arruinado…
Pensar en el resultado de ello le provocó una ola de ansiedad. Su mano automáticamente subió a su
mechón de cabello y lo enruló entre sus dedos. Claro indicador de que su irritación trascendía lo normal.
La otra persona parada a su lado se encogió por esto. La irritación de su maestro era todo menos bueno.
Temía convertirse en objetivo de su molestia.
Aunque además de ella, tenía su preocupación principal puesta en otro lado.
El aire caliente que flotaba del fuego intenso llegaba a la altura del campanario que les servía como base
temporal. Estaban puestos en la parte más alta, al lado de la enorme campana colgante.
Su maestra tenía el hábito – No sabía si catalogarlo de malo o bueno – de estar en el lugar donde llevaba
a cabo sus "obras". No era del tipo de persona que esperaba en la comodidad de su oficina por las
buenas noticias de sus subordinados.
En primer lugar, no tenía muchos que sobresalieran en fuerza real.
Pero ante todo, ella disfrutaba los resultados de su "duro trabajo", como ella lo llamaba. Solía llevarlo
como acompañante, alegando que era más gratificante tener a alguien que apreciara lo hermoso de la
vida.
Enfatizó con sus ojos esa figura que iba de un lado a otro, noqueando personas como si solo atrapara
insectos.
Su cabellera naranja como el sol ocultándose le envió escalofríos nostálgicos a su pecho.
Era algo de lo cual no podía escapar.
—…
En silencio como de costumbre, observó impacientemente los hechos que ocurrían. De su parte no
provenía ni ayuda ni malos actos, solo se limitaba a contemplar como un mero espectador.
— Mizue, estás extrañamente tenso…
— ¡...!
Golpeado por esas agudas palabras susurradas de cerca, se arremolinó sobre él una pesada carga de
nerviosismo. Evitó a toda consta que se reflejara en sus facciones. Afortunadamente, los años tortuosos
que vivió hicieron su rostro de marfil, casi sin la capacidad de poner expresiones variadas.
—…
Se limitó al silencio.
Esto podría hacer que su cabeza acabara rodando. Esta mujer no era una mera persona que pudiera ser
burlada.
— Oh, ya veo…
—…
¿Había sido descubierto? Si era así…
— ¿También te sientes desanimado? Lo entiendo… No esperaba que nada de esto sucediera…
Acariciando su cabeza con una mano, ella le prodigó afecto.
Pero no logró abrirse paso al corazón de Mizue. Hace mucho que se cerró antes las dulces pero
engañosas palabras que solía lanzar elípticamente.
Sería más parecido al oír la misma oración una y otra vez. Perdía su significado y se volvía insuficiente
para acceder al corazón de la persona.
Pero ella nunca profundizó sobre ello, y siguió acariciándolo como si fuera una mascota.
— Buen chico… Ahora, es tiempo de que eliminemos estos personajes alborotadores…
—…
La afirmación inauditamente oscura dio un tirón de sus mejillas.
Cuando su maestra mencionaba la palabra eliminar, no se refería a simplemente echar a un lado los
nuevos personajes…
— De todos modos, podría conservar uno de ellos, para no desaprovechar su linda cara—
— ¡Maestra!
— ¿...? ¡—ha!
Fue veloz, bastante veloz.
Solo logró llamarla, y en el siguiente segundo, una mancha de sangre se abrió del pecho de su maestra.
—….
— ¿Q-Qué…?
Del interior de sus costillas y un poco más a la derecha, una afilada hoja yacía atravesada. La
empuñadura acabaría detrás de su espalda, indicando que el arma fue utilizada como un dardo.
— M-Maestra…
Claro que, al llamarla, ella se movió un poco y evitó un golpe que empalara su corazón, pero la herida
estaba lejos de ser superficial. Si no la atendía pronto, moriría.
—…
Si ella muriera, sería finalmente libre. Sería libre totalmente…
—…
Si tan solo la dejaba desangrarse…
—M-Mizue… T-Tenemos que irnos…
—…
— ¿M-Mizue?
Con extrema ternura en su voz, ella lo llamó, haciendo que despertara de la oscuridad de sus
pensamientos.
— ¡S-Sí!
Su propia estupidez lo sorprendía. Si la dejara morir todo se resolvería, pero ahora que ella se lo pedía,
no podía ir en contra de su orden.
Supongo que ya estoy completamente domesticado…
Amargado internamente, sostuvo delicadamente a la dama, sin remover la espada.
Si la sacara, ella moriría desangrada. Tenía que transportarla a la Base principal del Templo con ella.
—…
Por Dios… ¿Quién había hecho esto?
El ataque provino de la nada y con una exactitud aterradora. No sería fácil lanzar una espada recta y
atravesar su objetivo como si fuera mantequilla. De entre todas las personas que entraron
clandestinamente en la aldea, ¿quién habrá sido?
Debía ser alguien aterrador.
Enterrando el miedo, se marchó en un flash de luz junto con su ama. El campanario quedó en paz una
vez ellos se fueron, y el miasma negro que el lugar emitía se dispersó como arena.
(…)
— Fui descuidado…
Murmurándose en voz alta esta reprimenda, Alexander se peinó el cabello algo desarreglado por la ida y
vuelta a cada esquina de la aldea noqueando personas. Su traje estaba algo sucio, pero seguía viéndose
solemne.
El uso de su providencia "Producción indumentaria" hacía que aparecer ropa del cualquier tipo fuera
pan comido. Verdaderamente, una extraña habilidad que le entregó los cielos como compensación por
los años en que conseguir ropa era un reto.
Debería agradecer por ella, pero era una providencia bastante ridícula si la analizaba fríamente.
Ahora mismo, la espada ceñida a su cintura – Que por razones obvias evitó empuñar contra los
ciudadanos – ya no estaba.
¿Por qué ya no la tenía? Eso era simple de responder.
Le llegó un momento de trance, un segundo en el que su cuerpo se aislaba de su conciencia y llevaba a
cabo acciones de las que no tenía idea.
Para cuando regresó en sí, solo logró avistar su espada volando por los aires como un dardo surcando en
línea recta. Decir que recuperarla era nada más que un sueño con la velocidad que llevaba era
deprimente, así que se rindió con recuperarla por ahora.
Mientras no la robaran, podría encontrarla por allí cuando todo esto se calmara, aunque seguía sin
entender por qué la lanzó en primer lugar...
— Uuuu…
— Vuelve a dormir…
Pisando la nuca de una persona que extendía la mano hacia él, apagó la conciencia y se desentendió del
dolor que luego sufriría por el golpe.
— ¿Eh…?
Parpadeando múltiples veces, se llevó la mano al mentón perfilado, presintiendo algo en el aire.
La respiración se hacía con más ligereza y su cuerpo no se sentía pesado. Podía moverlo más rápido que
antes. Otra cosa a mencionar sería la ansiedad que se removió sola y dio paso a una mente más
despejada.
¿Tenía que ver con la Iinfluencia que afectaba las personas?
— De todos modos, llevemos estas personas a la plaza…
Cogiendo tres con una mano, y dos con la otra, caminó hacia la plaza que servía como depósito de
cuerpos.
Todo sin saber, que el desastre fue repelido gracias a su gallarda participación.
(…)
— ¿Cómo están todos?
— Tuve que estabilizar a algunos con primeros auxilios, y a otros los volví a poner a dormir cuando
mostraron signos de despertarse…
Con Mistic dando un corto reporte al caballero de cabello color salmón, el grupo finalmente se reunió.
— ¡Alex-Sama!
Urano fue la primera en abordar al apuesto hombre de mirada gentil.
Pero trayendo con sus cabellos a muchas personas. Parecía un racimo de uvas en tiempo de cosecha.
Tanto Mistic, como Alexander, se cubrieron las bocas con un ademán atrasado, soltando una corta risa.
— ¿Eh? ¿Por qué se ríen? No recuerdo hacer nada gracioso…
— Perdóname, Urano-San… Solo perdí la compostura, nada más…
"De todos modos, pon las personas allí. No creo que sea sano tenerlas de cabeza durante tanto tiempo".
Ella obedeció cabalmente sus indicaciones, sin percibir la molestia del personaje de cabello negro que
estaba a unos metros.
—…
Viviendo detrás de él, aparece un hombre precioso y de cabello naranja, Sonata.
El miró encima de su hombro.
— ¿Puedo preguntar por el niño que sostienes?
— Nada del otro mundo, ya estaba por ponerlo allá…
Rezongó en voz baja el chico, viéndose más lejos del caballero gracias a la cooperación de sus pies.
Sonata notó esto, enarcando las cejas por su negativa de estar más cerca de un metro suyo. No creía ser
tan desagradable…
— Hk….
— ¿...?
Gimiendo atemorizado, el niño se encogió en su sitio. La mirada que Sonata posó sobre él provocó un
vuelco en su estómago.
— Hazme el favor de no mirarlo. Ha estado con pánico durante un rato…
— Entendido… Parece un problema que no será fácil de resolver…
— Tampoco es que sea responsabilidad mía. La culpa la tiene que causó todo este desorden…
Expresando rencor por quien causó trabajo extra a sus manos, Orochi incitó el fruncir de cejas. La razón
por la cual el niño no estaba con los demás, era porque su pánico era de tal manera, que podría acabar
con un episodio obsesivo en cualquier momento.
No sería extraño. Su vida cotidiana cambió de golpe y su familia estaba muerta. Sufrió graves heridas
psicológicas que tardarían meses, sino años, en sanar.
No era imposible que nunca pudiera recuperarse. Como mínimo tendría un trauma inherente de por
vida.
— Aunque es cierto que es difícil mantenerlo así…
Diciendo que era fastidioso, Orochi bajó el niño de su hombro al suelo de piedra. El chico en sus
primeros años pre-adolescentes se tropezó y cayó en sus rodillas, aferrándose con una mano al abrigo
marrón de Orochi como seguro.
— No parece querer despegarse de ti.
Como un caballero, Sonata quería tranquilizar al niño como parte de su trabajo, pero no creyó que
tendría el efecto deseado.
— Es solo temporal. En cuanto aparezcan sus padres se despegará… Si es que siguen vivos, claro…
—…
Era realmente lamentable oír eso, pero era posible que ahora no fuera nada más que un huérfano. Con
suerte al menos tendría uno de sus padres con vida, pero nada era seguro.
Y que ante todo, la mirada oscura del niño se enterneció de terror con la mención de sus progenitores,
apretando sus dedos sobre la ropa de Orochi.
No quería saber nada de ellos. No quería oír de ellos. Tenía miedo.
Percibiendo su temor, Sonata desechó el tema por ahora, guardando silencio.
— ¿Eh?
Sonata, ahora vigilante de los movimientos de su caballero favorito, alzó la voz teñida de confusión,
llamando tanto la atención de Orochi, y Alexander.
— Alexander-Sama, ¿Qué pasó con su espada?
— ¿Ah? Eso, bueno…
El adonis de ojos fucsia se rascó la nuca, visiblemente apenado por tener que decirlo.
— La perdí.
— ¿AH?
Exprimió su voz con más fuerza, asustando al buen hombre.
— D-Dije que la perdí. P-Pero no te preocupes, seguro la encontraré por ahí—
— ¡Que cosa tan grave! ¡Hay que encontrarla de inmediato!
— ¿Eh? No es necesario, solo es una espada—
— ¡Estamos hablando de la espada de Alexander-Sama! ¡Literalmente es una reliquia!
— N-No creo que sea tan importante. La conseguí de una tienda cualquiera y de un herrero cualquiera…
— Urano-San, busquemos la querida espada sagrada de Alexander-Sama, ahora mismo…
— ¡Cierto! ¡Es su queridísima espada! ¡Incluso me hace estar celosa…! ¡Vamos!
— Sí.
— ¡No recuerdo mencionar que fuera sagrada! ¡Esperen, chicos…!
Pero nadie oyó las súplicas del caballero. El insólito dúo recién formado se marchó en la búsqueda de la
amada espada de su ídolo. Ni siquiera Orochi pudo detenerlos.
Sonata no usaría esta oportunidad para huir, ¿verdad?
Urano estaba con él, así que no debería poder escapar…
—…
Entonces ¿Por qué se sentía intranquilo?
¿Sería por la extraña hermandad con Urano?
No, claro que no. Ese no era el caso.
— Tch…
— ¿...?
Asido de su ropa, el niño giró la cabeza hacia el irritado Orochi, que en algún momento de desliz chistó
la lengua dentro de su boca.
— Ah… ¿Y ese niño?
Alexander, cerciorándose de la condición de las personas bajo su cuidado, encontró en su línea de visión
al niño aferrado de las ropas de Orochi, preguntando automáticamente por él.
Reflexivamente se colocó a su altura, poniendo un rostro gentil.
— ¿Estás bien? ¿No te duele nada?
—…
— ¿...? Puede que no lo parezca, pero soy un caballero del reino. Ten seguridad de que ahora estás a
salvo—
Intentando congraciarse con él, estiró la mano para acariciar su cabeza y apaciguar su miedo, pero
obtuvo el efecto contrario a sus deseos.
— ¡...!
Alejándose torpemente, el niño de cabellos rubios presionó los molares y usó a su rescatista como
impedimento para que el caballero lo tocara. No era necesario aclarar que le tenía total pavor a un
hombre que parecía salido de una historia de caballeros.
—…
Alexander, presintiendo su pánico, frunció preocupadamente las cejas. Le dolía ser rechazado, pero más
le abatía que un niño pequeño tuviera ese terror grabado en su rostro. Era triste de mirar.
Si Alexander – Con su gracia y popularidad – no podía ganarse al niño, ninguno de los presentes allí
podría.
Tal vez su familia podría hacerlo…
Orochi negó dentro de su cabeza. Encontró al niño huyendo de su casa, no podría esperar nada
pintoresco de esa circunstancia.
— No te molestes, Alex. No parece querer relacionarse con nadie por ahora…
Alexander se levantó del suelo, algo abatido por ser temido como si fuera un monstruo, un acto
inevitable de un niño aterrorizado.
— Sí, lo entiendo. Lo entiendo, pero sigue doliendo…
Sonriendo a medias, lo mira de vuelta.
—… Pero no parece especialmente receloso contigo…
— En cualquier momento se despega…
— No creo que sea pronto…
Con una mano en la barbilla, Alexander expresó su aprensión con la visión futura de Orochi, pero no
presionó más allá de eso.
— De todos modos, tendré que lidiar con este problema por mi cuenta.
Orochi arqueó las cejas.
— ¿Este problema…? ¿Te refieres a todo esto?
— Lo dije ¿no es así? Soy un caballero, y como uno, debo proteger la confianza de las masas. Supongo
que en estos momentos tendré que depender de mi reputación…
Eso sería espantosamente efectivo si lo usaba sabiamente. Las personas solían aferrarse de algo, y ese
algo podía ser Alexander con su reputación heroica.
— Tendrás las manos llenas.
— Lo sé. Y lamento haberles causado tantos problemas…
— Podría aceptarlo sin más, pero dudo que Urano y Sonata lo miren de esa manera.
Desde su punto de vista, estarían encantados de haber ayudado activamente a su ídolo.
— Gracias. Definitivamente te pagaré por toda la ayuda que me dieron…
— No tiene que ser ahora. Que sea cuando todo se haya calmado…
Era preferible pasar con perfil bajo. Si pedía una compensación ahora solo presionaría
innecesariamente.
— Qué situación tan precaria… Pero al menos ya nadie se volverá violento…
— ¿...? ¿A qué te refieres?
—Ah, supongo que no es tan obvio, pero la Influencia que provocara el odio de los ciudadanos ha
desaparecido. No estoy seguro del por qué, pero el aire no se siente pesado como antes.
Aunque fue gracias a Alexander que esa preocupación ya no existía.
Solo que él no lo sabía.
— Ah…
Este tipo…
—Así que puedes ser útil de vez en cuando…
— Gracias, yo también es estoy sorprendido de… Espera, ¿qué dijiste?
— De todos modos, hay que apagar el fuego o no quedará nada de la aldea.
— ¿Eh? Ah, cierto…
(…)
— ¡Un brindis por conocer a una celebridad!
— ¡Sí!
— ¡Y por participar con él en una batalla importante!
— ¡Sí!
— ¡Y por recibir su agradecimiento y promesa de hacer una visita en un futuro!
— ¡S—
— Ya hagan silencio, ¿quieren? Es imposible comer con todo este ruido…
—… Ah, lo siento…
Se disculpó Sonata con su copa de jugo llena, sonriendo agradablemente.
Y Urano, la principal precursora del escándalo a la hora de cenar, quedó en trance por la intromisión
repentina de su líder que yacía a la mesa.
Con su vaso rebosante de jugo – Tenía prohibido por muchas razones beber – ella incitó al otro caballero
para hacer un brindis por fungir como compañeros un corto tiempo con Alexander, pero a Orochi no le
agradó el escándalo y la calló cuando la emoción estaba en la cúspide.
— Uh, Oro-Kun… No seas aguafiestas…
— Tú eres la aguafiestas. ¿No ves que molestas a los demás que desean comer en paz?
— No veo que Mistic se queje.
— No es que suela hacerlo…
El rubio sonrió a medias, comiendo en silencio. Antes usualmente habría respondido con una sonrisa sin
preocupaciones, pero ahora se limitaba a hacer asentimientos formales y pocas entradas a la
conversación.
Orochi repasó con su mirada a su compañero, preocupado internamente por su falta de aliento.
Bueno, lo de hoy fue agotador…
Y ahora tenían que lidiar con este caballero. ¿En qué momento se introdujo a la mesa junto con ellos
como si fuera parte de la casa?
— Oe…
—…
— Oe, tú…
¿Se hacía el sordo?
— Ah, disculpa, ¿estabas hablando conmigo?
El oji-púrpura ladeó la cabeza confusamente, sin esfumar su sonrisa de dientes blancos. A Orochi le
tembló la ceja.
—…No puedo responder si no me llaman por el nombre, es inevitable…
Se disculpó, pero no hizo acciones para abordar por qué lo llamaba.
¿Este tipo quería una puñalada?
— Sonata…
— ¿Sí?
— ¿Qué haces a la mesa?
— Comiendo.
— ¿Y quién te invitó?
— No parecía necesitar invitación.
— ¿En qué momento—
— Nata-Kun, ¿quieres más comida? Te serviré más ahora mismo… Después de esto habrá postre…
— Gracias por tu consideración, Urano-San…
—…
Orochi apretó los dedos alrededor de su tenedor.
Esto era insoportable. Se preguntaba cómo lidiaría su hermano con esto. Seguro lo haría mejor.
Estaba cansado para seguirles el juego. Continuó comiendo sin importar si estaban celebrando
abiertamente con sonrisas tontas grabadas en sus rostros, o si trataban de jalar a Mistic con ellos.
Pero no solo estamos atascados con Sonata, sino también con el mocoso…
Literalmente tenían las manos llenas con personas problemáticas.
Concluyendo en pocas palabras, el niño los siguió desde la aldea con cuenta propia hasta llegar a la
cabaña donde ellos vivían. Orochi no pudo hacerle desistir a mitad de camino, y pensó que cuando
cayera desmayado por la falta de oxígeno lo regresaría rápidamente, pero nunca sucedió y acabó
teniendo que dejarlo entrar por insistencia de Urano y Sonata.
El vaso acabó golpeando la mesa.
— A este paso todo el mundo sabrá sobre este lugar, ¡demonios!
— Debo decir que me sorprendió, tuve dificultades para vivir aquí los primero meses, pero él llegó
invicto…
Sonrió Urano…
— ¡Oh! ¿Entonces eso me haría la hermana mayor? Eso me gusta. Debería decirle que me llame "Onee-
Sama" o "Onee-Chan". ¿Cuál suena mejor, Nata-Kun?
— Anee-Sama suena bien…
— ¿No es muy intimidante?
— Creo que lo merece. Te ves como una persona confiable.
— ¡Oh, gracias! Tú también, hermano. Ambos seremos grandes hermanos mayores.
— Sí.
— ¿De qué tonterías están hablando?
— Oh, vamos… Oro-Kun, no seas malo… Nata-Kun nos ha ayudado mucho hoy… Habríamos quedado
muy heridos por esa lluvia de brea o lo que sea… Hay que darle su elogio…
— Hmph…
— De todos modos, ¿en qué habitación dormirá…?
— No quiero molestar innecesariamente…
— Podrías ser con Oro-Kun…
— Me suicidaré si eso ocurre, o lo mataré en el acto…
—… O podría ser con Mistic…
— ¡—cofcofcof! ¡Cofocof!
— ¿¡Mistic!? ¿¡Estás bien!?
El rubio se volvió azul, lagrimeando por la constante aflicción de estar sin oxígeno. Urano tuvo que
desistir con la idea.
— O conmigo—
— Debo rechazar la oferta, Urano-Chan.
Sonata le entregó una sonrisa profesional, levantando la mano de guante negro.
¿Y en qué momento cambió su apodo por uno más informal?
— No creo que sea correcto dormir en la misma habitación de una dama…
— Oh, lo entiendo. Discúlpame por eso… Pero entonces…
— Vi un sillón en la sala, puedo dormir en él.
— ¡Ah, cierto! Debería bastar por ahora.
Sonriendo como una flor en primavera, palmó la espalda del peli-naranja.
¿No estás siendo muy amistosa con él?
Con Orochi preocupándose hasta sonrojar sus orejas de la ira, la cena avanzó corridamente. Urano se
ofreció para llevarle un plato de comida al niño cuando ya iban terminando.
(…)
Unas horas más tarde ese mismo día… Dentro de una cabaña de aspecto sospechoso y tenebroso, una
pequeña persona se acurrucaba entre sábanas.
— Mmm…
Incómodo, removió sus piernas, cuyas rodillas se asomaron por los pliegues de la sábana enroscada
sobre él. Sus manos yacían debajo de su cabeza, mientras sus codos permanecían inclinados y su mirada
no encontraba nada que ver. La oscuridad era su devoto compañero, pero ahora mismo la soledad era
imposible de espantar.
Sobre todo ahora que tenía tiempo de pensar las cosas.
—… Ugh…
Lentamente cayó en cuenta de la gravedad que era perder a su familia. Ya no tenía la cobertura de sus
padres, ni tampoco la compañía de su hermana. Sinceramente no entendía cómo es que seguía vivo ni
para qué.
¿Qué podía hacer un niño impotente como él?
Quería vivir, pero a la vez deseaba dejar de sufrir…
Aun con todo lo que sufrió y la pesadez de los recuerdos que lo perseguían, no quería morir. No quería
experimental aquello de nuevo. Quería dejarlo en el olvido.
Vivos perfiles de sus padres aparecieron en sucesión, como el comienzo del día y la manera en que
acabó. Toda su vida se hizo añicos en menos de unas horas. Era impresionante lo rápido que lo perdió
todo en tan poco tiempo.
Y como si las llamara urgentemente, gruesas y cálidas lágrimas se colaron dentro de sus ojos, fluyendo
como ríos por su rostro desfigurado por el arrepentimiento y el dolor.
— U-Uh…
Jadeando por la falta de aire que no era causada por nada más que su hipo por llorar, se arremangó en
un ovillo, mezclándose con la oscuridad y las sábanas.
(…)
Pasos resonaron por las tablas de madera, fueron silenciosos, pero con algo de nerviosismo mezclado
con su sigilo.
— No debería…
Diciéndose esto en un susurro lamentable, el niño continuó caminando en medio del pasillo oscuro.
Caminando un poco más, llegó hasta la sala. No conocía mucho esta cabaña, pero debería decir que era
más grande por dentro de lo que su fachada le hacía creer. Tardó un tiempo en llegar hasta allí.
— Fu… Mala suerte…
Decepción y frustración se mezclaron en su voz infantil por la persona que encontró.
Dormido, y cubierto por una sábana cálida, el buen caballero de cabello color del ocaso mantenía sus
pestañas adornando sus ojos cerrados. Su manera de dormir era parecida a la de los ángeles, y apenas
movía el pecho con cada respirar. Se veía hermoso, como una estatua congelada en el tiempo. Seguro su
descendencia también sería hermosa. Honestamente realzaba los sentimientos negativos como la
envidia.
Arrugó su entrecejo, tratando de remover la inconformidad de su pecho.
El lugar donde dormía no era bueno. No por incomodidad o porque haya encontrado algo desagradable,
sino por la soledad de estar allí.
Por ello ahora traía entre sus brazos una abultada almohada blanca.
—…
Si se movía sabiamente, podría acomodarse en el sillón que usaba el caballero de cama. Podría hacerlo,
pero…
¿Y si al despertarlo provocaba su ira?
No creía que fuese el caso… pero…
Después de lo ocurrido con sus padres, no creía en nada.
Por su poco trato con él reconocía que debería ser una buena persona, un caballero entregado para
proteger la ciudadanía del reino, y aun así…no podía confiar en él.
Porque sus padres también fueron buena gente. Solo por creer en algo no lo hacía real.
—…
Con la primera puerta bloqueada, buscó otro lugar con la almohada entre sus brazos.
¿Bajo la mesa? No sonaba cómodo.
Y seguro tendría un montón de polvo…
Tsuii…
Deslizando el dedo por la superficie de la parte inferior de la mesa, descubrió maravillado (Y algo
asustado) que no había ni una mota de polvo.
— P-Pero podría haber bichos…
Por no encontró ninguno en su exhaustiva búsqueda. ¿Debería rendirse y quedarse bajo la mesa?
— No, debo buscar un poco más…
Si no encontraba nada mejor, regresaría aquí.
— Aunque debería haberme traído las sábanas, ahora que lo pienso…
Los soliloquios se hicieron habituales ahora que se sentía solo. Hablar consigo mismo atraía el
sentimiento de compañerismo, aunque fuera falso y solo negara lo obvio.
— ¡¡...!!
Atrapado, se encontró con la aparición fantasmagórica de una silueta oscura y mezclada con la
oscuridad, con infames puntos rojos fijándolo como objetivo.
Ellos se deslizaron como luciérnagas, deteniendo su corazón.
Decir que casi se desmaya no sería broma. Literalmente sintió que el corazón se le moría, y apretó la
almohada hasta pensar que le sacó el relleno.
Y sin embargo no gritó, solo un jadeo inentendible debido al miedo.
—¿...? ¿Qué haces aquí?
—¿¡...!?
El fantasma habló. De verdad habló… ¡Esa cosa habló con voz de humano!
Abrazó la almohada como si su vida dependiera de ello, preparando sus pies para salir corriendo en
cualquier momento…
Pero, un intrépido acercamiento de la silueta negra impidió que se moviera, quedando sus ojos
prendados de él.
Y fue que lo reconoció.
—¿...? ¡Ah!
Sus ojos arropados por una cortina se hicieron claros. El fantasma ahora se convirtió en un chico joven y
de cabello negro, que llevaba una bufanda oliva enroscada en su cuello y ropa negra de dormir. Era
espeluznante que no se oyeran sus pisadas en las tablas de madera.
—… Hk…
Este chico era su benefactor, Orochi. Al parecer no tenía apellido, y fue quien lo recogió cuando
escapaba de su casa.
Mientras el chico en sus años entrantes a la adolescencia se consumía los sesos, Orochi espabiló
resueltamente y se enfocó en el niño.
Su cabello rubio permanecía peinado aun dentro de sus movidas circunstancia, más sus ojos ahora eran
pozos negros de brea. ¿Siempre fueron así? No poseía dudas de que antes del desastre posiblemente
fueron unas gemas de colores. Era una lástima que ahora no tuviera vida.
Sus ojos bajaron lentamente a sus manos.
En sus manos tenía una almohada.
Que lo mirara directamente provocó un aumento en la presión arterial del niño. Temía volver a repetir la
pasada experiencia, y por lo tanto su cuerpo se mantenía alerta a cualquier amenaza. Claro que el
sentido de peligro con este chico era menor que con los demás, pero seguía sin estar seguro de poder
confiar en él.
—…
Separando su boca, el ser de cabello negro comenzó a decir algo. El niño contuvo el aliento…
— ¿No puedes dormir?
—…
Quedó estático por lo que dijo. Rápidamente se lanzó a responder torpemente.
— S-Sí…
Confesó tímidamente, bajando su cabeza.
Pero Orochi no lo miró mal y solo se inclinó.
— No estoy enojado por eso. Todos de niño hemos tenido alguna noche en la que no durmamos bien. Es
inevitable.
—… ¿En…serio?
— Sí. Yo particularmente, me aprovechaba de eso para dormir con mi hermano…
Y ahora que lo pienso, no notaba lo harto que estaba de mis visitas a media noche…
Guardándose eso para sí mismo, Orochi tosió entre dientes.
— De todos modos, no puedes dormir cómodamente… ¿El espacio es demasiado pequeño?
Más que una habitación, era una habitación del pánico hecha para esconderse en momentos de
emergencia. Si empujaba correctamente la pared de al lado, encontraría un pasadizo para escapar.
— No es eso… Es solo que… no sé…
— Oh, ya veo…
Orochi no necesitaba más que eso para entender. El niño no quería estar solo. No era idiota como para
ignorarlo. Ahora debía estar pasando por un profundo momento de depresión. Aunque quisiera, no
podría excavar en sus emociones más íntimas.
Por ello no percibió lo que pensaba su hermano antes de que cumpliera los 15 años.
No, no es momento de pensar en eso.
Frunciendo el ceño por andar pensando en ese tipo de pelo negro como el suyo, volvió a mirar al niño.
Como era fastidioso tener que bajar la cabeza, se agachó a su altura, mirándolo a los ojos.
— Entonces… ¿Qué piensas hacer?
— Planeaba buscar un sitio más o menos cómodo…
— Si deseas comodidad y compañía, en el mueble está Sonata…
Se negó…
— Así que no confías en él, ¿eh?
Murmuró para sí. Aunque era normal que no pudiera confiar en nadie con la terrible experiencia que
atravesó. No podía culparlo.
— Entonces…
Almohada, más niño… más mirada de perro abandonado.
Ah…
Golpeando su puño cerrado sobre su palma, se regodeó de su inigualable inteligencia. Sumado eso a lo
poco que conocía del niño, era evidente qué quería.
El niño advirtió con extrañeza el gesto inmoderado de Orochi, elevando una ceja.
— Ya no tienes que andar por las ramas, niño.
— ¿...?
— Dada la ocasión especial, te permitiré pasar la noche con Urano.
Lo mejor era dejarlos en manos de alguien más dulce.
Pero el niño negó.
¿Tampoco confiaba en ella?
— ¿Y con Mistic?
Otra negación. ¿Entonces con quién iba a—
Ah...
El niño lo miró.
— Ahh... ¿Realmente quieres dormir conmigo? No soy alguien dulce.
El niño asintió.
— Bueno... Si cambias de opinión eres libre de irte. Ahora dime cómo te llamas.
— ¿Cómo...me llamo?
— Debes tener un nombre. Dímelo.
— Twi…Twilight…
— Un nombre bastante genial para una cara como la tuya, pero no está mal…
— Me lo dicen a menudo…
— Entonces, vamos…
Hizo un ademán para regresar por el pasillo a lo que sería su habitación, pero Twi ladeó la cabeza.
— ¿Ahora?
— ¿Por qué te sorprendes?
— ¿No saliste para hacer algo?
— Ah, eso…
Se acarició la bufanda verde ceniza, viéndose genuinamente amordazado.
— Quería comprobar si Sonata no estaba haciendo nada sospechoso, así que salí secretamente a
espiarlo, nada más…
—…
— No pienses nada raro, enserio. Lo hago por seguridad… No viste que estuviera intentando escapar o
prenderle fuego a la cabaña, ¿verdad?
— N-No… Nada de eso. Está durmiendo tan plácidamente que da envidia.
— ¿Enserio? Ese desgraciado… En su situación duerme tan bien…
Twilight no entendía por qué la animosidad cuando hablaba del buen caballero con cara de buena
gente. ¿No eran compañeros cercanos?
(…)
— Buenos días
~
...
— Buenos, Urano-Chan…
— Buenas.
— Buenos días, Mistic-San.
Para prisionero y captores, este modo de relacionarse estaba más allá de lo comprensible, pero nadie
mencionó tal detalle que a primera hora de la mañana carecía de sentido.
Los saludos prosiguieron naturalmente como la corriente de un río, y el mundo que entraba por la
puerta hacia el salón tomó asiento.
Bueno, solo Urano… Mistic salió a hacer el café de la mañana.
Sonata, sentado a la mesa con una mano apoyada sobre su mejilla, miró a Urano con una ceja elevada.
— ¿No irás tú…?
— ¡Eek! – Sorprendida por sus hábitos perezosos, Urano respingó. — ¡E-Es que hoy le toca a Mistic! Ayer
me tocó a mí...
— Ah, ya veo.
Lo aceptó sin más. No tenía razones para desconfiar de ella.
Con la mañana comenzando con malentendidos y gritos desesperados, otra persona apareció a la
entrada del salón.
En su cuello una bufanda de color oliva apretaba su cuello y algo de sus hombros, una extraña prenda
para usar a la hora temprana. Sobre su cabeza de desenvolvía una cabellera de color negro obsidiana,
despeinado por las largas y tediosas horas de sueño. Sus ojos rojos como el infierno se colgaron en las
personas a la mesa, y su mano se alisó los mechones rebeldes que tapaban su visión.
Este era Orochi, el líder de este extraño grupo de asesinos.
Y detrás de él estaba…
— Buenas…
Saludó Orochi sin miramientos solemnes, agitando la mano. Urano le contestó con un efusivo "¡Buenas,
Oro-Kun!". Acto seguido, empujó adelante la pequeña persona que lo seguía por la retaguardia.
Su cabello rubio como el sol en su mejor momento, más con ojos de pez muerto y con similitudes con el
abismo, mejillas suaves y rostro aniñado, dispusieron del niño llamado Twilight, que estaba peinado y
arreglado como si nunca hubiera atravesado la peor experiencia de su vida.
Abrió tímidamente su mano.
Era su forma de saludar, pero Orochi puso su mano sobre su cabeza.
— ¿Crees que eso basta…?
—…
Empujado al límite, Twi tragó saliva, mirando al dúo de personas hermosas en la sala. Lenta, pero a paso
seguro, habló:
— B-Buenos… días…
— ¡Oh! ¡Habló!
Urano fue la primera en reaccionar ante el saludo, sonriendo ampliamente. Si no fuera una experta
asesina, sería una doncella común y corriente que robaría los corazones de los chicos.
Aunque una con muchas imperfecciones, acotó Orochi.
— Oro-Kun, acabas de pensar algo grosero sobre mí, ¿no es así?
— ¿Mn? Claro que no. No digas tonterías.
¿Se dio cuenta? ¿Enserio? ¿Qué tipo de poder psíquico era ese?
Miró al otro candidato a idiota, que apoyaba la mitad de su hermoso – E irritante – rostro sobre una de
sus manos. Su cabello naranja estaba atado detrás de su nuca, y no tenía un ápice de nerviosismo
revoloteando sobre él.
Como si esta fuera su casa, y él acabara de despertar.
— Tch.
— Buenos días, Orochi….
Sonata no inquirió sobre su acto de chasquear la lengua detrás de los dientes y le sonrió
amigablemente, como amigos íntimos.
—…
Twilight lo miró. ¿Por qué? Eso era obvio.
Orochi le dijo estrictamente que al salir tenía que tener el mínimo de modales y saludar.
—…
No paró de mirarlo. No… Ahora lo estaba taladrando con sus ojos negros.
¿No dijiste que "saludar" era un rito importante?
Lo dije, sé que lo dije, pero ese tipo me saca de mis casillas, ¿sabes?
¿Esa es razón para faltar al código de modales?
Fuera intencionado o no, Twilght tenía una carga de expectativas que descargaba sobre Orochi. Su
renuencia a dejarlo era agobiante.
Orochi carraspeó, mirando asesinamente al peli—-naranja.
— Buenos…días…
Dijo, sonrojado por la vergüenza.
—…
Sonata se alegró – Aunque la mirada que le daba no era particularmente afectuosa – de corazón,
sonriendo más grande.
— Es una sorpresa que vengas junto con el niño. ¿Fuiste a despertarlo?
Mencionó sobre el chico rubio, que llegaba a la altura de la cadera de Orochi.
Orochi se rascó el cabello.
— Debido a circunstancias inevitables, durmió conmigo…
— Ya veo, durmió con— ¿Eh?
Depuesto por la descomunal sorpresa, Sonata boqueó como pez fuera del agua, quedando paralizado en
medio de su derramamiento de palabras.
Y Urano.
— ¿¡Eh!? ¿E-Enserio?
— Sí.
Aunque las circunstancias "inevitables" que mencionó no eran nada más que por sus pretensiones. No
fue obligado a nada, y no fue realmente difícil compartir la cama con el niño. Era tan silencioso que por
un momento pensó que dejó de respirar. Durante la noche se levantó unas cuentas veces a revisar que
seguía vivo y que tenía pulso.
Pero Urano lo vio de otra manera.
— También pudiste haberme buscado.
Urano, triste por ser descartada antes de saber algo, se indicó con el dedo con sus ojos llorosos, pero
Twi negó.
— Con Nii-San me siento mejor.
— ¿Eso no es decir indirectamente que te sientes mal a mi lado?
—…
Aparentemente, Twilight no era un chico hablador. Ahora mismo, evitaba el contacto visual todo lo
posible, y se ocultaba tras Orochi de la atención de Urano.
Pasaría un tiempo hasta que pudiera abrirse.
Urano entornó con tristeza sus ojos amatista.
— De todos modos, puedes sentarte a la mesa… Mistic traerá algo de café… ¿Te gusta el café?
Asentimiento mecánico.
— Oh, ya veo. A mí también. ¿No somos iguales?
— Es diferente. Tú eres una mujer vieja ya mayor y él es un niño. Es natural para él querer ingerir cosas
dulces.
— ¿¡Ah!? ¿¡Era necesario decir dos veces que soy vieja!? ¡Y no soy vieja! ¡Apenas tengo 16 años!
— Tonterías. Desde que naciste—no… de antes de nacer ya eras vieja…
— ¿¡Entonces en qué momento fui joven!?
— Nunca.
Hecha piedra, fue empujada a un lado por el hombro de Orochi que caminó a la mesa con Twilight.
Al tomar asiento, oyó los pies prestos de Mistic con una bandeja de tazas humeantes. Cuando lo
bebiera, oficialmente habría comenzado el día.
(…)
Reunión de emergencia.
Miembros: Orochi (Líder), Mistic (Consejero), Urano (Lo que sea).
Tema: Sonata Knight.
Lugar de reunión: La sala.
Tiempo límite: Una hora.
Con las cartas puestas sobre la mesa, se dio inició a la reunión de emergencia, destilando tensión sobre
los rostros de los presentes. Los menores de edad como Twilight y el tema de discusión, como Sonata,
no estaban allí, sino en la parte de atrás queriendo hacer el desayuno.
El peli-naranja se ofreció predispuesto a preparar la primera comida. El niño lo siguió con las ansias de
aprender (O tal vez de mantenerse ocupado).
Mistic quiso negarse, pero una mirada a los ojos púrpuras del chico y accedió inmediatamente. Orochi
no entendía cuál era la debilidad que tenía con él.
De todos modos, no tenía que preocuparse por que Sonata le hiciera daño al niño. Con el poco tiempo
en que se relacionaron, comprendieron que era un buen tipo que amaba la compañía de los niños. Un
bicho raro, la verdad.
Por lo tanto, levantaron el telón para esta reunión con el objetivo de hablar finalmente sobre el
veredicto que caería sobre el caballero.
Y el primero que habló:
— ¿Por qué soy la única que no tiene título?
— Urano, cierra la boca.
— ¿¡Por qué!? ¡Debería al menor decir "Waifu" en la etiqueta!
— No eres una Waifu, solo una revoltosa. Alégrate de que al menos estés presente.
— ¿¡Por qué!? ¿¡No se supone que soy miembro!? ¿Por qué debo estar feliz de solo estar participando?
Orochi la ignoró cruelmente, pero en realidad no quería dejarla sola con el caballero. Tenía temor de
que cayera ante sus encantos diabólicos.
— Entonces, doy comienzo a esta reunión sobre lo que se hará con Sonata. ¿Quién desea hablar
primero?
Mistic levantó la mano.
¿Oh? ¿Mistic, levantando primero la mano? ¿Qué cosa profunda quería decir? ¿Algo que cambiara su
modo de pensar, o algo que hiciera que la mesa se volcara?
— ¿El sofá fue cómodo para dormir?
— ¿¡Por qué la primera pregunta que sale de tu boca es esa!? ¡Esto no tiene nada que ver con que si
durmió bien o no! ¡Y podías haberle hecho esa pregunta personalmente!
Bajó la cabeza.
— No me sentía confiado para hacerla. ¿Entonces?
No se rendía, ¿eh?
— Sonata dijo que durmió como un tronco.
— Menos mal. Temía que el mueble fuera demasiado duro para su espalda.
— Una vez dormí en él y me encontré con un escondite de golosinas. Fue genial…
— Esas golosinas eran mías, Urano. Y más te vale no volver a tomarlos, ¿bien?
— De todos modos, estoy feliz de que haya pasado la noche cómodamente.
— La pasó tan cómodo que me molesta. Esperaba recibir uno o dos atentados mientras dormía, pero me
decepcionó que no hiciera nada…
Si lo hubiera hecho, nada de excusas habrían surtido efecto para terminarlo allí mismo. Se portó tan
bien que se preguntaba si era un santo.
Entonces… ¿Por qué Mistic se veía feliz de que no fuera el caso?
— De todos modos, tenemos que lidiar con él sí o sí.
Ahora se entristeció.
— ¿Lo vamos a matar?
Urano dijo con aires de alguien que no quería desperdiciar la comida guardada de hace unas horas.
— ¿Estás en contra?
— No, bueno, sí, no, quiero decir, ¿un poco? Es solo que…
— ¿Qué? ¿Te enamoraste de él y ahora no quieres matarlo? ¿Piensas insubordinarte ahora y escaparte
con él y vivir en un país extranjero?
— ¿Por qué esa acusación es tan específica? No es nada de eso. Es que ahora somos amigos.
Su respuesta fue tan simple que quiso golpearse contra la mesa.
— Pero él sabe dónde vivimos. ¿Entiendes eso? Si atrae un grupo de soldados o caballeros, estaremos
en problemas. Podríamos escapar, pero perderíamos nuestra base secreta.
— Este lugar ya no es secreto, si te das cuenta. Pero dudo que él sea del tipo que salga diciendo los
secretos de los demás a los cuatro vientos.
— Aun así…
— Si estás tan enfrascado en eliminarlo, podrías haberlo hecho sin consultarnos…
—…
Buen punto. Ella tenía un buen punto.
Sus órdenes eran órdenes. Si quería matarlo, solo tenía que hacerlo. No abrir el telón a esta reunión sin
sentido.
Pero…
—…
Un fragmento suyo quería que alguien se revelara ante lo que dijera.
Por qué…no quería matarlo.
— Entonces… Hagamos una votación…
—… ¿...?
— ¿De qué?
— Para deshacernos sí o no de Sonata. Supongo que es lo justo.
—…
— Entonces, 1, 2, 3 y…
Levantando sus manos a favor, Orochi se sorprendió grandemente conque todos estuvieran de acuerdo.
— Entonces… ¿Todos están de acuerdo en matarlo?
Las manos cayeron.
— ¿¡Eh!? ¿¡Pensaron que era al revés!?
Ellos se inclinaron avergonzados.
No puede ser… Pero…
Ahora sentía un peso menos encima. Una carga pesada que no quería llevar.
— Ah, qué remedio. Dado que ustedes son mayoría, no puedo oponerme…
Aunque lo decía amargamente, no podía estar más aliviado.
De verdad, era pésimo mintiéndose.
(…)
— ¿Qué está pasando aquí?
— Ah, Orochi, ¿vienes a ayudar? No tienes por qué preocuparte. Lo tengo todo bajo control. Tan solo
espera un poco y ya estará listo. No tienes porqué impacientarte...
— ¡No estoy impaciente por la comida! Estoy preguntando por este desastre.
Empujó adelante a Twilight. — Fue Twi-Kun.
— ¿¡Y lo primero que haces es culpar al niño!? ¿¡Qué clase de caballero eres!?
— No, enserio…
La persona que fue señalada de culpable, Twilight, jaló de su ropa, cohibido. Era claro su
arrepentimiento.
— Pensé que podría al menos traerle la harina, pero tropecé y…
Lo detuvo de seguir hablando. No era necesario el resto para saber cómo terminaba el relato.
Se volvió a mirar al chico.
— Entonces, ¿por qué los cortes?
Las manos del caballero tenían alguna cortaduras menores, algunas recientes, y otras ya sin sangrar. Él
sonrió amable, escondiendo sus manos.
— ¿Esto? Rasguños menores. Nada digno de mención.
¿Acaso su manejo del cuchillo fue tan malo que terminó así? Era difícil de creer que pudiera manejar
perfectamente una espada, pero no un cuchillo de cocina.
Ah, cierto. Este tipo era un noble. Sería extraño que cocinara, ya que ese era el trabajo de los sirvientes.
— ¿Por qué quisiste cocinar?
— Hmm… ¿Pregunta retórica?
— No.
— Entonces, te preguntaré otra cosa, ¿No es normal querer hacer algo que no tenías permitido?
— ¿Eh? ¿No lo tenías…permitido?
— Claro. Mi padre veía con mayor importancia (Sino absoluta) el manejo de la espada. Nuestra familia
no tiene mucho tiempo de fundada, pero él quiere que seamos una línea de puros espadachines.
¿Qué era esto? ¿Un fetiche suyo? ¿Y qué pasaba si aparecía alguien amante de los libros y quería ser
bibliotecario?
Entonces Sonata no pudo hacer muchas cosas de niño, siquiera colarse a la cocina para hacer inventos
con la comida. Comprendía el sentimiento, cuando le era prohibido salir afuera y estaba confinado en
casa. Como por esa época tenía la compañía de su hermano, fue fácil deshacerse de la amargura de ser
diferente.
Se mordió la punta de la lengua. Los pensamientos de su hermano fluían con inmunda naturalidad
durante el tiempo que pasaba con Sonata. No tenían ningún parecido, pero el miasma que emanaba le
recordaba.
Sonata previó un cambio en la forma que lo miraba Orochi. Antes al menos parecía relajado, pero ahora
tenía una aversión por él que rivalizaba con el odio.
Y no era la primera vez que sucedía.
Claro que Orochi no tenía idea de que sus intenciones eran perceptibles para el buen caballero.
Twilight vino con una escoba.
— Limpiaré ahora mismo.
— Ah, déjame ayudarte un poco, Twi-Kun.
— Hm.
Modo silencioso de decir "Gracias".
— Ah, por cierto, Sonata…
— ¿Qué? ¿Necesitas algo más? Pronto estará el desayuno.
— ¡Que no es eso! Es otra cosa.
— ¿Entonces?
— Después de comer puedes marcharte. Aunque Urano y Mistic piensan cargarte con algo.
— Ya veo. Muchas gra—¿eh?
(…)
Con botones salinos acumulándose debajo de sus ojos parecidos a amatistas, colocó en las manos del
peli-naranja – Su buen amigo – una carga de ropa útil para viajes o para pasar desapercibido.
— Espero que te guste. Con ella podrás pasar entre la gente sin que sepan quién eres. Una escapada o
dos debería ser pan comido.
— ¿Eh?
Sin embargo, nadie paró sobre la confusión del oji-púrpura, saliendo ahora el rubio pálido a poner sobre
él una bolsa repleta de algo caliente y de olor sabroso.
— Aquí tienes algo de pan. Pensaba que sería un buen regalo de despedida, así que me esforcé el doble
en hacerlos.
— ¿E-Eh? Espera…
Ahora tenía las manos llenas con comida y ropa. No importa cómo se viera, esto era la típica despedida
en un puerto de buenos amigos. Solo que era hecha en el frente de la cabaña, donde incluso el niño
estaba presente inexpresivo.
— Ah, Oro-Kun…
Urano palmeó el hombro del chico.
— ¿Por qué eres el único que no trajo regalo?
— ¿¡Por qué tengo que darle un regalo!? ¡Hace nada era nuestro prisionero, y a ellos no se les da regalo
cuando se liberan!
— ¿Qué estás diciendo? Ahora somos amigos.
—…
Tanto Sonata, como Orochi, se pasmaron. El primero agrandó una sonrisa, mientras que el segundo se
amargó la vida.
— Hasta luego, Onii-Chan.
— G-Gracias. Aunque es sorpresivo…que me suelten después de asegurar que me iban a matar.
Urano se llevó una mano a la boca.
— ¿Eh? ¿Eso hicimos? No lo recuerdo, y si no lo recuerdo, no sucedió.
— Supongo que tienes razón. Aunque lo recuerdo vívidamente pues fue un momento chocante para mí.
Pero de todos modos, les sonrió. Comprendía el afecto prodigado por su nueva amiga Urano, pero no
esperaba que el rubio – Que pasó la mayoría del tiempo rehuyéndole – viniera a él con regalos.
Posó sus ojos sobre su amigo pelinegro – Aunque el sentimiento era de su lado.
— ¿Está bien marcharme? ¿Qué pasa con con…?
— ¡Ah! Molesto. Si decimos que te puedes ir, hazlo sin hacer preguntas tontas. Agradece mi buena
benevolencia y vete.
— Ah, ok… Aunque sigo confundido…
Hace poco, creyó que le quedaba poco tiempo de vida y que no había una salida, pero ahora estaba
siendo despedido afectuosamente por las mismas personas que lo capturaron. ¿No era irreal?
Miró a los otros dos.
— ¿No tienen problema con que me vaya? Podría venir con un montón de caballeros para arrestarlos…
Claro, si no se mudaban.
— Si tuvieras esa intención no lo estarías mencionando.
— ¿Y la cláusula?
Mistic contestó:
— Incluso si fueras al Hades ella estaría activa. No te preocupes.
¿Cómo no estaría preocupado con saber que esta maldición estaría con él hasta que el rubio deseara
removerla?
— Gracias.
— No tienes por qué agradecer. Estuvimos a punto de matarte.
— Por eso mismo. Fue divertido pasar el rato con ustedes.
— ¿Qué es esto? ¿Una salida de amigos? Ya márchate, ¿quieres?
Irritado al máximo, Orochi lo instó a irse de inmediato. Su renuencia a reconocer que estaba contento
de que siguiera vivo no se filtraba a través de su enojo. Pero Sonata percibía su vergüenza de tener que
faltar a su poderosa palabra de matarlo.
— Ok. Muchas gracias a todos. Tal vez un día regrese a visitarlos.
— Por favor, no.
— ¡Hazlo! ¡Te estaremos esperando con buena comida! Pero antes manda una carta.
— Dudo que puedan entregarla.
Miró disimuladamente al niño.
— Espero que vivas bien de ahora en adelante, Twi-Kun. Espero que esta no sea la última vez que nos
vemos.
—…
Renuente a hablar, asintió silenciosamente. Aun no podía abrírsele, pero Sonata tenía la esperanza de
que ese día llegara.
Y así, el grupo de asesinos y el caballero se despidió de momento, aunque pronto se volverían a topar.
(…)
Orochi miró atentamente la espalda del apuesto caballero, grabando en fuego el retrato de la espalda
propia de su hermano en ella.
Su rostro demostraba ferocidad, pero por dentro la melancolía era incontrolable.
Aceptar el pasado no era cosa sencilla. Incluso ahora, quería volver a esos tiempos.
Aunque nunca lo admitiría con su hermano, tampoco con Sonata.
— Ah, Oro-Kun, ¿qué esa sonrisa triste? ¿Acaso estás triste porque Nata-Kun se marcha?
— Al parecer esos ojos que tienes son solo de adorno. Por un mes entero harás la comida, sin
concesiones.
— ¿¡Ah!?
(…)
Todos pensaron en la despedida de Sonata como un recuerdo confortable y hasta nostálgico. No
negarían sus deseos de volver a verlo en un futuro no tan lejano. Aunque comenzaron como enemigos,
confesaban que ahora le tenían cierto aprecio.
— Seguro en cualquier momento ese bastardo trae con él un pelotón para arrestarnos…
Todos menos Orochi…
Mistic sonrió renuente a la idea, agitando una mano.
— No creo, Orochi-San. Sonata es del tipo de amigo fiel. No haría algo como eso.
— Eso es lo que tú crees, no yo. Sigo sin confiar plenamente en él… Solo míralo, es guapo…
— ¿Eso tiene algo que ver con que no confíes en él?
— Claro que sí. Piénsalo. Todos los tipos guapos son basura.
— ¿Puedo de preguntar de donde surgió esa ideología?
— No es una ideología, es la pura verdad.
—…
— ¡Ah, no seas malo, Oro-Kun! ¡Nata-Kun nunca haría eso!
Esta vez fue el turno de Urano intervenir.
— Hmph, así que ya has sido seducida por ese mujeriego. Esperaba más de ti.
— ¿¡Eh!? ¿¡Por qué esto se convirtió en una acusación de traición!?
— Los traidores no deberían abrir la boca.
— ¡Pero, pero, pero…! ¡Deberías guardar algo de ese pesimismo! ¡Que acabamos de venir del entierro
de Celeste-Chan!
— Eso es… Tch.
El susodicho entierro que Urano mencionó en medio de su sermón, se refería al corto velorio que le
dieron a la hermanita de Twilight.
En realidad, la enterraron justo detrás de la cabaña, un poco más allá, erigiéndose una lisa lápida con su
nombre y algo de tallados bonitos.
Lastimosamente, aquí no existían flores para ponerle en la tumba, e incluso si trajeran de afuera, se
marchitarían al entrar en el bosque. Tuvieron que conformarse con lo que tenían.
Pero Twilight apreció grandemente su esfuerzo, mirando profundamente el sitio de descanso de su
hermana menor. Todos, incluso Orochi, tuvieron el debido respeto por la muerte de la pequeña, y
guardaron silencio.
Y sin embargo, Twilight no lloró frente a ellos. Se mantuvo impávido, como si el cuerpo bajo tierra no
fuera parte de un familiar.
Aun así, Urano lo abrazó mansamente, esperando que se abriera como el niño que era, pero nunca
derramó una lágrima.
Y Orochi sabía por qué.
No quería que nadie lo viera. Quería llorar en silencio, sin nadie mirándolo y teniéndole lástima.
Si aún tuviera su familia, en quienes apoyarse, se habría abierto fácilmente, pero ahora era un huérfano,
y no podía seguir dependiendo de los demás como hacía hasta ayer.
Por eso espero la terminación del entierro, y se encerró en su "habitación", la habitación del pánico.
Los que los llevó a beber chocolate caliente en la sala.
— ¿Debería llevarle a Twi-Kun?
— Luego. No creo que quiera ahora, de todos modos…
— ¿Eh? Pero Urano acaba de irse con su porción…
— ¡Esa idiota…!
Como no le prestaron atención, Urano fue arbitrariamente, había que aclarar, a llevarle su taza de
chocolate al niño. O no entendía sus sentimientos, o solo era idiota.
Pero a Orochi no le molestaba particularmente esto.
Sonrió tenuemente.
Ese lado la hacía insoportablemente adorable.
Pero una sacudida lo apartó de esos bonitos pensamientos.
¡PLAW!
— ¿¡...!?
— ¿¡Qué es eso!?
Con sus voces reverberando agitadas, las bisagras rotas rodaron por el piso, y la puerta se abatió
adelante, quedando tendida como un trozo viejo de madera.
Orochi y Mistic se pusieron de pie, sudando abundantemente.
La tensión en el aire se volvió pesada, con ellos preparándose para matar al intruso que haya volado la
puerta.
— Orochi…
Pero independientemente de toda la preparación que hizo para atacar a la persona, Orochi se encontró
perdido en la voz que pronunciara desesperadamente su nombre. La voz de una persona que ocupaba
casi todos sus pensamientos, buenos o malos.
Con la luz irradiando su cabello negro lustroso, y sus ojos esmeraldas ablandados por la búsqueda que lo
guiaba al desfiladero de la locura, él se paró sobre donde la puerta estuvo una vez.
Orochi quedó paralizado, sin moverse un músculo.
Sus latidos se hicieron molestamente audibles, pero no pudo apartar la mirada de aquella persona.
Darkness, su hermano, lo miró a los ojos. En ellos acató un deseo ardiente que no daría marcha atrás
para cumplir.
— Menos mal estás aquí… Creí que me volvería loco si estabas de viaje…
—…
Sosteniendo el aliento, Orochi ensanchó los ojos, con el habla momentáneamente perdida. Su
compañero, Mistic, tampoco sabía por qué estaba su hermano allí presente.
Y entonces, Darkness, excluyendo la presencia de Mistic, dijo el veredicto que lo hundiría con él:
— Vengo a cobrar el favor que me debes, y no acepto un "No" por respuesta.
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No sé por qué, pero las partes que no tuve que editar mucho fueron las de Alexander y las del pequeño
Twi. Las leí y dije "Hmm, eso se ve bastante bien, que raro..."
Y no, la edición no tardó porque fuera tan difícil. Solo tuve pereza, además de ocuparme con la tarea y
los otros one-shows que publiqué. Tengo una lista de ideas para otros que quiero hacer, pero tendrán
que esperar hasta febrero, a partir de la siguiente semana empezaré las clases en la universidad, en
otras palabras, puro dolor y sufrimiento. Solo Dios podrá ayudarme a no sucumbir ante la locura.
De todos modos, ¿qué tal la acción en este capítulo? Tuve que sesgar muchas partes innecesarias y que
retrasaban la continuidad de lo que ocurría. También volví serias unas partes, y les di humor a otras.
Agregué algo de participación de algunos personajes que no tuvieron cabida en el original, para que al
menos se notara su presencia.
Cuando estaba llegando al final del capítulo, me quedé estupefacta ante la aparición de él. "¿¡Qué
demonios haces aquí!?"
Literalmente me había olvidado de él, jaja, que cosas. Yo misma me sorprendí, como una lectora ajena.
Ah, y por fin arreglaron el aire acondicionado de mi cuarto, ¡hurra! ¡No más calor agobiante!
Son libres de comentar. No los matará, reitero, poner 1, 2 o 400 palabras de reseña. En serio...
No tuve que acomodar la estructura del capítulo, pues en sí estaba bien. Solo espero que no haya sido
algo desordenado...
Es un alivio que los anteriores one-shows hayan sido bien recibidos. Pensaba que serían aburridos por la
trama simple y sin condimentos profundos, ¡que delicia!
No se preocupen, tengo muchas más por escribir, solo esperen que...bueno, que sobreviva a la
universidad. Necesito superarla y arrebatar mis puntos...
Me vi Link Click... Eso fue puro drama, tanto drama, que estuve comiéndome las uñas en cada capítulo.
Cuando lo veo siento dolor, dolor que no me detiene de seguir mirando.
Es que, oye, hombre, ¡es increíble cómo juegan con tu cabeza y emociones, tristes y felices!
Si Natsume Yuujinsho es para pasar el rato y relajarse, Link Click es para estresarte y disfrutar del drama.
¡Muy recomendado!
Bueno, después de tanta cháchara, es hora de despedirse.
¡Analyn se despide! ¡Bye bye!
