Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama es completamente mi invención.
Capítulo 13
Presionada por todos y sin ayuda de nadie acepté prestar mi vientre bajo un acuerdo hablado que firmaría al nacer el bebé, accedí obligada a lo que me decían.
Era como si todo estuviera pactado para iniciar el procedimiento de inseminación sin siquiera hacerme una evaluación médica y menos psicológica. Fue la primera irregularidad que descubrí y que decidí guardar en mi memoria.
Ese día de la transferencia. Hubo algo que hizo encender las alarmas al nivel más alto; de pronto era como si Alice me odiara, ya no era cariñosa y amable como los días anteriores que necesitó de mí y que me rogó hasta el cansancio que le permitiera tener un hijo.
No. Todo el amor que una día me mostró desapareció ese día y fue empeorando cuando se confirmó el embarazo. Los malestares aparecieron apenas dos semanas después de la transferencia, lo que me hizo dudar de la prontitud en la llegaron.
Tuve un embarazo normal y sin ningún contratiempo. Pero ahí estaba de nuevo mi mente archivando datos irregulares cuando Emmy llegó al mundo un 30 de diciembre, es decir dos meses antes de mi inicial fecha de parto.
Fue el sentimiento más bonito porque la conexión que sentí al instante no podía ser iniciada por otro hijo sino fuera mío.
Observé con ternura, la regordeta recién nacida que yacía en mis brazos, su cuerpo era liviano y estaba arropado con una manta rosa, con infinita ilusión lo acerqué con cuidado a mi pecho.
La bebé soltó un corto chillido, buscaba con desesperación saciarse de leche, por ello abría la diminuta boca, buscando.
Se veía hambrienta y estaba a punto de soltar el llanto. Arrugó la carita ya enrojecida y se quedó muy quieta al escuchar una voz.
― No quedamos en que la amamantaras.
Levanté la mirada manteniendo una sonrisa burlona, empecé a mordisquear mis labios mientras escuchaba a mi hermana quejarse por milésima vez.
Acomodé con mayor facilidad el frágil cuerpo de la recién nacida y recorrí con la punta de mis dedos la mata de cabello color marrón. Sostuve con una mano uno de mis pechos y lo acerqué a la diminuta boca de labios color rosas.
Hice una mueca. Suspiré tan hondo porque el dolor que estaba sintiendo era indescriptible. La pequeña bebé empezó a succionar con ansias mi pecho lleno de leche y solo prevalecían los sonidos de atragantamiento que hacía.
Los ojos verdes de mi hermana se abrieron al máximo, dejando ver una mueca de envidia mezclada con amargura.
― A mí no me importa en lo que quedamos ―espeté― no dejaré morir a mi bebé de hambre.
― No es tu bebé ―corrigió Alice, la desesperación en su voz era notoria―. ¡Es mi hija!
Estreché los ojos. Probablemente ella tenía razón, había accedido a firmar un acuerdo donde cedería a Emmy al nacer; mas nunca creí que me enamoraría al tenerla en brazos, jamás imaginé que su calor corpóreo fuera necesario para sonreír ni que su liviano peso le diera sentido a mi joven vida.
― Señorita Isabella Swan ―dijo la mujer que acompañaba a mi hermana. Sabía quién era―. Necesito su firma ―me señaló la última línea de la hoja notariada― la niña no le pertenece.
La miré fijamente, casi pulverizándola y apreté con más fuerza a mi niña.
Mi corazón me susurraba que era mía… mientras mi raciocinio decía que no.
¿Qué tan difícil puede resultar dejar ir a quien nació de mí y ya amo?
― ¿Firmaste? ―Edward indagó volviéndome al presente.
Asentí suavemente.
― No podía hacer nada, estaba en sus manos, pero tenía que jugar mi última carta y les puse una condición. Me quedaría con la niña y no me separarían de ella. Yo crié a Emmy, cambié sus pañales, le di su primer baño y la alimenté porque mi hermana jamás lo hizo.
― Quiere decir que tu cuñado cobró su herencia.
― No. Aún no lo hace y realmente ese tema nunca lo entendí. Seguíamos viviendo mal, fue que me hice de un trabajo de medio tiempo, necesitaba ahorrar para poder emprender mi viaje lejos de ellos.
― ¿Por qué entonces no me buscaste?
― Porque mi prioridad era Emmy. Me propuse ahorrar para poder escapar con ella y resolver así todas mis dudas. Sigo pensando que no son parte de mi imaginación, del estrés en el que vivía.
Edward dejó en medio de la cama a mi niña que dormía plácidamente y la cobijó con mantas calentitas.
― ¿Con qué te presionó exactamente, Bella?
― Con mi mamá ―confesé―. Jasper tiene contacto con el tipo que despojó a mi madre de lo poco que tenía, no podía dejarla sola.
Resopló, sentándose en el borde de la cama, junto a mí.
― Los procedimientos de inseminación y todos esos métodos son realmente costosos, a parte de que deben ser de forma legal, ¿firmaste algo más? Tienes que hacer memoria, Bella.
Estreché mis ojos, divagando entre mis recuerdos y negué.
― No. Nunca firmé nada más, solo un acuerdo donde no me separarían de mi niña.
― ¿Lo trajiste contigo?
De un salto bajé de la cama y me arrodillé en el piso, empezando a buscar en la maleta.
― Es esto ―le tendí la pequeña carta que guardaba conmigo.
Vi que Edward no perdió tiempo; la desdobló y empezó a leer, por los gestos que hacía supuse que estaba intrigado.
― ¿Tuviste a Emmy en casa?
― Sí, con una partera.
Levantó su vista.
― Está carta es un simple papel sin notariar ―dijo― no quiere decir mucho y tampoco creo que tenga validez.
― Quiere decir… ―dudé― ¿me quitarán a Emmy?
Se acercó a mí. Su semblante denotaba tantas emociones al mismo tiempo que era imposible deducir lo que pensaba.
― Antes de hacer cualquier movimiento debemos resolver si Emmy es nuestra.
― Lo es, casi puedo jurarlo.
― Tranquila, nos vamos a asesorar legalmente. Y cuanto antes mejor.
― Estoy dispuesta a lo que sea ―acepté.
Hola, feliz inicio de semana. Espero que este capítulo haya resuelto sus dudas. Nos leemos muy pronto.
Gracias totales por leer
