No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Yo solo me divierto un poco (leer nota al final).

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Presente.

- Bella, vamos. Perderemos el vuelo. – escuché la voz de Rosalie desde fuera del auto.

- Lo siento. – dije.

Por un momento desvié mi atención hacia mi celular, de nuevo. Se me habían quitado las ganas de responder después del último mensaje de texto que me había llegado de Edward.

Discúlpame. No me será posible asistir al evento. Espero entiendas.

Llevaba semanas intentando convencerlo de que asistiera a la conferencia. Sería mi primera vez viajando a España, país donde vive Edward, y había visto esta como una magnífica oportunidad.

Bajé del automóvil, rodeándolo hasta el maletero para bajar mi equipaje. Estaríamos en España solo cuatro días, para después viajar a Londres y seguir con nuestra jornada de conferencias.

Me sobresalto un poco al sentir una cálida mano posarse al centro de mi espalda. Giro la cabeza encontrándome con la sonrisa llena de seguridad de Jasper, sabe que estoy nerviosa, los aviones siempre me ponen nerviosa. Siento mi cuerpo relajarse mientras le sonrió de vuelta.

Siempre había considerado a Jasper mi cable a tierra.

Teníamos algunos años de conocernos y, de hecho, había sido mi profesor durante mis años de universidad, y eso que apenas era siete años mayor que yo. Sin embargo, eso nunca había sido un problema a la hora de controlar a mi ruidoso grupo, con apenas 27 años en ese entonces él había tenido que aplicar todas las estrategias que conocía para hacer funcionar a cada estudiante inmaduro en ese salón de clases.

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Seis años atrás.

- Muero de hambre… - me quejé una vez ingresamos al salón de clases. Me había pasado todo el descanso estudiando para una presentación importante que tendríamos ese mismo día. – Debo tener una galleta en algún lugar… - murmuré metiendo mi mano dentro de mi mochila, intentando dar con mi deseado objetivo.

Lapicero, goma de borrar, basura, tapa de algo, lapicero, pasador, algo pegajoso… qué asco. ¡BINGO!

- No debe tardar en llegar Jasper, no creo que sea buena idea comer ahora. – comentó Jessica en tono de advertencia, siempre la voz de mi consciencia.

- Sabes las reglas… no se come dentro del salón… a menos que tengas suficiente para todos. – Esta vez fue el turno de Angela.

Miré mi pequeño paquete de cuatro galletas. Ni de chiste sería suficiente para 12 personas.

- Solo será una, lo prometo… - comenté en voz baja.

Saqué rápidamente una galleta del empaque, guardando el resto en el bolsillo de mi bata.

Miré la galleta con ilusión, chocolate, mi favorito. Planeé meterla de un solo mordisco a mi boca, de esta manera no habría ninguna evidencia de que había estado comiendo.

Llevé mi mano hacia mi boca, el olor de mi deliciosa galleta llegó a mis fosas nasales gracias a la cercanía; como acto reflejo saqué un poco la lengua para poder amortiguar la entrada de mi golosina.

Fue en ese exacto momento en el que la puerta de entrada se abrió de un solo movimiento. Era Jasper.

- ¡Hola, chicos! Buen día. – exclamó sonriente.

Sus ojos recorrieron alegres el aula de clases, llegando de último a mi dirección. Su mirada se abrió de sorpresa y mis ojos los imitaron, con terror.

En un acto reflejo, empujé la galleta dentro de mi boca, cerrándola. En un ridículo intento por disimular mi delito. Que idiota.

- Isabella… ¿estás comiendo en mi salón de clases? – su voz sonó sorprendida, pero hasta yo pude notar la burla debajo de todo su profesionalismo.

Él era fanático de las reglas.

- Hmm-mm – murmuré de manera negativa, sacudiendo la cabeza, aun mirándolo en pánico. E intentando tragarme lo más rápido posible la galleta.

Se acercó ligeramente hasta el frente del salón, donde siempre me sentaba. Todos sabían que para mí era necesario sentarme hasta enfrente, de lo contrario estaría distraída toda la clase.

- En respuesta a tus acciones, he decidido que lo mejor es que seas la primera en pasar a la simulación. – dijo de manera seria, pero sin perder su buen humor.

Gemí, contrariada.

El profesor Jasper siempre se había caracterizado por hacer sus clases más prácticas que teóricas, y para esta materia, se había vuelto una costumbre tener simulaciones diarias.

Estas consistían en que todos nosotros seríamos los terapeutas de un paciente, quien normalmente era él simulando ser alguien más. Era muy entretenido ver al profesor actuar como un paciente psiquiátrico mientras mis compañeros intentaban sacarle información y empatizar.

Pero se sentía jodidamente diferente cuando eras tú el terapeuta.

Decidí dejar a un lado mi estrés, resignada a que sería la primera, y mejor me concentré en no atragantarme con la galleta que seguía masticando en mi boca. De todas formas, ya me descubrieron.

Aproveché el momento de paz para poder darle un vistazo al profesor Jasper. Nos había avisado unas horas antes que llegaría unos minutos retrasado porque acababa de llegar de un viaje de negocios y su vuelo se había retrasado.

Al parecer no le había dado tiempo de cambiarse de ropa. Llevaba un pantalón de vestir negro que se ajustaba perfectamente a sus estrechas caderas, un cinturón discreto de el mismo color, acompañado con una camisa color petróleo bastante formal, arremangada hasta los codos. Lucía un poco desaliñado, seguramente por el ajetreo del viaje. Su rostro se veía demacrado, pero su buen humor era latente.

- Bueno, chicos… su compañera Isabella se ofreció amablemente a ser la primera en pasar a la simulación, - me miró con humor – pero antes me gustaría saber si quedó alguna duda de la clase pasada, seguiremos practicando la realización del encuadre en un proceso terapéutico.

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Presente.

Hoy, a sus 33 años, seguía siendo el hombre más seguro que jamás hubiera conocido. Su carisma siempre había sido una ventaja para los negocios, él lo sabía y nunca dudaba en usarlo de ser necesario.

Francamente no había sido una sorpresa cuando, poco después de mi graduación, él se contactó conmigo para hacerme una oferta de trabajo. Me había esforzado durante toda mi carrera en ser una estudiante ejemplar, siempre participando en proyectos extracurriculares, estudiando de más para sus clases y tomando en cuenta todos y cada uno de los consejos que nos daba en clase.

Había quedado claro durante mi segundo año de carrera, al empezar mis prácticas de campo, que era un material prometedor, pues tuve la oportunidad de conocer a Rosalie, su hermana menor. Yo no había tenido idea de que estaban relacionados y ella tampoco se había dado cuenta de que era su estudiante hasta unos días después de la entrevista de trabajo. Jasper había llegado por un papeleo y, definitivamente, el encuentro había sido una agradable sorpresa.

Intentaba que mi trabajo fuese impecable, y se vio reflejado en las buenas referencias que me dieron al terminar mi periodo de práctica.

Y, mientras todo esto pasaba, conocí a Edward.

El destino nos hizo coincidir en una plataforma en común. Intercambiamos números de teléfono y ahí comenzó la aventura. Las relaciones a distancia nunca habían sido lo mío. En realidad, las consideraba una pérdida de tiempo si no se tenía el objetivo de mudarse más cerca uno del otro.

Pero Edward y yo no teníamos una relación, a veces coqueteábamos, pero la mayoría de las veces eran bromas sin sentido y subidas de tono. Debo confesar que en un principio tuve un pequeño enamoramiento con él, pero al momento de sopesar los pros y los contras de toda la situación nada cuadró, y con el pasar de las semanas pude conocerlo mejor y me di cuenta de que no había ninguna posibilidad de tener algo remotamente serio con él, así que atribuí que todos mis sentimientos eran a causa de ser algo nuevo en mi vida.

Se volvió un verdadero confidente, y lo consideraba un gran amigo.

Lo prometiste.

Envié rápidamente el mensaje. Tomé el aza de mi maleta y la deslicé sobre la lisa y pulida superficie.

Desde ayer el ambiente entre nosotros había estado algo tenso, haciéndonos discutir hasta altas horas de la noche. Todo el problema radicaba en que Edward era parte de un importante movimiento político en España, y había alegado que no era seguro para mí ser relacionada con él o su gente.

Y yo, siendo la desinteresada en la política que soy, lo había tildado de dar excusas baratas. Admito que el estrés del viaje había influido bastante en mi reacción en ese momento.

Ahora aquí me encontraba, montada en un gigantesco pájaro de metal, a unas horas de realizar el viaje de mi vida… sintiéndome como la mierda.

- Todo estará bien… - escuché la voz de Jasper, tranquilizadora. Su mano tomó la mía en un intento de aliviar mi malestar, aunque él no tuviera idea de cuál fuera.

Sí, todo estará bien. Pensé cerrando los ojos.

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Unas horas después.

- Deberíamos primero ir a revisar que todo esté en orden con el salón de conferencias… - debatía Jasper de manera terca.

- Vamos a ir primero al hotel a refrescarnos y después podremos ir a donde tú quieras. Necesito sacarme la sensación del vuelo pronto. – exclamó Rosalie de la misma forma.

Había veces en las que era demasiado evidente que eran hermanos.

- Pues yo tengo hambre… - murmuré por lo bajo, jalando mi maleta de la banda transportadora sin tener éxito.

En un segundo me vi arrastrada por mi equipaje, la banda transportadora iba más rápido de lo que uno se esperaría. Estaba a punto de lanzar un chillido cuando otra mano tomó el aza y la jaló fuertemente. Mi cuerpo impactó con otro a causa de la velocidad que llevaba.

El desconocido me tomó por los hombros para estabilizarme, cuando lo logré miré hacia arriba, esperando poder agradecerle adecuadamente a mi salvador.

No contaba con que me iban a regresar la mirada los ojos más grises que había visto en mi vida. El tipo era enorme, lleno de músculos. Portaba un conjunto azul marino deportivo el cual contrastaba casi chocantemente con su pálida piel, combinando con su oscuro cabello.

- Ten cuidado linda, esas cosas pueden ser peligrosas. – murmuró con una sonrisa.

Tomó delicadamente mi mano, colocándola sobre el aza de mi equipaje, dejando que la suya me envolviera por completo.

- Amm… muchas gracias por la ayuda. – dije quedamente, aún sin saber cómo reaccionar.

- Soy Demitri. – tomó de nuevo mi mano, sacudiéndola en un fuerte saludo, jalando un poco hacia sí mismo, acortando más la distancia.

Un pequeño foco se encendió en el fondo de mi cerebro, sabía que era a causa de la forma de su saludo, pero decidí que era probable que nunca volviera a ver a Demitri de nuevo, así que lo pasé por alto.

- Isabella, un gusto. – respondí amablemente, más en automático que cualquier cosa. Escuché pasos cercanos detrás de mí.

- Bella, debemos irnos ya. – dijo Jasper algo más alto de lo necesario. Se detuvo a mi lado, evaluando la situación. Su mirada recorrió de arriba abajo a Demitri, deteniéndose en nuestras manos unidas. – Que tal, lamento la interrupción, pero justo ahora tenemos algo de prisa. Así que debemos irnos. – Su discurso sonaba amigable, pero pude notar que se había tensado ligeramente.

- ¿Dónde te hospedas? Debemos vernos de nuevo. – sonrió Demitri, no estaba muy segura de que hubiera vuelto su vista hacia Jasper.

Una sencilla sonrisa se extendió por mi rostro mientras retiraba mi mano y sentía a Jasper tomar mi equipaje.

- Disfruta tu estancia. – finalicé girándome, sintiendo la mano de Jasper en mi espalda una vez más.

Caminamos unos metros, no hablé hasta que visualizamos a Rosalie apoyada en un automóvil azul.

- ¿Viste su ropa? – me susurró Jasper.

- ¿Notaste el saludo? – regresé la pregunta.

- Y su voz… - volteó la cara para verme.

- Si hubiera pedido mi numero estaría bien, pero ¿preguntar en donde me hospedo? Eso fue muy raro…

- Bien pudiste haber sido residente que regresaba de un viaje… pero sabe que eres turista…

- Y si…

- ¿Ya empezaron con sus intrigas de nuevo? – nos interrumpió Rosalie viéndonos a través de sus lentes oscuros. – No debe ser saludable estar en modo psicólogo todo el tiempo.

- No es mi culpa que Bella sea un imán para hombres con problemas de autoridad. – Jasper se encogió de hombros.

Yo lo miré fastidiada, dándole un codazo en las costillas, a lo que él solo rió divertido.

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Por la tarde.

Los tres salimos del automóvil, las emociones vibraban dentro de mí, esta era apenas mi segunda o tercera conferencia. Había estudiado hasta quedare dormida, había obligado a Rosalie a hacerme preguntas acerca del tema para poder estar preparada.

Caminamos hacia la entrada del hotel, Jasper se adelantó para abrirnos las grandes puertas de cristal.

A penas pusimos un pie en el lobby, un chico con mirada amable se acercó a nosotros.

- Buenas tardes, ¿asistentes? – alzó en sus manos una pequeña tabla.

- Expositores. – respondió Rosalie con una pequeña sonrisa.

El chico abrió los ojos, observándonos detalladamente.

Era bastante obvio nuestra posición en el evento. Jasper portaba un traje a medida gris con delgadas líneas negras; Rosalie se veía realmente hermosa con un vestido negro básico y un discreto collar verde con detalles dorados y altos tacones verdes musgo; yo me había encargado de vestir un vestido azul marino de manda tres cuartos y un lindo collar amarillo y unos tacones nude.

Lucíamos deslumbrantes.

- Por supuesto, acompáñenme por aquí por favor.

Seguimos al chico hasta la puerta del gran salón en que se llevaría a cabo la jornada de conferencias.

El espacio era amplio, muy amplio… más de lo que esperaba, si soy sincera, tendrá una capacidad de al menos mil personas, cientos de sillas estaban colocadas alrededor de un pequeño escenario con tres sillones de apariencia cómoda.

- Si me permiten, serán los primeros en pasar, así que es conveniente ir ahora a verificar los micrófonos y proyectores. – comentó el chico. Los tres asentimos y lo seguimos hasta detrás del escenario, donde un hombre mayor operaba una gran consola de sonido.

De forma paciente nos colocaron los micrófonos y nos explicaron cómo apagarlos una vez que hayamos terminado, al igual que el funcionamiento de los señaladores y las pantallas.

Me coloqué a un lado, un poco apartada para poder procesar todos los movimientos que tendría que hacer, recordándome a mí misma el botón de encendido/apagado y mirando el señalador para las proyecciones.

Escuché unos pasos rápidos acercándose y alcé la vista, encontrándome con una chica baja y algo rellenita, parecía bastante apurada.

- Hola, chicos. Pregunta rápida, estamos a unos minutos de empezar. ¿Desean que les coloque algo en especial arriba? Tenemos agua, soda, café, té, chocolates, mentas… - nos miró expectante.

- Yo solo agua, por favor… - dije con una sonrisa, no queriendo retrasarla más en su trabajo.

Miré a Jasper y Rosalie, quienes asintieron en de acuerdo. Inmediatamente la chica salió disparada hacia otra dirección tras darnos un ligero asentimiento.

Pasado un momento me acerqué a Jasper, pues el cuello de su camisa se encontraba mal colocado. Siempre había algo en su imagen que me volvía perfeccionista. Si lograba ver alguna pequeña cosa fuera de lugar, una incomprensible incomodidad afloraba en mi interior.

Jasper soltó una ligera risa, estirando el cuello para que pudiera arreglar el desperfecto con facilidad.

- Puedo recomendarte un buen terapeuta… - dijo sonriendo más ampliamente, mirando al techo.

- Siempre gracioso… - murmuré alzando un poco las comisuras de mi boca.

Una vez que decidí que todo estaba perfecto, descansé mis manos en sus hombros por unos segundos, solo mirándolo. Preguntándome si algún día podría convertirme en alguien tan talentoso como él.

Él, seguramente al sentir mi mirada, volteó hacia la pequeña puerta que conducía hacia el escenario. La gente empezaba a juntarse, acomodándose en las sillas y hablando entre ellos, se podía escuchar a un grupo de estudiantes charlar emocionados desde la parte de atrás.

Bajé mi mirada junto con mis manos. Resistiendo el impulso de mirarlo de nuevo.

Me volví al escuchar los rápidos pasos de nuevo. Observando a la misma chica de hace unos momentos, trayendo entre sus brazos cinco botellas de agua. Caminó decidida hacia la pequeña puertecita cuando una voz sonó detrás.

- Steph, el señor Rogers necesita arreglar un cableado, ahora.

Steph se volteó con expresión asesina, mirando las botellas en sus brazos y hacia el escenario. Mi reacción fue automática.

- Yo puedo llevar las botellas… solo dime dónde colocarlas. – dije extendiendo mis manos con una sonrisa.

Ella me miró indecisa por unos momentos, antes de darme una mirada de disculpa.

- En la mesita central estará bien, de verdad gracias, me salvas la vida hoy.

- Es un día ocupado, está bien. – tomé las botellas, dándole una mirada tranquilizadora antes de verla marchar.

Subí las pocas escaleras para salir al escenario.

Algunas personas me miraron, descartándome al instante al ver que solo llevaba las botellas. Di una mirada rápida al escenario, intentando memorizar el lugar en donde se encontraba todo.

Había una alfombra de apariencia mullida de color gris, tropecé un poco al rozar mis tacones en ella. Debes asegurarte de alzar los pies cuando entres de nuevo. El juego de sala era rosa pastel, un color bastante tranquilo si me lo preguntan. El más grande puesto en el centro, del lado izquierdo el sofá individual y a la derecha el de dos plazas. Podemos sentarnos en el centro o dos en el centro y alguien en el individual. Dejé las botellas en la mesita como Steph me había indicado, dejando un espacio considerable entre ellas, para que todos fuéramos capaces de alcanzarlas si era necesario.

Escuché un silbido proveniente del público. Alcé la vista y vi al grupo de estudiantes riendo y mirando en mi dirección. Uno de ellos se pudo en pie y con una sonrisa me hizo señas, pidiendo mi número telefónico.

Reí entre dientes, negando con la cabeza. Jasper me mataría si supiera que coqueteaba con alguien del público, para él todo era acerca de las apariencias y de poder ofrecer una imagen profesional. No me atrevería a faltar a su ética de trabajo.

Sentí una vibración desde el pequeño y discreto bolsillo del vestido. Saqué mi teléfono móvil de manera rápida, viendo que había recibido un mensaje de Edward.

Suerte hoy.

Apreté los labios. Recordando que no sería capaz de venir al evento. Pues que se joda. Pensé guardando de nuevo el celular.

Las luces bajaron un poco, haciendo que el público dejara de hablar. Subió un chico joven, vestido con unos jeans casuales, pero camisa y saco formales, era una combinación curiosa, pero que en cierto sentido funcionaba. Detrás de él salieron Jasper y Rosalie con unas pequeñas sonrisas.

El chico me dio una gran sonrisa y un asentimiento antes de señalarme el sofá individual, a lo que yo obedecí.

Y así pasó de manera lenta la siguiente hora y media de mi vida, escuchando a Rosalie y Jasper hablar de manera experta, interactuando con el público.

Para cuando fue mi turno ya había logrado calmar mis nervios y obligado a mi cuerpo a relajarse, afortunadamente todo el evento se desarrolló de acuerdo al plan, las preguntas que tuvo el público fueron bastante simples, sin embargo, hubo un par que fueron bastante buenas y que tuvieron pensando a Jasper durante unos cuantos segundos.

Al finalizar, los tres nos pusimos en pie, dando las gracias con cortos asentimientos. Salimos del escenario aun escuchando los aplausos de las personas.

Cuando me di cuenta, ya tenía a seis tipos alrededor, eran gigantes, altos y con músculos. Tenían apariencia de guardias de seguridad, y por un instante creí que venían por nosotros.

Los hombres de negro necesitan nuestra ayuda.

Sin embargo, el pensamiento se alejó de mi mente cuando uno de ellos habló.

- Por favor, sígannos, los guiaremos a la estancia de descanso. Habrá un almuerzo para todos los expositores.

¿Así que… así se sentía ser famosa? Pensé mientras empezábamos a caminar, rodeados de aquellos gigantes.

De un momento a otro sentí una mano tomar mi codo aplicando un poco de presión, para después alejarse abruptamente.

Me giré en redondo solo para ver a cinco de los seis gigantes casi taclear a un joven de cabello cobrizo. Procuré acercarme un poco, lentamente, escuchando los forcejeos que soltaba de vez en cuando el desconocido.

- Oigan, está bien. No es necesario emplear la fuerza. – dije desesperada, podrían hacerle daño al chico si seguían de esa manera. Miré a Jasper en busca de ayuda.

Él se acercó a paso lento y seguro, como siempre.

- Caballeros, por favor. Estoy seguro de que no hay peligro aquí. – habló claramente, tomando del brazo a uno de los gigantes.

Sorprendentemente se alejaron del chico, pero sin quitarle la vista de encima. Me acerqué rápidamente para auxiliar al chico.

Tomé su mano y lo primero que noté fue el suéter azul marino. Era alto, se alzaba casi una cabeza o dos por encima de mí. Sus piernas estaban enfundadas en unos pantalones negros de vestir que a simple vista lucían costosos.

Mi mirada se desvió hasta su rostro, una piel pálida y un mentón fuerte fue lo que robó mi atención primero, siguiendo por los labios delgados y nariz recta. Todo esto fue olvidado al llegar al par de ojos esmeralda que me miraban de regreso, el brillo estaba repleto de evidente la inteligencia y astucia, la intensidad de aquella mirada era difícil de sostener. Sin embargo, para mí fue posible cuando la realidad me golpeó.

Fotos, videos, llamadas… todos aquellos recuerdos pasaron por mi mente. Cada risa, cada pelea, todo aquel tiempo de confidencias y conflictos de igual manera. La apariencia de este chico me era impresionante porque la conocía casi a la perfección… habíamos convivido frecuentemente en las redes sociales y medios de comunicación.

- ¿Edward? – exclamé sorprendida y algo enfadada. ¿Qué no había dicho que no vendría?

- Sorpresa. – dijo con una sonrisa arrogante, metiendo las manos en los bolsillos.

Todo fue silenciado en mi cabeza por unos segundos.

- ¿Se conocen? – escuché la pregunta de Jasper detrás de mí.

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¡Hola, hola!

Traje una nueva actualización, aunque creo que es trampa jaja porque esto es parte de un shortfic que publiqué, pero creo que va mejor aquí.

En fin… uno de mis propósitos de año nuevo es estar más presente por acá… crucen los dedos!

Nos leemos luego!