No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la maravillosa FlamingMaple. Yo solo me encargo de traducir y divertirme.
I do not own the copyright. The characters belong to the amazing Stephenie Meyer and the story is from the wonderful FlamingMaple. I am just in charge of translating and having fun.
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— Eso fue divertido... — dijo Jun sonriente, — ir a jugar bolos. — añadió cuando llegaron a la puerta de su dormitorio.
Bella se sonrojó intensamente. Ella había fallado casi cada tiro. Él no había hecho otra cosa más que animarla, y la calidez era casi demasiado.
Ella había estado callada casi toda la tarde, y Jun no la había presionado para que hablara, pero sé preguntara qué pasaba por su mente. Cuando Bella se tomó una cerveza, él había alzado una ceja, pero no había comentado nada. Para la segunda, supo que algo había sucedido, pero decidió esperar a que ella lo mencionara.
— ¿Quieres entrar un rato? — preguntó ella, no queriendo que la velada terminará, o que la dejaran sola con sus pensamientos. O sus sentimientos volátiles.
— Por favor. — dijo él rodeando la con el brazo, se inclinó para besarla.
Ella casi se retractó, pero su corazón, tan cálido por la linda velada que habían compartido, dolía por el escozor de su tan nueva herida abierta, y ella dejó que su cálido contacto continuara, la cercanía parecía tranquilizarla.
El beso no terminó cuando la puerta se cerró, y él hizo que Bella caminara hacia atrás, en dirección a la cama, donde logró atraparla antes de que esta cayera, la ayudó a que se recostara.
— Entonces — murmuró él entre besos. —, ¿quieres estirar después de nuestra caminata?
— Hm-mm... — respire ella, tomando sus mejillas con las manos.
— Mmm… — respondió él y, entonces, la tomó por debajo de la rodilla derecha, estirando sus músculos hacia la izquierda. — ¿Estás segura?
Era doloroso, pero el divertido coqueteo la tomó desprevenida, y se encontró a sí misma riendo, intentando respirar contra su mueca.
— ¡Sádico! — se las arregló para jadear. Él respondió repitiendo el movimiento con su otra rodilla, sacándole un gruñido a la castaña.
Él estaba sonriendo enormemente, pero entonces se acercó, liberando sus rodillas, dejándolas caer a los costados de su cadera, mientras la besaba de nuevo.
Ella podia sentir su cuerpo masculine respondiendo al de ella. Él comenzó a alejarse, sabiendo dónde estaban los límites de Bella, pero ella le detuvo, sujetando sus brazos.
— No, no te alejes. — susurró Bella. Él gruñó, deseando obedecerla, pero sin querer sobrepasar sus límites. Soltó el aire.
— Es difícil… parar, Bella. — dijo él suavemente, besandola, sus cejas de fruncieron. — No quiero, pero…
— Entonces, no te detengas. — dijo ella, atrayendolo hacia su cuerpo.
Las piezas del recuerdo de Edward rechazándola parecían removerse, clavándose dolorosamente en su pecho, y ahora en su garganta, así que su voz solo lograba salir en susurros.
Metió las manos por debajo de su camisa, sintiendo cómo se la removía por completo. Ella tembló nerviosamente cuando repitieron el movimiento con su blusa, su corazón latía frenéticamente.
Él estaba emocionado.
— Y, por no detenerme… — respiró él contra su cuello. — ¿A qué te refieres exactamente?
— ¿Qué tan explícita quieres que sea? — preguntó ella, intentando reprimir el calor rojizo que le había llegado a las mejillas.
— Mucho. — sonrió él alzando la cabeza, mirándola. Viendo el rastro de incomodidad, regresó su atención hacia su cuello, y un poco más abajo.
Ella jadeó ante las sensaciones que él le producía, que le producían sus labios un poco más debajo de su clavícula.
— El cielo es el límite. — dijo ella después de tomar un profundo respiro, cerrando los ojos.
— Genial. — susurró él y, se deslizó hacia un costado, tomando una de las piernas de Bella, colocándola sobre la suya, sus cuerpos aún más cerca. Sus labios y manos se exploraron mutuamente por un momento, antes de que él hablara de nuevo. — Así que… — preguntó. — Nunca pregunté. ¿Cuál es tu posición favorita? — la estaba mirando, deseando ver cada expresión mientras la conversación avanzaba. Su estómago arecía estar lleno de mariposas, todas intentando hacerse un espacio. Él la deseaba enormemente, pero no se había permitido tener ninguna esperanza en algún tiempo cercano. Cuando ella se sonrojó a un rojo más profundo debajo de la delicada luz de la habitación, sus cejas se alzaron. — Así de raro, ¿eh?
Ella escondió su incertidumbre en otro beso, esperando que él no la presionara más por una respuesta.
Él no lo hizo, y le mostró, con una íntima presión de su cuerpo, cuanto la deseaba, sus manos se movieron hasta la parte trasera de sus jeans, y luego hacia delante, abriendo torpemente el cierre y retirando la prenda. Ella solo imitó los gestos, un poco menos grácilmente, y con mucho más nerviosismo.
Las manos de Jun fueron a su espalda, desabrochando su sostén mientras la besaba, paseó sobre la suave piel de sus caderas, encargándose de la prenda. Ella sintió sus piernas relajadas y laxas ante su toque.
— Realmente necesitas el estiramiento. — dijo él riendo.
— Deberías conseguir una camisa con eso escrito. — murmuró ella contra su cabello. Él rio.
— Buscaré una, entonces. — murmuró, poniendo sus labios en mejor uso contra la piel de detrás de su oreja.
Ella tembló de placer. Y, nerviosismo.
Él empezaba a recorrer la zona de sus costillas, dejando sensaciones placenteras a su paso. Sintiéndose aventurero, decidió moverse un poco más arriba, encontrando la suavidad de sus pechos y, entonces, yendo más al sur, a la cremosa y delicada piel entre sus caderas.
Las manos de Bella se movían más tentativamente, toques ligeros exploraban las texturas desconocidas de su piel.
Él sintió la timidez proveniente de Bella, y tomó una de sus manos, colocándola sobre sí mismo. El acto la hubiera hecho sonrojar, si su sangre no hubiera estado centrada en otro lugar. Los dedos de Jun encontraron el centro sensible, la acarició suavemente, provocándola. El placer de su roce regular la hizo respirar de forma entrecortada y dificultosa. Su propio toque ligero provocó las mismas sensaciones en el cuerpo de él.
El sonido de un empaque rasgándose llevó sus nervios de nuevo a flote.
— ¿Estás segura de que quieres? — preguntó él, deteniéndose, sintiendo el cambio en su cuerpo.
Ella asintió, tímida, pero igualmente curiosa, lo miró ponerse el condón, cuando él volvió su atención a ella y su respiración se entrecortó. Sus cuerpos se encontraron de nuevo, y ella le sintió presionarse contra su cuerpo y, más cerca entonces. Se sentía bien.
Sus dedos aún jugueteaban sobre su espalda, sus caderas y sus muslos. Entonces, él hizo un elegante arco con los dedos, tocándolo de forma ligera, la presión fue suficiente para hacerla jadear.
— ¡No te detengas! — respire dificultosamente Bella cuando Jun detuvo los movimientos.
Él se rio, y continuó, esperando que ella se volviera a relajar contra sus besos. Sin embargo, no les fue posible y, ella se acercó más a él, mostrándole lo que quería. Él la dejó hacer, pero se detuvo inmediatamente, sintiendo las manos de Bella recorrerlo y, la afilada respiración se le entrecortó cuando él encontró una resistencia distintiva.
Lo dejó sin palabras de un momento a otro.
Su propio monólogo interno era otra cosa. Algo como: OH, POR DIOS.
— No te detengas. — dijo Bella de nuevo, aunque esta vez, con un nuevo tono.
Él se aclaró la garganta.
— Bella… ¿eres virgen?
¿Era tan obvio? Pensó ella, reclamándose a sí misma su ignorancia. Le dio a un corto asentimiento, sus mejillas ardiendo.
Jun mantuvo una mano firme en su espalda, manteniendo sus cuerpos en su lugar, asegurándose de que no se moviera de forma repentina. Sus cejas no dejaban claro las emociones que pasaban por su cabeza, llegando desde la preocupación hasta la incertidumbre.
— ¿Por qué no me dijiste? — susurró él, pasando una mano delicadamente contra su mejilla.
— ¿Necesitaba hacerlo? — ella lo miró, cuestionando y retándo con una sola mirada.
Él apretó los labios, pensando.
— Solo… no quiero lastimarte. — él no le dijo que había evitado a vírgenes, precisamente por esa razón. ¿Quién quiere que todo eso sea parte del sexo?
Para Bella, la elección de palabras fue totalmente errónea.
— No lo harás. — dijo ella, su voz temblando de emoción y determinación que él no comenzaba a entender.
Él podía sentir a la perfección, lo que un ligero movimiento podría causar en el cuerpo de ella.
Bella hizo una mueca debajo de él, y Jun tuvo que exhalar presionando sus frentes juntas.
— Ok… — dijo él. — ¿Rápido o lento?
Ella entendió lo que quería decir.
— Rápido. — respondió, distrayéndose a sí misma con la textura de su corto cabello y su cuello.
— ¿Confías en mí? — preguntó él, buscando su mirada, observándola con cuidado.
— Absolutamente.
— Bien.
Él la levantó, colocándola sentada contra la pared entre la cama y el escritorio. Pasó sus brazos por detrás de las rodillas de Bella, entró en ella con un movimiento rápido y abrupto.
Ella no logró recordar qué hacer con el aire en sus pulmones. Le tomó un momento, su boca se abrió, intentando decidir si el oxígeno debería salir o entrar. El dolor había sido punzante y afilado, dejándole el sentimiento como si la hubieran golpeado en el estómago.
— ¿Estás bien? — preguntó él, preocupado por la expresión de su rostro.
— Si. — manejó en decir, sus ojos se sentían acuosos, sintiéndolo aún dentro de ella, intentó respirar a través del dolor que persistía. Él comenzó a moverse, muy gentilmente, muy lentamente, y ella siseó entre respiraciones. — Solo… solo dame un minuto, ¿sí? — él asintió, deteniéndose, electrificándose bajo su toque, temblando por la restricción. Tomó más esfuerzo de lo que estaría dispuesto a admitir. Pero, lo logró. Casi. Cuando sintió que ella comenzó a respirar con más normalidad, la escuchó susurrar. — Estoy bien.
Él exhaló de puro alivio, y comenzó a moverse, aun lento, aun suave, dejando que el cuerpo de ella se amoldara naturalmente a las sensaciones y encontrara el placer en la nueva experiencia.
Era lo suficientemente placentero.
Los besos alcanzaron el satisfactorio ritmo de antes, y ambos comenzaron a moverse juntos.
Pero, arruinando el nivel de placer había una pequeña e irritable punzada de dolor en su interior, que Bella descartó como se esperaría. Sin embargo, persistió, y mientas Jun se encontraba cada vez más cómodo con las curvas y espacios de su cuerpo, sus movimientos se fueron haciendo más audaces.
— Detente. — dijo Bella con voz baja y rasposa cuando los niveles de dolor comenzaban a supercar al placer, su frente comenzó a sudar.
Él escuchó lo que había escuchado antes: una súplica de que no se detuviera.
— Descuida, no lo haré. — susurró de regreso, besandola y alarmándola por completo.
Pensando que ella estaba por terminar, él cambió la posición y los movimientos, más certeramente, comenzó a ir más rápido.
Él tomó el sonido que salió de su garganta como la señal de algo completamente diferente a lo que en realidad era, y se perdió a sí mismo en su liberación.
Estaba tan absorto en las sensaciones que no había notado lo que las manos de Bella intentaban hacer, intentaba empujarlo lejos. Ella no podía hacer uso de sus piernas, y el dolor era ahora una fiera e insistente puñalada. Él no vio la mano de Bella moverse hacia él, pero su mandíbula si notó el impacto. Hubo exclamaciones de dolor por ambas partes, y él le soltó, alejándose. Ella cayó de forma torpe contra la pared y el suelo, el condón permaneció en el suelo cuando fue retirado repentinamente de su interior.
— ¿Qué demonios, Bella? — dijo Jun, con la mano en la mandíbula. — ¿A qué estás jugando? — estaba respirando pesadamente, enojado y confuso, la miró aplastada contra la pared, los brazos abrazando sus piernas. Bella jaló la sábana que había caído, colocándola sobre sí misma. Estaba demasiado impactada como para decir algo, respiraba rápidamente, su mano sana acunando a la otra maltrecha, con la que le había golpeado. — ¿No vas a decir nada? — preguntó.
Bella no se movió, y estaba sentada, temblando y en shock por lo que había pasado. Cerró los ojos, pensando que eso le ayudaría a recuperarse.
Jun pensó que ella lo estaba dejando fuera.
Cuando Bella no habló, él se dio la vuelta, y más rápido de lo que ella pudo decirse a responder, tomó sus cosas, vistiéndose furiosamente. Se fue, azotando la puerta detrás de él, tomando el silencio como un reproche hacia alguna ofensa desconocida.
Para Jun, el no saber qué había sucedido, sus emociones, su orgullo, todo se sentía sensible, todo le dolía.
Bella se sentó allí por mucho tiempo, intentando obligarse a dejar de temblar. A dejar de llorar.
No funcionó.
Cuando pudo contener las emociones lo mejor que pudo, y darse cuenta de que su mano se encontraba más allá de una bolsa de hielo, se puso la ropa de forma lenta y torpe, maldiciendo la dificultad al tener que hacerlo con una sola mano. Vestida, tomó su teléfono.
Sam no respondió, tampoco Marie.
Cuendo por fin, alguien respondió la llamada, su voz salió temblorosa.
— ¿Emmett? — preguntó, casi insegura.
— ¡Bella!
— Hola. — dijo, intentando controlar su voz. — ¿Estás ocupado?
— No, ¿por qué?
— Yo umm… necesito un aventón al hospital. — dijo ella, vigilando de cerca cada palabra.
— ¿Tropezando sobre superficies planas de nuevo?
— Algo así. — se las arregló en decir. — Umm… debo advertirte, estoy sangrando.
— No hay problema. — respondió él. — Dame cinco. Allí estaré.
— Gracias. — respondió ella.
Ella estaba esperándolo fuera, intentando enmascarar sus temblores como si fueran a causa del frío.
— Así de malo, ¿eh? — Emmett frunció el ceño al verla.
Ella levantó la mano como si fuera suficiente explicación, su rostro se mantuvo inexpresivo. Cuando Emmett le preguntó qué había pasado, ella solo negó con la cabeza, dejando que su sonrojo dijera todo.
Ninguno de los dos habló mientras esperaban en la sala de espera de urgencias. Cuando llamaron su nombre, ella se volteó para mirarlo.
— ¿Puedes esperar por mí? ¿Por favor? — fue casi un susurro, y el temblor en su voz se había vuelto aparente. Emmett solo asintió, frunciendo el ceño cuando ella se alejó caminando lentamente.
Los nudillos de Bella estaban fracturados, y Emmett hizo una mueca imaginando lo doloroso que eso pudo haber sido. Los rayos X fuero realizados, y el casquillo fue colocado por la enfermera, quien de forma casual preguntó cómo se había realizado la fractura.
— Oh. — dijo Bella, aclarándose la garganta. — Yo… umm… golpeé a alguien…
Emmett se rio. Realmente necesitaba enseñarle cómo lanzar un golpe. Estaba sorprendido de que Charlie no lo hubiera hecho.
— ¿Qué te llevó a eso? — continuó la enfermera, su voz era muy tranquila, como si le estuviera preguntando la hora.
La respuesta de Bella fue tartamudeada, pero Emmett pudo escucharlo claramente.
— Le pedí a alguien que se detuviera, y no lo hizo.
Emmett sintió escalofríos recorrerle el cuerpo, casi paralizando su columna, aunque sabía que era vampíricamente imposible.
La enfermera prestó atención a la postura de Bella, la forma en la que se removía nerviosamente, sentada sobre la camilla, y los temblores que ya deberían haberse detenido para ese momento.
— ¿Qué querías que dejara de hacer? — preguntó suavemente la enfermera. Emmett supo que el doctor no podría alcanzar a escuchar aquello.
No hubo respuesta.
Emmett escuchó salir al doctor.
— ¿Alguien te estaba lastimando?
Aún sin respuesta, pero la fricción de las telas le indicó que Bella se había movido.
En ese momento, Emmett se dio cuenta que las pocas personas de la sala de espera le estaban mirando. Sus manos se habían cerrado en puños, su expresión había cambiado a una amenazante. Se forzó a regresar a su asiento, sonriendo forzadamente, y entrelazar sus dedos por detrás de su nuca, mostrándose lo más relajado posible.
— ¿Tienes alguna otra herida? — preguntó la enfermera, la voz casi tierna. Cuidadosa.
— No estoy segura. — dijo Bella, casi susurrando. Intentaba esconderle algo.
Mierda.
— De acuerdo. — dijo la enfermera. — Ya regreso. — se fue, el rechinido de sus zapatos la siguieron por todo el pasillo, hasta detenerse frente a una puerta, la cual golpeó un par de veces. La conversación con su colega pudo haber sido silencioso para los humanos, pero no para Emmett. — Tengo una chica con una mano rota y lo que parece ser abuso sexual, ¿estás libre?
La sala desapareció para Emmett. Solo veía extrañas manchas que se movían frente a él, tuvo que reunir todo su control para ponerse en pie, caminar fuera, sin detenerse, pero lo humanamente rápido para alejarse lo suficiente hasta la línea de árboles, en la privacidad de la oscuridad. La llamada telefónica fue corta, y solo esperó hasta escuchar una respuesta afirmativa antes de desaparecer en la noche.
Edward llegó un par de minutos después, escaneando el lugar por posibles testigos. Era bastante fácil localizar a Bella en las mentes de las dos mujeres que se encontraban en la habitación: una enfermera y una orientadora. Una doctora, esperando fuera.
Él entendió, con una horrible claridad, porqué Emmett había tenido que irse.
Siguió el aroma de su hermano, incursionando en los árboles, donde uno de los árboles estaba hecho pedazos en el suelo. Él mismo hubiera ocasionado lo mismo solo con su voz, si es que se olvidaba de las personas que podrían oírlo
Le tomó unos buenos veinte minutos antes de tranquilizarse y caminar de regreso al edificio, manteniendo una batalla interna durante todo el camino.
Sus últimas palabras hacia Bella comenzaban a arremolinarse en su mente, como un bucle, una y otra vez, haciendo eco dentro de él.
Estaban intentando convencer a Bella de que les permitiera tomar evidencia durante el examen.
— No fue… — ella suspiró. — Di mi consentimiento…
— Entiendo. — dijo la orientadora. — Pero, entonces lo retiraste.
— Él no me escuchó… — su voz tembló. Estaba al borde de las lágrimas.
— No… — respondió. — seguramente no te escuchó. O puede que lo haya hecho. Los datos solo toman unos minutos y te da la oportunidad de tomar una decisión después, si es lo que deseas.
— No lo haré. — dijo Bella, se escuchó movimiento, como si estuviera sacudiendo su cabeza.
— Y no tienes por qué, pero tendrás la opción. — dijo la enfermera. — He visto a muchas chicas haber deseado haber tenido esa opción.
Ellas intentaron convencerla, hasta que finalmente dio su consentimiento a regañadientes, Edward se enfocó en otras mentes para ocupar su atención. Era algo casi contra su naturaleza. Estaba acostumbrado a buscar mentes que la mostraran, era casi como una sensación instintiva buscar por su imagen. No quería invadir la poca privacidad que Bella tenía en estos momentos, pero le llegaban brees imágenes de su rostro de forma desprevenida.
Ella se veía extraña, los músculos de su mandíbula tensos, estaba conteniendo las lágrimas.
Él evitó pensar quién había hecho esto de forma muy cuidadosa. Sería tan fácil encontrarlo.
Sería tan fácil volcar su propia culpa en aquel humano.
Por eso Emmett se había ido. No había querido hacer algo… apresurado.
Cuando una nueva doctora finalmente entró para ver a Bella, su aproximación clínica era gentil. Le recordó a Carlisle, y él respiró aliviado por la habilidad y profesionalismo.
Bella no estaba bien. Se mantuvo más o menos firme durante las preguntas embarazosas. Soportó el examen. Fue cuando la doctora preguntó por métodos de anticoncepción cuando Bella rompió en llanto.
Ella se sentía como una idiota.
Sabía que estaba jugando con fuego. ¿En qué estaba pensando?
Claramente, no lo había hecho.
— Toma dos ahora, y dos en doce horas. Ahora, disculpa el fastidio, pero necesito que me digas cuándo te tomarás las otras dos.
Bella repitió la información monótonamente, como un niño al que sabían que no podían confiarle las instrucciones más básicas.
Hubo pruebas de sangre, y finalmente, papeleo, con el cual la orientadora le ayudó a rellenar.
— Esto no es una denuncia formal hasta que lo firmes. — le comentó. — Entonces, se convierte en un documento legal, y la policía iniciará los cargos. ¿Tienes alguna pregunta sobre esto?
El sonido familiar indicó que Bella había movido la cabeza: no.
Bella sentía que solo era una pérdida de tiempo para todos. Una cansada pérdida de tiempo.
Dijo que si.
Solo quería irse a casa.
Para el momento en que la doctora le extendió la receta que ella no tenía intención de leer, se meció un poco cuando se puso en pie. Cansada. Eran casi la una de la mañana.
— ¿Tienes a alguien que te lleve a casa? — preguntó la enfermera, sosteniendo a Bella del codo de forma suave mientras la conducía a la sala de espera.
— Si, gracias. — dijo Bella, lista para terminar con todo esto.
La enfermera asintió y sonrió a modo de despedida, ocupándose rápidamente en sus demás tareas.
Cuando Bella llegó a la recepción, se detuvo, su corazón comenzó a palpitar de forma errática.
Edward estaba sentado en la sala de espera, tenso, mirándola.
Edward.
La habitación comenzó a dar vueltas, como si las líneas fueran más borrosas, más grises, hasta que finalmente todo se volvió negro.
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¡Sorpresa, sorpresa!
Espero disfruten este capítulo, aquí amamos los dramas. No olviden dejar su comentario!
Nos leemos luego!
