En los últimos seis meses, Lelouch había dedicado cada día a fortalecerse física y mentalmente. Su cuerpo, antes débil y poco preparado, ahora mostraba los frutos del entrenamiento bajo la estricta guía de Kyoshiro Toudoh. Al mismo tiempo, las enseñanzas de Darth Revan habían agudizado su conexión con la Fuerza, permitiéndole manipularla con mayor precisión y control.
Había encontrado un lugar apartado en los bosques cercanos a la residencia Kururugi, donde podía entrenar sin distracciones. Este santuario improvisado se convirtió en su refugio, un espacio donde podía trabajar tanto en las lecciones físicas de Toudoh como en las habilidades en la Fuerza que Revan le había enseñado.
Esa mañana, mientras Lelouch practicaba telequinesis con varios objetos pequeños, un sirviente llegó corriendo desde la residencia Kururugi, con el rostro pálido y lleno de pánico.
—¡Príncipe Lelouch! ¡Algo terrible ha ocurrido!
Lelouch detuvo su entrenamiento y se giró hacia el hombre, que apenas podía hablar entre jadeos.
—Britannia... Britannia ha declarado la guerra a Japón. ¡Han comenzado a atacar la residencia Kururugi!
El corazón de Lelouch se detuvo un instante. Aunque sabía que la guerra era inevitable, no esperaba que comenzara de forma tan repentina y directa. Cerró los ojos, inhaló profundamente y se obligó a mantener la calma.
—¿Dónde está el Primer Ministro? —preguntó con firmeza.
—El señor Kururugi y sus fuerzas están defendiendo la residencia, pero las fuerzas de Britannia son demasiadas... —El hombre dudó antes de continuar—. Su amigo Suzaku y la señorita Kaguya también están en la residencia.
Lelouch apretó los puños. Había pasado mucho tiempo manteniendo una relación distante con Suzaku, pero Kaguya... ella era una niña inocente en medio de un conflicto que no había elegido.
—Llévame allí. Ahora.
Cuando Lelouch llegó a los alrededores de la residencia Kururugi, el lugar ya estaba sumido en el caos. Las tropas de Britannia avanzaban con Knightmare Frames al frente, arrasando las defensas japonesas con brutal eficiencia. Los soldados japoneses, aunque valientes, estaban siendo superados por la tecnología superior del Imperio.
Desde una colina cercana, Lelouch observó el campo de batalla. Su mirada se movía rápidamente, analizando cada movimiento, cada táctica desplegada por ambos lados.
"Britannia está utilizando una formación estándar para este tipo de asaltos. Puedo ver varias debilidades, pero los japoneses no tienen el poder para explotarlas."
Lelouch se giró hacia el sirviente que lo había acompañado.
—Quiero que encuentres a Toudoh y le entregues este mensaje. —Lelouch tomó un trozo de papel y escribió rápidamente un esquema táctico—. Esto debería ayudar a organizar una retirada efectiva. Dígale que proteja a los civiles, especialmente a Kaguya y Suzaku.
El sirviente asintió y salió corriendo. Lelouch sabía que no podía simplemente lanzarse al campo de batalla. Aunque había mejorado mucho en los últimos meses, no estaba preparado para enfrentarse a los Knightmare Frames ni a los soldados imperiales de Britannia.
Desde su posición, Lelouch vio cómo las tropas japonesas comenzaban a desmoronarse bajo el asalto de Britannia. Entonces, una explosión masiva sacudió la residencia principal. El techo del edificio se derrumbó, y Lelouch supo que algo terrible había ocurrido.
"Kururugi..."
Las transmisiones en los dispositivos de los soldados confirmaron lo que Lelouch temía. Genbu Kururugi, el Primer Ministro de Japón, había sido asesinado en el ataque. Sin su liderazgo, las fuerzas japonesas se dispersaron, y la victoria de Britannia se volvió inevitable.
Lelouch cerró los ojos, sintiendo una mezcla de ira y frustración. Había hecho todo lo posible para prepararlos, pero sabía que esta derrota era solo el principio.
Cuando la batalla terminó, Lelouch regresó a la residencia Kururugi, o lo que quedaba de ella. Los escombros y los cuerpos de los caídos cubrían el terreno. En medio del caos, encontró a Suzaku, cubierto de polvo y sangre, pero milagrosamente ileso. A su lado estaba Kaguya, llorando mientras se aferraba a él.
Lelouch se acercó lentamente, con una expresión contenida.
—¿Están bien? —preguntó, aunque ya conocía la respuesta.
Suzaku levantó la mirada, su rostro lleno de ira.
—¡Esto no debería haber pasado! —gritó, señalando los restos de la residencia—. ¡Si Britannia no existiera, si... si no hubiera guerras...!
Lelouch lo dejó desahogarse, pero en su mente, ya estaba trazando el próximo paso. Miró a Kaguya, su pequeña figura temblando de miedo, y sintió una responsabilidad más grande que él mismo.
"No pude salvar a Japón hoy, pero esto no termina aquí. Mi tiempo llegará, y cuando lo haga, no cometeré los mismos errores."
a noche, lejos de los escombros de la residencia, Lelouch activó el holocrón. La figura de Revan apareció, observándolo con atención.
—Hoy has visto el verdadero rostro de la guerra, Lelouch. ¿Qué has aprendido?
Lelouch respiró hondo antes de responder.
—Que no basta con ser fuerte. No basta con tener información o estrategia. Para cambiar el mundo, necesito algo más. Necesito poder, verdadero poder.
Revan asintió, su tono grave.
—El poder es el medio para lograr tus objetivos, pero recuerda: el poder sin control es destructivo. Hoy perdiste, pero esta derrota es solo una lección. Aprende de ella, y serás imparable.
Lelouch apretó los puños, su mirada ardiendo con determinación.
—Lo haré. Britannia pagará por lo que ha hecho. No importa cuánto tiempo me tome, encontraré la manera de derribarlos.
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Habían pasado semanas desde que Britannia consolidó su control sobre Japón, ahora llamado Área 11. Lelouch, alejado de los Kururugi, vivía en las sombras. Sobrevivir en un país ocupado había sido un nuevo tipo de entrenamiento, uno impuesto por Darth Revan. Sin un hogar, sin recursos, Lelouch aprendió a adaptarse a su entorno, utilizando su ingenio y habilidades para mantenerse con vida.
Durante este tiempo, robó una pistola de un soldado de Britannia y, con paciencia y práctica, aprendió a usarla con precisión. Aunque despreciaba las armas de fuego por su falta de elegancia, entendía que en este mundo, un arma podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Por las noches, Lelouch activaba el holocrón en los rincones más oscuros donde se refugiaba. Las enseñanzas de Revan eran su único consuelo y su guía. Y esta vez, Revan tenía una lección especial preparada para él.
Lelouch encendió el holocrón, y la figura de Darth Revan apareció, su aura oscura llenando la habitación improvisada. Había algo diferente en su tono esta vez, una intensidad que Lelouch no había sentido antes.
—Lelouch, has aprendido a dominar tu cuerpo y a manipular la Fuerza, pero hay una lección que aún no has enfrentado. Una que todos los que buscan el poder deben aprender.
Lelouch levantó la vista, su expresión seria.
—¿Qué lección?
Revan lo observó por un momento antes de responder, su tono firme y frío.
—Matar.
Lelouch parpadeó, sorprendido.
—¿Matar? Ya he visto morir a muchos. Britannia lo hace todos los días. ¿Qué podría enseñarme esa lección que no haya visto ya?
Revan dio un paso hacia él, su figura imponente.
—Ver la muerte y causarla son dos cosas muy diferentes. Decidir la vida o la muerte de alguien es un acto definitivo, un verdadero uso del poder. No es solo un acto físico, sino un desafío mental y moral. Para controlar tu destino y el de otros, debes ser capaz de cruzar esa línea sin dudar.
Revan levantó una mano, y el ambiente en la habitación cambió. Lelouch sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras una visión se formaba frente a él. Era un hombre, un soldado de Britannia, de pie en un campo abierto, completamente vulnerable.
—Este es un enemigo, un hombre que representa al Imperio que destruyó tu hogar, que pisoteó a los Kururugi, que redujo a Japón a cenizas. Tienes el poder de acabar con él, aquí y ahora. Toma la pistola y hazlo.
Lelouch miró la visión, luego la pistola que tenía al alcance de su mano. Por un momento, dudó. Podía sentir su corazón latiendo con fuerza mientras la voz de Revan llenaba la habitación.
—Este no es solo un soldado, Lelouch. Este es un símbolo. Si no puedes eliminar a un símbolo, nunca podrás enfrentarte al Imperio. Esta decisión no es solo sobre él, sino sobre ti. ¿Estás dispuesto a hacer lo necesario para lograr tu objetivo?
Lelouch levantó la pistola, apuntando al hombre. Su mente trabajaba rápidamente, recordando las palabras de Revan, las enseñanzas que había recibido y las atrocidades que había presenciado. Sus manos temblaban ligeramente, pero apretó los dientes, obligándose a mantener la calma.
Finalmente, apretó el gatillo.
El disparo resonó en la habitación, y la visión del soldado desapareció en un destello de luz. Lelouch bajó la pistola lentamente, su rostro inexpresivo mientras procesaba lo que acababa de hacer. Aunque sabía que no era real, el acto se sentía real. La sensación de haber tomado una vida lo golpeó con fuerza.
Revan, observándolo, habló con un tono más suave esta vez.
—Lo has hecho. Pero dime, Lelouch, ¿cómo te sientes?
Lelouch permaneció en silencio por un momento antes de responder.
—Frío. Calculador. Sabía que debía hacerlo, pero no siento alivio. Solo... vacío.
Revan asintió.
—Eso es natural. Matar no debería ser un acto impulsivo o vacío. Pero tampoco debería ser un obstáculo. Es una herramienta, un medio para un fin. Recuerda esto: el poder siempre viene con un costo. Si no estás dispuesto a pagar ese costo, nunca alcanzarás tus objetivos.
Lelouch levantó la mirada, su tono más firme.
—Lo entiendo. No disfruto esto, pero lo acepto. Si quiero cambiar el mundo, debo estar dispuesto a ensuciar mis manos.
Revan asintió, satisfecho.
—Entonces estás listo para el siguiente paso, Lelouch. Ahora que has cruzado esta línea, puedes comenzar a comprender lo que significa controlar verdaderamente tu destino.
En las semanas siguientes, Lelouch comenzó a aplicar esta lección en su vida diaria. Aunque evitaba el conflicto cuando era posible, ya no dudaba cuando debía tomar decisiones difíciles. Su mente estaba más enfocada, y su conexión con la Fuerza se había profundizado, permitiéndole anticipar movimientos y manipular situaciones con mayor precisión.
Mientras tanto, las fuerzas de Britannia continuaban consolidando su control sobre el Área 11. Lelouch observaba desde las sombras, esperando el momento adecuado para actuar. Ahora, con esta nueva lección aprendida, estaba un paso más cerca de convertirse en el estratega y líder que necesitaba ser.
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Lelouch, ahora acostumbrado a sobrevivir en un país bajo ocupación, había aprendido a moverse entre los restos de Japón sin ser detectado. Tanto los soldados de Britannia como los resistentes japoneses representaban una amenaza. Para los primeros, era un príncipe traidor; para los segundos, un símbolo del enemigo. No tenía aliados en este momento, solo su ingenio, la Fuerza y la pistola que llevaba consigo.
Una noche, mientras exploraba un pequeño pueblo destruido cerca de los escombros de lo que una vez fue un campo de batalla, Lelouch escuchó voces. Se ocultó rápidamente detrás de un muro derrumbado, observando desde las sombras. Varios soldados de Britannia patrullaban el área, pero algo más llamó su atención: dos hombres japoneses armados que intentaban mantenerse ocultos en un edificio cercano.
"Dos facciones enfrentadas, ambas hostiles hacia mí. Esto podría complicarse."
Lelouch cerró los ojos y dejó que la Fuerza fluyera a través de él. Podía sentir la tensión en el aire, las emociones de cada grupo. Los soldados británicos patrullaban con confianza, pero también con cierta arrogancia. Los japoneses, por otro lado, estaban llenos de miedo y determinación.
De repente, uno de los soldados británicos notó un movimiento en el edificio donde se escondían los japoneses. Levantó su rifle y gritó:
—¡Alto ahí! ¡Salgan con las manos en alto!
Los japoneses respondieron disparando. La patrulla británica se dispersó rápidamente, buscando cobertura mientras abrían fuego contra el edificio. El sonido de los disparos llenó el aire, y Lelouch observó cómo ambas facciones se enfrentaban con violencia.
"Este enfrentamiento es inútil. No tiene estrategia, solo caos. Pero si intervengo, podría ganar algo de ventaja."
Lelouch observó el patrón de los disparos y las posiciones de ambos bandos. Con calma, trazó un plan en su mente. Aunque despreciaba la violencia sin propósito, sabía que esta era una oportunidad para practicar lo que Revan le había enseñado.
Lelouch sacó su pistola y se movió sigilosamente hacia una posición elevada. Desde allí, usó la Fuerza para mover ligeramente una pila de escombros, distrayendo a los soldados británicos. Aprovechando la confusión, disparó a uno de ellos en la pierna, asegurándose de no matarlo pero incapacitarlo.
—¡Nos están rodeando! —gritó uno de los soldados, cayendo en pánico.
Mientras los británicos reorganizaban sus posiciones, Lelouch redirigió su atención hacia los japoneses. Utilizando la Fuerza, empujó una viga suelta en su edificio, obligándolos a salir de su escondite.
Cuando los dos hombres japoneses salieron corriendo, Lelouch apareció frente a ellos, apuntándoles con su pistola.
—Deténganse. No tienen oportunidad aquí, ni contra ellos ni contra mí.
Los hombres, sorprendidos, levantaron sus manos. Uno de ellos, evidentemente el más joven, habló:
—¿Quién demonios eres? ¿Por qué deberíamos confiar en ti?
Lelouch mantuvo su postura firme, sin bajar el arma.
—No estoy aquí para salvarlos ni para matarlos, pero puedo asegurarme de que salgan de esto con vida. Si siguen luchando, solo serán otro par de cadáveres en este campo de batalla inútil. Decidan ahora.
Antes de que los japoneses pudieran responder, un soldado británico apareció detrás de ellos, apuntándoles con su rifle. Lelouch, sin dudar, giró rápidamente y disparó al soldado en el hombro, derribándolo antes de que pudiera abrir fuego.
Los japoneses miraron a Lelouch con incredulidad, sin saber si era su salvador o su enemigo. Aprovechando su confusión, Lelouch les hizo un gesto.
—Váyanse. Ahora.
Sin decir una palabra, los hombres se retiraron rápidamente hacia el bosque cercano. Lelouch observó cómo desaparecían entre los árboles antes de volver su atención a los soldados británicos restantes. Sabía que no podía enfrentarlos a todos, pero tampoco podía quedarse allí.
Usando la Fuerza, Lelouch derribó un muro cercano, creando una nube de polvo que cubrió su escape. Moviéndose con rapidez y silencio, desapareció en la noche, dejando atrás el caos que había manipulado a su favor.
Esa noche, oculto en un refugio improvisado, Lelouch activó el holocrón. La figura de Revan apareció, su mirada intensa como siempre.
—Hoy tuviste la oportunidad de aplicar lo que has aprendido, Lelouch. Dime, ¿qué sientes ahora?
Lelouch respiró hondo, recordando los eventos del día.
—Confusión. Sabía lo que debía hacer, pero me siento atrapado entre dos mundos. Los británicos son mis enemigos, pero los japoneses no son aliados confiables. No sé si tomé la decisión correcta.
Revan asintió lentamente.
—La confusión es natural cuando enfrentas dilemas morales. Pero lo que importa es que actuaste. Usaste la Fuerza, tu intelecto y tus habilidades para controlar la situación. Cada decisión te acerca más a tu objetivo, pero recuerda: no todos entenderán tus acciones. Eso no debe detenerte.
Lelouch miró a Revan, su voz más firme esta vez.
—Lo entiendo. Este mundo está lleno de conflictos inútiles, pero no dejaré que eso me detenga. Si debo manipular a ambos bandos para lograr mi meta, lo haré.
Revan sonrió bajo su máscara.
—Esa es la respuesta correcta. Sigue adelante, Lelouch. El camino que has elegido es difícil, pero también es el único que puede llevarte a la victoria.
Lelouch apagó el holocrón, su mente más clara pero su corazón aún pesado por las decisiones que había tomado. Sabía que no podía confiar en nadie en este momento, pero también sabía que cada acción lo acercaba más a su objetivo final.
"En este tablero, no hay aliados, solo piezas. Y yo seré quien mueva todas las piezas."
