Cuenta Regresiva: 26.280 horas.
Más que palabras.
Bulma caminaba despreocupada hacia la alberca, luciendo un bikini de infarto. Hoy era su día libre y lo había aprovechado durmiendo hasta tarde para enseguida bajar por algo de comer, ver televisión y decidirse finalmente por ir a tomar un poco de sol junto al agua. Aún estaba de mal humor por la discusión con Vegeta, pero no se dejaría amedrentar por ello y estaba decidida a doblegar su espíritu "Si no quiere reconocer que me quiere siquiera un poco, lo haremos ver lo que se pierde…Eso nunca falla"
Se dejó caer en una reposera, comenzando a leer una revista, que había llevado para matar el tiempo mientras esperaba a que él la viera.
-Mmm… ¿Por qué la estrella del equipo abandonó el béisbol? Sépalo en está exclusiva… parece que extrañan a Yamcha… - leyó un par de párrafos y rio - ja, ja, ja… Pobrecito… ¿De dónde sacan tanta imaginación para escribir estas cosas? ¿Cómo va a ser que abandone el beisbol por una lesión sexual? Ja, ja, ja…
Pasó un par de hojas más y leyó - ¡¿Quién es el nuevo novio de la heredera de Capsule Corp?! …Vaya, sí que los chismes vuelan… - revisó el artículo y no encontró nada especial. Esperaba ver alguna foto de Vegeta, ya que eso hubiera sido gracioso, pero no había más que especulaciones sobre posibles nombres, pasando desde empresarios hasta artistas. Decepcionada del artículo, suspiró – Supongo que es mejor así… "Ay, Vegeta… ¿Cuándo será el día que reconozcas que sientes algo más que deseo por mí?… te amo y sé que tú también sientes algo más que aprecio por mí, pero eres tan endemoniadamente terco…"
Continuó su lectura, pero después de un rato levantó su vista hacia la nave y vio que las luces estaban apagadas. Era momento de atacar, por lo que se apresuró en ir a la cocina, donde seguramente estaría el saiyajin, pero cuando entró solo encontró un trozo de carne a medio comer sobre un plato en la mesa, por lo que supuso que él la había sentido acercarse. En ese momento deseó saber cómo ocultar su ki para poder sorprenderlo. Pero como no había nada más que hacer, tomó una manzana del frutero y se puso a comer con rabia, mientras pensaba en su siguiente movimiento.
Vegeta efectivamente había sentido a la mujer en los alrededores, sin embargo, no quería verla ni en pintura. No después de lo que ella había insinuado y de decirle tamaña idiotez.
"Nunca te convertirás en un súper saiyajin…"
Frunció, oculto tras la puerta de la cocina, decidido a esperar a que ella se aburriera y se marchara de allí para poder terminar su merienda. Sin embargo, al percatarse de que había quedado una pequeña abertura entre la puerta y el umbral se aventuró a espiarla, quedándose estático al hallarla de pie frente a la mesa. "Demonios, se puso el traje de baño pequeño… ¡Maldita vulgar!… Pero no caeré en su juego tan fácilmente…" Sin embargo, si cayó. Se maldijo por quedarse parado allí solo para verla en bañador, pero era algo más fuerte que él, algo que no podía controlar. Lamentablemente para el saiyajin, Bunny lo descubrió.
-Vegeta… ¿Por qué estas ocultándote? – le dijo en un susurro, muy cerca de su oido.
-¡Hmp! – hizo él al verse sorprendido. Un leve rubor cubrió su rostro mientras comenzaba a escabullirse de la señora.
- ¡OH!... No te preocupes… seré una tumba – le sonrió la señora, hablando bajito.
Él cerró sus ojos y le dijo - Si abre la bocota se cumplirá su pronóstico…- murmuró.
-Bueno… supongo que no quieres "estorbos"… Pero me alegro de verte de nuevo… - susurró ella.
Él simplemente comenzó a caminar hacia las escaleras, mientras le decía - Argg… no puedo decir lo mismo…
Bunny se quedó observando por donde se iba el saiyajin, pero luego volteó hacia la puerta de la cocina y pudo ver lo que hace un momento mantenía la atención del hombre.
-Ay, Vegeta… Pobrecito – comentó, antes de marcharse por donde había venido.
…
Pasó más de un mes desde la última vez que se hablaron y Bulma al fin había conseguido habituarse completamente a su nueva rutina empresarial. En ese intervalo había finalizado también el prototipo de armadura para Vegeta y aunque deseaba ver la expresión del saiyajin no se rebajaría a comentarle nada de ello. Si él era orgulloso, ella lo podía ser más. De hecho, se lo había topado un par de veces, sin embargo ninguno había emitido ni un sola silaba frente al otro.
Flash Back
Unos días después de su discusión con el saiyajin, Bulma caminaba despreocupada por el pasillo que iba hacia la casa desde su oficina. Tenía planeado ir a la cocina por un bocadillo, pero al atravesar la entrada de la casa se dio de golpe con Vegeta. Perdió un poco el equilibrio, sin embargo alcanzó a recobrar el balance y lo miró de frente. Vegeta solo levantó una ceja guardándose cualquier comentario. Se miraron unos segundos, Bulma intentó expresar su furia con su mirada pero a lo único que atinó fue a mostrarle la lengua y seguir su camino sin voltear, sin darse cuenta de que el saiyajin sí volteó a verla mientras se alejaba, ya que el encuentro no había sido para nada accidental.
Fin Flash Back
Se sacudió el recuerdo y caminó hacia la cocina. Allí estaba su madre, preparando té y colocando unos pastelillos en una bandeja
- ¿Te ayudo con algo?
-Oh, no es necesario, querida… Pero qué bueno que aceptaste salir para tomar un descanso…
-Sí… Por suerte ha bajado la cantidad de trabajo en los laboratorios y sinceramente ya tengo al día todo lo de la administración…
-Eso es excelente… ¡Te felicito, Bulma!- exclamó su madre para enseguida preguntarle - ¿Nos acompañas a beber té y a comer algunos pastelillos?
-Sí. Creo que me caería muy bien en este momento.
Llegaron a la sala y su padre veía el canal de noticias dejó de prestarle atención al aparato para decirle a Bulma - Hija, has estado trabajando muy duro ¿eh?
-Sí, pero ya lo domino a la perfección… Así que me he organizado y ya puedo tener más tiempo libre. Creo que pillé tu truco, ja, ja, ja…
-Me alegro mucho… ¿No han tenido más problemas con la nave?
-No, papá… Al parecer Vegeta se ha estado midiendo en su entrenamiento…
Su padre bebió un sorbo del té que le había entregado su esposa y luego agregó - Mmm… El otro día lo vi por los laboratorios…
Bulma se volteó enseguida a verlo pero disimuló enseguida su ansiedad comentando con desinterés, mientras tomaba una taza de la mesa - ¿Y qué quería ese engreído?
-¿? – la miró extrañado antes de responder - No lo sé, hijita… Cuando me vio se fue… Supongo que te estaba esperando a ti…
Bulma decidió sincerarse – No lo creo, papá. Lo que ocurre es que discutimos y nos dijimos cosas muy hirientes. Así que dudo mucho que me busque, aunque la nave se le parta a la mitad.
Su madre fue la que intervino ahora - ¿Y eso por qué, querida?
Bulma no supo que responder, no podía decirles que eran novios con el saiyajin y que este se había enojado con ella y que ella le había dicho que no le volviera a hablar.
-Mamá, ya conoces a Vegeta… se enoja por todo y por nada…
Su madre se la quedó viendo y le comentó – Pero Bulma… ¡Él es muy parecido a ti!… Los dos son muy tercos y orgullosos… Pero al contrario tuyo, Vegeta es muy tímido, sobre todo cuando lo presionas a hacer algo que cree que lo pondrá en ridículo… Sinceramente me da mucha pena verlo así de aislado. Parece un animalito asustado, ya que lo único que hace es gruñir cuando uno se lo encuentra… - terminó poniendo su mejor cara de pena, mientras probaba un poco de pastel.
Bulma se sonrojó un poco y bajo la mirada. Se dio cuenta de que la culpa finalmente era de ella por intentar forzar al saiyajin a decir algo que seguramente aunque lo sintiera o inclusive si lo torturaran, no sería capaz de externalizar. Pero no había nada que hacer más que esperar a que se le pasara el berrinche al príncipe, ya que aunque le partiera el alma, ella no sería la primera en dar su brazo a torcer. No después de cómo la había tratado ese día.
…
Mientras tanto, en la nave, Vegeta sentía una rabia descontrolada contra él mismo por no haberse comportado como un verdadero saiyajin y simplemente haberse forzado dentro de ella para demostrarle quién mandaba después de humillarlo con sus declaraciones sobre su imposibilidad de transformarse . Después de todo, podía evitar dejar su semilla en ella pero las consecuencias de dicho acto serían desastrosas para sus planes futuros y por ende para su imperio. Más aun sabiendo que la muchacha cargaba ya de por sí con una herida al respecto. Tenía tantos deseos de hacerle daño, pero también deseaba volver a sentirla sin tener que dejar su orgullo de lado. Se odiaba a sí mismo por sentirse de esa manera extraña cuando pensaba en la humana y que, claramente, ya no podía atribuirlo solo al deseo de poseerla. El príncipe de los saiyajin estaba sintiendo algo que no debía ser siquiera nombrado en susurros por los de su raza. Ellos conocían de la lealtad hacia un camarada honorable, del respeto hacia un familiar poderoso o de la admiración por un rival excepcional, pero esto que sentía no calificaba en nada que conociera. Pensó entonces en que probablemente era lo que Napa denominaba "La Unión", pero eso lo hizo preocuparse aun más ya que implicaba que su instinto estaba reclamando a una hembra que tenía el poder de pelea de un mosquito como compañera de por vida y eso era totalmente inaceptable. Sin embargo recordó que ella no era una cualquiera y se tranquilizó en parte pero junto con recordarla a ella, también recordó aquellas palabras que taladraban su cabeza.
"…nunca te convertirás en súper saiyajin, por que no tienes sentimientos de amor por nadie…"
Ya estaba hastiado de darle vueltas al asunto. Se sentía realmente agotado mentalmente, lo que no aportaba en nada a su concentración. Además, no sabía si era cierto o no, pero de ser verdad, él nunca lo conseguiría aunque entrenara por siglos, y aunque reconociera que tenía alguna clase de sentimiento de lealtad o de lo que fuese por la humana, nunca habría una situación donde ella estuviera en real peligro o muriera en condiciones dramáticas como para poder detonar en él su tan añorada transformación. Además, no había podido dilucidar qué era eso de tener un corazón puro. No podía comprenderlo, aunque había acudido a la biblioteca por varias noches no encontró nada útil, quedando aun más confundido. Y lo del carácter tranquilo… eso sí que era una absoluta idiotez.
Cerró sus ojos y frunció. Llevaba más de un mes completo entrenando casi sin parar. Su masa muscular había aumentado considerablemente comparado a cuando volvió de Namekusei, lo que lo hacía sentirse poderoso, pero no era suficiente sin su transformación. Así que se maldijo por no haber asesinado a los terrícolas. Sobre todo a ella, que solo le provocaba sensaciones que no debía ni quería experimentar. Pero de solo imaginarla muerta se le apretó el estómago y sintió al mismo tiempo un vacío en su pecho. Fue en ese momento que su ki cambió y por un momento lo sintió. Sí, sintió una nueva forma de energía que rodeaba su cuerpo y que no era un espejismo como le había pasado otras veces. No, esto era real. Lamentablemente solo fue un par de segundos, tras los cuales cayó de rodillas al suelo, mientras sudaba copiosamente.
Recuperando el aliento se sonrió "¿Eso fue… lo que creo?...- se puso de pie y dirigió su vista hacia donde sentía ese diminuto ki - No puedo negarlo… - suspiró cansado - ... La necesito para mis objetivos… Pero tal parece que deberé elegir entre mi transformación o tenerla a mi lado… No. Debe haber alguna otra manera… Tal vez si solo consiguiera dejarla agonizando… Pero definitivamente no debo ser yo quien lo haga, de lo contrario no serviría de nada, además no podría aunque quisiera, sin contar que tendría al ejército de imbéciles cazándome…"
Salió de la nave un momento para respirar aire fresco y así poder pensar mejor, elevándose enseguida hasta la cima del domo más alto, donde se quedó de pie observando la ciudad para después dirigir su mirada al cielo, apreciando las estrellas y varias nubes oscuras que comenzaban a agruparse, anticipando una tormenta.
Mientras analizaba sus opciones comenzó a jugar con una esfera pequeña de ki en su mano. Debía encontrar la forma de restablecer la comunicación con ella, sin tener que ser él quien le hablase primero para poder después obligarla a ayudarle. La esfera entonces creció en tamaño, tornándose de un color celeste claro. De lograr hacerlo, sería un triunfo total de su inteligencia sobre la de ella. Sin embargo, aún tenía otra preocupación. Cómo lograr ponerla en tal peligro que detonara su tan ansiada transformación sin tener que asesinarla. Se quedó pensativo en su lugar, observando el orbe que brillaba en su mano por unos momentos hasta que finalmente se sonrió casi maléficamente como cuando hizo añicos a Napa. Una nueva estrategia se estaba formando en su mente, aunque debía afinar los detalles.
Poco a poco las nubes se comenzaron a chocar entre sí y luego de un par de relámpagos la lluvia no se hizo esperar. Frunció, deshaciendo la esfera dentro de su puño. Acto seguido se elevó y descendió suavemente en el balcón de Bulma, procediendo a abrir una de las hojas de vidrio, no encontrando ningún obstáculo a su intromisión. Movió la cortina con su mano y dio un paso dentro de la habitación volviendo a sonreír al hallarla destapada, desparramada y para variar, babeando.
Se la quedó viendo unos momentos y sintió la necesidad de tocarla. Así que se aproximó a la joven, dudando un momento antes de llevar a cabo su acción, sin embargo, lo hizo. Con mucho cuidado acarició el durmiente rostro con sus nudillos. Ella se incomodó, girándose y abrazándose a un cojín al tiempo que murmuraba algo. El saiyajin se quedó estático en su sitio cuando pudo descifrar lo que ella dijo entre sueños.
"Vegeta… mmm… te amo…."
Retrocedió unos pasos boquiabierto recordando a la perfección la charla explicativa que habían tenido sobre sentimientos terrícolas.
Sus manos comenzaron a temblar y por un momento sintió algo parecido a la euforia. "¿Habré oído bien?… acaso ¿siente eso por mí? …" Su estómago se apretó y fue entonces que comprendió lo que debía hacer. Si ella era la clave para su transformación y si realmente tenía esa clase de sentimientos por él, estaba seguro de que podría manipularla para conseguir lo que quisiera "Ja, ja, ja… Esos ridículos sentimientos terrícolas al fin me serán realmente de utilidad… Aunque creía que solo se sentía atraída a mí por mi fuerza y mi aspecto, pero tal parece que las humanas se vinculan sentimentalmente a sus prospectos sexuales… Vaya raza extraña… Aun así, debo ser extremadamente cauto…" La observó por unos minutos, esperando a que dijera algo más. Sin embargo, para la molestia del saiyajin, lo único que comenzó fue el concierto de ronquidos.
Respiró hondo y salió del cuarto. De quedarse un momento más allí pensó que su instinto se apoderaría de su mente y no podría controlarse. Así fue que una vez fuera, volteó un segundo, dudando entre marcharse o no, pero finalmente apretó sus puños, conteniéndose y se elevó por los aires. La lluvia caía fuerte sobre la ciudad, pero para él, era solo una broma… "planeta de débiles… ni una tormenta real me puedes dar…"
Voló entre los relámpagos y jugó con ellos sintiéndose "casi" feliz, ya que su condición de príncipe jamás le perdonaría reconocer que estaba más que complacido con lo que había oído de labios de ella.
…
Por la mañana Bunny llegó apresurada a despertar a su hija, dando fuertes golpes a la puerta ya que Bulma no le había respondido por el comunicador cuando le habló desde la cocina.
-Bulma, querida…
Dos golpes más en la puerta y la señora decidió entrar a ver si estaba todo bien. Y aunque por lo general llegaba y entraba a las habitaciones de su familia tenía pánico de interrumpir nuevamente a su hija y a su futuro Yerno.
La muchacha abrió un ojo y se enderezó restregando el otro. Miró su despertador "10:30" y despertó de golpe, tomando el objeto y notando en ese instante de que no había puesto la alarma.
Se levantó y procedió a buscar algo de ropa mientras le decía a su madre – Hola, mamá. Gracias por darte cuenta de que me quedé dormida…
- No hay de que, hijita… - enseguida miró la ventana y le preguntó - ¿Otra vez te quedaste con la ventana abierta?… Anoche llovió mucho…
La científica miró extrañada la ventana y no le dio importancia – La verdad es que no me di cuenta… Es que caí rendida…– respondió cogiendo ahora unas cosas para ir a la ducha.
-Hija, disculpa…
- ¿qué pasa, mamá? – se detuvo a verla.
-Amor, lo que ocurre es que tienes visita…
- ¡¿Qué?!
Su madre la miró un segundo para luego continuar.
-Es ese muchacho calvito…- se llevó una mano a su mejilla - ¿Cuál era su nombre? ¿Kevin?
Bulma giró sus ojos -¿No será Krilin?
-Sí, ese mismo.
Bulma se quedó pensando unos momentos "¿Qué podría querer Krilin? ¿Habrá pasado algo?" - Dile que voy enseguida… que me espere en la terraza.
-Sí, amor. Y no te apures, que yo lo atenderé mientras te alistas – respondió Bunny, retirándose del cuarto.
Bulma se duchó con velocidad, y apenas estuvo lista fue corriendo al encuentro de Krilin "Espero que estén todos bien… Nunca vienen a visitarme… Excepto cuando ocurre algo malo… o está por ocurrir".
Llegó a la terraza y allí estaba su madre atiborrando al guerrero con un contundente desayuno, a su nuevo estilo "saiyajin"
-Hola, Krilin… - lo saludó la peli turquesa - ¡Tanto tiempo sin verte!
El muchacho se puso de pie y la saludó - ¡Bulma, hola!… - enseguida se llevó una mano a su nuca y agregó - No era mi intención despertarte, ya sabes… después pareces un ogro hambriento…
Ella hizo una mueca de fastidio, mientras tomaba asiento a su lado y cogía un vaso de jugo - No necesitas mencionarlo… Pero dime ¿Qué te trae por aquí? ¿Pasó algo? ¿Están todos bien?
- Relájate, no pasa nada malo - le aclaró su amigo.
-Y ¿Entonces?
El calvito se sentó y rascándose su cabeza, respondió - Bueno… No sé cómo explicarte esto, pero es que el maestro me pidió que viniera a pedirte un favor…
Bulma lo miró con intriga. El muchacho se puso serio nuevamente y continuó – El asunto es que necesita que construyas algo…
Ella ahora levantó una ceja, pero enseguida se sonrió y le dijo - Espero que no sea una androide 90-60-90… ¿o sí?
Krilin iba a abrir su boca para responder a la pregunta de ella cuando una sombra saiyajin apareció en el balcón - ¿Qué haces aquí, enano?... ¿Acaso Kakaroto te envió a espiarme?
Krilin se quedó congelado en su sitio mientras Bulma se mordía la boca para aguantarse los gritos e insultos. Finalmente el calvo fue el que habló – Je, je, je… Hola, Vegeta. Había olvidado que aún estabas aquí.
-No respondiste a mi pregunta- insistió el saiyajin.
-Oh, bueno… No, Vegeta… Es más. Ni siquiera he visto a Gokú… Así que no tienes porque ponerte a la defensiva porque vine a algo totalmente diferente ¿Sabes? – dijo el calvito, negando con las manos.
-Hmn… Aún así es sospechoso – Vegeta entrecerró sus ojos y se cruzó de brazos – De todos modos dile al inútil de Kakaroto que sin falta estaré ahí para derrotar a los androides y que después me encargaré de él… - terminó mostrando sus colmillos, para luego ponerse serio nuevamente y sin más entrar a la casa.
El guerrero esperó un momento, verificando que el saiyajin estaba lejos para comentar, pasándose una mano por la frente - ¡Fiiuuuuu!… Vegeta sigue igual de gruñón ¿no?
Bulma suspiró cansada - Sí, pero ¿no es como lo conocimos? Ja, ja, ja – rio, tratando de distender la conversación. Krilin la observó divertido un segundo para enseguida preguntarle - Oye... ¿y sigue entrenando?
-Eso es obvio… Todo lo que quiere es transformarse en súper saiyajin…
- ¿Y crees que lo logre? - le preguntó con algo de preocupación su amigo.
Bulma desvió su mirada hacia donde se había marchado el saiyajin – Lo dudo mucho… Aunque sin querer le dije que para hacerlo necesitaba tener un carácter tranquilo y un corazón puro…
- ¿Eso le dijiste? - preguntó ahora extrañado - ¡Vaya! Pero ahora que lo pienso es verdad. Tanto Gokú como ese joven son de buenas intenciones… Pero Vegeta… ¡Debe estar furioso! Él no tiene ni lo uno ni lo otro… Creo que hablo por todos cuando digo que confiamos en que nunca lo consiga…
Bulma se llevó una mano a sus labios y mordió una de sus uñas - Supongo… - logro decir.
Krilin prefirió cambiar de tema - Oye, Bulma ¿Y Yamcha? … No me digas que se volvieron a pelear…
Ella cogió un panecillo de la mesa antes de responder, mintiéndole porque no quería que nadie la vinculara aun con Vegeta - Ay, Krilin, no… Lo que ocurre es que el tarado ese prefirió ir a entrenar fuera por un tiempo… Como no se llevan bien con Vegeta… Mejor dime de una vez lo que quiere el Maestro…
…
Vegeta estaba tendido en su cama y podía sentir aun la presencia del guerrero en la propiedad. Había entrenado un rato por la mañana, pero sentía que cualquier esfuerzo era inútil por ahora. Esa mañana había repetido el ejercicio del día anterior, pero no fue lo mismo. Cerró sus ojos y lo primero que vio en su mente fue a ella, sí, a ella entre sus brazos. Dejó que su mente divagara, imaginándola gimiendo mientras él la poseía. Se levantó de golpe ya que tener esos pensamientos solo le traían una consecuencia. Por lo que se metió a la ducha y atendió sus asuntos, algo molesto. Una vez listo, salió con una toalla envuelta en su cadera y se sentó a los pies de su cama, con los codos en sus rodillas y las manos cubriendo su boca. "Hmn… Krilin aún está aquí… ¿qué tanto estarán hablando esos dos? Espero que no le esté comentando nada con respecto a mi entrenamiento, de lo contrario esta vez sí que me las pagará… Aunque bien podría desquitarme mientras logro mi tan ansiada transformación… Solo necesitaré convencerla de que coopere conmigo sin que sepa mis verdaderas intenciones… Ya lo verá. Me convertiré en el más poderoso súper saiyajin y pondré en su lugar a ese inútil de Kakaroto después de destruir a esos tales androides con mis propias manos..."
Unas horas más tarde el saiyajin bajó a la cocina por algo de comer después de horas de planificación. Al fin tenía lista su estrategia para lograr su transformación y esperaba poder llevarla a cabo lo antes posible. Sin embargo aun tenía el inconveniente de volver a hablar con la humana y no poder dar con una solución a ello lo estaba empezando a poner de mal humor.
Iba a sacar algo de la nevera pero para su desgracia sintió que la madre de Bulma estaba en las cercanías y, conociéndola como lo hacía, sabía que ella notaría su presencia e iría a su encuentro. Suspiró cansado y se sentó a la mesa, a la espera de la mujer.
-Querido ¡Qué bueno que te encuentro!... Supe que se pelearon con mi Bulma…
-No hablaré al respecto con usted- se apresuró él, en un intento de cortar la charla de raíz.
-Oh, comprendo… Así que es algo privado… Bueno, querido, supongo que ya lo solucionarás…
-Trabajo en ello, créame.
La señora dio una mirada suspicaz al joven y enseguida le preguntó –Mientras tanto ¿Quieres algo de comer?
- Me parece que por eso estoy aquí.
La señora se puso a preparar algunos bocadillos para su futuro yerno mientras intentaba dilucidar qué era lo que habría pasado entre ellos para llegar al punto de no dirigirse la palabra. Ella sabía que las cosas entre Bulma y el príncipe ya estaban en marcha, pero era obvio que conociendo lo orgullosos que ambos eran, ninguno cedería ante el otro aunque solo hubiese sido un simple malentendido. Así que no le quedaba de otra que nuevamente darle un empujoncito al príncipe, por lo que sonrió y comentó - Hoy saldremos a una comida de negocios con mi marido. Eso me emociona mucho… ¡Oh! Casi lo olvido. Debo avisarle a Bulma…
El saiyajin la miró con extrañeza "¿por qué diablos me lo comenta? Como si me interesara…"
La señora comenzó a escribir en un papel para luego dejarlo pegado a la nevera con un imán con diseño de frutilla. Luego miró al príncipe y le dijo - Vegeta… Si ves a mi hija ¿podrías avisarle que le dejé un mensaje en la nevera?
Vegeta frunció "Está loca… ¿Acaso no sería más fácil decírselo ella misma o dejarle uno de esos estúpidos audios?" - ¡Hmp!… No soy un maldito mensajero…
-Por lo mismo estoy dejando una nota… solo dile que le dejé un mensaje.
Vegeta se la quedó mirando, mientras recibía la primera guarnición de comida. Realmente esa mujer lograba desquiciarlo más que su hija a veces.
…
Pasaron un par de semanas desde la visita de Krilin y Bulma se encontraba revisando unos planos en su laboratorio ya muy entrada la noche. Estaba cansada, pero debía encontrar el error de diseño del submarino que le había encargado el Maestro para usarlo en caso de que no pudieran destruir a los androides. Al presentárselos a su padre, este le dijo que había un problema pero ella se negó a escuchar cual era ya que lo quería resolver ella misma.
Se mesaba los cabellos intentando encontrar la falla y no daba con cual podría ser. De un momento a otro giró en su silla y comenzó a ingresar datos a su ordenador para poder dar con la solución "No sé cuál será el problema… Yo lo veo perfecto. Pero si mi padre lo encontró, yo también puedo pero últimamente he estado tan distraída por culpa de ese torpe de Vegeta que me he demorado el doble en todo"
Después de una hora, decidió que era momento de hacer un alto para relajarse. Así que tomó su cajetilla y vio con pesar que estaba vacía. Así que no le quedó de otra que ir por otra a la máquina expendedora que estaba en los laboratorios de prototipos.
Cuando se asomó a los laboratorios sintió un escalofrío al notar que no había un alma debido a la hora. Bajó por las escaleras, pensando en que solo debía cantar alguna canción o recordar cosas agradables hasta llegar al tercer nivel inferior. Pero le fue imposible, ya que se oían ruidos por todas partes o eso era lo que le parecía a ella, provocándole la sensación de que había alguien más. Sacudió su cabeza y siguió su camino, tratando de solo mirar los escalones. Al llegar al fin a la máquina, ingresó el dinero y ésta le entregó lo solicitado.
Se echó a un bolsillo de la bata la cajetilla y dio media vuelta para volver sin embargo las luces comenzaron a titilar. Tragó duro y apresuró el paso con temor, tratando de convencerse de que solo era una diferencia en el voltaje.
Estaba por alcanzar las escaleras, cuando las luces se fueron por completo, quedando solo las de emergencia, que le otorgaban un toque tétrico al lugar, con ese leve brillo anaranjado.
Comenzó a temblar inconscientemente mientras miraba a todas partes, intentando no tropezar con los escalones. La cara de susto que tenía no se la quitaba nadie y los extraños ruidos como de golpeteos continuaban, mientras intentaba en vano convencerse de que se debía a los cambios de temperatura o de presión del lugar. Lo único que quería era llegar lo antes posible al nivel superior, pero cuando estaba en el último tramo de escaleras, vio por el rabillo del ojo una sombra. Se quedó tiesa en su sitio y su rostro se volvió azulino.
Otro ruido metálico, pero esta vez a solo unos escalones más abajo que ella. Se abrazó con fuerza al barandal, mientras sus rodillas se doblaban y sus ojos lagrimeaban "¡Que no sea un fantasma… por favor!"
Cuando creyó que se desmayaría producto del terror se encendieron las luces y los ruidos extraños cesaron. Abrió los ojos y se sacudió un poco intentando sacarse la sensación de temor " ¡Qué tonta! Solo debió ser un fallo en el generador central, je, je..."
Llegó a su laboratorio y apenas ingresó se recostó contra la puerta, dejando escapar un suspiró con una mano sobre su pecho – Aun así me asuste mucho… Es terrorífico bajar a estas horas a los laboratorios… - dijo, avanzando luego a su escritorio donde se dejó caer en su silla y sacó un cigarrillo encendiéndolo de inmediato mientras sentía aun sus manos temblar levemente. Apuró la primera calada, mientras se reclinaba en su asiento - ¿Qué habrá sido todo eso?... Nunca me había asustado tanto yendo a los laboratorios de noche… Solo debió ser mi imaginación… pero ¿Y el corte de energía? Tendré que revisar el generador central… No recuerdo que alguna vez haya hecho eso...Fue muy extraño - aproximó su mano al cenicero cuando notó algo fuera de lugar. Había un pequeño papel en él. Lo cogió, desdoblándolo y al observarlo, sonrió.
"¡500G!
Haz algo al respecto"
Se llevó el papel a su pecho y suspiró. Nuevamente el saiyajin había ganado la partida, encontrando la forma de dirigirle la palabra sin hacerlo realmente. Dedujo inmediatamente que él había sido el culpable de lo ocurrido en los laboratorios.
Miró una vez más la nota. Estaba escrita en manuscrito y la letra era bastante masculina, además de prolija.
-Vegeta… - suspiró, para enseguida decir – Yo también te extraño… Pero ¿Qué haré para solucionar lo de la nave. Es imposible aumentar más la gravedad con los materiales de los que disponemos… ¡Tonto Vegeta! ¿Que acaso nunca dejarás de aumentar tus poderes? ¡Odio a los saiyajin!
…
A la mañana siguiente, Bulma se dirigía a desayunar cuando un olor delicioso llegó a su nariz - ¡Hot cakes con miel! – exclamó y apuró su marcha. Pero al ingresar a la cocina, se quedó en su sitio un momento. Estaba su madre, como siempre. Estaba su padre, cosa que era poco común por la hora. Pero lo que llamó su atención era que estaba también el saiyajin. Ambos chocaron miradas, pero no se dirigieron la palabra.
-Buenos días – la saludaron sus padres casi al unísono
-Buenos días, mamá, papá… – saludó ella.
Vegeta la ignoró mientras atacaba la torre de panques. Ella lo pasó de largo, se preparó un café y tomó asiento junto a su padre, quedando frente al príncipe y le dijo a su padre - Papá, ¡qué bueno que nos acompañes a desayunar!
-Lo que ocurre hija es que yo ya había desayunado pero no pude resistirme a la invitación de tu madre, cuando me dijo que prepararía hot cakes. Supongo que lo mismo le ocurrió a Vegeta…
-Hmn – hizo él, cogiendo la miel y echando un chorro a una nueva torre.
Bulma al recibir su plato, vio con desilusión que la miel no estaba a su alcance. Se sonrió y le dijo a su padre - ¿Le puedes decir a nuestro huésped que me pase la miel?
El saiyajin se sonrió disimuladamente, mientras tragaba.
-Bulma… - iba a comenzar un sermón el señor Briefs.
-Papá… - insistió ella, con voz de ruego.
-Profesor – intervino el saiyajin – dígale a la ridícula de su hija que si quiere el frasco me lo pida personalmente…
El científico miró nuevamente a su hija - Ya lo escuchaste, Bulma…
Su madre mientras tanto se reía de espaldas a ellos.
Bulma frunció y apretó sus labios. Se puso de pie y se acercó al guerrero. Con un rápido movimiento intentó coger el frasco, pero Vegeta fue más rápido aun y lo cambió de lado con un hábil movimiento de su tenedor, haciéndolo patinar frente a él, por sobre la mesa, hasta su otra mano.
-Ni tenía ganas de comerlos con miel – dijo ella, volviendo a su lugar, no sin antes darle una mirada de odio a Vegeta.
Ahora fue el profesor el que intentó contener la risa.
-Hija, aquí tienes más miel – le dijo su madre acercándole un nuevo frasco que sacó de uno de los estantes.
-Gracias, mamá…
Terminaron su desayuno y el primero en retirarse fue Vegeta, pero no se fue en silencio - Señora, dígale a la escandalosa que tiene por hija que está retrasando mi entrenamiento…
Bunny se volteó hacia Bulma y comenzó - Hija, que dice el apuesto Vegeta…
-¡Ya lo oí, mamá! - la interrumpió la muchacha - Dile que lo haré cuando me lo pida personalmente…
La señora iba a abrir su boca para dar el mensaje ya que se estaba divirtiendo con la ocurrencia de la pareja, pero el saiyajin la detuvo con una mirada. Vegeta se volteó a ver a Bulma y le sonrió con malicia. Ella lo miró desafiante a lo que él respondió, sin sacarle la vista de encima - Pues, dígale entonces que si quiere que le dirija la palabra, tiene que averiguar lo que tiene pendiente… y que deje de hacerse la difícil.
Diciendo esto el saiyajin abandonó la cocina, rumbo al jardín.
Sus padres se quedaron viendo con caras de extrañeza mientras Bulma bajaba la vista avergonzada, entendiendo que Vegeta se refería a lo de su método de anticoncepción, y por consiguiente a consumar el acto.
…
Era casi de noche, cuando Bulma encontró el plan perfecto para obligar a Vegeta a hablarle. Esperó pacientemente a que Vegeta regresara a su habitación y esperó a que se durmiera. Apenas estuvo segura de que el saiyajin no la escucharía, salió de su cuarto y bajó al jardín para poder trabajar tranquila en la nave. No le tomó mucho tiempo hacer lo que planeaba, así que apenas termino cerró y se devolvió a su cuarto para volver a dormir. Esperaba que el arreglo que le había hecho a la nave sorprendiera a Vegeta, por lo que se durmió pensando en la reacción del saiyajin al descubrir su "mejora".
Al día siguiente los gritos no se hicieron esperar
-¡MALDITA HEMBRA DEL DEMONIO, CUANDO ACABE CON ELLA DESEARÁ ESTAR MUERTA!
Bulma solo se giró en su cama y se sonrió para sus adentros. Había bloqueado la entrada de la nave con un re cableado expreso. Su propósito: Hacer que Vegeta se enfureciera y la buscara. Pensó que era la única forma de recuperarlo "Como en los viejos tiempos" pensó. Llevaba un rato despierta, solo esperando que Vegeta descubriera su trampa.
El saiyajin se había levantado temprano y como de costumbre se preparó para ir a entrenar. Aunque realmente, solo haría mantenimiento y meditación. Pasó por la cocina, preparándose algo de desayunar y luego se dirigió a la nave. Cuando la puerta no abrió comprendió al instante que ella tenía algo que ver en el asunto. No se molestó ni intentó abrirla por la fuerza. Por el contrario, se sintió como que el alma le volvía al cuerpo. Sabía perfectamente que ella estaba planeando algo, él no era ningún tonto y se felicitó porque la estrategia de la nota había dado frutos. Cuando la loca le dio la idea, la había desechado por cursi, sin contar que no tenía motivo para buscarla. Por lo mismo entrenó en la nave sin descanso hasta que por fin alcanzó el límite establecido encontrando la excusa perfecta para contactarla. Casi se carcajea cuando la gritó. Sin embargo, si le dirigía la palabra era darle la razón, por lo que midió sus palabras. Así fue que en un abrir y cerrar de ojos estaba en el cuarto de ella. Sin pensarlo, olfateó el aire, buscando algún cambio en el olor de ella. Frunció al comprobar que estaba en celo otra vez, porque ese maldito olor lo enloquecía y le dificultaría aun más su propósito.
Bulma, oculta bajo las colchas solo lo sintió bufar, mientras apretaba entre sus manos un control remoto pequeño, que era la nueva llave de la nave. Se estremeció de solo pensar en que su Vegeta estaba a unos pasos de la cama y en todas la posibilidades que aquello conllevaba. El guerrero por su parte se aproximó a la "durmiente" silueta y de un rápido movimiento, la destapó, comprobando que ella estaba fingiendo dormir, puesto que estaba con la almohada sobre la cabeza y su respiración no era uniforme. Sin mediar palabra se sentó sobre la muchacha e hizo a un lado el almohadón para enseguida sujetar a la científica por las muñecas obligándola a quedar de espaldas. Se quedó mirándola un segundo con cara de pocos amigos pero enseguida comenzó a besarla, a lo que ella respondió inmediatamente. En ese momento, parecían solo un par de enamorados que se reencontraban luego de estar mucho tiempo separados. Sin embargo, de un momento a otro, Vegeta cortó el beso que sostenían para observarla un momento frunciendo, pero volvió a besarla ahora con más ímpetu. Aun seguía molesto por la discusión que habían tenido pero su cuerpo le pedía a gritos que no se detuviera y que aprovechara la oportunidad para poseerla, sin embargo debió desechar aquello. No debía cometer error alguno si quería que su plan saliera a la perfección. Así que sin más deslizó una de sus piernas para dejar uno de sus muslos sobre la pierna izquierda de Bulma para poder tener acceso a su entrepierna, llevando enseguida una mano hacia ésta consiguiendo que ella diera un respingo ante la intromisión. Vegeta se quedó expectante un momento a la espera de que Bulma le reclamara pero solo lo miró expectante por lo que se animó a continuar, comenzando a explorar la intimidad de Bulma por sobre la tela, buscando su clítoris para poder estimularlo. Al principio fue realmente torpe pero luego de unos momentos sintió la mano de la muchacha acompañarlo y mostrándole como debía hacerlo. Vegeta comprendió en cuestión de segundos y volvió a besarla, pero esta vez en el cuello, deleitándose con los gemidos de placer que emitía.
Bulma alcanzó el clímax entre gemidos y apenas se estaba recomponiendo de aquello cuando Vegeta la miró lascivo y la volteó como si fuese una muñeca de trapo, dejándola boca abajo sobre la cama para después, y sin ningún pudor, exponer su miembro y frotarlo entre sus nalgas aun cubiertas por la ropa interior. Le fue tan placentero aquello que se encimó sobre la muchacha y la sujeto pasando una mano por debajo de su hombro mientras que la otra se deslizó hasta encontrarse con uno de sus pechos, el que estrujó con fuerza medida. Finalmente alcanzó su liberación y se quedó un momento sobre ella esperando a que ella le gritara o le reclamara por lo hecho, pero nada. Así que al ver que ella no le diría nada por ahora, se apartó, mientras Bulma volteaba a verlo con cara de incredulidad y con ganas de gritarle por su atrevimiento. Él simplemente se sonrió ladino para enseguida marcharse, llevándose consigo el pequeño control que estaba sobre la cama.
Bulma no sabía que pensar sobre lo ocurrido. No sabía si Vegeta se estaba vengando por lo que le dijo sobre su imposibilidad de alcanzar su transformación o simplemente era una extraña manera de reconciliarse. Dio un suspiro y se dirigió a la ducha para asearse y comenzar su día, llegando a la conclusión de que el saiyajin la quería de vuelta en su vida pero que con lo orgulloso y terco que era seguramente ésta era la única forma que tenía de demostrárselo. Así que se sonrió. Si él estaba tan desesperado por recuperarla era obvio que tarde o temprano terminaría dirigiéndole la palabra.
Se miró en el espejo, observando que tenía un par de pequeños moretones en su hombro derecho y otras tantas marcas rosas en su cadera. El saiyajin había intentado no ser rudo con ella pero era obvio que su enorme fuerza le era difícil de controlar en un momento de pasión. Recordó entonces lo hábil que era aprendiendo a tocarla y se sonrojó preguntándose si acaso sería igual de bueno al consumar el acto. Un cosquilleo en su bajo vientre la distrajo y entonces lo supo. Deseaba al idiota entre sus piernas y aunque le daba terror, al mismo tiempo la excitaba en demasía la idea de hacerlo con alguien tan apasionado pero que al mismo tiempo parecía preocuparse primero por darle placer a ella antes que a sí mismo, cosa que valoraba al compararlo con Yamcha que pocas veces daba con el ritmo adecuado cuando la estimulaba, sin contar que lo que se suponía sería su primera vez con él terminó en un completo desastre…
Flash Back
Estaba por cumplir veintiún años y había decidido al fin entregarse a Yamcha. Para ello había planeado una salida a la playa por un fin de semana que coincidía con su cumpleaños, lo que le pareció a Bulma el lugar y momento perfecto.
Tomaron sol y se bañaron durante el día, pasearon después por la orilla de la playa tomados de la mano, para finalizar en una cena romántica a la luz de las velas en un restorant con vista al mar. Todo iba perfecto, hasta que una chica se acercó a saludar a su novio. No fue nada que lo saludara, sino que se le colgó al cuello y comenzó a besarlo en la mejilla. Bulma los miró hecha una furia, pero su novio solo le dijo que se acostumbrara porque así era la vida de los famosos. Ella le gritó a él y a la tonta que estaba aun colgada de su cuello y se marchó furiosa a la habitación del hotel vaciándoles encima una copa de agua a modo de que se calmaran.
Yamcha llegó a los pocos minutos y le suplicó que lo perdonara desde el otro lado de la puerta. Bulma no quiso escucharlo, hasta que él le gritó
-¡Bulma, te amo!
La chica abrió sus ojos en sorpresa, ya que era la primera vez que su novio le decía eso, por lo que se dirigió a la puerta y la abrió, para enseguida decirle – Yo… yo también te amo, Yamcha. ¡Pero no puedo soportar que te comportes como un imbécil con tus fans!
Él la miró seductoramente y le dijo – Bulma… Yo solo tengo ojos para ti… ¡Las demás mujeres no me interesan!
Se besaron entonces con ternura y ella le perdonó su traspié como otras veces. Acto seguido, el guerrero la empujó dentro de la habitación y cerró la puerta tras él, para enseguida comenzar a recorrerla con sus ávidas manos. Ella gimió y lo dejó proseguir, segura de que era el momento perfecto para entregarse al fin a su novio. Sin embargo, Yamcha le dijo de un momento a otro – Hay algo que siempre he querido hacer contigo – Bulma se tensó por completo un momento, pensando en que él había adivinado sus intenciones - ¿Qué es, Yam? - el hombre se apartó y mirándola a los ojos le dijo – Puede que suene un poco sucio, pero quiero que me lo...- ella lo miró confundida y el prosiguió, sonrojándose un poco – Bueno, siempre te he imaginado dándome placer oral...
La muchacha se sonrió ante la petición de él, pero aun así aceptó, por lo que se arrodilló frente al guerrero y trato de ser lo más sensual en sus movimientos. No era muy experta, pero trató de hacerlo lo mejor posible, hasta que escuchó gemir a Yamcha y este se alejó de ella para terminar masturbándose frente a ella, eyaculándole sobre el rostro, mientras emitía gruñidos de placer. Bulma lo miró expectante, a la espera de que él siguiera y le proveyera placer ahora a ella pero el guerrero solo le sonrió y le dijo – Estuviste genial, Bulma… Esto era algo que siempre quise hacer contigo - enseguida se acomodó la ropa y agregó – es mejor que vayas a limpiarte…
Bulma lo miró molesta. Ella había hecho lo que él le había pedido y la dejaba así ¿sin más? - Oye siquiera ¿podrías tener la consideración de seguir hasta que yo esté satisfecha? - él la miró confundido y le dijo – Tienes razón… pero deberás esperarme un momento… Es que fue demasiado perfecto y debo recuperar fuerzas… Voy a pedir servicio de cuarto para que nos traigan algo de beber...¿Tú quieres algo?
-No ¡Idiota! - le gritó y se retiró a dormir.
Una vez acostada pensó en que Yamcha era un tonto y que querer hacerlo con él había sido una mala idea.
Media hora más tarde el guerrero llegó a su lado y recostándose tras ella le preguntó, abrazándola – Bulma, ¿sigues enojada?
-Sí...¿Qué quieres?
-Bueno… Es que pensé en lo que me dijiste y creo que ya estoy listo para continuar…
La peli turquesa lo pensó un momento y le dijo – No estoy de ánimos… Pero hay algo que quisiera preguntarte…
-Dime, cielo.
-Dijiste que me amabas… ¿Me seguirías amando si tu no fueras el primero?
-Hablas de virginidad ¿verdad?…
-Sí.
-Este, bueno… esa es una pregunta difícil… porque yo tampoco he estado con nadie...
- ¡Solo debes decir sí o no! - Se exaltó ella, a lo que el ex bandido le preguntó - ¿Por qué me preguntas eso ahora? ¿Acaso hubo alguien antes?
Bulma se quedó en silenció un momento, pensando en que no había sido buena idea preguntarle aquello, por lo que le dijo – Era solo una pregunta que vi en una revista, se suponía que era para saber cuánto me amabas… Pero creo que es mejor esperar un poco más… De todas formas, creo que estamos bien así…
-Pero…
-Ve a dormir, Yamcha… Mañana iremos de excursión.
El guerrero se retiró, no sin antes decirle – No sigas molesta conmigo. Lo que pasó hace un momento no fue mi intención… Es solo que tú me gustas mucho y no pude contenerme…
Bulma se cubrió hasta la cabeza con las colchas y no le respondió.
El día siguiente fue más o menos igual. Al llegar el anochecer ella hizo otro intento, pero esta vez fue Yamcha el que no quiso avanzar más allá, poniéndole como excusa que no había traído preservativos. Ella lo envió a comprar pero él se negó, diciendo que por qué no podían hacerlo así nada más, ya que de todos modos ya estaban en edad de casarse. Bulma lo miró furiosa. Ella no estaba dispuesta a sacrificar su libertad por un hijo en ese momento, mucho menos con uno de alguien que se comportaba como un completo imbécil de vez en cuando. Aunque esperaba que con los años él madurara y pudiera concretar al fin su relación, pero lamentablemente su noviazgo se volvió un constante sube y baja, entre peleas y reconciliaciones, lo que en sí Bulma encontraba estimulante, pero finalmente tuvieron una pelea que los obligó a alejarse definitivamente.
Sin embargo el destino quiso que Yamcha falleciera a manos de un saibaiman antes de que pudiesen reconciliarse. Pero ella si lo sufrió y se arrepintió desde el fondo de su alma por haber roto con él por lo que pensó en ese momento fue solo una pequeñez. Yendo enseguida a buscar las esferas de Namekusei al otro lado del universo, solo para poder traerlo de vuelta a la vida y recuperarlo, no sabiendo que esa acción cambiaría sus sentimientos para siempre.
Fin Flash Back
Se miró a los ojos en el reflejo del espejo y lo decidió.
- Esto definitivamente va en serio, Bulma… Deseas a ese idiota y tiene toda la razón al sostener que no debemos tener algún accidente… Lo que podría ocurrir aunque no me posea si seguimos así… No es el momento para traer un bebé a este mundo, no con la amenaza de los androides cada vez más cerca- dio un suspiro y murmuró, mirando hacia un punto cualquiera del cuarto, como no queriendo decírselo a sí misma - Tal vez después, si es que logramos sobrevivir…
Comenzó a cepillar su cabello y se detuvo un momento al darse cuenta de que estaba en una nueva etapa de su vida. Ahora era la vicepresidenta de la Corporación y, aun más importante para ella, ahora también era la novia del príncipe de los saiyajin. Amplió su sonrisa y decidió que también era momento de cambiar su apariencia. No era que le desagradasen sus rulos pero la situación lo ameritaba, como cada vez que había un verdadero cambio en su vida. Así que estaba decidido, hoy mismo iría al salón a alisar su ya largo cabello y también visitaría a su ginecólogo para pedirle su orientación y consejo médico.
…
Era media tarde, por lo que el saiyajin salió a asaltar la nevera. Había sentido a la humana escabullirse de la propiedad, sin embargo prefirió no darle importancia y se decidió por salir a "curiosear" por allí. Ya conocía la enorme propiedad de memoria, tanto así que podría recorrerla con los ojos vendados. De puro ocio, se puso a hacer el ejercicio, pensando en que le serviría para despejar su mente y mejorar su concentración. Antes de empezar, verificó que los demás habitantes de la casa estuvieran fuera, para que no le estorbaran. Una vez listo comenzó a pasear por la casa, con los ojos cerrados.
Luego de una media hora llegó al segundo nivel. Ya había recorrido la totalidad de la planta baja, nombrando mentalmente los lugares por donde pasaba. Subió a la siguiente planta y comenzó a avanza por el pasillo. Hasta que se detuvo frente a una puerta. "El cuarto de Bulma…" Sin pensarlo un segundo más, ingresó al cuarto de Bulma. Definitivamente era una habitación de mujer. Decorado en tonos lilas y alfombra purpura. Al lado de la cama había una mesita de noche con una lámpara, un cenicero blanco y un despertador. Sonrió, mientras pensaba "Hace mucho que no destruyo uno de estos…" El desorden que había allí evidenciaba el carácter de ella. Rumbas de libros en un rincón, además de un maletín blanco. Se aproximó al objeto que había llamado su atención. Al abrirlo descubrió que se trataba de un maletín de primeros auxilios. Sacó algunas cosas y las olfateo, antes de leer los rotulados. Enseguida cerró la maleta y observó nuevamente el lugar. Esta vez, se dirigió a la mesita. Se sentó en la cama y comenzó a revisar el cajón con desidia. En su mayoría eran objetos femeninos. Sin embargo, había otras cosas que llamaron su atención., como una pequeña libreta verde, una caja con cápsulas con diversos números y más atrás, en el fondo un objeto redondo que reconoció de inmediato "es el radar… ¡el radar del dragón!..." frunció - Mujer descuidada ¿cómo deja un objeto como este en cualquier sitio?...- luego sonrió - Estúpido mestizo, hacerme creer que era un reloj… tuvo bien merecido el golpe que le di…
Tomó el aparato y presionó el botón, apareciendo al instante la señal de una esfera en las cercanías "Y pensar que todo empezó cuando se le ocurrió crear este objeto…"
Meditó unos segundos, pero desechó la idea que había tenido. "Bah ¿quién necesita esta estúpida cosa?… pronto me convertiré en el guerrero legendario y seré el más fuerte del universo sin necesidad de depender de esas estúpidas esferas"
Procuró dejar todo tal como estaba, pero la pequeña libreta fue ahora lo que capturó su vista. Acercó su mano para tomarla, pero en ese instante sintió a la señora en los alrededores. Cerró el mueble y se retiró por el balcón. No quería que lo sorprendieran estando de metiche, ni menos revisando la habitación de la mujer. Eso sí que sería deshonroso.
…
Era de noche cuando Bulma salió del laboratorio. Había trabajado casi sin descanso durante tres días, pero al fin había podido desarrollar unas píldoras anticonceptivas infalibles. De hecho, si todo salía según lo esperado, es decir si se las aprobaban los servicios médicos de la Capital, podría comercializarlas sin problemas. Aunque aún no estaba muy segura de si tenían efectos secundarios. Pero estaba tan confiada que empezaría a probarlas en ella misma de inmediato. Subió a su cuarto con prisa, pensando en que Vegeta seguramente iría a verla, pero al dejar el frasco que traía en su mano sobre la mesa de noche, notó que había nuevamente una nota del saiyajin.
"Deja de perder el tiempo.
V."
Sonrió y comenzó a desvestirse para tomar un baño, dejando su ventanal abierto a propósito. Una vez dentro cogió la pequeña cajita rosa donde había dispuesto sus píldoras y se dispuso a tomar la primera. Debía esperar por lo menos un mes para que comenzaran a hacer efecto, pero estaba tan feliz que no le importaba esperar. Enseguida se metió en la bañera, con toda calma, pensando en él saiyajin y en la cara que pondría cuando le dijera que había logrado crear lo que le solicitó. Aun tenía aprehensiones, claro, pero sabía que Vegeta era el candidato perfecto para recomponer su vida por fin.
Cuando salió se encontró a Vegeta de pie al lado de su cama. Él la miró de arriba a abajo con esa mirada depredadora que tanto la excitaba por lo que no perdió el tiempo y se acercó a él, mirándolo a los ojos y dejando caer enseguida su toalla. Ninguno dijo nada. Vegeta la cogió por la cintura y comenzó a besarla y ella respondió, rodeando el cuello del saiyajin con sus brazos, tal como todas las noches desde que se reconciliaron.
Definitivamente las palabras no eran necesarias, por ahora.
...
Continuará…
