Capítulo 3: Despedia.

Itachi comenzó a ponerse cuidadosamente los zapatos en la entrada. Esta última misión, cambiaría gravemente su vida. Los tiempos de paz, acabarían para él desde esa noche.

-¡Itachi! - Sasuke detuvo a su hermano, cuando estaba a punto de salir con un grito casi inocente, como para mantenerlo ahí, en esa casa, en ese Clan.

Luego de una pequeña indecisión, Itachi decidió quedarse sólo un poco más en ese pacífico lugar. Una vez dado ese paso hacia adelante, nunca sería capaz de regresar. Movió sus pies hacia la entrada, y se dirigió hasta su hermano.

-Ayúdame con mis shuriken hoy, por favor.

Una petición que nunca sería capaz de conceder de nuevo. Si era honesto consigo mismo, todo lo que quería hacer, era ayudar a Sasuke por siempre. Había orado por el día en que su hermanito se convirtiera en un ninja hecho y derecho.

Debatiéndose por una respuesta, a su mente llegó una mentira cordial como acostumbraba. En su corazón, deseó poder darle voz y decirle que estaba ocupado y salir de allí cuánto antes. Pero al saber lo que sucedería, no fue capaz. Abrazó a su hermanito con fuerza y volcó en ese silencioso y profundo abrazo, todo el amor que sentía por él.

Había un sinfín de cosas que Itachi quería enseñarle a Sasuke aún. Otra infinidad, que le quería decir. Sin embargo, todo era parte del pasado. Pronto, su hermanito lo odiaría por el resto de su vida.

Acariciando los cabellos negros azulados del menor y con el corazón afligido, Itachi dejó escapar tres palabras que resumieron todo lo que sentía por Sasuke. El sonido de su voz, fue tan débil, que dudaba si el niño fue capaz de oírlas.

En ese momento, que se sintió efímero para Itachi, se obligó a separar del niño. El era la única verdadera razón de todo lo que estaba haciendo. Si se quedaba ahí de esa forma, no sería capaz de levantarse de nuevo. Y esa vida, era el mayor tesoro de Itachi.

Armándose de valor, dio un paso con pies pesados, dejando a su confuso hermano en la entrada, y abrió la puerta principal.

-Lo siento, Sasuke.

Itachi se disculpó desde el fondo de su corazón, en el momento en que atravesó el umbral.

Ya habían pasado varias horas con él sentado al borde del techo de un edificio.

La cabeza de Itachi se elevó, fijando en el cielo la primera estrella que comenzaba a brillar. Sin importar cuanto ahuyentara sus pensamientos, estos regresaban y amontonaban uno tras otro.

Momentos de sus doce años de vida fluctuaron en existencia y desaparecieron, desaparecieron y fluctuaron de nuevo. Memorias de su infancia cuando todo lo que quería era volverse más fuerte. Días luchando como ninja, perturbado por el conflicto entre sus camaradas, y todos los vínculos que lo arrastraron a la oscuridad. Más allá del bien y del mal, más allá de la emoción, sus memorias se volvieron confusas y limpiaron sus pensamientos como a un arroyo fangoso. Itachi sólo podía entregarse a sí mismo al torrente.

El karma con el que cargaría no era algo simple que podía ser fácilmente impugnado. Era algo que iba más allá de la preparación, preocupación, indecisión, determinación. Que era por lo cuál el mismo Itachi no podía predecir qué tipo de persona sería una vez que ese día acabara. La una cosa que sabía, era que ese día, "hoy", de hecho terminaría y que cuando lo hiciera, todos en el Clan excepto su hermanito, estarían muertos.

Itachi respiró profundamente, y dejó salir el aire. A través de sus párpados ligeramente abiertos, luz del color del atardecer que moría, brilló en un campo de visión cubierto por unas largas pestañas.

Ya casi era tiempo. Las preparaciones ya habían sido hechas. Una vez que él comenzara a moverse, Madara también lo haría.

No había nadie más que la gente del Clan en el complejo ese día. Vestido como si ese trabajo estuviera bajo el disfraz de la casualidad, nadie notaría el ardid de Danzo.

Primero, el pronto regreso de la Fuerza de la Policía Militar. Empezando esa noche, contratistas estarían llegando para construir las nuevas instalaciones para el nuevo cuartel general, por lo que una orden fue emitida por la aldea para que la policía vaya a casa más temprano. Naturalmente, era una orden falsa ideada por Danzo. Pero los muertos no hablan. Si todos los involucrados morían, entonces no habría nadie que dijera que una orden falsa había llegado. Y para la policía, que tenía un Golpe de Estado a considerar el día siguiente, llegar temprano a casa era un buen giro de los acontecimientos.

Otro movimiento de Danzo, era hacer que su hermano regrese tarde a casa. Ese día, un maestro en la academia, estaría entrenando con Sasuke las shuriken. Este maestro era un impostor, un miembro de Raíz en un disfraz para que el inteligente Sasuke, quien ni siquiera era genin aún, no fuese capaz de notarlo.

Sus ojos que habían estado contemplando la aldea en esas horas y empapándose de una imagen que no vería mas, finalmente se cerraron para poder guardar el recuerdo en la memoria.

Sugaru se lo había dicho en el pasado. Él ya estaba en la palma de la mano de Danzo. Solo le restaba cumplir la misión de cargar con la oscuridad del clan sobre su espalda si quería proteger lo que era verdaderamente importante.

"Eres el único que puede llevar a cabo ese rol."

Con voz clara y sin titubeos, Danzo le había mostrado el camino que irremediablemente debería seguir.

Uno que indudablemente, había escogido minuciosamente para él, quizás desde su primer encuentro. Rechazaba la idea de ser consumido por la oscuridad, y sin embargo, ahí se encontraba, sentado al pie de un techo, observando la estatua de los Hokages mientras esperaba la hora de consumar su destino. Sacrificar su clan por proteger la aldea, era algo que estaba dispuesto a hacer, sin importar el peso que supondría para él en un futuro próximo.

El sharingan de Itachi había estado activado todo ese tiempo. Su postura se mostraba relajada y quizás fácilmente abordable, más no era así. Había estado comprobando con cautela si percibía algún aura acercándose. No había necesidad de hacerlo realmente, pues desde la mañana, la vigilancia puesta sobre él se había levantado. No obstante, prefería mantenerse alerta, a ser abordado con la guardia baja.

En los últimos días, Sugaru había estado siguiéndole los pasos secretamente. Lo había estado haciendo desde que salió del establecimiento de Raíz, y aunque Itachi lo sabía, prefería fingir no darse cuenta.

Conocía el posible razonamiento detrás de esta orden de vigilarlo.

Danzo con seguridad desconfiaba de su determinación para ejecutar la misión encomendada. Ridículo teniendo en cuenta que hasta se había atrevido a amenazarlo con la vida de su hermano para inmovilizarlo.

Itachi sabía que al llegar al último día, lo dejaría en paz. Porque al quedar pocas horas hasta la realización de la masacre, ya no habría plan efectivo que pudiese crear en caso de cambiar de opinión.

Cualquiera pensaría que Itachi se hallaba obligado a aceptar la misión de Danzo, pero no era así. Él tampoco deseaba dar un paso atrás en su objetivo de detener al Clan.

Itachi apoyó su antebrazo izquierdo sobre la pierna del mismo lado y se fijó en un punto en particular debajo de él. Uno de tonalidades rosadas, que observaba la estatua de piedra en la montaña de los Kage.

Itachi sabía quién era y cuál era su historia.

La pequeña niña de nombre Haruno Sakura, contaba con siete años de edad. Hija única de Haruno Kizashi, el fallecido Hokage y de Haruno Mebuki, ambos con deceso clasificado.

Actualmente la niña vivía en la casa que antiguamente le perteneció a sus padres, bajo el cuidado de una experimentada kunoichi designada como su tutora provisional. Sin embargo, la tranquilidad de esa casona era un espejismo. Esta era un hervidero de actividad, con shinobis entrando y saliendo constantemente, convirtiéndola en una base improvisada para las operaciones de la aldea.

Itachi frunció el ceño, repudiado por la hipocresía que rodeaba a Sakura.

Le resultaba infausto todo ese asunto, porque los altos mandos no se habrían tomado tales molestias, si no estuviesen buscando una salida urgente a un problema en crecimiento.

Algunas voces en la aldea, comenzaban a clamar por respuestas debido a las muertes en aumento causadas por emboscadas y enfrentamientos con otras villas.

La situación requería una solución rápida, antes de que más ninjas se sumaran y la situación se volviera inmanejable. Ya era suficientemente complicado manejar las tensiones entre los clanes, especialmente con el tema del Kyūbi y los planes secretos de los Uchiha, que amenazaban con desestabilizar la aldea, para tener que sumarle ese también.

Hiruzen sugirió establecer alianzas temporales para compartir recursos e información, pero Danzo rechazó la idea en cuanto escuchó las palabras 'compartir'. En su lugar, propuso desplegar a las fuerzas especializadas de Anbu para proteger a los equipos salientes de la aldea y eliminar la amenaza de manera clandestina. Su plan incluía operaciones encubiertas para neutralizar a los líderes enemigos y así cesar las bajas.

Koharu Utatane y Mitokado Homura se alinearon con la propuesta de Danzo y sugirieron medidas adicionales para ganar tiempo. Entre esas ideas, el nombre de Sakura fue dicho.

Por ese entonces, en un orfanato olvidado, la pequeña del cuarto de apenas unos meses de vida, yacía sola y desamparada. Los consejeros sabían que ella era objeto de lástima y compasión en la villa, debido al trágico trasfondo de su pérdida. Por ello, decidieron utilizarla como pieza clave en su juego político.

La presentaron como símbolo de la protección y cuidado de la aldea hacia sus ciudadanos, explotando la lástima y compasión de los ninjas. Esta pantomima buscaba desviar la atención del problema real y ganar tiempo para solucionarlo sin que la situación escalara. Sakura se convirtió en un instrumento, utilizada para calmar las tensiones y mantener la ilusión de control.

Podría parecer difamación, pero era la cruda realidad del consejo, que trabajaba incansablemente para beneficiar a la villa, minimizando cualquier crítica o duda entre los shinobis.

Sakura era solo una pieza más en su estrategia, utilizada para proyectar una imagen de virtud y rectitud en el gobierno. Los consejeros la presentaban como un ejemplo de la protección y cuidado de la aldea hacia sus ciudadanos, reforzando la imagen de un liderazgo justo y compasivo, cuando detrás del telón la realidad para ella era otra.

Solo bastó esa farsa para calmar los corazones de aquellos que se entregaban a la Voluntad de Fuego, aplacando la llama de la discordia y permitiendo al Hokage y compañía, obtener el valioso tiempo que necesitaban para detener el problema y evitar su propagación.

No objetaba que buscaran calmar la situación ganando tiempo para solucionar el problema, pero le parecía innecesario utilizar a Sakura. Porque se hubiese obtenido el mismo resultado, con un simple comunicado explicando las medidas que la aldea había decidido tomar para abordar la crisis. Eso hubiera sido más que suficiente. La transparencia y la comunicación efectiva podrían haber logrado el mismo resultado sin necesidad de involucrar a una inocente.

Lo peor es que los años pasaron y la mentira continuó. Sakura ahora de siete años, seguía siendo presentada como protegida del Hokage, cuando en realidad vivía en un cuartel lleno de extraños disfrazado de hogar, sin cuidado real, mientras jugaba en las sombras de la noche, ignorada por todos y vulnerable a cualquier peligro.

Era una victima silenciosa de la hipocresía.

Cuando la conoció, Itachi se preguntó: ¿Qué hacía una niña cercana a la edad de Sasuke, sola, a tales horas, y en una zona tan alejada?

Ahí fue cuando Itachi decidió buscar información de ella y encontró toda esta pantalla política en su pasado. También descubrió la existencia de una tutora asignada a Sakura. Sin embargo, Itachi no tardó en notar la ausencia de dicha kunoichi en cada ocasión. De hecho, de todas las veces que se encontraron con Sakura, nunca notó el flujo de chakra de esta mujer con su Sharingan. Ni siquiera había rastros de su presencia oculta entre los árboles o casas circundantes.

Como Anbu, estaba entrenado para detectar ninjas escondidos o espiando. Era una habilidad que había perfeccionado con el tiempo y que ahora realizaba de forma instintiva.

La ausencia de la tutora le parecía sospechosa.

Noche tras noche, estuvo sola y sin vigilancia de nadie. Se dio cuenta entonces, que cualquier cosa podría pasarle. Por eso, después de despedirse de ella, solía esperar escondido unos cuantos minutos en el mismo sitio donde estaba sentado ahora mismo, para asegurarse de que llegara sana y salva a su casa, y una vez que la veía entrar, se marchaba.

Siempre la acompañaba secretamente para asegurarse de que nada malo le sucediera. No había una razón oculta ni un interés personal detrás de su acción, solo amabilidad y compasión.

La mente de Itachi retrocedió hasta su primer encuentro. Ella solo quería alcanzar un banco y sentarse a contemplar más de cerca las facciones talladas en piedra de su difunto padre.

En ese tiempo Itachi se sentía devastado por la muerte de Shisui, y encontraba difícil ir al acantilado como en los viejos tiempos.

Todas eran olas oscuras que revolvían el embravecido mar de pensamientos en la cabeza de Itachi. Y si continuaba yendo a ese lugar, terminaría desbordándose en un tsunami de acciones imprudentes. Cambiar a un lugar donde doliera menos permanecer, sin que lo consuman los recuerdos hasta los huesos, era lo que buscaba al llegar al mirador. Ese lugar apartado y poco concurrido, era perfecto para Itachi. Y aunque con los días descubrió que si tenía una visitante recurrente, decidió no abandonar ese espacio, al notar que compartían un sentimiento similar de pérdida.

Por su trabajo en Anbu y sus entrenamientos intensivos, Itachi estaba ocupado la mayor parte del tiempo. Sin embargo, sin importar que día o cuánto tiempo pasara desde la última vez que estuvo allí, siempre la encontraba, como una constante.

Con el pasar del tiempo, a Itachi comenzó a serle más natural el llegar y verla. De hecho, ya no le molestaba su presencia, y comprendía su situación. Incluso en algún momento dentro de ese tiempo, comenzaron a intercambiar miradas en un saludo silencioso, un gesto de reconocimiento y empatía.

Si la observaba con detenimiento, habían momentos en los que sus ojos, habitualmente vidriosos y tristes, portaban un pequeño dejo de luz. Ese breve resplandor revelaba una chispa de esperanza y resiliencia en su interior, una señal de que, a pesar del dolor, su espíritu no se había apagado.

El cambio que ocasionó su acercamiento comenzó una tarde, cuando Itachi llegó más tarde de lo habitual al mirador. Ese retraso inesperado desencadenó una serie de eventos que lo llevarían a cuestionarse su distancia emocional.

Decidió mantenerse oculto, al escuchar a Sakura hablar sobre un logro obtenido en la academia y contar sobre la felicitación que recibió por ello. Su vocecita resonó en el silencio, pero no hubo respuesta. Itachi comprendió entonces, que le hablaba a la figura de piedra de su padre. Poco a poco ese discreto y tímido ánimo se desvaneció junto con su voz.

A los ojos de Itachi, ese pequeño ser, aunque de naturaleza tranquila, portaba una herida que costaría sanar si se seguía manipulando de la misma forma.

La escena sacudió a Itachi, recordándole su propia pérdida y el dolor que aún llevaba consigo.

Itachi cerró los ojos, dejando que el susurro del viento y el mecido de las ramas calmaran su mente. Decidió no avanzar, respetando el momento de Sakura con su padre. Exhaló lentamente y abrió los ojos, girándose para alejarse.

Sin embargo, unos pasos después, se detuvo y escondió en las sombras. Esperó pacientemente a que Sakura se despidiera, para acompañarla secretamente en su regreso a su hogar.

La siguiente vez que la vio, su rostro y ánimo habían recuperado su serenidad habitual. Itachi se sorprendió al encontrarla allí, considerando que la aldea celebraba un festival y los niños solían disfrutar de las distracciones y sus dulces.

Apretando una bolsita que llevaba en su mano, Itachi avanzó con paso sereno. Rompiendo su rutina habitual, se acercó a Sakura y se detuvo a su lado. Ella, sorprendida, levantó la cabeza y se encontró con un dango suspendido en el aire, a escasos centímetros de su rostro.

La mano de Sakura se extendió para tomar el dulce, pero titubeó. Al no estar segura si era un obsequio o no, los ojos verde jade volvieron hacia él, como esperando por una confirmación de su parte. Itachi simplemente asintió, y ella con un poco más de confianza tomó el dulce, atrapando el palillo entre sus dedos, agradeció por el dango con un gesto. Luego de darle un mordisco y saborearlo, sonrió discretamente mientras saboreaba el dulce.

Itachi solo prestó atención al brillo en sus ojos. "No es tarde aún."

Itachi le dio una mordida al dulce que sostenía en su propia mano mientras Sakura disfrutaba del suyo. Luego, cada uno volvió a sus asuntos. Sin embargo, una nueva costumbre había nacido.

Como esa tarde, unas cuantas mas se le sumaron. Simplemente se acercaban para contemplar la vista. No necesitaban palabras; su presencia era suficiente. El lugar, antes un refugio solitario, se convirtió en un espacio compartido, lleno de calma y confort. Itachi encontró solaz y se volvió mas cómodo y agradable pasar las tardes allí.

Ocasionalmente Itachi miraba discretamente los ojos de Sakura, siendo cuidadoso de no ser descubierto, para ver cómo se encontraban. Sabía que no era algo de unas pocas semanas, y aunque su mirada no había variado drásticamente, notaba un progreso sutil en ese par de jades. Su brillo no se había apagado, y eso era suficiente.

Sin darse cuenta, el tiempo pasó y la hora de aceptar la misión de Danzo llegó. La naturalidad con que había integrado sus encuentros con Sakura en su rutina diaria hizo que no percibiera el gran error que había estado cometiendo todo ese tiempo.

Había bajado la guardia al pasar tiempo con Sakura, lo admitía. Sin embargo, su instinto ninja seguía alerta. Consciente de que Sugaru había comenzado a seguirlo y del peligro que se avecinaba, tomó una decisión: abandonar esos encuentros con el claro objetivo de mantenerla alejada del peligro que lo rodeaba.

Creyó que con el tiempo, ella también dejaría de ir, pero no fue así. Y aunque no quería, Itachi se veía continuamente preocupado por ese detalle, ya que ella solía quedarse hasta muy tarde allí.

La línea de pensamientos de Itachi se interrumpió, cuando la vio esconder el rostro entre los brazos.

Algo se sentía terriblemente mal.

Cuando Sakura descubrió el rostro, Itachi se encontró con una mirada más triste de la habitual.

No estaba dirigida hacia el monumento de piedra. Aunque su vista parecía apuntar en esa dirección, sus pupilas se perdían en la distancia, ausentes. La imagen era extremadamente solitaria. Cómo si momentos cálidos y felices nunca hubiesen reparado en su pequeño ser.

Itachi decidió deliberadamente ignorar el ligero estremecimiento que quiso anidarse en su interior. La situación había pasado el punto de no retorno, y él no estaba dispuesto a alterar su curso.

Esa noche, Itachi estaba listo para renunciar a su vida y honor para evitar una guerra civil devastadora. Iba a cortar todos los lazos con su familia y aldea, sin mirar atrás. No había razón suficientemente poderosa para hacerlo dudar.

Su corazón se preparaba para soportar el dolor que seguiría a sus acciones. Podía anticipar el odio y la confusión que sentiría Sasuke, pero ese peso era soportable si significaba que su hermano viviría una vida pacífica en la aldea.

Los recuerdos de sonrisas brillantes y entusiastas de Sasuke llenaban su mente. Sacrificarse por él no era un precio demasiado alto.

Sin embargo, con Sakura era diferente. No había un vínculo especial entre ellos. Ella era una niña que necesitaba afecto, y se había apegado a él, debido a las pequeñas muestras de atención que le había estado brindando descuidadamente.

Tampoco recaía sobre la cabeza de Sakura, un peso que pudiese poner en peligro su tranquilidad dentro de la villa. Entonces, mas allá de sentirse sola, su vida tarde o temprano, se volvería buena.

Itachi entendía que su repentina desaparición podría ser confuso para ella. Pero era la única opción. Su presencia en la vida de cualquiera, en ese tiempo, era un riesgo, y no podía permitir que alguien ajeno al conflicto se convirtiera en un daño colateral.

Como hermano mayor, sentía un instinto protector, y lo último que deseaba, era que algo malo pudiera sucederle a un pequeño inocente por su culpa.

Las pestañas de Itachi se cerraron momentáneamente.

Sería una mentira decir, que no lamentaba ver a Sakura en ese estado. Sin embargo, su prioridad máxima era asegurar el bienestar de Sasuke y proteger la aldea, por lo que en comparación, lo que ella sentía era una nimiedad para él.

"Si logro detener a mi clan, tanto ella como muchos otros estarán a salvo, y nunca sabrán el peligro que corrieron esa noche".

Aunque la Tercera Guerra Mundial Shinobi, hubiese terminado hace años, las tensiones entre las grandes villas persistían. Batallas y escaramuzas constantes mantenían la región en un estado de alerta perpetua. Cada una esperaba que la otra mostrara debilidad para atacar.

En este clima de inestabilidad, si hubiese una guerra civil en la Aldea de la Hoja sería el catalizador perfecto para una catástrofe. Las otras villas no tardarían en aprovechar la oportunidad para lanzar un ataque, ansiosas por expandir su territorio o hacerse con el control del Kyūbi, sellado dentro del niño Uzumaki. La consecuencia sería inevitable: una nueva guerra a gran escala, con consecuencias devastadoras.

Al abrir nuevamente los ojos, Itachi se encontró con una escena inesperada para él.

Era difícil de ver, porque no había una sola persona en la aldea capaz de brindarle el consuelo genuino que necesitaba. Las lágrimas silenciosas, que él había estado acompañando en silencio, caían en un vacío emocional, sin encontrar consuelo. Éstas morían en la mayor soledad posible.

De algún modo, la escena lograba inquietarlo al punto de querer pararse inmediatamente y marcharse de ahí. No obstante, ni un músculo del cuerpo de Itachi logró moverse. No entendía claramente porque se quedaba. No tenía sentido coherente acompañarla desde las sombras. Además, ella no era una amiga, solo alguien agradable con quien coincidió en ubicación por un tiempo. Sin embargo, ese razonamiento suyo, aunque acertado, no lograba apaciguar el sentimiento que lo oprimía. Podía ser que no fuera alguien relevante para su misión y propósito, pero evidentemente, había adquirido cierto aprecio por ella.

Quizas fuese la culpa de lastimarla, la que le impedía marchar.

El lamento débil que acarició los tímpanos de Itachi, cesó gradualmente. Poco después, las manitos alcanzaron el rostro infantil para limpiar las lágrimas.

—Al final, no pude hacer nada. Yo solo esperaba que la noche no lograra alcanzarte… — la vocecita, que era un poco más fuerte que un susurro, se cortó por el nudo en su garganta.

Itachi observó los labios moverse, leyó de ellos la frase inconclusa.

—…No quiero que termine así.

Los dientes de Itachi se apretaron y su mandíbula se tensó.

No tenía el contexto para entender las palabras que decía, pero no había nada que hacer. La noche que ella temía, ya había llegado.

Mientras detallaba la escena, se reprochó internamente, el no haber tenido en cuenta que por su complicada misión iba a tener que alejarse. Sin tener la intensión, al permitirle acercarse y luego desaparecer por completo, provocó en ella un nuevo sentimiento de pérdida. Él no era lánguido y en general era desapegado de la mayoría de las personas que lo rodeaban. No obstante, tampoco era alguien vacío emocionalmente. Queriendo o no, le provocó un daño a esa niña que se acostumbró a pasar las tardes en su compañía y eso le resultaba reprochable.

"Lamento esto."

Siendo consciente que después de su misión, la aldea iba a perseguirlo hasta la muerte, le restaba solo esperar a que el contador llegara a cero para levantarse y dirigirse al complejo junto con Madara y terminar de una vez con el trabajo.

Era increíble que de todos los lugares donde podía esperar, sus pies decidieran llevarle a ese. Quizás inconscientemente, deseaba despedirse también de ella.

Esa era la única forma en que podría hacerlo. Viendo desde lejos a la personita que lo acompañó por un efímero tiempo, contemplar ese lugar que él no volvería a ver a partir de esa noche.

Con un movimiento silencioso, Itachi se puso de pie e inhaló profundamente, cerrando los ojos por un instante. Aunque era un torbellino de emociones, sabía que no podía dejar que lo consumieran.

"Debo seguir adelante", se dijo a sí mismo, aceptando la corriente que lo arrastraba y engullía hacia lo profundo.

Antes de abrir los ojos, la máscara de Anbu cubrió su rostro, ocultando sus emociones y revelando su resolución. Ese día sería el fin de todo: el destino del clan Uchiha, su vida pacífica, y su conexión con las personas que amaba.

La máscara no solo ocultaba su identidad, sino también su dolor y sacrificio. Itachi se preparó para enfrentar su destino, con la determinación de un guerrero.

Fin del capítulo 3.

Nos leemos en el siguiente.