Un día vi Haikyuu, sucedieron cosas con Tsukishima, me tope un fanfic Tsukiyachi y caí. Simple.

Es mi primera incursión en el fandom, lo hice con mucho cariño, ojalá les guste

Situado durante la graduación.


Midnight Rain (kei's version)

"I broke his heart 'cause he was nice

He was sunshine, I was midnight rain

He wanted it comfortable

I wanted that pain"

- Midnight Rain by Taylor Swift


Los últimos resquicios del invierno desaparecen para dar paso a una cálida primavera. Este cambio no solo marca el paso de las estaciones, sino también el cierre de ciclos y etapas, así como los cerezos florecen nuevamente, los jóvenes se ven obligados a crecer.

—T-tsukki… —La voz tembló al pronunciar el apodo. Se esforzó en concentrarse en la figura frente a ella, tratando de ignorar los gritos y despedidas que sonaban a su alrededor. Ya no recordaba cuándo fue la última vez que titubeó de esa forma. Su naturaleza nerviosa volvió a salir a flote después de ser cuidadosa cubierta. Aun así, se armó de valor, cuadró los hombros con determinación, y repitió el nombre con firmeza —. Tsukki yo…

—Escuché que fuiste aceptada y becada en la Universidad de Tokio. —Tsukishima la interrumpió, tomándola desprevenida—. También que lograste conseguir un buen hospedaje cerca del campus. Felicidades, Yachi. —Aunque sus palabras eran de aliento, no coincidían con la impersonalidad con la que fueron dichas.

—Eh, sí… —murmuró, desviando la mirada y jugueteando nerviosamente con sus manos—. No pensé que lo lograría, pero Shoyo insistió tanto. Me repitió que podría conseguirlo… así que no pude evitar intentarlo —divagó rápidamente, recordando lo complicado que fue estudiar, ser manager del equipo de voleibol y tutora de sus compañeros durante los últimos seis meses. Aunque no se arrepentía de nada, lo volvería a hacer una y mil veces más—. Pero no era eso lo que quería decirte. —Apretó las manos con fuerza, respiró hondo y repitió la confesión otra vez en su mente. El nerviosismo le impidió notar la expresión indiferente de su excompañero.

—Yachi, me quedaré en Sendai. Fui aceptado en la Universidad de Tohoku. —La aludida asintió sin percatarse de que él, una vez más, la había llamado por su apellido en lugar de su nombre de pila, recordando la distancia de los primeros días.

—Lo sé, estudiamos juntos, ¿recuerdas? —Respiró profundamente, armándose de valor—. Estaremos a solo un tren bala de distancia. Estaré aquí durante cada periodo vacacional. ¡Prometo escribirte todos los días! Sé que nuestros horarios serán ajetreados, pero creo que puede funcionar —soltó su confesión implícita sin darse cuenta—. Yo quiero hacer que funcione, Kei —añadió en un susurro—. Me ha costado tres años aceptar que nuestra dinámica es diferente y…

—Me ofrecieron una plaza en los Frogs de Sendai —interrumpió la confesión, desviando la mirada mientras se rasca el cuello. Parecía que hablaba del clima en lugar de estar rompiendo dos corazones con sus palabras indiferentes. Ella sintió como el aire la abandonaba, su garganta se secó y las palabras se escaparon—. Entraré como parte de las fuerzas básicas del equipo, Yachi. —Ahí estaba otra vez: fuerte, claro y sin diluir. Su apellido. En el mismo tono impersonal, monótono y distante de la primera vez—. No funcionará. —Corto, conciso y directo a sus sueños—. No lo hizo antes, y no lo hará ahora. No sigas confundiendo el mínimo ápice de decencia humana con el que te he tratado los últimos tres años como algo más. No son sentimientos absurdos, solo era… humanidad.

Ella se quedó en silencio, perdida e incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Su mente navegó rápidamente entre los recuerdos de sus interacciones durante su tiempo como manager del Karasuno. Había sido cortés, sí, pero también atento, observador, incluso con pequeños gestos que ella no podía ignorar.

Sabía lo que había vivido, lo que ambos habían compartido. Su relación era, indudablemente, algo más que una simple amistad o compañerismo. ¡Ni siquiera a Tadashi lo trataba de esa forma y era su mejor amigo de la infancia!

—¿Kei? —El solo pronunciar despertó cada temor que él había ayudado a enterrar—. No entiendo qué está pasando, pero yo…

—¿Qué parte no entiendes? —inquirió furioso y la máscara que tan cuidadosamente construyó, se resquebrajó frente a ella—. Solo era amable. Punto —insistió con insistencia. Hitoka se cuestionó si se lo decía a ella o lo repetía para convencerse a sí mismo—. Eres tú quien empezó a hacerse una estúpida fantasía romántica. ¿Y cómo no hacerlo? Si tenías al par de idiotas alimentando tu delirio —agregó, elevando su tono de voz. La desesperación y frustración se filtró. Él no creía en sus palabras y aun así se obligaba a lastimar a ambos en el camino. Lo que Hitoka no entendía era por qué—. Incluso Yamaguchi te siguió el tonto juego.

—¿Esto es lo que piensas, Tsukishima? —La interrupción lo tomó desprevenido que no supo qué responder—. Sé que es lo que viví, lo que siento y la persona que fuiste conmigo. Aprendí a leerte de la misma manera que a mi libro favorito —confesó en voz baja, apenas audible para el oído entrenado del rubio—. Pero si dices que todo lo que sucedió fue mi imaginación porque no correspondes mis sentimientos, lo aceptaré sin dudarlo. No puedo forzarte a que me quieras. —«Aunque sé que lo haces», deseó agregar.

A estas alturas, Yachi no entendía como podía seguir hablando fuete y claro, cuando tenía un nudo en la garganta y las lágrimas luchando por escapar.

—Qué bueno que lo entiendes porque…

—Pero —detuvo su monólogo, utilizando los últimos resquicios de valentía que quedaban en su cuerpo antes de desvanecerse por completo—, si estás haciendo esto por el miedo a la distancia, al futuro y salir lastimado en el camino, jamás podré perdonarte —anunció, esforzándose por sostenerle la mirada una última vez—. Solo espero que no vuelvas a abandonar aquello que amas por el miedo a terminar decepcionado —le pidió, aunque sabe que es una promesa que es incapaz de cumplir—. Que tengas éxito con los Frogs, Tsukishima y gracias por escucharme. —Le dio una breve reverencia mientras recogía los pedazos de su corazón. Él había tomado una decisión. Ella solo deseaba que pudiera vivir sin arrepentirse.

Tsukishima se quedó de pie, observándola perderse entre sus compañeros. Aunque sabe que el aire entra y sale de sus pulmones, se siente sofocado. A pesar de su gran altura, se siente pequeño, diminuto, casi invisible. Se pregunta si esas horribles sensaciones desaparecerán con el tiempo o lo perseguirán como fantasmas por el resto de su vida. Espera que sea la primera opción, aunque sabe que merece la segunda.

—Eh, Tsukki, ¿está todo bien? —La voz de Yamaguchi lo sacó de su neblina mental. Todos sus sentidos lo golpearon hasta sentirse mareado—. Acabo de ver a Hitoka irse y no se veía bien. ¿Sucedió algo? —La preocupación era genuina, lo que provocó al rubio náuseas.

¿Esta sería su nueva rutina?

—No es nada —restó importancia con un movimiento de mano—. Solo le aclaré que sus fantasías románticas y la realidad son muy diferentes. —Aquellas palabras dispararon todas las alarmas del pecoso.

—¿Qué hiciste, Kei? —demandó, enfurecido. El aludido frunció el ceño, molesto por el tono que estaba utilizando con él. Optó por dar media vuelta y tomar su propio camino. Lo que menos necesitaba era un sermón después de la conversación que tuvo. En realidad, temía que sus sentimientos ahogaran sus pensamientos racionales y dejaran traslucir sus verdaderas intenciones—. Solo espero que no te arrepientas, Tsukki, porque Hitoka ya no estará ahí para ti.

Tsukishima ni siquiera se detuvo para despedirse de su mejor amigo.

Él conocía la respuesta a esa pregunta.

«Ya lo hago, Yams. Me arrepentí desde el momento en que guardé el secreto de los Frogs. Cuando le dije que me quedaría mientras ella se va. Y lo confirmé cuando negué mis propios sentimientos. Ella merece algo más cómodo y seguro, no un idiota que prefiere sufrir constantemente en lugar de sentir con intensidad» .


Se supone que esto sea una serie de historias cortas basadas en canciones de Taylor Swift, que pueden (o no), estar interconectadas.

Decidí empezar con Midnight Rain, porque siento que de alguna forma, él le tendría miedo al compromiso y terminaría lastimando a ambos en el camino. Me encantaría conocer su opinión.