- Entonces, ¿tenemos un trato, director? – preguntó la joven de corto cabello castaño, extendiéndole la mano derecha.

Aquel hombre de piel bronceada pareció pensárselo un segundo más, pero ante tal tentadora oferta, optó por estrechar la mano de la joven.

- Mi hijo se hará cargo de todo-adujo con orgullo

- Eso no me tranquiliza. Asegúrese acompañarlo. Se trata de alguien de cuidado, aunque no lo parezca.

- Despreocúpese, señorita, deje todo en mis manos- convino zalamero

- Pero- respondió ella poniéndose de pie, dispuesta a salir- no le hagan daño, solo debe sacarlo de la propiedad, déjelo en algún sitio publico y distante.

- Eso haremos, eso haremos-respondió como despedida.

Nabiki Tendo se colocó las enormes gafas oscuras al salir de la oficina de aquel timador, anterior empleado de segunda en los negocios de su padre y quien tras su repentina muerte, había ganado terreno e intentaba usurpar su lugar junto a su estúpido hijo. Lugar que pertenecía por derecho a las Tendo. A ella, dado que ni Kasumi ni Akane tenían la vena comercial bien desarrollada.

.

.

.

-Eres tonto o solo quieres molestar a tu padre? Necesitamos al legatario. Ve a buscar, registra cada rincón de la casa. –ordenó Ryoga a su compañero, el inepto hijo del desgraciado de su jefe, que estaba descolgando uno de los cuadros.

Si por él fuese, ya hubiera colgado del árbol más alto a ese estúpido, bueno para nada, pero el pasado le ataba a la infame familia Kuno.

El director, sin embargo, había prometido liberarle si se encargaba de aquel asunto en la casa del bosque, el secreto depósito en el cual ocultaba los bienes que en vida acumuló el difunto Tendo, con sus casas de apuestas y casinos ilegales. Todo lo que estaba ahí dentro debía sumar varios miles de millones de yenes.

-Ve y busca tú-respondió con indiferencia Tatewaki, analizando la pieza en sus manos.

Aquella obra era no solo exquisita, sino única. Esa oportunidad era la mejor que le hubieran podido dar. Le sorprendía aún más, el que fuera precisamente esa chica quien los buscara para realizarlo, pero no había duda de que hasta el mas pillo cometía errores, llevado por la desesperación y la avaricia.

Uno de los valiosos jarrones cayó a espaldas de ambos hombres, haciéndose pedazos. Los dos giraron en dirección al sonido y de inmediato intercambiaron miradas en silencio.

Antes de poder hacer movimiento alguno, una silueta intentó salir de la casa a toda prisa, dándole un fuerte empujón a uno de los desconocidos. El otro, sin embargo, alcanzó a reaccionar, tirando de la trenza de cabello de quien pretendía huir, indudablemente el legatario, figura central y único motivo del por qué estaban ahí.

-A donde crees que vas? - casi rugió Ryoga, dándole un puñetazo en el rostro y arrojándolo de vuelta dentro de la casa.

-No por favor, solo soy una chica indefensa, ¡no me hagan daño!- rogó ella en la penumbra.

Los dos asaltantes soltaron al unísono algo parecido a una risa incrédula.

-Te dije que estaba como una cabra-murmuró al pasar junto a su compañero, en dirección a encender la luz de la propiedad. - Ponte la máscara, no debe vernos el rostro-añadió

El recinto se llenó de luz a continuación y las tres misteriosas figuras fueron develadas finalmente.

-Entonces, señorita-dijo uno de los dos asaltantes- tendrá que disculpar a mi poco caballeroso compañero- explicó arrodillándose frente a la asustada chica, que pareció encogerse en su sitio- a menudo se comporta como un salvaje.

-Señorita?-protestó Ryoga, fastidiado

-Silencio- advirtió sin voltear, con su mirada atentamente clavada en la "señorita" de ojos azules que se encontraba frente a él- No te haré daño, confía en mí-añadió extendiendo la mano para limpiarle el hilo de sangre que surcaba desde su labio inferior.

Ryoga cruzó los brazos, observando a Tatewaki con el ceño fruncido. Su paciencia, que nunca había sido su fuerte, estaba al borde del colapso.

-Ya deja de jugar, ¡maldita sea! ¿Quieres sacar algo de esto o no?

Tatewaki, le lanzó una mirada altiva antes de levantarse con lentitud, enderezando su postura como si fuera un noble enfrentando una afrenta.

-Tu comportamiento es el de un bárbaro. Quizás si dejaras de gruñir como un animal, podríamos manejar esta situación fácilmente

Ryoga apretó los puños, indignado.

-¿Qué dijiste? Repítelo- exigió tomándolo por el cuello de la camisa- Si yo no estuviera aquí, ya habrías arruinado todo con tus estupideces, maldito tarado.

Tatewaki, de un manotazo, rompió el agarre y ajustó el cuello de su camisa.

-Y si yo no estuviera aquí, tú habrías destruido este lugar como el bruto sin cerebro que eres.

Mientras tanto, la "señorita" en cuestión, aún en el suelo, empezó a deslizarse lentamente hacia la salida, aprovechando la distracción. Manteniendo su respiración controlada y sus movimientos tan calculados como los de un ninja.

-¡El único sin cerebro eres tú! -explotó Ryoga, apuntándolo con un dedo-. ¿Quién diablos te dijo que estabas a cargo?

-Mi linaje, mi inteligencia y mi liderazgo, por supuesto. Tú, en cambio, solo posees fuerza bruta-replicó Tatewaki con un tono cortante.

Ryoga dio un paso hacia él, cerrando los puños, dispuesto a partirle la cara a ese imbécil.

-¡Ahora veras lo que mi fuerza bruta es capaz de hacerte, patético remedo de hombre! Te voy a...-gritó dejando la frase sin terminar, al advertir aquello.

Silencio. Demasiado, silencio. Algo iba mal.

Ambos hombres giraron al mismo tiempo descubriendo el recinto vacío.

-¡mira lo que hiciste! -gruñó Ryoga, señalando la puerta con frustración.

-¿Qué hice yo? -Tatewaki alzó una ceja, indignado-. Si no estuvieras chillando como un cerdo rabioso, te habrías dado cuenta de que escapó.

Ryoga se pasó una mano por el rostro, apretando los dientes.

-¡Como siempre eres un inútil! Juro por mi vida, que voy a acabar contigo.

-Deja de chillar y sígueme. Solo falta que te pierdas en el bosque.

Ryoga se adelantó a la salida, ignorándolo e internándose por su cuenta en el bosque, vociferando groserías.

-Cuando lo encuentre voy a darle una paliza, lo ataré de manos y haré que firme el maldito documento de cesión de una vez.-le escuchó con su voz perdiéndose entre los arboles

Tatewaki se acercó al auto para tomar una linterna y la carpeta, antes de entrar también en el bosque, pero se detuvo al ver llegar el auto de su padre.

-Qué haces aquí solo, Tachi?- le saludó

-Vete al diablo-respondió él. Más valía encontrar a ese chiflado rápido, ya luego se ocuparía del vulgar de Hibiki y de su padre.

.

.

.

El bosque se convertía en un laberinto de sombras y sonidos inquietantes para ella. Ranko corría tan rápido como sus extremidades le permitían, su respiración entrecortada resonaba en sus oídos y el latir errático de su corazón amenazaba con detenerse, agotado, en cualquier instante. Avanzaba y miraba frenéticamente en todas direcciones, buscando un sendero que la llevara de vuelta al pueblo. Pero los árboles altos y oscuros parecían cerrarse a su alrededor como una trampa viviente en la cual ni siquiera era capaz de ver el cielo nocturno.

-¡Piensa, Ranko, piensa! Debe haber una forma de regresar al pueblo- se dijo a sí misma. A lo lejos, escuchaba la voz de aquel tipo, el amable, no el que le había golpeado en el rostro, y la sola idea de cruzarse con él a solas hacía que su corazón latiera aún más rápido. Casi prefería tener que defenderse del que pegaba como mula, el otro le parecía un degenerado.

Con eso en mente, optó por un sendero que le llevara en dirección contraria a él, su decisión cumplió con su deseo. De súbito, se topó de frente con quien le había golpeado.

- ¿ibas a alguna parte? —gruñó - yo no lo creo! -gritó abalanzándose sobre ella.

Ranko intentó esquivar el primer golpe, pero la fuerza del ataque la desestabilizó, haciéndola retroceder torpemente. Los puños de Ryoga eran implacables, y aunque ella intentaba defenderse, su torso estaba siendo sometido a una paliza brutal.

¿Qué clase de demente podía golpear de esa forma a una chica como ella? Definitivamente, había hecho lo correcto al entrenar desde joven.

Cuando por fin encontró una apertura en el ataque, bloqueó el golpe, usó la inercia de su oponente en su contra, y con una técnica precisa, lo derribó al suelo, dejándolo inconsciente con una fuerte llave usando sus piernas en el cuello del despiadado delincuente. Agotada por el esfuerzo de la pelea, Ranko se levantó tambaleándose y mal herida, huyó nuevamente sin rumbo cierto.

El suelo bajo sus pies se volvía más inestable conforme avanzada, cubierto de hojas y ramas que crujían amenazadoramente, pero no podía detenerse. Justo cuando pensaba que había ganado algo de ventaja, apareció el otro tipo, el de voz infame, emergiendo de entre los árboles como una figura espectral.

-Bella señorita, no tenga miedo de mí, prometo solemne que no dejaré que aquel bruto le haga daño-declaró teatral- No deseo lastimarla, solo quiero que me regale su firma en este documento-anunció mostrando una carpeta.

Como si fuese aun posible empeorar las cosas para ella, al que antes había dejado fuera de combate, se les unió, llegando desde el otro lado.

Ranko trató de retroceder, pero el terreno cedió bajo sus pies. Un grito escapó de sus labios mientras rodaba por un empinado barranco. Golpeó con alguna saliente durante la caída, hasta terminar en un pequeño río que la arrastró cuesta abajo.

Medio aturdida y dolorida, se las arregló para aferrarse a las ramas de un viejo árbol derribado en la orilla y arrastrarse apenas en la rivera. Casi tiritaba de frio. El cielo estrellado apareció por primera vez esa noche, apenas iluminando su entorno. Cerró los ojos, agotada, hasta casi quedarse dormida.

Y ahí, en medio de la penumbra, una gata de aspecto salvaje y dos de sus crías se acercaron a ella.

El animal, quizás intentando consolarle, lamió suavemente las heridas de sus mejillas, Ranko abrió los ojos aterrada, pues para ella, aquello no era un acto de ternura.

Un frío terror la paralizó al instante. Los ojos brillantes de la gata y sus dos crías parecieron perforarla, cada movimiento felino se multiplicó en su mente, alimentando el oscuro abismo de su fobia.

-¡No, no, no! —balbuceó, luchando por alejarse

-Miau?- el animal emitió aquel tétrico sonido a centímetros de sus ojos y el terror la consumió. Su respiración se tornó irregular. Su pulso se aceleró, su visión se nubló, su conciencia fue reemplazada por el instinto de sobrevivir, y un sonido feroz brotó de sus labios.

En ese estado de vulnerabilidad la encontraron. Ryoga apareció desde el este, y detrás de él, Tatewaki y su padre se unieron a la escena.

-Lo tenemos -murmuró Kuno, observando desde lejos la silueta que, a cuatro patas, renqueaba en el bosque

Aquella criatura sumida en su crisis, con sus sentidos agudizados, los detectó antes de ser emboscada.

-¡Me las pagarás! - gritó Ryoga, lanzándose al ataque, ajeno al destino que les esperaba, pues el estado de aquel, era más peligroso de lo que podrían haber anticipado.

Un aire distinto, casi salvaje, se reflejaba en sus ojos, mientras emitía sonidos incomprensibles, como si un animal y no una persona estuviera en su lugar, cegando la vida de quienes hasta ese instante eran sus mortales perseguidores, y ahora se convertían en sus victimas.

.

.

.

-El maestro Happosai lo encontró vagando en el bosque y lo mantuvo como su discípulo desde entonces, hasta su reciente muerte

- ¿Dices que el viejo lo cuidó?

-No realmente, más bien lo utilizó para sus fechorías mientras era un niño. Cuando creció, vio en el chico a su sucesor, sometiéndolo a un estricto entrenamiento.

-Pero, quiere decir que estaba ahí cuando asesinaron a su maestro- razonó el hombre de espeso bigote negro, reclinándose en la silla de cuero- ¿cómo es que no intervino para defenderlo de ellos?

El abogado de lentes claros se las arregló para explicarlo de forma breve y directa.

-Bien, es que no existe un "ellos", fue solo él.

- ¿Él? - cuestionó más que sorprendido – te refieres a que lo hizo, él solo? ¿A Happosai? Pero si debe ser apenas un adolescente

Mousse asintió y extendió el expediente del chico de vivaz mirada azul.

En él se podía leer detalladamente el perfil de aquel joven. Soun Tendo lo repasó un par de veces antes de devolver su atención al legista

-Quiero que lo conozcan- ordenó

- ¿Lo llevará con sus hijas, aun sabiendo lo que hizo?

-Bueno, más de uno quiso deshacerse de ese viejo pervertido. El chico lo logró. Eso demuestra su capacidad. Diles que lo envío como parte de su equipo de seguridad.

- Señor? El muchacho está...-intentó resaltar el abogado

- Haz lo que te digo-ordenó Soun

.

.

.

He vivido demasiado tiempo, eso me queda más que claro. Como tal, he visto y hecho toda suerte de cosas, sin embargo, lo que presencié hace dos noches me ha dejado sin palabras y apenas hoy he terminado de procesar lo que encontré en el bosque.

Varios días atrás, he participado de las reuniones en el casino Tendo. Usualmente, solo asisto ahí por las hermosas jovencitas que me atienden, dándole un poco de calidez y afecto a un viejito solitario como yo. Ya estaba a punto de irme, cuando aquel ocioso de Genma Saotome apareció en la entrada, blandiendo un trozo de papel. Juraba el desdichado que aquello era tan valioso que merecía una oportunidad en la cual pudiese ganar lo suficiente para recuperar los papeles de la casa familiar.

La mayoría de los presentes reímos sin ganas. ¿qué de valor podía tener aquel sujeto miserable como para recuperar una casa? Aunque la propiedad en sí tampoco es que tuviese mucho valor.

Soun le dejó entrar, supongo que para evitar el alboroto. El tipo se arrojó sobre la mesa de apuestas como un adicto y susurró con descaro algo al oído del hombre de confianza de Tendo, su joven abogado.

Observé con desinterés la escena y cuando ya me despedía de las bellas chicas que me acompañaban escuché que aquel ex alumno mío estaba dejando en prenda a su hijo. Oí también que ese descendiente había heredado los buenos genes de su madre y nada de su padre. Oh, Nodoka, la recuerdo bien, paseando por el pueblo en sus años de juventud, una mujer hermosa en verdad.

Cegado por la lujuria, digo, el deseo de proteger a su hijo, volví sobre mis pasos y me quedé en la misma mesa, apostando todo lo que tenía.

Gané, desde luego. Y celebré con el mejor sake ante la idea de volver a ver a la bella Nodoka, que más que seguro estaría dispuesta a agradecerme buenamente si le devolvía yo al pequeño.

Sin embargo, aquel tramposo de Genma pareció esfumarse de repente, negado a traerme mi ansiado premio. Sin intención de esperar, me encaminé nada más despertar, en medio del amanecer, hacia el bosque, en cuyas entrañas se encontraba la propiedad donde residía la familia Saotome.

Al principio, ni siquiera entendí bien lo que veía. Me acerqué un poco más, con cautela extrema, y casi me voy de espaldas al comprender del todo la imagen ante mí.

Los gatos monteses rasgaban la carne del cuerpo de Genma Saotome. No podía el pobre miserable llevar demasiado en ese estado, puesto que del casino lo vieron salir cerca de la medianoche.

Me acerqué con cuidado de no asustar a la madre y sus crías. Fue entonces cuando me percaté de que el niño estaba ahí, con la mirada azul, perdida totalmente ante el desuelle de su padre muerto.

Pobre criatura, pensé, y cubriéndole los ojos, lo tomé en brazos, dispuesto a llevarlo con su madre. Por desgracia, el horror no había terminado aún. Encontré a la madre, su cuerpo inerte, en la entrada. Pensé en dejar al niño ahí, pero ¿Quién iría por esos rumbos prontamente? Más con disgusto que con empatía, decidí que cuidaría de él. Después de todo, podría serme útil.

El muchacho, diría yo, se desarrolló bastante bien, para lo que debe haber presenciado. Nunca tuve quejas del buen Ranma, excepto porque en ocasiones se comportaba de forma inusual y a menudo hablaba disparates o cambiaba de parecer totalmente.

Algunas veces también desaparecía y cuando regresaba lo hacía con arañazos y mordidas en los brazos. Muchacho loco, pensaba yo, ignorando por completo que aquella noche que pasó solo en el bosque, la mente del chico se fragmentó en distintas identidades.

.

.

.

La habitación estaba iluminada con la cálida luz de la mañana. Ranma, se recostó en el diván frente al Dr. Tofu. Se sentía más relajado que en las sesiones anteriores, tanto que se permitió distinguir el leve murmullo del reloj de pared, marcando los segundos, antes de que la sesión diera inicio.

-Y dime, Ranma, después de todo este tiempo ¿cómo te sientes?

-Me siento como, como si ahora ya no hubiera tanto ruido en mi cabeza.

-¿Ruido?-cuestionó Tofu

-Sí…-su paciente exhalo pesadamente, buscándolas las palabras correctas- era como si siempre estuviera peleando conmigo mismo. Algunas veces no sabía quién estaba a cargo. Pero ahora recuerdo mayormente todo mi día, y estoy seguro de quién soy.

- Eso es un gran progreso, Ranma. ¿Y cómo te hace sentir eso?

- Me siento… mucho mejor, doctor. Por primera vez en mi vida, siento que soy solo yo.

-Te has esforzado mucho. Ahora, lo importante es que sigas adelante. -El doctor Tofu cerró su libreta con un gesto satisfecho

.

.

.

Yo podría reconocer el sonido de ese motor en cualquier situación, de eso es lo único de lo que estoy 100% seguro.

Salí del baño, bajé las escaleras y abrí la puerta de la entrada justo a tiempo para verla descendiendo del auto.

-Ranma, estás bien?- preguntó Akane, lanzándose a abrazarme. Los golpes de mi cuerpo me obligaron a soltar un quejido lastimoso.- Lo siento, te hice daño? qué te pasó, por qué has venido aquí solo!?, dios, que es esto, te hicieron daño?-sus preguntas, que eran tantas como las mías, salían presurosas de sus labios.

-Akane-alcancé a interrumpirla- No deberías estar aquí. He hecho algo terrible, esas personas, no sé como, pero ellos están, están...

Su mirada se cristalizó, consciente de que algo terrible había sucedido esta vez. Al no estar ella a mi lado para tranquilizarme cuando entraba en crisis, la ferocidad de esa otra parte de mí había sido imposible de contener.

-Está bien, Ranma.-dijo ella, con la voz casi quebrada- No voy a dejarte solo, todo estará bien.

Los alrededores de la casa en el bosque se llenaron de sirenas esa mañana.

.

.

.

Nota de la autora:

Holis, llego tarde (que raro en mí, no?) y además voy a ocupar un capítulo extra, pueden verlo como un epilogo, si gustan, pero he aquí las respuestas prometidas XD.

Lo que sucede con Ranma es que su mente se fragmentó por tanto trauma, pobrecillo. Quería jugar un poco con las versiones de Ranma como chico, chica, y gato, pero sin las maldiciones de por medio, así que me decidí por este universo donde padece de trastorno de identidad disociativa.

Es todo por hoy, vuelvo tentativamente el viernes con el juicio y veredicto de Ranma por desvivir a Ryoga y los Kuno cuando estaba bajo su identidad de gato salvaje.

Ustedes que creen ¿debería ser Ranma responsable o inocente de lo que pasó?

PD: todos estamos de acuerdo en que Genma es de lo peor que hay, odiémoslo a gusto en este fic a él y a Happosai.