El ataque de Akatsuki sobre la ciudad de Musutafu había comenzado con una violencia devastadora, pero en el campamento de las Pussycats, los estudiantes de la UA estaban distraídos con su prueba de valor, sin sospechar lo que ocurría a kilómetros de allí. Era el turno de Bakugo y Todoroki, quienes, con su constante rivalidad, estaban listos para demostrar sus habilidades. En las sombras del bosque, dos figuras observaban en silencio: los clones de sombra de Itachi y Obito, quienes, mientras sus verdaderos cuerpos luchaban en el caos de la ciudad, se habían infiltrado en el campamento con el propósito de vigilar a los jóvenes héroes y sembrar una posible distracción.
Bakugo, con su habitual arrogancia, se adelantó, lanzando una mirada desafiante a Todoroki, quien le devolvía una mirada fría. Ambos compartían la misma sed de sobresalir, pero en el ambiente se sentía algo extraño, como si unos ojos invisibles los estuvieran vigilando desde las sombras.
Mientras tanto, en una parte más densa del bosque, los clones de Itachi y Obito avanzaban con calma. Por el sendero, Kendo y Tetsutetsu caminaban a pocos metros de ellos, sin sospechar la verdadera naturaleza de sus acompañantes. Kendo, algo nerviosa y atraída por el misterioso aura de Itachi, intentó romper el hielo.
—¿Te gusta la naturaleza, Itachi-san? —preguntó Kendo, esforzándose por mantener una conversación casual.
Itachi la miró brevemente, su expresión impenetrable.
—La naturaleza tiene su propósito, pero hay cosas más allá de ella que merecen nuestra atención.
Kendo sintió un escalofrío; las palabras enigmáticas del Uchiha le dejaban una sensación de inquietud. Tetsutetsu, ajeno a la tensión, bromeaba y se reía. En ese instante, Juzo Honenuki emergió del suelo con su peculiar quirk, intentando sorprender a sus compañeros. Sin embargo, el clon de Obito, en un despiste, pisó la cabeza de Juzo, devolviéndolo al suelo con un quejido de dolor.
—Vaya, creo que pisé una cucaracha —comentó el clon de Obito, sacudiendo su zapato con indiferencia.
Kendo y Tetsutetsu soltaron una risa nerviosa, aunque la tensión en el aire se mantenía. Kendo trató de retomar la conversación, aunque su curiosidad por los Uchihas crecía cada vez más.
—Eso fue... inesperado —comentó Kendo, intentando quitarle seriedad al momento.
El clon de Itachi apenas reaccionó, su mirada fija en el horizonte. Obito, por su parte, parecía aburrido.
—No nos malinterpreten, pero estamos aquí por razones más importantes que estas... "travesuras" —respondió Obito con un tono de indiferencia.
Tetsutetsu, con una sonrisa, replicó sin saber muy bien con quién trataba.
—¡Vamos, chicos! Si no los conociera, pensaría que son un par de robots. ¿No se permiten disfrutar de esto?
Kendo le lanzó una mirada de advertencia a Tetsutetsu, sabiendo que probablemente no era prudente cuestionarlos. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, un súbito cambio en el ambiente los interrumpió.
De repente, un olor acre y quemado comenzó a extenderse, seguido de una subida de temperatura sofocante. El gas venenoso de Mustard se infiltraba en el área, y los estudiantes pronto notaron la atmósfera tóxica y densa que se esparcía a través del bosque. En la distancia, unas llamas azules ardían descontroladamente, avanzando con una brutalidad inhumana.
El clon de Itachi y el clon de Obito intercambiaron una mirada. Aunque su misión inicial era solo observar, la situación había escalado. Kendo y Tetsutetsu miraban hacia los clones, esperando instrucciones.
—Inténten salir del bosque. Nosotros nos encargaremos aquí —dijo Itachi con calma.
Sin otra opción, Kendo y Tetsutetsu obedecieron, aunque Kendo miró por última vez a Itachi con una mezcla de preocupación y respeto antes de alejarse con Tetsutetsu en dirección contraria al fuego. El gas venenoso y las llamas azules de Dabi seguían intensificándose, cubriendo el suelo del bosque en una niebla mortal mientras el calor continuaba aumentando.
Los clones de Itachi y Obito avanzaron hacia el origen del fuego, calculando cada paso para evitar el humo tóxico. A medida que se acercaban, distinguieron a Dabi en el horizonte, quien parecía disfrutar de la destrucción con una sonrisa desquiciada. Itachi se adelantó.
—Parece que el conejo entró en la guarida del lobo —dijo Dabi, burlón, al ver la silueta del clon de Itachi acercarse—. ¿No tienes miedo de quemarte?
Itachi lo miró sin emoción.
—Las llamas que consumes... carecen de propósito. La verdadera destrucción no deja nada atrás.
En ese momento, un falso Mr. Compress echo por Twice apareció, intentando atrapar a Itachi en una esfera comprimida. Sin embargo, el clon de Itachi había activado un genjutsu, y Mr. Compress, sin darse cuenta, atrapó a Dabi en su quirk, mientras el verdadero clon de Itachi se mantenía a salvo, observando desde la sombra de un árbol.
Mientras tanto, Obito avanzó silenciosamente entre los arbustos donde Twice se ocultaba, y, en un movimiento rápido, inmovilizó al villano en el suelo, sujetándolo por el cuello. Twice comenzó a sudar, sintiendo el pánico.
—¿Q-qué planeas hacer conmigo? —balbuceó Twice, con la voz temblorosa.
Obito lo miró con frialdad, sin aflojar su agarre.
—Solo quiero unas respuestas —dijoconseriedad—. ¿Por qué están haciendo esto?
Twice temblaba, incapaz de apartar la mirada de los ojos impasibles de Obito. La letal calma del Uchiha le transmitía un miedo helado.
Twice miraba fijamente al clon de Mr. Compress que había creado, pero este seguía atrapado en el genjutsu de Itachi, completamente inmóvil, mientras Itachi recogía la esfera pequeña que contenía a Dabi.
La presión en el pecho de Twice aumentaba con cada segundo que pasaba, sin poder moverse, sin poder hacer nada. El genjutsu de Itachi lo mantenía suspendido en un estado de parálisis, sus músculos eran prisioneros de la ilusión, y la claustrofobia lo devoraba por dentro. El espacio a su alrededor parecía comprimirse, cada sombra más oscura, más densa, hasta volverse un vacío aterrador, donde el aire ya no era suficiente para respirar. El dolor agudo en su cuello, causado por la llave que Obito le había aplicado, se sumaba a su angustia, intensificando su pánico.
—¿Por qué están haciendo esto? —la voz de Obito cortó el silencio, implacable. No había prisa en sus palabras, solo una fría curiosidad, una mezcla extraña de desdén y una paciencia que parecía infinita. Como si estuviera dispuesto a escuchar, pero sin esperar una respuesta que valiera la pena.
Twice, temblando de miedo, intentó aferrarse a lo que quedaba de su compostura, pero la desesperación era evidente en su rostro. Su quirk, que antes le había dado un poder impresionante, parecía inútil frente a la habilidad de los Uchihas. Se mordió el labio, buscando en su mente una salida, pero sabía que hablar solo lo llevaría a su muerte. Si decía algo, Shigaraki lo mataría sin dudar. No podía arriesgarse.
—¡No... no te voy a decir nada! ¡Nada! —gritó, la voz rota por el terror, resonando en la quietud de la escena. Su grito era una súplica desesperada por mantener algo de control sobre su destino.
Obito soltó una leve risa, como si las palabras de Twice no fueran más que una reacción anticipada. La burla era evidente, pero también había una paciencia calculada en su tono. Mientras tanto, Itachi, a través de su genjutsu, se adentraba más profundo en la mente de Twice, explorando sus pensamientos más oscuros, sacando a la luz secretos que el villano intentaba mantener ocultos.
El plan de Shigaraki estaba claro: secuestrar a Bakugo Katsuki y a Itachi Uchiha, forzarlos a unirse a su organización y destruir tanto la UA como la sociedad heroica en general. Además, Itachi vislumbró a los miembros dispersos de la Liga, ocultos en el bosque y en el campamento, y un dato crucial para los planes de Akatsuki: la ubicación del escondite de la Liga y el almacén que contenía a los Nomus.
—Ya sabemos más de lo que querías ocultar, Twice —dijo Itachi, su voz calmada pero cortante, como una espada afilada. La verdad era innegable: aunque Twice no era el más fuerte, su lealtad era inquebrantable. —Es una pena que Shigaraki te vea como nada más que una herramienta.
El comentario de Itachi golpeó a Twice como una bofetada. El genjutsu lo mantenía atrapado, pero su mente comenzaba a desmoronarse ante la verdad que Itachi había revelado. El miedo lo invadió más profundamente, un terror primitivo que se apoderó de su ser. Sin embargo, en lo profundo de su angustia, algo dentro de él luchaba, un pequeño vestigio de dignidad que intentaba resistir.
—¡Cállate! —intentó responder, su voz apenas un susurro, temblorosa y quebrada. Pero las sombras del genjutsu de Itachi lo aplastaban, retorciendo su mente, comprimiéndola hasta que apenas podía pensar. La presión lo estaba volviendo loco.
Mientras tanto... En Musutafu: Con Nagato y Konan.
Las oscuras calles de Musutafu se estremecían con la presencia de Nagato Uzumaki, cuyo Rinnegan brillaba en la penumbra mientras se sumergía en la mente de un joven héroe. Este había intentado desafiarlo, pero solo había recibido dos golpes certeros, cayendo derrotado ante el líder de la Akatsuki. Ahora, su conciencia estaba a merced de Nagato, convertido en una herramienta para obtener información vital: el paradero de All Might. Mientras tanto, los demás miembros de la organización sembraban el caos por toda la ciudad, sirviendo de distracción para los héroes, mientras él y Konan continuaban su implacable búsqueda.
Nagato cerró los ojos, sumergido en la mente del joven, su poder se desplegaba con precisión. El Rinnegan penetraba la mente del héroe como una navaja afilada, abriéndose paso sin piedad a través de sus recuerdos y pensamientos. Las sensaciones eran opresivas, como si la misma presencia de Nagato invadiera cada rincón de su conciencia, borrando cualquier intento de resistencia. Los recuerdos del héroe eran desordenados, un caos de imágenes y fragmentos de pensamientos, teñidos por el miedo y la ansiedad. Pero al principio, no parecía haber nada útil. Solo fragmentos sin sentido, pensamientos dispersos.
A medida que Nagato profundizaba más, una sensación de insatisfacción comenzaba a apoderarse de él. El joven estaba demasiado perturbado para proporcionar información clara. Con un gesto de disgusto, Nagato aumentó la presión, obligando la mente del héroe a abrirse, buscando entre sus recuerdos alguna pista sobre All Might, pero solo encontró más fragmentos inútiles.
Con un resoplido de frustración, Nagato retiró su poder de la mente del joven, dejándolo caer al suelo, inconsciente. Miró al horizonte, sintiendo el peso del tiempo que se les escapaba.
—Konan, debemos encontrarlo antes de que las cosas se compliquen aún más —ordenó Nagato, su voz fría y autoritaria.
En ese momento, el aire se calentó repentinamente. Konan frunció el ceño al ver una figura descendiendo del cielo, envuelta en llamas: Endeavor, el héroe número uno. Sin previo aviso, lanzó una ráfaga de fuego hacia Nagato, pero este, con calma, levantó las manos, absorbiendo el ataque sin esfuerzo, como si fuera nada, con el poder de su Rinnegan.
—¿Quién eres? —preguntó Endeavor, su voz grave y desafiante.
Nagato lo observó sin inmutarse, sin mostrar miedo ni interés. A su lado, Konan permanecía en silencio, observando la escena, lista para actuar si era necesario.
Endeavor aterrizó con gracia, observando rápidamente los detalles de Nagato: su cabello blanco, la túnica negra con nubes rojas, y la mujer que lo acompañaba. Su postura se hizo más firme.
—Cabello blanco, túnica negra con nubes rojas... y una mujer hermosa a tu lado —comentó Endeavor mientras se ponía en posición de pelea—. ¡Tú eres el líder de esa organización Akatsuki que está atacando la ciudad, ¿verdad?!.
Nagato lo miró sin emoción alguna, como si estuviera evaluando a Endeavor, ese símbolo ardiente de esperanza que había sido forjado en la lucha. No mostró miedo ante el poder del héroe, solo una leve sonrisa fría y calculadora.
—No eres All Might... No me interesas —dijo Nagato, alzando su brazo mientras Endeavor se lanzaba hacia él para neutralizarlo—. ¡Shinra Tensei! —gritó, enviando a Endeavor volando varios metros, haciéndolo caer sobre unos reporteros que se acercaban para capturar la pelea, dejándolos desmayados bajo el peso del héroe.
Endeavor se levantó, sacudiéndose el polvo de su traje chamuscado, y su mirada se tornó feroz. No estaba acostumbrado a enfrentarse a alguien que no solo resistiera su fuego, sino que también pudiera contrarrestarlo con tanta facilidad. El combate sería más difícil de lo que había imaginado, pero su deber como héroe lo mantenía firme.
Nagato lo observaba sin emoción, como si no considerara a Endeavor una amenaza. La tensión en el aire era palpable, pero para Nagato, todo parecía irrelevante. Con calma, continuó hablando.
—¿De verdad crees que puedes enfrentarte a nosotros solo? —preguntó Nagato, su tono de voz frío y despectivo.
Endeavor apretó los dientes, sus brazos rodeados por una capa densa de fuego. —No necesito a nadie más para aplastar a criminales como ustedes —respondió con determinación, lanzándose hacia adelante a una velocidad impresionante.
Nagato levantó una mano, preparado para desatar otra onda de repulsión, pero esta vez, Endeavor fue más rápido. Se desvió en el último segundo y lanzó una ráfaga de fuego hacia Konan. Ella reaccionó con agilidad, disolviéndose en cientos de hojas de papel que se dispersaron en el aire, eludiendo el ataque sin esfuerzo.
—Interesante... —murmuró Nagato, observando cómo las llamas se disipaban. Sin perder tiempo, lanzó unas Barras de Interrupción de Chakra hacia los brazos de Endeavor, anulando por completo su capacidad para generar fuego.
Endeavor sintió una punzada de dolor cuando las barras negras se clavaron en sus brazos, desactivando su quirk. Cayó de rodillas, respirando con dificultad mientras Nagato lo observaba con frialdad.
Sin embargo, en un rápido movimiento, Nagato apareció detrás de él, colocando su mano en su cabeza. Utilizó el Rinnegan para leer completamente la mente de Endeavor, buscando cualquier información sobre el paradero de All Might. Pero cuando vio los recuerdos de Endeavor, el odio que emanaba de su mente lo hizo fruncir el ceño.
—Tu mente está podrida de odio... —comentó Nagato con desdén, sus ojos brillando con decepción—. Eres el símbolo de la esperanza, pero todo lo que encuentras es resentimiento. Maltrataste a tu esposa, despreciaste a un hombre solo porque era más fuerte que tú, y el odio que cultivaste lo heredaron tus hijos. Fue tu egoísmo lo que destruyó a Touya. Aún sigues sin entenderlo, ¿verdad?
Endeavor intentó levantarse, temblando de furia. Las palabras de Nagato le atravesaron el alma, destapando las heridas de su pasado y los errores que había intentado olvidar. Sin embargo, su orgullo y deseo de redención lo mantenían en pie.
—¡Cállate!—murmuró Endeavor, su voz entrecortada pero llena de determinación.
Nagato, indiferente a las palabras de Endeavor, alzó su mano nuevamente y lanzó más barras de chakra, esta vez hacia las piernas del héroe, inmovilizándolo por completo.
—No mereces vivir —dijo fríamente mientras sacaba otra varilla, pero antes de que pudiera eliminarlo, algo lo interrumpió. Una piedra lo golpeó en la cabeza.
Nagato volteó, buscando al responsable. Allí, una reportera, que Endeavor había aplastado anteriormente, levantaba otra piedra.
—¡Deja de calumniarlo! —gritó, lanzando otra piedra—. ¡No tienes pruebas! ¡No sabes nada de él!
Nagato miró a la mujer con frialdad, pero en sus ojos brillaba una chispa de curiosidad. Konan observaba en silencio, lista para intervenir si era necesario.
—Eres ingenua —comentó Nagato con desdén—. No comprendes la oscuridad que este hombre lleva consigo. La gente como él es la corrupción de los ideales heroicos que veneran.
La reportera no retrocedió, su voz temblaba pero era firme. —Sí, los héroes tienen defectos. Pero eso no significa que no puedan cambiar, que no puedan luchar por redimirse. ¡Endeavor ha trabajado para ser mejor!
Nagato, por un momento, permaneció en silencio, su expresión seria mientras procesaba las palabras de la reportera. Para él, la fe en los ideales heroicos era un lujo frágil, una vulnerabilidad. La justicia, la redención... eran conceptos distorsionados por el poder.
—Tu fe es absurda, pero... interesante —murmuró Nagato antes de girarse hacia Konan—. Sigamos, no tenemos tiempo que perder. All Might sigue siendo nuestra prioridad.
Sin mirar atrás, Nagato y Konan se alejaron, dejando a Endeavor y a la reportera atrás. La misión seguía, y aunque el líder de Akatsuki sabía que inevitablemente volverían a cruzarse con los héroes, su camino ya estaba trazado. La caída del símbolo de esperanza era solo cuestión de tiempo.
La noche envolvía Musutafu, y el caos que había sembrado Akatsuki aún palpitaba en las calles. El enfrentamiento solo acababa de comenzar.
Con Hidan y Kakuzu.
Musutafu estaba sumida en un caos ensordecedor. La ciudad temblaba bajo el peso de las batallas, y los héroes, exhaustos y al borde de sus fuerzas, luchaban contra la Akatsuki. Las explosiones retumbaban por toda la zona, mientras los últimos civiles huían, dejando atrás una estela de destrucción. La evacuación estaba casi completa, pero el precio de la victoria parecía ser demasiado alto.
Hidan, con una sonrisa sádica, observaba a los héroes, como si estuviera en su propio mundo, completamente ajeno al sufrimiento que causaba.
—¡Jashin-sama, guíame para ofrecerte este sacrificio glorioso! —exclamó, levantando su guadaña hacia el cielo, listo para completar su oscuro ritual.
Mirko, jadeante pero aún de pie, no apartaba la mirada de él. Su cuerpo temblaba, desgarrado por el dolor y la pérdida de sangre, pero su voluntad era inquebrantable. No iba a dejar que Hidan completara su ritual.
—No vas a salirme con la tuya, lunático... —gruñó, sus dientes apretados, mientras intentaba mantenerse en pie.
Kamui Woods, viendo la inminente amenaza, extendió sus ramas en un último intento por detener a Hidan.
—¡No permitiré que termines eso! —gritó, sus ramas disparándose hacia el ritualista.
Pero, como si el destino estuviera jugando en su contra, Hidan cortó las ramas con facilidad, su guadaña moviéndose con una precisión mortal.
Mientras tanto, Hawks se encontraba en una situación crítica. Kakuzu había liberado dos de sus corazones, y los ataques que le lanzaba eran una tormenta imparable de fuego y rayos. Los proyectiles volaban hacia él con velocidad aterradora, golpeando los alrededores y dejando a su paso una estela de destrucción.
—Esto no pinta bien... —pensó Hawks, esquivando una ráfaga de fuego que pasó peligrosamente cerca de sus alas. El calor abrasador era una amenaza constante, recordándole lo vulnerable que era su quirk frente a este tipo de ataques.
A pesar de su velocidad y agilidad, la presión de la batalla empezaba a afectarlo.
—¡Maldita sea! Este tipo no es solo fuerte... tiene precisión quirúrgica —murmuró, realizando una maniobra evasiva para esquivar un rayo que impactó contra un edificio cercano, provocando una explosión ensordecedora.
Kakuzu, impasible, siguió presionando.
—¿Qué pasa, pájaro? ¿Es demasiado para ti? —dijo, su voz llena de burla, mientras sus hilos se movían como serpientes, listos para atrapar cualquier oportunidad.
Hawks, con el corazón acelerado, trataba de pensar rápido. Necesitaba ganar tiempo para que Kamui Woods y Mirko pudieran ocuparse de Hidan, pero Kakuzu no le iba a dar esa oportunidad.
Desde las alturas, su mirada recorrió la escena. Una idea comenzó a formarse en su mente: si lograba usar los escombros y la destrucción a su alrededor, tal vez podría desequilibrar a Kakuzu.
Mirko, impulsada por pura determinación, lanzó un último ataque hacia Hidan, ignorando el dolor que recorría su cuerpo. Su figura, ágil y feroz, se lanzó con todas sus fuerzas hacia él.
—¡Voy a arrancarte esa sonrisa de la cara, maldito! —gritó mientras sus piernas la catapultaban hacia el enemigo.
Hidan rió maniáticamente, y al ver a Mirko acercarse, lanzó su guadaña con una precisión mortal. La heroína esquivó por poco el ataque, pero en un giro sorprendente, la guadaña regresó como un bumerán, amenazando con atravesarla si no se movía.
Fue Kamui Woods quien, en el último segundo, la sacó de su trayectoria. Con un esfuerzo sobrehumano, extendió sus ramas hacia Mirko, desviando la guadaña. Pero el movimiento fue fatal: la guadaña terminó atravesando el abdomen de Hidan.
Kamui Woods retrocedió tambaleándose, apenas manteniéndose en pie. Mirko aterrizó con un golpe sordo sobre él, jadeando por el esfuerzo, su cuerpo agotado. Ambos héroes, alzando la mirada, se dieron cuenta con horror de que Hidan había atravesado su propio abdomen con la guadaña.
Convencida de que la victoria estaba al alcance, Mirko dio un paso hacia Hidan, lista para acabar con él de una vez por todas. Pero un dolor punzante la detuvo en seco. Su estómago se encendió en agonía, y antes de poder reaccionar, escupió sangre, viendo cómo una mancha roja se expandía por su vientre.
Mirko cayó de rodillas, sorprendida por el sufrimiento que la invadía. Fue entonces cuando lo vio: un nuevo círculo ritual, trazado con la sangre de Hidan, había aparecido en el suelo, creado en cuestión de segundos mientras ella bajaba la guardia.
Hidan, con una sonrisa cruel, observaba cómo el dolor que él había infligido sobre sí mismo se transfería a Mirko. La heroína retorcía su cuerpo, incapaz de comprender cómo había subestimado a su enemigo.
—¿De verdad pensaste que sería tan fácil, coneja? —dijo Hidan entre risas, disfrutando del sufrimiento ajeno. —¡Jashin-sama está siempre conmigo! ¡El sufrimiento de tus entrañas es mi mayor tributo!
Mirko, luchando por mantenerse consciente, intentó levantarse, pero cada intento era sofocado por la agonía que recorría su cuerpo. La sangre se derramaba bajo ella, mientras sus manos temblaban intentando sostenerse. El dolor era casi insoportable, pero su espíritu seguía intacto.
Kamui Woods, herido pero aún en pie, extendió sus ramas hacia Mirko, desesperado por liberarla de su tormento. Pero los hilos de Kakuzu cortaron sus ramas con una precisión mortal, dejando caer los trozos a su alrededor.
—¿Te estás divirtiendo, héroe? —preguntó Kakuzu, burlándose mientras sus hilos continuaban su danza mortal.
Kamui Woods, agotado y gravemente herido, apenas pudo reaccionar antes de que uno de los hilos afilados lo alcanzara, clavándose en su torso. Su cuerpo cayó al suelo con una expresión de desesperación, mientras las ramas caían a su lado, inservibles.
Mirko, luchando por mantenerse consciente, se levantó con extrema dificultad, impulsada por la furia que la mantenía en pie.
—¿Te duele, JAJAJAJA? —preguntó Hidan, con una risa maníaca mientras giraba la guadaña que aún atravesaba su abdomen. Moviéndola con furia, causaba más dolor a Mirko. —¡¿QUÉ TAL AHORA, JAJAJA?!
La risa de Hidan resonaba por el campo de batalla, una macabra melodía acompañada de los gritos de Mirko, cuyo cuerpo se retorcía bajo la tormenta de dolor. La oscuridad de la batalla comenzaba a envolverla, pero su furia la mantenía en pie, aún dispuesta a pelear. No podía dejar que la Akatsuki se saliera con la suya.
—¡Maldito! —gruñó, su voz ronca por el esfuerzo y el sufrimiento, mientras luchaba por mantener el control de su cuerpo, que ya parecía al borde del colapso.
—¡Mirko! —gritó Hawks desde las alturas, preparándose para intervenir, pero en ese momento, Kakuzu aprovechó la distracción y lanzó una bola de fuego directa a su objetivo. La explosión hizo que Hawks cayera al suelo, sus alas en llamas.
—¡Carajo, no... no! —exclamó, observando cómo su compañero caía, derrapando en el suelo con el cuerpo lleno de humo y llamas.
Kakuzu observó la escena con una frialdad inquebrantable, su rostro sin expresión, pero con un brillo de satisfacción en sus ojos.
—Uno menos —murmuró, girando su mirada nuevamente hacia Kamui Woods, que yacía inmóvil, sus ramas destruidas esparcidas a su alrededor.
Mientras tanto, Hidan no dejaba de reír, su éxtasis creciente mientras miraba a Mirko luchar por mantenerse en pie. La escena estaba a punto de alcanzar su clímax.
—¡Por fin podré disfrutar...! —Hidan hizo una pausa, sacando una varilla ritual de su manga. —¡...Tu gloriosa muerte!
Kamui Woods, desesperado, recordó la dolorosa pérdida de Death Arms y juró que no dejaría que la historia se repitiera.
—¡NO LO PERMITIRÉ! —gritó, reuniendo las fuerzas que le quedaban, pero Kakuzu intervino rápidamente. Con un solo movimiento, extendió una mano y atrapó a Kamui Woods del cuello, deteniendo su avance.
Kamui Woods forcejeaba, sus ojos llenos de desesperación mientras veía a Hidan acercarse al final de su ritual.
—No... no puedo permitirlo... —murmuró, luchando contra la presión
Mirko, debilitada pero impulsada por un espíritu inquebrantable, reunió lo último de su fuerza. Su visión era borrosa, su cuerpo temblaba, y la sangre seguía manando de sus heridas, pero no podía rendirse. No lo permitiría.
—No... voy... a caer... aquí...— jadeó entre dientes, los ojos fijos en Hidan, con la furia y determinación de una bestia herida.
El jashinista, disfrutando de la agonía de la heroína, no se percató de la llama de resistencia que aún ardía en su interior. La heroína, con cada segundo que pasaba al borde del colapso, parecía decidida a desafiar su destino con una furia que desbordaba.
De repente, con un grito de desafío, Mirko dio un paso tambaleante hacia adelante. Sus piernas, a punto de ceder, la obligaban a luchar contra su propio cuerpo. La sangre goteaba de sus heridas, pero el desafío se dibujaba en su rostro, y su voluntad era más fuerte que el dolor.
—¡Tú no decides cuándo termina esto, loco de mierda!— rugió Mirko con voz feroz, lanzándose con un último salto desesperado. Su pierna derecha se extendió con la furia de un rayo, apuntando directo a la cabeza de Hidan, dispuesta a partirlo en dos.
Hidan, demente por el sufrimiento ajeno, vio venir la patada, y antes de que pudiera reaccionar, un grito de éxtasis dejó sus labios:
—¡MUERE...!— El jashinista, en un impulso frenético, clavó su varilla ritual en su pecho con la misma rapidez con la que la heroína lanzaba su ataque, el choque de fuerzas intensificando la escena.
El impacto de la patada de Mirko resonó con una fuerza brutal, y la cabeza de Hidan voló por los aires, aterrizando pesadamente frente a Hawks, quien seguía luchando por apagar las llamas que consumían sus alas. La visión de la cabeza decapitada, girando lentamente en el suelo, era una escena macabra, pero lo que sorprendió a todos fue que el cuerpo de Hidan permaneció de pie, sostenido por la pura voluntad y fanatismo, aún con la varilla clavada en su pecho.
—¡¿Qué demonios?!— exclamó Hawks con voz asfixiada, mirando atónito cómo la cabeza de Hidan seguía mostrando una macabra sonrisa mientras sus ojos se fijaban en él.
La cabeza, aún con vida, se giró lentamente, sus ojos llenos de satisfacción y un toque de locura.
—¡JAJAJAJA! ¡Qué patada más gloriosa, coneja!— gritó la cabeza decapitada con una risa desquiciada. —¡Pero Jashin-sama nunca permitirá que caiga tan fácilmente! ¡Mi propósito aún no ha terminado!
Mirko, ahora en el suelo, se desplomó en un charco de su propia sangre, la visión oscureciéndose ante ella. A lo lejos, Kakuzu, sin perder tiempo, lanzó a Kamui Woods al suelo con un violento empujón. Con rapidez inhumana, pisoteó sus brazos con un estrépito mortal, rompiéndolos en un solo movimiento. Luego, sin pestañear, se acercó a Hidan, tomando con frialdad su cabeza decapitada y comenzando a coserla nuevamente al cuerpo con su hábil destreza, mientras regañaba al jashinista, su voz fría y autoritaria.
—¿Te has olvidado de las órdenes de Lider-sama?— le espetó Kakuzu, su tono cargado de desaprobación. —No confíes tan fácilmente en tus habilidades, Hidan. Te volvió a pasar lo mismo que en el mundo shinobi, animal de mierda.
—¡Kakuzu, ¿de qué lado estás?!— preguntó Hidan con furia en su voz. —¡La vencí!
Kakuzu no respondió inmediatamente. En su lugar, levantó la varilla ritual de Hidan y la clavó en el suelo, mirándolo con desdén.
—La próxima vez... no subestimes al enemigo— dijo fríamente, antes de girarse hacia el resto del campo de batalla.
La escena era caótica, el caos de la lucha haciendo eco en cada rincón del lugar, pero por más que la situación pareciera perdida, la determinación de Mirko seguía encendida como un fuego incansable, mientras Hidan, incapaz de comprender la magnitud de su error, seguía atrapado en su fanatismo.
La batalla no había terminado aún.
Con Kisame y Orochimaru.
Mount Lady había llegado hacía unos minutos para asistir a Fat Gum y Tamaki Amajiki en su ardua pelea contra Kisame Hoshigaki. Hasta ese momento, la batalla había favorecido peligrosamente al ninja renegado. Fat Gum, quien normalmente era un muro de resistencia y fuerza, ahora mostraba signos evidentes de agotamiento. Su cuerpo, delgado y sin la característica capa de grasa que absorbía impactos, reflejaba el desgaste de enfrentar a Samehada, la espada viviente de Kisame, que drenaba su energía incansablemente.
Por otro lado, Tamaki Amajiki, conocido como Suneater, estaba al borde del colapso. Su quirk, aunque versátil y poderoso, parecía no ser suficiente frente a la monstruosa fuerza de Kisame. Cada vez que intentaba usar una combinación de habilidades para contrarrestar los ataques del ninja, Samehada devoraba parte de su energía, dejándolo más debilitado con cada intento.
Kisame, que hasta ese momento había estado disfrutando del combate con una actitud casi despreocupada, comenzó a ponerse algo más serio. Su sonrisa sádica se ensanchó mientras observaba a sus oponentes tambalearse.
—Vaya, vaya... ¿Se acaba esto, cierto? —preguntó Kisame, girando a Samehada con facilidad, como si la espada no pesara nada. Esta vibró, como si compartiera su emoción por el combate.
Mount Lady, que había estado analizando la situación desde su llegada, decidió intervenir. Con un salto ágil, creció hasta alcanzar su tamaño máximo y se lanzó contra Kisame con la intención de aplastarlo con toda su fuerza.
—¡Basta ya! ¡No dejaré que sigas lastimando a mis compañeros! —exclamó con determinación.
Sin embargo, Kisame reaccionó con rapidez. Hizo un sello de manos en un abrir y cerrar de ojos.
—Suiton: Bakusui Shōha —gritó, su sonrisa se ensanchó, pero no llegó a confiarse. Tomó en cuenta las advertencias de su líder.
Una inmensa ola de agua surgió de la nada, arrasando el terreno como un tsunami en miniatura. El ataque de Mount Lady se vio frustrado cuando el agua comenzó a rodearla, desestabilizando su equilibrio. A pesar de su enorme tamaño y fuerza, la presión del agua y la fuerza de Kisame hicieron que su ataque perdiera toda efectividad.
La heroína gigante cayó de rodillas, levantando una gran salpicadura mientras Kisame reía con burla. El entorno se había transformado en un campo de batalla acuático, mientras los policías y héroes menores evacuaban a los civiles hacia lugares más altos para evitar que se ahogaran.
—Qué decepción... —dijo Kisame, mientras Samehada vibraba con entusiasmo, mirando a los héroes ya casi derrotados—. Pero creo que era de esperarse... supongo.
En ese momento, una figura observaba desde las alturas. Llevaba puesta la túnica de la Akatsuki y una máscara de gatita que ocultaba su identidad.
—Kisame... termínalos de una vez —ordenó el enmascarado. Kisame notó el tono autoritario en su voz, reconociendo de inmediato la presencia de Itachi detrás de la máscara de gato—. Estás a punto de confiarte. Termina con esta batalla de una vez.
La voz de Itachi, calmada pero cargada de autoridad, atravesó el caos de la batalla. Kisame, que hasta ese momento parecía estar disfrutando del combate, ajustó su postura. Su sonrisa permaneció, pero su mirada se volvió más seria.
—Hmph, siempre tan estricto —respondió Kisame, aunque su tono llevaba un leve toque de respeto. Volvió su atención a los héroes caídos—. Bueno, creo que ya me he divertido lo suficiente... —Hizo una pausa y luego recordó a Orochimaru—. Por cierto, no he visto a esa maldita serpiente en toda la batalla. Eso no me da buena espina.
—Yo me encargaré de él... tú termina esto de una vez. All Might aparecerá en cualquier momento —respondió Itachi antes de desaparecer, dejando a Kisame continuar con la pelea.
Kisame asintió brevemente, ajustando su agarre en Samehada mientras observaba a los héroes derrotados a sus pies. Mount Lady seguía luchando por levantarse, pero el agua que Kisame había conjurado se comportaba casi como una entidad viva, ejerciendo una presión constante sobre ella y dificultando cada movimiento. Fat Gum respiraba con dificultad, su cuerpo comprimido incapaz de resistir mucho más, mientras Tamaki apenas mantenía la consciencia, su energía al límite.
Kisame avanzó lentamente, como un tiburón que acecha a su presa, disfrutando de la desesperación reflejada en los ojos de los héroes.
—Vamos a terminar con esto —dijo con voz grave, alzando a Samehada, que vibraba con hambre, ansiosa por absorber más energía.
Mount Lady intentó un último esfuerzo, lanzando un golpe directo hacia Kisame, pero este lo esquivó con un movimiento fluido, casi perezoso. Antes de que pudiera reaccionar, Kisame la golpeó con la espada, drenando lo que le quedaba de fuerza y dejándola inconsciente.
—Una lástima... Pelear contigo fue entretenido —murmuró Kisame, observando a Mount Lady mientras su gigantesco cuerpo regresaba lentamente a su tamaño normal.
Mientras tanto, en el escenario donde Hidan y Kakuzu habían luchado contra Mirko, Kamui Woods y Hawks, Orochimaru se encontraba arrodillado, extrayendo la sangre y el material genético de Kamui Woods, cuyas extremidades estaban rotas por culpa de Kakuzu.
Orochimaru estaba completamente absorto en su propio experimento, observando cada movimiento de su víctima. Aunque no participaba directamente en la batalla, su mente trabajaba a toda máquina mientras extraía muestras de Kamui Woods, cuya respiración entrecortada era testimonio de su estado crítico. Con cada extracción, Orochimaru murmuraba para sí mismo, un retorcido deleite brillando en sus ojos amarillos y serpenteantes.
—Interesante... este "quirk" es fascinante —comentó, su voz suave y serpenteante mientras observaba la sangre mezclada con astillas de madera que goteaban en una jeringa especialmente diseñada. —Es lo más parecido al elemento madera de Hashirama... con algunas mejoras y ajustes, podré perfeccionar el control sobre la madera. Pero antes... debo analizar este "quirk".
En medio del caos, Orochimaru sacó una cápsula pequeña de su túnica, llena de un líquido translúcido. Con movimientos precisos, introdujo la jeringa con la sangre y las astillas de madera de Kamui Woods en la cápsula, sellándola con cuidado. Su sonrisa siniestra se amplió mientras se levantaba, ignorando el gemido de dolor del héroe derrotado.
—Quizás estos héroes no sean tan inútiles después de todo —musitó, guardando la cápsula en su túnica—. Este mundo tiene tanto potencial oculto... sería un desperdicio no aprovecharlo.
Antes de que pudiera continuar con sus experimentos, Itachi, con su máscara de gato cubriendo su rostro, apareció detrás de él.
Itachi surgió de las sombras como una presencia silenciosa, su máscara añadiendo un aire de misterio inquietante. La calma en su postura contrastaba con el caos a su alrededor, y su mirada fija en Orochimaru dejaba en claro que la situación no iba a prolongarse más.
—¿Has terminado ya? —preguntó Itachi, su voz fría y calculadora. Aunque su tono no mostraba emociones, su presencia dejaba claro que no toleraría más retrasos.
Orochimaru levantó la vista, consciente de la presencia de su compañero. Con una sonrisa que se desvaneció lentamente, respondió sin apartar la mirada de la cápsula que acababa de crear.
—Oh, Itachi, siempre tan puntual —dijo, su voz cargada de una tensión palpable. Sus ojos, brillantes y astutos, mostraban un brillo de diversión y desafío. —Estoy en medio de algo... interesante. ¿Qué pasa? ¿No tienes nada más que hacer que vigilarnos desde las sombras?
Itachi no respondió inmediatamente. En lugar de eso, dio un paso hacia él, observando la cápsula en las manos de Orochimaru. Su mirada fría no pasó desapercibida para el renegado, quien rápidamente comprendió que no debía demorarse más.
—¿Sigues con esos experimentos, Orochimaru? —preguntó, su tono más autoritario. —Es hora de terminar este asunto. Kisame ya está listo para dar el golpe final, y All Might no tardará en aparecer. Lo mejor será retirarnos antes de que nos pongamos en una situación incómoda.
Orochimaru soltó una risa baja, casi burlona, mientras guardaba la cápsula con una rapidez calculada. Sabía que no podía desafiar la autoridad de Itachi, especialmente cuando las cosas estaban a punto de alcanzar su punto álgido.
—Está bien, está bien... —dijo, guardando la jeringa en su túnica y levantándose lentamente. —No es como si el mundo se fuera a acabar porque me quede un poco más aquí. Aunque... debo admitir que hay tanto que aprender en este lugar. Estos héroes, sus quirks... ¡son un tesoro!
Itachi lo observó en silencio por un momento, evaluando las palabras de Orochimaru. Luego, giró lentamente sobre sus talones, mirando la batalla aún en curso a lo lejos, donde Kisame seguía dominando a los héroes.
—No es el momento para tus curiosidades, Orochimaru. Este mundo está al borde del colapso. —Su voz era grave, y su mirada fija en la escena de la batalla. —Lo que hagamos ahora determinará el curso de las cosas. Y no toleraré más retrasos.
Orochimaru suspiró, pero obedeció, reconociendo la verdad en las palabras de Itachi. Sin más, ambos se dirigieron hacia el campo de batalla, donde Kisame, confiado y con su espada en mano, ya comenzaba a preparar el golpe final contra los pocos héroes que quedaban de pie.
Cuando llegaron, Kisame se volvió hacia ellos, su rostro una mezcla de sonrisa y seriedad, como si supiera que el final estaba cerca.
—Finalmente, la banda completa —comentó Kisame, con voz llena de burla y diversión. —Bueno, ¿qué les parece? ¿Deberíamos terminar este espectáculo o dejar que los héroes sufran un poco más?
Itachi no respondió, pero su presencia fue suficiente para que Kisame comprendiera que ya no había tiempo para juegos. El ambiente se cargó de tensión, y la batalla comenzó a tomar un giro aún más oscuro.
Kisame volvió su atención a los héroes derrotados. La lucha había terminado, pero su instinto de combate seguía latente. Mount Lady, Fat Gum y Tamaki apenas se mantenían conscientes, sumidos en el agua creada por Kisame, mientras el resto de los héroes trataba de evacuar o recuperar el control de la situación.
Con deidara y Sasori.
La noche parecía un lienzo teñido de caos y desesperación. En el cielo, explosiones intermitentes iluminaban la oscuridad como fuegos artificiales macabros, acompañadas por risas desquiciadas que resonaban como un eco cruel. Deidara, el artista explosivo de Akatsuki, enfrentaba al héroe profesional Best Jeanist con una energía infantilmente entusiasta, pero letalmente calculada.
—¡El arte es una explosión! —gritó Deidara con fervor, lanzando pequeñas figuras de arcilla que serpenteaban en el aire antes de estallar en una lluvia de fuego y destrucción.
Best Jeanist mantenía su compostura, pero el sudor en su frente revelaba su tensión. Las fibras de su ropa, controladas con maestría gracias a su quirk, lo habían protegido hasta ahora de los peores impactos. Sin embargo, las tácticas erráticas y creativas de Deidara lo mantenían a la defensiva, sin oportunidad de contraatacar.
—¿Eso es todo lo que tienes, héroe? —se burló Deidara, cabalgando un ave gigante de arcilla que planeaba sobre la batalla—. ¿Dónde está la grandeza de los símbolos de este mundo? ¡Esto es un espectáculo aburrido, sin alma ni impacto!
Jeanist no respondió. Su mirada se mantenía fija en las criaturas explosivas que ahora envolvía con fibras para evitar que detonaran. Pero el ritmo frenético del enfrentamiento lo obligaba a exprimir cada gota de su habilidad y voluntad.
A pocos metros, la confrontación entre Ryukyu, Nejire Hado y Gran Torino contra Sasori se volvía aún más mortífera. Ryukyu, en su majestuosa forma de dragón, parecía imponente, pero su tamaño la convertía en un blanco fácil para las marionetas de Sasori, que atacaban con precisión y veneno. Nejire intentaba mantener a raya a las marionetas con sus espirales de energía, mientras que Gran Torino esquivaba sus movimientos letales con una agilidad que desafiaba su edad.
La marioneta de Stain era especialmente temible: veloz, letal y con espadas impregnadas de veneno que hacían imposible bloquear sin consecuencias. Incluso un roce podía ser fatal. Nejire jadeaba por el esfuerzo, y Ryukyu comenzaba a mostrar signos de agotamiento tras recibir un rasguño venenoso en un intercambio anterior.
—¡No dejen que los rodeen! —gritó Gran Torino, su voz una mezcla de mando y urgencia. Pero incluso con su experiencia, sabía que la batalla pendía de un hilo.
Mientras tanto, Deidara preparaba su siguiente movimiento. Su C2, una serie de dragones de arcilla de proporciones colosales, ya estaba listo para desplegarse. Con una sonrisa maniática, alzó un dragón gigante que parecía rugir con energía destructiva.
—¡Esto es arte verdadero! ¡Eterno en su fugacidad! —exclamó Deidara, dejando caer el dragón hacia Jeanist y un helicóptero de prensa que sobrevolaba la zona.
Jeanist, debilitado pero determinado, extendió sus fibras hacia el dragón en un intento desesperado por desarmarlo. Pero entonces sintió un dolor punzante en la espalda: una daga venenosa lanzada por una de las marionetas de Sasori lo había alcanzado. El veneno comenzó a propagarse, entumeciendo sus extremidades.
—¡Demuestra lo que es el arte explosivo, Deidara! —vociferó Sasori con frialdad, mientras observaba el sufrimiento del héroe profesional.
Nejire, al darse cuenta de la gravedad de la situación, voló hacia Jeanist con toda su fuerza, envolviéndolo en un escudo de energía para protegerlo. Gran Torino gritó:
—¡Llévalo a un lugar seguro, Nejire! ¡Jeanist no aguantará mucho más!
Nejire dudó al mirar a Ryukyu, que luchaba contra una horda de marionetas, pero las palabras de Gran Torino la impulsaron a actuar. Con un esfuerzo sobrehumano, elevó a Jeanist, apenas consciente, mientras esquivaba las aves explosivas que Deidara había lanzado para perseguirla.
—¡No dejaré que escapen! —gritó Deidara, moldeando más arcilla frenéticamente.
En el suelo, Ryukyu se desplomó de rodillas, su forma dracónica desvaneciéndose mientras sus heridas y el veneno la debilitaban. Sasori, impasible, avanzó hacia ella con un gesto de satisfacción, sus marionetas formando un círculo letal a su alrededor.
—Este dragón será una pieza interesante en mi colección —dijo Sasori con voz fría.
Gran Torino, jadeando por el esfuerzo, se lanzó en un ataque desesperado contra Sasori. Esquivó por milímetros los proyectiles de las marionetas, alcanzando al marionetista y derribándolo momentáneamente. Pero Sasori se levantó como si nada, su mirada inhumana reflejando indiferencia.
—Interesante... —murmuró Sasori—. Un viejo héroe dispuesto a arriesgarlo todo. Fascinante, pero inútil.
Gran Torino retrocedió, con los ojos fijos en Ryukyu, que intentaba ponerse de pie a pesar de sus heridas. Nejire, en la distancia, luchaba por mantener el vuelo mientras protegía a Jeanist de los ataques explosivos.
Desde las alturas, Deidara terminó su obra: una ave gigantesca de arcilla, más detallada y aterradora que cualquier creación anterior.
—¡Este es mi arte definitivo! —gritó con una risa frenética—. ¡KATSU!
Mientras el ave descendía hacia el campo de batalla, Ryukyu, con las piernas temblando, se levantó una vez más. Sus ojos ardían de determinación.
—Todavía no hemos perdido... —murmuró, preparándose para un último ataque con cada fragmento de energía que le quedaba.
La batalla estaba lejos de terminar, y aunque los héroes se enfrentaban a un abismo, su voluntad de luchar brillaba con la intensidad de una llama en la oscuridad.
La batalla contra el símbolo de la paz: Nagato vs All Might.
La ciudad se encontraba sumida en el caos. El aire estaba impregnado de humo, mientras las explosiones de Deidara retumbaban en la distancia, el silbido de sus aves de arcilla cayendo en picado hacia la multitud, y los gritos de los héroes resonaban mientras luchaban por contener la tormenta desatada por los miembros de Akatsuki. Sin embargo, en medio de la devastación, un duelo aún más trascendental estaba a punto de comenzar.
All Might, el símbolo de la paz, había llegado al campo de batalla tras recibir una llamada urgente de su amigo Naomasa Tsukauchi, quien lo interrumpió en medio de su descanso. Al llegar, el héroe pudo ver a Tsukauchi en el campo de atención, donde médicos y especialistas del ejército atendían a los héroes heridos.
—¿Cuántos heridos hay? —preguntó All Might, con la preocupación reflejada en su rostro.
—Por ahora, alrededor de 230 personas, entre héroes y civiles —respondió un doctor, con tono grave.
All Might asintió, con el rostro serio, y comenzó a caminar hacia el campo de batalla. Su corazón latía con fuerza, mientras se preparaba mentalmente para lo que estaba por venir. Los cielos se oscurecían aún más, y el sonido de las explosiones seguía retumbando a lo lejos.
Lo que nadie sabía, es que una figura imperceptible los observaba con atención desde las sombras. Konan, con una sonrisa fría en su rostro, finalmente había localizado la posición de All Might. Rápidamente desapareció entre una multitud de papeles, y se dirigió a donde se encontraba Nagato.
Como una nube de fragmentos de papel, Konan se desmaterializó, dejando tras de sí una estela de susurros que se desvanecieron en el aire. Mientras flotaba por encima de la ciudad, sus ojos brillaban con una fría determinación. Sabía que el momento había llegado y que la batalla entre All Might y Nagato podría ser la clave para desencadenar el futuro que Akatsuki tanto anhelaba.
Su viaje la llevó hasta el epicentro de la confrontación, donde Nagato se mantenía erguido, observando el caos a su alrededor con una calma aterradora. Sus Seis Caminos continuaban luchando contra los héroes restantes, pero Nagato no parecía preocupado en lo más mínimo. Su atención estaba fija en el enemigo que se acercaba, el último símbolo de esperanza para el mundo.
Cuando Konan aterrizó frente a Nagato, su presencia era casi etérea. Los papeles que cubrían su cuerpo brillaban débilmente, como una capa de estrellas flotantes. Nagato la miró sin sorpresa, aunque en su rostro se reflejaba una leve inquietud.
—¿Está todo listo? —preguntó Nagato, con voz grave, en un tono que denotaba que su paciencia comenzaba a agotarse.
Konan asintió, su rostro imperturbable. —All Might está en el suroeste, en una carpa médica.
Nagato la observó con interés. —Guíame... Konan.
Konan asintió en silencio, sin dejar escapar ninguna emoción. Sus papeles se elevaron de inmediato, envolviendo a ambos en una capa de movimiento sigiloso. Mientras la torre de papeles ascendía, Nagato observaba a Konan, notando la calma con la que ejecutaba la misión. Era como si todo estuviera predestinado a seguir su curso.
El sonido de las explosiones y los gritos se fue desvaneciendo gradualmente mientras avanzaban. La ciudad, ya devastada, parecía colapsar aún más a medida que avanzaban. El aire se sentía pesado con el olor a polvo y destrucción. Konan, como siempre, permanecía inmutable, mientras Nagato reflexionaba sobre la guerra que se desataba a su alrededor.
Finalmente, llegaron al centro médico improvisado. Allí, All Might estaba de pie, rodeado de médicos y héroes heridos. Su presencia seguía siendo imponente, pero su rostro reflejaba una profunda preocupación por las víctimas a su alrededor. No fue hasta que Konan y Nagato se acercaron que All Might los notó.
Al ver a la mujer de papeles y al hombre que lo había derrotado en el pasado, All Might se tensó de inmediato, preparándose para cualquier posible ataque.
—¿Qué es esto? —preguntó, su voz grave pero llena de determinación. —¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren?
Nagato, con su rostro sereno y la expresión de quien ya ha aceptado lo inevitable, alzó la vista. Sus ojos, ocultos parcialmente por su cabello, miraban a All Might con una mezcla de respeto y una paz inquietante.
—Me llamo Nagato —respondió con firmeza, pero sin arrogancia.
All Might mantuvo su postura, flexionando sus puños. La presencia de Nagato, con su aura imponente y los anillos concéntricos de sus ojos Rinnegan, irradiaba un poder desconocido, diferente a cualquier enemigo al que se hubiera enfrentado.
—Nagato, ¿eh? —respondió All Might, apretando los puños. Su sonrisa característica, aunque más tenue, se dibujó en su rostro. —Parece que eres el líder de este caos. Muy bien, yo soy All Might, el símbolo de la paz, y te aseguro que no permitiré que sigas causando sufrimiento.
Nagato inclinó ligeramente la cabeza, observando a All Might con una calma inquietante. —Símbolo de la paz... —murmuró, como si probara el peso de esas palabras. —Esa paz de la que hablas... es una mentira. Sólo una máscara que oculta el verdadero rostro de la sociedad. Generan una dependencia en su gente... Dependen de personas que se llaman "héroes", que deciden quién es bueno y quién es malo...
Nagato continuó, su voz resonando con un eco ominoso:
—Esa paz es frágil, All Might. Un simple símbolo no puede sostener un mundo entero. Hoy, derribaré ese símbolo y exponeré la verdad. Sólo a través del dolor la humanidad podrá comprenderse y avanzar.
All Might no vaciló, su expresión se tornó desafiante.
—¡Tu lógica está equivocada, villano! El verdadero poder de los héroes no radica en ser símbolos intocables, sino en proteger lo que importa... ¡en inspirar esperanza, incluso en la oscuridad más profunda! Y hoy, lo demostraré.
Nagato hizo un rápido sello de manos, y el suelo tembló cuando emergió un perro de tres cabezas de tamaño gigantesco, con la piel pálida y ojos que brillaban con el poder del Rinnegan. El monstruo rugió, mirando a los presentes con una furia indescriptible.
—Entonces, muéstrame, símbolo de la paz, el poder en el que confías —declaró Nagato con calma.
La batalla comenzó con un estallido ensordecedor que sacudió el terreno. All Might se lanzó hacia Nagato con su velocidad característica, cerrando la distancia en un abrir y cerrar de ojos. Su puño brillaba con una energía tan intensa que partió el aire, pero fue detenido por una barrera invisible: el Shinra Tensei.
All Might retrocedió, sorprendido por la fuerza del empuje, pero rápidamente ajustó su postura.
—¿Un campo de fuerza? Interesante... ¡Pero nada que no pueda superar!
La batalla se intensificó rápidamente. Nagato, con una calma inquebrantable, alzó su mano nuevamente, activando su Shinra Tensei una vez más. Una onda expansiva surgió, lanzando a All Might varios metros hacia atrás. El suelo se resquebrajó, y los escombros volaron en todas direcciones. Sin embargo, All Might aterrizó con agilidad, manteniéndose firme y desafiante.
—¡Eres fuerte, lo admito! —dijo All Might, ajustando su postura con determinación—. Pero no importa cuántas veces me derribes, ¡me levantaré! Ese es el deber de un héroe.
Nagato no respondió de inmediato. Sus ojos Rinnegan brillaron con un resplandor inquietante, mientras murmuraba con una calma perturbadora:
—Persistir en un sistema roto no es heroísmo... es ignorancia.
Con un gesto imperceptible de su mano, el poder del Rinnegan se activó una vez más. De su brazo izquierdo surgieron misiles de largo alcance, disparándose hacia All Might con una velocidad imparable.
—Tienes más de un quirk... —dijo All Might, sorprendido por la revelación.
Sin perder el ritmo, el símbolo de la paz derribó los misiles uno a uno con golpes certeros, su cuerpo y su poder irradiando una fuerza arrolladora. Avanzó hacia Nagato con todo su ímpetu.
El sonido de los misiles estallando en el aire resonó como una sinfonía de caos. Cada impacto de All Might contra los proyectiles iluminaba el campo de batalla con destellos cegadores, pero el héroe no vacilaba. Su mirada estaba fija en Nagato, ese hombre que emanaba una aura tan extraña que incluso All For One no había logrado hacerle sentir tal presión.
Nagato, imperturbable, levantó una mano y, al instante, una sombra monstruosa apareció en el campo de batalla. Cancerbero, el perro de tres cabezas, se lanzó hacia All Might con una velocidad devastadora, su rugido resonando como un eco de destrucción.
All Might, decidido a no ser vencido, saltó hacia la gigantesca bestia, esquivando las mordidas feroces con agilidad sobrehumana. Con una fuerza titánica, descendió sobre la criatura con un golpe devastador.
—¡SMASH!
El impacto fue brutal, creando un cráter debajo de Cancerbero, pero la criatura no cayó. Al contrario, sus tres cabezas se regeneraron rápidamente y se multiplicaron, transformándose en cinco. All Might retrocedió un par de pasos, evaluando la nueva amenaza con atención.
—Este monstruo... no es natural. ¿Cómo puede regenerarse tan rápido?
Desde la distancia, Nagato observaba con serenidad, como si todo estuviera sucediendo según su voluntad.
—Cancerbero es la manifestación del dolor colectivo, una bestia que no puede ser destruida con simples golpes. ¿Ahora lo entiendes, All Might? Tu fuerza bruta no puede detener el sufrimiento del mundo.
All Might apretó los dientes con firmeza.
—¡Tal vez no pueda destruir el dolor, pero puedo proteger a las personas de él! ¡Eso es lo que significa ser un héroe!
Sin pensarlo, cargó nuevamente contra Cancerbero, apuntando al centro del pecho de la criatura. Su golpe resonó con tal intensidad que el aire mismo parecía desintegrarse, generando una onda de choque que hizo temblar la ciudad.
La bestia vaciló por un instante, sus cabezas temblando bajo el impacto. Sin embargo, como si nada hubiera sucedido, las cabezas se unieron, formando una figura aún más monstruosa. Los ojos de Cancerbero brillaban con furia, y su cuerpo se expandió, su piel oscura y escamosa se tensó, creciendo hasta alcanzar un tamaño aún mayor.
—¡Ahora lo verás, All Might! —dijo Nagato, con una calma casi perturbadora, observando cómo el monstruo se reconfiguraba. Los ojos del Rinnegan brillaron con intensidad, y una sensación de desesperación colectiva envolvió el campo de batalla.
All Might sintió la presión aumentar. Era como si el aire a su alrededor se volviera más denso, como si todo el peso de la ciudad estuviera aplastándolo. Cada respiración era más difícil que la anterior, como si luchara contra un muro invisible que intentaba destrozarlo.
—¡NO TE RENDIRÁS! —gritó All Might, con la fuerza de su heroísmo ardiendo en su corazón. Su determinación fue imparable mientras avanzaba hacia Cancerbero con unDetroit Smashaún más poderoso. Su puño brilló con una luz dorada que atravesó el aire con un rugido ensordecedor.
El impacto contra Cancerbero fue colosal. La bestia se retorció, pero, una vez más, la regeneración fue más fuerte que el golpe. En lugar de caer, Cancerbero unió sus cabezas en una sola gran cabeza, que se lanzó hacia All Might con una velocidad aterradora, cubriendo la distancia en un parpadeo. El aire alrededor de la bestia chisporroteaba con energía oscura, como si estuviera absorbiendo todo el sufrimiento de la ciudad.
¡CRASH! El choque fue titánico. All Might fue lanzado varios metros hacia atrás, su cuerpo girando por la fuerza del impacto. A pesar del dolor punzante, se levantó rápidamente, su determinación inquebrantable. Su cuerpo, ya fatigado, crujió bajo la presión, pero sus ojos brillaban con una furia imparable.
—¡No... voy a dejar que esto termine aquí! —murmuró, respirando con dificultad.
Desde lejos, Nagato observaba con intensidad. Los ojos Rinnegan de Nagato brillaban con un destello de furia contenida. Sabía que la victoria estaba cerca. La paz que All Might representaba estaba a punto de ceder ante la dura realidad que él traía consigo.
Nagato levantó la mano, y de inmediato, las sombras se alargaron, retorciéndose alrededor de All Might. ElDeva Pathactivado hizo que el suelo bajo el héroe se hundiera, creando un pozo de gravedad tan intensa que All Might comenzó a ser arrastrado hacia el abismo. La presión lo aplastaba con fuerza, como si el peso de todo el mundo estuviera sobre él.
—¡Tu lucha es inútil, All Might! —gritó Nagato, su voz resonando como un trueno. ¡La verdad siempre prevalece!
Pero en ese momento, All Might miró al horizonte. Vió a los civiles corriendo, a los héroes luchando, a los niños que aún mantenían la esperanza en sus corazones. Todo lo que había hecho hasta ese momento, cada sacrificio, cada batalla, cada momento de duda, se unieron en su mente. Los recuerdos de su vida como héroe, de su lucha por la paz, lo inundaron con una verdad irrefutable.
—¡NO! —gritó con furia. —¡NO TE DEJARÉ VENCER!
La energía delUnited States of Smashcomenzó a arder en sus venas, como una tormenta desatada. La luz dorada envolvió su cuerpo, vibrando con una potencia tal que la ciudad misma parecía temblar ante su poder. Sin vacilar, All Might levantó su puño, desafiando la gravedad, el dolor, el sufrimiento.
—¡SMASHHHHH! —La explosión de energía fue tan violenta que el aire se partió, creando ondas expansivas que devastaron todo a su paso. Cancerbero, incapaz de resistir la fuerza del impacto, se desintegró en mil fragmentos. El suelo se rompió, el cielo tembló, y la ciudad misma retrocedió ante la magnitud de la fuerza desatada.
Pero, incluso mientras Cancerbero caía, Nagato permanecía erguido, inmóvil como una sombra. Su rostro no reflejaba sorpresa, solo una fría aceptación. La realidad de su mundo seguía intacta, y aunque la batalla parecía ganada, el destino no estaba decidido aún.
Nagato fijó su mirada en All Might y, con una velocidad sorprendente, se abalanzó hacia él. En un parpadeo, estaba frente a All Might, y sin previo aviso, clavó una barra de interrupción de chakra en el estómago del héroe, justo en la herida que le había dejado All for One años atrás.
El impacto fue brutal. All Might sintió una oleada de dolor atravesar su cuerpo, el sufrimiento intensificado por la cicatriz de su viejo enemigo. La barra se hundió con precisión, cortando el flujo de energía vital que lo mantenía en pie. En ese momento, las fuerzas del héroe comenzaron a desvanecerse, y su imponente figura vaciló.
—¿Qué... has hecho? —murmuró All Might, con los ojos desmesuradamente abiertos, tratando de mantener el equilibrio. El sudor perlaba su frente, el aire a su alrededor se volvía espeso, casi irrespirable. Sus piernas temblaban, incapaces de sostener su peso.
Nagato no respondió de inmediato. Simplemente observó la expresión de All Might con una calma desconcertante, como si ya hubiese predicho este momento, como si todo formara parte de un plan que trascendía el presente. La barra de interrupción de chakra, una técnica devastadora que había perfeccionado a lo largo de los años, estaba diseñada para aniquilar el flujo de energía interna, y en el caso de un héroe como All Might, para extinguir por completo su fuerza.
—Ese tipo tiene más de dos quirks... —pensó All Might con un atisbo de comprensión—. ¿Acaso... trabaja para All for One?
Con una fuerza sobrehumana, All Might se lanzó hacia Nagato, logrando alcanzarlo en cuestión de segundos. Un golpe certero impactó en el estómago del Akatsuki, lanzándolo hacia atrás.
El impacto del golpe de All Might fue feroz, pero Nagato, lejos de retroceder, lo recibió sin inmutarse, como si su cuerpo estuviera hecho de algo más que carne y hueso. La fuerza del golpe lo hizo tambalear ligeramente, pero su control absoluto sobre el flujo de energía le permitió recuperar la postura al instante. Antes de que All Might pudiera reaccionar, una nueva barra de interrupción de chakra se clavó en su pierna derecha, paralizando su movimiento al instante.
All Might gritó de dolor, su rostro contorsionado por la agonía mientras la energía de su pierna desaparecía por completo. El quirk One For All, la fuente de su fuerza, se desvaneció ante la barrera de energía que Nagato había colocado en su cuerpo.
El gigante de la paz cayó de rodillas, incapaz de sostenerse, su respiración errática. La herida de All for One, un recuerdo perpetuo de su debilidad, se fusionaba con la interrupción de chakra de Nagato, creando una combinación fatal que erosionaba cada gramo de su vitalidad. El aire parecía asfixiarlo, y su mente estaba nublada por la desesperación.
Nagato se acercó lentamente, observando a All Might con una expresión inquebrantable. No había odio en sus ojos, solo una fría determinación.
—Lo que voy a hacer... lo hago para que tu sociedad aprenda a las malas que su paz inventada... está mal. Cuando tu mayor ídolo, tu símbolo, caiga... entenderán tarde o temprano el mensaje que Akatsuki está dando. —Dijo Nagato, mientras una nueva barra de interrupción de chakra emergía de su manga—. Los héroes no existen... ni los villanos. Solo somos personas con ideologías... que tarde o temprano originarán una guerra sin sentido... —Hizo una pausa y miró al cielo—. Naruto... si me estás viendo... espero que me perdones algún día.
Nagato levantó la barra para eliminar a All Might, quien, a pesar de su debilitamiento, trataba de quitarse la barra de su pierna. Su parte esquelética ya se asomaba por el costado izquierdo mientras su cuerpo luchaba por mantenerse firme.
En ese preciso momento, el aire a su alrededor se volvió denso, como si el universo entero estuviera conteniendo el aliento, esperando el desenlace final. Con un último esfuerzo sobrehumano, All Might forzó su pierna, liberándose de la barra que lo había paralizado, y cayendo al suelo con una explosión de energía, su quirk desatado por un instante. Los músculos de su cuerpo se tensaron, como si todo su ser se concentrara en ese último intento por sobrevivir. El viento sopló con fuerza, azotándolos a ambos, mientras el símbolo de la paz, el héroe más grande de todos los tiempos, luchaba contra su destino.
El impacto de la explosión de poder de All Might envió a Nagato hacia atrás, tambaleándose, pero nunca perdiendo su compostura. Aunque la energía de All Might había explotado en una furia momentánea, estaba claro que sus fuerzas se agotaban. El héroe, una vez inquebrantable, ya no era más que un hombre vulnerable al borde del colapso. La piel de su costado izquierdo, donde la herida de All for One lo había marcado, estaba desgarrada, y sus movimientos eran torpes, como si su cuerpo ya no pudiera resistir más.
Nagato observó este debilitamiento, pero también se dio cuenta de que su propio cuerpo estaba al límite. Usar sus técnicas especiales lo desgastaría aún más, acercándolo a la inevitable caída. Cansado, pero aún con determinación, All Might se lanzó una vez más hacia Nagato, dispuesto a derrotarlo antes de perder su forma muscular por completo.
La escena parecía suspendida en el tiempo, como si el universo estuviera esperando el veredicto final. All Might, agotado, con su quirk desvaneciéndose, se lanzó con todo su ser hacia Nagato, buscando asestarle un golpe definitivo. Su cuerpo ya no respondía como antes, pero la determinación seguía brillando en sus ojos. A pesar de su desgaste, aún luchaba con la esperanza de una última victoria.
Nagato, igualmente agotado, se mantenía erguido, firme, como una roca que no se mueve ante las olas. Sabía que la victoria estaba al alcance de su mano, y esa certeza le daba fuerzas para resistir. La barra de interrupción de chakra brillaba en su mano, lista para acabar con la última resistencia de All Might.
En un acto de desesperación, All Might utilizó lo último de su fuerza y lanzó un golpe hacia Nagato, un puño desmesuradamente poderoso, el último destello de la leyenda. Sin embargo, antes de que el golpe impactara, Nagato giró con una agilidad inesperada, esquivando el puño y clavando la barra en el pecho de All Might.
El impacto fue definitivo. La energía vital de All Might se disipó al instante, y su cuerpo, debilitado por las heridas de All for One y la interrupción de chakra, comenzó a ceder. El héroe más grande de todos los tiempos cayó al suelo con un rugido ahogado, su energía desvaneciéndose de manera irreversible. En ese momento, el gigantesco símbolo de la paz ya no era más que un hombre vulnerable, cuyo brillo se extinguiría ante la inexorable marcha de la ideología de Nagato.
Nagato observó a All Might con una fría indiferencia. No había júbilo en su rostro, solo una tranquila comprensión de que todo había llegado a su fin. La batalla no había sido solo física, era una guerra de ideales, y su victoria representaba algo mucho más grande que la caída de un héroe.
—¿Sabes, All Might? —dijo Nagato, con voz baja y calculadora—. Este mundo necesita cambiar. Y para eso, debes caer. Tu sociedad no aprenderá de la paz que has creado, porque esa paz está basada en mentiras. Solo cuando todo se desmorone, se darán cuenta de que los verdaderos enemigos no son los villanos... son las ideologías rotas.
Nagato dio un paso atrás, observando cómo la vida abandonaba el cuerpo de All Might. En su interior, una sensación de satisfacción lo llenó, pero también una extraña quietud. Había hecho lo que debía hacer. Había derrotado al último ícono de un sistema corrupto, y con ello, comenzaba el verdadero cambio.
All Might, con la vista borrosa, apenas alcanzó a balbucear algo en sus últimos momentos de consciencia. Las palabras, arrugadas, salieron claras:
—No... todo... es... en vano... aún hay... esperanza...
Con esas palabras, el héroe símbolo de la paz cerró los ojos, dejando un vacío irreparable en el mundo que tanto había defendido. Un vacío que Nagato sabía que solo él podría llenar con la fuerza de su visión.
Nagato permaneció en silencio unos segundos, la batalla ya concluida, mientras su mirada se alzaba hacia el horizonte. Sabía que esto solo era el principio. La guerra no había terminado, y el mensaje de Akatsuki al mundo aún estaba por cumplirse
De vuelta en el campamento.
La tensión en el campamento de las Pussycats era palpable, como un cable tenso a punto de romperse. El clon de Itachi, con su mirada fría y penetrante, se encontraba en una posición estratégica, casi invisible, pero su presencia era inconfundible. A través de su genjutsu, extendía su dominio sobre Twice, sumiéndolo en un abismo de imágenes distorsionadas, aterradoras y abrumadoras. La mente de Twice, ya marcada por traumas y paranoias, era un terreno fértil para la ilusión, y Itachi no desaprovechaba ni el más mínimo rincón de su inseguridad, convirtiéndolo en una presa perfecta.
Twice luchaba por mantener el control de su mente mientras el genjutsu lo arrastraba más y más hacia el caos. Sentía como si su alma fuera arrancada de su cuerpo, una sensación de fragmentación que lo consumía. Los recuerdos de su pasado se entremezclaban con distorsiones de su presente, como si todo lo que había vivido estuviera a punto de desmoronarse. Pero lo peor no era solo la tortura mental; el peso del clon de Obito lo aplastaba físicamente, inmovilizándolo en el suelo. Cada intento de liberarse era en vano. El terror lo debilitaba, y la voz del clon de Itachi se convertía en una constante amenaza que lo arrastraba aún más hacia la locura.
Pero no era solo el sufrimiento de Twice lo que absorbía la atención del clon de Itachi. En su meticuloso análisis, había encontrado algo más valioso que el control mental sobre un villano. En lo profundo de la mente de Twice, había descubierto la información más crucial de todas: el paradero de la guarida secreta de la Liga de Villanos, el lugar donde se fabricaban los Nomus, y los detalles oscuros de los experimentos y quirks utilizados en su creación. Toda esa información estaba ahora a su disposición, un arma poderosa en sus manos.
—¿Qué hacemos con él? —preguntó el clon de Obito, su tono grave, pero también curioso.
El clon de Itachi, sin desviar la mirada de Twice, respondió con calma inquietante, su expresión impasible. Sabía que ya había tomado la decisión.
—Lo dejaremos vivir —dijo con voz baja pero firme—. Pero antes, debemos asegurarnos de que no represente una amenaza para nosotros. Su conocimiento es valioso, pero su estado actual no nos será útil.
El clon de Obito frunció el ceño y dirigió una mirada hacia Twice, que seguía retorciéndose en el suelo, consumido por las alucinaciones. Sabía que Itachi siempre tenía un plan más profundo, aunque cruel. Los métodos del Uchiha dejaban marcas, y esas marcas a menudo no eran fáciles de borrar.
—Entonces, ¿lo dejamos ir, pero lo mantenemos bajo control? —preguntó, buscando confirmar lo que ya intuía.
Itachi asintió lentamente, sin apartar los ojos de Twice, su genjutsu todavía desmoronando los fragmentos mentales del villano. La tortura mental era precisa y calculada, cada pesadilla una pieza de un rompecabezas más grande.
—Exactamente —respondió Itachi, con la frialdad de siempre—. La información que ha revelado es suficiente. Sabemos dónde están los Nomus y los experimentos de la Liga. No necesitamos su cooperación, solo su miedo.
El clon de Obito, sin perder tiempo, levantó a Twice del suelo con un solo movimiento brusco, aumentando aún más la sensación de impotencia del villano. Mientras lo sostenía, la presión sobre su cuerpo era tan fuerte que parecía perder la noción del tiempo, completamente desbordado por el terror que lo invadía.
—Si su vida tiene algún valor para nosotros, es solo como mensajero —continuó Itachi, con tono calculador—. Usaremos esta información para acabar con la Liga de Villanos y destruir a los Nomus.
El clon de Itachi sacó una esfera azul de su bolsillo, mostrando una expresión de desdén mientras pensaba en la siguiente jugada. Dentro de la esfera, Dabi estaba atrapado, furioso e insultante, pero era solo un peón en el juego más grande que se estaba tejiendo.
—Voy a ir con Aizawa para informarle de la situación y entregar esto... —dijo, mostrando la esfera—. No quiero que ningún estudiante muera. Hay más problemas en el bosque. Bakugo e Itachi están en peligro.
El clon de Obito asintió sin decir palabra, comprendiendo la gravedad de la misión. Observó cómo el clon de Itachi desaparecía entre las sombras, llevando consigo la esfera con Dabi, mientras el peso de la responsabilidad recaía sobre sus propios hombros: mantener el caos bajo control y evitar más bajas.
Mientras tanto, en el campo de batalla, los enfrentamientos tomaban giros inesperados. Tetsutetsu y Kendo lograron derrotar a Mustard, mientras que Bakugo y Todoroki se encargaban de Moonfish, demostrando que la Liga de Villanos no era invencible. Sin embargo, el momento culminante llegó cuando Midoriya, con un esfuerzo monumental, logró derrotar a Muscular, agotado pero decidido. Tras la pelea, se encontró con Mandalay, quien luchaba contra Spinner.
—La Liga de Villanos está buscando a Katchan y a Itachi —dijo Midoriya, respirando con dificultad, mientras compartía la información con la líder de las Pussycats. El peso de la guerra que se estaba gestando se sentía en cada palabra.
Pero... como Twice estaba atrapado en el genjutsu de Itachi, ya no podía enviar clones de Dabi a donde estaban Aizawa y Vlad King con los estudiantes que habían logrado escapar del bosque. Aprovechando esa oportunidad, Eraserhead ayudó a los estudiantes que aún permanecían en el bosque, mientras Vlad King cuidaba a los que estaban en el aula.
—Esto es horrible... —dijo Kirishima, mirando su celular con las noticias del ataque de Akatsuki a la ciudad de Musutafu—. La Liga de Villanos está atacando el campamento... pero los malditos de Akatsuki están atacando la ciudad... ¡Maldición, maestro Vlad King, déjenos salir a ayudar al maestro Aizawa!
—No —respondió Vlad King con autoridad—. Ustedes deben quedarse aquí por su seguridad... Esa es la prioridad.
Kirishima apretó los puños, frustrado por no poder hacer más. Miró a sus compañeros, cada uno lidiando con su propia forma de miedo y preocupación.
—Tenemos que hacer algo —dijo Kirishima con voz tensa—. No podemos quedarnos de brazos cruzados.
Lida, que había estado en silencio durante gran parte del conflicto, finalmente habló.
—Si no podemos salir ahora, lo único que podemos hacer es prepararnos. No sabemos qué más vendrá. La Liga de Villanos y Akatsuki son amenazas diferentes, pero ambas están aquí por una razón. Necesitamos estar listos para lo que venga después.
Vlad King asintió, comprendiendo el deseo de los jóvenes héroes, pero también sabía que sin el apoyo adecuado, lanzar a los estudiantes al campo de batalla solo los pondría en más peligro. Su deber como protector era asegurarse de que todos estuvieran a salvo.
—Yo entiendo cómo se sienten —dijo Vlad King, mirando a cada uno de ellos—. Pero su seguridad es lo más importante. Aizawa y el resto de los héroes en el campo de batalla necesitan tiempo, y ese tiempo lo conseguimos aquí. Nos aseguramos de que ustedes estén bien para que podamos ganar esta guerra. Es la única forma.
Mientras tanto, en el bosque, Toga acababa de enfrentarse a Uraraka y Tsuyu, obteniendo sangre de la segunda mientras se reunía con un Twice visiblemente afectado.
—¿Dónde está Dabi? —preguntó Toga, levantando una ceja. Su tono, aunque casual, reflejaba una inquietud creciente. Estaba acostumbrada a que sus compañeros estuvieran siempre a la altura, pero la ausencia de Dabi la dejaba con una sensación incómoda, como si algo no estuviera bien.
Twice, apenas capaz de levantar la vista, tenía los ojos desorbitados por el miedo. Las alucinaciones del genjutsu de Itachi lo seguían atormentando, y la simple mención del nombre de Dabi parecía devolverle una oleada de pavor.
—Dabi... está en una esfera... —murmuró, su voz temblorosa—. Itachi lo tiene... No sé qué... no sé qué harán con él... Es todo un maldito caos...
Toga frunció el ceño, intentando comprender lo que Twice intentaba decir, pero la frustración no abandonaba su rostro. Itachi y su clon siempre parecían estar un paso adelante, manipulando todo a su alrededor con una precisión escalofriante. ¿Qué planeaban al capturar a Dabi? ¿Cuál era su objetivo?
—Maldición... —gruñó Toga, mirando a su alrededor con impotencia—. Primero Akatsuki secuestra a Stain, luego la Liga, y ahora... ¡Dabi está atrapado en una maldita bola!
La frustración de Toga era palpable, pero una chispa de calma comenzó a encenderse en su interior. Tal vez había una solución, aunque aún no estaba clara. Miró a Twice, que parecía completamente desbordado, y se acercó a él con determinación.
—¿Puede Mr. Compress revertirlo? —preguntó pensativa. "Es su quirk, después de todo. Tal vez pueda liberarlo."
Twice, sumido en el caos de sus alucinaciones, apenas procesó la pregunta. Sin embargo, con la mínima lucidez que quedaba en su mente, asintió levemente.
—Tal vez... Mr. Compress... podría hacerlo... —murmuró, su voz perdida entre las sombras de su mente.
Toga, aunque aún furiosa, comenzó a idear un plan. Si no podían enfrentarse directamente a Itachi y sus clones, tendrían que confiar en los recursos que aún tenían a su disposición. Pero cada paso era incierto, y el tiempo corría rápidamente.
Mientras tanto, Mr. Compress había capturado a Bakugo y Tokoyami, tal como en la historia original, siendo perseguido por Todoroki, mientras que Midoriya, herido tras su lucha contra Muscular, era cargado por Shoji.
Toga observaba a Twice con una mezcla de preocupación y frustración. Su compañero, usualmente vivaz y lleno de energía, ahora estaba reducido a un cascarón, roto por las manipulaciones mentales de Itachi. La simple idea de que los héroes o Akatsuki pudieran quebrantarlos como grupo era insoportable. Sus ojos brillaron con rabia y determinación mientras se inclinaba hacia él.
—Escucha, Jin —dijo, su voz dulce pero con un filo de acero—. No podemos quedarnos en este estado. Vamos a recuperar a Dabi y a Stain, pero para eso necesito que vuelvas a ser tú mismo. No importa lo que Itachi haya hecho con tu cabeza, ¡eres Twice, maldita sea!
Twice levantó la mirada, sus ojos llenos de lágrimas y confusión. Pero algo en las palabras de Toga, en su feroz lealtad, comenzó a calmar la tormenta que azotaba su mente.
—Tienes razón, Toga... —murmuró, su voz aún temblorosa, pero con un atisbo de resolución—. Recuperaremos a Dabi... y a todos los demás.
Toga asintió, satisfecha con su reacción. Se levantó, mirando a su alrededor con una sonrisa torcida.
—Bien. Ahora necesitamos a Compress. Él puede liberar a Dabi, y después veremos cómo hacer que estos malditos niños dejen de meterse con nosotros.
En otro lugar del bosque, el clon de Obito había derrotado fácilmente a Magne y Spinner, ayudando a las Pussycats. Con una sonrisa en el rostro, los ató a un árbol, dejándolos inmovilizados, mientras las heroínas descansaban sorprendidas por la facilidad con la que había manejado a los villanos.
El clon de Obito, después de asegurarse de que Magne y Spinner estuvieran bien sujetos, se detuvo un momento a observar el caos que se desplegaba en el bosque. Su mirada barría las sombras, como si buscara algo más allá de los árboles y las llamas. Su misión principal aún no estaba cumplida. Itachi había sido claro: obtener información y sembrar el caos controlado. Cada movimiento debía desestabilizar a la Liga de Villanos sin revelar las verdaderas intenciones de Akatsuki.
Con un rápido gesto de sus manos, el clon desapareció en un remolino de llamas negras, dejando a las Pussycats boquiabiertas. Pixie-Bob, aún jadeando por el esfuerzo, miró a Mandalay.
—Ese chico... —empezó, todavía incrédula—. ¿Cómo puede alguien tan joven enfrentarse a esos villanos y salir ileso?
Mandalay no respondió, pero su mirada se nubló con preocupación. Algo en ese "aspirante" la inquietaba, algo que no cuadraba. No era un estudiante común, y su estilo de lucha estaba demasiado alejado de lo que enseñaban en la UA.
Pero en ese momento, un portal morado se tragaría a Spinner y magne, Obito intento ir, pero kurogiri se fue tan rapido como llego. Obito por su parte fue hacía donde estaba Itachi, intentando alcanzar a kurogiri.
La noche había caído sobre el campamento, y con ella, una tensión palpable se extendía en el aire. El sonido de los pasos apresurados de los perseguidores resonaba a través del bosque, mientras Mr. Compress, con su característico porte relajado pero vigilante, avanzaba rápidamente hacia el punto de encuentro. A su lado, Toga caminaba con su habitual entusiasmo, aunque sus ojos reflejaban una alerta inusual, como si supiera que el peligro acechaba más cerca de lo que imaginaban.
Twice, visiblemente desorientado por los eventos recientes, aún trataba de procesar todo lo sucedido. En su espalda, una pequeña bolsa contenía los cuerpos de Bakugo y Tokoyami, ambos inconscientes pero con vida. Los héroes habían sido capturados, pero la victoria era efímera. La presencia de Shoji, que avanzaba con un Midoriya gravemente herido a cuestas, le daba un aire sombrío a la pequeña celebración de la captura. Todoroki lo seguía de cerca, su rostro serio, sin dejar que la aparente victoria nublara la gravedad de la situación.
La atmósfera se tensó aún más cuando Mr. Compress, sin dejar de caminar, formuló una pregunta urgente y desconcertante.
—¿Dónde está Dabi? —su voz grave resonó en la quietud de la noche, y su mirada se desvió brevemente hacia el horizonte, como si esperara ver la figura de fuego emergiendo de entre las sombras. —Kurogiri ya debería estar aquí para sacarnos de este lugar.
Twice, al escuchar el nombre de Dabi, frunció el ceño, visiblemente nervioso.
—Digamos que... traté de crear un clon tuyo para atrapar al Uchiha... pero salió mal... y el que acabó atrapado fue Dabi —dijo Twice, mientras Toga seguía peleando contra Shoji y los demás. —Lo siento... no pude hacer nada...
—¿Un clon? ¿De mí? —La incredulidad en la voz de Mr. Compress era evidente, pero no había tiempo para lamentaciones. Giró la cabeza y aceleró el paso, dejando que la frustración se apoderara de su rostro. —Esto va de mal en peor. Dabi nunca va a perdonarme por esto.
Toga, por su parte, parecía disfrutar de la lucha, pero en su mirada se reflejaba una preocupación creciente. La batalla contra Shoji continuaba, pero sus pensamientos estaban parcialmente distrídos por la noticia de Dabi.
—¡No tenemos tiempo para lamentarnos! ¡Compress, usa tu quirk y libéralo ya! —gritó, visiblemente irritada.
—Lo sé, Toga —respondió él, chasqueando los dedos—. Listo... ya está. Dabi debe estar libre ahora mismo.
En otro lugar, el clon de Itachi se acercaba a Aizawa, pero en ese preciso momento, la esfera que contenía a Dabi explotó de repente, liberando al hombre de fuego en un estallido de furia.
La ruptura de la esfera fue como una explosión. Las llamas rodearon a Dabi al instante, y la fuerza con la que salió de su prisión improvisada desintegró los restos del contenedor. La rabia contenida de Dabi estalló en un torrente de calor abrasador que incendió el aire a su alrededor. La figura del hombre de fuego apareció de entre las llamas, con su rostro marcado por una furia incontrolable.
—¡Esto es lo que pasa cuando me subestiman! —rugió Dabi, su voz cargada de ira desbordada.
El clon de Itachi, que se dirigía hacia Aizawa, no tuvo tiempo de reaccionar. En el instante en que Dabi hizo su aparición, el aire a su alrededor se calentó a niveles peligrosos, y en cuestión de segundos, el impostor fue reducido a cenizas. Las llamas se alzaron con fuerza, devorando todo a su paso.
Justo entonces, apareció un portal morado, y Kurogiri, al rescate, emergió en el último momento.
—Vámonos —dijo Kurogiri con preocupación.
—¡No quiero irme! —rugió Dabi, mirando a Kurogiri con desdén. Su rostro estaba distorsionado por el dolor y la furia. —¡Quiero hacerles pagar! ¡Quiero quemarlos hasta los huesos!
Kurogiri, con su calma habitual, intentó tranquilizarlo, a pesar de la tormenta interna que desbordaba dentro del hombre de fuego.
—Dabi, sabemos que estás furioso, pero ahora no es el momento —dijo Kurogiri con voz firme, aunque su rostro reflejaba cierta preocupación. —El Uchiha sigue siendo una amenaza, y si nos quedamos aquí, las cosas se complicarán aún más.
Dabi, aunque su ira seguía ardiendo en su interior, comprendió que Kurogiri tenía razón. Con un gruñido gutural, dio un paso atrás y se adentró en el portal, dejando que las llamas desaparecieran poco a poco, aunque aún brillaban intensamente en sus ojos.
—¡Este no es el final, Aizawa! —gritó Dabi antes de desaparecer completamente dentro del portal, sus palabras flotando en el aire como una amenaza.
El portal se cerró con un destello morado, y el campamento volvió a sumirse en el silencio. Los héroes restantes, aquellos que habían logrado escapar, miraban el lugar donde los villanos habían estado solo unos momentos antes. Aunque la amenaza inmediata parecía haber pasado, la tensión seguía palpable en el aire.
Aizawa, que había permanecido en silencio durante todo el intercambio, respiró hondo, observando el lugar con cautela. Sabía que la situación no había hecho más que empeorar. Aunque los Akatsuki se habían ido, la batalla no había terminado. La guerra, en cierto modo, apenas comenzaba.
—Esto no acaba aquí —dijo Aizawa, con su voz grave y seria, mirando a los demás héroes que se habían reunido a su alrededor. —Tenemos que estar preparados para lo que viene. Dabi y los demás no se detendrán.
Mientras tanto, Shoji y Todoroki habían logrado recuperar la esfera que contenía a Tokoyami, pero no lograron arrebatarles la esfera que mantenía a Bakugo prisionero. Justo en ese momento, Kurogiri apareció para abrir el portal y evacuar a la Liga de Villanos, llevándose consigo al héroe capturado.
El ambiente en el campamento seguía cargado de tensión, y la victoria de los villanos se sentía vacía. Aunque habían logrado escapar con uno de los héroes más importantes, la ausencia de Bakugo pesaba como una losa sobre la Liga de Villanos. Kurogiri ya había comenzado a abrir el paso hacia su próxima ubicación, pero la frustración seguía flotando en el aire. La misión no estaba completa, y la captura de Bakugo seguía siendo una espina clavada en el corazón de la Liga.
—¿Lo conseguimos todo, Kurogiri? —preguntó Mr. Compress, mirando de reojo a Toga, que parecía emocionada por el escape, pero cuyo rostro reflejaba la insatisfacción de no haber logrado capturar más héroes.
—Casi —respondió Kurogiri, sin girarse, pero su tono reflejaba un cansancio palpable. —Lo que importa ahora es que no hay tiempo para celebrar. Los héroes probablemente ya estén organizándose para seguirnos. Necesitamos movernos rápido.
Toga, sin embargo, no compartía el mismo pragmatismo que el resto de la Liga. Su emoción por la acción y el caos la mantenía enérgica, pero incluso ella percibía que algo faltaba en esta victoria.
—¡Pero...! ¡¿Dabi?! ¿Por qué no nos quedamos para quemar todo?! ¡Hacerles pagar! —su voz exaltada resonó en el aire. Sabía que la captura de Bakugo era un paso importante, pero el deseo de ver el mundo arder, de hacer que los héroes pagaran por sus crímenes, la embriagaba con fuerza.
Mr. Compress observó a Dabi, que ya había desaparecido con Kurogiri en el portal. Su rostro estaba tenso, marcado por la rabia contenida que solo parecía intensificarse con cada segundo que pasaba sin enfrentarse a los héroes. Sin embargo, la situación no era tan sencilla. No se trataba solo de venganza. La Liga necesitaba una estrategia más allá de un enfrentamiento directo.
—Toga, cálmate —dijo Mr. Compress, con voz firme. —Lo que estamos haciendo no es un juego. La captura de Bakugo es crucial para nuestra estrategia, no solo por su valor como héroe, sino por lo que representa para su gente.
Toga resopló, claramente frustrada, pero entendió las palabras de Mr. Compress. Sabía que hablaba de los héroes de alto nivel, como All Might, que verían la captura de un héroe tan reconocido como Bakugo como un golpe a su orgullo. Eso tendría repercusiones, pero aún así, la violencia y la destrucción seguían siendo su pasión.
Mientras tanto, Shoji y Todoroki observaban impotentes cómo Bakugo era arrastrado, sin poder hacer nada para evitarlo. El portal se cerró con un destello morado, llevándose consigo a la Liga de Villanos y a Bakugo.
Fin del capítulo.
Bueno... me superé a mi mismo esta vez, con 13763 palabras, esta parte es el nuevo capítulo más largo que escribí. Espero que me perdonen por no actualizar esto por casi un mes entero, pero valió la pena por traerles más de este fic.
Si ven bajones de calidad, les pido perdón por ello, estuve demasiado ocupado, además de desmotivado para escribir, pero al final termine.
La parte tres saldrá más o menos para los finales de diciembre o principios de enero.
