"También estan las hojas que mueren con valor intentando volar"
Y puede que la guerra aun no haya terminado, que siga dejando a su paso familias sin padres, ni hermanos, ni abuelos, y que en sus manos teñidas de sangre todavía calen hondo las culpas de las vidas arrebatadas, pensando tal vez en la retorcida paz ,que los barcos encallen a pedazos en las costas bombardeadas y las milicias sitiadas en las esquinas de cada ciudad reducidas a escombros convertidos todos en gritos perdidos entre la pólvora.
Y yo solamente quería regresar aunque fuera por un instante a ese pequeño momento perdido entre mis memorias, escondido allí en un pequeño cofrecillo de cristal, ese momento cuando Violet se acurrucaba contra mi espalda en aquella humilde carpa de campaña, allí entre la pólvora y los incesantes bombardeos, entre los gritos ahogados de los muertos intentando regresar a la vida, porque ahí cuando su frente golpeaba contra mi espalda, allí se apagaban todas las luces, y ya no se oían los gritos ni si quiera podía oler la pólvora, ese embriagante instante en que ella hacía que todo lo demás desapareciera en un solo pequeño tacto que enceguecía mi realidad y daba rienda suelta a toda esa fantasía.
era un maldito perro rendido a sus pies, obligado por mi propio egoísmo a usarla a ella tan pequeña y fragil como una herramienta que como traída desde el mismísimo infierno podía quemarlos a todos con solo el sonido de mi voz. ¿cómo es que llaman a aquello?
"Somos una sucesión implacable de incompetencia y ensañamiento"
Sus ojos grandes, redondos y azules, que me miraban maravillados como un cachorro esperando una orden, los escuchaba murmurar "Ella hace que llueva sangre" y mi corazón se trizaba cada día un poquito más, sin saber cuándo se detendría esta espiral tan llena de brutalidad, como el macabro día que la vida decidió que ella y yo nos topáramos en este bucle que llamaron todos "guerra" y yo casualidad.
como cuando de una patada esta pequeña criatura flagelada por la pobreza y el hambre apareció entre mis brazos arropada en sucios estropajos, con heridas en su cuerpo y esa mirada sobresaltada en la pupila, casi encegueciendo la mía, no sabiendo nada del mundo y sin embargo habiéndolo experimentado casi todo. Era demasiado pequeña y podía sentir sus delgados dedos temblorosos apretándose a mis brazos, casi como queriendo fundirse en mi piel como si fuera mantequilla, esa sensación simplemente quemaba mi piel y aunque no podía ver las quemaduras allí estaban como una llama invisible expandiéndose dentro de mi con una rapidez incesantemente preocupante.
no había nada que pudiera hacer "ten, es un regalo" fueron las palabras que resoplaron de la boca de mi hermano, "a mí ya no me es de ninguna utilidad, tal vez pueda servirte bien" la puerta trono al cerrarse, la sentí dejar de temblar, al menos de miedo, y antes de que su cuerpo cayera la sujete entre mis brazos, ¿qué forma era esta de entregar un regalo, como ella podía ser un regalo?
y sin embargo con el tiempo si lo fue, fue un pequeño regalo que nombre con amor "Violet", porque no tenía nombre, y aunque las armas no tengan nombre, ella existía para mi mucho más que como una herramienta lista para la destrucción. y aunque ella en su inocencia no podía verse a sí misma desde mis ojos, intente con todas mis fuerzas que pudiera llevar una vida que aunque pequeña fuera lo más normal posible, que pudiera respetar las cosas simples de la vida y que atesorara existir un día más.
Pero ya no podía volver más que solo saborear los recuerdos que una vez hubo en ese universo donde existimos una vez ella y yo, ya no podía ver sus ojos mostrarme el infinito de su pupila, no podía oler el perfume de su piel y ya no podía oír su voz llamar mi nombre en la oscuridad.
estaba perdido allí entre los escombros de sus recuerdos que mi corazón decidió sin consultarme atesorar, allí donde algo, no lo sé, simplemente sembró semillas y comenzó a crecer descontroladamente, echando raíces como si fueran venas y arterias, convirtiéndose en esa vehemente lealtad hacia esta pequeña y determinada criatura que entre soldados "monstruo" solían llamar.
pero ella no era un monstruo, ella sangraba igual que todos nosotros, era simplemente que su forma de ver el mundo, si bien yo todavía no lo entendía, ella aprendía. todas esas noches limpiando la sangre de su rostro y cosiendo las heridas que el enemigo inflinguía en ella, aquellas incontables cicatrices que como estrellas cubrían tal vez una gran extensión de su pequeño cuerpo, y aun así ella nunca se quejó, y no lo terminé nunca de entender, aquellas heridas debían doler, y para su tamaño debían de doler mucho y ella se quedaba ahí quieta y me regalaba una sonrisa con los ojos estrellados, y era que sus heridas me dolían más a mí que a ella, como una transfusión de sentimientos, si ella no podía sentirlos los sentiría yo y en mi absurda mentalidad, ese dolor que ella no podía sentir devoraba mi salud mental, hacia estragos en mi realidad.
queria que pudiera parar, que se detuviera todo ese ruido, ya estaba cansado, mi corazón estaba demasiado pesado tratando de cargar con sus propios sentimientos malditos y a la vez intentar cargar con los de ella era una tarea demasiado grande para alguien tan debil como yo.
"la vida tiene cosas mágicas, y algunas personas"
quería mostrarle las cosas más hermosas que este mundo podía ofrecerle a alguien como ella, quería que siempre recordara que esa persona siempre fui yo. "es como los ojos del mayor" jamás olvidare aquel momento, cuando sus ojos se precipitaron por primera vez ante algo que deseaba, y eran esas pequeñas cosas que siguieron haciendo espinas alrededor de mi corazón.
la inagotable creencia que con esperanza construí alrededor de ella pensando que si la cuidaba un poco más, si conseguía enseñarle como era el mundo podría darse cuenta en realidad de que todo a su alrededor eran más que una orden militar y asesinar personas. Pero al final de cada día no lograba que ella pudiera reflexionar y entender, con impotencia me recostaba dándole la espalda cada noche en la tienda de campaña, atrapado, absorto en cómo hacerla entender.
solo podía quedarme allí viéndola caminar entre los campos de arroz incendiados, nunca la vi llorar, hasta ese día. Cuando mi corazón decidió dejar de mentirse a sí mismo, en medio de un asedio al pueblo enemigo, quedamos atrapados en uno de los fuertes, sentía el calor de las balas rozar mi piel, y los escombros precipitarse sobre nosotros, Violet gritaba que le diera la orden, pero no fui capaz, dejamos de correr. Entre ella y yo había un enorme corredor, nos miramos jadeando, intentando recuperar el aliento, cuando intente decir algo, el sonido de un bombardero nos hizo volver a correr, me precipite contra una de las paredes y me detuve en la subida de una de las torres, mi cuerpo ya no podía más, mi brazo, me había dado. Violet se me quedo viendo desde lejos, pidiendo que le diera la orden, pero negué con la cabeza, le dije que ya no podía seguir, con mi brazo libre deje de presionar la herida, fruncí el ceño en señal de dolor, la sangre no dejaba de salir, entonces la pude ver, estaba llorando, lagrimas salían de sus ojos, y ella sorprendida levanto sus manos para llevárselas al rostro, pero no pudo, una ráfaga de ametralladoras cercenaron sus extremidades justo antes de que parte de la torre cayera sobre nosotros, logramos subir por la torre, casi arrastrando nuestros cuerpos contra las paredes, hasta que caí quedando contra la pared, frente a ella, llorando, sin sus brazos.
"te amo, siempre te he amado" jamás pensé que tendría el valor para decirle como me sentía, menos mientras la vida se me escapaba allí mismo entre borbotones de sangre, ella me miraba confundida, preguntándose que significaba aquello que le acaba de decir, que que tipo de orden era la que le acababa de dar, "violet, por favor vive, vive con todas tus fuerzas", un hilo de sangre escapo de mis labios, ya no quedaba tiempo, "por favor, vete".
con las ultimas fuerzas que me quedaban y apoyándome contra la pared que quedaba aun, me puse de pie, "¡VETE!" grité, antes de desaparecer con los escombros.
no olvidé nunca esa mirada en su rostro cubierto de lágrimas, fui el primer espectador en el nacimiento de uno de sus primeros sentimientos, o eso quería intentar creer.
"Escríbeme, cuando te preguntes donde estoy"
