CAPÍTULO 1

UN REENCUENTRO INESPERADO

La silla crujió ante su peso como si se quejara por el mal trato a la que la exponía últimamente, y quizás tenía motivos suficientes para quejarse pues últimamente no hacía más que patearla cuando se dejaba llevar por la frustración. La investigación del asesino serial de omegas estaba consumiendo hasta el último resquicio de su cordura. Aún no entendía los motivos que poseía Tomura Shigaraki para cometer aquellos actos tan atroces. Todas las víctimas seguían el mismo patrón: escogía omegas de entre quince y dieciséis años, solteros, que estén pasando por algún problema grave en sus casas que los haga sentir vulnerables, y quizás los únicos rasgos físicos que no podían faltar en cada uno eran pecas en el rostro, ojos verdes, y quizás el más importante, tenía que ser un omega varón. Cada víctima había sido encontrada con el mismo estilo de vestimenta: como si fueran muñecas de porcelana, presentaban signos de tortura, heridas profundas por todo el cuerpo, ahorcamiento y finalmente violación. Para Katsuki resultaba realmente desgarrador imaginarse el terror que cada víctima pasaba para finalmente morir cuando apenas comenzaban a vivir. Para su desgracia, el asesino estaba siendo demasiado astuto. Llevaba quince víctimas confirmadas y estaba seguro de que seguirían encontrando más si no conseguían detenerlo, sobre todo porque parecía disfrutar mucho con cada asesinato. Que el asesino haya incluido su firma en cada cuerpo, era una clara burla hacia todo el cuerpo policiaco porque se tomaba su tiempo para grabarlo en la piel de sus víctimas con algún tipo de arma blanca que aún no conseguían identificar. Se divertía incluso buscando un lugar diferente para ponerla.

— ¡Bakugo, saca tu trasero de esa silla! ¡Tenemos algo realmente importante! — Kirishima Eijiro, compañero inseparable de Bakugo desde que eran estudiantes en la academia de policía de Musutafu, entró a la oficina de su compañero con una expresión alarmada. Algo que no sorprendía a Bakugo, pues sabía que su amigo solía dramatizar demasiado las cosas. Era del tipo de persona que lloraba incluso ante una telenovela cursi de amor.

Tomando las cosas con más calma, Bakugo se le quedó mirando al pelirrojo sin mucho interés mientras intentaba acomodar las carpetas y documentos que se encontraban desordenados sobre su escritorio. — Eijiro… si lo que sea que traes entre manos no tiene nada que ver con la detención del asesino de omegas, entonces por favor vete. He tenido un día de mierda y lo único que quiero ahora es beber un par de tragos antes de ir a casa. Además, mi turno ya ha terminado.

— No. Lo que tengo que decirte no tiene que ver con la detención del asesino. — Respondió con una enorme sonrisa en sus labios. Se acercó hasta el escritorio de su amigo y con las palmas de sus manos, golpeó la superficie del escritorio aún con el entusiasmo dibujado en su rostro. — Pero sí tiene que ver con él. Encontramos otra víctima.

Katsuki frunció su ceño y chasqueó la lengua con molestia. — ¿No puede esperar para mañana la investigación? En serio preferiría marcharme antes de agregar otra fotografía a ese pizarrón de un pobre omega asesinado.

— No estás entendiendo Bakugo. — Con desesperación, Eijiro tomó al rubio por el brazo y lo jaló para que saliera de la oficina. Bakugo apenas tuvo tiempo de agarrar su gabardina antes de salir de la oficina en medio de trompicones y maldiciones hacia su amigo. — Encontramos a otra víctima, pero viva.

— ¿Qué dices? — Katsuki se soltó de su amigo, pero no dejó de caminar a su lado. La chispa del entusiasmo floreciendo dentro de su pecho. Su corazón comenzó a latir con desesperación ante la expectativa. Había estado esperando que el criminal cometiera un error, pero se habían sacado la lotería si el bastardo había cometido un error tan descomunal. La adrenalina comenzó a bombear en su torrente sanguíneo, no creyendo la suerte que tenían.

— No entiendo muy bien qué pasó. — El semblante de Kirishima se tornó serio de repente y apretó sus manos en dos puños, molesto. — Tal parece que el asesino no se percató que esta víctima en especial seguía con vida cuando se marchó.

— ¿Quieres decir que… ese chico…? — La bilis comenzó a subir por la garganta del rubio y estuvo a punto de vomitar ante la idea. Agradecía no haber cenado aún.

— Sí… presenta signos de tortura, heridas por todo el cuerpo, ahorcamiento y fue violado. — Bufó con fastidio no creyendo que pudiera existir alguien que fuera capaz de realizar actos tan atroces como esos y continuar viviendo tan tranquilo como si nada hubiera pasado. — Perdió mucha sangre, pero en contra de todo pronóstico, ha logrado sobrevivir. Está grave. Los doctores no dan muchas esperanzas, pero si ese niño lo consigue, sería nuestro primer golpe de suerte desde que toda esta pesadilla comenzó. Uno que tal vez nos conduzca al paradero de ese bastardo, o mínimo, nos ayude a comprender quién podría ser su siguiente víctima.

Bakugo asintió mientras se subía al coche de su amigo por la puerta de copiloto. Colocándose el cinturón de seguridad, observó de reojo a su amigo con una sonrisa amenazante. — No cantemos victoria tan pronto, primero veamos cómo está nuestra víctima y decidamos sobre eso.

— Tenemos que atrapar a ese hijo de perra, Bakugo. No podemos permitir que siga saliéndose con la suya. — Kirishima apretó con sus manos el volante, mirada puesta siempre hacia el frente y acelerando para poder llegar lo antes posible al hospital central de Musutafu.

— Lo haremos, pelos de mierda. Lo haremos. — Porque Katsuki Bakugo no tenía ninguna duda al respecto de que lo harían y cuando lo hicieran le harían pagar por cada una de las víctimas.

El sonido constante del monitor de signos vitales era lo único que rompía con la quietud de aquella habitación de hospital, que horas antes había estado llena de todo tipo de médicos, especialistas y enfermeros con una misma misión: preservar con vida al joven que yacía tendido inconsciente sobre aquella fría cama. En contra de cualquier pronóstico había sobrevivido no solo a su atacante, sino también a las tres operaciones de emergencia a las que había sido sometido para reparar los órganos internos que se encontraban dañados a causa de los golpes y heridas infligidas en un cuerpo, que lleno ahora de una gran cantidad de cables, parecía tan pequeño.

Los cabellos verdes de aquel desdichado joven se encontraban esparcidos de manera descuidada y eran apenas visibles gracias a la venda que cubría la mayor parte de su cabeza, y mitad de su rostro. El ojo que estaba libre de las vendas se encontraba inflamado y de un tono que era una mezcla de rojo y morado. Sus dos brazos habían sido enyesados luego de la reconstrucción que habían sufrido. Los doctores no estaban muy seguros si aquel omega iba a poder recuperar la movilidad de los brazos al cien por ciento. Lo mismo pasaba con su pierna derecha, que en esos momentos se encontraba completamente inmovilizada por un cabestrillo. Debido a la violación, los doctores apenas pudieron reparar los desgarres internos ocasionados por el acto, pero eran optimistas respecto a que el joven pudiera tener una vida sexual normal, o lo más normal posible.

La puerta de la habitación se abrió dejando el paso a las dos enfermeras de turno que se encargaron de administrar al chico todos los medicamentos necesarios para que su tratamiento continuara siendo favorable. Registraron los posibles cambios y al final les fue imposible no mirar al niño con una sonrisa triste.

— ¿Crees que se recupere, Tsuki? — La pregunta quedó flotando en el aire por un momento mientras ambas registraban en sus tabletas los signos vitales del chico.

— No lo sé, Megumi. Espero que sí. Aunque le esperará otro infierno cuando lo haga. — Megumi dejó escapar un suspiro resignado.

— ¿Aún no sabemos su nombre? — De forma inconsciente Tsuki dejó una sutil mejilla sobre la mejilla expuesta. — Va a necesitar mucho apoyo para salir adelante.

— No. Aún no sabemos nada, pero vendrán un par de investigadores, quizás ellos puedan dar pronto con la identidad de este joven.

— Ojalá… aunque lo harán recordar el infierno que seguro pasó. — Tsuki frunció el ceño. Ella recientemente había sido madre así que ver a alguien tan joven en tan mal estado y ser consciente por lo que pasó le provocaba un dolor en el corazón. — Es tan sólo un niño. ¿Te imaginas cuando sus padres se enteren? No hay nada peor para un padre que ver a sus hijos sufrir.

La mano de Megumi se posó sobre el hombro de Tsuki a modo de consuelo y asintió. — Entreguemos el monitoreo y terminemos con nuestra ronda.

Megumi se marchó, pero Tsuki decidió quedarse un poco más. Cuando se supo sola, se inclinó sobre el frágil cuerpo del chico y besó de manera fraternal su mejilla. — Lo estás haciendo bien. Resiste. No le des el gusto a ese desgraciado. Vive.

El silencio que se instaló en el interior del auto luego de aquel intercambio de palabras que habían tenido tanto Katsuki como Eijiro acerca de los últimos detalles del caso del asesino de omegas, fue hasta cierto punto relajante. Ambos estaban acostumbrados a dichos silencios, ya que de cierta manera les proporcionaba un momento para poder organizar sus ideas, para saber cómo actuar con la información que tenían y también para relajarse. Katsuki observaba el pasar de la ciudad mientras su amigo continuaba manejando. A veces le sorprendía como las personas que se topaban reían, se divertían y convivían, ignorando que en algún otro punto en la ciudad alguien no lo estaba pasando tan bien. La dualidad en Musutafu le resultaba hipnotizante.

— Pensé que hoy pasarías la noche con Denki. — Bakugo se estiró con cierta pereza, decidiendo romper de una vez por todas el silencio entre los dos. Que su amigo mantuviera una relación con un omega ya era una sorpresa, pero que esa relación ya hubiera durado seis meses era un enorme avance.

— Iba. Pero tuvo que ir a visitar a su madre. Aparentemente enfermó y fue a ayudar a su padrastro con sus hermanos pequeños. — Katsuki no pudo evitar mirar de reojo a su amigo y esa sonrisa tranquila que siempre se le dibujaba en el rostro cuando hablaba de su pareja.

— Vaya. Sí que te pegó duro el enamoramiento, ¿ah? — Katsuki sonrió burlón ante el sonrojo en las mejillas de su amigo. — Pensé que permanecerías soltero de por vida.

— ¡Oye! — Aprovechando el alto que le brindó un semáforo al ponerse en rojo, el pelirrojo pudo golpear con suavidad el costado de su amigo. — Pues me va muy bien con Denki, gracias por preguntar. —De manera infantil, Kirishima le sacó la lengua a su amigo. — La verdad… es que estoy planeando proponerle que vivamos juntos cuando vuelva de la casa de su madre.

Los ojos de Bakugo se abrieron de par en par, sorprendido por la revelación. Se quedó en silencio por un momento pues se había quedado sin palabras. Después, estiró su mano para revolver el cabello ajeno. — ¡Felicidades, pelos de mierda! Por fin alguien pudo domarte.

Kirishima se rio con suavidad pues sabía que esa era la manera que tenía su amigo de darle ánimos. — Gracias. — Respondió con una radiante sonrisa. — ¿Y tú? ¿Cuándo comenzarás a sentar cabeza? Eres el alfa más codiciado de toda la estación de policía, ¿lo sabías?

Katsuki le restó importancia al tema con un ligero movimiento de su mano. — No tengo tiempo para eso, mi meta siempre ha sido convertirme en el mejor investigador de todo Musutafu y lo conseguiré después de que atrape a ese bastardo asesino.

Kirishima negó con suavidad ante las palabras de su amigo, decidiendo no insistir en el tema pues sabía que Katsuki Bakugo realmente era un terco respecto a su soltería. Además, no importaba si atrapaba o no a ese asesino serial, a sus veintiséis años era el mejor investigador de toda la estación de policía de Musutafu. Seguido muy de cerca solo por Shoto Todoroki de la estación de policía del distrito de Hosu.

— Llegamos.

Fue toda la respuesta de Kirishima. Bakugo observó el edificio de cinco pisos que integraban al hospital de Musutafu antes de abrir la puerta del auto y salir. Se sentía realmente ansioso, como si lo que le deparara al cruzar por aquellas puertas de cristal fuera capaz de cambiar su vida para siempre.

— Vamos.

Con determinación, ambos agentes entraron al edificio sin saber con qué noticia se encontrarían al entrar.

La jefe de enfermeras, una mujer de mediana edad claramente alfa por sus facciones severas los guio hasta la oficina del médico de cabecera del caso del niño al que hasta ahora consideraban como un chico milagro. El aroma a antiséptico nunca había sido el favorito de Katsuki Bakugo. De hecho, odiaba los hospitales con su color blanco infinito y monótono. Agradecía que su sistema inmunológico fuera bastante resistente pues las veces que había tenido que visitar un hospital las podía contar con los dedos de una sola mano y le sobraban.

— El doctor Himura los atenderá en cuanto salga de cirugía. No debe de tardar.

Y sin más la enfermera se marchó dejando tanto a Kirishima como a Bakugo a solas en aquella oficina. Mientras Kirishima decidió sentarse en una de las sillas ubicadas enfrente del escritorio, Bakugo se dedicó a dar una revisada a los cuadros dispuestos por toda la habitación con cierto aire enfadado. Ahora que tenían una clara pista sobre cómo poder atrapar a aquel asesino, los ponían a esperar. Aquel doctor contaba con varios títulos y reconocimientos en diversas áreas médicas, en su poco análisis casi podía afirmar que se trataba de alguien muy inteligente, pero la usencia de cuadros familiares solo le decía que no tenía mucho tiempo libre y que se dedicaba solo a su profesión. Aunque eso no le daba un perfil claro del hombre en cuestión. Tampoco es como si importara realmente.

— Parece ser un buen doctor.

Murmuró con voz baja el rubio mientras leía con poca curiosidad cada uno de los reconocimientos nada más para pasar el rato.

— Gracias por el cumplido, agente.

Bakugo dio un respingo cuando la puerta fue abierta una vez más y a través de ella entraba el médico que se encontraba en las fotos de cada título y reconocimiento. Kirishima se puso de pie y le tendió la mano cuando el doctor se sentó en su silla.

— Mucho gusto, doctor Himura. Mi nombre es Eijiro Kirishima y este es mi colega Katsuki Bakugo. Ambos llevamos el caso del asesino de omegas. — Bakugo asintió decidiendo sentarse a un lado de su compañero, pero sin dejar de mirar al médico en todo momento. — Nos comentaron que trajeron a este hospital al chico sobreviviente.

— Efectivamente. — Mencionó después de estrechar la mano del hombre pelirrojo, suspirando con ligereza cuando el saludo terminó. — Si tengo que ser sincero, es el caso más duro que me ha tocado atender en mis veinticinco años de servicio. La crueldad a la que fue sometido ese pobre muchacho… no me explico todavía cómo fue que sobrevivió.

— ¿Cómo se encuentra ahora? — Preguntó Bakugo después de un momento de simplemente estar escuchando la conversación entre su amigo y el doctor.

— Estable. — Respondió el doctor, sacando el expediente del menor y que después compartió con los agentes. — Pero aún no está fuera de peligro. Tiene varias costillas rotas. Algunas astillas de las costillas perforaron los pulmones. Las laceraciones en su cuerpo provocaron que perdiera mucha sangre. Ambos brazos estaban rotos en tres diferentes partes, al igual que su pierna derecha, aún no podemos afirmar si recuperará la completa movilidad de esas extremidades. Sufrió demasiados desgarres internos a causa de la violación a la que fue sometido. Sufrió un golpe contundente en la cabeza, sospechamos que quizás gracias a algún tipo de garrote y casi pierde el ojo izquierdo, y aunque se lo salvamos no estamos seguros de que pueda recuperar la completa visión de ese ojo en su totalidad.

Katsuki palideció ante el resumen de la condición del muchacho y estaba seguro de que estaba omitiendo los detalles más escabrosos. — ¿Y sigue con vida? — Susurró después de un momento mientras observaba de reojo a su amigo. Parecía que vomitaría de un momento a otro.

— A penas. — Concordó el médico y después suspiró. — Lo hemos inducido en coma para que su organismo pueda relajarse y recuperarse más rápido. Sin embargo, debo hacer énfasis en que no estamos seguros de que se vaya a despertar. Pacientes con ese tipo de trauma no son capaces de resistir por mucho tiempo. El único factor que tiene a su favor es su juventud. Las siguientes veinticuatro horas serán cruciales. Lo único que nos queda claro es una sola cosa: este chico peleó hasta el último momento.

Bakugo asintió, considerando todas las opciones que tenían. Volteó a ver a Kirishima cuando sintió su mirada y volvió a asentir en su dirección. —¿Podemos verlo? — Preguntó finalmente dirigiendo su atención una vez más al doctor.

— Claro. Supongo que pueden hacerlo, pero solo por cinco minutos y uno de ustedes nada más. — El doctor se levantó con cansancio y después se dirigió a la salida de su oficina. — Sólo les pido que quien vaya a entrar no perturbe al paciente de ninguna manera. En estos días resultará crucial mantenerlo estable sin ningún tipo de alteración.

— Delo por hecho, doc. — Respondió finalmente Kirishima uniéndose al fin a la conversión mientras avanzaba con pasos tranquilos junto a su amigo. Ninguno habló después hasta que llegaron a la habitación del muchacho.

Tener que vestirse de aquella manera le resultaba fastidioso, aunque entendía que era necesario para preservar la integridad del paciente. Bakugo sabía que Kirishima hubiera querido entrar a aquella habitación en su lugar, pero le había dedicado tanto tiempo al caso del asesino de omegas que hizo todo lo posible por ser el primero en ver al único sobreviviente de ese hijo de perra. Tenía que asegurarse que siguiera con vida y que se salvara para que por fin pudieran ponerle un alto a una de las peores escorias que habían sido capaces de pisar la faz de la tierra. Además, no era capaz de explicarlo, pero desde que habían entrado al hospital el mal presentimiento que había estado rondando su mente, se intensificó.

Ese mal presentimiento se volvió casi doloroso en cuanto cruzó la puerta de la habitación en donde se encontraba aquel chico y la cerró a sus espaldas. No sabía qué era lo que le pasaba. Ya había visto demasiadas cosas aterradoras como agente de policía, desde muertes incomprensibles como familiares desconsolados. Sin embargo, aquello iba más allá de un simple temor por ver la condición de quien estaba peleando tan furiosamente contra la muerte para continuar con vida. Ni siquiera era capaz de acercarse a la cama. Desde donde estaba no podía apreciar la identidad del joven aun, pero estaba seguro de que debería de ser considerado un pecado que alguien tan pequeño estuviera en aquella cama tan grande y conectado a un montón de máquinas que no hacían más que emitir un ruido desquiciante.

— No seas cobarde, no tienes mucho tiempo para estar aquí. Acércate. Trata de ver si puedes identificarlo con las cosas que han traído y dejado en la mesa. Muévete. — Bakugo bufó, molesto consigo mismo para finalmente acercarse a la cama.

Pero como si estuviera retrasando cada vez más el momento, desvió sus pasos hacia la mesa para revisar lo que se encontraba dentro de una bolsa negra. Más allá de un cuaderno, lápices y colores, no había nada más que le dijera algo acerca de la vida de aquel joven. Tampoco es que esperara la gran cosa. Estaba seguro de que de ser el asesino no dejaría pistas que resultaran tan fáciles de rastrear.

Resignado, se acercó de nueva cuenta a la cama para revisar por sí mismo el estado del paciente, recordando cada una de las recomendaciones que el doctor les había dicho conforme su mirada se paseaba por aquel delicado cuerpo. Pero cuando sus ojos se posaron en el rostro del chico, retrocedió por completo asustado. Aquel rostro podía estar casi cubierto por vendas, pero sabía que le conocía. Había visto ese rostro muchas veces cuando había sido niño, tenía que ser él. Se permitió olfatear la habitación en un acto desesperado de desacreditar lo que sus ojos veían. Por primera vez en toda su vida deseaba equivocarse, pero como siempre, había acertado: en medio de todo el aroma a antiséptico y medicamentos, podía detectar el tenue aroma a cítricos y fresa emanando de aquel cuerpo. Su corazón se contrajo de dolor y su lobo aulló en una mezcla de enojo, desesperación e incredulidad ante el estado de aquel joven omega.

— Izuku…

Susurró llevando su mano a su boca para acallar el grito desgarrador que amenazaba por querer salir sin su permiso, sin importar si lastimaba su garganta. No podía creer que se tratara del mismo chiquillo que lo había seguido hasta el cansancio durante su infancia. Al menos hasta que entró a la universidad y se mudó a la ciudad. Tenía años que no lo veía, ni siquiera sabía que estuviera en Musutafu.

Salió de la habitación solamente cuando la enfermera le ordenó retirarse, recordándole que estaba estrictamente prohibido alterar de cualquier manera el estado del paciente, sobre todo porque estaban en las horas más críticas. Cuando se encontró a su amigo no le hizo caso, sino que siguió de largo hasta que encontró el primer baño. Kirishima le llamó, pero fue ignorado por completo, el objetivo de Bakugo había sido entrar al baño, caer de rodillas ante el primer retrete y vomitar toda la bilis que le había provocado aquella visión de su antiguo amigo en tan malas condiciones.

Kirishima le dio el espacio suficiente para que se recuperara de lo que sea que le estuviera pasando, pero no pudo evitar mirarle con preocupación mientras observaba la forma en la que el rubio se echaba agua en el rostro una vez que se recuperó y se levantó. Katsuki Bakugo nunca se alteraba ante ningún caso, sin importar qué. — Bakugo, ¿estás bien?

Katsuki observó a su amigo a través del reflejo del espejo que estaba enfrente de él. Si le decía a su amigo que conocía a aquel chico, lo sacarían del caso y ahora más que nunca necesitaba seguir en él. — Escucha bien Kirishima, a partir de este momento ese paciente será nuestra mayor prioridad. — Ignoró por completo la pregunta de su amigo, desechando la sorpresa que se reflejaba en su mirada. — Deberá estar protegido. Quiero que haya alguien vigilando esa habitación y que no permita que nadie, además de nosotros, y el personal médico registrado, tenga acceso. ¿Me entendiste?

Kirishima abrió la boca para decir algo, pero al cabo de unos minutos la volvió a cerrar, asintiendo en su lugar ante las órdenes del rubio. Después de todo, aunque eran amigos, el rango de Bakugo en la agencia de policía era mayor que la de él. — Haré los ajustes necesarios para que todo se cumpla al pie de la letra.

— Si ese bastardo se da cuenta de su error, no dudará en intentar acercarse para terminar con lo que dejó pendiente. Eso no puede pasar, ¿quedó claro? — Siguió el rubio, aunque sabía que era poco probable que el asesino se acercara a un lugar donde sabía que podía ser descubierto, pero no estaba dispuesto a arriesgarse. — Vamos a proteger a ese niño de ese monstruo a como dé lugar.

Kirishima arqueó su ceja ante tales palabras. No es que no fuera a cumplir con ese mandato, de hecho, debería de ser algo implícito. Lo que no entendía era porque las feromonas de Bakugo olían tan agrías. Nunca le había visto tan alterado por un caso. Algo había pasado en aquella habitación que Bakugo no quería aceptar. — Sí, no te preocupes. Nadie entrará o saldrá de esa habitación sin que lo sepamos.

Bakugo no mencionó nada más, se quedó viendo su reflejo apenas conteniendo las ganas que tenía de gritar. Su lobo estaba furioso porque no solo había reconocido a Izuku, sino que estaba sufriendo por el dolor de quien había proclamado como su omega desde hacía mucho tiempo, pero que había ignorado de forma premeditada. Una de las principales razones por las que había decidido marcharse de Shirakawa había sido principalmente por la fuerte atracción que estaba desarrollando por un niño que era diez años menor que él. Haberlo encontrado de nuevo y bajo condiciones tan deplorables, no había más que desatado lo que se había propuesto a enterrar en lo más profundo de su corazón por años. Pero también se sentía inmensamente culpable pues no había sido capaz de protegerlo de la maldad que existía en el mundo.