CAPÍTULO 3

IRA

Una de las cosas que Denki más disfrutaba de la compañía de Eijiro era la delicadeza con la que lo trataba. No solo le hacía sentir amado, sino que siempre se aseguraba de demostrarle lo valioso que era para él. Por lo regular siempre le dejaba sintiéndose tan feliz, que a veces tenía miedo de perder lo único bueno que le había pasado desde la muerte de su padre. Su ojo al fin se había desinflamado, gracias a las atenciones del pelirrojo, y aunque aún dolía, no podía importarle menos mientras Eijiro se aseguraba de robarle hasta el último gramo de aliento con sus besos. Desde pequeño siempre había leído novelas rosas con finales felices, en donde el príncipe o princesa omega encontraba a su destinado, lo rescataba del mal y finalmente podían vivir juntos. Aquello era un simple sueño de niños, lo sabía, pero era algo que siempre había anhelado con todo su corazón. Todos los alfas que había conocido siempre querían lo mismo: llevarlo a la cama, incluido su padrastro. Pero Eijiro había sido diferente desde el primer momento en el que lo conoció. Recordaba aún entre risas la manera tan tonta en la que había tartamudeado al verle entrar a la cafetería cerca de la estación de policía donde trabajaba, sinceramente no le había entendido nada de lo que le había dicho, pero verle todo sonrojado y avergonzado por partes iguales le había derretido el corazón. Una forma de ser demasiado tierna, algo contradictoria para un alfa alto y fornido, pero que tenía el alma más pura que Denki había conocido.

Por eso, cuando Denki consiguió escapar de las garras de su padrastro, su primer pensamiento había sido llegar hasta donde se encontraba su pareja. El único lugar que consideraba como seguro, y en donde sabía podía encontrar el consuelo que tanto necesitaba. Sentirse rodeado del aroma a menta y chocolate, le nublaba la mente y le impedía pensar en nada que no se tratara de Eijiro haciéndole estremecer con cada uno de sus roces. Eijiro era tan diferente a todos los que había conocido, que no dudaba en respetar sus límites por más que resultaba evidente que deseaba con todas sus fuerzas cruzarlos mientras se encontraban abrazados, estando tan juntos como era humanamente posible. Dios, en verdad lo amaba tanto. Por eso odiaba tener que separarse después de esa sesión de besos tan magnífica mientras se encontraban recostados en la cama del pelirrojo, pero el dolor en su labio cada vez era más difícil de ignorar.

— Auch… — Susurró Denki apenado por tener que separarse un poco del rostro de su novio. Sus mejillas teñidas de aquel sonrojo que tanto le gustaba al pelirrojo.

— ¡Lo siento! ¿Te lastimé mucho? — Eijiro enmarcó el rostro del joven para poder examinar el labio de su pareja que de nueva cuenta comenzaba a sangrar.

— E-Estoy bien, Eiji. — Susurró una vez más el rubio, quien sintió arder su rostro hasta la punta de sus orejas cuando sintió la lengua de su pareja recorrer la zona herida, curando con su saliva de manera bastante similar a la forma en la que un alfa curaría la marca de enlace del cuello de su omega. El rubio se estremeció con ligereza.

— Olvidé por completo la herida. Perdón, corazón. — Kirishima le sonrió con cariño a su omega al notar su timidez ante el mote, recargando después su frente sobre la ajena sin soltar su rostro. — Denki… no quiero presionarte, pero sabes que puedes contar conmigo para lo que se te ofrezca, ¿verdad?

Denki llevó sus manos sobre las de su novio que aún enmarcaban su rostro y sonrió con cariño. — Lo sé. Gracias.

Sin previo aviso, Kirishima soltó el rostro de su pareja para poder recostarse encima del chico, pero sin recargar todo su peso al apoyar sus brazos sobre el colchón de la cama. — ¿Te quedarás esta noche? — Susurró el pelirrojo directamente en el oído de su novio, el cual mordió con ligereza cuando terminó de hablar.

Denki suspiró con un ligero estremecimiento recorriéndole por completo ante la mordida proporcionada. — ¿Puedo? —Susurró también en respuesta el rubio mientras inclinaba su cuello con ligereza al sentir que los labios del pelirrojo comenzaban a recorrer aquella zona.

— Claro que puedes. — Eijiro sonrió amplio, aferrando el cuerpo de su pareja en un abrazo que lo pegó aún más a su cuerpo. — ¿Por qué no te mudas conmigo, corazón? — El pelirrojo cerró sus ojos al inhalar con fuerza cerca de la glándula de su chico, embriagándose con ese aroma a arándanos que tanto le gustaba. Tuvo que obligarse a controlarse al escuchar el ligero jadeo que dejó escapar su novio.

— ¿M-Mudarme? — Preguntó extasiado el rubio mientras intentaba mantenerse lúcido en medio de todas aquellas atenciones.

— No sé si lo has notado, Denki… pero como que estoy locamente enamorado de ti. — Bromeó un poco al apartarse un tanto a regañadientes del origen de aquel delicioso aroma. Sin embargo, cuando pudo observar el rostro de su amado, lo hizo con seriedad y sinceridad. — Eres mi omega y quiero ser tu alfa. — Continuó en aquel tono demandante que no dejaba espacio a la duda, pues quería que Denki supiera que iba en serio con él. — Te he cortejado… aunque Bakugo me sigue diciendo que soy un idiota desastroso haciéndolo, pero lo he hecho porque deseo que te des cuenta de que mis intenciones son serias contigo. Quiero una vida a tu lado, Denki Kaminari. Vivamos juntos.

— Y-Yo…

Cualquier respuesta que Denki estaba por decir se vio interrumpida cuando el celular de su pareja comenzó a sonar con insistencia a pesar de que al principio Kirishima intentó ignorarlo. El pelirrojo le sonrío con cariño a su pareja mientras se levantaba, liberando así al rubio.

— Lo siento, parece urgente. Ya vuelvo. — Susurró el pelirrojo luego de besar la frente de su pareja. — Piensa en lo que te dije mientras tanto, ¿está bien?

Denki asintió, pero tuvo que cubrir su rostro con sus manos para que su pareja no fuera testigo de la sonrisa de idiota enamorado que de seguro estaba poniendo. Sobre todo, después de ese beso en la frente que el pelirrojo le había dado antes de salir de la habitación para atender la llamada. No sabía qué había hecho bien para haber conseguido un alfa tan maravilloso como lo era Eijiro Kirishima, pero justo en esos momentos se sentía como el omega más afortunado de todo el planeta.

Afuera de la habitación, Kirishima contestó su celular luego de que la puerta se cerrara a su espalda con suavidad. Que Katsuki Bakugo decidiera hablarle ya era un milagro, pero que insistiera tanto solo podía significar que lo que sea que quisiera decirle era algo realmente importante.

— ¿Bakugo? ¿Qué pasa?

— Toshiro y Takumi me hablaron hace unos minutos. Al parecer el chico consiguió despertar contra todo pronóstico.

— ¿En serio? ¡Eso es genial, Bakugo!

— Sí, supongo que sí. — Katsuki suspiró con ligereza. Kirishima no tenía que ser ningún adivino como para suponer que algo no iba del todo bien y que eso mantenía en un estado de preocupación a su rubio amigo. — Pero tenemos un gran problema. Aparentemente perdió la memoria. Ni siquiera es capaz de recordar su propio nombre. Tal parece que conseguirá sobrevivir, pero esto vuelve a ralentizar la investigación.

— Pero recuperará la memoria en algún momento, ¿no? — Preguntó finalmente el pelirrojo. — El trauma que tiene ese chico es muy grande, su mente solo se está protegiendo, pero eso no puede significar que sus recuerdos no vuelvan para siempre.

— Tal vez… pero… — Kirishima frunció el ceño ante el tono de voz empleado por su amigo. Katsuki Bakugo nunca dudaba o se desanimaba. — No sabemos cuánto tarde en recuperar la memoria, y mientras tanto, ese hijo de perra sigue por ahí libre de hacer lo que le pega en gana. Por otro lado, ¿no sería mejor si ese chico no recuerda todo el infierno que vivió? ¿Sobre todo ahora que tiene una segunda oportunidad de vivir?

— Bakugo, ¿qué es lo que te pasa realmente? Desde que entraste a ver a ese joven has estado actuando bastante extraño.

Bakugo guardó silencio por demasiado tiempo, tanto que Kirishima pensó que no le respondería y simplemente colgaría. Pero le sorprendió un poco cuando volvió a escuchar su voz. — Aún no puedo decirte nada… pero lo haré cuando sea el momento. Lo prometo.

Kirishima suspiró no pudiendo evitar ver la puerta de su habitación como si así pudiera encontrar un poco de calma. Tenía un mal presentimiento referente a toda aquella situación, pero como siempre, confiaba plenamente en su amigo. — Está bien… ¿Qué deseas que haga?

— Ve al hospital. Debemos hablar con el doctor referente a la condición del chico para saber cómo proceder. Yo ya voy en camino.

— Correcto, nos vemos en un rato.

Kirishima suspiró al colgar la llamada y se permitió quedarse un momento a solas en el pasillo para poder ordenar sus ideas. Le pesaba dejar a Denki solo, sobre todo después de cómo había llegado a su casa, pero tampoco podía dejar botado con la investigación a Katsuki. Solo esperaba que aquel mal presentimiento solo fuera eso y no algo que pudiera herir a los que estaban involucrados en el caso. De momento solo podría despedirse de su novio y dirigirse rumbo al hospital. Personalmente esperaba que aquel chico se recuperara plenamente para que en efecto pueda tener la oportunidad de retomar su vida dejando de lado esa amarga experiencia.


El aspecto del hospital en el turno nocturno donde el movimiento del personal era el mínimo, resultaba hasta cierto punto inquietante. Más allá de la aversión que Katsuki sentía por los hospitales, el escalofrío que le recorría la espina dorsal mientras avanzaba por los blancos pasillos no podía ser completamente por el clima frío del lugar. O quizás simplemente se estaba dejando llevar por la paranoia provocada porque era la primera vez que estuvo a punto de perder a alguien cercano por estar involucrado directamente en uno de sus casos. Que ese alguien fuera Izuku lo hacía simplemente más perturbador. Su alfa había estado demasiado inquieto desde el momento en el que descubrió su identidad. Ser consciente de que estuvo a punto de perderle para siempre le había provocado un malestar persistente que parecía no querer abandonar su cuerpo. Se sentía ansioso y perdido por partes iguales. Unos sentimientos a los que no estaba familiarizado en realidad y era precisamente eso lo que lo tenía tan desconcertado. No estaba acostumbrado a no tener el control total de sus emociones.

Katsuki le había mentido un poco a Kirishima cuando le habló por teléfono, pues le había asegurado que iba en camino al hospital cuando lo cierto era que ya se encontraba ahí. Simplemente no había podido evitarlo, pero había salido disparado de su departamento en cuanto Toshiro le había revelado que Izuku había despertado. Ni siquiera lo pensó demasiado, simplemente cuando reaccionó ya se encontraba estacionando su auto enfrente del edificio. Conforme iba avanzando, los latidos de su corazón comenzaban a acelerarse cada vez más. De cierta manera no le gustaba la idea de mentirle a su amigo, pero en serio necesitaba hablar primero con el doctor a solas. Katsuki se permitió cerrar los ojos para poder calmarse un poco y controlar sus feromonas antes de tocar la puerta del doctor Himura.

— Adelante.

La presencia del doctor Himura de cierta manera resultaba relajante. A Katsuki no le sorprendió verlo revisando el historial del peliverde cuando ingresó a la oficina y se sentó directamente en el asiento en donde había estado Eijiro unas horas atrás.

— Lamento hacer que se quede cuando probablemente su turno ya terminó, doctor Himura. — Katsuki suspiró dejando escapar un poco la ansiedad que parecía no querer abandonarlo. — Pero debido a lo delicado de la situación no podemos perder mucho tiempo.

— No se preocupe detective, estoy acostumbrado a largas horas de trabajo. — Respondió con una sonrisa tranquila mientras extendía la hoja de registros médicos del peliverde. Katsuki tomó aquella hoja y la leyó atentamente al mismo tiempo que escuchaba la voz del médico. — El joven está reaccionando bastante bien a los medicamentos, debido a eso pudo despertar. De seguir de esta manera su recuperación es casi un hecho. Va a necesitar rehabilitación física para sus brazos y pierna, pero parece que lo superará. La rehabilitación física podrá iniciarla una vez que su organismo se recupere un poco más. Como dije, será una recuperación que llevará mucho tiempo, pero ahora estoy siendo mucho más optimista.

Katsuki asintió lentamente, fijando su atención una vez más al rostro del médico. — Entiendo. Esas son buenas noticias. — Katsuki se quedó un momento en silencio intentando ordenar sus pensamientos antes de continuar hablando. — Mis agentes me comentaron que el chico no recuerda nada de lo que pasó, ni siquiera su nombre.

— Así es. — El semblante del doctor cambió a una de absoluta compasión. — Es hasta cierto punto normal. El cerebro es bastante sorprendente y es capaz de protegerse cuando recibe daños irreparables.

Aquellas palabras alertaron en demasía al rubio, quien intentó ignorar el dolor que comenzaba a surgir en su corazón de nuevo. — ¿Irreparables? ¿A caso cree que el chico nunca podrá recuperar su memoria?

El doctor suspiró con ligereza y terminó por encogerse de hombros. — No necesariamente, pero el trauma que recibió fue demasiado fuerte. No sabemos hasta qué punto fue torturado o lo que sea que tuvo que pasar o hacer en compañía del asesino. Las heridas de su cuerpo nos pueden dar una imagen parcial de su sufrimiento, pero el resto quedó registrado en su cerebro. Que no recuerde nada es algo que ya había supuesto, es como un mecanismo de autodefensa ante tal nivel de dolor, pero no puedo asegurar si se trata de un daño permanente o temporal. Eso es algo que solamente el tiempo nos lo dirá, y dependiendo de su progreso, se podrían sugerir tratamientos. Entiendo que esto puede afectar en gran medida a su investigación, pero no puedo ofrecerle más respuestas que las que están plasmadas en sus registros, detective.

Katsuki se mantuvo en silencio mientras procesaba toda la información que el médico le estaba proporcionando. Se sentía realmente ansioso, no poder manifestar su preocupación por todo lo que estaba pasando en verdad le estaba resultando agotador. Después, simplemente cerró sus ojos, teniendo que suspirar profundo antes de comenzar a hablar. — El chico se llama Izuku Midoriya, tiene dieciséis años y es originario de Shirakawa. O al menos vivió en ese pueblo desde los seis años.

El doctor le observó con una mezcla de sorpresa y curiosidad por partes iguales. — ¿Pudo investigar todo eso con solo observar al chico por unos minutos? Su rostro aún presenta demasiado daño.

Katsuki negó con suavidad, abriendo los ojos de nuevo para poder mirar una vez más al doctor. — Era mi vecino. No lo había visto desde hacía seis años, ni siquiera sabía que estaba en Musutafu. No podría olvidarlo nunca, su aroma es inconfundible.

El doctor asintió tomando de nueva cuenta el archivo de Izuku para poder tomar notas. — ¿Cuenta con algún familiar a quien podamos contactar?

— Su madre murió hace un año, era su único familiar. Su padre los abandonó antes de que Izuku naciera, o al menos eso es lo que recuerdo. — Katsuki apoyó sus manos sobre el escritorio del doctor para poder acercarse un poco al hombre al inclinarse ligeramente hacia el frente. — Mi madre y su madre eran amigas, doctor Himura en términos prácticos, si tiene que anotar el nombre de algún familiar en su expediente entonces ese sería yo. — Calló por un momento, decirlo en voz alta hacía todo más real y no sabía si estaba preparado realmente para tal responsabilidad. — Pero si permito que haga eso entonces tendré que retirarme del caso y no puedo hacerlo. No hasta que consiga atrapar a ese hijo de perra y pueda evitar que alguien más sufra lo mismo que le pasó a Izuku.

— Ese niño va a necesitar apoyo en todos los sentidos, una vez que se le de alta no podrá estar solo. — Explicó con calma el doctor, sin dejarse inmutar por la presencia de aquel detective. Era evidente que se trataba de un alfa de alto rango. — Necesito en verdad poner su nombre en el expediente.

— Y me haré cargo de hasta el último tratamiento por el que tenga que pasar sin importar los costos. — Katsuki cerró sus manos, formando dos puños con ansiedad sobre el escritorio. — Lo voy a cuidar y proteger de ahora en adelante, de eso no le quepa la menor duda, doctor. Pero necesito seguir en este caso, si mi jefe se entera qué tan cercano soy al único testigo de ese asesino no me dejará continuar y ahora más que nunca necesito seguir. — Katsuki tragó con dificultad para deshacer el nudo que amenazaba por volver a formarse en su garganta. — Se lo estoy suplicando doctor, permita que siga dentro del caso, y al mismo tiempo, deje que me haga cargo de Izuku y su recuperación. — Y Katsuki en verdad no era del tipo de persona que suplicara por algo.

El doctor suspiró profundo mientras se cruzaba de brazos, meditando las opciones que le estaba ofreciendo el detective. — Este ha sido un caso atípico desde el principio. — Reflexionó después de un momento. — Pero siendo prácticos, quizás ese niño pueda recuperarse más rápido con la presencia de un ente familiar, aunque lo más probable es que no lo recuerde. — El doctor frunció el ceño mientras otra idea se formaba en su mente. — De hecho, es una teoría más que otra cosa, no podría confirmarlo aún, pero quizás esta milagrosa recuperación se debió a su presencia, detective.

— ¿A qué se refiere? — El rubio se recargó una vez más en la silla, sintiendo de nueva cuenta su corazón latir tan desenfrenado. Aquellas palabras lo habían dejado desconcertado.

— A veces el contacto con las feromonas entre parejas destinadas puede dar como resultado el reforzamiento de ciertas cualidades. — Continuó el doctor con calma. — Algo similar a lo que ocurre en los embarazos omegas donde la presencia del alfa es indispensable para que todo transcurra sin problema alguno. Si tomamos en cuenta ese concepto, no importa que el chico no le recuerde directamente, pero su omega pareció reconocerlo de alguna manera y se siente bien ante la presencia de su alfa.

Katsuki se removió un poco inquieto por las palabras del doctor. Carraspeó con ligereza para intentar ahuyentar el repentino calor que comenzó a sentir sobre sus mejillas. — E-Él y yo no somos… es decir… soy mayor que el diez años. Solo lo cuidaba cuando era niño y su madre tenía que trabajar.

— La edad no es un factor crucial entre castas y lo sabe, detective Bakugo. Sobre todo, en caso de las parejas destinadas — El doctor suspiró con suavidad. — De momento lo apoyaré en no decir nada acerca de su relación con el joven y le concederé un permiso especial para poder cuidar de él, de alguna manera creo que es mejor ocultar su identidad para protegerlo de lo que sea que le pudiera deparar el futuro mientras ese hombre continue en libertad. Solo le recomiendo que no fuerce las cosas, permita que sea el propio chico quien vaya redescubriendo quién es. También es posible que desarrolle algún trauma por lo sucedido, en especial hacia los alfas.

— Gracias. — Susurró Katsuki no sabiendo cómo sentirse respecto a las palabras del doctor. De repente se sentía como si fuera aquel adolescente que había estado nervioso y confundido por partes iguales en presencia de aquel pequeño omega.

Cuando Kirishima llegó también a la oficina del doctor, Katsuki seguía demasiado impactado por todo el cúmulo de sensaciones que lo estaban envolviendo, pero, aunque aún se encontraba como en una especie de trance, le explicó al pelirrojo a grandes rasgos la situación, no ahondando en su relación personal con el peliverde. Kirishima observó a Katsuki extrañado de su repentino interés por querer resguardar personalmente a aquel joven, nunca se involucraba de más en un caso, sin embargo, no mencionó nada al respecto intuyendo que ahí existía algo más que su amigo aún no le quería compartir.


Adoraba las rutinas. Le gustaba demasiado mantener el control de la situación sin importar que se tratara de algo tan insignificante como lo era lavarse los dientes. A las seis de la mañana abría los ojos, se quitaba el pijama, la doblaba con calma y la dejaba sobre la mesa de noche. A las seis con cinco minutos tendía su cama, al terminar, justo cuando daban las seis con diez, se ponía a hacer sus ejercicios matutinos hasta que daban las seis con cuarenta minutos. Luego se daba una ducha rápida de quince minutos. A las siete con treinta ya se encontraba desayunando su tazón de avena, pan tostado y café sin azúcar. A las ocho salía de su casa para tomar el colectivo de las ocho y quince que lo llevaría por cuarenta minutos hasta su trabajo en donde checaba su turno a las nueve. Así comenzaba su jornada laboral que terminaba a las cinco en punto de la tarde. Después de eso, se dirigía una vez más a su casa donde repartía el resto de sus actividades con un horario ya establecido: preparar la cena, preparar sus cosas para el día siguiente, darse un baño, comer su cena, lavarse los dientes y leer los periódicos locales en la sala hasta que el reloj marcaba las diez de la noche, hora que dedicaba para irse a dormir. El ciclo de aquella rutina se reiniciaba al día siguiente donde absolutamente nada cambiaba.

Quizás podía tener una rutina infalible y perfecta que se encargaba que todo en su vida funcionara de manera adecuada, pero lo que más disfrutaba de ella era sentarse en el viejo sillón de su sala para poder leer todos los periódicos locales sin excepción porque en ellos podía apreciar sus obras de arte desde la perspectiva de los fotógrafos que se habían atrevido a inmortalizar sus hazañas. No podía evitar sentir una enorme excitación al analizar cada enfoque tomado con extremo cuidado y leer con detalle la descripción que el reportero le daba a la nota. Una nota que después se aseguraba de recortar para poder incluirla en su "diario de progresos", que más que diario era un almanaque de perfección. Por eso, cuando ya llevaba un par de días comprando sus periódicos habituales y no había encontrado ninguna noticia que ilustrara su última obra de arte, una ira desconocida comenzó a fluir a través de su torrente sanguíneo como lava hirviente. ¿Cómo se atrevían esos imbéciles a ignorar su obra maestra? Sobre todo, cuando había dedicado todo su esfuerzo en moldear su nueva muñeca de trapo. ¿Cómo podían no tomar en cuenta algo tan sublime? Sobre todo, cuando aún era capaz de sentir el placer que lo había recorrido después de quebrar los huesos de ese peliverde pecoso, de recorrer su cuerpo completo con sus manos, de marcarlo mientras gritaba implorando por una piedad que nunca le otorgó. ¿Por qué se atrevían a menospreciar tan hermoso ejemplar? Ese aroma a cítricos y fresas tan amargo lo había embriagado lo suficiente como para querer estrellar su rostro una y otra vez contra el frío piso hasta casi romperle el ojo. Incluso se había asegurado de reventarle las entrañas al ultrajarlo con toda la furia que sentía mientras lo ahorcaba. Había disfrutado mucho de los inútiles intentos que había hecho su juguete para intentar escapar, mientras se aseguraba de apuñalar una y otra vez el cuerpo de ese miserable omega. Simplemente la había transformado en su muñeca de trapo perfecta. Se levantó del sillón, tomando todos los periódicos con furia, arrugándolos en el proceso. Luego se dirigió con pasos fuertes y firmes hacia el sótano.

— ¿Cariño todo bien?

El hombre se detuvo en seco al escuchar la voz de su abuela. Cuando se giró lentamente para verle, lo hizo con una gran y tranquila sonrisa.

— Por supuesto que sí, abuela. Voy al sótano a continuar con mi proyecto, pero saldré cuando sean las diez de la noche, ¿está bien?

— Claro, no vayas a terminar muy tarde. — La señora se acercó para depositar un pequeño beso sobre la mejilla de su nieto y luego se retiró a su habitación con toda la lentitud con la que una persona de noventa y siete años puede ser capaz de poseer.

Después de unos minutos en donde se aseguró de que su abuela no regresara, abrió la puerta del sótano y bajó las escaleras luego de asegurarse de cerrar con seguro. Al llegar a su escritorio, arrojó todos los periódicos con furia al suelo maldiciendo incesantemente. La ansiedad comenzando a hacer estragos en todo su ser, tanto que comenzó a rascarse con desesperación el cuello mientras caminaba alrededor de aquel espacio reducido que había habilitado como su pequeño "estudio". Ni siquiera se inmutó cuando comenzó a sangrar del cuello gracias a los rasguños que el mismo se estaba proporcionando. No estaba acostumbrado a que nada se saliera de su control.

— ¿Quién fue el imbécil que se atrevió a no poner absolutamente nada de mi mayor obra de arte? — Con irritación, aquel hombre observó su reflejo en el espejo que tenía colgado a un lado de la entrada y con puñetazo lo quebró. Algunas esquirlas se quedaron incrustadas en la piel de sus nudillos, los cuales comenzaron a sangrar irremediablemente. Estaba furioso. — Haré que sufran todos los que se quieran interponer con mi gran diversión.

Sintiendo la respiración por completo agitada, se arrancó la peluca y la arrojó al suelo también, dejando así en libertad su larga cabellera blanca luego de quitarse la cinta que lo sujetaba. Posteriormente se retiró los lentes de contacto, una acción que le hizo parpadear con irritación, dejando al descubierto el verdadero color rojizo de sus ojos. Odiaba cuando las cosas no salían como ya las tenía planeadas y si aquella noticia aun no salía era porque algo atípico había pasado. Algo que estaba alterando todos sus planes. Algo que definitivamente no podía ignorar hasta conseguir que todo regresara de nueva cuenta a su normalidad. Con un fuerte golpe a la mesa, que la partió a la mitad, aquel extraño hombre sonrío mientras se relamía los labios con malicia ante la expectativa de un posible nuevo reto.


Katsuki se sobresaltó cuando sintió la mano de su amigo posarse sobre su hombro una vez que salieron de la oficina del doctor Himura. Ni siquiera había notado su proximidad hasta que había sido demasiado tarde. Cuando le observó, Kirishima le miraba como si quisiera intentar entrar en su cerebro para averiguar en qué estaba pensando. Katsuki suspiró con ligereza, desviando su atención hacia el pasillo que conducía a la habitación en donde se encontraba Izuku.

— ¿Todo bien, Bakugo? — Preguntó finalmente el pelirrojo al dar un ligero apretón sobre el hombro de su amigo.

Katsuki lo meditó un momento, intentando ordenar sus ideas de por sí ya caóticas. Seguía sintiéndose abrumado por todos esos sentimientos que había estado reprimiendo y que ahora habían resurgido como un maremoto que amenazaba con ahogarlo de un momento a otro. — ¿Podemos hablar más tarde en tu departamento? Te prometo que te explicaré todo.

Kirishima frunció ligeramente el ceño ante la petición pues de manera implícita Bakugo le estaba pidiendo que se marchara porque el hablaría de nueva cuenta con la víctima, sin embargo, al cabo de un momento terminó por asentir. — Está bien, te estaré esperando… y más te vale que en verdad comiences a explicar todo.

— Lo haré. No te preocupes. — Con suavidad se deshizo del agarre que su amigo mantenía sobre su hombro y sin decirle nada comenzó a caminar hacia donde sabía se encontraba el peliverde.

La necesidad de querer estar a un lado de Izuku iban creciendo conforme Katsuki se acercaba a la habitación en donde se encontraba. Sabía que las dudas que tenía Kirishima iban en aumento, pero no podía preocuparse por ello justo en ese momento. Desde que Katsuki se había enterado de que Izuku había despertado había querido verlo tan dolorosamente que ya ni siquiera podía controlar las ansias de su alfa. Nunca había tomado en serio las leyendas sobre los destinados, creía que se trataban de un cuento para niños, pero ahora comenzaba a dudar. Nunca se había sentido de esa forma con ningún otro omega.

— ¿Alguna novedad? — Preguntó el rubio al par de agentes que resguardaban la entrada de aquella habitación.

— Ninguna jefe. Todo ha estado muy tranquilo. — Respondió Toshiro después de saludar a su superior en posición de firmes.

— Buen trabajo. — Respondió con un ligero asentimiento. — Pueden descansar diez minutos. Entraré a ver a la víctima.

— ¡Sí, señor!

Katsuki inspiró profundo antes de abrir la puerta y entrar por ella. No sabía que esperar al entrar, pero sentir esa tranquilidad que lo invadió al respirar el dulce aroma del omega, no había sido una de ellas. Aún le molestaba que aquel aroma tan agradable estuviera mezclado con la fragancia de los antisépticos y medicamentos, pero que aún estuviera presente solo significaba que el peliverde continuaba peleando por su vida.

Con calma se sentó en la silla que se encontraba junto a la cama y se le quedó viendo al peliverde controlando las enormes ansías que tenía por tocarle. Nunca lo había visto tan frágil que, aunque quisiera recorrer su rostro con sus dedos, temía poder hacerle más daño. Además, no quería interrumpir su sueño. — ¿Qué haces aquí Izuku? ¿Qué fue lo que te pasó? ¿Cómo te encontraste con ese desgraciado?

Aquellas eran algunas de las preguntas sin respuesta que rondaban de forma incesante su mente desde que se enteró que su víctima, potencial testigo y único sobreviviente del asesino de omegas, no era otro que aquel chiquillo que lo seguía por todas partes cuando era tan solo un niño. Preguntas que evidentemente tendrían que esperar por tiempo indefinido. Sin poder resistirse por más tiempo, se levantó para poder acercarse más al cuerpo del peliverde y dando una pequeña acaricia, dejó escapar un pequeño suspiro.

— Vas a estar bien, Zuzu. Lo prometo. Te voy a proteger.

Katsuki susurró con suavidad, apenas tocando el cabello verde que se escapaba de las vendas que casi cubrían por completo el rostro del chico. Sin embargo, tuvo que detenerse cuando notó que el peliverde comenzaba a abrir sus ojos. Todo su cuerpo se paralizó por completo ante la esperanza de que pudiera reconocerle. Pero el miedo en su mirada le hizo comprender que aquella esperanza no estaba ni siquiera cerca de poder suceder.

— Ey… no te asustes, por favor… — Susurró Bakugo con una débil sonrisa, decidiendo sentarse una vez más para darle espacio al omega para que se sintiera tranquilo de nuevo. — Soy el detective Katsuki Bakugo, ¿cómo te sientes?

Izuku se tomó un momento mientras los latidos de su corazón se iban calmando poco a poco luego de que todo su cuerpo le dijera que existía un peligro latente. Se removió un poco inquieto, aunque tuvo que detenerse cuando una punzada de dolor comenzó a recorrer todo su ser. — N-No muy bien. — Susurró finalmente con aquel tono de voz pastoso.

— ¿Te duele algo? ¿Debería llamar a alguna enfermera? — Saber aquello había alertado al rubio, que de inmediato se había levantado sin saber qué hacer, comprobar por su propia cuenta el estado de salud del chico o salir corriendo para conseguir ayuda.

Aquello, por alguna razón desconocida, le hizo sentir una extraña calidez en el interior al pequeño peliverde. ¿Cómo un alfa que se mostraba tan seguro de sí mismo, podía tener una actitud tan nerviosa con tan solo unas pocas de sus palabras? A pesar de todo, del dolor físico que sentía y del terror que le provocaba tener su mente vaciada de cualquier tipo de recuerdo, sonrió un poco. — N-No se vaya… no quiero dormir tan pronto otra vez.

Katsuki le observó sintiéndose un poco más tranquilo, aunque tuvo que carraspear con ligereza en un intento de ocultar su nerviosismo. Una vez más estaba perdiendo el control de sus emociones y que Izuku se diera cuenta lo hacía sentir mucho peor. — ¿Seguro? — Preguntó solamente para asegurarse mientras se sentaba una vez más. El peliverde solo asintió con ligereza. — Bien… ¿sabes por qué estás en el hospital?

Izuku cerró los ojos con suavidad. Su corazón latiendo con fuerza una vez más al intentar, aunque sea recordar un poco. — No sé… — Su voz tembló e instintivamente Katsuki se inclinó sobre la cama para posar su mano sobre el hombro del chico con suavidad a modo de apoyo. El rubio prestando real atención al monitor de frecuencia cardiaca ante la alteración. — ¿Un feo accidente, quizás?

La mirada de Katsuki se suavizó ante la vulnerabilidad del chico. En verdad deseaba poder hacer algo para que el sufrimiento de Izuku se borrara. — Tranquilo. No es necesario que te alteres. Se que toda esta situación debe de resultarte aterradora, pero debes creerme cuando te digo que mientras yo lleve tu caso estarás a salvo.

El peliverde sabía que debía de sentirse seguro, pero las palabras del detective simplemente lo habían puesto más nervioso. —¿Caso? — Preguntó finalmente mirando directamente al mayor. — ¿Qué me ocurrió?

— Eso es lo que averiguaremos una vez que te recuperes. — Katsuki sonrió con ligereza, evitando responder con certeza a la pregunta formulada y sin poder contenerse, acarició la nariz ajena al estirarse un poco con la punta de su dedo. — De momento solo debes preocuparte por tu salud. Si sigues así podrás salir del hospital pronto.

Izuku desvió la atención de su único ojo visible hacia la puerta, ignorando al detective sintiéndose ansioso de su futuro. — Pero ni siquiera sé cómo me llamo, ¿a qué lugar voy a ir cuando salga del hospital?

— He preparado todo para que puedas quedarte conmigo mientras terminas de recuperarte. Serás bien atendido y te protegeremos. — Respondió con naturalidad el rubio mientras se cruzaba de piernas.

Izuku volvió a verle por completo sorprendido. — ¿Por qué haría tal cosa, detective? No quisiera convertirme en una molestia para usted.

— Eres la pieza clave de una investigación. Estoy seguro de que nos ayudarás a atrapar a un maleante que hemos estado persiguiendo por años. Podrías ser la clave para salvar a muchos otros y definitivamente nunca serías una molestia. —Confirmó Bakugo al devolverle la mirada.

— ¿Él me hizo esto? — Susurró sintiéndose aterrado. Su corazón latiendo con fuerza una vez más, provocando que el monitor cardiaco volviera a sonar loco.

Katsuki se levantó para poder sentarse directamente en la cama del chico, luego con el dorso de su dedo índice derecho, acarició con suavidad la mejilla visible del chico. — Todo va a estar bien. No tienes nada de qué preocuparte ahora, al menos nada más que no tenga que ver con tu recuperación.

Izuku le observó aún dudoso, pero sintiendo una paz repentina recorrer su cuerpo ante las cálidas palabras de aquel hombre, provocando que los latidos de su corazón comenzaran a calmarse. — P-Pero ni siquiera puedo recordar mi nombre, ¿cómo puedo serle de ayuda, detective?

Sin poder evitarlo, Katsuki sonrió con ligereza cuando se dio cuenta que Izuku se calmaba un poco con su presencia. — ¿Qué te parece si te digo Deku?

Izuku parpadeó sintiéndose un poco confundido por aquel apodo, pero también por el dolor de cabeza que le provocó tan solo pensarlo. — ¿D-Deku? — Susurró con suavidad. De poder usar sus brazos, podría haber apretado su cabeza ante la punzada que comenzaba a pulsar cada vez más fuerte.

— ¿No te gusta? — Preguntó en un suave susurro. Le había prometido al doctor Himura no forzar las cosas, sin embargo, necesitaba con todas sus fuerzas dirigirse con cierta familiaridad al omega o terminaría por volverse por completo loco.

— N-No es eso. — Izuku cerró los ojos sintiéndose repentinamente cansado. — Solo me dolió la cabeza.

La sonrisa de Bakugo se incrementó un poco. Su Izuku seguía ahí, en algún lugar, solamente tenía que ser paciente para poder recuperarle del todo. — Debería dejarte dormir entonces. Es necesario que descanses para que puedas recuperarte.

— No se vaya. — El peliverde susurró apenas entendible, sintiendo la pesadez ya familiar del cansancio cuando conseguía interactuar cada vez más. Ni siquiera fue capaz de procesar el porqué de su petición.

Katsuki se inclinó un poco sobre el cuerpo del chico, procurando no lastimarle más en el proceso. Después acercó sus labios al oído del peliverde, permitiéndose aspirar más de cerca su delicioso aroma. — Nunca, Izuku.

Una ligera sonrisa inconsciente se dibujó en los labios del más joven, aunque ya no volvió a hablar al quedarse por fin dormido, no alcanzando a escuchar lo que el hombre le había dicho. Katsuki se le quedó observando a aquella sonrisa que desde ese momento juró proteger incluso a costa de su propia vida.


¡Otro capítulo más! :D ... Lamento la demora, pero cada capítulo está resultando más largo de lo que pensé y lo reviso mucho antes de publicarlo... ¡Recuerden que sus comentarios me ayudan a seguir mejorando! ^^