Nicolás Flamel.

Con el paso de los dias, se hacía más presente la llegada de la Navidad, todo comenzaron a entrar en un espíritu festivo y alegre, tal vez por la vacaciones.

La nieve rodeaba el castillo por casi dos metros de altura, lo que dificultaba que cualquier alumno pudiera salir al patio -y no es como si alguien quisiera salir, de hecho. El lago estaba sólidamente congelado dando una perfecta vista desde la torre.

Las pocas lechuzas que habían podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo, tuvieron que quedar al cuidado del guardabosques hasta recuperarse, antes de volar otra vez, razón por la cual sus padres aún no habían podido recibir la respuesta a su carta.

Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones para irse del castillo, sin embargo él albergaba un sentimiento amargo y confuso. Aún así, su impaciencia por volver a ver su madre lo mantenia entretenido.

Como muchos lugares del castillo, la sala común de Slytherin mantenían las chimeneas encendidas, pero aún así, la sala de slytheirn al igual que sus dormitorios seguían heladas, por lo que era un gran trabajo para los de slytherin mantenerse en calor estando allí abajo. Razón por la cual el profesor Snape iba todas las noches después de la cena, a lanzar hechizos de calefacción a las habitaciones con la ayuda de los séptimo y sexto año.

El Gran Comedor también mantenían las chimeneas encendidas, pero los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas. Muchos sufrían en las clases del profesor Snape, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes.

Para su gran pesar, tuvo que tomar mucho vitamínicos crudos por su falta de temperatura -que ya lo había arrastrado a la cama más de dos veces empezado el invierno. Los hechizos de calefacción en su habitación eran triplicadas y doblemente aseguradas debido a su "extraña" condición, pues en las mazmorras corría el rumor de que tenía una extraña enfermedad que hacia que su temperatura bajara. Y fue tal vez por ese rumor que todos en slytherin lo trataban como un gato y lo cuidaban en exceso, en especial los de quinto año, que lo mantenían a la vista.

Fue un día cerca de las vacaciones navideñas que Harry le mandó una nota vía lechuza, pidiéndole reunirse a la media noche frente a la biblioteca para aclararle varias cosas. Sabía que Potter no le revelaría mucho, si lo hiciera sería demasiado idiota, pero si también le mentía, lo sería el doble.

Por lo que llegado el día, espero pacientemente enfrente de la biblioteca. Estaba claro que no había ningún prefecto o maestro cerca por lo que no se molestó en esconderse.

Había tantas cosas que quería saber sobre Harry y realmente quería ayudarlo. Quería saber cómo se había enfrentado el niño aquellos primeros tiempos, sin magia avanzada, con poca información y con tan poco tiempo. Pero también sabía que no era necesario su ayuda para aquellas cosas que ocurrirían. Si Harry lo había hecho bien en el futuro sin él, entonces no creía ser necesario ahora. Pero también sabía que sí el mismo no conocía los futuros próximos eventos, había un 98% de posibilidades de que el futuro no cambiará. Entonces debía involucrarse con Harry para poder salvarlo de su propia destruccion.

Escucho pasos acercarse a él antes de que tuviera a Potter justo frente a su nariz. Potter lucía igual que en sus recuerdos, sin embargo aunque mantenía la apariencia de aquel joven que lo rechazó alguna vez, pero sabía que ese Harry ya no era ese niño.

ᅳ¿esperaste mucho?

ᅳ no.

Harry lo miro levemente antes de conjurar una manta y colocarla por encima de sus hombro, cubriendole del frío de la noche, pero no dijo nada, sólo comenzó a caminar haciéndole un gesto para que lo siguiera, cosa que hizo sin chistar. Ninguno habló en todo el camino.

Caminaron por el pasillo oscuro y estrecho, no había notado cuando habían estado rodeados por las armaduras sin embargo, Harry aún no se había detenido, o eso hasta que paró su caminata frente a una puerta.

Harry fue el primero en deslizarse a la habitación del otro lado, él le siguió poco después. Confiaba en que Potter sabía hacía donde se estaba dirigiendo, por lo que no se sorprendió al ver el lugar en donde lo había llevado.

Parecía un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupitres amontonados contra las paredes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente, eran cosas abandonadas que tal vez perteneció a una clase que hace mucho dejó de existir, sin embargo había algo que parecía no pertenecer allí, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio.

Un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras. Tenía una inscripción grabada en la parte superior: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse. Algo en ese espejo le recordó a aquel que una vez vió en su octavo año... el espejo de la pena.

Pero ambos eran diferentes.

ᅳ¿por qué me trajiste aquí? ᅳ La pregunta abandonó sus labios incluso antes de pensar, su vista estaba en el espejo.

ᅳen mi primer año, no regrese a casa por Navidad.

ᅳlo sé. Te moleste por ello, ¿recuerdas?

ᅳ me obsequiaron la capa de invisibilidad de mi padre esa Navidad, y aproveche para ir a la sección prohibida en la biblioteca, pero por razones de mala suerte, pare justo en esta habitación. ᅳHarry miraba el espejo con detenimiento, como si hubiera algo allí que eclipsara su atención. ᅳ ¿sabes lo que refleja este espejo?

Draco observó una vez más la inscripción que tenía el marco: ᅳno muestro tu rostro, sino el reflejo de tu corazón.

ᅳ Dumbledore me lo explico la primera vez, dijo que si el hombre más feliz de la tierra sólo puede utilizar el espejo de Oesed como un espejo normal, es decir, se mirará y se verá exactamente como es, ¿sabes por qué? Es porque nos muestra el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para mi, el reflejo que veo sigue siendo el mismo que el pasado. Yo, que nunca conocí a mi familia, los veo rodeándome. Ron, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve siendo mejor que todos ellos, y Dumbledore ve a su hermana viva, y a su hermano perdonandolo, también ve a su único amor a su lado.

Draco miro la inscripción una vez más, mientras recordaba aquel espejo.

ᅳyo una vez conocí el otro espejo. ᅳ Harry lo miro con extrañeza, esperando que le explicará ᅳel espejo de la pena. Lo vi escondido en una habitación abandonada, ocultó tras un pasadizo secreto. Era un espejo que te muestra tu más grande pena, adivinaras que es lo que refleja.

Draco avanzó hasta quedar frente al espejo, justo a lado de Harry, y lo que vió, lo hizo sonreír suavemente, tocó levemente el espejo, intentando acariciar quien sabe que cosa, antes de alejar su mano y voltear su mirada en Harry: ᅳ dime Harry, ¿por qué me has traído aquí?

ᅳa partir de este año, la guerra comenzará a teñir el mundo mágico... Voldemort ha estado mucho más cerca de lo que crees desde hace mucho, porque él nunca se fue. Incluso si lo detenemos ahora, hay muchas posibilidades de que vuelva una y otra vez, y los adultos no son de fiar. Lo sé porque ellos nunca nos han creído, nunca han hecho nada para evitar lo que se viene. En el primer año, en el que sin conocimiento de la magia tuve que pelear y pasar pruebas para que Voldemort no regresara, me costó grandes niveles de magia. En el segundo año, casi pierdo con un basilisco. En el tercer año, casi me descuartiza un hombre lobo y casi me besa un dementor. En cuarto año casi muero a manos de Voldemort en la última prueba, en quinto año luche contra él y su control en el Ministerio de magia, y luego... lo sabes ¿cierto?

Draco observó profunda tristeza a Harry, comprendiendo que nunca tuvo a un adulto de confianza cerca suyo, que todo el peso del mundo lo cargo siendo apenas un niño, con adultos desconfiados que siempre le daban la espalda. Sin pensarlo dos veces, tomó la mano de Harry entre las suyas y entrelazó sus dedos.

ᅳ lo siento. ᅳsusurró. ᅳ siempre has estado sólo, aguantando todo el peso de un mundo que nunca conociste hasta los once. No debía haberte molestado en aquel entonces, hice tu carga incluso más pesada y molesta.. sin embargo, tienes que saber que no es necesario hacer las cosas tu sólo, no debes sacrificar todo por nadie, no elegiste este destino Harry, ellos mismo te condenaron.

Draco no tocó a Harry más de lo necesario, porque él no estaba seguro de ser digno de decirle tales palabras al moreno. No se sentía merecedor de que Harry hablará con él sobre esto, su pasado, su vida. Sabía cómo lo había tratado, incluso si ahora se arrepentía, el daño ya estaba hecho.

Mientras Draco pesaba lo peor de su mismo, no lo supo.

El gran alivio que le causó escuchar sus palabras y recibir ese toque a Harry, quien jamás había escuchado palabras tan sinceras. Siempre, incluso cuando había terminado la guerra, los familiares de estudiantes que habían muerto aún le preguntaban porque no había podido salvarlos, si el era el elegido, el Salvador.

Siempre se había sentido culpable porque él sólo era un niño que tuvo que madurar rápidamente para luchar una guerra que jamás había sabido del que era participante. Un día sólo lo sacaron de la casa de sus tíos y lo llevaron a un mundo mágico que amó, pero el precio a pagar por conocer ese mundo era mucho más grande que él.

Tal vez la persona que mas lo comprendía en el mundo era Draco, quien sabía lo que sentía no tener un camino y hacer lo que se esperaba de él, que había perdido personas importantes, que había sufrido en su propio hogar, que había aguantado un carga pesada y aún así había intentado protegerlo y sonreír pese a estar quemandose por dentro y por fuera con un fuego ardiente que lo llevo al final de su vida.

Y aún cuando Draco se marchó, Harry sólo pensó que está vez salvaría a Draco, como este lo había salvado a él.


La nieve caía lentamente, balanceandose con el viento mientras él observaba desde la ventana. El tren iba a un ritmo lento y constante mientras la conversaciones de su alrededor sonaban lejanas, Blaise estaba sentado al lado de Theo y Greg, Pansy a su lado junto Vincent.

La conversación con Harry se mantenía presente en su cabeza, sabía que Harry había confiado en él, sin embargo sentía que le ocultaba algo, no sabía si era de suma importancia o algo banal, pero eso no era algo que le preocupaba, sino la parte en la que Harry estaba involucrado.

Había deseado que hubiera algo que se pudiera hacer para que Harry no cargará con todo ese peso de la responsabilidad, pero las cosas habían resultado más complicadas de lo que debía ser. Harry era el principal involucrado, no había manera de evitar que pasará por las cosas que ocurrirían más adelante.

Sus ojos empezaron a cerrarse lentamente por el cansancio de dos noches sin dormir, acomodó su cabeza en la pelusa del abrigo de Pansy y decidió dejarse vencer por el atractivo sueño. Habían cosas que aún necesitaban resolverse, pero por ahora, debía pensar con la cabeza fría y descansada.

No sabe cuando tiempo paso, sin embargo sintió que fueron apenas unos minutos antes de escuchar la voz lejana de Greg.

ᅳDraco, Draco. ᅳse despertó desconcertado, viendo el rostro redondo de su amigo frente suyo y lo miró extrañado ᅳestamos por arribar el andén, ya bajamos tu maleta; vamonos.

No pasaron ni diez minutos cuando el tren se detuvo, muchos bajaron a toda prisa, excepto ellos, que lo hicieron tranquilamente para no tener la necesidad de empujarse entre la multitud. Sus padres estaban reunidos, esperándolos, por lo que cuando llegaron hacia ellos, con una corta bienvenida y una rápida despedida, cada uno se fue hacia su mansión con su respectivas familias.

Su madre lo miró con reproche al verlo con la bufanda mal acomodada. Su padre en cambio no lo miro ni una vez, algo normal desde hace tiempo, Draco estaba preocupado por ambos, sabía que no era normal que durante su estadía en el castillo, ambos enviarán regalos todos los días. Lo que solo lo llevo a preguntarse que era lo que tanto les preocupaba.

Caminaron hasta una de las chimeneas más cercanas y con red flu, cruzaron hacia la chimenea de Malfoy Manor.

La mansión estaba cálida, el aire se podía distinguir el olor suave a chocolate y a brownies que provenían de la sala. El piano hechizado que tocaba suavemente, y las llamas de la chimenea hicieron que su mente se derritiera en calma. Su maleta ya estaba en su habitación, ya que Lucius la había transportado con un hechizo cuando aún estaban en el andén, no tuvo que preocuparse por nada más.

ᅳcariño. ᅳ la voz de su madre atrajo su atención. Volteó para verla antes de verse atrapado en un abrazo, correspondió al gesto lo mejor que pudo en su posición, aún confundido por el tal acción. Sólo cuando su madre se separó de su cuerpo es que notó su mirada triste y preocupada, algo que lo dejo aún más confundido.

ᅳ ¿estas bien?

Pero ella sólo asintió. Su extraño comportamiento sólo lo llevo a pensar que tal vez Severus les había contado sobre su condición, pero tenía entendido que nadie sabía nada al respecto, ni Severus. Incluso el mismo, aunque tenía sus sospechas. Tal vez se debía a todos los hechizos fríos que usaba a diario durante su octavo año lo que había generado una confusión en su sistema, pero aún no podia descifrar cuál fue la causa.

Subió a su habitación dejando a sus padres en la sala, ambos se mantenían serenos mirando el fuego en la chimenea, sin embargo el silencio que había entre ambos cuando él estaba cerca, era algo que lo ponía de alguna manera muy incómodo.

Apenas cerró la puerta, lo primero que hizo fue desplomarse en la cama. Había pasado tanto tiempo desde que su casa le parecía segura, sin embargo a pesar de saber que aún el Lord no había pisado su mansión, sentía que aquel individuo estaba por todas partes. Sentía que si en la mañana bajaba a desayunar, él estaría sentando en la mesa y su mascota estaría devorando lentamente el cuerpo de algún muggle.

Si cerraba los ojos, aún podía ver esas ojos rojos mirandolo a la distancia, escuchar su voz convertida en un susurro en su cabeza, los gritos de agonía en el sótano, llenos de súplicas y dolor, la risa descontrolada y excitada de su tía Bella, o los gritos de Granger haciendo eco en el pórtico.

Cuando cerraba los ojos, aún podía sentir el calor quemando cada parte de su cuerpo, como si hubiese lava derramandose sobre su piel desnuda. E inclus aveces podía sentir su cuerpo sumergido en el lago negro, atado con algas cubriendose poco a poco de hielo, congelando sus pies, inmovilizandolo y siendo clavado con miles de espinas en la espalda.

Abrió sus ojos con pesadez, mirando fijamente el doncel de su cama, sus ojos parpadeaban lentamente, sintiendo su mano adormecida, un destello amarillo apareció frente a sus ojos, y uno azul. Se siguieron sumando colores, el rosa, el rojo, el verde, el violeta, sin embargo el que más resaltaba era sin duda el amarillo.

Brillante y tranquilo, un destello amarillo que le recordaba a la única persona que amó una vez, y también a la única persona a la que su vida, magia y alma serían devotos.

Podrá ocultar su amor y fingir que nunca existió, pero dentro suyo sabía bien que ese amor permanecería allí para siempre, incluso aunque alguna vez amara a otra persona, su corazón siempre le sería fiel a su primer amor.

Se levantó de la cama y se desnudó antes de llegar al cuarto de baño, se sumergió en la bañera ya preparada con agua fría y espero pacientemente a que su cuerpo se acostumbrara al frío. Se bañó con lentitud, notando así también su pecho lleno de cortadas rosaseas, contrastando el blanco de su piel. Había pensado que esas cicatrices recién regresarían en su sexto año, en el baño de Myrtle, sin embargo él mismo había colocado esas cicatrices en él.

Aveces aún esperaba despertar de esa nueva realidad, preguntándose si el tiempo seguía en aquella línea o se había detenido. Es bastante estúpido pensar que el tiempo se detuvo sólo porque él murió, pero uno no puede llegar a imaginar que es lo que hay después de la muerte.

ᅳ¿Draco? ᅳla voz de su madre detrás de la puerta lo hizo despejarse de sus pensamientos, salió de la bañera envuelto en una toalla antes de responder: ᅳ¿qué ocurre?

ᅳyo es tarde, baja a cenar.

Su madre se fue poco después, por lo que se vistió con tranquilidad y paciencia antes de bajar al comedor. Tardo un poco en acostumbrarse a la vista antes de avanzar a pasos cortos hasta su asiento, frente a su madre. Ella le sonrió suavemente antes de que los tres comenzarán a comer lentamente en silencio. Sólo se escuchaba el suave sonidos de los cubiertos chocar con el plato, y a la lejanía, el piano tocando suavemente.

Se preguntaba si otras familias eran así de silenciosas a la hora de comer, nunca había pensado que fuera extraño, sin embargo en el gran comedor era imposible mantenerse en silencio, todos gritaban y hablaban al mismo tiempo, insluso en su propia mesa.

Se preguntaba si esta vez, su padre se decepcionaria por no ser el primero en la clase, o si su padre volvería a prohibirle sus clases de música y lo obligaría a tener clases extras durante el verano, o insluso si era necesario ingresar al equipo de quidditch el año entrante o si era necesario seguir con toda la farsa, sabía que nunca sería el primero. Harry jugaba mejor que él, Granger era mucho más inteligente que él y Weasley fue el mejor amigo de Harry sin siquiera insistirle o preguntarle.

Él no se concideraba necesario.

No supo cuando había dejado de comer hasta que la elfina retiro su plato intacto, colacando frente suyo una porción de tarta de chocolate y nueces.

La cena terminó una vez que él terminó el postre. Era el único en su familia que si o si consumía un postre después de cada cena, a sus padres no le gustaban los dulces, pero pese a ello siempre le regalaban canastas llenos de chocolate y dulces para complacer sus gustos.

El candelabro iluminaba la sala, su madre yacía sentada en el sofá cerca de la chimenea leyendo un libro y su padre bebía whisky sin hielo en su propio sofá, mientras sostenía su bastón contra su silla. Él en cambio se había sentado en el extremo opuesto del sofá, mirando detenidamente a sus padres, detallando su figuras sanas en su mente, debía protegerlos. Y para eso, debía ser fuerte.

Necesitaba salvar a todos los que no pudieron ser salvados, necesitaba proteger a quienes pronto serían obligados a torturar y asesinar, necesitaba proteger a su padrino, a sus amigos y a sus padres, luchar desde las sombras sirviendo como escudo.

Por eso decidió que debía entrenar por su cuenta, si es quería protegerlos.

Una taza de chocolate caliente apareció frente a sus ojos sacándole de sus pensamientos, era su elfina Tabby. Aceptó el chocolate antes de que ella se marchará, pero no probó ningún sorbo. Su mano se calentó unos segundos antes de que volviera enfriarse, el chocolate ya no estaba caliente.

Solo después de cinco minutos, bebió su chocolate como si de agua se tratase, y desapareció la taza con un movimiento de varita, enviandolo a la cocina. Su cuerpo seguía temblando suavemente por el frío, pese a estar al lado de la chimenea.

ᅳ¿Draco, tienes frío? ᅳla voz de su madre desvío su mirada del fuego, vio como los brazos de su madre se abrían, dejando espacio para que él se acurrucado en su regazo: ᅳ ven.

Y el decidió que por un momento, por hoy, o tal vez por lo que quedaba de sus vacaciones, no pensaría en nada más que en su madre, ya cuando la guerra comenzará, todos esos momentos se perderían, y si él moría, por lo menos habrá hecho los próximos 7 años un verdadero regalo para ella.

Asi que desconectado su mente, sonrió a su madre y dejó caer su cabeza en su regazo, sintiendo los dedos largos y cálidos jugueteando con su cabello, y sintiendo también el tan familiar olor a almendras.


Draco, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, fue recibido por incontables abrazos por parte de sus amigos, y también tuvo la oportunidad de entregar el obsequio a Severus personalmente, que era un libro de pociones hechas a base de hierbas venenosas que pueden curar cualquier maldición terminal y detener el deterioro de la pérdida de cabello. Eso fue un guiño sutil a una mala broma, lo cual le costó lavar los calderos por una semana.

Se acercaba el próximo partido de quidditch, y Draco recién recordó que Severus sería el árbitro del partido cuando Flint había dado la noticia en medio de la sala común esa mañana.

Sin embargo a pesar de alegrarse, sabía la razón por la cual el profesor Snape sería el árbitro, y era algo bastante obvio saber quien era esa razón, sin embargo no hubo mucho tiempo para pensar en eso, porque mientras caminaba hacia la biblioteca para devolver un libro, tres Gryffindor se acercaron a él, a pasos rápidos, acorralandolo en una esquina.

ᅳ ¡Malfoy! ᅳel saludo de alegría de Harry lo dejó confundido.

ᅳ¿ocurre algo? ᅳcomo habían decidido hacer una tregua, parte de ella involucraba que sus comentarios ácidos, el ignorarlo y los insultos hacia sus amigos o casa estaba prohibido, sin embargo como el había dicho antes, no eran amigos. Harry podía preguntarle cosas, pero no podía involucrarlo en sus desastres o en sus actividades gryffindorianas.

ᅳhola, Malfoy.

ᅳ Granger.

ᅳ Malfoy.

ᅳWeasley.

Fue una presentación incomoda definitivamente, se sentía un tanto vulnerable ya que era solamente él frente a tres leones, pero intento no demostrarlo. Centró su mirada en el moreno antes de recibir una respuesta a su pregunta muda.

ᅳnecesitamos tu ayuda.

ᅳde acuerdo.

ᅳ¿tu sabes quién es Nicolás flamel, no es así?

Draco miró a Harry largos segundo pensando que era una broma, era obvio que conocía quien era Nicolás, pero Harry también. Escucho un bufido que supuso, provino del pelirrojo. Supuso que Harry había sido el que había insistido en preguntarle a él para que los otros dos leones no desconfiaran de esa tregua. Sabía que Weasley realmente no quería acercarse a él, así que ahora esperaba que él no supiera la respuesta para decirle a Harry que no valía la pena relacionarse con él.

Draco sólo suspiro rendido antes de responder.

—Nicolás Flamel es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal. El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe ᅳdijo, como si de un libro lo hubiera memorizado, y era así, pero su mirada rápidamente se clavo en Harry ᅳ pero, Potter pensé que tú ya lo sabías.

Harry sólo ignoró las miradas de sus amigos y lo último que él dijo, sonriendo contento y orgulloso mirandolo como un niño que acababa de ganarse el mejor dulce de toda la dulceria. Los otros dos leones lo miraban con algo parecido a sorpresa, tal vez pensado que no sabría la respuesta, y la mirada de Granger demostraba un poco de ira (¿o tal vez envidia?)

—¿ven? —les dijo Harry ᅳ Draco si fue de gran ayuda, les dije que era de confianza, de seguro el perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la piedra de Gringotts!

—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo está vez Weasley— ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.

ᅳ¿piensas que es el profesor Snape, quiere robar una tonta piedra? ᅳsu pregunta recibió dos miradas enojadas y una culpable ᅳ no me sorprendería que el que haya hecho esa suposición absurda, fuera un idiota. Sin embargo, no diré nada. Me gustaría ver sus caras cuando el verdadero ladrón sea revelado.

ᅳ¡tú! ᅳWeasley iba a gritarle, de eso no cabe dudas, pero Harry impidió que siguiera esa disputa.

ᅳ buena suerte en su búsqueda. ᅳy con una corta y rápida despedida, entro a la biblioteca, no podía seguir con aquel libro en su mano si es que no quería una multa. ᅳ¿qué quieres?

Se volteó sintiendo una presencia conocida detrás suyo, no se sorprendió al ver a Harry mirándolo con una cara de perro pateado.

ᅳ gracias.

ᅳ fácilmente pudiste decirles a ellos que habías encontrado la información sin mi, sin embargo finges demencia pese a saber las todas las respuestas de los próximos acertijos.

ᅳno es lo mismo. Si te soy sincero, hay cosas que recuerdo, pero mis pensamientos están entre la neblina. Soy algo torpe y me distraigo fácilmente, si te dijera que me acuerdo de todo lo que dije por 7 años, eso sería una total mentira.

ᅳno importa que me mientas, porque sé que en tu mente está grabada todo lo que has vivido, pero recuerda Potter, no vayas por ahí siendo tan obvio y tan confiado, cualquier cosa que salga mal, podría estar en tu contra en la batalla final.

ᅳ lo sé.

Madam Pince lo miró severamente cuando devolvió el libro, pero no dijo nada. Ambos abandonaron la biblioteca poco después, aún habían palabras por decir, y respuestas que obtener.

ᅳ Quirrell está detrás de todo.

ᅳlo sé. ᅳ dijo y escuchó un bufido de risa por parte de Harry.

ᅳ sabía que sabías.

ᅳes algo bastante fácil de suponer, ¿es el Lord debajo de su turbina morada?

ᅳ¿eres adivino? ᅳse burló mientras asentía con la cabeza, en afirmación. ᅳhubiese sido rápido resolver los misterios de hogwarts con tu ayuda en el pasado.

ᅳ¿de quién fue la culpa de que fuéramos rivales?

ᅳtuya.

Draco sonrió levemente, sintiendose en paz y tranquilo por un segundo encontrando nostálgica la pelea entre ambs.

antes de mirar a Harry, quien tenían una lucha interna en ese mismo instante, sólo eso hizo que su mente lo mirara con devoción, reemplazó las preguntas, en cambio dijo: ᅳse que ganarás el partido, así que no te deseare suerte.

ᅳinténtalo.

Draco sólo negó, antes de seguir caminando rumbo a las mazmorras. Harry tampoco intento decir otra cosa, por lo que ambos se separaron. Un leve escalofrío subió por su espalda, el cual ignoró, y siguió su camino intentando no hacerse muchas ilusiones con su reciente trato con Potter. No debía bajar la guardia.

El día del partido llegó pero él no asistió. Aunque era algo obvio quien fue el ganador, tuvo que aguantar el malhumor y las palabrotas por parte del equipo de quidditch, quienes debían jugar el último partido contra los leones.

Fueron semanas duras, ya que con apenas 10 semanas antes de los exámenes finales, los maestros ya había comenzado a repartir deberes como si fuera si el mundo mágico dependiera de esos exámenes. A pesar de saber cada respuesta, Draco había decidido que era buena idea ayudar a Vincent y Greg en sus trabajos, por lo que organizó un grupo de estudio por las tardes para que ellos pudieran estudiar y repasar lo tms visto en el año. Pero no sólo ellos. Todos en primer año habían decidido unirse al grupo de estudio, y como él era el más inteligente y adelantado allí, le había asumir el rol de tutor.

Claro que después de días estudiando, sus amigos lo obligaron a salir de su zona de confort para poder pasar una tarde con ellos. Aunque al final sólo Blaise y Theo habían ido al paseo, pues Pansy habia organizado tomar el té con Daphne, y Greg y Vincent ya habían decidido jugar al snap explosivo con Millicient y otros tres slytherin de los cuales no recordaba sus nombres.

Fue una tarde muy tranquila, donde el único que hablaba sin parar era Blaise, quien aunque mantenía la distancia de Theo, inconscientemente se pegaba a su lado. Era extraño como ese par actuaba así de jóvenes, siendo que dentro de unos años se tocarian sin pudor alguno en lugar semi- públicos, sin poder apartar sus manos del otro. Una sensación de nostalgia lo invadió mientras los veía.

Mientras caminaba por la biblioteca, donde terminaron debido a la mala suerte de Blaise, unas voces los detuvieron: ᅳ¡Dragones! —escuchó —¡Hagrid estaba buscando cosas sobre dragones! Miren estos libros: Especies de dragones en Gran Bretaña e Irlanda y Del huevo al infierno, guía para guardianes de dragones.

—Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —escuchó la voz de Harry

—Pero va contra nuestras leyes —dijo Ron— criar dragones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, todos lo saben. Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un dragón, es peligroso. Tendrían que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumania.

¡Ah, cierto! Este año había sido castigado por intentar atrapar a Potter con un dragón, y a causa de ello, había terminado en el bosque prohibido. Pero esta vez sería diferente, no se involucraria en estos problemas. No en ese nuevo tiempo, por lo menos.