Capítulo 1
Voldemort estaba alistándose para su destino. Ese día de Samhain sería el que marcaría el verdadero final de la guerra, una vez que eliminara un par de obstáculos menores. Gracias a un "ratoncito" que le contó donde estaban dichos obstáculos, ya nada se interpondría entre él y la conquista del mundo.
Sin embargo, nadie podía acusar a Lord Voldemort de ser descuidado, así que decidió que debería llevar a uno de sus leales mortífagos con él. Solo por si algo salía mal, necesitaría un plan B. La pregunta ahora era ¿Quién? Bellatrix era por mucho la más leal de sus sirvientes, pero su mente… no. Ella sería inútil si algo le pasaba a él o modificaría el plan y los pondría en peligro a ambos. Estando tan cerca de la conquista total, no quería arriesgar ningún punto.
Después de ella estaban los Lestrange, pero adolecían de lo mismo que Bellatrix y el otro potencial era Barty Crouch hijo, quién si bien era leal, no había probado sangre aún y sinceramente, la adoración que veía en los ojos del chico rivalizaba con la de Bellatrix y no necesitaba a un cachorro sediento de afecto.
Lucius Malfoy era astuto y sanguinario, pero carecía del cerebro que alguna vez exhibió su padre. Era una lástima que Abraxas ya no pudiera acompañarlo debido a sus dolencias. Y Lucius tenía otro punto en contra y era que Lucius apreciaba sobre todo a sí mismo y los suyos. Si Lucius veía una oportunidad de salir mejor librado si tenía que sacrificar a su señor, no dudaría en hacerlo.
Al final, la decisión estaba entre Colagusano y Snape. Lo que no fue una decisión difícil. Colagusano se largaría si había problemas mientras Severus se quedaría, ya que el odio entre Potter y él era legendario. El único problema que podía vislumbrar era la sangresucia, pero si jugaba bien sus cartas, Voldemort tendría a Snape siendo aún más devoto que Bellatrix, dos Potter muertos, una sangresucia esclava y el mundo a sus pies.
Si, Severus era la única opción lógica que le daría el mejor resultado. Lord Voldemort caminó hasta el salón del trono, antes el salón de baile de los Malfoy. Abraxas amablemente le había ofrecido su casa, lo que no agradó tanto a Lucius, convocó a Colagusano para llamar a sus mortífagos y esperó a que llegaran todos.
Uno a uno, sombras casi liquidas flotaban por el aire y aterrizaban en el salón de baile, convirtiéndose en personas vestidos con túnicas negras y largas, ataviados todos con una máscara blanca que asemejaba una parodia de calavera. Toda la indumentaria los hacia parecer una de la muchas parcas, sirvientes de la muerte, dispuestos a arrancar la vida de los seres en su totalidad. Mortífagos era un nombre adecuado para ellos.
Cuando todos parecieron haber llegado, Voldemort espero a que se hiciera el silencio, lo que fue casi instantáneo con solo un par de tamborileos de sus dedos sobre su asiento en forma de trono. Con parsimonia y algo de dramatismo, Lord Voldemort se levantó y observó a sus seguidores.
Debido a sus experimentos con magia oscura, su físico se había visto afectado y parecía un hibrido aterrador entre un hombre y una serpiente, pero como él mandaba a través del miedo y la tortura, su imagen física era lo de menos. Incluso le gustaba, y más cuando veía a algunos de sus seguidores estremecerse cuando los miraba fijamente.
Camino a través de sus seguidores, sin hablar, observándolos, hasta que dio con él que buscaba. Severus siempre estaba a la izquierda de Lucius, quién nunca pudo ocultar completamente su largo cabello platinado. Y aun sin la referencia de Lucius, Severus resaltaba solo por el porte. Había algo que hacía a Severus destacar como un faro en medio de todos ellos.
—Severusss—Severus Snape ni siquiera temblaba cuando su nombre era dicho así, como un silbido tetrico—Uno de mis más fieles mortífagos. Te he elegido para una misión muy especial. Esta noche pondremos fin a esta guerra y tú serás parte de ello. Esta noche, iremos a casa de los Potter y terminaremos con esta profecía. Incluso te daré el placer de terminar con la vida de tu antiguo enemigo y su semilla. Si lo haces bien, tendrás a "esa mujer" que deseas—.
Severus tuvo un temblor interno que no se registró hacia fuera. Estaba petrificado del terror. Él tendría que ir a casa de los Potter ¿Cómo se enteró este monstruo de donde vivían? ¿Black había abierto la boca? ¡Era imposible! Black apenas tenía dos neuronas pero ambas eran más que fieles a James Potter. ¿Acaso Black no era el guardián secreto? Todo esto estaba muy raro pero no podía negarse ante una orden de su señor.
—Me honra con esto, mi señor—Contestó Severus, inclinándose ante el ser que antes había sido un hombre atractivo, carismático y cautivador. El ser reptiloide que era ahora, daba miedo, asco y repulsión en igual medida. Pero no quería morir aun, así que no quedaba de otra más que besar ese escamoso trasero.
Su respuesta pareció agradar al Lord y este ordeno al resto que esperaran en el salón a su regreso. Esa noche celebrarían su victoria.
Lord Voldemort y Severus Snape estaban bajo un fuerte hechizo desilusionador, observando como la familia regresaba de un paseo vespertino, el pequeño estaba vestido con una especie de mameluco naranja. A Severus se le encogió el corazón cuando observo a su amada darle "esa" mirada a Potter. Potter regresó "esa" mirada a Lily, y para cualquiera que los viera era evidente que ambos se amaban con locura.
Severus Snape sabía que Lily nunca podría amarlo pero saberlo y verlo eran cosas distintas, y algo parecido al odio despertó tan pronto como murió. Por más que quisiera odiar a Potter, Lily amaba al idiota y él, Severus Snape, jamás permitiría que nadie hiciera daño, aunque fuera emocional, a Lily. Ya que el Lord le había dado la instrucción de matar a Potter, tendría que desmayar al idiota enmascarando el hechizo como un Avada Kedavra sin palabras.
El mayor obstáculo en realidad sería Lily, pero incluso si tuviera que enfrentar al mismo Voldemort, ella y el bebé se largarían de ahí.
—Vamos, Severussss, es hora de terminar esto—Indico el Lord, luego de que la familia entro a su casa.
Severus siguió a su "maestro" hasta la entrada de la casa, Voldemort entonces lanzó una serie de hechizos sobre la propiedad que Severus identifico como barreras anti-aparición, y luego se sorprendió de que la puerta pudiera abrirse con un simple Alohomora, aunque si lo pensaba bien, no era tan extraño tomando en cuenta que casi nadie sabía dónde estaban.
Lo primero que vio Severus fue a Potter Senior, mirándolos mientras instaba a Lily a correr con el bebé. El idiota estaba sin varita y solo extendió los brazos, en señal de que actuaría como escudo humano. Valiente, muy idiota, pero valiente.
Lord Voldemort espero apenas segundos cuando, sin palabras, Severus lanzó la "maldición asesina" y James Potter cayó al suelo, "muerto". Voldemort estaba complacido y muy seguro ahora de su decisión de traer a Severus para quitar los estorbos de su camino.
Ambos hombres subieron las escaleras mientras le dedicaban apenas un segundo al "cadáver" de James Potter. Mientras ambos se acercaban a la habitación del niño, se escuchaban ruidos de un intento fallido de Aparición. Lily debía haber estado intentado Aparecerse, aunque dado que Potter los había instado a correr, era evidente que ya sabía que fracasaría.
Se siguieron escuchando ruidos extraños en la habitación mientras se acercaban y luego un chasquido como de algo rompiéndose. Madera. Era el sonido de algo de madera rompiéndose. ¿Acaso Lily había roto algún mueble para obtener un arma muggle? A Severus no le extrañaría, Lily siempre fue una peleadora y no se dejaría vencer sin darles batalla, pero un arma muggle era algo ridículo.
Cuando entraron, sin embargo, si vieron algo de madera roto: la varita de Lily Potter a sus pies. Ella estaba frente a la cuna de su hijo mientras este lloraba desconsoladamente a sus espaldas.
—Niña tonta, has roto tu única arma contra nosotros. No es que te fuera a ser de mucha ayuda—Dijo Voldemort con sorna hacía Lily.
—Haré lo que sea necesario para proteger a mi hijo—Lily saco la barbilla y miró directamente a la voz sibilante que se dirigía a ella.
—No tienes que morir ¿Sabes? Solo ese pequeño. Aquí mi fiel sirviente ha pedido que respete tu vida ¿no querrías morir tan joven, verdad? —.
Lily observó al otro mortífago retirarse la máscara y miró directamente a unos ojos negros llenos de tristeza y dolor—Sabes que no lo haré, Sev—.
Severus solo cerró los ojos con pesar, sabiendo que ella no se movería—Lo sé, Lily, lo sé—.
—Te estoy dando la oportunidad de moverte, ¡Quítate, tonta! —.
—Jamás—Lily extendió los brazos y plantó aún más los pies, la varita seguía frente a ella y la cuna. Severus se preguntaba que estaba haciendo Lily, ¿Por qué rompió su varita? Entonces lo vio, un hilo de sangre muy fino chorreaba de los puños cerrados de Lily. No se atrevería…
—¡Apártate! —Voldemort cada vez estaba más enojado y Severus temió lo que Lily había hecho. Si todas sus pistas eran lo que pensaba, Lily acababa de hacer uno de los rituales de sangre más prohibidos. Lily había sellado su magia en una protección hacia su hijo. Solo faltaba un sacrificio ritual para terminar de activarlo. Un sacrificio de aliento vital.
—¡Nunca! —.
—Lo siento mi fiel sirviente ¡Avada Kedavra! —Voldemort había prometido respetar la vida de la sangresucia, pero esto se estaba tornando ridículo. Podía haberla noqueado pero con lo testaruda que era, siempre sería un potencial riesgo y no quería más cabos sueltos, así que rompiendo su promesa a su sirviente, decidió terminar con la vida de la mujer.
Lo que siguió al hechizo, pareció suceder en cámara lenta. El hechizo dio de lleno en el pecho… pero de su mortífago. Severus Snape se había interpuesto entre la maldición y su objetivo. Sin embargo, eso alteraba el curso de la protección de sangre que Lily Potter había imbuido en su hijo.
La maldición reboto hacia Voldemort, desapareciéndolo en un estallido, dejando un montón de cenizas en vez de un cuerpo. La varita del mago oscuro cayó en aquel montón de cenizas mientras Severus Snape parecía desvanecerse en una especie de humo negro. Cuando todo acabó, Lily sintió la magia antigua asentarse en algo dentro de la capa negra que había pertenecido a su antiguo amigo y en su hijo.
Lily, aun temblorosa por lo que acababa de pasar, removió dentro de la capa negra y encontró algo inesperado. Había un bebé aproximadamente de un año. Quizás un poco más. El bebé tenía el cabello negro y sus ojos… Lily no podía creerlo, ese bebé era Severus.
Lily lo cargo y rebusco entre la ropa de Harry hasta que noto que sus manos aun escurrían sangre. Como pudo, se ató algunos trozos de tela para parar el sangrado y permitirle manipular al bebé Severus y ponerle algo de ropa. Con toallitas húmedas limpio las pocas manchas de sangre que le había dejado al pequeño, luego le puso uno de los mamelucos de Harry y lo puso junto a su propio hijo.
Harry que se había cansado de llorar, observo al nuevo bebé con ojitos cuajados de lágrimas, y se acercó al niño, quién al encontrarse en un ambiente extraño estaba por llorar. Harry gateo hasta donde estaba el bebé y lo abrazo torpemente. Eso pareció calmar al niño y mientras Lily los arrullaba con una suave nana, ambos bebés se empezaron a quedar dormidos en la cuna, uno abrazado al otro, a pesar de la devastación que los rodeaba. La explosión de Voldemort había dañado el cuarto pero no tanto como podría pensarse.
Mientras los bebés dormían, Lily observo que ambos niños tenían una runa tatuada en su muñeca izquierda, Sowelu.
Algo había cambiado el ritual. Severus al interponerse, activo una magia algo diferente a lo que fue pedido. Y Lily no tenía idea de que había pasado. Este ritual era uno que alguna vez Severus y ella leyeron en un libro de la sección prohibida. Lily pensó que para ser un ritual de sangre no era tan oscuro, ya que la vida extinguida era la del lanzador, y tenía que ser voluntaria y sin defenderse. Por eso había roto su varita, para no tener tentaciones. Severus técnicamente se sacrificó voluntariamente, pero no era el lanzador. Todo esto iba a darle dolores de cabeza, y ahora estaba sola con dos bebés.
—¿¡Lily!? ¿¡Donde estas Lily!? —¿James seguía vivo? Lily miró a la figura dormida de Severus y supo que Severus había hecho más que salvarle la vida a ella y su hijo.
—Oh Severus, ¿Aun ahora? ¿Incluso luego de habernos peleado? ¡Lo siento tanto! —Lily empezó a llorar por su antiguo amigo—Iba a escribirte Severus, decirte que te había perdonado y te extrañaba, ahora no se si podré hacerlo. No sé qué hizo este ritual contigo. Gracias, Severus, por todo, te debo mi vida y la de mi familia—Terminó Lily, en medio de un sollozo y dándole un beso en la frente al bebé que sonrió al sentir la suave caricia.
James Potter estaba entrando a la habitación de su hijo un instante después y observó a su esposa llorando desconsoladamente encima de la cuna del bebé. Temiendo lo peor se acercó a Lily—Cariño ¿Harry esta…? —.
—Vivo, James, está vivo—Lily le contestó entre sollozos—Yo, hice un ritual de sangre, James y tenía una sola condición, yo debía morir. Pero el mortífago que venía con Voldemort era Severus—James frunció el ceño e iba a empezar a despotricar, pero dejó que su mujer siguiera hablando—Él se atravesó entre la maldición asesina y yo. James, él ofreció su vida por mí. Eso no estaba en el ritual y algo paso. Voldemort desapareció y se convirtió en ese montón de cenizas—Lily señalo hacia el montón—Y Severus… Severus se convirtió en un bebé—.
Fue entonces que James asomó la cabeza por encima de la cuna y vio dos bebés en vez de uno. Su propio hijo que estaba dormido, abrazando a otro bebé de cabello negro y que se le veía una nariz algo grande para su carita regordeta—¿Quejicus? ¿Quejicus es un bebé? —.
—No lo llames así—Contestó Lily, secándose las lágrimas y calmándose en el proceso—Y si, ahora es un bebé. No sé qué paso, pero eso no es todo, mira sus muñecas izquierdas—.
James levantó las manitas de ambos bebés y observo lo que decía su esposa—Sowelu… no se mucho de runas, pero Sowelu es algo bueno—.
—James, nada de esto es normal. El ritual debió imbuir a nuestro hijo de una protección demasiado poderosa, pero el sacrificio dispuesto debía ser yo, no Severus. Esto altero el ritual pero en vez de no funcionar, creo algo distinto—.
Sonidos de Aparición sonaron alrededor de su casa, y pronto, se escuchó también el ruido de una moto acercándose a toda velocidad. Una serie de voces conocidas se escucharon dentro de la casa y pronto, en la puerta del cuarto, estaban varias personas. Sirius fue el primero en acercarse—¡James! —.
El hombre saltó a abrazar a su hermano en todo menos sangre. Sirius estaba llorando de alivio, viendo que James, Lily y al parecer Harry, estaban a salvo. ¿Pero quién era el otro bebé que estaba junto a su ahijado? —¿Y ese bebé? ¿De quién es? —Preguntó Sirius, soltando a James en el proceso.
En ese momento entro Albus Dumbledore, mirando a su alrededor. Lily no quería repetirse, así que instó a su marido a cargar a Harry mientras ella cargaba a Severus. Ahora con ambos bebés asegurados, Lily ni siquiera dejó hablar a Albus—Preferiría contar lo que paso esta noche una sola vez, así que movamos esto a Hogwarts ¿Por favor? —.
Albus, no acostumbrado a ser callado, se sorprendió por la insistencia de Lily, así que asintió y Sirius, James, Lily y los bebés, le seguían hacia la planta baja. Albus ya había levantado las barreras Anti-Aparición y sabía que en breve estarían los Aurores del Ministerio. Selló la casa y todo el grupo se desapareció de ahí.
Lily estaba relatando todo lo acontecido esa noche. Sobre como sintieron las barreras levantarse; como James siendo James, arrojo su varita sin cuidado en el sofá, y con esa misma facilidad, el sofá se "trago" la varita; como el pánico le impidió a James pensar en otra cosa que no fuera ofrecerse como escudo humano en lo que Lily pensaba una forma de escapar con Harry; como Lily decidió hacer el ritual de sacrificio para Harry y como al final, Severus se lanzó enfrente de la maldición asesina.
James aporto la parte en la cual creyó que le habían lanzado una maldición asesina y lo que recibió fue un Petrificus Totalus mezclado con un Desmaius. Snape debió enmascarar de alguna forma sus hechizos para hacer parecer que eran una maldición asesina. Esa era la teoría de James sobre porque pensó que iba a morir y no fue así.
Luego de escuchar todo, Albus pensó profundamente en las cosas, mientras Poppy Pomfrey revisaba constantemente a ambos bebés y no encontraba ninguna anomalía física o en su magia, excepto esas runas que parecían tatuadas en sus muñecas. Sowelu, la runa del triunfo, la fuerza del sol, el rayo que podía calentar la tierra como descargar su furia y eliminar todo. En opinión de Poppy, las runas estaban marcando a estos niños como futuros guerreros.
Un seco cabeceo fue toda la respuesta de Poppy hacía la mirada de Albus, que era también una pregunta no dicha. No, no había nada extraño con los niños. Eso agregaba más incógnitas a todo el asunto. Finalmente, Albus creía haber llegado a una conclusión.
—Silencio todos—Albus esperó a que todos guardaran silencio—Creo, aunque podría equivocarme, que el ritual que usaste, Lily, decidió hacer uso de otro tipo de sacrificio—.
—¿A qué te refieres Albus? —Preguntó Lily, mientras mecía a Severus bebé para que siguiera durmiendo.
—El ritual exigía una vida entregada por decisión propia, sin ofrecer resistencia. Severus cumplía esas condiciones al atravesarse entre la maldición asesina y tú. Sin embargo, al no ser el lanzador del ritual, las condiciones del mismo cambiaron el precio y el tipo de protección. Creo que el ritual exigió la vida de Severus, solo su vida, no su aliento vital. No estoy seguro de que tipo de protección ofreció el ritual, pero la deposito en ambos niños, si las runas son un indicador—.
Todos los miembros de la Orden, excepto Pettigrew que era evidentemente el traidor que entrego la ubicación de los Potter y ya se había dado a la fuga, pensaron en esto, hasta que Molly Weasley dijo lo que Albus había tratado de decir.
—Severus no volverá a ser adulto. ¿No es así? Al menos, no sin crecer como cualquier niño—Albus asintió hacia Molly mientras esta miraba con pesar a la figura del bebé en que se convirtió Severus.
Uno y otro miembro de la orden hablaba, diciendo cosas sobre cómo proteger a este bebé. Si bien muchos de ellos no habían confiado completamente en Severus, el hombre merecía ser protegido ahora que había perdido su "vida". Por consenso general, se haría saber que Severus tuvo algunos escarceos amorosos en el mundo muggle y que un trabajador social se puso en contacto, vía correo muggle, con la escuela, ya que Severus había dado el nombre muggle con que funcionaba la escuela.
Harían creer al ministerio que Severus bebé era el hijo no reconocido de Severus, ya que su madre solo tuvo un asunto casual con el hombre y había fallecido de una enfermedad muggle, dejando al niño solo pero con la instrucción a un abogado de encontrar a su padre. Dicho abogado había "escrito" a la escuela y Minerva había recibido al bebé a su cargo la misma noche en que los Potter habían sido atacados.
Revelarían el papel de Severus al ministerio, dando casi toda la información y el sacrificio de Severus, de forma que el "hijo de Severus", ahora fuera un huérfano y elegible para la adopción. Era una buena historia de portada y los mágicos rara vez se molestaban por la burocracia muggle. El problema radicaba en quién tomaría la tutela del pequeño Severus.
Lily parecía estar pensando en varias cosas a la vez. Por un lado, estaba muy tentada a conservar a Severus, pero estaba el asunto de que no sabía si James podría superar su aversión por su versión adulta. También estaba el otro asunto de que estaban esperando a su segundo hijo. ¿Qué sucedería con Severus? Molly ya tenía 7 hijos, y su última hija apenas tenía meses.
Aberforth, ni pensarlo. Alice y Frank podría ser pero con Augusta cerca de ellos… no. Remus podría ser, pero su condición le impediría adoptarlo legalmente y Sirius ofrecía el mismo problema que James. Minerva quizás, pero siendo el Wizengamot los retrógrados que eran, no permitirían que una mujer soltera adoptara al pequeño. Pero si Albus la apoyará…
—¿Albus? ¿Minerva? ¿Considerarían convertirse en padres de Severus? —Los aludidos parpadearon sorprendidos por la petición de Lily.
—¿!Yo!? —Dijeron al unísono ambos magos. No es que ninguno no hubiera pensado en adoptar al pequeño, pero ambos eran muy viejos para criar a un bebé.
—Si, ustedes. He pensado en todas las posibilidades y ustedes dos son los mejores para criar a Severus—Dijo Lily como quién explica un hecho obvio a un niño de 5 años. Ambos magos menearon sus cabezas en desacuerdo.
—Lily, querida, Severus ahora es un bebé y los niños tienen más energía en cuanto crecen más. Soy vieja y aunque siento que hubiera sido una buena madre, mi tiempo ya paso—.
—Y querida, comparto la opinión de Minerva. También soy muy viejo para cuidar a un niño y me duele decir esto, pero tampoco soy el tipo de hombre que podría criar uno—Terminó Albus con una nota amarga en su voz, mientras Aberforth, su hermano, asintió en aprobación de lo dicho. Solo ellos dos sabían porque Albus no estaba capacitado para cuidar un niño, mucho menos un bebé como Severus.
Lily, viendo que Molly ya estaba intentando ofrecerse y que James trataba de evitar su mirada al igual que Sirius, decidió que debería contar la historia de Severus. Quizás eso les iluminaría sobre porque era tan determinante en que deberían criar a Severus.
—Solo diré esto una vez y luego todos ustedes deberán evitar hablar de esto. Les diré porque Severus no puede ser criado por nadie más que alguien de la Orden y porque pienso que Minerva o Albus son los ideales—.
Lo que siguió a esta declaración, fue una de las historias más tristes contadas en el mundo mágico, y una que le abriría los ojos a 3 hombres que habían contribuido en gran medida a dicha historia con sus crueles bromas.
