Sábado, 19 de marzo.
Después de su comida favorita hecha por su hábil amiga (la pizza tipo Chicago de Chelsea siempre fue superior a los mejores restaurantes), se entregaron a un momento de intimidad con música que a ambos les resultó agradable. Un suave rock los acompañaba mientras se relajaban con sus estómagos repletos en la sala de estar.
Miradas discretas, voces temblorosas y tensión en sus cuerpos se presentaron. Pequeñas bromas o comentarios de color sobre los compañeros de colegio, sus estudios o la próxima graduación.
La vio marcharse al baño unos momentos para cambiarse la ropa. El muchacho supuso que también se calmaba un poco; después de unos minutos ella salió con pantalones gastados junto a una chaqueta de algodón abrigada. Con un movimiento de su cabeza, le indicó que la acompañara a su habitación: el rubio supo que el momento había llegado. Se sintió más nervioso que cuando tuvo su primera vez.
Dennis dejó la pequeña caja titulada "Troyan" sobre la mesa de luz. Chelsea palmeó el edredón color crema con finas líneas grisáceas sobre su superficie, aceptó a gusto su invitación y tomó asiento a su lado. Cogió las delicadas manos femeninas entre las suyas, frías como témpanos de hielo. Apretó con suave intensidad en búsqueda de compartir su calor.
Un suave olor a manzanilla proveniente de las velas encendidas inundó lentamente el ambiente, las luces sobre las mesas de noche otorgaron a la atmósfera un toque cálido y despreocupado. El color rojo de las paredes envolvió a los pálidos jóvenes antes de llevar a otro punto su relación.
La chica elevó su vista y la dejó clavada sobre sus orbes azul profundo. Un nudo se instaló en su garganta al ver aquellos preciosos ojos temerosos, su mano se elevaba inconscientemente a la mejilla para acariciarla. El tacto de su suave piel contra sus dedos fue exquisito.
Repentinamente, la castaña soltó una risita incomoda; aquella explosiva carcajada lo sobresaltó por unos instantes. Le sonrió con cierto pesar
—Estoy más nerviosa que para el puto examen de física de la semana pasada. No es justo.
—Es normal, tranquila. Yo no estoy mucho mejor, y eso que ya llevo un tiempo en esto.
Chelsea sonrió de lado con ironía.
—Qué cosa, ¿no? Me recuerda a mi primera vez, pero al menos sé que ahora no me va a incomodar tanto.
—Digo igual, pero respecto a temblar como un vibrador con piernas.
Rieron en voz baja. Ella se quitó la prenda superior, dejó la misma a un costado, revelando una camiseta ajustada y sin brasier. Por dentro, el muchacho fue víctima de una descarga eléctrica al ver la silueta de sus pezones entrar en contacto con el frio.
Quería reprimir el lenguaje inconsciente de su cuerpo, pero fue fútil debido al despertar del instinto salvaje por ella. «Cálmate un poco, D. No la espantes tan rápido.»
Acarició suavemente su cintura y elevó la mano hasta que echó detrás de la oreja un mechón de sedoso cabello; la vio sonreír a la luz que dibujó el contorno de su bonito perfil. La joven posó su mejilla sobre la palma de la mano masculina, asiendo la extremidad con un brillo en sus ojos.
Su pulso se aceleró ostensiblemente. Un suave deseo se propagó por el interior de Dennis, quien discretamente mordió sus labios.
—¿Estás lista? —ella asintió—. Cualquier cosa que no te guste, te duela o te incomode, me dices. Me detendré en el acto.
—Nunca dudaría de ti. Siento que te deseo.
Un suspiro gutural escapó del muchacho, quien la atrajo hacia él con suavidad. Chelsea colocó una mano sobre su regazo y él la llevó hasta sus labios.
A continuación, la condujo hasta su pecho; su corazón latía con fuerza debajo de su piel.
—Y yo a ti, C. ¿Hay algo que esté prohibido para ti? ¿Cómo te gusta?
—Despacio y como si me quisieras de toda la vida. —Ambos dejaron escapar unas risitas cómplices—. Puedes tocarme el cuerpo, me gusta si lo haces suavecito.
—¿Algún lado en especial?
—Descubrámoslo juntos.
La castaña bajó la cremallera de su suéter-chaqueta rojo, acarició su torso envuelto en una camiseta negra. El muchacho ahogó un suspiro ante el contacto de sus manos una vez sus manos se introdujeron por debajo de la tela.
Dennis se quitó la prenda y ésta se deslizó hacia el suelo.
—Quítame la blusa, por favor —pidió la castaña. Dennis aceptó y reveló el torso femenino. Ella condujo sus manos a su cintura—. Puedes subir desde aquí.
Lentamente, con la paciencia de un monje, dejó que sus yemas explorasen la suave y cremosa piel. Tibia, tersa y juvenil; el tacto de sus dedos viajó con rapidez por todo su cuerpo. El calor subió a ritmo constante, despertando cada milímetro de su ser.
Chelsea lanzó un suspiro cuando elevó el enfoque de sus caricias. Las yemas rozaron las marcas en forma de garras y los pequeños cortes ya cicatrizados en el abdomen femenino; los pequeños círculos provocados por las malditas balas de un funesto hombre; trató de no detenerse demasiado tiempo en sus imperfecciones, no obstante, sintió fascinación por aquellas marcas.
Ella se estremeció dulcemente al percibir sus manos ahuecadas alrededor de su busto; los pulgares juguetearon con los pezones, la respiración ronca de su amigo la hizo sonreír; el roce en la zona erógena le arrancó un suave gemido.
Tocó su turno y se desprendió del ropaje superior. Dennis le permitió sentir su fuerza física en su abdomen y pecho, perfectamente orgulloso del trabajo gracias al gimnasio junto al entrenamiento de fútbol americano.
Cariñosamente, ella delineó su cuerpo con los dedos cual artista, sonriendo tímidamente al recorrerlo. Dulcemente se acercó a su amigo, sus rostros permanecieron separados por centímetros. Sus labios recibieron el roce de su respiración.
—¿Puedo besarte? —murmuró la castaña, asintió sin poder articular un sonido coherente.—. Después puedes quitarme los leggings.
Luego, el dulce contacto de sus labios. En instantes se fundieron en un delicado beso, incrementando la fuerza y necesidad del contacto. La rodeó con sus largos brazos, que acariciaron su espalda y descendieron suavemente hasta los muslos.
La joven lo atrajo contra su cuerpo, el contacto provocó que Dennis se revolucionase a mil. La recostó con cuidado sobre la cama y poco a poco deslizó los leggings hacia abajo. El corazón pareció salírsele del pecho al verla completamente desnuda.
Torpemente se deshizo de su pantalón vaquero, quedó precariamente en calzoncillos. El estado de su cuerpo le arrancó una risita a Chelsea, quien se sorprendió de ver su entrepierna tan despierta. Se colocó sobre ella y le dio un beso entre los senos.
—Voy a bajar, ¿de acuerdo?
—Si. Quítate los calzones, quiero verlo en vivo y en directo.
—Vaya, si me lo pides así…
Accedió a la petición. Se observó unos instantes, tocando su miembro con suavidad, posó su mirada sobre su amiga. Ésta se mordió el labio y en sus ojos un atrevido brillo lo hizo ladear la sonrisa.
—Ya veo qué es lo que se comenta por ahí, Dex.
—Y aún no conoces ni la mitad.
Descendió con sus labios pegados a la piel del abdomen; la oyó suspirar y emitir pequeños gemidos ante su contacto. Besó el pubis cubierto de una ligera capa de vello.
¿Cómo no quererla? ¿Cómo fue que alguien se atrevió a agraviarla? ¿A violentarla? ¿A doblegar su espíritu? Perdido en su cuerpo y el deseo, no pudo encontrar una respuesta racional al calvario en que la sometió su exnovio.
—Tócame. Tócame toda —masculló cuando el de orbes azules elevó la vista; este asintió—. Me gustaría volver a sentir algo.
Lo hizo. Entrometió su zurda suavemente y percibió el calor junto a la humedad de la zona. Ella soltó una pequeña exclamación que ahogó mordiendo su labio inferior.
Con cuidado y paciencia satisfizo sus necesidades hasta que alcanzó el orgasmo, bajando a tierra sobre sus brazos. «Es deliciosa hasta para correrse.»
Subió hasta besarla con suavidad, pero lo que no esperó fue que le tocara la entrepierna. Ahogó un gemido gutural mientras ella masajeó la zona. Exploró a base de tacto y provocó que tuviese pequeños temblores.
Arriba hacia abajo, acariciando la punta de su miembro con movimientos circulantes de su pulgar. Poco a poco fue acelerando el ritmo y tuvo que implorar que se detuviera o explotaría sin siquiera adentrarse.
—¿Quieres que…? —la vio consentir con un gesto—. ¿De costado?
—Si, por favor.
Prudentemente colocó el preservativo para luego quedar recostado a su lado. Le tocó la pierna izquierda para indicarle elevarla y aferró su diestra al muslo; pasó su brazo derecho por debajo de su cabeza, Chelsea reposó sobre su bíceps mientras besaba su barbilla con ternura. Posó su diestra sobre la mejilla con poquísima barba y suspiró dulcemente al sentirlo satisfacerla.
—Te quiero, Chels. Te quiero muchísimo.
—Y yo a ti, Dex. —Lentamente se introdujo en ella—. Gracias por esto.
Con precaución se fundió y observó cada gesto o expresión. Se unieron en un largo beso hasta que la creciente agitación en su respiración lo obligó a separarse.
Jadeó y susurró su nombre sin darse cuenta; buscó señales en su mirada y encontró que poco a poco la muralla se derrumbaba. Trató de no dejarse llevar completamente, ateniéndose a un delgado hilo de cordura para no perder la noción de respeto y cariño que prometió.
—Más, dame más —musitó la joven con voz ahogada; él enterró sus dedos en la carne—. Así, un poco…
Posicionó mejor sus caderas para llenarla plenamente. Hundió su rostro en el cuello de la chica, con la punta de su nariz percibió el acelerado pulso de su corazón. El choque de ambas pieles fue el único sonido que sus oídos percibieron.
Chelsea hundió sus uñas en la ancha espalda, inconscientemente dejó escapar un grito cuando el ritmo fue brutal. Cerró los ojos al instante en que aumentó la intensidad de sus sensaciones.
El muchacho se sorprendió al oír un murmullo con su nombre en él. Un intenso anhelo surgió en el interior de su estómago, se sintió honrado por ser él quien le entregó paz a su torturada alma.
Dennis utilizó su mano con cuidado sobre la zona íntima para ayudarla un poco más; percibió su cuerpo acumular tensión pegando la nariz a la suya.
—Suéltalo, Chels. Suéltalo todo.
Así lo hizo. La muchacha entera se derritió en silencio con su respiración entrecortada; la besó cariñosamente al verle los ojos brillantes y agradecidos. Internamente se sintió complacido, a gusto de que en otra sesión él complaciese a su pareja. «Ahora me toca a mí.»
Pasaron los minutos hasta que el rubio comenzó a perder el control de sus actos. Se aferró al muslo como pudo a la realidad, tratando de aguantar un poco más. Optó por terminar el momento lejos de ella esa ocasión, se separó de su cuerpo en el momento justo.
Inevitablemente soltó un ronroneo al sentirse acabar, siendo víctima de ligeros temblores. Gimió y boqueó unos instantes como pez fuera del agua hasta finalmente calmarse. Le sonrió feliz a su acompañante.
Exhausto, se quedó inmóvil a su lado en un vano intento por recobrar las fuerzas. Chelsea no pudo evitar pegar la frente a su pecho y derramar algunas lágrimas. Dennis besó su cabeza con un profundo cariño, acarició su cabello al verle apartar un rostro bañado en lágrimas.
—Oh, no pasa nada. —Con su índice seco algunas lágrimas—. Dime que son de felicidad.
Ella asintió completamente conmovida.
—Es que… fue único. Nunca me sentí así antes, nunca nadie me hizo lo que tú sí.
El muchacho sonrió radiante. No solo tocó su ego masculino, sino que también tocó su fibra sensible.
—Todo para mi mejor amiga, ¿sabes?
Ella hundió su rostro en su cuello. Él besó su hombro con ternura para darle fuerzas.
—Dime que me harás esto mil veces más.
—Las veces que quieras y cuando quieras.
—¿Aun cuando tengamos clases?
—Aun cuando tengamos un examen importantísimo.
—Te quiero, Dex.
—Te quiero, Chels.
Quedaron observándose el uno al otro, acurrucados por unos instantes antes de que el fresco ambiente los obligue a separarse.
