Capítulo 6.1: El hábito no hace al monje (Parte II)
La noche llegó pronto a Noroteo. Platinum y Schilly no tardaron más en alistarse, que en lo que sus respectivas parejas fueron por ellas, dejando a Scarlet sola mientras preparaba todo el material necesario para su incursión. Su Taran-bot también preparó una mochila con los materiales que ella le había pedido, lo suficiente para sobrevivir a un ataque de Metalux.
Con todo listo, solo faltó que Ruby tocará a su puerta. Sabía que era un compañero puntual, por lo que no tuvo que esperar mucho hasta que alguien tocara. Sujetando su mochila, Scarlet abrió la puerta con rapidez.
—Espero que hayas cargado tu traje, por que estaremos…
Su voz se cortó de repente. Quién estaba del otro lado del pasillo no era Ruby, era aquel chico de tez pálida y mirada nerviosa que sujetaba entre sus manos temblorosas una pequeña caja.
—Ho-hola, Scarlet —dijo Kieran.
—Kieran —respondió Scarlet en automático. Sintió como todo su mundo se detuvo por unos segundos. No podía procesar ver a Kieran ahí, con un traje de gala blanco con detalles de Glalie, desprendiendo un olor cítrico de su colonia y con un peinado agarrado que revelaba las partes moradas de su cabello. Verlo así le sonrojó, fue tan repentino que ni siquiera intentó disimularlo.
—L-leí la invitación que me dejaste —dijo, sujetando la carta—. Y-y muchas gracias por el traje, en-enserio no debiste hacerlo —el chico arrastraba las palabras mientras su cara se ponía como un tomate—. Cuando hablamos pensé que me evitarías como los demás, pe-pero lo que dijiste fue muy tierno y yo…
—Espérame en el vestíbulo.
Ni siquiera le dio tiempo de terminar, la situación le ahogaba lo suficiente como para cerrar la puerta de golpe. Cerró los ojos, intentando controlar su respiración, y los latidos acelerados de su corazón. Cuando pudo calmarse intentó reclamarle a su Taran-Bot, era obvio que él lo había hecho, sin embargo, la máquina lo enlazó con una videollamada con Ruby.
—¡Ey, Scarlet, parece que ese normie es puntual!
—¿Carta tierna? ¿Enserio para eso me pediste a Taran-Bot? —reclamó Scarlet, molesta.
—Oye, tranquila, admite que te gustó —admitió Ruby con una sonrisa burlona—. Desde aquí puedo ver tu sonrojo.
Scarlet chasqueó los labios molesta, negando con la cabeza.
—No te entrometas en mi vida privada.
—No es entrometerme, es más un regalo —dijo—. Se ve que sientes algo por ese chico, sal y diviértete, yo me encargo de la investigación.
Los ojos de Scarlet se abrieron por completo al escuchar aquello.
—No. Escúchame bien Ruby, ir a explorar a Metalux es peligroso, iremos después —dijo Scarlet, preocupada.
—¿Eso significa que si saldrás con Kieran? —arqueando la ceja.
Scarlet se mordió el labio, estaba furiosa, podría negarse a participar en eso, pero no lo hizo, solo le dejó claro que no intentara ir, que ambos irían después. Ruby aceptó, indicando que había una sorpresa extra. Una pequeña caja de regalo que contenía dentro un lindo vestido negro.
—Tienes que estar bromeando —dijo Scarlet, irritada.
—Tranquila, yo no lo hice, mis piezas son un poco más bellas. Además, tenía dinero, velo como un regalo de cumpleaños adelantado —bromeó Ruby.
—No me gustan los obsequios, Ruby.
—Deja de quejarte y ve a divertirte, que tengo muchas prendas que hacer y luego pasan la novela —con una risa, Ruby cortó la llamada. Al hacerlo terminó de ponerse su traje de investigación, tomó el cinturón de sus pokémon y salió de su taller, listo para hacer la investigación—. Bueno, a encontrar a un pokémon raro se ha dicho.
Ruby no haría caso de las palabras de Scarlet. Como ella, sabía que un hipotético Sou destruiría toda la evidencia de los puntos, así que ahora él se encargaría del asunto mientras dejaría a Scarlet disfrutar su cita.
Mientras eso pasaba, Carmine terminaba de darle los últimos toques a su vestimenta. Un poco de rubor y sus aretes preferidos coronaría su vestido con estilo de Froslass, perfecto para el baile. Amarys no estaba, mientras que Haruna terminaba los últimos retoques en su cabello. Luego de terminar, Carmine envió un mensaje a Violet para que fuera por ella, sabía que en cuanto el mensaje fuera enviado el chico no demoraría nada en llegar, empezaba a gustarle esa dinámica.
Cuando tocó la puerta solo tuvo que despedirse de su amiga y acercarse al pasillo para encontrarse con Violet. Al verla una expresión de incredulidad se implantó en su rostro mientras sus ojos se abrieron más de lo debido. Al verle con esa expresión Carmine no pudo evitar sonreír de manera engreída mientras su rostro se sonrojaba.
—Wow, te ves muy bonita —dijo Violet, embobado—. Demasiado bonita, la más bonita.
—Lo sé, gracias —dijo Carmine, acercándose a él—. Tú también te ves lindo.
—Gra-gracias —dijo, rascándose la nariz—. Toma, para que lo uses.
Violet de inmediato abrió la pequeña caja que tenía en sus manos. Carmine observó con curiosidad el clavel rojo que descansaba en la caja. Era una flor muy bella, la tomó con delicadeza entre sus manos y la observó detenidamente, aún mantenía un olor a perfume que le hizo sonrojarse un poco, poniéndola en su cabello.
—Lo admito, tienes buen gusto —dijo, colocándola entre su cabello recogido—. ¿Cómo me veo?
—Hermosa y más hermosa —respondió Violet.
Carmine sonrió, la verdad es que aquello le había parecido un excelente regalo, había olvidado la última vez que alguien le había regalado una flor, en especial en un momento como ese. Cuando terminó le ofreció su brazo para que la llevara al baile.
—¿Quieres caminar o vamos de inmediato? —preguntó Violet.
—De inmediato, quisiera ver cómo están las cosas.
Violet asintió y en pocos segundos se encontraron en la enorme entrada al salón principal donde se llevaría a cabo el baile. Tomados del brazo, la pareja caminó con calma por el pasillo, con Carmine notando el nerviosismo y temblor en el cuerpo de su acompañante, algo que le parecía muy tierno, sujetándolo con fuerza.
Fueron recibidos por la música pop y las luces blancas y azules que destellaban y recorrían el escenario. La mayoría de los estudiantes disfrutaban de algunas copas de ponche en las mesas repletas de figuras de pokémon de tipo hielo, mientras que algunos otros distaban bailando en pequeños grupos. La música no estaba demasiado alta, pero sí lo suficiente para que tuvieran que hablar un poco más alto.
Luego de sentir el golpe de frío, Carmine pudo ver a rostros conocidos. Sus amigos parecían hablar con tranquilidad mientras comían algunos bocadillos, mientras que varios maestros parecían hacer lo propio en un rincón de la habitación. Lo que más rápido llamó la atención fue ver a Yellow y Crystal acercándose a ellos.
—Carmine, Violet, que lindo que nos acompañen —admitió Yellow con una sonrisa, sujetando una libreta.
—Profesora Yellow, hola —saludó Violet—. Hola también, Crystal.
—Hola a los dos —dijo Crystal con una gran sonrisa.
—No esperaba que la chica seria viniera aquí, por favor dime que alguien te invitó, por qué si no significa que vinieron para…
—Tranquila, no hay nada de Ogerpon —respondió Crystal rascándose la nuca—. Solo ayudo a la profesora a que todo salga de acuerdo a lo planeado.
—Debí suponerlo —Carmine sonrió de manera cínica.
—Espero que no pase nada malo con ese tema de Ogerpon —dijo Violet, rascándose el codo—. Me preocupa.
—Tranquilos, por el momento lo mejor será disfrutar la velada, mañana podremos empezar a investigar —dijo Yellow, mirando su libreta—. Que por cierto, mañana les darán sus pases Noroteo, pero será un tema para después.
—Lo sabía —Carmine movió su brazo en señal de victoria—. Bien, entonces estaremos en contacto, si nos disculpan.
—Adelante, disfruten la velada —dijo Yellow, haciéndose a un lado.
—No se excedan —añadió Crystal.
Ambos chicos asintieron, avanzando hasta la mesa de comida. Carmine estaba alegre por la noticia, ya podría volver a salir de la escuela con normalidad, y eso le entusiasmaba, sin embargo, Violet no parecía del todo alegre, al voltear a verlo pudo ver un rostro decaído.
—¿Qué ocurre? —preguntó Carmine a su acompañante.
—¿Ah? Nada, solo qué —Violet se rascó el brazo—. Me preocupa que pase algo, créeme, siempre que estamos demasiado relajados pasa algo y las cosas se salen de control rápidamente, entonces tenemos que actuar y si las cosas salen mal entonces…
Carmine no le dejó terminar de hablar, solo tomó su mano y lo llevó hasta la pista de baile. Sabía lo que pasaba, como Violet había entrado a un pensamiento circular del cual no podría salir y que desataría otro ataque, y no lo quería, no quería verlo en un estado que le pudiera doler. Tal vez la acción de interrumpir su pensamiento de forma abrupta no era lo mejor, pero sirvió al verlo más relajado mientras bailaba con ella.
—"Ya oíste a Yellow, solo intenta relajarte, disfruta de la música y el ambiente y luego veremos que sucede, ¿de acuerdo?" —dijo Carmine dentro de la mente de Violet. Aunque dudando, Violet solo suspiró e intentó centrarse en los ojos coquetos de Carmine que le invitaban a unirse al baile, cosa que hizo con un poco de torpeza, pero poco a poco fue tomando más soltura.
Del otro lado de la disco, cerca de la estatua de un Delibird, Ioseph llevaba una copa de ponche a Schilly, la chica de inmediato agradeció la bebida y ambos brindaron.
—Si está bueno esto, ¿verdad? —dijo Ioseph, tratando de ocultar el temblor de sus manos.
—Si, tiene un sabor como a fresas —admitió Schilly, observando el temblor—. ¿Estás bien?
—¿Ah? Ah sí, ignórame —dijo nervioso, tratando de ocultar su temblor—. Siempre tiemblo.
—Oh, ¿pero no es algo malo? —preguntó Schilly.
—Nah, es algo de nacimiento, supongo —dijo, distrayendo su atención en su bebida—. Además hace frio.
—Si, bueno, un poco —admitió la chica con una risita—. Pero me gusta el frío.
Ioseph sonrió, tomando un bocadillo salado. A pesar de su nerviosismo, Schilly parecía feliz estando cerca de él, apenas comenzaba la cita y, aunque torpe como lo había mencionado Scarlet, había cierto toque tierno en él que le hizo querer seguir ahí, incluso cuando Platinum y Diamond los interceptaron.
—¡Platy, Dia, este es Ioseph! —dijo Schilly en voz alta, para luego bajar el tono de su voz.
—Ah, así que tú eres el chico de las cartas —Platinum le ofreció la mano—. Un gusto, Platinum Berlitz.
—Si-si, el tuyo es gusto… digo, el gusto es mío —dijo Ioseph, apenado, saludando a Platinum—. Lo lamento, estoy nervioso.
—Es normal —dijo Diamond, alzando la mano—. Diamond, un gusto.
Ioseph asintió, para él era extraño hablar con los amigos de Schilly.
—Por cierto, ¿sabes algo de Scarly? —preguntó Platinum, bebiendo.
—¿No dijo que estaría investigando en el bosque? —preguntó Schilly, arqueando la ceja.
—Algo me dice que la veremos pronto —dijo Platinum con una risita, mirando a los alrededores—. Digamos que lo vi en un telar.
Schilly arqueó la ceja, confundida. Recordaba que Scarlet les había contado sobre su misión, además de como Sou le había rechazado. Por un momento pensó en el normie, pero aquello le parecía un poco tonto, Scarlet aún no había mostrado las ganas de intentarlo, así que no sabía cómo es que podría llegar. Lo que sí sabía es que habría alguien esperándola. Tanto ella como Diamond lograron ver a Sou sentado en una mesa, bebiendo y moviendo sus canicas metálicas con desdén, como si no quisiera estar ahí. Fue este último el que decidió acercarse a él.
—Debes probar los bocadillos, son buenos —dijo Diamond, poniendo unas galletas con arroz en una servilleta.
—Ah, gracias, pero no tengo hambre —dijo Sou, suspirando—. No sé por qué quieres que esté aquí, quisiera estar en mi taller.
—Bueno, sabes que es bueno interactuar con otros, además es divertido, y podrías aprovechar a conocer a alguien.
Sou de inmediato arqueó la ceja.
—No me des consejos amorosos, sabes lo que quiero —dijo Sou con pesadez.
—Lo sé, pero sabes que si Scarlet no pone de su parte, mucho no se puede hacer —dijo, sonriendo de manera reconciliadora—. Vamos, únetenos.
Sou volteó a ver al grupo, encontrándose de inmediato con su ex y su nueva pareja. Aquello le hizo reír de manera cínica.
—No, gracias, aún no nos hemos hablado —dijo, mirando a Schilly—. Además está su nuevo ligue, creo que es el sexto desde que cortamos, no quiero incomodar.
Diamond suspiró. Había algo de razón, él y Schilly no habían cruzado palabra desde hace mucho, un pacto mutuo donde se ignoraban de manera directa y estaban bien con ello, algo sano, o al menos así lo veían ellos. Diamond solo asintió y se levantó.
—Está bien, hazlo cuando te sientas listo, pero igual la recomendación está ahí —finalizó Diamond—. Y come bocadillos.
—¿O te los comerás todos?
—Es posible, enserio son deliciosos.
Ambos rieron con serenidad, mirándose una última vez antes de que Diamond se fuera con su novia. Era su amigo, el único si lo pensaba bien, y tenía algo de razón, tal vez podría intentarlo de nuevo, conocer a otras personas. No sabía cómo, apenas entendía que sentía, pero si su amigo lo decía, valía la pena levantarse y caminar hacia el grupo en búsqueda de alguna chica con la que hablar.
[…]
La mayoría del alumnado que llegaría al baile ya había llegado, dejando a Kieran solo, en el vestíbulo, sentado en un sillón con su caja y su ansiedad. Se mantenía expectante, aunque con la impresión de que Scarlet no aparecería en el umbral de la puerta como lo hizo.
Scarlet tardó en acostumbrarse al caminar con los tacones, avanzando con cuidado hasta Kieran. La reacción de Kieran fue inmediata: se levantó de golpe, sus mejillas se sonrojaron, sus ojos se ensancharon de golpe mientras su boca se abría ligeramente. Aquello hizo que Scarlet hiciera un chirrido con sus dientes, molesta, pero sonrojada.
—Se te meten las moscas, Kieran —dijo Scarlet, parándose frente a él.
—L-lo siento es que… —arrastró las palabras, pero no eran por nerviosismo, era genuina incredulidad— Te vez…
—¿Ridícula? ¿Irreconocible? ¿Clásico estereotipo de chica que necesita aprobación masculino? —preguntó, arqueando la ceja.
—N-no, te ves muy bonita, her-hermosa —Kieran le huyó a la mirada, jugando con su mechón para reducir la tensión.
Scarlet se paralizó por unos segundos. Sus pupilas se dilataron y se quedaron clavadas en Kieran. No sabía cómo reaccionar, que decirle, solo le miraba mientras en el interior de su mente saltaban emociones que nunca antes había sentido. Odiaba sentir el fuerte latir de su corazón, pero la sensación reconfortante de estar cerca de Kieran y oler su perfume le hizo sentirse más ligera, extraña. Odiaba sentir eso, odiaba que le gustara el sentimiento y como sus mejillas parecían arder cuando Kieran le devolvió la mirada y abrió la caja.
Dentro había una flor: una orquídea blanca. Scarlet de inmediato entendió el significado, tomándola delicadamente entre sus manos. Hubiese preferido tener una flor negra, pero en ese momento no le molestó ponerla en su cabello recogido. Luego de aquello, ambos caminaron hasta la sala de baile que quedaba a pocos metros de ahí. Scarlet agradeció que, en su nerviosismo, Kieran no se atreviera a pedirle la mano, limitándose a caminar junto a ella hasta que entraron al salón.
La llegada de Scarlet no pasó desapercibida. La mayoría de los presentes alzaron la mirada y expresaron sorpresa al ver a Scarlet entrar junto a Kieran. Aunque el chico se cohibió y se hundió de hombros, Scarlet solo expresó molestia, quiso gritar, pero su intento fue denegado cuando Yellow y Crystal aparecieron.
—Scarlet, no esperábamos verte aquí —dijo Yellow, sorprendida—. Qué gusto que nos acompañen.
—Supongo que alguien si lo vio venir, ¿verdad Crystal? —preguntó Scarlet, arqueando la ceja.
—Algo así —dijo Crystal con una risa—. Y supongo que tú acompañante debe ser Kieran, hermano de Carmine, ¿o me equivocó? Mucho gusto, soy Crystal, compañera de Scarlet.
—Conocida nada más —corrigió Scarlet.
—S-si, hola a las dos —la voz de Kieran tembló, haciendo una pequeña reverencia—. E-es un gusto.
—El gusto es nuestro, mi nombre es Yellow, soy maestra, es bueno que los normies participen en estos eventos —Yellow sonrió cálidamente—. Espero que igual disfrutes la velada, si necesitan cualquier cosa avísanos.
—Cla-claro, gracias a ambas —dijo Kieran, rascándose la mejilla—. Disculpa, debo preguntar, ¿co-cómo es que sabías mi nombre?
—Voy por algo de beber en lo que platicas eso —dijo Scarlet, dejando a Kieran con Crystal y Yellow.
Necesitaba un pequeño momento a solas para aclarar sus ideas, sabía que Crystal hablaría demasiado y le daría algo de tiempo para aclarar su mente y sus emociones. Mientras vertía el ponche en una copa pudo escuchar un profundo gritó que le hizo derramar un poco en la mesa.
—¡Scarly! —gritó Schilly detrás suyo—. Oh por Arceus, te ves encantadora.
—Tate, no me grites —dijo Scarlet, irritada.
—Lo siento —la chica rápidamente se tapó la boca.
—Pero habla en serio, te ves muy bien —dijo Platinum, llegando a la escena—. ¿Te lo hizo Ruby?
—No pienso usar algo que él haga por lo que me queda de existencia —admitió Scarlet—. Por alguna razón le interesa tanto mi vida amorosa que me compró este vestido y me arregló la cita con Kieran —admitió, bebiendo.
Schilly y Platinum se miraron mutuamente con complicidad, cosa que Scarlet interceptó de inmediato.
—No me digan que ustedes…
—Tranquila, no fue nuestra idea —reconoció Platinum—. Ruby es ese tipo de chico que ayuda sin que lo pidas, en especial a alguien que le agrada mucho, supongo que su relación es de cercanos.
—Tiene razón, a mí me ayudó bastante algunas veces —reconoció Schilly, con una sonrisa—. Supongo que deben ser buenos amigos.
—Es un aliado muy valioso —reconoció Scarlet.
—¿Así como tú chico especial? —preguntó Platinum, volteando a ver a Kieran— Debo reconocerlo, se nota el tipo de chicos que te atraen.
Ante aquellas palabras, Scarlet no respondió, solo se sonrojó y miró hacia otro lado, se negaba a responder a la risita de Platinum y Schilly.
—Algunas veces son insoportables —dijo, bebiendo.
—Puedes ocultarlo las veces que quieras, pero el amor siempre sale aunque lo ocultes bajó la alfombra —dijo Schilly.
—¿Cómo tú y Ioseph? —preguntó Scarlet, arqueando la ceja.
Aquello hizo que Schilly se sonrojara de inmediato, ocultando su rostro y tocándose los dedos en señal de nerviosismo. Al verla reaccionar así lanzó una sonrisa burlona.
—Parece que nos conoces bien ahora, Scarly —dijo Platinum, sonriendo.
—Lo suficiente, Berlitz, lo suficiente —dijo, con una mirada retadora.
Platinum solo rió ligeramente. Cuando una nueva canción comenzó a sonar, ambas se despidieron y fueron con sus parejas para unirse al baile, dándole tiempo a Scarlet para llenar otra vez su copa y volver con Kieran. Cuando tuvo ambas bebidas se dio la vuelta, pero al hacerlo se topó de frente con Sou.
—Sou —dijo, de manera seria.
—Scarlet. Pensaba que no estabas interesada en ritos tribales como te llegue a escuchar —dijo, cruzándose de brazos.
—No te debo explicaciones, y lo que haga, o no, no es de tu incumbencia —reclamó de manera fría.
—Sí, siempre ha sido así —dijo, molesto—. Supongo que prefieres bailar con Kieran que conmigo.
—Te lo repito, Sou, no te debo explicaciones, así que si me disculpas tengo que irme —Scarlet rodeó a Sou.
Pudo ver la frustración y molestia de Sou de inmediato, la sentía, pero no le daría el gusto de hacerle un desaire en ese preciso momento. Además, él y ella tendrían asuntos que arreglar más adelante. En especial con el tema de Metalux. Al menos aquello le confirmaba que él no destruiría las cosas, a menos que ya lo hubiera hecho, o que tuviera una persona extraña ayudando, lo cual deseaba que no fuera así.
[...]
Equipado con su traje de exploración, Ruby no encontró muchos inconvenientes al adentrarse en las profundidades del Soto Sempiterno. Schilly era realmente buena al crear un traje con tecnología que le permitía adentrarse al bosque con comodidad, la calefacción y la interfaz interna le permitió disfrutar del ambiente.
Nunca se había adentrado tanto en el lugar. Sin el frío acosándolo, todo resultaba estar demasiado calmado, con el viento acariciando las hojas, los Noctowl vigilando desde la copa de los árboles, los Volbeat e Illumise arremolinándose entre las plantas y algunos Hattarene durmiendo. Le encantaba la belleza del lugar.
—El Soto es unos de los lugares que jamás había explorado profundamente, la luz de la luna dota al lugar de un encanto casi mágico —dijo Ruby, su traje grababa la conversación—. Scarlet, necesitas llevar a tu chico aquí, es un lugar encantador en la noche.
Lo era, había sido una excelente elección ir primero a este lugar, en especial a esta hora con la profunda calma que te invitaba a dormir cobijado por el hermoso firmamento que estaba sobre él. Le parecía increíble como la natural neblina de Nevermore no llegara a filtrarse a ese sitio, debía haber algo mágico aquí.
Sin embargo, el encanto del lugar no lo distrajo de su objetivo. Usando un GPS finalmente encontró el lugar que buscaba. Se trataba de una pequeña caverna a las faldas de una cordillera, apenas visible por la oscuridad y la tenue luz que se filtraba por la entrada.
—Parece que se trata de una cueva, comenzaré a investigar —dijo Ruby, adentrándose en ella.
Entró de inmediato. La caverna apenas se extendía por unos metros, completamente oscura. Cuando Ruby encendió las luces no pudo ver mucho más que rocas y algunos pedazos de hielo. Se acercó a las paredes, intentando buscar algo relevante además de los numerosos rasguños que las paredes tenían, señales de un enfrentamiento de Metalux con alguien, o algo, pero no había nada más.
—Mi hipótesis es que Sou debió haberlo visto pelear con algo, algo grande al parecer —dijo Ruby—. Pero solo hay eso, nada fuera de lo ordinario… Espera, encontré algo.
Entre los fragmentos de hielo y rocas había un cable oscuro. Ruby se acercó y lo tomó, pensó que sería solo un pedazo, pero al alzarlo se dio cuenta que era más grande. Siguió el rastro hasta darse cuenta que una parte estaba incrustada en la pared roca. No tardó mucho en sacar a su Swampert para que intentara romper la pared. De unos cuantos golpes el muro finalmente cedió.
Varias luces azules le cegaron por un momento. Cuando sus ojos se adaptaron pudo ver tres extrañas máquinas en una pequeña habitación de piedra. Extrañado entró a la habitación y observó con detenimiento los aparatos.
—Son como computadoras, pero más sofisticadas —dijo, acercándose a un teclado—. Y tienen un teclado, pero no entiendo en que lenguaje este.
Ruby tomó el teclado, pero las letras habían sido reemplazadas por símbolos que no entendía del todo. Al mirar el monitor la interfaz era completamente oscura, no había gráficos, solo una pantalla de comandos en un lenguaje inentendible. Ruby se rascó la cabeza, tal vez alguien como Schilly podría saber qué era eso, pero con un idioma raro tal vez sería imposible.
—Esto definitivamente no tiene sentido —dijo Ruby, mirando las máquinas—. Se supone que Metalux es solo una máquina, no una especie de hacker informático del futuro, o algo así. Esto debe ser de alguien más, ¿pero qué pinta Metalux en todo esto de todas formas? —Ruby se cruzó de brazos, pensando—. Intentaré descubrir más de estas máquinas, pero recomiendo traer a Schilly la próxima vez.
No estaba seguro de que hacer, pero si metía algunos códigos o algo en la consola eventualmente encontraría algo, o algún aparato que se pudiera llevar, cualquier cosa sería mejor que simplemente irse con las manos vacías. Luego de sentarse, comenzó a teclear al azar, esperando encontrar un resultado diferente en la pantalla.
[...]
Scarlet comenzó a sentir los estragos de caminar mucho tiempo con tacones. Al no estar acostumbrada a usarlos, sentía como sus pies comenzaban a arder mientras platicaba con Kieran y comían algunos bocadillos. Luego de sentir que el ardor se intensificó se alejó de él, dejándolo junto al grupo de Schilly y Platinum mientras avanzaba a la parte trasera del salón.
Buscaba acomodarse su calzado, darle un pequeño descanso a sus pies antes de continuar con el evento principal al cual apenas comenzaba a acostumbrarse. Le molestaba el ruido, la gente viéndola, el dolor de sus pies, y sobre todo, la mirada fija de Sou que le perseguía constantemente. Luego de sentarse y descansar un poco, una voz apareció detrás de ella.
—Scarlet —dijo Amarys, quedándose parada frente a ella.
Scarlet arqueó la ceja al verla, ni siquiera se percató en qué momento apareció, solo estaba ahí, mirándola con desdén.
—Eres la chica que salió con Kieran en el festival de las máscaras, ¿no? —preguntó Scarlet, al sentir las intenciones de Amarys la chica se levantó de golpe, sin importarle ensuciar sus medias con el piso frío—. ¿Qué quieres?
—He visto el repentino interés en Kieran, y quiero solicitarte el que me digas a qué se debe —dijo sin más.
Ambas cejas se alzaron con incredulidad.
—No es algo que te interese —respondió, cruzándose de brazos—. ¿Cuál es tu problema?
—Mi conflicto eres tú, interfiriendo en mi relación con Kieran —respondió de manera fría.
Una vena se saltó en la frente de Scarlet. Si algo odiaba era el drama romántico.
—Por amor a Arceus, no quiero formar parte de un drama adolecente por un chico, ya somos mayores para esas tonterías —dijo Scarlet, molesta.
—Es una afirmación aceptable, para evitar el conflicto sugiero que te alejes de él —el rostro de Amarys se ensombreció—. Tú no eres apta para alguien como él.
—Y adivinare, ¿tú si lo eres?
—Afirmativo.
—Esto tiene que ser una broma.
Una gota de sudor rodó por la mejilla de Scarlet, se sentía casi ilusorio que estuviera teniendo esta conversación con una chica que ni siquiera conocía, era absurdo. La gran repulsión por la conversación le hizo volverse a poner los tacones y volver, sin embargo, antes de irse, Amarys le tomó del hombro. Su instinto se activó e intentó golpearla, pero antes de hacerlo Amarys activó su singularidad para evitar el golpe.
—Scarlet, entiendo que hayas sido seducida por la ternura y lindura de Kieran, pero no es el indicado para ti, ni tú para él. Necesita alguien con mayor tacto e inteligencia emocional —dijo, apagando su luz.
—Esto está hartándome —Scarlet gruñó con molestia—. No me interesa la mierda que pienses o no, no porque vengas a decirme estas cosas como una adolecente caprichosa a la que le robaron su juguete hará que Kieran vaya contigo —respondió Scarlet, molesta—. No me interesa lo que creas o no, las cosas simplemente son así y ya, y debes aceptarlo, además…
—¿Tu amas a Kieran? —preguntó de forma calculadora.
La pregunta directa dejó a Scarlet paralizada. Sus pupilas se dilataron y su corazón comenzó a latir con mayor fuerza. Miró a Amarys por unos segundos antes de poder contestarle.
—No te interesa, déjame en paz.
—Solo quiero saber esa respuesta —dijo Amarys, dando un paso hacia al frente—. Solo quiero saber si tú quieres a Kieran tanto como yo.
Era obvio que Amarys estaba enamorada. Sin embargo, esta conversación le incomodaba demasiado, solo quería salir de ahí, ponerse sus tacones, ignorar a Amarys y volver al baile, al menos ahí no sería parte de otro drama adolecente.
—No me importa.
Amarys hizo un ruido con su garganta, como si analizara la situación. Antes de hablar, Kieran apareció en el lugar. Ambas chicas lo miraron de inmediato, Scarlet solo movió los ojos en señal de molestia, parecía que el drama aumentaría, mientras que Amarys se acomodó los lentes y se acercó.
—Kieran.
—Ho-hola, Amarys —Kieran sonrió tímidamente y alzó la mano—. Vine por Scarlet.
—Si, ya mejor vámonos de una vez.
Scarlet tomó la mano de Kieran de inmediato, necesitaba una excusa para salir de ahí antes de que Amarys volviera incómoda la situación. Para su desgracia, antes de salir, Amarys abrió la boca.
—Kieran, debo preguntar —Amarys se acercó a ambos—. ¿Te gusta Scarlet?
—Ay, ya basta de esto, esto parece un…
—S-si, si me gusta… —respondió Kieran.
Ambas chicas se quedaron quietas al escuchar las palabras de Kieran. Scarlet no pudo evitar observar como Kieran, a pesar de su notorio temblor, apretaba su mano con fuerza, sonrojado, evitándole la mirada y mirando directamente a Amarys. De inmediato sintió como sus mejillas se calentaron y su corazón latía con fuerza dentro de su pecho. Por el otro lado, Amarys, sin una expresión concreta en su rostro, solo asintió.
—Gracias por decirlo —dijo, dándose la vuelta—. Con su permiso.
Amarys se fue. En ese momento Scarlet sintió como el agarre de Kieran se volvió más débil, logrando quitarla.
—No sé para qué le das el gusto de responder —dijo, molesta.
—M-mi hermana me ha contado cómo es Amarys, no se iría si no respondía cualquier cosa —admitió Kieran, huyendo de su mirada—. ¿De qué estaban hablando?
—De nada importante —dijo Scarlet, analizando cada reacción de Kieran—. Hay que volver.
Scarlet no dijo nada más. Aún seguía procesando las palabras de Kieran. No tanto por él, sino por sus propios sentimientos. Mientras avanzaba con él solo podía sentir esa pequeña punzada en el pecho, algo desconocido para ella, que le hacía querer tomar su mano. Se sintió infantil, como una mocosa, una tonta que había encontrado a un chico que le gustaba, y no le gustaba para nada la sensación.
Sin embargo, no quería irse, quería seguir ahí un rato más. Luego de estar con él un poco más sentía que la música no era tan mala, que la gente no era tan desagradable, y que la sonrisa tímida y el baile torpe de Kieran eran, de hecho, algo lindo. Decidió relajarse al escuchar una canción pop que tanto había escuchado en su celular.
En medio de la pista, con los alumnos bailando alrededor, Scarlet encontró un espacio donde poder bailar. Sus movimientos parecían aleatorios, sin un patrón obvio, pero Scarlet podía sentir la música dentro de ella cada vez que movía los brazos y miraba a Kieran con un rostro que reflejaba una extraña mezcla de coquetería y seriedad.
Kieran no pareció intimidarse o incomodarse, por el contrario, una sonrisa tímida escapó de su rostro conforme Scarlet se acercaba a él, tocaba su hombro y se movía al otro lado, algo que provocó que todo el mundo mirara a Scarlet con extraña fascinación, especialmente sus compañeras de habitación.
Scarlet se sentía cómoda, demasiado a gusto con sus movimientos y sintiendo la música fluir por todo su cuerpo mientras se movía. De alguna forma, aquello le hizo sentirse como una pluma en el aire, un sentimiento de felicidad que le hizo sonreír ligeramente, en especial cuando miró a Violet y ambos lanzaron una mirada de complicidad. Él la conocía, sabía que era la primera vez, en mucho tiempo, en la que Scarlet se sentía lo suficientemente bien como para hacer aquello.
Quien no parecía estar del todo bien era Sou. Sus ojos se clavaron en Scarlet desde que empezó a bailar, bebiendo de un sorbo su ponche y jugando con sus pelotas metálicas entre sus dedos. Aunque Scarlet parecía ajena a su situación, Diamond no tardó en aparecer.
—¿Estás bien? —preguntó el chico, preocupado.
—Si estás aquí supongo que no —dijo Sou de manera cortante, apretando los trozos de metal.
Diamond miró a Sou con preocupación. Cuando su mano se iluminó pudo sentir un dolor que no había sentido en mucho tiempo.
—Celos, tristeza, enojo —dijo Diamond—. E-eso es lo que sientes.
—Si, supongo que sí —dijo—. No había sentido eso desde hace muchísimo tiempo… es horrible —Sou volteó a ver a Diamond—. Desaparécelos.
Diamond se quedó en silencio por unos segundos hasta negar con la cabeza.
—Sabes que no puedo hacerlo.
—Claro que sí, no me vengas con la tontería de que debo experimentar las emociones que no quiero.
—Sabes que es parte del proceso, debes…
—Por favor, Diamond —Sou se acercó, tomándolo de su saco—. Te lo pido como mi único amigo, solo haz que desaparezca esto.
Diamond tragó saliva, ver el tono de desesperación con el que hablaba Sou hizo que su corazón se encogiera. Podía sentir ese dolor, y quería ayudarlo, hacerlo desaparecer, pero aquello no solucionaría las cosas. Sou era una persona que necesitaba experimentar todas esas emociones, procesarlas, por más que le doliera no podía darle un camino que no lo ayudaría.
—No puedo, lo siento, tienes que aprender a lidiar con ello.
—¿Y cómo hago eso? —preguntó, desesperado—. Como hago que se calme.
—Existen muchas formas, tienes que intentarlas —dijo Diamond—. Podemos ir a caminar si quieres relajarte, despejar tu mente.
—Si, despejar la mente —el tono de voz derrotado de Sou hizo que Diamond se preocupara—. Iré por aire fresco.
—Espera, le diré a Platinum que vamos y…
—No, iré solo —Sou se levantó de golpe—. Gracias, Diamond.
Sou se levantó y comenzó a caminar con rapidez hacia la salida. Diamond se quedó mirándole, pensando en qué hacer. Quería darle un tiempo a solas, pero en la condición en la que estaba no quería que hiciera algo malo. Quería que estuviera bien, así que luego de pensarlo por unos segundos habló con Platinum para decirle que iría a buscarlo, solo quería asegurarse de que estuviera bien.
[...]
Luego de probar por casi una hora, Ruby no logró encontrar nada, solo datos aleatorios que no significaban nada, o al menos eso parecía. Había notado que la mayoría de las veces que tecleaba algo aparecía una línea de caracteres específica, suponía qué sería algo como "Inserte otro comando válido" o algo parecido. Sin embargo, se dio cuenta que introduciendo una secuencia específica lanzaba otro mensaje diferente, algo que de inmediato grabó en su traje, tal vez había dado con algún comando importante, o tal vez solo era una confirmación para cambiar el texto.
Sea como fuere, el tiempo había pasado, suficiente como para que Ruby supiera que pronto, sea quien sea el que haya dejado esto, viniera a saber qué ocurría, así que era el momento de planear una emboscada. Era obvio que el dueño de aquello no era Metalux, tal vez una simple persona a la cual podría descubrir al momento de que llegara revisar quien estaba tocando sus aparatos. Salió de la caverna, no sin antes tomar un aparato en forma de teléfono que descansaba en una de las máquinas, de algo tendría que servir.
No sabía de cacería, pero una vieja conocida suya sí, por lo que una vez puesto el cebo solo sería cuestión de esperar a que la presa llegara. Al salir se ocultó dentro del follaje, activando la visión nocturna de su traje a la espera que alguien apareciera.
—Son las diez en punto, tengo sueño, pero la expectativa de ver al responsable me mantiene despierto, eso y una porción extra de barritas de energía, realmente dan ganas de seguir despierto —dijo Ruby, tomando el teléfono robado—. No tengo idea de que sea esto, tal vez un celular fuera de moda o algo así, pero parece que es importante, tal vez si se lo damos a Schilly pueda averiguar algo.
Apretó los botones del dispositivo, sin éxito alguno, estaba completamente apagado. Tal vez el extraño círculo metálico en su parte trasera serviría para cargarlo de energía eléctrica, si es que la usaba, en ese punto esa cosa podría funcionar con cualquier cosa, o al menos eso imaginaba Ruby.
El tiempo pasó, la luna llegó a su cenit y un silenció cuasi perfecto se apoderó del lugar. Ruby se mantenía a la espera, sin embargo, el sueño comenzó a hacerle efecto, bostezando de rato en rato. Observó su teléfono, si llegaba la medianoche y nadie aparecía daría por concluida la investigación y se iría de ahí. Para su fortuna, finalmente pudo ver a una persona llegar.
Una figura humanoide apareció, mirando la entrada de la caverna. Ruby intentó enfocar con su traje, pero no logró conseguir una buena imagen aún con su visión nocturna, necesitaba acercarse más. Era una simple persona, tal vez con un combate pokémon podría desenmascararla. Sin embargo, cuando tomó una de sus pokébolas, pudo notar como esta parecía estar completamente sellada, no podía abrirse.
—Este tipo es listo —dijo Ruby—. Si tan solo pudiera acercarme yo…
No pudo terminar. El silencio de la noche se rompió de golpe, una enorme bola de fuego se alzó desde dentro de la cueva. El poderoso estruendo recorrió todo el bosque, Ruby de inmediato se cubrió los oídos, indefenso ante la onda de choque que lo sacó de un golpe de los árboles, golpeando el pasto. De inmediato los pokémon durmientes se alborotaron mientras la cueva ardía con una fuerte llamarada de fuego rojo y verde.
Ruby estaba atontado, no sabía que le había golpeado y lanzado de golpe. Se levantó con dificultad, esperando que sus oídos y vista se recuperaran. Cuando lo hicieron pudo ver a la figura mirándole con el incendió detrás de él. Le dolía la cabeza y la espalda, intentó tomar una de sus pokébolas y lanzar a uno de sus pokémon, pero fue inútil. Su piel se erizó, intentó atacar con su traje, pero los pequeños cañones paralizantes no respondieron, destruidos por la explosión. Cuando vio que la figura que intentó acercársele, su primer instinto fue correr, alejarse lo más que podía, sintiendo el corazón en la garganta con cada paso. Tenía que huir de ahí a como diera lugar.
[...]
Scarlet no recordaba la última vez que se la había pasado tan bien. Aunque fuera una trivialidad cliché, realmente disfrutaba pasar el rato mientras bailaba con Kieran. En ese momento pensó en Ruby, su enojo se había transformado en gratitud, de alguna forma debería recompensarlo.
Luego de bailar por un rato más, Scarlet decidió acercarse y tomar algo más de ponche, sentía bastante calor a pesar de la persistencia del tipo hielo en toda la sala. Mientras Kieran volvía a quedarse con Platinum y Schilly, Scarlet dio un fuerte trago al ponche y sirvió otra copa para Kieran.
—Nunca te había visto tan feliz —dijo Violet.
Scarlet de inmediato volteó a ver a su amigo, el cual parecía bastante alegre.
—Un pequeño descanso hace bien, seguro es algo que Arven diría —dijo Scarlet, volteando a ver la pista de baile—. Solo por hoy decidí ceder a estas trivialidades.
—Bueno, es un progreso —Violet alzó su copa—. Por las trivialidades.
Scarlet se le quedó mirando por unos segundos hasta lanzar una sonrisa de complicidad y chocar la copa, le gustaba compartir esos momentos con su amigo. Y, si era honesta, le gustaba verlo feliz después de tanto, aunque fuera con la chica alta que se acercaba a ella. Al ver a Carmine, Scarlet suspiró, molesta.
—Scarlet, veo que sacaste a mi hermano —dijo Carmine, poniendo su mano en su cintura.
—¿Tienes algún problema con eso? —preguntó Scarlet de manera retadora.
Sus miradas se cruzaron de inmediato, sintiendo el fuego de una y la otra. Luego de unos segundos Carmine miró de reojo a Violet, haciendo que este se retirara no sin antes despedirse de Scarlet.
—¿Ahora le hablas por telepatía? —preguntó Scarlet.
—Si, es fácil hacerlo —Carmine rio ligeramente—. Escuchar, Scarlet seré directa contigo, yo…
—Por favor, Carmine, no otra vez, no quiero lidiar con dramas absurdos que…
—¡Ay, pero déjame terminar! —alzó la voz ligeramente, sujetando su pelo— Solo quiero que sepas que, aunque sigo creyendo que eres la peor, me alegra que hagas esto —Carmine volteó a ver a Kieran—. Hace mucho que no veía a Kiki tan… animado.
—Lo haces ver como si le hiciera un favor —a Scarlet le sorprendieron aquellas palabras. Arqueó la ceja, y se cruzó de hombros.
—No lo hago, Kiki es algo torpe, pero sigue siendo mi hermano, tiene buenos gustos —dijo Carmine, bebiendo un poco de ponche—. Solo quiero proteger a mi hermano, y si tú lo haces feliz, bueno, que diablos, hagan lo que quieran.
—No necesitamos tu bendición, Carmine —dijo Scarlet, molesta.
—No me importa, ya la tienen —Carmine bromeó, volteándola a ver de manera burlona—. Cuñada.
La mano de Scarlet se hizo puño al escuchar aquello, a la par que una vena en su frente se saltó. Aunque se sonrojó, el deseo de golpear a Carmine era fuerte, pero rápidamente se vio amainado al ver más de cerca su vestido.
—Tu vestido, ¿lo hizo Ruby? —preguntó, arqueando la ceja.
—Desde luego, solo visto lo mejor.
Aquello solo hizo lanzar una risa burlona, ahora entendía el comportamiento de Carmine. Aunque Carmine no pareció entender el asunto, seguro que para mañana volvería a ser la misma chica molesta que conocía, no había necesidad del conflicto.
Dejando a Carmine, Scarlet avanzó con las copas hasta Kieran, quién parecía hablar tranquilamente con Schilly sobre videojuegos. Luego de darle la bebida, el DJ anunció la última canción de la noche, una balada mucho más rítmica para que las parejas disfrutaran de la cercanía del uno con el otro.
Rápidamente las parejas se juntaron al son de una canción suave que hablaba sobre el amor, las luces blancas y tenues apenas les iluminaban, permitiéndoles bailar de manera lenta, a su ritmo, a todos menos a Kieran y Scarlet.
Ambos se quedaron viendo directamente, a pocos centímetros, sin saber exactamente qué hacer. Kieran estaba nervioso, quería acercarse, pero se mantenía a la espera de Scarlet, quién no parecía segura de acercarse o no, de permitirse tenerlo tan cerca, de hacer algo. Sentía su corazón golpeando con fuerza, sus manos temblaban ligeramente al acercarse a él, levantando tímidamente su mano mientras sus ojos no parecían tener la más mínima intención de romper su conexión.
Fue ahí, antes de tocar su blanco saco, que los dedos de Scarlet se mancharon de rojo. Analizó su mano por unos segundos, su dedo índice estaba manchado con una sustancia roja, luego lo estuvo su pulgar, su otra mano, su cabello, y pronto ella y Kieran se vieron cubiertos por un viscoso líquido rojo sangre que salía de los aspersores del techo.
La música se detuvo, haciendo audible la alarma contra incendios que provocó que todos los alumnos se movilizaran. El salón se llenó de gritos y gente corriendo de un lado a otro mientras sus ropas eran empapadas con aquella sustancia qué, luego de chupar su dedo, supo de qué se trataba.
—Pintura roja —dijo Scarlet, volteando a ver a Kieran—. Ni siquiera pudieron conseguir sangre real.
Kieran estaba sorprendido, mirando a Scarlet con incredulidad y cubierta de pintura. De pronto ambos comenzaron a sentir los empujones de los chicos golpeándoles, acercándose tan cerca que Scarlet chocó su cabeza contra el pecho de Kieran, quién la sujeto entre sus brazos.
—¿Es-estas bien? —pregunto Kieran, asustado y nervioso.
A pesar del ruido, pudo escuchar claramente los latidos del corazón de Kieran, el toque de sus manos nerviosas y su respiración. Intentó alejarse, pero pronto sintió una fuerte descarga eléctrica que le hizo desvanecerse.
Identificó de inmediato que se trataba de una visión, estaba acostumbrándose a ellas. Aunque se sintió aliviada, verse en el bosque observando como Metalux atacaba a Ruby con sus garras y rompía su traje fue algo que le hizo volver de golpe.
—¡Ruby! —gritó Scarlet, su mirada era de genuina preocupación— ¡Está en peligro!
—¿Tuviste una visión? —preguntó Kieran, asustado.
—¡No hay tiempo, debo ayudarlo! —gritó Scarlet, corriendo hacia la salida.
Scarlet sintió un escalofrío al comenzar a correr, arrancándose los tacones de golpe y corriendo como si su vida dependiera de ello. Tenía que ser rápida, lo más rápida que pudiera si quería salvarle. No le importaba nada más, solo quería estar ahí.
Schilly y Platinum lograron verla correr, con Kieran siguiéndola de cerca. No sabían qué pasaba, pero era obvio que necesitaría ayuda. Platinum era más rápida, lograría alcanzarla por aire, mientras que Schilly iría por Taran-Bot para que la alcanzara, siendo acompañada por Ioseph.
La desilusión y tristeza del baile arruinado calaban dentro de ella, quería llorar, sin embargo, el problema de Scarlet podría ser algo mucho más grave, aunque ella no lo viera así dentro de ella. No tardó en llegar a su cuarto y decirle todo al Taran-bot, el cual de inmediato se lanzó por la enorme ventana de la habitación para buscar a su dueña.
—¿Qué crees que sea lo que suceda con Scarlet? —preguntó Ioseph, alarmado.
—N-no lo sé, pero no puede ser bueno —Schilly corrió hacia su guardarropa—. Vamos, ¡¿dónde están?!
Antes de que Ioseph preguntara que buscaba, Schilly sacó unos cascos con visión nocturna y unas muñequeras cortas. Ioseph movió su cabeza con confusión, mientras que la chica solo se las puso y se acercó a él.
—Lamento que esto tenga que terminar así, pero debo ayudar —dijo Schilly.
—Es-está bien —dijo Ioseph, nervioso—. Pero no deberías llamar a alguien, tal vez a la profesora Yellow o a la directora.
—¡Tienes razón! —gritó Schilly— Ve por ellas, yo iré por atrás.
—¿A qué te refieres con…?
Schilly no respondió, solo avanzó hasta la ventana y se lanzó de una. Ioseph gritó su nombre, asustado, sin embargo las muñequeras que tenía le dieron un pequeño impulso que le hizo caer con suavidad al suelo, lista para comenzar a correr. Al verla, Ioseph solo suspiró aliviado y corrió hacia otro lado, buscando ayuda.
Al caer, una de sus muñequeras le indicó donde se encontraba Taran-bot gracias a un pequeño rastreador que tenía incorporado, solo por esta ocasión haría uso de esa herramienta que esperaba que Scarlet no le molestara. Sin embargo, mientras corría, un enorme camión cisterna llamó su atención por unos segundos.
Fue breve, aún sentía la urgencia de ir a ayudar a Scarlet, sin embargo, el ver como tres normies parecían regodearse mientras chocaban las manos le hizo sentir una enorme furia dentro de ella, en especial al ver cómo la manguera goteaba un líquido rojo. Ignorando completamente el asunto de Scarlet, Schilly corrió hacia ellos.
—¡Ustedes fueron! —gritó Schilly, molesta.
Los tres chicos le miraron con una expresión de sorpresa que se transformó en burla al ver a la chica cubierta de pintura roja empapando su vestido. Schilly apretó los puños con fuerza.
—¡¿Por qué lo hicieron? ¿Qué les hemos hecho! —gritó una vez más, molesta, pero a punto de llorar.
—¡Eres una rara muy escandalosa! —gritó uno de ellos— Eso es por lo que le hicieron a la estatua de los compatrones, y nos salen debiendo.
Sentía impotencia, apretó sus puños con ira, intentando calmar sus emociones, pero, cuando uno de ellos se acercó a ella para intentar amenazarla, toda su frustración salió de un solo golpe.
—¡Son personas horribles!
No era un simple grito. De su boca salieron ondas de choque que golpearon a los tres, tirándolos al suelo. El eco de su gritó recorrió varios metros, activando la alarma del camión, moviendo la vegetación a su alrededor y rompiendo las ventanas del lugar.
Cuando Schilly abrió los ojos se dio cuenta de lo que había pasado. Cubrió su boca de inmediato, mientras los chicos se levantaban, aturdidos, y corrieron hacia el camión mientras le insultaban. Schilly se quedó de piedra, sin decir ni una sola palabra. Cuando el camión se movió pudo ver a Ioseph del otro lado, quieto. Pensó que estaba asustado, que esa mirada preocupada era por su seguridad, aquello le aterró, sin embargo, en lugar de huir, Ioseph se acercó a ella.
—¿Estas bien?
Schilly se le quedó viendo, el que no huyera era algo que agradecía. Luego de negar con la cabeza ambos fueron a su habitación una vez más, debían hacer algo antes de ir con Scarlet, si es que volvían a ir.
[...]
Entre todo el alboroto, Carmine salió a tomar un poco de aire. Aquello era algo que no lo vió venir de ninguna forma, la oportunidad perfecta para arruinar una noche que, de hecho, estaba resultando ser muy buena. Lejos de la conversación con Scarlet, disfrutó de sobremanera el poder bailar y disfrutar de la compañía de sus amigas, aunque Amarys parecía más comprometida en vigilar a su hermano.
La había pasado bien, las bebidas eran buenas, la comida igual. Haruna y su pareja, Mitsuru (al cual le llamaba Wally a pesar de sus quejas), resultaban ser excelentes acompañantes, nunca había notado lo bien que se llevaba con ellos hasta ese día. Pero sobre todo, lo que más le molestaba, era que justo cuando comenzó a bailar más cerca de Violet, la maldita lluvia roja llegó, volviendo locos a todos. No pasó mucho en lo que ambos salieron al jardín más cercano para poder tomar un poco de aire.
—Esto lo hizo un normie, estoy segura —dijo Carmine, sujetando su pelo—. ¡Si supiera quién fue le volaría la cabeza!
—¿Crees que en realidad fue uno de ellos?
—Si, si fuera uno de nosotros usaría algo más sofisticado —dijo Carmine, molesta—. Era un buen baile, el mejor en un tiempo, y deciden hacer esto, malditos idiotas.
—Bueno, la gente mala siempre hace cosas malas —dijo, estirándose—. Por cierto, gracias por las clases de baile, me enseñaste mucho.
Carmine volteó a verlo con una mirada confusa.
—Sabes, recuerdo que dijiste que venías de una familia rica, ¿nunca te enseñaron a bailar en algún lugar sofisticado?
Violet se llevó los dedos a la barbilla, intentando recordar.
—No lo recuerdo, creo que en toda mi vida nunca asistí a una fiesta elegante —admitió, rascándose la cabeza—. Recuerdo verlo más en películas, en mi casa nunca hubo fiestas, ni tampoco en la academia, de hecho, creo que eres la primera persona con la que bailo.
—Si, lo supuse con la forma de moverte —admitió con una risa—. Aún así, lo hiciste bien para que fuera tu primera vez.
Ambos rieron y se miraron directamente. Sus ojos conectaron desde el primer momento, una pequeña chispa que le hizo sonreír como unos tortolitos y sentir una presión en el pecho. Carmine miró de reojo los dedos de Violet, acercándose lentamente. Decidió seguirle el juego, acercando los suyos. Al contacto, Violet sintió como un escalofrío recorrió su cuerpo, sus manos temblaron y su corazón se aceleró.
—Tienes valor, Violet —dijo Carmine en tonó coqueto.
—Chica linda…
—Me gusta que me halagues, pero llámame Carmine —la chica acomodó su cabello, moviendo su rostro hacía él.
—Bu-bueno, Carmine… —Violet tragó saliva, cerró los ojos y alzó su mano con agilidad— ¡Quiero besarte!
Esperaba un momento más lindo, más lento, no un gritó que le hizo alejarse de golpe. Con una vena marcada, Carmine se cruzó de brazos, molesta.
—¿Siempre tienes que arruinar el momento? —preguntó, molesta.
—L-lo siento —dijo, preocupado— Es solo que yo no sé cómo hacer esto, y sé que debes preguntar primero, y yo…
—Solo cállate un segundo —Carmine se acercó a él—. Sé un caballero, te permito acercarte un poco solo para…
—¡Carmine, Violet! —gritó Yellow.
El gritó les hizo separarse de golpe. Carmine miró a otro lado, su rostro rojo y sus manos temblorosas ocultaban la terrible vergüenza de ser descubierta, mientras que Violet se quedó quieto, girando su rostro para ver a Yellow. Pensó que le regañarían, sin embargo, el rostro preocupado de Yellow le hizo levantarse.
—¿Qué ocurre? —preguntó Violet, preocupado, al verlo actuar así Carmine se levantó de golpe.
—¿Tienen la máscara de Ogerpon? —la voz de Yellow reflejaba genuina desesperación.
—S-si, ¿qué es lo que ocurre con ella? —Carmine se levantó de golpe al escucharle.
—Necesitó que vengan a la entrada, rápido —dijo Yellow—. ¿Podrías llevarnos rápido, Violet, por favor?
Los ojos ensanchados de Yellow le hicieron saber que era algo importante, algo que le hizo sentirse preocupado de golpe. Su corazón se aceleró de inmediato, algo malo estaba pasando y necesitaban moverse. No podía moverlas a ambas, por lo que tomó primero a Carmine y después a Yellow. Al llegar, la maestra abrió la puerta y a pocos metros encontraron aquello que le preocupaba.
Ogerpon estaba tirada en el suelo, su cuerpo cubierto de moretones y heridas abiertas, su piel presentaba colores morados, manchas de lodo y una expresión exhausta. Los tres de inmediato fueron a ayudarla, momento en el que tres pokémon, llevando máscaras, los emboscaron.
—¡Los compatrones! —gritó Violet.
[...]
La neblina y el frío se apoderaron del bosque. Con la poca luna llena que tenía, Scarlet corrió sin un rumbo fijo. Salir de la escuela parecía ser un problema, sin embargo, aprovechó una puerta abierta por el área de descarga. La desesperación por encontrar a Ruby era más fuerte que el ser vista o atrapada por los guardias del lugar.
Su mente solo podía pensar en Ruby, en esa escena de él siendo atravesado por las garras de Metalux. Su corazón parecía a punto de explotar y sus pulmones comenzaban a debilitarse, pero ella continuó corriendo, aun pisando las ramas secas con sus pies descalzos.
—¡Ruby! —gritaba de manera desesperada.
Su eco resonaba por todo el Soto, pero nadie respondía, sólo podía observar los árboles y los pokémon mirándola de manera confundida. Kieran le seguía de cerca, asustado, intentando no perderse al escuchar sus gritos en la lejanía.
Cuando Scarlet sintió que sus pulmones colapsarían, finalmente pudo escuchar una respuesta a sus gritos.
—¡Scarlet! ¡Por el lago!
Era Ruby, no tenía forma de ubicarse, solo siguió el origen de la voz al este, corriendo hasta que apareció en un pequeño cuerpo de agua cristalino. El agua estaba en calma, la neblina se volvía menos densa y finalmente lo pudo ver. Era Ruby, corriendo hacia ella desde la otra orilla. Kieran también llegó, al ver al chico ambos corrieron para ayudarle, sin embargo, algo les detuvo.
La temperatura bajó de golpe, el agua del lago se congeló en un instante y un ruido metálico se hizo presente. Era Metalux, arrastrándose por el hielo y dividiendo a Scarlet de Ruby. La bestia miró a ambos y emitió un fuerte rugido.
—Es-ese es Metal… —Kieran se paralizó al verla.
—¡Ruby, lárgate, yo me encargare! —gritó Scarlet a Ruby, la chica intentó sacar la pokéball de su Meowscarada, pero no la llevaba consigo—. Kieran, ¿tienes a tus pokémon?
—S-si —dijo Kieran, sacando una pokébola torpemente, sin embargo, al intentar sacar a su Applin, este no salió.
—¡Esa cosa inutiliza las pokéball! —gritó Ruby, tomando una piedra— Oye, horrible.
Ruby lanzó una piedra a Metalux, intentando distraerlo y corriendo hacia otro lado. Aquello solo provocó molestia en Scarlet, corriendo hacia Metalux con una piedra en su mano.
—¡No te hagas el maldito héroe! —gritó.
Antes de que Metalux alcanzará a Ruby, Scarlet se lanzó a la espalda de Metalux. Sintió su instinto activarse al momento de tomar el cuello de Metalux y golpear con fuerza su rostro con una roca que había tomado. En ese momento no pensaba en otra cosa que no fuera mantener a su amigo a salvo, no podía permitirse fallar, no otra vez, no con él. Golpeaba con desesperación, buscando que Metalux los dejara, rogando por qué Ruby se marchara, pero no fue así.
Kieran observó la escena con horror. El miedo se hizo presente en él, no sabía que es lo que debía hacer, como ayudar a Scarlet. Miró a todos lados, buscando algo que le diera alguna ayuda, pero no podía, solo se tenía a él, a sus débiles manos. Su corazón comenzó a agitarse de golpe y su cabeza y piel parecían arder. Se inmovilizó, se llevó las manos a la cabeza y agitó su cabello, intentando pensar, intentando actuar, ayudar, demostrar que no era débil.
Ruby no huyó, para desgracia de Scarlet. El chico no estaba dispuesto a abandonarla. Tomó una rama y se abalanzó contra Metalux para golpearlo en las piernas, lo que parecía funcionar. Sin embargo, ambos no contaron con el Rayo de Hielo lanzado de forma indiscriminada por toda el área, descontrolando a Scarlet y haciéndola caer al suelo. Ruby intentó ayudar, sin embargo, Metalux logró soltarle una tajada directamente en el pecho.
Ruby no gritó. Cayó al suelo y pudo sentir poco a poco como su pecho ardía con intensidad. Las garras lograron atravesar su traje, manchándolo de sangre. Respiró profundamente al sentir mucha agua saliendo de él. Una creciente debilidad en su cuerpo que culminó con él cayendo al suelo, inconsciente.
—¡Ruby!
Scarlet miró con horror como Ruby colapsó. Su mundo se paralizó por unos segundos, al menos hasta que Metalux la amenazó con su hocico emanando hielo. Sus manos se hicieron puños, una desesperación e ira le hicieron lanzarse contra él, sin importar que pasara. Sin embargo, nunca llegó a golpearlo.
El ataque de Metalux fue parado en seco por un puñetazo directo en su hocico, haciéndolo retroceder un poco. El poco tiempo de margen le dio la oportunidad a Scarlet de ver el autor de aquel golpe. Una figura humanoide, con un enorme pelaje café que llegaba hasta una larga cola, que asemejaban a un Furret, y el cabello morado le hizo volver a quedarse quieta.
—¡Ki-Kieran! —preguntó Scarlet.
Kieran no contestó, sólo lanzó un débil rugido antes de lanzarse contra Metalux una vez más. Aunque sorprendida, el recuerdo de Ruby le hizo correr de inmediato para ayudar a Ruby.
La arena comenzaba a mancharse con su sangre, la corta herida era lo suficientemente grave para que Ruby perdiera sangre con rapidez, Scarlet necesitaba actuar mientras Kieran detenía a Metalux. Arrancó de un golpe partes de su vestido para hacer presión en la herida, buscando detener aunque fuera un poco la hemorragia.
—¡No te vayas por nada del maldito mundo! —gritó Scarlet de manera desesperada.
Sus manos comenzaron a temblar y se empaparon de la sangre caliente de Ruby, un escalofrío recorrió su espalda mientras su cabeza reproducía las imágenes de la muerte de Nemona. No podía permitirse perder a un amigo de nuevo, necesitaba salvarlo. Sin dudarlo usó sus manos temblorosas para golpear la capa de hielo y sacar un pedazo que envolvió en la tela de su vestido, colocándola sobre la herida de Ruby y sujetándola con un vendaje hecho de su propio vestido.
Kieran no supo de dónde sacó el valor de hacerlo, solo lo hizo. Sus instintos se agudizaron al golpear a Metalux, sintiendo un fuerte odio hacia aquella bestia que reptaba con gran ímpetu e intentaba atacarlo. Era rápido, pero él no se quedaba atrás, respondiendo como podía. Sin embargo, la fuerza inicial poco a poco se fue mermando en su transformación. La adrenalina lo abandonaba, sintiendo un mayor dolor al momento de golpear la fría coraza de Metalux. No pensaba rendirse, no lo haría, peleó hasta que Metalux lo tomó con la cola y lo azotó contra el suelo, provocándole escupir sangre luego de varios impactos, dejándolo en el suelo.
Kieran cayó, apenas podía moverse. Metalux quiso matarlo al cargar un ataque, pero un pequeño misil alcanzó su hocico. Taran-Bot apareció de entre los árboles, cargando un rayo láser para que se alejara de Kieran. Metalux rugió e intentó atacar, sin embargo, la bestia fue impactada por un tronco directo en su abdomen.
Platinum aterrizó, alzando junto a ella varios troncos usando su telekinesis. La expresión de la chica era seria, Metalux pudo ver unas llamas en sus ojos, haciéndole rugir.
—¡Lárgate de aquí, bestia! —gritó Platinum, molesta.
Metalux quiso atacar, pero Platinum lo hizo primero, haciendo que Metalux impactara contra el lago congelado. Platinum alzó otras piedras en caso de que volviera, sin embargo, Metalux lanzó un potente Rayo de Hielo al cielo que iluminó el lugar de golpe, disipando la neblina. Cuando el rocío congelado comenzó a caer, Metalux emergió y se arrastró lejos del alcance de Platinum. Ya estaban a salvo de aquel monstruo.
—¡Debiste haberlo matado! —reclamó Scarlet.
Platinum volteó a ver a Scarlet, su expresión se desconfiguró de inmediato al verla cargando entre sus brazos a Ruby, cubierta de sangre. Su corazón se volvió loco, al igual que su cabello y un minúsculo dolor de cabeza apareció.
—¡Debemos irnos ya! —gritó Platinum.
—El diseñador Ruby tiene signos vitales, debemos ir rápido a un hospital —dijo el Taran-bot, subiendo a los hombros de Scarlet.
Platinum asintió, creó un aura de telekinesis para todos y se elevó. Sin embargo, cuando volvió a ver a Kieran, este ya no estaba ahí. Al subir más lo vieron corriendo hacia otro lado, solo volteando a verlas por unos segundos antes de continuar su huida. Eso a Scarlet no le importó, solo estaba centrada en una cosa; Ruby.
[...]
Okidogi, Munkidori y Fezandipiti. Los tres pokémon venerados en la región de Noroteo se hicieron presentes. El grupo de inmediato pudo sentir el poder que emanaban aquellos pokémon con sus máscaras puestas, un aura electrizante que les ponía los pelos de punta. Yellow intentó comunicarse con ellos, pero el aura maligna le hizo saber que buscaban.
—Quieren la máscara, y vengarse de Ogerpon —dijo Yellow, preocupada.
—¡No la conseguirán! —Violet se puso firme, acercándose a Ogerpon— Son un grupo ruin atacando a un pokémon en grupo, cobardes —Violet volteó a verlas—. Debemos ayudar a Ogerpon.
Yellow asintió, tomando la pokéball de su Pikachu, la profesora estaba segura de que podrían frenarlos aunque fuera un poco. Carmine se sujetó el pelo, molesta, gritándole.
—Un tres contra uno es de cobardes, malditos —dijo, tomando la pokéball de su Milotic—. Hagámoslo.
Violet sonrió, confiado. Usando su habilidad tomó a Ogerpon y la puso en un lugar seguro, trayendo consigo la pokéball de su Skeledirge. Al ver que ella no estaba, los compatrones rugieron con enojo, listos para atacarlos.
Yellow pelearía contra Fezandipiti, Carmine contra Okidogi y Violet se encargaría de enfrentar a Munkidori. Sería un combate triple para ayudar a Ogerpon. No sería sencillo, desde el primer Psíquico que golpeó a Skeledirge, Violet supo que debería centrarse si quería tener alguna posibilidad de vencerlo.
—¡Canto Ardiente! —ordenó Violet a su pokémon.
El ataque ígneo fue exitoso, aumentando su ataque especial, sin embargo, el compatron en forma de mono no pareció verse afectado. Emitió una risa cínica mientras usaba sus movimientos de veneno para intentar envenenar a Skeledirge. Fue ahí que Carmine intuyó los tipos de los tres: el tipo veneno. Para su desgracia, ninguno de los tres contaba con algún movimiento de efecto contra ese tipo.
Eran resistentes, rápidos, y el poder emitido por las máscaras les dotaba de una superioridad que sus pokémon resintieron al recibir los primeros golpes. Sabían que sería un combate complicado, pero no esperaban que lo fueran tanto.
El Milotic de Carmine tenía una ventaja. Su habilidad le permitió aumentar su defensa cuando Okidogi la envenenó, permitiéndoles resistir mejor los golpes y quemándolo gracias a su Escaldar. Aquello le daba la ventaja de entrar a una carrera de resistencia, solo debía esperar que su Milotic soportará los ataques.
—¡Milotic, usa Rayo de Hielo! —gritó Carmine.
Carmine llevaba un combate con ventaja, Violet parecía tener dificultades para disminuir el poder de Munkidori, pero Yellow mantenía un perfil diferente. Tenía una mirada determinada, seria, indicándole a su Chuchu el momento indicado para atacar a Fezandipiti. Sus ataques parecían ser efectivo, golpeando y causando un muy buen daño al pokémon de tipo hada. Incluso con el poder de la máscara, Chuchu lograba escapar de los ataques y acertar con delicadeza. Carmine entendía el por qué Yellow era una buena entrenadora a pesar de no aparentarlo. Necesitaba serlo, ella era la más interesada en terminar con aquello para poder curar a Ogerpon con su singularidad.
El combate comenzó a cansarlos, Skeledirge y Milotic estaban cansados, débiles, mientras que sus rivales estaban listos para continuar. Lo peor fue cuando Skeledirge cayó fuera de combate. Violet sudó frío al ver a su pokémon caer, el último pokémon que le quedaba. Carmine pudo leer su mente en ese momento, su miedo, como los recuerdos de Paldea volvían de golpe, estaba teniendo un ataque. Violet se hincó en el suelo, respirando con dificultad.
—¡No ahora, Violet! —gritó Carmine, desesperada.
Munkidori aprovechó el momento de debilidad para intentar atacar a Violet directamente, lanzando orbes venosos a su cuerpo. Sin embargo, Milotic se interpuso en el impacto, ahora tendría que luchar contra dos enemigos.
—¡Violet, ¿estás bien?! —preguntó Carmine, agitándole.
Violet no respondía, su mente se quedó glitcheada en ese justo momento, repitiendo una y otra vez las mismas palabras, el mismo nombre. Carmine no sabía cómo sacarlo de su ataque, que volviera en sí. Su estrés aumentó cuando miró a su pokémon caer al suelo, debilitada por los compatrones.
—Ay no —dijo Carmine, preocupada— ¡Profesora!
—¡Debemos pedir refuerzos ahora! —gritó, lanzando dos de sus pokéball.
Aunque cayeron al suelo, sus pokémon nunca salieron, se quedaron completamente congeladas. Yellow no entendía lo que pasaba, mientras que Carmine comenzó a sentir un viento helado que le recorría la espalda.
Los compatrones detuvieron su pelea, mirándose entre ellos, extrañados. Al leerlos, Yellow descubrió que sólo repetían una frase.
"¿Es él?"
De los árboles emergió un poderoso Rayo de Hielo que alejó a los compatrones. El frio se apoderó del lugar mientras una majestuosa serpiente apareció, desconcertando a Carmine, pero no a Yellow.
—A él, lo conocen —dijo Yellow, dando un paso hacia atrás y recogiendo su pokéball—. Metalux.
Carmine finalmente conoció a la serpiente metálica de la que Scarlet hablaba. Aunque se le veía maltratada, la bestia rugió con intensidad. Los compatrones gritaron de vuelta, pero era un grito de confusión absoluta, como si no supieran de qué se trataba, incrédulos al ver a la serpiente ir contra ellos.
Abriendo su poderoso hocico, Metalux emitió un poderoso Ventisca que causó un gran daño a los tres pokémon, algo que sorprendió a todos. Aunque los pokémon intentaron atacar, sus movimientos no tenían efecto en él, lo que le permitió contra-atacar. Yellow supo que esa era su oportunidad. Rápidamente corrió con Carmine y Violet.
—¡Debemos irnos! —gritó Yellow, preocupada.
—Pero él… —Carmine tragó saliva— ¡Vámonos!
Ignorando su ataque, Carmine tomó a Violet entre sus brazos y lo llevó de vuelta a la escuela. El sentido de urgencia poco le hizo reparar en lo ligero que era el chico, llevándolo de forma desesperada hasta la entrada donde ya les esperaban algunos guardias. Lo último que Carmine escuchó antes de llevar a Violet en brazos hasta la enfermería fue el rugido de Metalux que pareció resonar por toda la escuela, aún si estaba demasiado lejos de ahí.
Y bueno, finalmente la parte dos con el poderosisimo baile jsjs.
La verdad me gustó mucho escribir esto, en parte por la shipp, creo que hice un buen simil con el baile de Wednesday, y espero tambien lo disfruten. Y nada, nos vemos a final de mes con el verdadero capítulo 7, que traia... a una vieja conocida (?)
Gracias por leer, y los comentarios, se agradece mucho :3
