Capítulo 7: No se puede huir de uno mismo.

La suave luz de la mañana despertó a Violet. El chico abrió sus ojos con fuerza y de inmediato sintió resequedad en su garganta y hormigueo en todo su cuerpo. No recordaba mucho, tampoco como había llegado ahí. Luego de estirarse se levantó y lo primero que lo saludó fue un agudo dolor de cabeza. Estaba vestido, desorientado, adecuando su cansada vista a su habitación.

Antes de poder ver con claridad, el aroma de unos huevos fritos inundó su nariz. En la pequeña cocina se encontraba Diamond, en soledad. El ruido del aceite burbujeante y el humo que salía de la cocina encendió su estómago, sintiendo como si no hubiera comido en días.

—¿Qué pasó? —dijo con un tono cansado, caminando hacía Diamond.

—Buenos días, Violet —Diamond le sonrió, como sabía hacerlo, sin embargo, Violet pudo notar de inmediato que aquella era una sonrisa fingida—. No estoy seguro, la profesora te trajo estando inconsciente, ¿te sientes bien?

—Me duele la cabeza, tengo mucha sed, y un hambre atroz —confesó, sentándose en una mesa—. No recuerdo mucho, recuerdo a Carmine, el baile, pero…

—Debiste haber activado algo en tu psique que lo bloqueó, dale algo de tiempo para recordar —el chico le ofreció un plato—. Hice algunos huevos, ¿quieres desayunar?

Violet asintió, realmente estaba hambriento y su boca salivaba conforme Diamond agregaba salsa a los huevos. Mientras disfrutaba del sabor salado y picante del desayuno de Diamond, su mente intentaba recordar qué había pasado la noche anterior. Recordaba el baile, estar con Carmine, estar a punto de besarla, pero entonces todo se volvía negro. Y ahora estaba ahí, comiendo.

Diamond le miraba con un rostro analítico, casi como si estuviera esperando que recordara para poder ayudarlo, pero no lo hacía, no podía pensar en que pudo haber pasado. Al buscar su teléfono se dio cuenta que alguien faltaba en esa habitación.

—¿Y Sou? Hoy no tiene clases —dijo Violet, al ver que su teléfono no estaba en su bolsillo.

—Él… se fue a su sitio de investigación —admitió Diamond con un tono decaído—. No creo que regrese hasta la noche.

—¿Sabes si hice algo que lo involucrara? Tienes esa cara de…

Diamond rió ligeramente, nervioso.

—Lo siento, es que, realmente me preocupa tu reacción al recordar, el que te hayas desmayado me hace pensar que fue algo muy traumático —admitió, bajando la mirada—. ¿Has ido con el otro terapeuta de la escuela?

—¿El de cabello azul? Sí, claro, ese chico, buen sujeto —Violet se puso nervioso, acariciando su cien.

Diamond solo suspiró. Violet no pudo evitar sentirse culpable, muy culpable por no haber atendido a las peticiones de su amigo. No es que no hubiera querido, solo que con todo el tema de Carmine, Scarlet, Ogerpon…

—¡Ogerpon! —gritó Violet de golpe.

Su dolor de cabeza se intensificó conforme los recuerdos llegaron a su mente de golpe. Recordó a Yellow, la batalla, él como Carmine lo ayudó y como se quedó bloqueado. Diamond se levantó de golpe, intentando calmarlo, pero fue inútil. Sin importarle aún estar recién despertado, Violet salió de la habitación de golpe, buscando a Carmine. Nadie atendió a su puerta, así que comenzó a buscar a la profesora.

La encontró en la oficina de Blue. Violet apareció de repente, llamando la atención de Yellow, Blue y Crystal. Antes de hablar, escudriño toda la oficina con sus ojos, en búsqueda de Carmine, pero ella no estaba.

—¿Cómo está ella? —preguntó Violet, asustado— ¿Dónde está Carmine?

—Tranquilo, cariño, ¿estás bien? —preguntó Blue, levantándose, preocupada.

—S-sí, acabo de recordar todo, ¿qué pasó después de que me desmayé?

Las tres mujeres se asustaron al ver a Violet tan exaltado. Blue y Yellow le pidieron que se sentara y se relajara, mientras que Crystal preparaba un té especial.

Intentó calmarse, respirar, calmar los latidos golpeantes de su corazón. Solo quería saber qué había pasado, si todo había salido mal, el no ver a Carmine ahí le hizo pensar que tal vez algo había salido mal, que ella estaba herida, herida por salvarlo, cosa que le devolvió inevitablemente a Nemona. Un pensamiento circular que le hizo querer levantarse.

—Carmine está bien —dijo Yellow—. Ella te ayudó a volver a la escuela.

—¿Y por qué no está aquí? —preguntó, ansioso.

—No estamos seguras, pero no ha salido de la escuela, debe estar con otros asuntos —respondió Blue—. Tranquilo, todos están bien.

Aunque le hizo sentirse un poco aliviado, su ansiedad aún le hacía pensar que algo malo le había pasado. Solo quería verla, saber cómo estaba. Blue le prometió que investigaría al respecto, era la directora y ella sabía cuándo un alumno salía o no, sin importar quién fuera. Violet suspiró aliviado, pero el recordar las veces que huyó por el pasadizo de Sou le volvió a tensar.

—También se del pasadizo —dijo Blue con una risa—. Y no, no pasó por ahí.

—¡¿Usted sabía de eso?! —preguntó, sorprendido— ¿Por qué no nos reprendió?

—Es una larga historia —admitió Blue, levantándose—. Ahora tenemos otros asuntos.

—Está listo el té —dijo Crystal, ofreciéndole una taza—. Está hecho de Bayas Caquic, te ayudarán a calmarte.

Violet asintió, tomando una pequeña taza de té y dándole un sorbo. El sabor dulce hizo que sus músculos se destensaran de golpe, sintiendo como su cuerpo parecía se aligeraba, calmado, atenuando su dolor de cabeza.

—Wow, gracias, me hizo sentirme mejor —dijo Violet con un tono suave—. Pero, ¿qué pasó con Ogerpon?

—Está bien, si no fuera porque la alejaste no la hubieran podido ayudar —dijo Yellow con una sonrisa.

—Aunque los compatrones le dejaron muy herida, se recuperó muy bien —agregó Blue.

—Genial, es una cosa menos —admitió, tomando más té—. Pero, ¿y dónde está?

Blue se levantó y caminó hacia una puerta. Detrás de ella, en una pequeña sala de descanso, estaba Ogerpon. Parecía entretenida comiendo unas bayas hasta que fue descubierta, intentando ocultarse. Sin embargo, al ver a Violet, esta se acercó con timidez.

Violet suspiró aliviado al verle. Era bueno saber que estaba bien. Ogerpon de inmediato salió y caminó hacia él. El chico de inmediato se levantó y se acercó a ella, confiado.

—¡Hola, soy Violet, mucho gusto! —saludó el chico, con una sonrisa calmada.

Ogerpon movió su cabeza con curiosidad antes de lanzar un pequeño grito de alegría. Aquello dejó sorprendidas a Blue, Yellow y Crystal.

—Eres el primero con la que se siente cómoda —admitió Blue, alegre—. Supongo que te guarda aprecio por ayudarla.

—Pe-pero no fui yo, también fueron Yellow y Carmine… —aquello hizo que su rostro se ensombreciera por unos segundos. Su ansiedad parecía volver hasta que Crystal lo interrumpió.

—Carmine vendrá a verme en unas semanas, así que estará bien —dijo Crystal con una sonrisa.

Aquello hizo que Violet suspirara aliviado, al menos por ahora, confiaba en las visiones de Crystal por qué confiaba en Scarlet. Luego de eso Blue dijo que debían hacer algo con Ogerpon.

Ayudarla a volver al Monte Ogro no sería lo más viable, los compatrones volverían y probablemente ahora si terminarían por matarla. Fue ahí que Yellow pensó en una estrategia, tal vez el tener a Ogerpon de su lado les ayudaría a poder encontrarlos individualmente. No serían tan tontos para ir a atacar la escuela, aún les importaba su reputación. Fue ahí que Crystal chasqueó los dedos.

—¿Y si hacemos que Ogerpon nos guie a ellos? —dijo de manera confiada.

—¿Cómo lo haríamos? —preguntó Blue.

—Ogerpon quiere también enfrentarlos, y si tienen sus máscaras, ella sentirá su poder y nos llevarnos a ellas, ¿verdad? —dijo Yellow, mirando a ver a Ogerpon quien lanzó un pequeño grito de afirmación— Cuando detecte a una iremos y los combatiremos, uno a uno.

—Sí, puede ayudarnos, pero aunque se ha recuperado del golpe, aún está demasiado débil —admitió Blue, mirándola—. Creo que Violet y Carmine deben cuidarla.

—¿Nosotros? —preguntó Violet, sorprendido.

—Sí, ustedes la encontraron primero, son perfectos —agregó Yellow.

—Pero no pueden ver a Ogerpon, la gente aún piensa cosas malas de ella y podrían alentar a que los compatrones vengan a atacarla —Crystal se llevó las manos a la barbilla.

Blue tuvo una solución de inmediato. Habitaría un cuarto especial de la escuela donde podría estar todo el tiempo que quisiera, lo suficientemente amplio para que estuviera cómoda. Al escuchar que él y Carmine compartirían la habitación el chico se sonrojó de inmediato, sin embargo, Blue rió de manera burlona al verlo.

—No te emociones, cariño, solo podrán dormir una a la vez en la habitación —dijo Blue, caminando a su oficina—. Haré el papeleo, mientras qué…

Alguien abrió la puerta de golpe. Aunque Blue hizo el amago de tomar la mano de Violet para tomar su singularidad y ocultar a Ogerpon, esta se detuvo al ver a Carmine. La chica tenía un rostro preocupado, decaído, asustado. Violet no pudo evitar sentir un golpe en el estómago al verle con esos ojos titubeantes.

—Directora Blue, quiero pedirle algo —su tono de voz parecía quebrarse con cada palabra.

—¿Qué pasó, Carmine? —dijo Blue, preocupada.

—Car-camine ¿qué tienes? —Violet no pudo evitar sentir un nudo en su garganta al escuchar su voz.

—Mis abuelos me dijeron que mi hermano no llegó a casa ayer, y están asustados, quiero ir a buscarlo.

Kieran. De inmediato Violet intentó pensar en el último lugar que le había visto, pero solo recordaba verlo bailar con Scarlet.

—¿Scarlet no lo sabe? —el chico, junto a Ogerpon, se acercaron a ella.

—N-no, no sé dónde está ella —su cuerpo tembló ligeramente mientras sus ojos parecía recubrirse de lágrimas. De inmediato cerró sus ojos, intentando mantener una actitud fuerte con poco éxito—. Quiero pedirle permiso para salir a buscarlo, por favor.

—Está bien, puedes ir, llamaré a un grupo que te ayuden —dijo Blue, tomando su teléfono.

—¿Puedo ir yo también? —preguntó Violet.

Blue asintió, sabía que ellos dos podrían cubrir más terreno, más con la singularidad de Violet, ya luego tendrán tiempo para ver lo de Ogerpon, quién aceptó quedarse en la oficina de Blue por más tiempo. Cuando se fueron, Yellow le preguntó si sabía algo del paradero de Scarlet, a lo que ella asintió, sabía exactamente dónde se encontraba, y debía hablar con ella. Luego de pedirles a Crystal y Yellow que cuidaran a Ogerpon, Blue salió de la escuela para buscar a Scarlet en el hospital de Noroteo.

[...]

Scarlet caminó con impaciencia por toda la sala de espera. Mordisqueaba su pulgar mientras parecía examinar el suelo con cada paso que daba, esperando una respuesta, un sonido, algo que le hiciera saber que todo estaba bien, pero en aquella sala solo estaba ella y una enfermera en un escritorio quien le miraba de cuando en cuando dirigiéndole una mirada molesta.

No le dijo nada, aunque internamente deseaba golpearla por preguntar cosas obvias, no quería ser echada del hospital hasta que supiera que Ruby estuviera bien, que estaba fuera de peligro. Su pecho se sentía pesado, una comezón en sus hombros que le hacía rotarlos con impaciencia mientras miraba a la enfermera, buscando que dijera las palabras adecuadas, pero no lo hizo.

—Scarly, te traje un café —Platinum entró con dos recipientes repletos de café caliente.

Lo rechazó, sin embargo, el ver el rostro de Platinum le hizo reconsiderarlo. Bebió un poco del cálido líquido y pudo sentir un escalofrío que le hizo sentirse consciente de su situación. No había dormido. No era algo que no pudiera soportar, ya antes había estado en vela, pero esta vez sintió como su cabeza parecía palpitar, por lo que decidió sentarse junto a su compañera y comer de los panecillos que había traído.

Aunque el café le relajó físicamente, mentalmente solo pensaba en Ruby. Quería que estuviera bien, necesitaba que lo estuviera. Por primera vez en mucho tiempo se sintió de la forma que tanto odiaba: vulnerable. Solo se repetía así misma como había dejado que aquello pasara, como decidió bajar la guardia y caer bajo los deseos banales de la escuela; su segundo error le había costado tanto. El solo recordar lo bien que se lo pasó con Kieran solo le hacía sentirse como la idiota más grande del planeta.

Kieran, lo había olvidado también. Recordó de inmediato su transformación. Era un singular, y no se lo había dicho, ni ella lo había sospechado. Aunque intentó ignorar el tema y centrarse en Ruby, algo en ese hecho le taladraba la cabeza, como una comezón inquieta que no podía ignorar de ninguna manera, por más que lo deseara. Al final todo se reducía a lo mismo. La había vuelto a cagar.

—No es tu culpa —Platinum interrumpió su diálogo interno. Scarlet no pudo evitar agrandar sus ojos con confusión—. Se te ve en el rostro, no lo es.

—Tú no sabes, Berlitz —el tono áspero de Scarlet solo hizo que Platinum dejará su café en la mesa—. Yo lo metí en esto, por eso me gusta trabajar sola, yo puedo controlar lo que hago, no lo que los demás hacen.

—Sé muchas cosas, como que Ruby es un chico solitario que le gusta llevarse bien con las chicas —admitió Platinum, su tono parecía nostálgico—. No puedes culparte de que Metalux le dañara, hiciste lo que pudiste.

—¿No lo entiendes? Si le hubiera dicho lo de Sou, si no hubiera salido como una estúpida adolecente con Kieran esto no habría pasado —reclamó, molesta, apretando sus puños.

—Posiblemente los dos estarían en esa sala —Platinum cerró los ojos y lanzó un suspiro—. Haya sido como haya sido, lamentarte de las cosas no ayudará a que él esté mejor.

—No, pero me da una lección.

Platinum bajó la mirada, sintiendo un ligero sentimiento de vergüenza y bebiendo su café. Scarlet no notaba que a ella parecía costarle algo con lo que Diamond era realmente bueno: consolar a las personas. Actuaba por impulso, intentando usar lo que Diamond le había enseñado, pero le costaba, y al ver que nada de lo que decía a Scarlet funcionaba, entonces se quedó en silencio, esperando junto a ella, era lo único que podía hacer.

Pasaron varios minutos hasta que un doctor llegó. Scarlet fue la primera en levantarse y preguntar por su amigo. Ruby estaba estable, se había controlado la hemorragia, pero la magnitud de sus heridas le hizo caer en coma. Mientras Platinum se llevó las manos a la boca en señal de sorpresa, Scarlet se paralizó.

No supo cómo reaccionar, qué decir, en su mente llegaron miles de escenarios fatalistas, cada cual peor que el anterior. Lo único que pudo preguntar fue si podía verlo, a lo cual el médico asintió, llevándola a su habitación mientras Platinum esperaba. Al cruzar por el umbral de la puerta y verlo sus piernas dejaron de responder de golpe.

Ahí estaba, cubierto de cables y sondas que le mantenían vivo, respirando. El doctor le dijo que solo quedaría esperar, que le mantendría al tanto, y así la dejó. Scarlet se quedó sola, caminando tímidamente hacía donde yacía su amigo. Con cada respiración forzosa Scarlet sentía que el nudo en su garganta se volvía más grande. Un dolor punzante en el pecho que le impedía pensar con claridad. Luego de quedársele viendo por unos segundos sintió como su vista se nublaba, distorsionando la figura de Ruby y poniendo a Nemona en su lugar. Aquello le hizo negar con su cabeza rápidamente, buscando calmarse, sacarla de su cabeza, aun cuando el sentimiento era el mismo. Ambos habían terminado así, por su culpa, por su falla, por su debilidad.

No sabía qué decir, o qué hacer, solo se acercó hasta él y lo observó detenidamente. Sus ojos revisaron cada parte de su cuerpo, clavándose en la herida de su rostro. Nunca lo había escuchado hablar de ella, pero era profunda, internándose en su cuero cabelludo. Era vieja, casi como un recordatorio de un evento pasado, y ella sabía perfectamente qué significaba tenerlas. De alguna forma él y ella se parecían mucho, y el entenderlo solo le hizo que le doliera más.

—Ruby —su garganta apenas alcanzó a pronunciar su nombre—. No debiste… —se interrumpió así misma, no era lo apropiado— Lo hiciste bien… Debes recuperarte, ¿oíste?

No sabía que decir en ese momento, qué clase de comentario podría reconfortar en su estado. Le costaba, cada maldita palabra dolía como el demonio. Se maldijo así misma por no saber expresarse, por no poder sacar de su cabeza las ideas que quería decir pero se negaba. Se miró en un espejo, su rostro sombrío y descompuesto, pero sin una sola lágrima, le hizo sentirse que tal vez era una desgraciada.

Se sentó en una de las sillas del hospital, intentando pensar qué hacer, cómo ayudar. Siempre había sido consciente de que era una persona sin muchas emociones reales, pero ahora se odiaba por eso al no poder sacar unas palabras amables para su compañero… no, su amigo. Era irónico, solo en ese momento pudo sentirlo como un amigo, tan cercano, y eso la hacía sentirse peor.

Mientras su diálogo interno seguía, una mujer apareció a su lado. Con el rabillo del ojo pudo ver que era Blue, pero no le sorprendió en realidad, ni siquiera se inmutó, toda su atención estaba en él.

—¿Está bien? —preguntó Blue, llevándose las manos al pecho.

—Está en coma, el doctor no sabe si se recuperará —Scarlet no volteó a verla. Blue intentó tocar sus hombros para consolarla, pero ella se hizo aún lado, no quería contacto.

—¿Y tú?

—Eso no es lo importante —el tono molestó de Scarlet hizo que Blue volteara a verla—. ¿Cómo supo lo que pasó?

Blue se quedó en silencio por unos segundos. Luego de eso se sentó en el otro sillón y miró a Scarlet a los ojos. Aquello provocó que Scarlet sintiera un cosquilleo en el cerebro. Blue intentaba comunicarse con ella por telepatía.

—"Tienes que saber que he sabido todos tus movimientos desde que llegaste a esta escuela, se lo del museo, de la cueva de Metalux, la ciudad perdida, tu predicción, todo" —la voz de Blue resonó en la mente de Scarlet.

La revelación hizo que los ojos de Scarlet se ensancharan de golpe. Intentó mantener la compostura, simular que no le había tomado por sorpresa, pero vaya que lo hacía.

—"Está blofeando" —le dijo de vuelta.

—"Sé que viste un mural donde tú matarás a los estudiantes, ¿o me equivocó?"

Era cierto, malditamente cierto. Scarlet sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Se sentía descubierta, vulnerable, el ambiente se tornó asfixiante al sentir que aquella directora sabía todo lo que había intentado ocultar.

—"Debí haberlo supuesto" —pensó, intentando mantener la calma—. "Y sabe que estoy intentando detener ese futuro a toda costa, y con esto… mi objetivo es matar a Metalux".

Blue no pareció sorprenderse, sólo se recargó más en el sillón y se cruzó de brazos. Scarlet podía sentir que la habitación era demasiado pequeña, solo ellas dos, una ejecutora y una condenada.

—"Hay una razón por la que te he dejado llegar hasta aquí, sé que eres persistente, has avanzado más que yo en la investigación, y si me lo preguntas, yo también quiero matar al maldito"—Blue volteó a ver a Ruby, el verlo hizo que su rostro decayera—. "Necesito que me digas todo lo que sabes, saber que tienes un plan, un sospechoso, lo que sea."

—"Si me ha seguido sabe de Sou, ¿no?".

—"Si, pero tengo mis reservas, necesito pruebas, lo que sea, algo que los vincule. Y no, su taller es demasiado situacional, no concuerda".

—"¿Qué le parece si le traigo una parte de Metalux?" —una mirada tétrica se dibujó en Scarlet— "Sé qué esa cosa sale si mueven las cosas en las cuevas, voy a cazarlo y le cortaré la cabeza".

Blue miró con seriedad a Scarlet, intentando pensar, analizar sus palabras. Luego de pensarlo la mujer suspiró.

—"No habrá muertes, no más." —Blue cerró los ojos— "Tráeme lo que sea que no lo mate y lo analizaremos, quién sea que sea el asesino de mis estudiantes merece ser juzgado por los únicos que le harán sentir algo del daño que hizo".

—"¿Se refiere a Pearl?" —preguntó Scarlet, recibiendo una respuesta afirmativa—. "Realmente está fingiendo que quiere venganza para convencerme de que no mate, ¿cierto?"

Blue no contestó, se quedó mirando a Scarlet con la misma mirada seria, apática, sin titubear. Eso le molestó, le costaba leer las intenciones de la directora.

—"Si quieres mi ayuda y que siga permitiendo tus movimientos, tráeme una garra, una mano o un brazo si así lo deseas, pero no habrá muerte a menos que sea necesario, ¿de acuerdo?".

Scarlet chasqueó la lengua con coraje. Realmente quería vengarse, devolverle el favor a Metalux, pero solo asintió, aceptando el trato de Blue.

—"A partir de ahora tienes libertad total para salir a la escuela a investigar, y si necesitas ayuda, yo te la brindaré" —aquello hizo que Scarlet se sorprendiera de inmediato—. "Investigare a Sou, te compartiré lo que encuentre, pero tráeme esa garra".

—"Lo haré" —Scarlet volteó a ver a Ruby—. "¿Piensa ocultar esto?"

—"Tengo una idea para agitar las aguas, no te preocupes".

Scarlet asintió. De cierta forma el ponerse a ejecutar su plan para atrapar a Metalux le hizo sentirse un poco mejor, dejando la culpa por lo ocurrido con Ruby. La idea de dar caza al responsable de todo este desastre le dotó de un propósito para ir a la escuela y organizar sus ideas, despidiéndose de la directora y de Ruby. Sin embargo, antes de irse, Blue le dijo algo más.

—"Una última cosa… ¿Sabes dónde está Kieran?" —preguntó Blue, preocupada.

Aquello hizo que Scarlet se detuviera de golpe, congelándose por unos instantes. Kieran otra vez, ese chico. Aunque sintió algo de extrañeza por la pregunta, su molestia era mayor como para negarlo.

—"No lo sé. Luego de la batalla con Metalux se fue al bosque."

—"Se convirtió en un Furret, ¿no? No ha aparecido en toda la mañana, no llegó a dormir a su casa".

—"No es mi asunto, tengo otras cosas que ver" —respondió Scarlet, molesta.

—"Sabemos que no es así, Scarlet, lo sabemos" —Blue giró su cabeza, como juzgando sus sentimientos—. "Si sabes algo dile a su hermana, está preocupada".

Scarlet se mordió el labio, odiaba admitir que tenía razón, pero la verdad era que en esos momentos no quería verlo, solo quería centrarse en Ruby y Metalux. Solo negó con la cabeza.

—"Tengo otros asuntos…"

—"Lo sé. Por cierto, quiero que sepas que nunca me ha gustado creer en las profecías, y que creo que sí existen, la podrás romper, pero si me veo obligada a proteger a mi alumnado… créeme que no dudaré en matarte".

A pesar de ser telepatía, Scarlet notó el tono frío y sombrío de Blue, jamás pensó verlo venir de alguien como ella. Sin embargo, luego de ver su rostro congelado una sonrisa se dibujó en su cara.

—"Y yo espero que no falle".

[...]

Ruby se caracterizaba por su pulcritud, Scarlet lo sabía, por eso no le pareció raro encontrar el talle completamente limpio. Las telas se mantenían fijas, las herramientas resguardadas en sus respectivos cajones y la ropa que debía entregarse por la noche permanecía en su sitio, a la espera de un dueño que nunca llegaría.

Se sintió extraña, muy ajena en ese lugar, y eso era por qué siempre que entraba se encontraba con el chico tejiendo algo en su máquina y viendo la televisión que ahora yacía apagada. Un silencio que, antaño añoraba, ahora odiaba. Quería verlo ahí, su voz irritante cuestionándole algo, o preguntando sobre sus supuestos ligues, pero en su lugar sólo encontró el vacío.

Solo tenía que tomar sus cosas e irse, en sus manos descansaba la tarjeta de video y el aparato que Ruby había encontrado, con ello Schilly podría analizarlo, su habitación ahora se volvería su nuevo sitio de investigación. Sin embargo, algo en ese cuarto, o la ausencia de ese algo, le hizo sentarse un momento e intentar procesar sus emociones internas.

No podía expresar lo que sentía, poner en palabras la opresión en su pecho al ver aquella silla sola, o los hilos estáticos en su lugar. Respiró profundamente, intentando sacar lo que tenía dentro, decirlo en palabras, pero no podía, no podía expresar la tristeza que le daba no ver a Ruby ahí.

—Ama Scarlet —Taran-bot saltó a la mesa—. Detecto signos vitales inestables, ¿quiere que llame a un médico?

—No, estoy bien, solo dame un momento —respondió Scarlet, llevándose las manos al pecho.

Miró al techo, buscando calmarse, dejar de sentir esas emociones "poco productivas" y centrarse en lo que realmente ayudaba; vengarlo. Sus pulmones se llenaron de aire y Scarlet tuvo el valor de levantarse y tomar sus libros, poniéndolos en su mochila. Necesitaba marcharse rápido.

Al hacerlo, su vista se fijó en la pizarra de Ruby. En ella figuraban algunos nombres de alumnos que le habían pedido alguna reparación, o un vestido, prendas que debieron entregarse el día de hoy. Aquello le extrañó, recordaba que había dicho que su trabajo había concluido, pero la enorme lista de clientes le hizo darse cuenta que no era así. Luego de verlas por un rato, una idea llegó a su mente.

La costura era su pasión, su medio de vida, aquello que le despertaba por las mañanas, Scarlet lo sabía, y aunque no era igual que él, su habilidad era lo suficientemente buena. Pensó en tomar su trabajo, terminarlo, al menos el día de hoy, como una forma de honrarlo, ayudarlo un poco.

Con ayuda de su Taran-bot, Scarlet organizó las prendas que les faltaba poco de terminar, y aquellas que solo requerían detalles menores, y decidió terminarlas. No estuvo sola, mientras ella terminaba los diseños de Ruby, usando su cuaderno de guía, Taran-bot terminaba de arreglar los remiendos que necesitaban solo algunas reparaciones.

Eran pocas, apenas unos seis diseños que Scarlet debía terminar para unas alumnas. Había tenido experiencia reparando su ropa cuando viajaba por Paldea, pero en ese momento pudo entender por qué Ruby disfrutaba tanto de esa actividad. Era una tarea repetitiva, una vez que seguías el diseño, había algo en la forma que pasaba el hilo por la tela que le parecía… relajante, demasiado, sintiendo como su cuerpo se destensaba con cada tejida, algo hipnótico que se rompía cada que se pinchaba el dedo por error, no le dolía, pero debía limpiarse de inmediato para no manchar la tela con sangre.

Taran-Bot le siguió el ritmo, la máquina tejía a una velocidad tan rápida que la indumentaria dañada terminaba por repararse en poco tiempo, ganándole a Scarlet. La chica soló sonrió de manera calmada al ver al robot empacar la ropa que estaría lista para su distribución. Fueron varias horas, pero Scarlet pudo terminar antes de que dieran las cinco de la tarde, solo necesitaría llevar las prendas a los respectivos alumnos, y luego iría a su habitación, pero antes debería organizar todo en su lugar, mantenerlo igual de pulcro como lo encontró.

Fue en esa limpieza que, al intentar acomodar unas telas y tirar algunos libros, Scarlet pudo toparse de frente con un cuaderno, abierto, que parecía tener más que simples diseños. Al tomarlo y leerlo se dio cuenta que aquello se trataba de una especie de bitácora del taller, aunque la forma en que estaba redactado parecía ser más una especie de diario personal. Aunque quiso cerrarlo, el ver su nombre hizo que su curiosidad aumentara, sentándose y comenzando a hojearlo con curiosidad.

—Ama Scarlet, aquello que sostiene en sus manos parece ser el diario personal del diseñador Ruby, se recomienda respetar su privacidad —dijo el Taran-bot, acercándose a ella desde el suelo.

—Ya lo sé, pero tengo curiosidad —dijo la chica, mirando la ropa terminada—. Hazme un favor, lleva la ropa a sus dueños y diles que el taller estará cerrado.

El Taran-bot asintió, ignorando por completo la recomendación que le había hecho a su ama, y comenzando las entregas de la ropa, aquello le daría tiempo a Scarlet de indagar en el libro. Aunque curiosa, se negó a leer aquellas partes que no le involucraban, en parte por qué, como una comezón en el cerebro, lo que le intrigaba era saber qué era lo que Ruby decía. En ese momento no se lo cuestionó, era la primera vez que parecía curiosa por saber qué opinaba de ella una persona, jamás le había importado, pero aquella vez, solo por esa vez, leyó todo aquello que le mencionaba.

No encontraba mucho, solo algunos comentarios agrestes de cómo es que la conoció, su sentimiento extraño al saber de ella, y sobre todo, finalmente entendió por qué él decía que le recordaba a alguien.

"... siendo honestos, esa actitud agresiva, conflictiva y alocada me recuerda mucho a Sapphire, y eso me aterra…"

Sapphire, era la primera vez que escuchaba ese nombre, la famosa chica que según él era igual a ella. Siguió leyendo, pero no encontró mucha información sobre ella, solo el cómo ambas se parecían en su forma de actuar y decir las cosas, con notorias diferencias como la capacidad de sonreír, reír e incluso… enamorarse. Aunque un sentimiento de repudio nació en ella al pensar que Ruby sentía algo por ella, aquello desapareció rápidamente ante las notas aclaratorias que recalcaban que solo la quería como una amiga.

"... ella es diferente, y eso me agrada. Detrás de esa coraza de indiferencia y frialdad se encuentra una chica dulce que no desea hacerle daño a nadie, lo sé, puedo sentirlo. Sapphire no pudo sacar todas sus emociones, se refugió en su armadura, como yo, y por eso ella… ya no está conmigo. No quiero que le pase eso a Scarlet, no quiero perder una vez más a alguien que quiero así, de la misma manera. Sé que no quiere mi ayuda, es demasiado orgullosa, pero ese chico… tal vez ese normie haga en ella lo que yo no pude hacer con Sapphire, sacarla de su armadura, que desate todo su potencial…"

Esas palabras le pegaron de una forma muy particular. La ironía del asunto le hizo esbozar una risa seca, apenas audible. Pero de aquello solo le siguió un silencio incómodo, asfixiante, donde Scarlet solo podía sentir más interiorizada su culpa, una punzada en el pecho, ojos pesados y un nudo en su garganta. En ese momento se odiaba más, sintiéndose culpable.

¿Por qué? ¿Por qué cuando una persona se interesaba tanto en ella terminaban pasando esas cosas? Arven, Peny, Violet… Nemona, y ahora Ruby. Todas las personas que se acercaban a ella, todas las que la procuraron de alguna forma terminaban mal, heridos, dañados, o muertos. Por algo no le gustaba relacionarse con los demás, abrirse. Era una ironía que, cada que lo sabía, que se permitía formar un vínculo, todo se iba al demonio. Golpeó su pecho, molesta, intentando pensar qué hacer, cómo procesar esa información.

"... ella ha sido mi primera amiga real desde que Sapphire no está, y quiero que esté bien, que no vaya por aquella senda que le asegure la soledad, como a mí, o como Sapphire. Si lo del normie no funciona, le pediré, si es necesario le rogaré, que vaya con Diamond. Cuando se puso el kimono se dio cuenta de que ella puede ser mejor, debe ser mejor. Ser la bella flor que este mundo necesita."

¿Acaso ella se merecía eso? Las palabras de Ruby, aunque cursis en su redacción, sentía que no las merecía. Si se permitía serlo, más abierta, más vulnerable… ¿soportaría perder más personas? No quería hacerlo, se negaba a hacerlo. Cerró el cuaderno de golpe, volvió a limpiar todo y tomó la ropa que al Taran-bot le faltaba por entregar.

Cerró el taller para no abrirlo en un largo tiempo. Mientras avanzaba por la escuela y entregaba la ropa, intentaba alejar su mente de todo aquello que le hiciera olvidar lo que Ruby escribió, centrarse en ella, en sus propias motivaciones, no escuchar aquella voz que le decía, que tal vez, merecía eso, que si Ruby creía en ella, tal vez ella debería hacerlo.

¿Quién era ella? Scarlet Koito, en su opinión, apenas tenía una definición clara. Era una caza-recompensas, la segunda mejor entrenadora de la Academia Uva. La que logró coronarse como campeona, la que, estúpidamente, sumió a una región en el caos, la que había causado la muerte de la chica que más conexión tenía con ella, la que traumatizó a su "mejor amigo", la que dejó en coma al otro chico que consideraba un amigo, la bestia sin corazón, la destructora de los mundos, como aquella profecía decía. En un momento sintió que tal vez, solo tal vez, si era todo lo que trataba de evitar. Tal vez, por el bien de todos, debería dejar que Blue la matara de una vez.

Entró a su habitación una vez más. Schilly y Platinum hablaban desde sus camas, pero al ver a Scarlet y su rostro afligido ambas se levantaron de golpe. Scarlet volteó a ver a Platinum, su rostro cansado, abatido, mientras que Schilly se miraba asustada, preocupada. Suspiró y negó con la cabeza.

—Deberían estar durmiendo, es tarde —dijo, intentando mantener su tono frío.

Ambas se voltearon a ver, preocupadas. De inmediato se acercaron a Scarlet, ella no se inmutó, se quedó de pie, mirándolas.

—¿Estás bien? —preguntó Platinum, llevándose las manos al pecho.

—Eso digo yo, se nota que no eres buena intentando no dormir.

—Ambas… estamos preocupadas por ti —dijo Schilly, acercándose a ella—. Solo queremos saber si estás bien, sabes que estamos aquí.

—Lo agradezco, pero estoy bien —dijo Scarlet, caminando hacia su cama—. Solo duerman, descansen, mañana será otro día.

Schilly y Platinum se miraron entre ellas, era obvio que Scarlet no estaba bien.

—Scarlet… —Platinum se acercó a ella.

—¿Qué? —volteó a verla, molesta.

—Es-estas llorando… —dijo Schilly, hundiéndose de hombros.

—¡Claro que…!

Scarlet se llevó las manos a las mejillas y, por primera vez en mucho tiempo, las sintió mojadas. Se miró al espejo, su ojo derecho lagrimeaba tímidamente, unas pequeñas gotas que habían logrado escapar de su laguna emocional. Se quedó de piedra al verse, negó con la cabeza repetidamente y se limpió, lanzando un grito que hizo que Platinum y Schilly se acercaran. Más que tristeza, Scarlet estaba enojada, una vena en su frente se marcó y su cara se puso roja de frustración.

—Puedo llamar a Diamond, seguro él…

—¡No! —gritó Scarlet, molesta— Solo déjenme sola, yo estoy bien, estoy…

Los gritos de Scarlet fueron interrumpidos por el sonido de alguien tocando la puerta. Aunque Platinum y Schilly no quisieron abrir, centrándose en su amiga, Scarlet aprovechó el momento para pensar en otra cosa, cualquiera que fuera con tal de ignorar las ganas que tenía de sacar el llanto. Sin embargo, no esperaba ver al chico rubio del otro lado de la puerta.

—Violet… —Scarlet se sorprendió de verlo.

—Scarlet, nosotros…

—¡Necesitamos tu ayuda! —gritó Carmine entre lágrimas.

Los ojos de Scarlet se ensancharon al ver a Carmine aparecer de repente, entrando de golpe. La chica entró, Scarlet retrocedió al ver sus ojos completamente rojos, repletos de lágrimas. Sus ropas estaban manchadas de lodo y agua, su pelo alborotado y sus pies apenas pudieron soportar su peso, haciéndola arrodillarse.

Scarlet no supo qué hacer, ver a Carmine, la chica que detestaba, inclinada ante ella era algo que no podía procesar.

—¡¿Qué sucede?! —gritó Schilly, asustada, acercándose a Carmine.

—Kieran… no sabemos dónde esta —dijo Violet, inclinándose para tomar a Carmine.

—¡M-mi hermano desapareció, y tú fuiste la última que lo vio! —los gritos de Carmine parecían bramidos ahogados en sus propias lágrimas— ¡Po-por favor, dime que sabes dónde está!

Scarlet tragó saliva, el nudo que estaba dentro de su garganta solo se intensificó. De inmediato negó con la cabeza, no lo sabía, y el rostro de preocupación de Carmine solo le hizo sentir que su corazón se encogía.

—¡Tú tienes que saber dónde está, por favor, te lo ruego! —Carmine se desmoronó— ¡Él… dejó una nota y…!

—¡¿Qué clase de nota?! —preguntó Platinum, exaltada.

La respuesta solo hizo que él aire de Scarlet saliera despedido de sus pulmones. Una nota en el cuarto de Kieran, una confesión de sus sentimientos, de su inutilidad, de cómo sentía que era débil, una carga para todos, y de cómo estaba dispuesto a dejar de serlo, por el bien de todos. Scarlet entendió el mensaje de inmediato, un sentimiento de urgencia, pánico, le hizo sentirse ahogada. Sudó frío mientras su mente solo pensaba en un solo escenario.

—¡¿Llamaron a Blue? Ella debe poder buscarlo, o la policía local, alguien! —gritó Schilly, asustada.

—¡N-no, nadie lo ha visto, revisamos todo el maldito Monte Ogro y… no está! —Carmine continuó llorando, con cada quejido Scarlet sentía que su cabeza dolía más y más. De pronto, sintió que Carmine la tomaba de la camisa— ¡Te lo imploró, dime que sabes dónde está mi hermano, por favor!

No podía pensar bien, se sentía bloqueada, intentando calmar sus síntomas físicos y mentales, pero era incapaz de hacerlo. Fue ahí, entre toda su vorágine de pensamientos, que recordó un lugar específico.

—¡¿Buscaste en la cueva del Ogro?! —preguntó Scarlet de inmediato.

Carmine negó con la cabeza, no conocía esa ubicación, pero Scarlet si lo conocía, fue el lugar donde Thorton casi la mataba. Sin pensárselo mucho, Scarlet se apuntó para ir por él. Carmine quiso ir con ella, pero Platinum le recomendó que no lo hiciera, estaba demasiado cansada, agotada, salir afuera ahora solo empeoraría las cosas. Ella se negó, quería ver a su hermano, pero Scarlet solo volteó a verla, que leyera su mente, que viera que, como ella, Scarlet estaba dispuesta a salvar a su hermano, que confiara en ella. Fue en ese momento, mirando a Scarlet, que aceptó a regañadientes. Violet quiso ir, pero era mejor que se quedara a cuidar a Carmine, fue Platinum quien decidió ayudar, con su telekinesis llegarían muy rápido al lugar.

—¡Vámonos, Berlitz, ahora! —gritó Scarlet desde la ventana, su tono agresivo solo reflejaba genuina desesperación.

La Berlitz aceptó, cubriéndola con un aura y volando hacia el Monte Ogro. Schilly se quedaría junto a Violet para intentar calmar a Carmine, quién solo deseaba que Scarlet pudiese encontrar a su hermano antes de que lo peor ocurriera.

[...]

Las nubes se apoderaron del firmamento de Noroteo, ignorantes por completo a la desesperación de Scarlet. Sus ojos se quedaron clavados en el Monte Ogro mientras volaba junto a Platinum, rodeadas por un aura rosada. No sentía el frío, ni el ruido de los pokémon pájaro, solo podía sentir su propia voz interna que no parecía querer callarse.

Sentía una opresión en el pecho que le hizo querer gritar, decirle a Platinum que se apresurara a llegar cuando toparon con las faldas del Monte, pero no lo hizo. Apretó los puños y se los llevó al pecho, sus ojos analizaban cada centímetro del Monte que sobrevolaban, buscando hasta el más mínimo detalle que correspondiera a él, a Kieran.

De un momento a otro su mente comenzó a especular, plantear escenarios hipotéticos de que se encontraría al llegar al camino donde se había encontrado a Thorton. Una imagen simple de Kieran con la sangre escurriendo de sus muñecas, o su cabeza abierta al lanzarse desde el precipicio, o devorado por algún pokémon salvaje que viera a un cadáver indefenso. Aquellas imágenes provocaron un escalofrío que recorrió su cuerpo, un temblor que le hacía querer correr por el aire, lanzarse y caer al piso para ir más rápido. No quería que pasara, no otra vez, no como con Ruby. De inmediato las imágenes de Ruby y Nemona volvían a su cabeza y Scarlet cerró los ojos y se tomó del cabello.

—¡Scarlet! —gritó Platinum.

—¡Estoy bien, solo date prisa… por favor! —respondió Scarlet.

Debía concentrarse, mantener la mente fría, alejar ese sentimiento de pánico que invadía su pecho y le impedía respirar con claridad, la sensación de que debía estar ahí a como diera lugar, salvarlo. Solo quería protegerlo, mantenerlo a salvo, solo eso y nada más. Sentía el miedo de verlo muerto subiéndole por los hombros.

Un rayo cayó a la cima del monte, provocando con ello que la lluvia cayera sobre ellos. Platinum hizo un gesto, intentando estabilizarse cuando los vientos golpearon a ambas, atrasándolas. Scarlet volteó a verla, su expresión le suplicaba que no cediera, que se mantuviera firme. Platinum hizo una mueca y su aura se intensificó, potenciándola y recuperando el control, pero emanando un gran calor.

—¡Sca-Scarly, no podré soportarlo mucho tiempo! —el sudor comenzó a aparecer en su frente mientras pequeños destellos naranja salían de su cuerpo.

—¡Solo déjame lo más cerca que puedas a esa cuenca, yo seguiré el resto! —gritó Scarlet.

Platinum asintió, poniendo todas sus fuerzas en acercarse lo suficiente hasta una superficie en una parte alta de la Gruta del Pavor, en la parte superior de la cueva de Ogerpon. Al dejarla ahí Platinum cayó, exhausta, emanando un gran calor que poco a poco comenzaba a amainar. Aquello no debía detenerla, Scarlet lo sabía. Sin pensárselo mucho derrapó por la roca hasta llegar a una plataforma verde desde la cual ver mejor el escenario.

La lluvia se intensificó, los vientos golpeaban con fuerza la poca vegetación del lugar, incluida la de la plataforma donde alguna vez ella y Kieran habían sido atacados. No podía escuchar nada, sus ojos apenas se mantenían abiertos por todo el agua que caía en su cara, solo podía apreciar las rocas, el césped, los pokémon. Había un Noivern luchando contra una figura que no logró reconocer en un instante, tuvo que pedir a su Taran-bot que enfocara contra qué luchaba.

El pokémon dragón se alzaba y atacaba con ataques de sonido contra una ser peludo que intentaba contraatacar, sin éxito, siendo dañado y lanzado al piso varias veces. Cuando el Taran-bot centró mejor su visión pudo darse cuenta de quién era.

—¡Es el señor Kieran transformado! —dijo el Taran-Bot.

—¡Mierda!

Taran-bot lanzó un gancho al árbol de la plataforma para que Scarlet pudiese bajar con seguridad. Scarlet no dudó en tomar la cuerda y descender lo más rápido que podía, con cada salto hacia abajo sentía como su corazón se aceleraba más y más y su cuerpo se calentaba, sentía que sus venas ardían y su cabeza dolía al poder escuchar tenuemente los gritos del Noivern atacando a Kieran.

Kieran intentaba atacar a su rival, derribarlo en el aire, pero no pudo hacerlo. Noivern se abalanzó contra él y usó una Garra Dragón que logró tirarlo del débil puente.

—¡Kieran! —gritó Scarlet.

Scarlet sintió que su corazón se detuvo. La figura de Kieran cayó en caída libre a un cuerpo de agua. No lo pensó, no lo meditó ni un solo segundo, solo se lanzó hacía él.

Ambos estaban en el aire. Scarlet sintió como si todo el mundo se pusiera en pausa, no había viento, no había lluvia, no había ni un solo ruido, solo ella y el cuerpo de Kieran a metros de donde ella estaba. Quería acercarse, rogaba por caer más rápido y tomarlo de la mano para evitar el fuerte golpe que les esperaba. Alzaba la mano para poder estar cerca, para poder tomar su cola, salvarlo, llevarlo a un lugar seguro, pero estaban lejos. Necesitaba acercarse, evitarlo, salvarlo.

El golpe contra el agua fue contundente, helado, oscuro. El cuerpo de Kieran se sumergió de inmediato en el fondo del estanque, rebotando contra el suelo y sacando hasta el último gramo de oxigeno de sus pulmones. En ese momento el chico cerró los ojos con una mirada fúnebre, con su cuerpo lentamente recuperando su estado normal. Scarlet lo vió, vió como su cuerpo parecía desaparecer en la oscuridad del agua hasta que ella finalmente entró.

Scarlet sintió como cada centímetro de su cuerpo fuera golpeado por un mazo, como si un tren la hubiese arrollado. La frialdad del agua inundó su cuerpo, un frío intenso que jamás había sentido y que le hizo soltar casi todo el aire de sus pulmones. Abrió los ojos y sintió como su cabeza palpitaba, su piel ardía y sus brazos y piernas parecían responder a duras penas, encontrándose con una oscuridad que parecía infinita hacia todos lados. La sensación de ahogamiento le hizo nadar a la superficie, la combinación del frío y el ardor le hizo querer salir de ahí, pero no podía, no ahora.

Volvió a sumergirse, ni el dolor que le llegaba hasta los huesos y la sensación de debilidad en el estómago le hizo detenerse y nadar hasta el fondo, buscando desesperadamente un cuerpo que pudo ver hundido entre las rocas. Su corazón se aceleró de golpe, tomó el brazo de Kieran y jaló, jaló con desesperación, poniendo toda la fuerza que le quedaba, sintiendo dolor en cada centímetro de su cuerpo al sacarlo de ahí.

Sus pulmones parecían a punto de estallar cuando finalmente sacó a Kieran a flote. Se arrastró hasta llegar a la orilla, dejándolo en el suelo.

—¡Vamos, Kieran, maldita sea! —gritó Scarlet.

Con suu cuerpo tembloroso y adolorido comenzó a hacerle compresiones en su pecho, buscando traerlo a la vida. Su corazón no latía, no respiraba. Scarlet sentía como el sudor salía de su cuerpo mientras intentaba hacer que recuperara el aire, un calor infernal que se intensificaba con cada compresión y respiración de boca a boca.

—¡No te mueras, por Arceus, no te mueras! —gritó Scarlet, desesperada.

Jadeaba, sus músculos parecían estar quemándose por el esfuerzo y su cabeza comenzaba a dar vueltas, pero nada de eso le detuvo, ni la expresión de terror en sus ojos. Veía en Kieran a Nemona y Ruby, no quería perderlo, no ahora, no a él. Un último esfuerzo, una bocanada más de aire provocó que finalmente Kieran comenzara a toser el agua de sus pulmones.

Al verlo reanimado su cuerpo finalmente cedió. Intentó mantenerse sentada, pero sus brazos estaban exhaustos, haciéndole caer al suelo mientras Kieran escupía el agua e intentaba reintegrarse. Scarlet jadeaba, suplicante por un poco de aire, solo unos segundos de descanso en lo que Kieran se recuperaba para que ella finalmente pudiese levantarse y tomarlo de los hombros.

—¡¿En qué demonios estabas pensando?! —gritó Scarlet, temblando de frío.

Kieran se quedó de piedra, sus ojos agrandados viendo directamente a Scarlet, pero sin decir una sola palabra, solo observando cada detalle de su expresión molesta y… preocupada. Scarlet se quedó mirándolo, buscando una respuesta que nunca llegó. Cuándo Platinum llegó el chico finalmente dijo una palabra.

—Lo siento…

Scarlet no respondió, seguía intentando recuperar el aliento. De inmediato ambos fueron rodeados por un aura naranja que les hizo elevarse. Platinum los ayudó a volver a la plataforma. El mal tiempo les impediría regresar a la escuela, sólo podían refugiarse en la cueva donde, se suponía, vivía Ogerpon. Al entrar, logró canalizar una llama de sus manos para encender la poca madera que había, además, al ponerse a meditar un poco, su cuerpo logró generar un calor para poder resguardarlos del frío.

Scarlet de inmediato se quitó la ropa, quedándose únicamente en su ropa interior mientras dejaba sus prendas mojadas al lado de la hoguera, acercándose a su compañera para no morir por hipotermia. Kieran por su parte solo llevaba puesto un bóxer, ni siquiera se inmutó por el acto de Scarlet, solo se acercó a la fuente de calor que era Platinum para calentarse.

Scarlet no supo cuánto tiempo pasó. El agua caía por montónes por fuera de la cueva y los rayos hacían retumbar la caverna. Le preocupaba que Platinum se descontrolara y los achicharrara ahí mismo, pero su compañera parecía tener un control total de su calor en esa escala, al menos hasta que se apagó y confesó que estaba demasiado agotada, momento en el que Taran-bot la relevó con sus ventilas térmicas.

Kieran no dijo nada en todo ese tiempo, se quedó quieto mirando el fuego. Scarlet tampoco dijo nada, solo lo miraba directamente, esperando que dijera algo, cualquier cosa, una justificación del por qué lo había hecho. Cuando Platinum se fue a dormir a un lado de la cueva, la chica finalmente habló.

—¿Piensas decir algo o solo miraras el fuego como un tonto? —preguntó Scarlet de manera enojada.

—No hay nada de qué hablar —respondió, cruzando los brazos.

Kieran ni siquiera volteó a verla, cosa que hizo que una vena en su frente se marcara.

—¡¿Hablas enserio? Pudiste morir ahí!

—Y lo hubiera merecido… —el tono de voz reflejaba claramente su frustración— Eso le pasa a los débiles…

El ceño de Scarlet se frunció al escuchar aquello, ese tono condescendiente le hizo sentir una rabia que le provocó levantarse de golpe.

—¡¿Todo esto fue por eso?! ¡¿Sigues molesto por lo de tu maldita hermana?!

—¡Es por todo! —gritó Kieran, levantándose igual— ¡¿Acaso no lo ves? No puedo con nada, solo soy un patético debilucho que ni siquiera puede ayudar a los que quiere, a mi hermana, a Ogerpon, y a ti!

Scarlet sintió como su cuerpo dejó de responder al escuchar su nombre, en especial al ver el rostro rojo y lleno de lágrimas de Kieran.

—¡Tengo esto, una singularidad inútil que ni siquiera me fue útil para protegerte, para evitar la tragedia, por qué soy débil, por qué hasta los singulares me excluyeron! —Kieran apretó los puños y se hincó en el suelo, golpeándolo— ¡Soy débil, quise hacerme fuerte, vine aquí para entrenar esta cosa y solo fui lanzado a una muerte de la que no debiste salvarme, debiste dejarme morir ahí, no solo lo merecería, sino que también… también…!

Sus palabras se ahogaron en sus llantos, haciéndole caer al suelo. Scarlet no sabía qué hacer, cómo reaccionar. Quería acercarse, pero ¿qué podría decirle de todas formas? No estaba segura de que decirle, que palabras podrían hacerle dejar de llorar, verlo en ese estado tan vulnerable le dolía, sentía que su corazón se encogía.

—Soy un estorbo para todos, para mi hermana, para mi familia, para Ogerpon, y para ti… —Kieran se quedó mirando al piso, su voz temblaba con ira y vergüenza mientras apretaba los puños— Solo quería ser más fuerte, ser digno de ellos, ser digno de ti, te mereces alguien mejor, alguien mejor…

Sus palabras se ahogaron en la fogata, un silencio penumbral que dejó a Scarlet sin algo concreto que pensar, qué decir. Un escalofrío recorrió su espalda, quería hacer algo, decir algo. Miró a Kieran una vez más, pensando en lo que significaba realmente para ella, en cómo le hacía sentir cada frase suya, recordando cada momento de la noche anterior con ella, cada toque, cada mirada, todo. Era irónico, de alguna forma no entendía cómo ambos pensaban lo mismo sobre sí mismos. Scarlet tragó saliva, se puso firme y se acercó a él.

Kieran se vió intimidado al tener el rostro de Scarlet tan cerca al suyo, haciendo hacia atrás su cuerpo mientras ella lo miraba fijamente a los ojos. Sus rostros se conectaron, ambos estaban sonrojados, Kieran temblaba y sus pupilas titubeantes apenas mantenían el contacto con el rostro serio y determinado de Scarlet.

—¿Realmente eso es lo que quieres? ¿Ser más fuerte?

Quería una respuesta, que Kieran le confirmara su deseo. Aún no estaba preparada para revelar sus emociones, no ahora, no pensaba usarlos como un intento de salvar el estado mental del chico, pero si quería ayudarlo con algo que sabía que podía hacer, más considerando la naturaleza de su singularidad. Esperó en silencio hasta que Kieran finalmente respondió.

No fueron palabras al inicio, solo un movimiento rápido, casi imperceptible. En cuestión de segundos la distancia entre ellos llegó a cero. Un corto beso en los labios que duró un parpadeo, pero que para ellos duró una eternidad. Los ojos de Scarlet se agrandaron al sentir sus labios, sus ojos cerrados con determinación y su respiración agitada al momento de alejarse y pronunciar.

—Si…—respondió Kieran de manera fría, mirando a Scarlet directamente a los ojos.

Scarlet sintió que su cabeza comenzaba a dar vueltas mientras su rostro ardía. Cerró sus puños, como si quisiera golpearlo, pero la actitud determinada de Kieran, sus ojos envueltos en fuego le hicieron esbozar una sonrisa juguetona.

—Eres un imbécil —dijo, sonrojada—. Pero yo te ayudaré a serlo.

[...]

La tormenta parecía haber amainado, apenas una suave llovizna con una tonada rítmica, casi hipnótica. El fuego de la fogata no se había extinto, se mantenía ardiendo aún en ceniza, proporcionando calor suficiente para que Scarlet, Platinum y Kieran durmieran sin sentir el frío del exterior.

Scarlet no concilió el sueño, se quedó acostada mirando el oscurecido techo. No podía cerrar los ojos, quedarse en silencio cuando su propia mente le acosaba, inquiriosa ante lo que había hecho hace apenas unas horas. Se cuestionaba cómo había llegado a eso, cómo se había ablandado y las consecuencias que eso le traería.

Giró su rostro y miró a Kieran. Nunca había visto a un chico dormir. Sus ojos lo examinaron de cabo a rabo, como su pecho se agrandaba y encogía con cada respiración, sus manos se extendían por el suelo y su pelo mojado tapaba la mayoría de su rostro. Una sensación extraña en su pecho apareció al verlo, como una bola que le quitó el aliento por unos segundos, haciéndole lanzar un quejido ahogado.

Nunca había sentido eso antes, esa sensación de debilidad, vulnerabilidad. Kieran, el chico tímido, algo patético, había demostrado un valor que le hizo sentirse rara. La única vez que había pasado por algo similar había sido con Nemona, hace muchos años, apenas un recuerdo lejano. Y ahora estaba ahí, sintiendo una opresión en el pecho, incapaz de apartar la mirada de su piel blanca y marcada de moretones por su pelea.

¿Qué rayos tenía Kieran que le hacía sentirse así? Esos ojos, esa mirada dulce, esa sonrisa tímida, esa determinación por ser mejor, de ser más fuerte para ella. De cierta forma se cuestionaba si seguir esa senda era lo mejor. ¿Qué pasaría si él saliera lastimado como Ruby o Nemona? No quería que le pasara nada, en cierta forma deseaba no haberle pedido ese favor en el museo y no tener ese predicamento y su corazón acelerado al verlo moverse a otro lado en medio de su duermevela.

Suspiró, aunque el calor de la cueva era agradable, en ese momento se sintió asfixiada. Tomó su ropa y salió a la entrada de la cueva para tomar un poco de aire, relajar su mente y con un poco de suerte cansarse lo suficiente para poder dormir. El ambiente helado le refrescó de inmediato, la suave brisa mojada le empapa la cara y se siente sorprendentemente bien, recordando sus tiempos donde dormía en los campos de Paldea. Todo parece en calma, idílico, casi un sueño, y tal vez lo era, tal vez en realidad dormía. Sentía que en cualquier momento Nemona le despertará y le dirá que fue atacada por otro Gimmighoul, Arven le regañará por ser tan descuidada, Peny estará quejándose por algo de comida y Violet estará igual o peor de dormido que ella. En ese momento lo deseaba, que todo fuera un mal sueño, que todo volviera a como era antes.

Una horrible aceptación del destino llegó al ver el movimiento irregular de las hojas en un arbusto. Fue un movimiento leve, casi imperceptible si no se ponía especial atención, pero Scarlet lo notó. Esperó unos momentos, si era algún pokémon eventualmente el ruido se repetiría, pero no fue así, todo siguió igual de silencioso hasta que Scarlet dio un salto y golpeó el arbusto.

Su puño se encontró con hojas y ramas hasta que se detuvo de golpe, y con ello todo su cuerpo. Recordaba esa sensación, su cuerpo paralizado y la sensación de una manta abrazando su cuerpo. Pensó que era Platinum, pero el aura morada le hizo darse cuenta que se encontraba con otra telequinética.

—¿Por qué me espías? —preguntó Scarlet.

—Quería comprobar que eras quién creo que eres —dijo una voz oculta en la oscuridad del arbusto—. Scarlet Koito, ¿me equivoco?

—No te importa.

La figura salió de la oscuridad. Se trataba de una mujer, más alta que ella, de piel clara y pelo castaño, demasiado parecida a Blue. La mujer esbozó una sonrisa y se acercó a Scarlet.

—Sí, eres tú —la chica rió y bajó su mano, provocando que Scarlet dejará de estar paralizada.

—¿Cuántos telequinéticos hay en esta maldita región? —reclamó Scarlet, sacudiendo sus brazos—. ¿Quién eres y qué quieres?

—Sí, sin duda eres la misma que las otras —la mujer se cruzó de brazos, su enorme capa comenzó a ondear ligeramente con la suave brisa—. Llámame Clamsy, disculpa si te espiaba, solo quería saber si tendría que golpearte de inmediato o no, pero pareces ser más tranquila que las otras.

—¿Las otras…? —preguntó, arqueando la ceja con confusión.

—Las otras versiones tuyas, de otros universos, me he topado con algunas a las que, bueno, he tenido que partirles la cara en más de una ocasión.

Los ojos de Scarlet se ensancharon al escuchar dicha declaración. Sin embargo, recordar la situación en la que se hallada y la multitud de cosas raras que se había encontrado en Noroteo hizo que la sorpresa fuera menos chocante.

—"Genial, ahora tenemos multiverso, nada podría ser más cliché en este momento" —pensó Scarlet.

—"Ni te lo imaginas" —la voz de Clamsy resonó en su cabeza.

—¿Así que también eres telépata? Y ya pensaba que Berlitz era un dolor de cabeza a veces.

—Oye, la tipa te ayudó a rescatar al niño ese, deberías respetarla más —reclamó Clamsy con un tono fingido de molestia.

—Por supuesto que sabes eso —Scarlet se cruzó de brazos—. Como sea, dime que es lo que quieres de mí. ¿Acaso andas cazando a mis otras versiones como si fuera una historia juvenil?

—Nah, no eres tan importante para mí —Clamsy rió ligeramente—. Estoy buscando un aparato que está en este universo, algo parecido a esto.

De su mano derecha se vio proyectada una imagen de un aparato circular con una pantalla verde y dos botones. Scarlet no pudo identificarlo de inmediato, pero los símbolos en la pantalla le recordaron algo: el aparato que Ruby había encontrado.

—Así que ya has estado en uno de los sitios, ¿verdad? —preguntó Clamsy.

—Supongo que ocultarlo no vale la pena —Scarlet suspiró, molesta—. Si, está relacionada con un monstruo que estoy cazando, Metalux, ¿has escuchado de él en algún universo?

—Metalux… —Clamsy se llevó la mano a la barbilla— Creo que he cazado unos cuantos en otras realidades, son bastante predecibles y fáciles de acabar, y su carne es deliciosa cuando son versiones orgánicas… ¿Qué? Ella me lo preguntó.

Las pupilas de Clamsy rodaron hacia el cielo, como se intentara ver hacía dentro de su cabeza. Scarlet le miró con incredulidad, juzgando de locura.

—Estoy fusionada con un pokémon, por eso las habilidades —Clamsy suspiró y se cruzó de brazos—. Como sea, sé que has estado investigando esas cuevas, y necesito tu ayuda para encontrar la cueva dónde está esa cosa.

Scarlet lo pensó por un momento, mirando a un lado de manera pensativa. Aún le costaba creer que aquella chica viniera de otro universo, sin embargo, si era una viajera, tal vez sabría algo que le podría servir, algo para cazar a Metalux.

—Te diré las otras dos ubicaciones, pero solo si me ayudas a matar a Metalux —ofreció Scarlet, con un tono serio.

—Buen intento, pero no pienso meterme demasiado con tu universo —Clamsy se plantó frente a ella con una mirada desafiante.

—Bueno, si no quieres, me quedaré con la información —Scarlet se dio la vuelta con una mirada fría, no negociaría menos que eso. Sin embargo, Clamsy le detuvo de inmediato—. ¿Acaso quieres reconsiderarlo? —una sonrisa burlona salió de su rostro.

—No, solo necesitaba detenerte para leer tus recuerdos —con un solo chasquido, Scarlet cayó al suelo—. Listo, tengo lo que necesito.

Scarlet se maldijo así misma, incrédula de que Clamsy realmente haya podido leer algo que ni siquiera había pensado, sin embargo, el ver una proyección de Noroteo con los puntos que había señalado le hizo darse cuenta que era cierto.

—Sí, este es el que explotó, y este está demasiado enterrado para que el mapa esté ahí, entonces debe ser este.

Un aura rodeó a Clamsy, estaba a punto de irse. Scarlet no podía permitirlo. Ya no podía convencerla de nada, se iría sin más y Scarlet perdería la oportunidad de interrogarla, de que le dijera más información de otros universos similares. Se abalanzó y tomó su capa, de inmediato el aura la cubrió y todo el entorno cambio de golpe.

Ya no se encontraba a las afueras del Monte Ogro. La enorme grieta ahora era un plano árido, un enorme baldío repleto de tierra y enormes rocas que Scarlet no reconoció al instante. Fue todo tan rápido que tardó en procesar que el Monte en el que estaba ahora se apreciaba muy a lo lejos. Clamsy se dio cuenta de inmediato de su presencia, volteando a verla con una sonrisa cínica.

—Eres muy molesta —dijo Clamsy, apartándose.

—No me importa lo que creas —Scarlet recuperó el aliento—. Yo lo he estado cazando desde hace días, y quiero saber que son esas cosas que buscas. No te lo estoy preguntando, iré contigo.

Scarlet se plantó frente a Clamsy. A pesar de ser más alta y tener una capa que se alzó para defender a su ama, Scarlet se quedó de piedra con una mirada fría, aun cuando dos macuahuitl flotaron listas para cortarle el cuello. Clamsy solo se quedó viéndola sin una expresión hasta que lanzó una risa.

—Oh, esa maldita determinación ahí está —Clamsy calmó a sus armas—. De acuerdo, sígueme, creo que me agradas lo suficiente.

Clamsy comenzó a caminar hacia una de las rocas más pequeñas que adornaban el páramo. Scarlet le seguía de cerca, no dijo nada, esperaba que Clamsy hablara para poder cuestionar todas sus dudas.

—"¿Ese es tu gran plan? ¿Esperar a que te diga todo?" —dijo Clamsy dentro de la cabeza de Scarlet.

—"Eso o esperar a que estuvieras desprevenida y obligarte a hablar" —le respondió Scarlet.

—"Si, definitivamente eres una Scarlet" —la voz burlona de Clamsy volvió a resonar en su cabeza.

—"Te resolveré algunas dudas, por cortesía, si así lo deseas, es lo mínimo que podemos hacer por espiarte" —esa voz sonaba diferente, no era burlesca y cínica como la de Clamsy, era más calmada, serena, como si de un viejo sabio se tratara.

—"Tú debes ser el pokémon que se fusionó con ella, el cerebro" —dijo Scarlet con un tono sarcástico.

La capa de Clamsy se levantó de golpe y abofeteó a Scarlet, lanzándola al piso. No fue demasiado fuerte, pero el elemento sorpresa le hizo caerse y ver como Clamsy le dirigía una mirada molesta, como si estuviera a punto de golpearla.

—"Clamsy, discúlpate ahora" —reclamó la voz del legendario en la cabeza de Scarlet.

—¿Por qué no salvamos a este universo de una vez?

Con un solo chasquido de sus dedos, Scarlet quedó completamente inmóvil. Clamsy tomó una de sus armas y la puso contra el cuello de la holder. Sintió el frío tacto de la obsidiana, era filoso, demasiado, un solo mal movimiento y su cuello sería cortado en la mitad. Miró a los ojos de Clamsy y pudo ver un profundo repudio, una mirada que conocía perfectamente por haberla hecho cientos de veces, y visto para ella muchas más.

—Esos son los ojos de una asesina —dijo Scarlet, sin apartar su vista de Clamsy.

—Yo no soy la que masacró mundos enteros y los llevó a la ruina —el tono áspero de Clamsy resonó en su cabeza—. No importa el nombre o apariencia, siempre termina siendo la misma historia trágica, ¿por qué no libro a estos pobres chicos de la muerte que les darás? Detenerte aquí y ahora y salvar las vidas de todos.

No le tenía miedo a la espada, no le tenía miedo a morir desangrada, que ahí terminará todo de una buena vez. Si era honesta consigo misma, Clamsy le haría un favor, algo que había estado tanto tiempo en sus más íntimos pensamiento, no le tenía miedo a morir, lo que sí le temía, lo que odiaba, era el saber que esas versiones suyas recibían ese adjetivo que detestaba.

"Destructora de mundos", así se le describe en el libro, así se le representaba en el mural, y ahora resultaba que aquel destino era cumplido por "versiones" alternativas suyas, como una cruel y molesta jugarreta del destino, como si fuera el papel que estuviera dictada a actuar en toda la obra de la creación. Lo odiaba, no creía en el destino, pero aquello solo sugería que tenía un único rol, una única función, y no lo quería.

—No me importa lo que mis otras versiones hagan o no —respondió, su rostro se puso rojo y una vena se saltó de su frente—. Yo no seré una esclava de profecías absurdas y de un diseño caprichoso del destino. No seré ese monstruo que dices que seré.

—Claro, lo dices y tu determinación dice otra cosa —Clamsy miró más cerca a Scarlet—. Puedo probar que lo serás de una manera muy sencilla.

Clamsy se alejó y liberó a Scarlet. Luego de hacerlo, la chica materializó un tubo de estaño y se lo lanzó. Aunque la chica comenzaba a recuperarse, no tuvo problemas en tomarlo. Al hacerlo sintió un extraño jalón dentro de su cuerpo, como si de manera natural sintiera que su sangre se moviera con rapidez a su mano, directamente a la herramienta que usaba y la impregnara de una energía cálida, como si sujetara hierro hirviendo. Fueron pocos segundos de dolor hasta que el objeto se convirtiera en una larga lanza de energía.

—¿Qué es esto? —preguntó Scarlet, tanto asombrada como ligeramente asustada.

—Eso es lo que eres, Scarlet.

La lanza iluminó el oscuro baldío. Sus dedos rozaron por un momento la energía que emanaba de ella, un tacto ardiente y eléctrico. Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras sus ojos no apartaban la mirada del arma, no sabía cómo pero sentía una aura muy pesada, una sensación que le recorría el cuerpo y que le hizo temblar, una sensación asfixiante al momento que su cabeza reproducía diversos escenarios usando esa arma, con la sangre derramada entre sus dedos. De inmediato la lanzó al suelo, sus pupilas se dilataron y retrocedió, negando con la cabeza.

—No, esa no seré yo —reclamó, su cuerpo tembló—. Y-yo no soy eso.

Clamsy no dijo nada, solo hizo un gesto de molestia y se dio la vuelta, caminando hacia la roca que debía analizar. Scarlet no la siguió, la chica solo se quedó mirando la lanza por un rato, sintiendo su fulgor a la lejanía. Verla ahí solo le hacía sentir impotencia, escenarios horribles que se repetían en su cabeza una y otra vez, sin control. Nunca debió haber tomado esa empuñadura, que sus pensamientos internos, sus emociones, su potencial saliera y se materializara. Negó con la cabeza, pero esa lanza no dejaba de brillar con ese rojo opaco que le hizo querer patearla, golpearla.

No sería eso, no se volvería lo que le decían. Tragó saliva y tomó la lanza, lanzándola lo más lejos que pudo. No quería saber nada de ella, quería mantenerla alejada, ocultarlo. Cuando la vio perderse en el horizonte solo suspiró y caminó hacía Clamsy, quién ya estaba en la roca que necesitaba.

—¡Oye! —gritó Scarlet, molesta— No me convertiré en eso que mis otras versiones se han convertido, me niego a serlo.

—Sí, claro, lo que digas —usando su telequinesis, Clamsy alzó la enorme piedra, revelando una cueva subterránea—. Bingo.

Clamsy dio un brinco hacia la cueva. Scarlet hizo lo mismo, ignorando por completo las computadoras que estaban en el fondo de la cueva y a las cuales Clamsy se dirigió de inmediato.

—"Si de verdad piensas no convertirte en ellas, debes primero aceptar lo que eres en realidad" —la voz del pokémon legendario reverbero en la cabeza de Clamsy, sonaba reflexiva, casi paternal.

—No servirá de nada que se lo digas, siempre termina igual —dijo Clamsy, mirando los aparatos—. Veamos, dónde está lo que necesito…

—"No soy esa persona, no soy un monstruo que quiere destruir el mundo" —recriminó Scarlet desde sus pensamientos, quedándose de pie en el medio de la cueva.

—"Para poder evolucionar debemos aceptar nuestro potencial para la maldad, todos la tenemos, y si realmente quieres desafiar tu rol, deberás empezar por ahí. Hasta que no hagas consciente lo inconsciente, este seguirá dirigiendo tu vida, y a eso lo llamarás destino".

Scarlet suspiró, molesta, odiaba esa actitud que parecía jugar a ser filosófica, no era fan de esas cosas. Sin embargo, aquello no era una metáfora, era la realidad. Miró sus manos, un ejercicio que había hecho hacia tanto tiempo, buscando una respuesta de su verdadero ser, pero la primera respuesta que encontró le hizo negar con la cabeza, molesta, rechazaba esa idea.

—Te lo dije, nada cambiará —Clamsy finalmente encontró lo que buscaba, el aparato estaba incrustado en medio de una placa de metal—. Bueno, lo tengo, es hora de irnos de aquí…

Al intentar avanzar, Scarlet tomó a Clamsy suavemente del brazo, como impidiéndole avanzar.

—Vi un mural sobre mí, sobre la destrucción de Nevermore por mi culpa, y estoy dispuesta a evitar que pase —Scarlet volteó a ver a Clamsy—. No me convertiré en lo que todos quieren que sea, y por eso, necesito saber todo lo que se refiere a Metalux y estas cosas, para evitar que eso suceda. No me importa lo que pienses que soy, solo dime lo que necesito saber.

Clamsy arqueó la ceja al ver a Scarlet directo a los ojos. No pareció impresionada por el discurso, o intimidada, solo se quedó mirándole por un rato hasta lanzar una risa burlona que pareció exasperar a Scarlet.

—Oh, casi me creo que te importa esto —Clamsy se cruzó de brazos—. Pero bueno, en realidad no me importa mucho lo que pase con esta realidad, así que te lo contaré —Clamsy sacó el aparato robado y apretó el enorme botón rojo, del aparato emergió un enorme holograma de burbujas—. Esta cosa es un mapa de navegación multiversal, velo como un mapa para moverse entre universos, lo he estado buscando desde hace mucho.

—Eso significa que no eres la única viajera en este universo —Scarlet observó con atención el mapa.

—Exacto, tanto estas como las otras máquinas son de quién quiera que haya venido a este universo, tienes a un infiltrado —Clamsy apagó el aparato—. Sobre si tu Metalux es de otro universo, o no, es algo que no sé, pero sin duda podrían estar relacionados.

No estaba segura si aquello era una buena o mala noticia, pero sin duda el saber aquello sería una ventaja para después.

—¿Sabes algo útil, de las otras realidades, que me ayude a revelar quién es Metalux? —preguntó Scarlet, cruzándose de brazos.

—Solo he visto dos universos similares al tuyo, pero en ninguno hay algo parecido a un infiltrado —Clamsy se llevó las manos a la barbilla—. Pero, si quieres avanzar con tu investigación, puedo ayudarte con algo.

Clamsy y Scarlet sabían que era probable que Metalux fuera a ese lugar para atacarles, al menos si seguía el patrón de lo ocurrido con Ruby, así que usarían el factor sorpresa y casarían a Metalux, todo como una pequeña ayuda por parte de Clamsy. Usaron una cúpula de invisibilidad creada por Clamsy, ambas esperarían a que Metalux llegara y lo atacarían. Mientras esperaban en silencio, su conversación no terminó dentro de sus mentes.

—"¿Tienes algún indicio de quién pueda ser el infiltrado?" —preguntó Scarlet, manteniendo una mirada atenta a los alrededores.

—"No tengo idea" —respondió Clamsy, quien se había acostado en el piso.

—"Hemos visto esa tecnología antes, debe ser algún tecnólogo" —dijo la voz del pokémon legendario.

—"No necesariamente, conozco a quienes pueden viajar entre universos y son tecnólogos, esto en comparación es solo una calculadora"

—"¿Por qué no me dicen para que sirven esas cosas?"

—"Te lo dije, es como si encontraras una computadora en medio de la nada, puede servir tanto para investigación, comunicaciones, conmutador, o incluso para jugar videojuegos, que se yo".

Scarlet notó el tono sarcástico en el tono de Clamsy, era obvio que le ocultaba que ocurría en realidad, eso le hizo alzar una ceja y voltear a verla con molestia.

—"¿Al menos podrías decirme cómo entender su idioma?" —preguntó Scarlet, molesta.

—"Oye, no tengo el tiempo de enseñarte el lenguaje multiversal en una noche, aunque… ¿Ubicas el concepto de la piedra roseta?"

—"Si, la piedra en tres idiomas distintos. ¿Acaso tienes una?" —Scarlet se cruzó de brazos.

—"No, pero siempre hay un archivo así dentro de todos los dispositivos multiversales, si logras acceder al sistema interno entonces la encontraras".

—"Todo esto sería más fácil si cooperaras y me dijeras que son esas cosas"

El tono agresivo y molesto de Clamsy hizo que la chica se levantara y le lanzara una mirada retadora.

—"Scarlet, el tema está así, no me importa tu universo perse, si te ayudo es por qué ese sujeto que vive en mi cabeza me lo pide, aún a sabiendas de que no está bien involucrarse. Porqué créeme, el día que me vuelvas a ver aquí, será mejor que empieces tus oraciones"

—"¿Entonces qué fue todo eso de hace rato? El intentar matarme".

—"Te lo diría, pero, creo que tenemos compañía".

La temperatura bajó súbitamente, provocándole a Scarlet un gran escalofrío. De inmediato el suelo tembló y a la lejanía se pudo escuchar el ruido serpenteante de las rocas abriéndose camino. Metalux se aproximaba una vez más. Clamsy se puso en posición, su capa se puso firme y sus macuahuitles se alzaron, listas para atacar.

—Bueno, muéstrame de que estas hecha —con un chasquido, Clamsy desapareció y volvió a aparecer con la lanza que Scarlet había arrojado—. Tómala y pelea.

Scarlet tomó la lanza y la observó detenidamente. Pudo sentir una fuerte presencia con solo tocarla, una sensación opresiva en el pecho al volver a tocar la energía rojiza que formaba el arma y las imágenes recorriendo su cabeza. De alguna forma se sentía que podría manejarla, atacar con ella, matar a Metalux, usar ese poder, pero la idea de usarlo le aterró. Cerró los ojos, intentando pensar.

—N-no, no seré eso…

Tomando la lanza con ambas manos, Scarlet la rompió usando su rodilla. La lanza cedió al primer impacto. Un choque eléctrico salió disparado mientras la lanza se desmaterializaba, dejando una empuñadura rota y un ligero rastro de electricidad rojiza. Clamsy no dijo nada, solo se quedó de brazos cruzados mientras Scarlet sacaba de detrás de ella una daga.

—Por supuesto que usarías una daga, todas ustedes usan una —Clamsy negó con la cabeza. De pronto, de entre las rocas emergió Metalux. La bestia emitió un fuerte rugido al ver la cueva al descubierto, Clamsy y Scarlet se pusieron en posición, listas para aprovechar el elemento sorpresa—. Muestra lo que una destructora puede hacer.

Scarlet no pudo evitar molestarse aún más, queriendo golpear a Clamsy, pero la desaparición de su campo de invisibilidad la persuadió de no hacerlo. De inmediato ambas corrieron hacia la espalda de Metalux. La bestia no alcanzó a voltear cuando Clamsy lanzó una fuerte patada en su cien.

La enorme criatura metálica cayó al suelo, rebotando contra este ligeramente, y dándole el tiempo suficiente a Scarlet para arrojarse a él y golpearle en el abdomen. Aunque el golpe no fue efectivo, Metalux se arrastró lejos de ellas y volvió a alzarse. Sus ojos desprendieron una luz rojiza al ver a sus dos rivales frente a ellas, rugiendo con gran fuerza y lanzándose al ataque con una ira nívea.

Scarlet se dio cuenta de la enorme diferencia entre ella y Clamsy. No solo podía levitar, sus golpes provocaron grandes daños en Metalux, haciéndole rugir de dolor con cada puñetazo, con cada tajada de sus espadas e incluso con las embestidas de su capa. Intentó contraatacar, usar sus movimientos de hielo, pero Clamsy lograba desviarlos con sus poderes psíquicos y castigarlo con fuertes patadas. En contraparte, ella no lograba hacerle demasiado daño con su daga, pero Metalux estaba tan enfocado en Clamsy que cada golpe era un daño gratuito contra la bestia.

Esta era una oportunidad única, aprovecharía esta ocasión para analizar el patrón de ataque de Metalux, sus formas de esquivar y golpear a sus rivales. Recordó los dibujos de Sou, sus diagramas sobre las armas de Metalux: su boca, sus garras y su cola, las tres las usaba contra Clamsy, y era solo con la cola donde era mucho más efectivo. No solo pudo identificar eso, si no también pudo ver su punto débil: una abertura en su flanco izquierdo desde el cual rugía con más fuerza cuando era golpeado.

—¡Te tengo! —gritó Scarlet.

Sintió su sangre calentarse al momento de lanzarse y darle una tajada en lo que parecía ser su costilla derecha, aquello provocó que rugiera e intentara atacar con su cola, pero Clamsy repelió el ataque con sus espadas. Scarlet sonrió con malicia, había encontrado su punto débil, solo debía explotarlo, esperar a que Clamsy lo distrajera hasta encontrar una abertura y aprovecharla.

Clamsy y Scarlet, sin conocerse, lograron una sincronización lo suficientemente buena para acorralar a Metalux. El monstruo rugió con violencia, sus movimientos eran mucho más aleatorios, desesperados, y sin ningún efecto frente a ambas chicas que lograban solo dañarlo más y más, abriendo su armadura de poco en poco. Estaba acorralado, Scarlet saboreó por primera vez la dulce miel de la victoria luego de que de una tajada Metalux cayera al suelo, exhausto.

Metalux, aunque no pudo moverse, de su hocico comenzó a lanzar un potente Rayo Hielo hacia todas direcciones, buscando de alguna forma darle a una de ellas, pero aquello no sirvió de nada cuando Clamsy pateó su cabeza contra el suelo, deteniendo el ataque. Luego de eso dio un salto y con una de sus macuahuitles logró arrancar una de las manos de Metalux.

Metalux rugió de dolor, arrinconándose contra la pared y sosteniendo su brazo sin mano. Scarlet caminó y tomó la mano de Metalux, el metal estaba completamente dañado, lanzando un extraño liquido negro y con varios cables que aún lanzaban chispas. Aunque eso le decía mucho, lo que realmente le importaba era matar a Metalux. Era su turno, finalmente vengaría a Ruby, y Clamsy no se lo impediría. Caminó con paso firme hacia Metalux, listo para darle el golpe final. Cuando estuvo cerca alzó su daga con furia, sintiendo una opresión en el pecho y un brillo carmesí emitido por su daga.

—¿Q-que?

Fue ese brillo que la sacó de su trance. La daga estaba recubierta de una sustancia rojiza, la misma que la lanza que había roto, con la misma sensación y las mismas imágenes apareciendo en su cabeza. Su cuerpo tembló, soltó de inmediato la daga con miedo y sintió como la temperatura bajó de manera estrepitosa, sintiendo como una capa de hielo se formaba en su rostro. No alcanzó a decir nada, pues Clamsy la tomó antes de que Metalux creará una enorme explosión nívea, generando un enorme cristal de hielo.

Scarlet no pudo verlo, se desmayó cuando ella y Clamsy aparecieron en la entrada de la cueva. Clamsy no pudo evitar suspirar y dejarla cerca de la cueva, sin despertar a Kieran y Platinum, esperando que se recuperara del enorme choque térmico. Luego de hacerlo, desapareció de golpe al ver que el Sol comenzaba a aparecer en el horizonte.

[...]

Blue avanzó con pesadez hacia su oficina. Pearl llegaría temprano y quería adelantarse y ver todos los pendientes del día anterior. Inmediatamente al llegar encontró un reporte en su oficina del grupo de búsqueda de Kieran, el cual reportaba que seguirán buscándole el día de hoy. Sin embargo, el ver por la pantalla de su Smart Rotom a Scarlet, Platinum y Kieran dormidos en una cueva le hizo sentirse aliviada, un problema menos del cual preocuparse.

—Ni mi madre se atrevió a tanto —dijo Clamsy, sentada desde el otro lado de la habitación.

Blue intentó mantener su rostro de serenidad al verla, la verdad era que la esperaba, pero le sorprendió verla tan pronto en la mañana. Luego de reír un poco caminó hacia una mesa para preparar un café.

—Créeme, estoy segura que lo pensó —Blue sirvió un poco de la bebida caliente en su taza favorita—. ¿Café?

Clamsy asintió, tomando entre sus manos una taza y unas galletas de vainilla con relleno de chocolate en forma de unos extraños pokémon.

—Enserio extrañare estas galletas, ¿no tienes más? —preguntó Blue, sentándose en su escritorio.

—No, las tres cajas que tienes son las últimas en todo el multiverso —admitió Clamsy, disfrutando del dulce sabor de la galleta.

—Es una pena —Blue suspiró, dejando su taza de café en la mesa—. Bueno, ¿encontraste lo que buscabas?

—Sí, gracias al cielo no se habían llevado el mapa —Clamsy le mostró el dispositivo—. Y bueno, hice lo que me pediste, y puedo confirmarte tres cosas, ¿cuál quieres oír primero, la mala, la buena, o la peor?

Blue arqueó la ceja, molesta del tono burlón de Clamsy. Suspiró y pidió que empezara por la peor.

—Tu chica, Scarlet, es justo lo que pensé —declaró, recargándose en la silla—. Tiene la idea de cambiar, como las otras, y el potencial de matarlos a todos, como las otras, yo diría que su posibilidad de que termine siendo lo que temes es de un ochenta por ciento.

—¿Enserio tan mal salió?

—Pude notar esa mirada al pelear contra Metalux, disfrutó de hacerle daño, y estoy segura que antes de pensar en Ruby, pensó en su propia satisfacción de matarlo, justo como esa otra que conocí, creo que se llamaba Wednesday, o algo así.

Blue suspiró, decepcionada.

—Así que es rezar por ese veinte por ciento, o ir usando el plan de emergencia —declaró Blue, fastidiada.

—Yo confiaría más en el plan de emergencia, pero bueno, tratos son tratos —con un chasquido, Clamsy materializó un pequeño triángulo negro que emitía un humo oscuro—. Ella aún no está lista, cuando lo esté, si es que lo llega a estar, usa esto y tendrás tu respuesta, o al menos la podrás encerrar por un tiempo en lo que piensas que hacer.

Blue tomó el pequeño artículo metálico entre sus manos. Era demasiado frío al tacto, provocandole un enorme escalofrío. Luego de explicarle cómo usarlo, Blue caminó hasta una caja fuerte y lo guardó con recelo, momento en el que recibió la llamada de que Pearl se acercaba.

—¿Cuáles son las otras dos noticias? —preguntó Blue, arqueando la ceja.

—Oh, cierto, que escucharles discutir a ti y a la versión de mi padre me hará recordar mis traumas infantiles —con una risa cínica, Clamsy se levantó—. No solo se confirma que tienes un infiltrado, tienes dos.

Aquello hizo que los ojos de Blue se ensancharan de golpe.

—¿Estás segura?

—Vi cómo peleaba ese Metalux, no tenía mucha disposición para proteger esos nodos, más bien parecía que nunca había logrado destruirlos y nosotras nos le adelantamos. Sea cual sea la razón, Metalux es un infiltrado que busca, o está siendo buscado, por el otro.

—Supongo que no leíste su mente para saber quién era.

—No era parte del trato, pero como cortesía puedo decirte que Metalux usó todo su poder para escapar, así que, yo miraría muy de cerca a la gente que tienes cerca, cualquiera de ellos podría serlo —Clamsy terminó su café de golpe, caminando hacia ella—. Debo irme, fue un placer ayudarte.

—El placer es mío, Clamsy —Blue sonrió, tomando su mano—. ¿Nos volveremos a ver?

—Yo rezaría para que no —de inmediato el cuerpo de Clamsy fue rodeado por un aura—. Cuídate, madre directora.


Hola, queridos lectores.
Aquí yo de nuevo, con el capítulo final del mes de Septiembre que publique en Octubre por alguna razón (?) Es una larga historia.
Espero esten disfrutando del inicio de la segunda mitad de la historia, las cosas se van acomodando para Scarlet y Violet.

De nuevo, muchas gracias por leer, se agradecen los comentarios que dejan uwu.
Ya es el "Mes Spooky", ¿estan emocionados? jaja
Nos veremos a mitad del mes :3