Capítulo 24
Las risas y la melodía de varias gaitas tocando una canción llegaron a ser ensordecedoras en el pueblo, llegando a escucharse incluso desde el castillo. En el momento en el que los novios habían llegado al pueblo, el jaleo y la fiesta habían comenzado. Entre toda la gente del pueblo habían preparado numerosos platos típicos de las Highlands, además del mejor whisky de toda Escocia. Muchas eran las mesas que habían preparado para que todo el mundo tuviera cabida en el convite y los más pequeños correteaban de un lado a otro, divirtiéndose como nunca con juegos que varios guerreros habían preparado para ellos.
Aquella era la boda de sus sueños, incluso mejor. Sakura jamás había imaginado que podría divertirse tanto en un evento como ese, y cuando miró a Itachi, descubrió que él pensaba lo mismo. En su rostro estaba dibujada una expresión de auténtica felicidad y se le veía tan relajado que parecía ser una persona totalmente diferente. Incluso a veces Sasuke sonreía, disfrutando de las historias que contaba el juglar que habían mandado llamar para la ocasión.
El tiempo parecía haberles dado una tregua y el cielo estaba tan despejado que a medida que pasaban las horas, podían comenzar a verse las estrellas a pesar de que la noche aún no había llegado del todo. Después de un día tan ajetreado, Sakura se sentía cansada, pero tan feliz que eso le daba fuerzas para continuar con la celebración.
—¿Estás bien? —le preguntó Itachi.
Sakura lo miró con una sonrisa y el guerrero le acarició el rostro.
—Jamás me había sentido tan bien. Gracias.
Itachi sonrió y se levantó. Tiró de su mano suavemente para que se retirara de la mesa y también se levantara y le dijo:
—¿Querría la señora Uchiha bailar conmigo?
Sakura suspiró. Qué bien sonaban esas palabras para sus oídos. No podía creer que ya fuera una más de ellos y pensó que si meses atrás se lo hubieran dicho, no lo habría creído. La joven asintió y se dejó llevar por Itachi hacia el centro del pequeño corral que habían formado los aldeanos. Juntos bailaron y rieron, cruzándose de parejas una y otra vez sin ser conscientes de que los mismos ojos acusadores que los habían visto en la ceremonia, los estaban observando en ese instante.
Sakura bailó con Shisui, Kisame y varios guerreros más de los que desconocía sus nombres, incluso Sasuke se animó a bailar en alguna ocasión, forzado por Shisui, que lo empujó hacia ella para que bailaran juntos.
—Eres buen bailarín, Sasuke.
El guerrero bufó y negó con la cabeza.
—La próxima vez que me cruce con Shisui le voy a dar una buena paliza... La joven rió y lo aferró con fuerza cuando intentó marcharse y dejarla.
—Sakura, no hagas que me arrepienta de haber dejado que mi hermano se case contigo... —la amenazó con mala cara.
—Venga, por una vez que bailes conmigo no vas a perder tu fama de gruñón.
El guerrero sonrió levemente y finalmente logró escaparse de sus manos, dejándola sola durante unos instantes hasta que Shisui apareció de nuevo y la animó a seguir bailando.
Sakura estaba feliz. Todos estaban disfrutando de esa celebración como ella había imaginado. Ni uno solo se había quedado sin darle la enhorabuena y sin ofrecerse a ayudarla en cualquier cosa que pudieran hacer por ella, haciendo que Sakura se sintiera por fin aceptada por todos, algo que Itachi alabó en más de una ocasión al ver que todos los Uchiha caían rendidos a sus pies.
Y cuando la noche por fin se echó sobre ellos y las antorchas fueron encendidas por los guerreros, Sakura se dio cuenta de que muchos se habían pasado con el whisky y se tambaleaban de un lado a otro intentando cortejar a las mujeres más jóvenes del clan, que se dejaban camelar por ellos y les dedicaban un baile entre risas.
Cansada y ligeramente sudorosa, Sakura tenía necesidad de despejarse durante unos minutos y salir de aquel baile en el que no había dejado de saltar durante varias canciones. Miró a su alrededor y no vio a Itachi por ningún lado, aunque cuando logró alejarse varios metros del tumulto lo divisó hablando con su hermano Sasuke sentado a la mesa y disfrutando de una buena copa de whisky. Intentando que nadie la viera para evitar que la llevaran de nuevo hacia el centro del baile, Sakura se alejó de allí, perdiéndose entre la oscuridad fuera de las antorchas. Necesitaba aire nuevo y respirar profundamente para recuperar la tranquilidad. Durante unos segundos cerró los ojos mientras elevaba la cabeza al cielo y daba las gracias por haber encontrado por fin la felicidad tan deseada.
Dio vueltas sobre sí misma con los brazos abiertos, alejándose más del ruido para conseguir más silencio. Atrás quedaron los gritos de los niños y de los mayores mientras bailaban y jugaban sin parar y
cuando por fin su corazón se calmó, respiro hondo y dejó escapar el aire lentamente sin darse cuenta de que una sombra apareció de entre los árboles en la oscuridad reinante del bosque.
—¡Señora, ayudadme!
Sakura dio un respingo y se giró hacia la recién llegada, sorprendiéndose por ver allí a Karin. La joven se acercó a ella desesperadamente y le señaló el bosque. Sakura sintió algo dentro de ella que no le gustó y estuvo a punto de girarse para pedir ayuda a los guerreros del clan, pero Karin se adelantó y la aferró suavemente del brazo.
—Nagato se ha escapado de la fiesta y se ha caído a un hoyo.
Al instante, la atención de Sakura se centró en ella, olvidando girarse hacia la fiesta para pedir ayuda.
—¿Nagato? ¿El mismo niño que casi cayó al lago? —preguntó recordando al pequeño al que salvó semanas atrás.
Karin asintió y tiró de su brazo hacia el bosque.
—Temo que pueda ocurrirle algo. ¿Podéis ayudarme?
Sakura miró hacia la fiesta y en la distancia pudo distinguir el enorme cuerpo de su marido.
—Tal vez deberíamos avisar al clan para ayudarlo. La doncella negó con la cabeza.
—El niño está muy asustado y no quiere que su madre se entere de que se ha escapado de nuevo. Si me ayudáis, nadie se enterará y el niño no será castigado. Por favor...
Sakura dudó unos instantes y se soltó de la mano de Karin. Sentía como su corazón latía desbocado y, aunque deseaba ayudar a Nagato, tenía la sensación de que debía contárselo al menos a Itachi. Sin embargo, la luz de las antorchas dio de lleno en el rostro de la doncella, mostrándole la preocupación que sentía y, para ayudar al niño y evitarle un castigo, Sakura asintió y accedió a ir con ella hacia el bosque para buscarlo.
—Te ayudaré, pero debemos regresar cuanto antes a la celebración —le dijo mientras caminaban internándose entre los árboles—. No creo que esté muy bien visto que la novia deje su propia boda.
—Regresaremos enseguida —le dijo la doncella sin mirarla y con la vista fija en el frente—. Será todo muy rápido.
Karin caminaba deprisa, alejándose de la fiesta, por lo que el ruido de las voces y el de la música dejó de escucharse, tan solo una especie de eco era lo único que retumbaba entre la arboleda, pero a medida que se alejaban dejó de escucharse.
Sakura frunció el ceño, pues la luz era escasa y tropezaba a cada paso que daba. Además, el vestido no ayudaba, pues no era conveniente para caminar por el bosque y sortear ramas en el suelo. A medida que se alejaban comenzó a sentirse incómoda, pues Karin le había dicho que tardarían poco en regresar, pero se encontraban demasiado lejos del tumulto. Sakura miró hacia atrás en silencio y descubrió que las luces de la fiesta tampoco podían verse, lo cual la llenó de nerviosismo.
La joven se giró hacia la doncella y la tomó por el brazo para frenarla:
—¿Dónde está el niño?
—A cinco metros, ya hemos llegado.
Las cejas de Sakura se unieron aún más y la siguió hasta donde le indicó. En la oscuridad de la noche pudo ver que frente a ella había un agujero cavado en la tierra. Comprobó que tal vez tenía unos tres metros de profundidad y si el niño había caído por ahí, puede que estuviera herido. Al instante, Sakura se asomó al agujero e intentó ver en la oscuridad.
—¿Nagato? ¿Estás bien?
Pero el silencio fue la única respuesta que recibió. Sakura se extrañó y miró hacia Karin, que se había quedado a un metro por detrás de ella y la miró sin comprender. Sin embargo, cuando la doncella comenzó a sonreír y después a reír, Sakura se dio cuenta de su engaño y de que había caído en la trampa.
—Pero qué...
La risa de Karin la sobresaltó y en ese momento comenzó a temer por su vida. El rostro de la doncella se volvió de repente tan tétrico y escalofriante que se dio cuenta de que la joven no estaba bien.
—¿Qué quieres de mí? —le preguntó Sakura—. Por mucho que me alejes de Itachi, jamás voy a dejarlo.
Karin rió más fuerte hasta que finalmente la risa paró de golpe y la miró con los ojos desorbitados y el pelo revuelto por la brisa.
—Me temo que sí lo vas a dejar porque la muerte os va a separar antes de lo que pensáis.
Sakura torció el gesto y cuando sintió que se le revolvía el estómago, intentó sortearla y marcharse de allí
para regresar a la fiesta, pero Karin se interpuso y la empujó, haciendo que trastabillara y estuviera a punto de caer al agujero. Pero logró reponerse y girarse hacia ella para mirarla con el terror escrito en el rostro.
—¡Nunca conseguirás separarme de Itachi! —vociferó, provocando de nuevo la risa de la doncella.
Y antes de que pudiera intentar volver a escapar, Karin la empujó de nuevo, haciéndola caer al agujero, donde se golpeó en la cabeza y todo se volvió aún más negro a su alrededor.
Karin se asomó al instante tras escuchar el cuerpo de la joven al chocar contra las piedras y al ver que no se movía dejó escapar un pequeño grito de victoria. Después, antes de que alguien pudiera verla, corrió hacia el otro lado para cerrar el agujero, pues eso era una especie de trampa para animales a la cual le habían puesto una reja para evitar que salieran una vez cazados. Con hojarasca y ramas tapó la reja y logró disimularla para que no pudieran ver lo que había dentro y, tras limpiarse las manos en la ropa, regresó al castillo canturreando la canción que habían tocado minutos antes en la fiesta.
Itachi miró de un lado a otro de la fiesta para intentar divisar a Sakura. Mientras hablaba con su hermano Sasuke la había visto bailar y disfrutar como cualquier otro aldeano, pero hacía ya varios minutos que había desaparecido de su vista. El guerrero frunció el ceño y se levantó, cortando la conversación con su hermano. Este se sorprendió de su gesto y le preguntó qué le ocurría.
—¿Has visto a Sakura?
—Estaba bailando, ¿no? —le preguntó también interesado en el paradero de su cuñada. Sasuke se levantó y miró de un lado a otro, al igual que su hermano.
—Tal vez está jugando con los niños.
Itachi negó y señaló la zona que habían dejado a los más pequeños.
—Bueno, déjalo. Ahora aparecerá —le dijo Sasuke volviendo a beber de su copa.
Pero Itachi no se quedó tranquilo con esas palabras. Despidiéndose de su hermano, el guerrero se acercó a Shisui, que en ese momento se estaba llenando una copa.
—¿Y esa cara, hermano? —le preguntó en tono burlón.
—¿Has visto a Sakura?
Shisui asintió y le dijo que estaba bailando.
—No, hace rato que ya no la veo —insistió Itachi—. ¿Has visto si hablaba con alguien?
Shisui negó y dejó la copa sobre la mesa antes de girarse hacia la zona donde había gente bailando y otra sentada mirando. A pesar de mirar todas y cada una de las caras, no logró distinguir la de la joven.
—La he visto bailar con Kisame, vamos a preguntarle.
Ambos hermanos se acercaron al guerrero, que en ese momento estaba hablando con una joven del pueblo. A ellos se unió Sasuke, también preocupado por la ausencia de la joven.
—¿Sabes dónde está Sakura?
El guerrero dejó su porte relajado y cuadró los hombros ante su laird. Después señaló hacia la zona oscura y les dijo:
—La he visto alejarse un momento.
Pero al mirar todos hacia donde indicaba, vieron que no había nadie.
—¿Y la has visto volver? Kisame negó.
—Maldición... —bramó Itachi—. Está bien. Shisui, ve a los músicos y pídeles que paren de tocar. Debemos reunirnos todos y ver si está en algún lugar cerca de aquí.
El aludido asintió y corrió para llevar a cabo su petición, haciendo que la música parara en cuestión de segundos. A su alrededor, todos lanzaron un gemido de queja, pero Itachi les llamó la atención.
—¿Alguien sabe dónde está Sakura?
Todos se miraron entre sí y el silencio fue su única respuesta hasta que una niña se soltó de la mano de su madre y se acercó a él.
—Se ha ido hacia los árboles con una mujer, pero no sé quién era, señor.
—¿Cómo dices? —preguntó Itachi sin poder creer lo que escuchaba—. ¿Y has visto si se iba obligada por esa mujer o por su voluntad?
La niña se encogió de hombros, incapaz de responder, ya que no entendía gran parte de la pregunta.
—Yo he visto que parecían conocerse porque han hablado antes de irse.
Itachi se giró y miró a sus hermanos.
—¿Alguien de su clan? —sugirió Shisui. Itachi negó con la cabeza.
—No lo creo, pero lo que está claro es que la ha alejado hacia el bosque. Ahora de noche es peligroso, así que debemos ir a buscarlas. —Se giró hacia sus hombres—. Sakura ha desaparecido en el bosque, así que tenemos que dividirnos en varios grupos para buscarla antes de que sufra algún daño. Nos internaremos en el bosque y gritaremos si alguien la encuentra. Saldremos en dos minutos, así que id preparándoos.
Sus hombres asintieron y Itachi vio que en el rostro de varias mujeres se dibujaba una expresión de preocupación, pero no tan grande como la suya. Algo le decía que la joven estaba en peligro y que le había pasado algo, y el simple hecho de pensar que podía perderla, le hacía volverse loco. Itachi respiraba con fuerza. A cada expiración parecía que de su garganta salía el rugido de un animal y caminaba de un lado a otro.
—Tranquilo, hermano. La encontraremos —le dijo Sasuke.
—Tal vez han ido a por algo y regresarán.
—O puede que alguien la quiera alejar de mí —sentenció Itachi cuando una idea cruzó por su mente.
El joven obvió las miradas cargadas de preguntas de sus hermanos y miro a su alrededor. Durante la fiesta tuvo la sensación de haber visto entre los asistentes a Karin, la doncella, a pesar de no haber sido invitada a la boda. En varias ocasiones creyó verla cruzar de un lado a otro sin hablar con nadie, tan solo mirando, pero cuando volvía a mirar hacia donde creyó verla, la joven ya no estaba. Y ahora tampoco se encontraba en ningún lado.
—¿Habéis visto a Karin? —les preguntó.
Sus hermanos negaron, al igual que varios de sus hombres, que ya estaban allí concentrados y esperando órdenes.
—Puede que la mujer con la que se ha ido sea ella.
—Pero Sakura no se iría jamás con Karin —intervino Shisui.
—No por gusto, pero sí engañada. ¿Y si Karin le ha contado algo para llevársela lejos de la fiesta? Si es ella la mujer con la que se ha ido, Sakura está en peligro. Vámonos.
Sus hombres asintieron y con sendas antorchas se internaron en el bosque. Cada grupo se dividió para peinar varias zonas de la arboleda. Todos llamaban insistentemente a Sakura. La voz de Itachi parecía resonar en todo el bosque, pero el silencio era lo único que todos recibían. Parecía que allí no había nadie y que pudiera ser que la niña se hubiera confundido, pero Itachi miró al suelo a su alrededor y descubrió que había pisadas recientes.
—Mirad —le dijo a sus hermanos—, han seguido este camino.
Con desesperación, pero con la esperanza de que estuvieran más adelante, siguieron las huellas. Sin embargo, llegó un momento en el que estas se perdieron, pues el viento había comenzado a mover las hojas, haciendo que las huellas se perdieran.
—Maldita sea... —se quejó Itachi—. ¡Sakura!
Su voz resonó aún más fuerte, pero su esposa no respondió. Itachi sentía la desesperación en el centro de su pecho. Ahora sí tenía claro que su esposa no se había ido por voluntad propia, sino que la doncella, si es que era ella la que se la había llevado, le había hecho algo y la había dejado en algún lugar, pero
¿dónde?
Al cabo de una hora de búsqueda, los grupos volvieron a reunirse en el centro de pueblo. Itachi preguntó a los aldeanos si habían visto a Sakura o tal vez a Karin, pero lo único que recibió fueron negativas.
—¡Maldita sea! —rugió—. Hay que volver al castillo para ver si están allí o al menos alguna de ellas. Itachi se volvió hacia sus hombres y les dijo:
—Buscamos tanto a mi esposa como a Karin, la doncella. No sé si tiene algo que ver, pero algo me dice que sí. Si alguno de vosotros la encuentra, traédmela.
Los tres hermanos, junto con el resto de los hombres, se dirigieron entonces hacia el castillo con la esperanza de que los guardias que se habían quedado apostados en la muralla hubieran visto algo en medio de la noche.
El camino hacia el castillo fue eterno para Itachi. El guerrero solo podía pensar en Sakura y lo que pudiera estar sufriendo si le habían hecho algo. No podía imaginar su vida sin ella ahora que por fin se habían quitado del medio a su padre y tenían libertad para amarse. El joven apretaba los puños con fuerza y sus hermanos no se atrevían a decirle nada por temor a ser el centro de su ira, pues en su rostro se reflejaba a la perfección lo que estaba sintiendo.
Itachi respiraba fuerte y apretaba inconscientemente la empuñadura de su espada mientras pensaba en Karin. Por una parte deseaba que la doncella no le hubiera hecho nada a Sakura, pues eso supondría la traición al laird y tendría que expulsarla del castillo y del clan, pero por otra prefería que fuera ella y no un enemigo oculto la que se la hubiera llevado, ya que así tendría más oportunidades de encontrarla pronto y en buen estado.
Un terrible dolor de cabeza la sacudió de golpe. Su cuerpo se movió ligeramente, pero al sentir el dolor, Sakura se quedó completamente quieta. Tenía la sensación de que le iba a estallar la cabeza de un momento a otro y para colmo no sabía dónde se encontraba ni qué había sucedido. A su alrededor todo era oscuro, pues aunque tenía los ojos cerrados, no veía nada de luz cerca de ella, así que lentamente los abrió para, efectivamente, comprobar que era de noche.
La joven frunció el ceño y se llevó una mano a la cabeza. Su peinado se había deshecho y tenía la sensación de que aquello pegajoso que tocaba era sangre. Y entonces recordó todo. Sakura dio un respingo y se sentó al instante, arrugando el rostro cuando notó en su cabeza como si alguien la hubiera golpeado con algo duro y un pinchazo en el pie derecho, incapaz de mover en ese momento. Esta parecía tener vida propia y a cada movimiento que hacía le martilleaba como nunca. Recordó su boda y la gran fiesta que habían montado los habitantes del pueblo para aceptarla entre ellos; las risas; el baile... Todo llegó a su cabeza, incluida la imagen de Karin. Recordó que le había mentido sobre Nagato para llevarla adentro del bosque para después tirarla al agujero.
—No puede ser... —gimió cuando miró hacia arriba y vio que la doncella había tapado el agujero, de ahí que no entrara nada de luz, ni los rayos de luna.
Sintió en su garganta la picazón de las lágrimas, pero se obligó a ser fuerte y a levantarse para intentar huir de ahí o al menos gritar para ser escuchada por alguien. En el momento en el que se puso en pie y estuvo a punto de caerse por el dolor de su pie derecho escuchó algo en la lejanía. El silencio que la había rodeado se rompió con la voz de alguien llamándola muy lejos de allí, por lo que, haciendo caso omiso al dolor de su pie y cabeza, Sakura se apoyó en la pared y gritó:
—¡Ayuda!
Pero su voz fue apagada por lo que parecía ser unos hierros tapados con ramas. ¿Qué clase de mente enferma era capaz de empujarla al agujero y luego marcharse de allí como si no hubiera pasado nada?
—¡Itachi! —vociferó.
Pero a pesar de sus gritos, las voces que creyó oír no respondieron a sus llamadas de auxilio y todo volvió a quedar en silencio al cabo de unos minutos.
—No, por favor —lloró—. ¡Itachi! ¡Ayúdame!
Gritó una y otra vez hasta que su voz se rompió y tuvo que callar durante unos minutos para recuperarse. Cojeando, Sakura tanteó a oscuras las paredes de aquel agujero y a pesar de que habían tallado la tierra con un corte casi perfecto y liso, descubrió que había varias piedras salientes. Por ello, aunque no estaba segura de que pudiera llevar a cabo la idea que había en su mente, Sakura decidió trepar por las piedras para intentar llegar arriba y apartar aquellos hierros para salir de ahí. Con decisión y aferrando con fuerza las piedras, la joven puso el primer pie para escalar. De su boca escapó un gemido de dolor cuando pisó con el pie derecho para elevarse más y el ramalazo cruzó su pierna arriba hasta la cadera, pero no se rindió, sino que se armó de valor para volver a escalar. Como si de un animal herido se tratara, a medida que hacía fuerza con el pie dejó escapar un nuevo gemido y aunque su pierna amenazaba con fallar, Sakura logró alcanzar una piedra más para dejar caer su pie sano.
—Dios mío, ayúdame —susurró con los ojos cerrados intentando recuperar el aliento.
Después la joven miró hacia arriba de nuevo y calculó que tal vez quedaran un par de metros por subir, por lo que volvió a elevar su pie torcido para posarlo sobre otra piedra. Sin embargo, esta cedió bajo su peso y le hizo perder el equilibrio, volviendo a caer sobre la tierra y haciendo que su conciencia se perdiera de nuevo.
