Capítulo 14
La desaparición de Akane
"CAPITULO DE HALLOWEEN"
-Risa macabara de la autora-
Leed bajo su propio riesgo.
El avión surcaba los cielos como un pájaro gigante, dejando atrás una estela de nubes blancas. En su interior, Ranma comenzó a sentir una inquietud que crecía como una llama que se alimentaba de su impaciencia. Akane llevaba quince minutos en el baño, y su ausencia era como un agujero negro que absorbía su tranquilidad.
Siempre era asi.
Siempre que la perdia de vista en entornos desconocidos.
La cabina del avión estaba iluminada por una luz tenue, como la de una lámpara de lectura, y el murmullo de las conversaciones de los pasajeros era como un susurro constante. Soun estaba sumido en una conversación profunda con Hiashi, su amigo y compañero de aventuras, mientras que su madre charlaba animadamente con Ryoga, quien intentaba causar una buena impresión con su sonrisa de oro. Pero Ranma no podía relajarse.
Su mirada recorría la cabina como un halcón en busca de presa, buscando a Akane. Su corazón latía con una frecuencia cada vez más rápida, como un tambor que llamaba a la batalla. La impaciencia lo consumió, y se levantó de su asiento como un resorte que se libera.
"¿Dónde estás Akane?", se preguntaba, su mente como un laberinto de preocupaciones. Sin poder contenerse, se dirigió al baño, su paso firme y decidido. Pero al abrir la puerta, se encontró con un espacio vacío, como una habitación abandonada.
"¿Cuántos baños hay en este avión?", preguntó a las sobrecargos, su voz como un trueno en un cielo sereno. Ellas le respondieron con una sonrisa tranquila, pero Ranma no se calmó. Comenzó a describirles a Akane, explicando que no la encontraba su voz como un río que fluye sin cesar.
"Es mi hermana", explicó, "se levantó para ir al baño y no está". Las sobrecargos intercambiaron una mirada confundida, como dos personas que se encuentran en un cruce de caminos sin saber qué dirección tomar. ¡Eso jamas habia pasado!
La búsqueda de Ranma se intensificó, su corazón como un fuego que arde sin cesar. "¿Dónde está Akane?", se preguntaba, su mente como un torbellino que lo arrastraba hacia la desesperación.
De repente, una voz firme lo detuvo, los minutos le parecian horas: "Lo siento, señor. Ya consultamos aunque esta registrada, fisicamente no hay nadie con ese nombre en el avión". Ranma se quedó helado, su mundo como un castillo de naipes que se derrumba.
X.
En la isla de Hokkaido, Japón,
La isla estaba envuelta en una niebla densa, como un velo de secreto. El mar rugía, sus olas chocando contra la costa con un ritmo implacable. Taro padre, un hombre curtido por el tiempo y las batallas, contemplaba el barco que su hijo preparaba para zarpar. Su rostro, surcado por arrugas y cicatrices, reflejaba la sabiduría y la experiencia.
Donde el sol se sumergía en el mar como un fuego que se apaga, Taro se encontraba inmerso en sus ambiciosos planes. Su mente era un laberinto de estrategias y visión, donde su futura esposa y su linaje eran los pilares que sostendrían su legado.
Su familia no era humilde, pero tampoco se contaba entre los poderosos. Sin embargo, tenían una sed de prosperidad que los impulsaba a dejar su huella en la tierra. Su padre y él habían estado trabajando incansablemente en un enorme barco, un gigante de los mares que los llevaría a cruzar el océano hacia el lejano paraíso de China.
Allí, comenzarían una nueva era, libre de las sombras de persecucion de la familia Tendo y una nueva Akane. Podrían prosperar, tener muchos hijos y construir un imperio que duraría generaciones. La idea era un fuego que ardía en su corazón, una llama que lo impulsaba a avanzar.
Su mirada se posó en Akane, cuyo cuerpo yacía inmóvil como una hermosa flor artificial. Las drogas habían hecho su trabajo, y Taro no podía distinguir si estaba dormida o despierta. Un destello de impaciencia cruzó su rostro, y se dirigió hacia su padre en el barco.
"Es hora de partir", le dijo, su voz como un viento que sopla fuerte. "No podemos perder más tiempo". Su padre lo miró, y en sus ojos vio la misma determinación que ardía en su corazón.
El barco se movió, como un monstruo que despierta de su sueño, ansioso por comenzar a surcar las aguas. Taro sintió una emoción que crecía en su pecho, como una marea que sube. Sabía que su destino estaba cerca, y que nada podría detenerlo.
"Debemos consumar el matrimonio antes de partir", dijo con determinación Taro padre, su voz como un trueno en el cielo gris. "No sabemos qué nos espera en el horizonte".
Taro hijo, un joven apuesto con ojos verdes como el mar en calma, se giró hacia su padre. Su mirada era como un rayo de sol en un día nublado, intensa y penetrante.
"Disculpa, padre", respondió con una sonrisa irónica, "pero no tengo ganas de compartir intimidad con un vegetal. Akane es hermosa, sí, pero fría como el metal de mis katanas".
Taro padre frunció el ceño, su expresión severa. "No seas tonto, hijo. Los Tendo no son enemigos a subestimar, no hay tiempo que perder. Su poder y habilidad en las artes marciales son legendarios".
El joven se encogió de hombros, su musculatura tensa bajo la camisa. "No nos alcanzarán. Tenemos ventaja".
Su padre suspiró, su mirada perdida en el horizonte. "Ya aprenderás que no se subestima a ningún enemigo. Los Tendo nos alcanzarán, eso es un hecho, sin embargo una vez que embaraces a Akane y despues de comprobar la boda,espero y confio que como familia y padre de su nieto, no nos matarán".
La discusión se cortó cuando Taro de mala gana hijo se dirigió hacia la cabaña donde Akane esperaba. Su padre lo detuvo con una mano firme.
"Recuerda, he dado suficiente dinero al sacerdote para que registre tu boda civil. Mañana, a primera hora, serás oficialmente esposo y esposa".
Taro hijo asintió, su mirada brillante con una mezcla de emoción y determinación. "No te preocupes, padre. Yo me ocuparé de todo".
Con un gesto, se despidió de su padre y se adentró en la niebla, hacia un destino cruel. El mar rugió detrás de él, como un testigo silencioso de la historia que se tejía en aquella isla.
La oscuridad envolvía a Akane como un manto de desesperanza. Las drogas habían consumido su mente y cuerpo, dejándola en un estado de confusión y debilidad. Ya no sabía distinguir el día de la noche, ni siquiera si estaba dormida o despierta.
Se preguntaba si saldría de esto con vida, se lamentaba en su corazón de no haber aceptado el amor que le ofrecía Ranma, de haber sabida que su vida se extinguiría de manera tan fugaz y trágica a pesar del gran dolor que causaría a sus padres hubiera elegido el camino de la felicidad y el amor ahora sí moría sabría que lo haría llena de remordimientos y de lástima así ella misma, por no haber tenido el coraje de aceptar ese sentimiento que le invadía y le hacia feliz ahora tal vez en su lecho de muerte solamente tendría para atesorar los recuerdos de esos apasionados besos del hombre que la hacía sentir viva, que despertaba millones de mariposas en su estómago y elevaba la vibración de su espíritu con solo una mirada.
A este paso seguramente terminaría convertida en un espectro de esos que espantan a los niños por la noche como los cuentos que siempre le narro su madre.
Mientras tanto, en el avión, Ranma se consumía por la impaciencia y la desesperación. Contempló la salida de emergencia y, sin pensarlo, decidió saltar hacia el vacío. No tenía paracaídas, no tenía brújula, pero sí tenía un amor inquebrantable que lo impulsaba a encontrar a Akane.
Su mente buscaba respuestas a toda velocidad, pero no encontraba explicación para la desaparición de Akane. Hasta que recordó la entrevista de su padre con aquel hombre extraño que había pedido la mano de Akane en matrimonio. Ahora sabía quién era el enemigo que se había llevado a su hermana.
Con un juramento en su corazón, Ranma se lanzó hacia el vacío, cruzando el cielo como una gaviota. Sentía el calor de su interior, la energía del volcán que lo impulsaba. No tenía miedo de volar, porque sabía que no se iba a estrellar.
Pero su mente racional no estaba preparada para aceptar que podía volar gracias a la sangre de dragón que vivía dentro de él, aun no lo sabia. Cayó al mar ruidosamente, y su cuerpo se adaptó al frío del océano.
Pronto su mente comenzó a buscar respuestas a toda velocidad no encontrando lo que pudiera pasar con Akane porque era una chica tan amable que no tenía enemigos cuando de pronto recordó esa entrevista que tuvo su padre en su despacho con ese hombre extraño que le había pedido la mano de su hermana para casarse, ahora que llegaban a él esos recuerdos tenía claro quién era el enemigo que se había llevado a su dulce hermana y juró para sí mismo en ese momento que ese hombre a partir de que lo encontrara no volvería a ver la luz del día, porque él sabía que lo iba a encontrar y con la misma certeza sabía de lo que era capaz.
Atravesaba el aire en caída libre con mucha velocidad y sentía cómo le oprimía el pecho y los pulmones, sin embargo pronto sintió un calor en su interior y energía de él como un volcán y era como si fuera otra gaviota cruzando el cielo podría jurar casi que no tenía miedo de volar que sabía que no se iba a estrellar y morir como lo haría cualquier joven de su edad que si hubiera aventado un destino así sin paracaídas, poco él conocía que era el dragón que vivía en su interior que estaba tan molesto como él y que sí tenía habilidades sobrenaturales de pronto cayó al már ruidosamente porque su mente racional aún no estaba lista para digerir que si él quisiera tendría la capacidad de volar gracias a la sangre de dragón que vivía dentro de él ya en el agua su cuerpo le dio la bienvenida al frío que le brindaba el océano intentó calmar su mente y concentrarse un poco ni el mismo sabía que estaba haciendo ni cómo tenía esa capacidad pero la tenía se sintió como un depredador Marino listo para atacar la ira todavía estaba dentro de él consumiéndolo y al mismo tiempo dándole empuje como si tuviera el mismo radar de una criatura marina nativa de la zona supo que el rumbo debía tomar de manera inexplicable una parte de él ubicó la isla más cercana y se encaminó nadando hacia allá
La luz solar se reflejaba en el agua, iluminando el camino de Ranma hacia su destino. La isla se acercaba, y con ella, la verdad sobre la desaparición de Akane.
Mientras tanto,
El avión surcaba los cielos, llevando a sus pasajeros hacia su destino. Sin embargo, la tranquilidad del vuelo se vio interrumpida cuando los empleados del aire comenzaron a murmurar entre sí. Algo no estaba bien.
Ranma y Akane. La búsqueda del personal por todo el avión confirmó los peores temores: habían desaparecido.
La noticia se propagó como un reguero de pólvora, alcanzando a Soun, Miyo, Ryoga y Hiashi. Su rostro se descompuso de preocupación y rabia.
—¿Qué ha pasado? —exclamó Soun, su voz como un trueno en el cielo sereno.
—No lo sabemos, señor —respondió un empleado, temblando—. Pero su hijo... saltó del avión.—
—¡Que! ¿Son ustedes estupidos?—
—¿Como es esto posible?, ¿Esto es una aerolinea o una red de trata?—
La escena se convirtió en un caos. Hiashi y Soun armaron un escándalo monumental, amenazando con demandas a la aerolínea. Ryoga, el amigo de Ranma, intentaba consolar el llanto incesante de Miyo, quien tenía un terrible presentimiento.
—No puede ser —sollozaba Miyo—. Algo malo ha pasado.
Soun, con la cara roja de ira, no tuvo más remedio que confesar a Hiashi la verdad.
—Hubo un hombre... Taro. Me buscó con la intención de casarse con Akane. Pensaba que era hija de otro hombre... y que era heredera de la sangre de Dragón Orochi.
Hiashi se quedó helado, su mirada como un lago congelado.
—Es un secuestro —concluyó, su voz firme—. Debemos llamar a la policía.
Rápidamente, Soun y Hiashi llamaron a la policía en Japón, lo cual desde un avion en movimiento era muy dificiil, todo un escandalo, Ryoga ya estaba llamando al hotel para cancelar e intentando conseguir boletos en linea para regresar enseguida a Japon, haciendo la denuncia. La búsqueda de Ranma y Akane había comenzado.
X
La niebla envolvía la isla como un manto grisáceo, ocultando cualquier rastro de vida. El viejo pescador, Kobayashi, luchaba por sacar su alimento del día desde su humilde balsa. La brisa era escasa y la niebla parecía tener vida propia, haciéndole difícil mantener el equilibrio.
De repente, un movimiento en el agua llamó su atención. Un animal marino, desconocido para él, emergió de las profundidades. Sus ojos rojos brillaban como carbones encendidos en la oscuridad. Kobayashi se estremeció, su corazón latiendo con fuerza. Casi se cae de la balsa.
Antes de que pudiera reaccionar, un golpe seco sacudió la balsa. Kobayashi se giró hacia el sonido y se encontró con un ser extraño,que resulto ser un joven de mirada insondable.
—¿Es usted de esta isla? —preguntó el joven con una voz firme, escurriendo de agua.
Kobayashi asintió nervioso.
—Sí, joven, sí...
El joven lo miró con intensidad.
—¿Ha visto la llegada de una joven, nueva, muy hermosa?
Kobayashi meditó un momento, su mente revolviendo información.
—Hay algunos extraños... Llegaron en barco, y del cielo.
Los ojos azules del joven brillaron de ira. Kobayashi temió por su vida.
—¿Sabe dónde están?
—No hay muchas casas aquí, ni hoteles... Deben estar en su barco o en la vieja choza deshecha en la colina... pero es difícil...
No terminó de hablar. Un chapuzón de agua sacudió la balsa. El joven había desaparecido en el mar.
Kobayashi se quedó solo, temblando de miedo.
Mientras tanto, Ranma nadaba hacia el barco, su corazón latiendo con determinación. No tardó mucho en encontrarlo, ya había levado anclas, pero aún estaba sobre aguas poco profundas. Subió al barco con gran velocidad y comenzó a revisarlo todo.
No era un barco pequeño, pero tenía pocos compartimentos. Ranma tardó un poco, pero cuando estaba por perder las esperanzas, vio a un hombre dormido sobre una amaca en la única cabina de la embarcación. Ya lo había comprobado, en el barco no estaba Akane.
Ranma lo sujetó sobre el cuello, comprimiéndolo.
—¿Dónde está Akane? —preguntó con una voz amenazante.
El hombre al verse liberado, para responder, con desesperacion intentó recuperar el aliento,pero al verlo, no pudo evitar romper en carcajadas.
—Has llegado tarde.
Ranma se quedó de piedra.
—¿Dónde está? ¡Dime ahora o morirás!
—No, mi hijo se ha casado con ella, legal y religiosamente... A estas horas la chica debe estar embarazada... Así que somos familia...
En unos segundos, se escuchó un ruido sordo. El hombre cayó al suelo, con el cuello totalmente roto.
Ranma se encaminó sin remordimientos, antes de bajar tomo el timon y encauso el barco hacia el horizonte y saltó, dejando al barco vacío, con solo un muerto para custodiarlo.
Ya e tierra, el pánico estaba invadiéndolo a cada paso. Las palabras del hombre lo habían desquiciado. ¿Cómo podía encontrar la maldita choza en una isla completa? Sentía que el ardor consumía sus pulmones.
El esfuerzo físico comenzó a hacer mella en él, pero no se amedrentó. Siguió adelante, levantó la vista y, sobre la bruma, apareció una techumbre. Sin pensarlo, se adelantó hacia el lugar, dispuesto a todo.
La choza deshecha se alzaba ante él, su estructura débil y abandonada. Ranma se acercó con cautela, su corazón latiendo con fuerza. ¿Estaba Akane dentro? ¿Estaba viva?
Recorreria toda la maldita isla de ser necesario.
Con un movimiento rápido, empujó la puerta y entró. La oscuridad lo envolvió. Ranma se detuvo, escuchando cualquier sonido. Y entonces, un susurro débil llegó a sus oídos.
—Ranma...
Entro rapidamente a la choza pero al dar el primer paso hacia ella, lo sorprendio el filo de una katana sobre su yugular.
-Asi que mi viejo tenia razon...llegaron los Tendo...Bienvenido: cuñado.
