Buenas aquí les dejo una adaptación de un libro que me gusto, los personajes de inuyasha no me pertenecen ni la historia ni los personajes del libro espero que les guste

Asesino de brujas

Libro 1

La bruja blanca

(poco a poco, el pájaro construye su nido)

Cap. 13

La Fuga

Kag

Las brujas con aroma a lavanda y el agua cálida flotaban en el ambiente cuando mi marido regreso horas después esa tarde. Su voz resonó a través de las paredes.

- ¿Esta dentro?

-sí, pero…

El tete carree no se detuvo a escuchar o cuestionar por que Hojo estaba en el pasillo en vez de en la habitación. Sonreí con anticipación. Aunque fastidiara mi baño, la expresión en su rostro lo compensaría. Por supuesto, interrumpió en la habitación un segundo después. Lo observe mientras recorría el cuarto buscándome con los ojos. Hojo había quitado la puerta del cuarto de baño en un intento de reparar el agujero que mi esposo había creado antes, pero no espere a que terminara la reparación. El marco estaba gloriosamente vacío, una exhibición perfecta para mi piel enjabonada y desnuda. Y la humillación de mi esposo. No tardó mucho en encontrarme.

Aquel maravilloso y asfixiante ruido broto de su garganta y abrió los ojos de par en par.

Lo salude moviendo la mano con alegría.

-Hola.

-Yo… Que estas… ¡Hojo! – Estuvo a punto de colisionar contra el marco de la puerta en su intento de fuga-. ¡Te pedí que repararas la puerta!

Hojo alzo la voz, histérico.

-No hubo tiempo para…

Con un gruñido de impaciencia, a mi marido cerro de un golpe. Imaginé una burbuja con su rostro y la exploté. Luego lo hice con otra. Y otra.

-Eres muy grosero con él, ¿sabes?

No hablo. Probablemente intentaba controla la sangre que subía a su rostro. Pero la veía de todas maneras. Subía por su cuello y se fundía en su mirada dorada. Incline el cuerpo hacia adelante y cruce los brazos sobre el borde de la tina.

- ¿Dónde has estado? -pregunte.

Tenso la espalda, pero no se giró.

-No lo hemos atrapado.

- ¿A Hiten y a Manten?

Asintió.

-Entonces, ¿Qué haréis ahora?

-Hay Chasseurs vigilado el East End. Con un poco de suerte, los capturaremos pronto y pasaran varios años presos por agresión.

-Después de darte información sobre mi amiga.

-Después de darme información sobre la bruja.

Puse los ojos en blancos y le salpiqué con agua la nuca. Su cabello plateado absorbió el líquido y cayo por el cuello de su camisa. Se giro indignado, apretando los puños… luego, se detuvo en seco y cerró los ojos con fuerza.

- ¿Puedes vestirte? -Movió una mano en mi dirección, mientras cubría sus ojos con la otra-. No puedo hablar contigo cuando estás ahí… ahí…

- ¿Desnuda?

Apretó los dientes con un crac audible.

-si.

-Lo siento, no puedo. Aún no he terminado de lavarme el pelo.

-Me hundí bajo las burbujas con un suspiro molesto. El agua salpicaba sobre mi clavícula-. Pero ahora puedes mirar. Mis partes privadas están cubiertas.

Abrió un ojo. Al ver que estaba a salvo debajo de la espuma, se relajó… lo máximo que podía relajarse alguien como él. Mi marido vivía con un palo en el culo.

Se acerco con cautela y apoyo el cuerpo en el marco de la puerta vacío. Lo ignore mientras colocaba más jabón de lavanda en mi palma. Guardamos silencio mientras el observaba como me enjabonaba el cabello.

- ¿Cómo te has hecho esas cicatrices? -pregunto.

No me detuve. Aunque no eran nada comparadas con las de Gogo y Enju, tenía varias. Los riesgos de una vida en la calle.

- ¿Cuáles?

-Todas.

Me atreví a mirarlo y mi corazón dio un vuelco cuando noté que el observaba mi garganta. Así que, en cambio, dirigí su mirada a mi hombro, señalando la línea larga e irregular que había allí.

-Me tope con el lado equivocado de un cuchillo. -Alce el codo para mostrarle otra salpicadura de cicatrices-. Me enrede en una cerca de alambres de púas. -Toque el área debajo de mi clavícula-. Otro cuchillo. este también dolió como un demonio.

Ignoro mi lenguaje y mantuvo los ojos inescrutables en los mío.

- ¿Quién?

-Hiten. -Hundí la melena en el agua y sonreí cuando el aparo la vista. Rodee mis pantorrillas con los brazos y apoye el mentón en las rodillas-. Se me adelanto cuando llegue a la ciudad. Suspiro con pesadumbre, como si de pronto estuviera cansado.

-Siento que no los hayamos encontrado.

-Lo haréis.

- ¿Sí?

-No son los más inteligentes. Es probable que vengan aquí mañana exigiendo saber poque los buscáis.

Se rio y se froto el cuello, lo que enfatizo la curvatura de su bíceps. Se había arremangado la camisa desde el interrogatorio y no puede evitar recorrer con la vista la línea larga de su antebrazo. Sus dedos con callos. El vello que cubría su piel.

Se aclaro la garganta y dejo caer el brazo rápido.

-Debería de irme. Pronto interrogaremos a madame Izayoi.

Luego al otro ladrón que estaba en la casa de Tremblay. Koga St. Pierre.

Mi corazón se detuvo y lance el torso hacia adelante, lo que causo que salpicara burbujas y agua en todas direcciones.

- ¿Koga? -El asintió, entrecerrando los ojos-. Pero… ¡había escapado!

-Lo encontramos merodeando fuera de una entrada trasera en el Soleil et Lune. -la desaprobación brotaba de el-. Da igual. Los guardias lo habrían arrestado tarde o temprano. Mato a uno de los custodios de Tremblay.

Joder. Apoyé la espalda con el pecho tenso mientras el pánico subía por mi garganta y me esforcé por controlar mi respiración.

- ¿Qué pasara con él?

Inuyasha frunció el ceño, sorprendido.

-Lo colgaran.

Mierda

Mierda, mierda, mierda.

Por supuesto que habían arrestado a Koga. Por supuesto que había matado a un custodio en vez de dejarlo inconsciente. ¿Por qué el idiota estaba en el Soleil et Lune, en primer lugar? Sabía que lo buscaban. Lo sabía. ¿Por qué no había huido? ¿Por qué no había cruzado el mar? ¿Por qué ni se había comportado como, bueno, Koga?

A pesar del baño cálido, mi piel se erizo. ¿Podría haber…? ¿podría haber vuelto a buscarme? La esperanza y la desesperación luchaba en mi pecho, igualmente horribles, pero el pánico pronto derroto a ambas.

-Tienes que dejar que lo vea.

-Claro que no. No es negociable.

-Por favor. -Odiaba la palabra, pero si él se negaba, si suplicar no funcionaba, solo tendría una opción. Hacer magia fuera de la enfermería era un riesgo enorme, pero era uno que tendría que correr.

Porque Koga sabia lo de Gogo, sí, pero también sabia lo mío. Me pregunte cuanto Valia la información sobre dos brujas. ¿Su vida? ¿Su sentencia penitenciaria? Un intercambio justo a ojos de los Chasseurs y uno que Koga haría sin duda. Aunque hubiera vuelto a buscarme, no vacilaría si su vida estaba en juego.

Me maldije por haber confiado en él. Conocía su carácter. Sabía quién era y, sin embargo, me había permitido relajarme, contar mis secretos más profundos. Bueno… uno de ellos. Y ahora pagaría el precio, al igual que Gogo.

Era una estúpida. Muy, muy estúpida.

-Por favor -repetí.

Mi esposo parpadeo ante la palabra, evidentemente atónito.

Pero su perplejidad cedió ante la desconfianza. Frunció el ceño.

- ¿Po que estas tan preocupada por él?

-Es un amigo. -No me importo que mi voz sonara desesperada-. Un querido amigo.

-Claro. -ante mi expresión sufrida, el clavo los ojos en el techo y añadió casi a regañadientes-: Tendrá una oportunidad de salvarse.

- ¿Cómo?

Aunque sabia la repuesta, contuve el aliento, temiendo oír sus palabras.

-La bruja aun es nuestra prioridad -confirmo-. Si nos da información que lleve a capturarla, su sentencia será reconsiderada. Sujete el borde de la bañera para no perder el equilibrio y me obligue a mantener la calma. Alce la otra mano parta acariciar la cicatriz en mi garganta, un gesto instintivo y nervioso. Después de un largo instante, su voz llego a mí en un susurro.

- ¿Estas bien? Pareces… pálida.

Como no respondí, el atravesó el cuarto y se agacho junto a la bañera. No me importo que la espuma desapareciera. Por lo visto, a el tampoco. Extendió la mano coloco un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. El jabón cubrió sus dedos

-Te ha faltado enjuagarte aquí.

No dije nada mientras Inuyasha recogía agua con la palma y la vertía sobre mi cabello, pero mi respiración se detuvo cuando sus dedos flotaron sobre mi garganta.

- ¿Cómo te has hecho esto? -susurro.

Tragué con dificultad, buscando una mentira, pero no encontré ninguna.

-Esa es una historia para otro día, Chass.

Retrocedió sobre sus talones, observando mi rostro con sus ojos dorados.

Cubrí instintivamente la cicatriz y miré mi reflejo en el agua jabonosa. Después de todo lo que había pasado, de lo que había soportado, no ardería por Koga. No era el sacrificio de nadie. Ni ates. Ni ahora. Ni nunca.

Solo había una cosa por hacer. Tenía que salvarlo.

Mi marido me dejo sola unos minutos después y regreso a la sala del consejo. Sali a toda prisa de la bañera y me apresure a buscar la vela que había escondido en el armario de las sábanas. La había robado del santuario durante el tour de Hojo. Con movimientos rápidos y entrenados encendí la cera y apoyé en el escritorio. El olor no era de todo correcto, pero se aproximaba. Cuando mi marido volviera, la magia ya se habría desvanecido. Eso esperaba.

Después de caminar por el cuarto frenéticamente durante largos minutos, me obligue a tomar asiento en la cama. Espere con impaciencia la vuelta de Hojo.

Él era joven. Quizás fuera fácil de persuadir. Al menos eso me dije. Después de una eternidad y un día llamo a la puerta.

- ¡Adelante!

Entro al cuarto con cautela y clavo los ojos en el baño, comprobando que estuviera de modo apropiado. Me puse de pie y respire hondo, preparándome para lo que vendría. Solo rogaba que Hojo no llevara encima su Balisarda.

Sonriendo con timidez, lo mire a los ojos mientras el entraba más al cuarto. Sentí un cosquilleo en la piel por la anticipación.

-Te he echado de menos.

El parpadeo ante mi voz extraña, frunciendo el ceño. Camine despacio hacia él y coloque una mano en su antebrazo. Intento apartarlo, pero se detuvo y parpadeo de nuevo. Me acerque a su pecho e inhale su aroma, su esencia. Mi piel brillo sobre el azul pálido de su abrigo, miramos juntos el resplandor, separando los labios.

-Tan fuerte – susurre. Las palabras fluían de mis labios, profundas y resonantes-. Tan digno. Han cometido un error al subestimarte.

Una variedad de emociones recorrió su rostro ante mis palabras… ante mi tacto.

Confusión. Pánico. Deseo.

Deslice un dedo por su mejilla. Él no se apartó ante el contacto.

-Veo la grandeza en ti, Hojo. Mataras a muchas brujas.

El parpadeo suavemente y luego… nada. Era mío. Rodee su cintura con los brazos, brillando con mayor intensidad.

- ¿Me ayudarías? -El asintió con los ojos de par en par mientras me miraba. Besé la palma de su mano y cerré los ojos, inhalando profundo-. Gracias, Hojo.

El resto era fácil.

Permití que me llevara al calabozo. En vez de bajar por la escalera angosta que llevaba a la sala de consejo, doblábamos a la derecha, hacia la celda en la que estaba encerrado Koga. Los Chasseurs, incluido mi esposo, aun interrogaban a madame Izayoi y solo había dos guardias de pie fuera de las celdas. Vestían chaquetas azul pálido como Hojo.

Nos miraron perplejos, y sus manos se dirigieron de inmediato a sus armas… pero no eran Balisardas. Sonreí mientras unos diseños resplandecientes y dorados se materializaban entre nosotros. Pensaban que estaban a salvo dentro de su Torre. Tan tontos. Tan imprudentes.

Sujete una telaraña dorada, cerré el puño y suspire mientras mis recuerdos amorosos de Koga desaparecían en el olvido. Los guardias se desplomaron en el suelo y las cuerdas desaparecieron en un estallido de polvo brillante. Un recuerdo por un recuerdo, canturreo la voz en mi cabeza. Un precio digno. Es mejor de este modo.

Los ojos de Koga brillaron triunfantes mientras me observaba. Camine hacia la celda, inspeccionándolo. Le habían rapado la cabeza y la barba para evitar los piojos. No le quedaba bien.

- ¡kag! – Sujeto los barrotes y presiono su rostro contra ellos. El pánico brillo en sus ojos-. Gracias al cielo que estas aquí. Mi primo ha intentado sacarme, pero no lo han escuchado. Me colgaran si no les hablo sobre Gogo, kag… -Dejo de hablar, el miedo genuino desfiguro sus facciones ante la mirada distante y sobrenatural en mi rostro. Mi piel brillo con más intensidad. Hojo cayo de rodillas a mis espaldas.

- ¿Qué haces? -Koga hundió las palmas en sus ojos intentando resistirse al encantamientos-. No lo hagas. Lamento… haberte abandonado en casa de Tremblay. Sabes que no soy tan valiente o tan… inteligente como tú y Gogo. Estuvo mal de mi parte. Debería haberme quedado… debería haber… ayudado…

Un escalofrió sacudió su cuerpo mientras me acercaba más con una sonrisa fría.

- ¡Kag, por favor! -suplico. Otro temblor, más fuerte esta vez-. No les habría dicho nada sobre ti. ¡Lo sabes! No, ¡por favor, no lo hagas!

Relajo los hombros y cuando sus manos cayeron a los laterales de su cuerpo, tenía el rostro felizmente en blanco.

-Tan inteligente, Koga. Tan astuto. Siempre has dicho palabras bonitas. -Tome su rostro entre las manos a través de los barrotes-. Te daré algo, Koga y a cambio tú me darás algo. ¿Qué te parece? -Asintió y sonrió. Me acerque más y bese sus labios. Saboree su aliento. El suspiro con alegría-. Te liberare. Lo único que te pido a cambio son tus recuerdos.

Tense los dedos en su mejilla, sobre el dorado que giraba alrededor de su rostro apuesto. Él no se resistió mientras hundía las uñas en su piel y pinchaba la diminuta cicatriz plateada en su mandíbula. Me pregunte brevemente como se la había hecho. Cuando termine, cuando la bruma dorada hubo robado cada recuerdo de mi rostro y del de Gogo de su mente, Koga cayó al suelo. Sangraba debido a mis uñas, pero se recuperaría. Me agazape para tomar las llaves del cinturón del guardia y las deje caer a su lado. Luego me gire hacia Hojo.

-Tu turno, precioso. -Me puse de rodillas a su lado, rodee sus hombros con las manos y roce mis labios contra su mejilla-. Esto dolerá un poco.

Centre la atención en la escena ante nosotros y robe el recuerdo de la mente de Hojo. En unos segundos él también se desplomo en el suelo.

Me esforcé por mantenerme consciente, pero la oscuridad invadía el límite de mi visión mientras repetía el proceso con los guardias. Tenía que pagar el precio. Había tomado algo y ahora debía dar algo a cambio. La naturaleza exigía equilibrio.

Balanceándome un poco, caí sobre Hojo y cedi ante la oscuridad.

Parpadee. Me dolía la cabeza, pero ignoré la molestia y me puse de pie con rapidez. La puerta de la celda estaba abierta y Koga había desaparecido. Hojo no mostraba signos de despertar.

Me mordí el labio, pensando. Lo castigarían si hallaban fuera de la celda vacía de un prisionero, en especial con dos guardias inconscientes a sus pies. Peor, él no tendría recuerdo alguno de cómo había llegado allí y no tendría manera de defenderse.

Frunciendo el ceño, me masajee la sien e intente idear un plan. Necesitaba darme prisa, necesitaba limpiar el olor a magia de mi piel antes de que los Chasseurs me descubrieran, pero no podía dejarlo allí. Sin otra alternativa, lo alce por las axilas y lo arrastre. Solo habíamos dado unos pocos pasos cuando las rodillas comenzaron a dolerme. Era más pesado de lo que parecía.

Oi voces furiosas cuando me acerque a la escalera. Aunque Hojo por fin comenzaba a despertar, yo no tenía fuerza para subirlo escalón por escalón. Las voces eran más fuertes. Maldije en silencio y lo empujé a través de la primera puerta que vi la cerré al entrar. Mi aliento abandono mi cuerpo con un suspiro de alivio cuando enderece la espalda y mire alrededor. Estábamos en una biblioteca. Pequeña y sin ornamentos, como todo lo demás en aquel lugar desgraciado, pero de todos modos era una biblioteca.

Oi pasos frenéticos por el pasillo y más voces se sumaron a la cacofonía.

- ¡Se han ido!

- ¡Registrad la Torre!

La puerta de la biblioteca permaneció milagrosamente cerrada. Suplicando que continuara así, coloque a Hojo en una de las sillas de lectura. El parpadeo mirándome mientras sus ojos hacían un esfuerzo por enfocarse y mascullo:

- ¿Dónde estamos?

-En la biblioteca. -Tome asiento en la silla a su lado y elegí un libro al azar del estante. Doce ensayos sobre exterminación de lo oculto. Las páginas horribles de la cubierta-. Hemos estado en la enfermería con el padre Orville y Go… mademoiselle Perrot. Me has traído aquí para… -Lance el libro sobre la mesa más cercana y tome la Biblia con cubierta de cuero que estaba junto a ella-. Para educarme. Eso es todo.

- ¿Qu…que?

Gruñí cuando abrieron las puertas de par en par y mi esposo y Bankotsu entraron.

-Has sido tú, ¿Verdad? -Bankotsu avanzo hacia mí con los ojos asesinos.

Mi esposo dio un paso adelante, pero Hojo ya estaba de pie. Se balanceo un poco, pero enfoco la mirada ante el avance de Bankotsu.

- ¿De qué hablas? ¿Qué ha pasado?

-El prisionero ha escapado -gruño Bankotsu. A su lado, mi esposo se quedó paralizado, sacudiendo sus fosas nasales. Mierda.

El olor. Seguía pegado a Hojo y a mí como una segunda piel, dibujando un sendero desde la celda vacía hacia nosotros-. Su celda está vacía. Los guardias están inconscientes.

Sin duda esa vez era mi fin. Sujete la Biblia con fuerza para evitar que mis manos temblaran y los mire a los ojos con calma forzada. Al menos los Chasseurs me quemarían. No derramaría ni una gota de mi sangre. Saboree esa pequeña victoria.

Mi esposo me miro con sospecha.

- ¿Qué- es ese olor?

Oi más pasos rápidos fuera y Gogo entro a la sala antes de que pudiera responder. Una oleada fresca de aire dulce nauseabundo nos invadió con su llegada y mi corazón se alojó con firmeza en mi garganta.

- ¡He oído a los sacerdotes hablar sobre la fuga del prisionero!

-Estaba agitada y sujetaba el lateral de su cuerpo. Sin embargo, cuando sus ojos hallaron los mío, asintió con seguridad y enderezo la espalda para garantizar que su túnica de curandera aun cubriera cada centímetro de su piel- He venido a ver si podía ayudar.

Bankotsu arrugo la nariz con desagrado ante el hedor que brotaba de ella.

- ¿Quién eres?

-Brie Perrot. -Hizo una reverencia y recobro con rapidez la compostura-. Soy la nueva curandera de la enfermería.

El frunció el ceño, poco convencido.

-Entonces sabes que los curanderos no tienen permitido andar libremente por la Torre. No deberías estar aquí abajo, en especial cuando un prisionero suelto.

Gogo lo apuñalo con su mirada afilada antes de apelar a mi esposo.

-Capitán Diggory, su esposa ha estado acompañándome mientras les leía Proverbios a los pacientes. Junto con Hojo.

Dios, ella era brillante.

Hojo parpadeo y la confusión nublo sus ojos de nuevo.

-Yo… sí. -frunció el ceño y sacudió la cabeza, era evidente que intentaba cubrir el agujero en su memoria-. Fuimos a la enfermería. -Entrecerró los ojos, concentrando-. Yo… he rezado con el padre Orville.

Suspire de alivio, esperando que la memoria de Hojo continuara confundida.

- ¿Él puede confirmarlo? -pregunto mi esposo.

-Si, señor.

-Maravilloso. De todos modos, eso no explica por qué la celda apesta a magia. -Claramente irritado por la desestimación de Gogo, Bankotsu nos fulmino a los tres con la mirada-. O el desmayo de los guardias.

Gogo lo miro con una sonrisa afilada como un cuchillo.

-Por desgracia, me llamaron para atender a un paciente antes de que pudiera indicarle a madame Diggory como limpiarse adecuadamente. Ella y Hojo se marcharon poco después.

Los ojos de mi marido casi me quemaban la cara.

-Y habéis venido aquí en vez de volver a nuestro dormitorio.

Hice un esfuerzo por parecer arrepentida y coloqué la Biblia sobre la mesa. Con algo de suerte, tal vez sobreviviríamos a ese desastre.

Hojo quería enseñarme algunos versículos y… he ido a visitar a Koga. -Toqueteando un mechón de cabello, alce la vista hacia el con las pestañas bajas-, dijiste que lo colgarían y quería hablar con el… antes. Una última vez. Lo siento.

El no dijo nada. Solo me fulmino con la mirada.

- ¿Y los guardias? -Pregunto Bankotsu.

Me puse de pie y señalé mi contextura pequeña.

- ¿De verdad crees que podría hacer que se desmayaran de un golpe dos hombres adultos?

La respuesta de mi marido llego de inmediato.

-Si.

En otras circunstancias, me habría sentido halagada. Sin embargo, su fe inquebrantable en mis habilidades era inconveniente.

-Estaban inconscientes cuando he llegado -mentí-. Y Koga ya se había ido.

- ¿Por qué no has informado de inmediato? ¿Por qué has huido?

-Bankotsu entrecerró sus ojos pálidos y avanzo hasta que no tuve más opción que alzar la vista y mantener el contacto visual con él.

Frunció el ceño.

Bien. Si quería intimidar, podría seguirle el juego

Rompí el contacto visual y me miré las manos, con el mentón tembloroso.

-Confieso que… a veces la debilidad de mi sexo se apodera de mí, Monsieur. Al ver que Koga había escapado, me he asustado. Se que no es excusa.

-Dios santo. -poniendo los ojos en blanco ante mis lágrimas, Bankotsu miro exasperado a mi marido-. Tú le explicaras esto a su Eminencia, capitán. Sin dudad estará encantado con otro fracaso.

-Comino hecho una furia hacia la puerta para abandonarnos-. Regrese a la enfermería, mademoiselle Perrot, y ocúpese de recordar su lugar en el futuro. Los curanderos solo tienen permitido el acceso a áreas restringidas: la enfermería, sus habitaciones y la escalera trasera. Si desea visitar cualquier otra parte de la Torre, debe limpiarse y pasar la inspección. Como es nueva en la Torre, dejare pasar su error, pero hablare con los sacerdotes. Ellos se asegurarán de que no repitamos esta pequeña aventura.

Si Gogo hubiera podido vaciar la sangre de un cuerpo, sin duda lo hubiera hecho en ese instante. Me apresure a intervenir.

-Es mi culpa. No la suya.

Bankotsu alzo una ceja oscura e inclino la cabeza.

-Que tonto por mi parte. Tienes razón, claro. Si no hubieras desobedecido a Inuyasha, todo esto se habría evitado.

Aunque había admitido la culpa, me enfurecí ante el reproche. Evidentemente, mi marido no era el imbécil más pretencioso entre todos esos imbéciles; el titulo sin duda le pertenecía a Bankotsu. Acaba de abrir la boca para comunicárselo cuando mi inoportuno esposo interrumpió.

-Ven aquí, Hojo.

Hojo trago con dificultad y avanzo, colocándose las manos detrás de la espalda. La incomodidad recorrió mi cuerpo.

- ¿Por qué le has permitido entrar a la enfermería?

-Fui yo quien los invito a… -Gogo comenzó a hablar, pero se detuvo con brusquedad ante la mirada en el rostro de mi marido.

Las mejillas de Hojo se tiñeron de rosa y me miro con ojos suplicantes.

-Yo… lleve a madame Diggory arriba porque…

-Porque tenemos una obligación con esas pobres almas. Los curanderos están saturados, sobrepasados por el trabajo y con poco personal. Apenas tiene tiempo de cubrir las necesidades básicas de los pacientes y ni hablar de alimentar su bienestar emocional.

Además, estaba cantando una canción obscena y me negué a parar hasta que me llevara. -Mostré los dientes en un intento de sonrisa-. ¿Quieres oírla? Es sobre una mujer adorable llamada la pechugona…

-Suficiente. -La furia ardía en sus ojos, y era furia genuina. No humillación. No molestia. Furia. Nos miró despacio a los tres, pensativo-. Si descubro que alguno de vosotros miente, no tendré piedad. Seréis castigados con todo el peso de la ley.

-Señor, le juro que…

-Sabias que está prohibido ir a la enfermería. -Su voz era severa e implacable mientras miraba a Hojo-. Esperaba que mi esposa me desobedeciera. No lo esperaba de ti. Puedes retirarte.

Hojo dejo caer su cabeza.

-Si, señor.

La furia recorrió mi cuerpo mientras observaba como se arrastraba con tristeza hacia la puerta. Intente seguirlo, anhelaba consolarlo de algún modo, pero el idiota de mi esposo me sujeto del brazo.

-Quédate aquí. Quiero hablar contigo.

Libere mi brazo y estalle.

-Y yo quiero hablar contigo. ¿Cómo te atreves a culpar a Hojo?

¡Como si algo de todo esto fuera su culpa!

Bankotsu emitió un suspiro largo y sufrido.

-La acompañare a la enfermería, mademoiselle Perrot. -Extendió Su brazo hacia ella, claramente aburrido con el rumbo que había tomado la conversación. La mirada de respuesta fue fulminante. Frunciendo el ceño, se giró para marcharse sin ella, pero Hojo se había detenido en la entrada y bloqueaban el paso. Las lágrimas colgaban de sus pestañas mientras me miraban, con los ojos de par en par… sorprendido de que alguien lo hubiera defendido. Bankotsu empujo su espalda con impaciencia, balbuceando algo que no pode oír. Mi sangre hervía.

-Tenía ordenes de vigilarte. -Los ojos de mi marido ardían, ignorándolo todo excepto a mi-. No ha cumplido con su deber.

-ah, ta gueule! -Cruce los brazos para evitar poner las manos alrededor de su cuello-. Joder, soy una mujer adulta y soy perfectamente capaz de tomar mis propias decisiones. Si vas a compararte como un matón con alguien, deberías hacerlo conmigo, no con Hojo. El pobre niño no tiene ni un respiro contigo…

Su rostro prácticamente se volvió purpura.

- ¡No es un niño! Está entrenándose para convertirse en un Chasseur y si eso sucede, debe aprender a hacerse cargo de…

-Hojo, muévete -dijo inexpresivo Bankotsu, lo que interrumpió nuestra discusión. Finalmente, logro empujar a Hojo a través de la puerta-. Por muy entretenido que sea esto, algunos tenemos trabajo que hacer, prisioneros que encontrar, brujas que quemar…

Esa clase de cosas. Mademoiselle Perrot, espero que se presente en la enfermería en diez minutos. Iré a comprobar que este allí. –Nos miró a ambos con fastidio por última vez antes de salir hecho una furia del cuarto. Gogo puso los ojos en blanco y avanzo para seguirlo, pero vacilo. Había una pregunta silenciosa en sus ojos.

-Está bien -susurre.

Asintió y miro a mi marido con furia antes de cerrar la puerta al salir.

El silencio era abrasador. Los libros podrían haber ardido en llamas. Y habría sido adecuado, dado que cada libro de ese lugar infernal era maligno. Mire doce ensayos sobre exterminación de lo oculto con interés renovado y lo tome mientras unos patrones dorados resplandecía alrededor. De no haber estado tan furiosa, me habría sorprendido. Había pasado mucho tiempo desde que los patrones espontáneos habían aparecido en un ojo de mi mente. Sentía el despertar de mi magia, desesperada por liberarse después de años de represión.

Solo necesitas una chispa, dijo la voz persuasiva. Libera tu furia. Quema la página.

Pero no quería liberar mi furia. Quería estrangular a mi marido con ella.

-Nos has mentido. -La voz de mi esposo corto el silencio. Aunque continue mirando el libro, podía ver la vena en su garganta, la tensión en los músculos de su mandíbula-. Madame Izayoi ha dicho que la bruja se llama Sango Monvoisin, no Alexandra.

Si, y en este momento esta si, y en este momento está pensando en cómo drenar la sangre de tu cuerpo. Quizás debería ayudarla. Le lance Doce ensayos sobre exterminación de lo oculto a la cabeza.

-Sabía que era una serpiente cuando me encontraste. Atrapo el libro antes de que le rompiera la nariz y lo lanzo hacia mí. Lo esquive y cayó al suelo.

- ¡Esto no es un juego! -grito-. Nuestro deber es mantener a salvo este reino. ¡Has visto la enfermería! Las brujas son peligrosas y…

Cerré los puños y los patrones a mi alrededor centellaron sin parar.

-Como si los Chasseurs fueran menos peligrosos.

- ¡Intentamos proteger!

- ¡No me pidas que me disculpe porque no lo hare! -Uno zumbido sonó en mis oídos mientras avanzaba hecha una furia hacia él, colocaba ambas manos en su pecho y empujaba. Como él no cedió, un rugido broto de mi garganta-, siempre protegeré a mis seres queridos. ¿Lo entiendes? Siempre.

Lo empuje de nuevo con más fuerza, pero sujeto mis manos con las suyas y las atrapo contra su pecho. Inclino la cabeza hacia abajo, alzando una ceja.

- ¿sí? -su voz era suave de nuevo. Peligrosa-. ¿Por eso has ayudado a tu amante a escapar?

¿Amante? Desconcertada, alce el mentón para fulminarlo con la mirada.

-No sé de qué hablas.

-Entonces ¿lo niegas? ¿Qué él es tu amante?

-He dicho -repetí, mirando intensamente sus manos sobre las mías- que no sé de qué hablas. Koga no es mi amante y nunca lo ha sido. Ahora suéltame.

Para mi sorpresa, me soltó rápidamente, como si le hubiera sorprendido haber estado tocándome, y retrocedió.

-No puedo protegerte si me mientes.

Avance hasta la puerta sin mirarlo.

-Va au diable.

Vete al infierno.

Continuara…

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