¡Bienvenidos, mis Aventureros! Este capítulo trae revelaciones explosivas. Cosas que por fin salen a la luz. ¿Listos para saber la verdad? ¡Aquí vamos!
Capítulo 21
Pov. Regina
Mientras Emma y yo caminamos por el pasillo en busca de Merlín, puedo sentir la tensión en el aire, densa y pegajosa, como una tormenta a punto de estallar. Vamos hacia la biblioteca y aunque tratamos de mantener un ritmo calmado, nuestras mentes están a toda marcha. Emma está decidida, su mirada fija y resuelta y no puedo evitar preocuparme por lo que nos espera.
Snow y Ruby aparecen a mitad del pasillo, sus rostros llenos de una urgencia que detiene a Emma en seco. Snow se adelanta, con los ojos fijos en mí.
—¿Qué pasa Mary?—pregunta Emma al ver el rostro de su madre lleno de preocupación.
— ¿Puedes darnos un momento con Regina? —pregunta, su voz temblando ligeramente. Emma frunce el ceño. Algo en el tono de Blanca nos pone en alerta. Esto no es solo una conversación trivial.
Emma aprieta los labios, claramente no está contenta que la mantengan al margen pero asiente, aunque a regañadientes y sigue su camino hacia la biblioteca en busca de Merlín, dejándome sola con ellas.
—Esto tiene que ser en privado —añade Ruby, mirando a su alrededor como si temiera que alguien pudiera escucharnos.
La petición me parece extraña y la desconfianza crece en mi interior. Las guío hacia una habitación apartada, un lugar donde las paredes sean lo suficientemente gruesas para contener lo que sea que tengan que decir.
Una vez dentro, el silencio se apodera del espacio. Snow y Ruby se miran incómodas, sus expresiones llenas de preocupación y angustia. Ruby aprieta la mandíbula con tanta fuerza que sus líneas se marcan profundamente, como si estuviera luchando por contener lo que siente. Algo no está bien y mi paciencia se agota rápidamente.
—¿Qué está pasando? —les pregunto, mi voz es cortante y mi mirada penetrante se clava en ambas buscando respuestas.
Ruby es la primera en hablar, pero parece pesarle cada palabra, como si temiera de mi reacción.
—Creemos que Mérida y Mulán están bajo el efecto de algún hechizo —dice finalmente Ruby, su voz teñida de tristeza y una frustración palpable.
Las palabras apenas alcanzan a penetrar la bruma de mis pensamientos, pero cuando lo hacen, un relámpago me atraviesa. Mis cejas se alzan y un chasquido de incredulidad escapa de mis labios antes de que siquiera pueda contenerlo.
—¿Qué? —escupo, dando un paso adelante, la incredulidad transformándose rápidamente en rabia— Eso no es posible. No puede ser.
El aire se vuelve espeso, opresivo, mientras mi mente corre a mil por hora. Cada fibra de mi ser se rebela contra esa idea. ¿Cómo es que un hechizo logró pasar mis barreras? ¿Cómo se nos escapó algo así? Mi pulso se acelera, un tambor furioso que retumba en mis oídos mientras las imágenes de Mérida y Mulán se mezclan con mi creciente ira. ¿Cómo se atreven?
—¡Reforcé las barreras! —mi voz se eleva, las palabras saliendo como un latigazo— Me aseguré de que nada ni nadie con malas intenciones pudiera atravesarlas. ¡Esto no puede estar pasando!
Me giro sobre mis talones, la frustración hirviendo en mi pecho. Algo no cuadra, algo se nos ha escapado. Y mientras las miro, a Snow con su mirada empañada y a Ruby con el ceño fruncido, sé que ninguna de ellas tiene las respuestas que busco, que necesito.
Ruby se pasa una mano por el cabello, su nerviosismo evidente —Lo notamos después del desayuno. Están actuando extraño, como si estuvieran... —traga saliva, buscando las palabras correctas— obsesionadas, con un profundo odio hacia ti. No es normal, Regina. Hablan como si estuvieran... poseídas.
Mientras Snow y Ruby explican la situación, mi mente se sumerge en un torbellino de posibilidades. He estado tan centrada en proteger a Emma, Merlín y yo hemos reforzado cada kilómetro de la barrera, que la idea de que alguien lograra sortear nuestras defensas es casi impensable. Pero aquí estamos. Mérida y Mulán, dos aliadas fieles, ahora se comportan como si un odio implacable hacia mí las consumiera. Mis defensas no fallaron, estoy segura de eso. ¿Entonces cómo?
Mis pensamientos se aceleran, recorriendo todas las opciones. ¿Un hechizo que se haya activado después de que fortalecí la barrera? ¿Una manipulación mental? Es como un rompecabezas incompleto, con piezas que no encajan. Nada tiene sentido, y cuanto más pienso en ello, más se intensifica mi ira. Los hechizos de control no son cosa fácil, no a este nivel. Se requiere una intención muy clara y un conocimiento profundo de la persona a la que quieres controlar. Pero, ¿Quién podría tener ese tipo de acceso?
Un frío indescriptible me recorre la espina dorsal. La única posibilidad es que alguien esté infiltrado entre nosotros, que ese alguien esté manipulando desde adentro. Siento mi pulso acelerarse y una furia descontrolada empieza a bullir dentro de mí.
—¡David! —exclamo finalmente, la rabia tiñendo cada sílaba. La furia crece dentro de mí como un fuego imparable— ¡Ese maldito traidor!
Snow abre los ojos con una mezcla de sorpresa y dolor ante mi acusación y Ruby da un paso atrás, intentando suavizar la tensión creciente. Pero no puedo detenerme. La idea de que David haya estado infiltrado entre nosotros todo este tiempo, fingiendo que está arrepentido de lo que pasó con Killian esa noche. Pensar que todo fue una mentira hace que la rabia hierba dentro de mí. Si ha sido él, si ha estado bajo la influencia de Killian o, peor aún, si está actuando por cuenta propia, lo voy a hacer pagar.
—Lo voy a matar —escupo, mi voz cargada de veneno— Lo juro, voy a despellejarlo.
Snow me mira con los ojos abiertos de par en par, sorprendida y herida por mi reacción. Se queda sin palabras y Ruby, alarmada, intenta calmarme.
—Regina, vinimos a ti porque sabíamos que podrías mantener la calma —dice la loba, su tono desesperado— Emma podría perder la cabeza si se entera de lo que está pasando. No queremos que esto escale más de lo necesario sin tener claro quien es el culpable.
Snow llora en silencio, las lágrimas resbalando por sus mejillas. Es una visión rara, verla tan vulnerable.
—David no haría esto por su voluntad—solloza, su voz rota— Es un buen hombre, Regina. Jamás pondría a Emma, a Henry, ni a nadie en peligro. Yo lo sé. Debes creerme.
Aprieto los labios, tratando de pensar con claridad. No podemos permitirnos el lujo de la duda, no ahora. Pero no puedo simplemente dejar esto pasar. Necesito encontrar una solución y rápido
—¿Qué tipo de hechizo podría estar usando para controlar a las chicas? —murmuro más para mí misma que para ellas, mi mente volviendo al problema en cuestión. Necesito respuestas y las necesito rápido. La magia oscura de control requiere un vínculo poderoso, algo que ate al hechicero a su víctima. Pero... ¿cuándo? Si David es el responsable, debió haberlo hecho antes de que yo reforzara la barrera, mucho antes. Tal vez es algo que ha estado latente, esperando el momento justo para activarse.
—Regina, no puede ser David —susurra Snow. La veo ahí, temblorosa y por un segundo, mi rabia se tambalea.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —le espeto, sin poder contener la dureza en mi tono— ¡Nada de esto tiene sentido! ¿Cómo explicas que Mérida y Mulan de repente estén bajo un hechizo de odio hacia mí? ¡¿Cómo?!
—El es demasiado leal para ponernos en peligro así nada mas, piénsalo bien—las lágrimas aun están hay y aunque su voz se escucha demasiado rota y temblorosas, también hay gran esperanza en ella— después de que hemos trabajado tanto tiempo juntos le nace el odio hacia ti, eso no tiene sentido
La miro fijamente, intentando procesar sus palabras. Snow lo dice con una convicción que me hace tambalear y por un momento, me siento dividida. Mi lógica grita que David es el traidor, que ha estado manipulando todo desde dentro. Pero también hay un rincón de mi mente que considera la posibilidad de que él mismo esté siendo controlado, que sea otro peón en el juego de Killian.
Ruby, con los labios apretados en una línea dura, observa a Snow y luego a mí. La incomodidad es palpable, como una cuerda tirante a punto de romperse.
—David no haría esto —interviene Rubi con voz desesperada— Jamás pondría en peligro a Emma, a Henry, a su propia esposa. Yo lo sé. El puede… Puede estar siendo manipulado también.
Mi respiración se agita mientras camino de un lado a otro de la habitación, con el enojo ardiendo en cada fibra de mi ser. Si Killian ha logrado infiltrarse, si tiene a tres de los nuestros bajo su control, entonces todos nuestros planes, nuestras estrategias, están expuestos. Todo se va al demonio si el enemigo ya conoce cada uno de nuestros movimientos. La sensación de traición se mezcla con el miedo y no sé cómo arreglar esto sin que Emma lo descubra.
—Regina, él no es así —insiste Snow, su voz se quiebra al final, como si esas palabras fuesen lo único que la mantuviera en pie— Debe estar bajo el efecto de algún hechizo, algo que lo obligue a actuar en contra de su voluntad. Él jamás haría algo así por cuenta propia. Lo conozco. Nos conocemos. Esto no es él.
—Algo que lo obligue a actuar en contra de su voluntad—repito en voz baja.
David no tiene conocimientos de magia. Nunca ha sido su estilo. No es más que un hombre común, un líder. Si esto realmente es un hechizo, entonces debe ser algo mucho más complicado que cualquier truco barato. Lo que ha sucedido aquí no es un juego como el de Robin robándome un conjuro para hacerle daño a Emma; esto es a otro nivel, mucho más oscuro y la idea de que David esté involucrado, de que él pudiera ser la mente maestra detrás de esto, simplemente no encaja.
Siento que la rabia se disuelve lentamente, reemplazada por una creciente sensación de incertidumbre. Me cruzo de brazos y me paseo por la habitación, mi mente girando en busca de respuestas, mis pensamientos enredándose como un nudo apretado que no sé cómo deshacer.
Ruby y Snow me observan en silencio, como si temieran romper el hilo del pensamiento que esperan, me llevará a la verdad. Snow sigue llorando en silencio, sus lágrimas son un recordatorio doloroso de la fragilidad que todos compartimos en estos momentos.
No. David no podría haber hecho esto. Lo que sea que está ocurriendo requiere un conocimiento profundo de magia y no solo de cualquier magia. Este nivel de manipulación, de engaño, está más allá de lo que David o incluso el mismo Killian Jones podrían manejar. Por un momento, la idea de que el pirata haya orquestado algo tan complejo me hace apretar la mandíbula, pero incluso él tiene sus limitaciones. Esto va más allá de lo que cualquiera de ellos podría hacer por su cuenta.
Y entonces, un nombre se instala en mi mente como una sombra persistente.
—Nimue —murmuro, deteniéndome en seco. El aire en la habitación parece volverse más denso, como si la mera mención de su nombre atrajera una oscuridad palpable— Esto tiene que ser obra de ella.
Snowy Ruby frunce el ceño como si intentaran seguir el rastro de mis pensamientos. La pieza que faltaba encaja de golpe y mi mente se aclara lo suficiente para que una oscura certeza se asiente en mi interior.
—David no tiene las habilidades, ni los conocimientos para manipular a Mérida y Mulán de esta manera. Y aunque ese manco esté involucrado, esto... esto es mucho más elaborado de lo que él podría manejar solo —mis palabras salen rápidas, con una intensidad que no puedo contener— Nimue es la clave. Ella tiene el poder, el conocimiento y sobre todo, la intención para hacer algo como esto. Está jugando con nosotros, manipulando a nuestros aliados desde dentro.
Snow deja escapar un pequeño gemido, se lleva las manos a la boca mientras asiente con la cabeza, su alivio es evidente, pero sus ojos ahora muestran una preocupación más grande.
—¿Entonces… crees que Nimue está usando a David?—pregunta Ruby, su voz baja, casi temerosa de la respuesta.
—Sí y probablemente lo ha estado haciendo desde hace tiempo. Incluso desde la noche de mi ataque. Nimue es astuta, no necesita estar aquí físicamente para hacer su trabajo. Si alguien pudo burlar mis barreras y manipular a personas tan cercanas a nosotras, tiene que ser alguien con una magia muy poderosa y antigua. David, Mulán, Mérida... son peones en su juego y nosotros apenas estamos empezando a verlo.
Siento cómo la frustración da paso a una determinación férrea. Ahora que tengo una dirección, no puedo permitir que la duda me detenga.
—Debo ir con Emma y Merlín. Si Nimue está manipulando a David, entonces esto es solo el comienzo de algo mucho más grande—digo, mi voz firme, pero no puedo evitar un nudo de preocupación que se forma en mi estómago. No tenemos tiempo que perder; cada segundo cuenta y Emma debe estar preparada para lo que viene— Ella debe saberlo.
Snow asiente, las lágrimas aún cayendo pero con una chispa de esperanza en sus ojos. Ruby aprieta mi hombro con fuerza, como si el simple contacto pudiera transferir algo de la fortaleza que tanto necesitamos.
—Vamos a resolver esto —les digo con un último vistazo a ambas.
Con una última mirada de entendimiento, me giro hacia la puerta, mi mente ya enfocada en lo que debemos hacer. No puedo dejar que la oscuridad gane, no esta vez. Emma y yo hemos llegado demasiado lejos para dejar que todo se desmorone ahora. Y mientras camino hacia la biblioteca para reunirme con ella y Merlín, solo puedo esperar que estemos listas para lo que Nimue tenga preparado.
Apenas pongo un pie en la biblioteca, Emma levanta la mirada de los libros antiguos que tiene frente a ella. Lo sé, siente mi turbación de inmediato. Su rostro se endurece un poco, pero no es sorpresa; es una reacción que se ha vuelto casi instintiva en ella, como si siempre estuviera esperando la próxima mala noticia.
—Emma, necesito que te mantengas calmada —le digo con la voz más firme que puedo reunir— Hay algo que necesito contarles a ti y a Merlín.
Ella asiente, pero su postura no se relaja. Merlín nos observa con sus ojos llenos de preocupación. Me armo de valor y les cuento lo que Snow y Ruby me dijeron; mi sospecha de que Nimue está detrás de todo este plan elaborado. Emma se cruza de brazos mientras me escucha, pero sus dedos tamborilean inquietos sobre su codo, un tic nervioso que nunca ha podido controlar.
Cuando termino de hablar, ella empieza a caminar de un lado a otro, como una fiera enjaulada. Sus pasos resuenan contra el suelo de madera, cada uno una descarga de su frustración. Despotrica con frialdad contra todos los que nos quieren hacer daño y cuando llega al nombre de su padre, sus palabras se vuelven cuchillas afiladas. Pero no me engaña. Su rabia es solo una fachada; debajo de todo, hay un dolor crudo y una tristeza que me resulta difícil ignorar.
—No puedo creerlo —masculla con una dureza que me rompe un poco por dentro— Mi propio padre... ¿Cómo pudo caer en esto? ¿Cómo pudo...? —Se detiene de golpe, sus puños cerrados con tanta fuerza que sus nudillos están blancos.
Sus palabras son muchas, duras y cargadas de resentimiento. Pero veo más allá; sé que todo esto la está lastimando más de lo que está dispuesta a admitir. Cada frase que escupe es un intento de convencerse a sí misma de que puede manejarlo, de que no le duele tanto. Pero su estrategia de frialdad no va conmigo; la conozco demasiado bien para no darme cuenta de que está sufriendo. Y aunque la idea de ir tras David y hacerle pagar por magullar sus sentimientos me tienta, me esfuerzo por tragarme mi propia rabia.
—Emma, él podría ser solo un peón en todo esto. No sabes hasta qué punto Nimue lo tiene bajo su control —intento razonar con ella, acercándome un poco.
—Te recuerdo que él planeó matarte, Regina —murmura con rabia, sus ojos centelleando y yo suspiro. Esta es la tercera vez que le señalo la silla para que se siente, pero sigue negándose a calmarse— ¿Qué hubiera sido de Henry y… de mí? —otra oleada de calor atraviesa la marca en mi mano. Recordar ese día la agita más y puedo ver cómo la oscuridad amenaza con asomarse en sus ojos.
Merlín interviene, su voz serena un bálsamo en medio de la tormenta.
—Emma, si Nimue está detrás de todo esto, entonces ni David, ni tus amigas tenían posibilidad de escapar de sus garras. Tu padre solo fue un peón para guardar el hechizo hasta que le dieran la orden de usarlo —dice, su tono calmo, tratando de llegar a ella para hacerla entender.
Desde mi lugar en la esquina de la biblioteca, la observo mientras sigue despotricando, ahora contra Nimue. Mis propios pensamientos son un torbellino; la cicatriz de mi mano arde como si me recordara constantemente el peligro que se cierne sobre nosotras. Miro a mi alrededor, buscando un punto fijo para anclarme, para no dejarme llevar por la furia que sé que solo empeorará las cosas. Dos mujeres llenas de ira no resolverán nada, eso lo tengo claro.
—Swan —digo con firmeza, mi voz intentando abrirse paso a través de su enojo— Tu padre está bajo el poder de Killian y tal vez más allá de eso. Pero encerrarte en tu enojo no ayudará a nadie. Tenemos que pensar con claridad.
Ella se detiene, su mirada encendida fija en el suelo y por un momento parece estar considerando mis palabras, pero sigue atrapada en su propia tormenta.
Merlín da un paso hacia ella, su mano levantada como si pudiera calmar el aire a su alrededor.
—Emma, debemos ser cautelosos. No sabemos cuáles son las órdenes exactas que han recibido. Alertarlos sin un plan podría ser desastroso. Primero, tenemos que entender exactamente qué hechizo se usó y cómo lo hizo. Solo entonces podremos encontrar una manera de contrarrestarlo —explica, sus palabras pesadas con la urgencia de la situación.
Ella cierra los ojos, tomando una respiración profunda. Es un intento de calmarse, de centrar sus pensamientos, pero puedo ver la lucha interna que se libra en su mente. La miro, esperando que el momento pase, que la tormenta dentro de ella se calme lo suficiente para que podamos trazar un camino claro. Emma es fuerte, pero esta situación está presionando los límites de su resistencia. No puedo culparla por sentirse así.
Merlín sugiere vigilar a David, usarlo para rastrear cualquier contacto que tenga con el pirata y aunque la propuesta me pone en alerta, no puedo negar que tiene sentido. Si pensamos con cabeza fría, puede ser una ventaja en nuestra contraofensiva contra ese asqueroso pirata. Sin embargo, mis ojos también deben mantenerse en las personas que nos rodean.
—Debemos cambiar nuestros planes de defensa —dice Merlín, su voz tranquila— Toda nuestra estrategia debe modificarse, pero sin alertarlos de que sabemos algo. No podemos permitir que pongan en aviso al enemigo.
Mis pensamientos se desvían hacia la señorita Lucas. ¿Por qué a ella el hechizo no la afectó? Ruby mencionó que desde el desayuno sus amigas comenzaron a comportarse de forma extraña, así que debió ser algo que comieron. La idea me atormenta. Mientras Emma conversa con Merlin, siento cómo las palabras van tomando forma en mi mente, cada una se vuelve un ladrillo que construye una idea que no puedo ignorar.
—¿Por qué Ruby no fue afectada? —pregunto, mi voz cargada de desconfianza y curiosidad llamando la atención de los dos.
—Podría ser una trampa—reflexiona el mago— o tal vez, por ser una criatura mágica, el conjuro no tuvo el mismo efecto en ella. La magia fue demasiado débil para afectarla.
Sus palabras me sumergen en un torbellino de pensamientos. No es lo mismo preparar un hechizo para un simple mortal que para un ser mágico; las cantidades y la potencia varían dependiendo del tamaño y la naturaleza del objetivo. Esa podría ser una posibilidad, pero mientras más lo pienso, una idea más impactante comienza a formarse en mi cabeza. Es tan perturbadora que siento mi magia removerse inquieta, reflejo de mi creciente furia. Miro a Emma, mis ojos cargados de rabia y frustración. Los dientes rechinan dentro de mi boca, el malestar escalando con cada segundo.
—Regina… Regina —la voz de Emma parece un eco lejano, intentando atraerme de vuelta a la realidad.
—Dame un momento —me levanto de golpe y empiezo a caminar de un lado a otro, mi mente acelerada mientras las piezas del rompecabezas encajan en su lugar— ¿Y si fue la magia de Emma la que protegió a Ruby? —lanzo la pregunta directamente a Merlín, mi tono cortante, como si lo desafiara a llevarme la contraria.
Emma me mira con el ceño fruncido, la confusión evidente en su rostro.
—Por favor, puedes explicarte —insiste la rubia con incredulidad.
—¿Recuerdas hace unos días cuando alardeaste de tu magia controlando a Ruby? —la miro fijamente, esperando que siga el hilo de mi explicación, pero solo me devuelve una mirada perdida— Ella te cedió el control.
—¿Y eso qué tiene que ver? —pregunta, su tono casi desafiante— No hice…
—Te juro que este no es el momento para que salgas con alguna insensatez, Emma —mi paciencia se rompe un poco más y apunto con un dedo hacia ella—Si dices algo estúpido, me voy a cabrear más de lo que ya estoy contigo.
Merlín nos observa con una expresión que me resulta irritante, como si disfrutara de vernos en esta maraña de emociones. Lo fulmino con la mirada, una advertencia silenciosa de que su diversión está fuera de lugar, pero él solo se encoge de hombros. Emma lo mira también, esperando alguna explicación que aclare mi disgusto.
—Emma —dice Merlín con voz calmada— Ya te lo he dicho todos los conocimientos están dentro de tu cabeza, no nos necesitas para darte las respuestas. Si dejaras de pelear contra ellos, si te permitieras escucharlos, sabrías las respuestas a todas tus incertidumbres.
Merlín se detiene, esperando a que sus palabras se asienten en ella, pero sé que esto no es tan simple para Emma. Ella ha pasado tanto tiempo rechazando su propia oscuridad, temiendo lo que podría significar aceptarla, que abrirse a sus propios poderes, a sus propias verdades, es una batalla constante.
Merlín me dirige una mirada buscando mi aprobación para continuar y yo asiento, aunque mi paciencia ya empieza a agotarse.
—En el momento en que controlaste su lado salvaje, no fue solo porque tú lo decidiste. La magia no funciona así. Cada hechizo implica una mezcla de sentimientos y deseos —hace una pausa, como midiendo sus palabras y yo lo miro con recelo— Lo que intento decir es que la señorita Lucas permitió que tu magia entrara en ella, sin ofrecer resistencia. Esa entrega creó una conexión, algo más profundo que un simple hechizo. Hablando en términos de manada, Ruby se comportó como una pareja sumisa.
Emma intenta contener una exclamación, pero un agudo chillido se escapa de su garganta. Nuestras miradas chocan y en mis ojos se enciende una furia que crece como un incendio incontrolable. "Estás en peligro inminente de morir este día". Me gustaría gritarle.
—Yo… yo… —balbucea, como si no pudiera procesar la gravedad de lo que está oyendo.
—Tranquila, ella no forma parte de una manada —Merlín da pequeños golpes en el hombro de Emma, intentando aliviar la tensión— Estás a salvo… por ahora —Él toma sus viejos libros y con un susurro, agrega— Será mejor que las deje resolver sus asuntos. Nos reunimos más tarde sin llamar la atención de los demás para discutir el nuevo plan —se mueve sigilosamente hacia la puerta, pero antes de salir, noto una chispa de diversión en su mirada y pienso, con amargura, "Estoy a un paso de prenderle fuego a la mujer que amo por idiota".
—Parece que estos días tienes mucho afán por cabrearme —digo en cuanto quedamos solas, la tensión entre nosotras palpable.
—He utilizado magia contigo —se defiende Emma, su tono suave.
Por un segundo, creo que espera que la inunde con un torrente de maldiciones. Pero en lugar de eso, un profundo suspiro alivia la rigidez de mi rostro.
—Son cosas completamente distintas. Mi magia no se somete a la tuya; trabajamos juntas. Y, definitivamente, no soy una loba desesperada con ansias de devorar a una rubia tonta —espetó, aún molesta, mis palabras como veneno goteando entre mis labios.
Es entonces cuando me doy cuenta de que mi furia se alimenta de celos. Un tsunami de emociones me golpea, dejándome apenas el control necesario para no lanzarme sobre ella.
—Cariño, lo siento. Otra vez —dice ella, y no puedo evitar notar un leve tinte de burla escondido en sus palabras.
—Te lo advertí —le apunto con el dedo, mi gesto amenazante.
—¿Sabías esto y me lo ocultaste? —me acusa, su voz subiendo de tono.
—No me culpes por tu imprudencia. Te he dicho cientos de veces que la magia no es un juego.
—Eso lo sé —replica, sus ojos brillando con desafío.
—Entonces ponlo en práctica. En otros tiempos, una manada te hubiera obligado a cumplir con tu deber.
—¿De verdad? —me dirige una mirada fulminante— ¿Podían obligarme a cumplir como si fuéramos pare…
Antes de que termine de hablar, me lanzo contra ella en un parpadeo, impulsada por una fuerza que sé que no proviene solo de mi magia, sino de un impulso visceral que arde bajo mi piel. Su espalda choca contra uno de los armarios y mis dedos cubren sus labios con firmeza, silenciándola. La rabia y los celos hierven dentro de mí, distorsionando mi juicio.
—Si escucho esa palabra salir de tu boca, voy a ir directamente a despellejar a una perra y no me importará lo que pase después —gruño, mi voz baja y cargada de amenaza. Mi mano se mueve con rapidez y decisión, posándose entre sus piernas, apretando con la fuerza justa para arrancarle un gemido— ¿Quieres que te recuerde quién es tu dueña?
La tensión entre nosotras se vuelve tangible, el aire denso por la mezcla de emociones. Emma me mira con una combinación de rendición y lujuria, su cuerpo temblando bajo mi toque. Y en ese instante, ambas sabemos que más allá del poder, del control y de la magia, hay algo inquebrantable entre nosotras.
Continuará...
¡Wow! ¿Qué les pareció ese final con nuestra querida y muy posesiva Regina? ¡Gracias por leer hasta aquí, mis Aventureros! Y como siempre, gracias por sus comentarios y votos. Nos vemos en el próximo capítulo, donde el drama no hará más que intensificarse. ¡No se lo pierdan!"
