¡Hola, mis Aventureros! No daré ningún spoiler esta vez, pero sí quiero decir una cosa: Regina tiene todo mi amor y sé que no estoy sola en esto. Acomódense y disfruten del capitulo. ¡Nos vemos al final!


Capítulo 22

Asomo la cabeza entre los arbustos para cerciorarme de que nadie más nos sigue. David ha salido del castillo. Ruby y yo lo seguimos de cerca, manteniéndonos a una distancia prudente. Ella insiste en que regresemos y hablemos con los demás sobre lo que está pasando, pero no puedo darme el lujo de perder minutos preciosos. Si mi instinto es correcto, David se reunirá con ellos, con nuestros enemigos.

—Va a encontrarse con ellos, estoy segura de eso —murmuro, sintiendo la irritación caldeando mi voz.

Ruby me toma del brazo, tirando de mí con fuerza. Percibo su malestar; su energía se agita en el aire, casi como una advertencia. Pero no voy a dar marcha atrás ahora, no cuando estoy tan cerca.

—Esto no puede ser una buena idea —me dice, su voz temblando un poco— Lo estás haciendo a escondidas de Regina y eso me preocupa. ¡No te cansas de cagarla, Emma! Tienes un cerro de mierda a tu alrededor y no te fastidia revolcarte en ella.

Mis cejas se levantan de sorpresa.

—No hay tiempo de avisar a nadie. Se nos puede escapar —insisto, con la mirada fija en la figura de David, que se mueve entre la maleza. De vez en cuando mira hacia atrás, pero estamos a varios metros y el hechizo que nos mantiene invisibles parece hacer su trabajo. David no tiene idea de que lo estamos siguiendo.

—Es peligroso, Emma y nos meteremos en problemas —rezonga Ruby, su voz baja y tensa, mientras sigue alerta, mirando sobre su hombro. Permanezco a su lado, sintiendo el latido de mi corazón en mis oídos, más fuerte con cada paso. Estoy a punto de sucumbir al pánico, pensando en lo que podría pasar si nos descubren, cuando el toque de sus dedos en mi brazo me ancla de nuevo.

—Promete que no matarás a nadie —me pide, su voz apenas un susurro.

Tomo aire profundamente, inhalando y exhalando con lentitud. Una, dos, tres veces, hasta que puedo mirarla a los ojos.

—Lo prometo —respondo, aunque mi voz suena más áspera de lo que quisiera.

Llevamos como media hora siguiendo a David y estoy a punto de darme por vencida cuando escucho un gruñido agudo detrás de mí. Me detengo en seco. Ruby permanece rígida en su lugar hasta que me acerco y le toco el hombro, llamando su atención. Se vuelve hacia mí, sus ojos llenos de alarma.

—Hay extraños cerca —susurra con voz tensa, señalando hacia un grupo de árboles caídos. Su mano tiembla y siento un escalofrío recorriéndome la columna vertebral.

Me giro rápidamente en la dirección que indica y veo cómo David se desvía del camino, dirigiéndose justo hacia el lugar que Ruby señaló. Mi corazón late con fuerza; mis manos están empapadas de sudor por los nervios y el miedo. Me acerco con cautela hasta donde algunas ramas quebradas revelan una escena que me hace hervir la sangre. A lo lejos, oigo risas y otras voces distantes. Tomo un bocado de aire y la boca se me llena de saliva, como si estuviera a punto de vomitar. Tartamudeo maldiciones en un intento desesperado por calmarme y no cometer una locura.

"Lo prometiste, Emma" me recuerdo a mí misma, tratando de contener la furia que se agita en mi interior.

Veo cómo los hombres en el claro se dan cuenta de la presencia de David. Uno de ellos se aparta del grupo. La garganta se me cierra al ver al individuo parado peligrosamente cerca de la barrera mágica. Contengo la respiración, temiendo que mi magia los alerte de nuestra presencia. La oportunidad de atacar brilla ante mis ojos como una tentación demoníaca; un monstruo que me llama, queriendo que lo libere. Pero David no puede cruzar la barrera. Desde su lado, lo escucho informarles de nuestros planes. Cada palabra suya es un puñal en mi pecho, cada risa que comparte con ellos, una traición que me consume de rabia.

—No se te ocurra —los dedos de Ruby se cierran con fuerza alrededor de mi muñeca, tirando de mí para alejarnos varios metros.

—Todos moriremos si no hago algo —masculló, mis ojos fijos en el grupo.

—Si los matamos ahora, Killian adelantará sus planes. Están listos para despellejarnos y nosotros ni siquiera tenemos un plan para defendernos —me advierte Ruby con firmeza.

—No puedo quedarme sin hacer nada… no cuando está pasando esto —replico, mi voz llena de desesperación.

—No podemos arriesgarnos así. Si actuamos precipitadamente, caeremos en su trampa —responde y noto el miedo y la determinación en su voz.

Me obligo a respirar, a calmarme, a pensar con claridad. Ruby tiene razón. La ira y la desesperación no me salvarán esta vez. Aunque la traición de mi padre quema como ácido, aunque las risas de esos hombres me empujan a hacer algo drástico, sé que no podemos perder la cabeza. Me doy cuenta de que no se trata solo de mi rabia; se trata de algo más grande, de proteger a los que amo.

—Está bien —cedo finalmente, aunque mi voz suena tensa— Pero debemos encontrar otra manera… rápido.

Ruby asiente, aliviada, pero mantiene su agarre firme en mi muñeca, como si temiera que pudiera cambiar de opinión en cualquier momento.

Mis pies retroceden en silencio, mientras un dolor punzante me atraviesa por debajo de las costillas. No puedo usar magia para regresar al castillo, así que camino frenética, intentando poner la mayor distancia posible entre David y yo, entre mi rabia y mis miedos.

Mientras lo hago, me doy cuenta de que estoy molesta, pero más allá de la ira hay otro sentimiento, uno al que no quiero darle nombre.

Tan pronto estamos a unos metros del castillo, caigo de rodillas, dejando que la humedad de la hierba se mezcle con mi respiración entrecortada. Ruby se precipita hacia mí, acariciando mi cabello en un intento por calmarme.

—Todos moriremos —mascullo para mí misma, sintiendo el peso de esas palabras, el eco de la desesperación.

—Lo siento, Emma, pero debemos pensar que David no está actuando por su propia voluntad —murmura, su mano suave en mi hombro.

—Lo sé —respondo en voz baja— pero no deja de sentirse como una traición.

Ruby se queda en silencio, pero puedo sentir su mirada sobre mí, preocupada.

—No puedes pensar verdaderamente en matar a tu padre… —dice finalmente.

—¿Crees que me satisface estar en esta situación? —replico, la rabia burbujeando de nuevo en mi pecho. Ella niega con un leve movimiento de cabeza.

—Sé que es difícil...

—Mentira, no lo sabes —me río de forma histérica, mi voz temblando— Si estuviéramos en otra situación, tal vez apartarme de él y odiarlo sería lo más fácil. Pero hay algo malo dentro de mí, algo oscuro que necesita castigarlo. Y te juro que a veces, es un arduo trabajo mantener la oscuridad a raya.

Ruby me mira con un entendimiento que me irrita aún más.

—Emma, aunque no lo creas, te entiendo. Todos lo hacemos.

—Entonces deja de recordarme constantemente que es mi padre. Eso ya lo sé.

Ella asiente, viendo mi frustración. Guarda silencio por unos instantes, su mirada llena de compasión y algo más, algo desafiante.

—¿Por qué dices que moriremos? —pregunta finalmente, extendiendo la mano para ayudarme a levantarme.

"Porque tengo miedo" pienso, pero en lugar de eso, permanezco en silencio. Escapar y alejarme de ellos fue mi forma de protegerlos, no sólo de mí misma sino de los demonios que llevo atados con cadenas. Killian es uno de esos demonios. Fui ilusa al pensar que él no vendría tras de mí, sabiendo exactamente dónde golpear para hacerme caer de rodillas. Recordar como Regina, fue víctima de mi estupidez, aún me cuesta.

—Los dejé a merced de mi mayor enemigo —murmuro para mí misma, apenas un susurro.

Ellos no saben lo que se avecina. Ni siquiera yo sé exactamente lo que nos espera y eso me enoja porque conozco el poder de Nimue. Sentí cómo su oscuridad se entrelazaba con la mía. Ella no tiene piedad y por mi culpa, hoy es más poderosa. Le di a Killian la oportunidad de vivir y con ello condené a muchos a caer en manos de su venganza, una venganza que ha crecido y se ha extendido más allá de lo que jamás imaginé. Sé que todos lo saben, aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta.

—Killian no se detendrá hasta hacer suficiente daño. No parará hasta verme completamente destruida —confieso, con la voz rota.

—Esto no es tu culpa —Ruby alarga la mano para tocarme, pero retrocedo. No puedo ocultarle en mi mirada lo rota que me siento. Sé que puede oler mi miedo.

—Nadie te culpa, Emma —insiste con suavidad.

"Mentirosa" pienso, pero me muerdo los labios para no decirlo en voz alta.

—Tiene a nuestras amigas… e incluso a mi padre. ¿Qué pasará cuando tengamos que enfrentarnos a ellos? Demonios, Ruby… Son personas que amamos.

Ruby me mira, su expresión endurecida, pero sé que está intentando encontrar algo que decir para consolarme. No hay palabras suficientes para lo que se avecina, para lo que realmente siento dentro de mí. La culpa, la ira, el miedo. Todo se mezcla en un torbellino caótico y me pregunto cómo podré enfrentarlo… cómo podré mantener mi alma entera cuando mi propio padre se ha vuelto mi enemigo.

El hormigueo en la boca de mi estómago se intensifica y me cuesta mantener la calma.

—Pase lo que pase, sabes que estaremos a tu lado. Si hay que pelear, lo haremos —Ruby me dice con una determinación que me hace querer darle una bofetada.

Yo no fui criada para ser una heroína. He pasado años llenando la armadura de una salvadora que a veces sentía demasiado grande, demasiado pesada. Pero ellos… ellos siempre están listos para lanzarse al peligro, para arriesgar sus vidas cada vez que la situación lo exige. Son buenos guerreros, sí, pero se necesita mucho más que fuerza y valentía para derrotar a Killian y Nimue, ambos consumidos por el deseo de destruirnos sin compasión.

—La verdad es que no quiero que estén aquí —escupo las palabras con amargura— Me niego a que corran peligro. Lo que realmente quisiera es desaparecerlos a todos y mantenerlos a salvo. Es imposible pelear pensando en su seguridad.

—Sabemos cuidarnos —me responde, con un tono de indignación que me hace hervir de rabia.

—¿Y con eso lo arreglamos, verdad? —me burlo— Son adultas y saben defenderse, mientras tanto Killian hará un festín con sus cabezas. No podré soportarlo, no necesito más sangre en mis manos.

Mi voz tiembla, y siento el peso de cada palabra. Cada respiro duele demasiado. Pensar que mi familia, mis amigos, pueden morir en cualquier momento me está llevando a la locura. Empiezo a caminar hacia el castillo de nuevo, mirando por encima del hombro; veo la preocupación en cada rasgo de Ruby. Arrastro los pies, con la mirada fija en el camino, intentando no pensar en cómo todo parece estar ya perdido. Tengo que encontrar una forma de sacarlos con vida.

—¿Qué vas a hacer, Emma? —Ruby pregunta, su voz llena de miedo.

Nos miramos molestas, y sé que en parte me entiende; ella también ha batallado con una parte de sí misma que no quería. Pero ser una loba y vivir con la oscuridad que llevo dentro son dos cosas muy distintas.

—Hablar con Merlín. Idear un plan en el que la mayoría de nosotros sobreviva —respondo con firmeza.

Lo más seguro es que esté escuchando cómo late mi corazón desbocado, cómo la saliva pasa por mi garganta con dificultad. El nudo en mi pecho es tan pesado que apenas puedo respirar.

—Llevar esta pelea a los otros mundos no es mi idea —digo con desesperación— Más personas estarán en riesgo de morir; no quiero eso. Tiene que terminar aquí. De alguna manera mi estupidez los puso en peligro y es mi responsabilidad arreglarlo.

—Estaremos contigo—dice con sus ojos llenos de desafío.

—Necesito… —mi voz es apenas un susurro, casi inaudible. Temo que no me haya escuchado porque ella tiene la mirada puesta en el horizonte— Necesito que todos salgan de esto a salvo.

Cuando por fin me mira, no tengo tiempo de reaccionar antes de que sus fuertes brazos me envuelvan. Mi cuerpo tiembla, aunque trato de no mostrarme débil.

—Estaré contigo hasta el final, sin riesgo de perderte, porque no morirás, Emma Swan. No lo permitiré —murmura con voz quebrada.

Nos separamos para continuar nuestra caminata. Cuando estamos a un par de kilómetros del castillo, me detengo; solo unas pocas luces permanecen encendidas.

Rubi da dos suaves palmadas en mi hombro para calmarme mientras sonríe.

—Todos volveremos a casa —dice, apretándome con cariño.

—Volveremos a casa —repito, viéndola retomar el camino al castillo. Quisiera creer que es verdad.


Pov. Regina

Estoy hombro con hombro con Snow en la cocina, cortando vegetales. A pesar de que esta cocina ha sido diseñada para que muchas personas puedan moverse libremente, cada movimiento de Blanca a mi alrededor me hace sentir que el espacio se reduce, que el aire se vuelve más denso, que me asfixio. Ella se acerca, se aleja, siempre en mi periferia y de vez en cuando me lanza una de esas miradas suyas que me resultan insufribles. Vamos a compartir un momento en la mesa, todos fingiendo una normalidad que se siente imposible. Como si no hubiera nadie acechando, como si el peligro y el enemigo no estuviera justo al borde de la frontera y peor aún, sentado con nosotros a la mesa. Vamos a pretender que todavía hay tiempo antes de que la catástrofe nos alcance.

—¿Te sucede algo? —pregunta Snow con un tono calmado que en este momento, envidio profundamente.

—Te habías tardado en quedarte calladita —respondo, empujando los trozos de tomate sobre la tabla de cortar con más fuerza de la necesaria.

—Supongo que no quieres hablar —me lanza una sonrisa como si realmente no lo supiera y la miro con los ojos entrecerrados, midiendo mi respuesta.

—¿Hablar de qué? —replico, intentando mantener mi tono neutral.

—Enviaste a Robin a casa…

—No voy a hablar sobre eso—la interrumpo, mirándola con tanta dureza que ella retrocede un poco.

—Sabes… reconozco que hemos tenido momentos malos. Sé que no confías en mí —su voz vacila y frunzo el ceño. Snow toma una larga y estruendosa respiración antes de continuar— Lo… lo siento, Regina.

—Blanca, para —digo con una dureza que no pretendo, sintiendo mis dedos tensarse alrededor del cuchillo— Ya hemos hablado de esto.

—Pero no parece que me escuches —sus pequeños dedos rozan los míos con suavidad.

Por primera vez, su aflicción logra tocarme de verdad. Mi corazón se tambalea, un segundo apenas. Ella nota mi turbación y se aparta, dándome el espacio suficiente para recomponerme y agradezco el gesto. Respiro hondo, intentando disipar la pesadez que se forma en mi pecho.

—Déjalo ya —le advierto, pero incluso a mí me suena débil.

—Te he quitado tanto, Regina —susurra y hay algo en su voz que se rompe.

Intento mantenerme fría, neutral, pero sus palabras me atraviesan. Lo último que quiero es admitir que, en el fondo, me siento como una traidora. Como si mis sentimientos hacia Emma me convirtieran en algo que no puedo manejar.

—El pasado ya no importa —murmuro, tocando su hombro con suavidad, un intento de consuelo que me sorprende a mí misma.

—Sí que importa —insiste, su voz apagándose— Perdí tu confianza y cariño… porque sé que, en el fondo, llegué a importarte —se ríe y el sonido es tan roto que me sobresalta— Me siento tan culpable. Te quité la felicidad.

La escucho y siento un aguijonazo en mi corazón. Me esfuerzo por mantener mi expresión seria.

—Esa fue mi madre, no tú, querida —respondo, pero mi voz es apenas un murmullo.

—Pero yo la ayudé y me arrepiento cada día, te lo juro —su voz se quiebra, temblorosa— Tuve el privilegio de conocer a la hermosa persona que eras y tener tu cariño… Perdí a mi madre y yo tenía tanto miedo… —toma aire, tratando de contener las lágrimas— Vi cuánto te importaba Daniel y que te irías con él. Entonces pensé que también iba a… perderte. Fui muy egoísta.

Hay algo en su sinceridad que me toca, que me cala hondo. No esperaba esto hoy. No quería esta conversación. Quiero enfadarme con ella, gritarle que se calle, que no es el momento. Pero en cambio, siento que algo se ablanda en mi interior, algo que he mantenido bajo llave durante años.

—No fui la única en perder, Snow —mi voz suena más suave de lo que pretendía— Ambas perdimos. Y ambas cometimos errores. No puedo prometerte que olvidaré… pero puedo intentar perdonar. A ti. Y a mí.

Ella parpadea, sorprendida y por un momento parece más joven, más vulnerable. Me pregunto si alguna vez se vio como yo la veía. Como la causa de tanto dolor.

—No sé si puedo perdonarme, Regina —murmura, bajando la mirada.

Sus palabras me tocan en un lugar profundo y antes de que pueda pensarlo, suelto un suspiro y dejo el cuchillo. Lo coloco sobre la mesa, me acerco a ella, tan cerca que puedo ver las lágrimas acumulándose en sus ojos.

—Blanca… —digo y no sé cómo continuar. Pero ella me toma de las manos y siento su temblor.

—Gracias por intentar, al menos —murmura, me doy cuenta de que esa es la única disculpa que importa. No la suya, sino la mía.

He luchado tanto por odiar a esta mujer, pero la necesidad de consolarla me vence. Antes de que pueda pensarlo, mis pies avanzan y cuando me doy cuenta, la estoy abrazando. Snow se aferra a mi chaqueta con una desesperación que me sorprende. Mi mano recorre su espalda, dándole pequeños golpecitos, un intento torpe por calmarla. Nuestra historia ha sido tan violenta, tan llena de rencor, que estoy segura de que muchos se preguntan cómo llegamos a este momento. Ni yo misma lo sé.

—Ya no quiero vivir en el pasado, Mary. Es inútil hacerlo. Solo deseo ser… —susurro, buscando las palabras.

—Feliz —completa ella con una voz entrecortada.

—Aunque muchos deseen lo contrario.

—Los demás no importan; tú mereces ser muy feliz —dice, mirándome fijamente a la cara, su expresión llena de una ternura que me desconcierta— Sé que pensarás que me estoy metiendo donde no debo y quizás sea cierto, pero lo único importante aquí es que sigas tu corazón y que ya no sufras más. ¿Estás segura de que Robin es el indicado?

Una mezcla de desesperación y rabia me hace apartarme de golpe. Me pregunto si seguiría pensando lo mismo si supiera la verdad, si conociera los deseos oscuros que guardo en mi pecho. Anhelo que sea su hija, Emma, quien alivie mis dolores, quien lama cada una de mis heridas. ¿Seguiría sonriendo entonces?

—Ya no importa si es o no el indicado, pero no lo quiero a mi lado —mi voz se endurece y todo mi cuerpo se tensa— Quiero a alguien más —confesarlo en voz alta me aterra, hace que el aire en la cocina se sienta denso.

Snow, de repente, deja de llorar. Su rostro se transforma, se ilumina con una sonrisa que la hace brillar. Incluso parece que da un par de pequeños saltitos.

—¿Estás segura? —pregunta con un brillo en los ojos que no esperaba.

—Tan segura que estoy dispuesta a luchar contra todo un pueblo —respondo, sorprendida por mi propia audacia. Una parte de mí grita que me detenga, pero esa pequeña porción restante ansía terminar con la mentira.

—No estarás sola —dice ella, acercándose— Me tendrás de tu lado.

Me quedo en silencio, sintiendo cómo mis pensamientos avanzan a toda velocidad. "Ella me va a odiar", pienso. Me tenso cuando sus dedos hacen contacto con mi antebrazo, acariciándome con gentileza.

—Blanca, lo siento… —tenso la mandíbula, sintiendo cómo mi voz tiembla.

—Prometo que estaré contigo —su rostro está empapado de preocupación, pero su determinación es inquebrantable— Pelearé contra un pueblo si es necesario.

—Me vas a odiar… —no puedo evitar que mi voz se quiebre, dejando escapar todo el miedo que llevo dentro.

—Cariño, no —dice con una suavidad que me desconcierta, tocando mis mejillas con dulzura — ¿Por qué piensas eso? Dudo que estés enamorada de David y mira que, a pesar de su actitud, siempre he estado de tu parte —sus ojos destellan con un leve humor.

—No vas a pelear contra tu pueblo—murmuro. Ya no quiero ser una mentirosa. La urgencia de confesar todo se retuerce en mis entrañas, quemándome desde adentro— Pelearas contra mi…yo

—Confío en ti, Regina.

Lo peor que podría haber dicho. Sus palabras me llenan de una amarga tristeza. Me rodeo con mis propios brazos, como si tratara de contener las emociones que se desbordan dentro de mí, de detener el miedo que se filtra por cada vértebra de mi columna. El pesar es agudo, casi insoportable y siento que mis piernas quieren ceder. Mi respiración se vuelve irregular, un jadeo entrecortado que no puedo controlar. "No quiero mentir más" me doblo ligeramente, luchando por mantenerme firme, pero un gemido escapa de mis labios, traicionando mi fortaleza. Siento mi corazón latir con fuerza, como si tratara de liberarse de la cárcel de mi pecho.

—Regina, me asustas —dice, dándome pequeñas palmadas en la espalda, tratando de calmarme— Querida, respira.

—A… amo a Emma —susurro tan bajito que apenas me oigo a mí misma. La palabra "amor" pesa demasiado en mis labios.

Me enderezo, sus ojos se encuentran con los míos y en ellos hay terror, puro y evidente. Una mueca de incredulidad y dolor tuerce su boca, confirmando mis peores sospechas. Me pregunto si alguna vez estará verdaderamente de mi lado. Quisiera que la gente cambiara su forma de verme, pero parece imposible cuando solo pueden ver en mí a la malvada. Quizás, algún día, pueda hacerlos entender… pero no hoy.

Snow se queda paralizada, su respiración agitada, su rostro como un libro abierto de emociones en conflicto. Finalmente, su voz es apenas un murmullo.

—Emma… ¿mi hija?

Asiento lentamente, preparándome para el golpe, para el desprecio, para la furia que vendrá.

—¿Qué dices? —su rostro se contorsiona por las emociones.

—Estoy enamorada de tu hija —mi voz se quiebra al pronunciarlo, temblando como una hoja.

—¡No! —grita con voz temblorosa, llevándose las manos al cabello— ¡Por Dios santo, no! —la alarma en su tono hace que me sea imposible mirarla a los ojos.

Respiro profundamente, preparándome para su siguiente arremetida. Sabía que no iba a ser fácil, pero eso no evita que duela.

—Mary, yo no lo planeé...

—¿Haces esto para vengarte de mí? —deja escapar una risa amarga, dolida— Porque espero que sepas que no soy la única que va a sufrir. Haz conmigo lo que quieras, pero ella no tiene la culpa. ¡Por favor! Mi pobre Emma ya ha sufrido demasiado como para que te ensañes con ella. Es la única que siempre creyó en ti, incluso cuando te empeñaste en ser malvada. No la utilices para lastimarme.

—Te equivocas —logro responder después de unos instantes de quedarme boquiabierta.

—¿Por qué te empeñas en lastimarnos? —espetó bruscamente, su voz llena de rabia y desesperación— Todo lo que siempre ha querido Emma es que ya no sufras más y tú solo buscas jodernos.

—Emma es mi felicidad. Ella me ama.

—¡Sé que te ama! —su voz se rompe y noto la desesperación en cada palabra— ¿Crees que no conozco a mi hija? Sé que siempre hubo algo, no soy estúpida ni ciega.

Doy un paso hacia atrás, sorprendida por la intensidad de su reacción. La mirada que me lanza es dura, como si quisiera escudriñar hasta el fondo de mi alma.

—¿Entonces cuál es tu problema? —mi voz esta llena de incredulidad y furia contenida. Sus ojos, que hace apenas unos minutos me miraban con cariño, ahora brillan de pura rabia.

—Que solo quieres hacerme daño —responde entre dientes, cada palabra cargada de una tristeza que parece crecer dentro de ella.

Me siento temblar. Una oleada de ira me atraviesa como un rayo. Me cuesta contener el impulso de gritar, de lanzar algo contra la pared.

—¡Maldita sea, Mary, no eres el centro de mi universo! —mi voz se eleva y mis manos se aprietan en puños mientras golpeo la mesa con la palma abierta, el sonido retumba en la cocina como un eco de mi frustración— Acabamos de hablar sobre el maldito pasado, sobre dejarlo atrás, pero son ustedes los que se empeñan en revivirlo una y otra vez, los que no pueden soltarme de ese maldito círculo vicioso del cual quiero salir.

Mary me mira, sus labios se contraen, su expresión endurecida, pero también hay algo más, algo que parece tambalearse en su interior. Me acerco un poco, sin darme cuenta, acortando la distancia que nos separa.

—¿No dijiste que me apoyarías? —continúo, con la voz más baja pero intensa, con un dejo de amargura que apenas logro controlar— ¿No dijiste que lucharías a mi lado? Todo estaba bien mientras el amor que buscaba era por el hijo de alguien más, ¿verdad? Pero cuando se trata de Emma, todo cambia. No importa cuánto me esfuerce por hacer las cosas bien…Nunca es suficiente para ti.

Ella cierra los ojos por un momento, como si mis palabras la hubieran golpeado. Abre la boca para replicar, pero se detiene, sus hombros se tensan. La veo dudar y ese pequeño atisbo de inseguridad me da un ínfimo rayo de esperanza.

—No…no te creo —responde finalmente, con un tono que busca perecer firme pero en realidad es todo lo contrario.

Sus palabras me golpean en el pecho, pero mantengo la compostura. Respiro hondo y enderezo los hombros.

—Eres libre de suponer lo que te venga en gana —replico, intentando sonar más firme de lo que me siento— No voy a gastar saliva intentando convencerte de que mis sentimientos por Emma son verdaderos. Ninguno de ustedes me creerá. Para todos sería mejor que continuara sola y así pagar mi culpa con un poco de infelicidad —mi voz es apenas un susurro al final, casi me ahogo en mis propias palabras.

Mary frunce el ceño, dando un paso hacia adelante, como si quisiera tocarme pero al final se arrepiente.

—¿Y entonces? —me desafía— ¿Por qué insistes?

Miro al suelo por un momento, intentando encontrar las palabras. Finalmente levanto la vista y dejo que ella vea el dolor en mis ojos.

—Porque ya no voy a sentirme culpable, no continuaré escondiéndome —digo, con la voz quebrada por la emoción— Quiero estar con Emma, sea ella mi final feliz o no, voy a luchar… aunque vuelvas a verme como tu enemiga, Mary. He sufrido demasiado manteniendo a raya mis sentimientos para no traicionarte, pero tú misma lo dijiste; lo demás no importa. Merezco ser feliz.

Mary entrecierra los ojos, como si analizara cada sílaba que pronuncio. Se cruza de brazos, en un intento de protegerse.

—Quiero… quiero creerte —su voz es un susurro tembloroso.

Doy un paso hacia ella, sintiendo mi propia ansiedad crecer. Mi respiración es superficial, como si cada palabra pudiera ser la última.

—Por favor créeme… Nunca había visto a nadie pelear por mí como lo ha hecho ella. Incluso Henry me dio la espalda… —mi voz se quiebra y me detengo, tragando con dificultad el nudo que se forma en mi garganta— Confieso que no la entendía. Fui tan mala con ella, empujándola a odiarme. Pero tu hija es un misterio; entre más la sacaba de mi vida, más profundo se iba colando en mí, hasta que mis barreras colapsaron.

Mary me observa, pero no dice nada. Siento que cada segundo es un juicio silencioso.

—Todo lo que siempre quise estaba justo frente a mis ojos —continúo, con la voz más baja— Sabía que solo podía ser la otra madre de su hijo y te juro que nunca anhelé más. Escondí mis sentimientos y la empujé lejos. La dejé estar lo más cerca que mi corazón aguantaba tenerla.

Me detengo, mis ojos llenos de lágrimas. Mary parece contener sus propias lágrimas, sé que mis palabras están llegando a ella, de alguna forma. Respiro profundamente, intentando controlar mis emociones.

—Me encerré en mi dolor y dejé de verla —digo con un tono más suave, vulnerable— No me daba cuenta de que ella también estaba sufriendo. No quieres que le haga daño, así que te lo suplico, no me pidas que me aleje de ella, porque no podría hacerlo… Ya no tengo fuerzas para estar lejos de Emma.

Mary se queda en silencio, mirando a la distancia. Cada segundo que pasa es un mundo entero de dudas y miedos. El silencio se alarga, pesado como el plomo y finalmente ella cierra los ojos con un suspiro tembloroso.

Inclinando la cabeza, con una mirada intensa y fija, como si buscara ver más allá de las palabras.

—¿Tienes miedo de que me oponga? —pregunta, su tono aparentemente calmado, pero sus ojos reflejan una mezcla de duda.

Mi respiración se acelerará, mi mente busca cómo responder sin sonar desesperada. Y en ese momento, siento el peso de lo que estoy pidiendo, la magnitud de lo que significa para mí que ella esté de nuestro lado, que acepte este amor que me ha costado tanto aceptar

—Es la única razón por la que estamos teniendo esta charla —admito, mi voz casi apagada— Eres su madre y sé que tu opinión le importa demasiado. Emma no sería completamente feliz si ninguno de sus padres la apoyara. Tengo miedo… miedo de seguir arruinándole la vida. No quiero separarlos…nuevamente.

—¿Y eso te importa? —replica, su tono baja un poco, como si también le doliera.

Trago saliva con una oleada de frustración. Me aprieto los brazos con fuerza, tratando de mantenerme bajo control.

—Me haces sentir como si fuera malvada nuevamente —digo con un temblor en la voz, sintiendo cómo las lágrimas amenazan con salir nuevamente.

Mary alza una ceja, su mirada cargada de escepticismo.

—¿Y ya no lo eres porque amas a Emma? —su voz se torna mordaz, como una prueba más a la que debo enfrentarme.

Una lágrima solitaria resbala por mi mejilla, caliente y traicionera. Su interrogatorio me hace sentir rota, vulnerable. No disimulo ante mi antigua némesis. Lloro, sintiendo cómo todos siguen dudando de mí. Mis manos tiemblan ligeramente, con la necesidad de soltar todo el dolor, de gritar y romper algo, pero sé que si lo hago, volveré a ser la villana. Ni siquiera me permiten una pataleta sin que me juzguen.

—Quisiera poder explicarte cómo pasó —susurro, mi voz temblando de pura desesperación— Porque ni yo misma lo sé. Y lamento mucho que mi felicidad les haga daño; que lo que siento te parezca falso. Tus dudas… —me detengo, tomando aire— Tus dudas me las merezco. Pero no tienes idea de lo grande que es lo que siento por ella… Yo la… la…

Mi respiración se agita. Me cuesta pronunciar lo siguiente. Desvío la mirada, sintiendo una presión en el pecho que casi me asfixia.

—¿Por qué es tan difícil para ti decirlo? —pregunta de repente, sorprendiendo incluso a mí misma.

Me estremezco ante su pregunta y desvío la mirada, incómoda.

—Porque… —titubeo, mordiéndome el labio— Porque llevo muchos años sin saber lo que es ser amada de verdad. Y menos… menos cómo decirlo. Nunca me ha sido fácil aceptar lo que siento y ponerle nombre. Decirle "te amo" a Emma sería admitir que ella es mi debilidad, mi fortaleza… y me aterra.

Ella me observa por un largo momento, sus ojos llenos de una mezcla de compasión y tristeza.

—Ni siquiera he podido decírselo… decirle que la amo porque soy una cobarde —admito, soltando una risa amarga que suena extraña, rota— La amo, Mary. La amo con todo lo que soy, con todos mis defectos.

Se queda en silencio, sus ojos se suavizan por un momento, pero sigue habiendo una distancia. Finalmente, baja la vista y suelta un suspiro pesado.

—Como me gustaría que eso fuera cierto —murmura y noto un dejo de tristeza en su voz.

Doy un paso hacia ella, me atrevo a tomar su mano, por un momento me siento tan conectada a ella.

—Deberías intentarlo —le digo con suavidad— Porque Emma merece algo más que esta constante guerra.

Ella se queda quieta, como si mis palabras estuvieran entrando poco a poco, dejando que el silencio entre nosotras hable más que cualquier otra cosa.

Continuará…


¡Eso fue intenso! ¿Cómo vieron a Regina en esa conversación con Snow? Nuestra Reina sacando su lado vulnerable y sensible... Espero que les haya llegado tanto como a mí. ¡Gracias por leer y dejar sus comentarios. Nos vemos en el próximo capítulo, que promete más emociones.