DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI
LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO
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B: BESOS Y DEMÁS
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"La decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición."
Emil Ludwig
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RESUMEN: Kyoya hace un extraño descubrimiento: definitivamente, podría ser un monje católico si se lo propusiera.
RANKING: T
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—Pero también podrías pagar las flores con tu cuerpo…
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—No lo hará, Kyoya-sempai, porque hacerlo no le traerá ningún mérito.
—Tal vez tengas razón Haruhi, hacerlo no me traerá ningún mérito económico, pero jamás he dado a entender que tratándose de ti, eso sea lo único que me importe…
— ¿Qué está tratando de decir?
— En verdad eres demasiado obtusa para estas cosas…—dijo el moreno ahogando una risita —Es increíble el pensar que alguien que estudia en Ouran sólo por sus virtudes académicas pueda no darse cuenta de lo que sucede a su alrededor— continuó, con los ojos cerrados, y a la vista de Haruhi, muy divertido.
— Creo que no hace falta el sacar a relucir mi estatus de plebeyo, sempai—replicó ella pareciendo ofendida —lo que no entiendo es qué quiere decir con todo esto…—e hizo ademán de levantarse.
— Que aun cuando esto no me traiga el tipo de beneficio que tú crees,—Kyoya la interrumpió, tomándole de la muñeca, para evitar que se incorporara— soy un chico joven, con sangre en las venas, y bien podría hacerlo, y no sólo por gusto…– terminó mientras disminuía la distancia entre sus rostros.
La muchacha solo atinó a abrir más los ojos, estupefacta ante la aseveración que acaba de oír… o entender.
— Sempai, usted… no sería capaz…
— ¿Ahora temes, Haruhi?— dijo él, mirándola intensamente.
La castaña no supo qué responder, ya que lo que vio en los ojos de su acompañante, no podría ser sano, para ninguno de los dos. No ahí, no en ese momento, en ese lugar… ni en esa situación… ella, boca arriba sobre la cama de él, con nada más que un vestido ligero; y él, sin camisa, sobre ella, las manos apoyadas sobre el colchón, a ambos lados de su cabeza; su cabellos húmedo… los rostros cerca, peligrosamente cerca, sus alientos casi chocando… sin luces que iluminaran el lugar.
¿Qué rayos estaba pensando?
Cuando subió desesperada en busca de algún lugar en el cual devolver –un eufemismo para vomitar- toda la comida que ingirió -¡con lo deliciosa que estaba!- jamás pensó en entrar en la alcoba de la última persona que ella hubiera deseado… y mucho menos pensó verlo así… sin gafas… la camisa entreabierta…
En medio de un viaje con el Host Club… a la playa.
Se sonrojó súbitamente ando se dio cuenta de la situación en la que se encontraba.
Suponía que debería haber dicho algo parecido a "Ya sé Kyoya-sempai que ha hecho esto para demostrarme que como mujer debo aceptar que hay cosas que no puedo hacer" o algo como "los demás deben preguntarse dónde estoy, así que será mejor que me vaya de aquí" pero las palabras habían muerto en su boca cuando lo vio de esa manera… Y se dio cuenta de que sus ojos grises –jamás los había visto sin el cristal de sus gafas- reflejaban algo profundo, que le quemaba… y la quemaba a ella también…
Pero no tuvo tiempo de seguir pensando en nada, pues él ya la estaba besando.
Y ella, sorprendida, pero empañada por la emoción del momento no pudo hacer más que tratar de seguirle el paso. Era un beso torpe, demandante, pero no por ello menos dulce y apasionado.
Ella temblaba.
Y él se dio cuenta de ello.
– ¿Quieres que me detenga?- trató de bromear, ahogando apenas un suspiro.
– ¿Estás jugando conmigo? –le cuestionó a su vez ella, tuteándolo por primera vez – ¿Es alguna retorcida manera de darme una lección?
– ¿Y si te dijera que no es así? ¿Qué en verdad deseo esto? –le respondió él, gratamente sorprendido con el hecho que lo haya tratado de tú, por vez primera, y mirándola con expectación…
—Diría que estás loco, y que no entiendo lo que tratas de hacer…– Su olor, al estar tan próximos uno de la otra, la embriagaba. La envolvía y la mareaba.
Y ahora ella levantó un poco el rostro, sintiéndose osada –por alguna razón que no llegaba a comprender del todo- y unió su boca a la de él, en un beso vehemente y suplicante.
Sus bocas se separaron brevemente, al tiempo que él miraba a Haruhi, buscando en sus ojos algún atisbo de duda. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, dándole libertad para que actuara en su cuello, y al sentir los labios del muchacho en sus hombros desnudos, se arqueó hacia él, pasando los dedos por el cabello oscuro, cosa que encendió aún más al chico.
Ella deseaba seguir experimentando ese estremecimiento que sentía en esos momentos… esa emoción de descubrir algo nuevo. Sabía que debía decirle que se detuviera, que tomaran las cosas con más calma. Pero él se encontraba ya deshaciéndose del ligero vestido y ella supo que estaba perdida. No tenía fuerzas ya para pedirle que se detuviera.
Y él tampoco lo habría hecho si ella se lo hubiera pedido en ese momento.
Las sensaciones le golpeaban la psique, y le parecía una interesante, emocionante y nueva emoción. Nunca había sentido algo así, por ninguna chica. Y el descubrir que algo tan… excitante podría calarle los poros, le desconcertaba, pero a la vez le agradaba…
—¿Y entonces?– le preguntó, una última vez, tratando de tranquilizarse con todas sus fuerzas, antes de franquear la barrera impuesta por la ropa interior de ella.
—Sí sem… Kyoya, hazlo. –respondió ella ante la invitación tácita de él.
Él solo sonrió. Estaba lleno de ella, de la sensación de tenerla… y sus labios rozaron su piel ávidamente, buscando más…
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El sonido se le antojó lejano, como un eco…
Un eco que le estremecía de pies a cabeza…
Era temprano en la mañana…
—¡RIIIIIING!
Abrió pesadamente los ojos, envuelto en un franco estupor…
¿Qué rayos había sido eso?
Estaba soñando o en este caso debería llamarle fantaseando con aquel suceso en la playa… el viaje que el host club había hecho hace ya 2 semanas atrás… pero se sentía tan vívido, tan real.
¿Qué, entre todas las cosas, estaba pensando cuando creyó que fingir ser el malo de la película ayudaría a Haruhi a darse cuenta de su estatus como niña?
—¡RIIING!
Fulminó con la mirada el insufrible aparatejo que osó despertarlo a esas horas de la madrugada–léase 10 am- mientras buscaba la manera de apagarlo. ¿Quién lo había colocado allí? Todos los sirvientes de la mansión Ootori sabían perfectamente que JAMÁS debían despertar a Kyoya Ootori temprano en la mañana, y menos un sábado…
Ya se encargaría de buscar al responsable, y lo despediría sin compasión.
Entonces, vio como un revoltijo de manos y pies aterrizó en su recámara… era el Host Club, con Tamaki al frente.
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Los odiaba.
Jamás lo admitiría, ni siquiera a sí mismo, la verdadera razón de su odio hacia sus amigos.
Porque los odiaba, más que por despertarlo, porque realmente deseaba terminar de soñar lo que estaba soñando…
El gusanito del ¿qué tal si..? había hecho mella en su organismo.
—¡Iremos a visitar a Haruhi!– anunció alegremente el presidente del club.
Al recordar cómo terminó en realidad aquel viaje (con los gemelos molestando a Tamaki por tratar de "quitarle la inocencia" a la fémina del club en aquella noche de tormenta); la dulce e inocente imagen de la castaña cruzó por su mente…
Y acto seguido… las escenas no tan inocentes de su sueño aparecieron vívidas en su cabeza…
Entonces, Kyoya Ootori llegó a dos curiosas conclusiones: Primero: ese día sería realmente cansado para él, con todo el Host Club encima… y eso incluía a Haruhi Fujioka.
Y segundo: definitivamente, podría ser un moje católico si se lo propusiera…
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Gracias por sus lindas palabras de apoyo.
Espero les haya gustado este capítulo.
PD: ¿Qué dijeron? ¿Pasó lo que creo que pasó? Nop. Soy malvada XD
