DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI

LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO

SERIE DE ONE-SHOT NO ENTRELAZADOS… ¿O SI?

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I: IDIOTEZ

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"No sé cuándo me enamoré de ti, pero ahí estaba: el amor más imposible del mundo."

Anónimo

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RESUMEN: Porque ella… era capaz de volverlo completamente idiota e irracional…

Pero jamás se arrepentiría de ello.

… o al menos eso esperaba.

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Las semanas habían pasado vertiginosas. Haruhi había acabado con éxito –considerando el hecho de que todo el tiempo tenía a sus amigos/compañeros estorbando sus planes- sus estudios secundarios y había decidido comenzar su carrera de abogacía en la misma universidad en la que los mayores del grupo ya estudiaban. Probablemente después pensaría en continuar en alguna universidad japonesa –si lo lograba encontrar algún espacio allí en el futuro- se decía, ante la impresión general de sus amigos, quienes jamás llegarían a entender lo densa que era la muchacha acerca de ella misma y de sus extraordinarias habilidades…

Ahora era ya septiembre y la época de lluvias en la usualmente fría Boston había comenzado con más fuerza.

Desde hacía algunos meses, habían decidido vivir todos juntos en un complejo de apartamentos algo más grande… que mas bien podría llamarse "casona" o simplemente "casa", debido al hecho de que todos los "departamentos" compartían un jardín, sala de estudio, cocina y sala comunes, permitiendo que los jóvenes compartieran su tiempo libre unos con otros cuando no se encontraban atareados con sus obligaciones estudiantiles.

Claro que ello había supuesto el observar casi a diario peleas por qué comida cocinar, o por cuán silenciosa debería ser una sala de estudios, lo que generalmente se resolvía con algún juego idiota inventado o leído por Tamaki en aquellas revistas de "jóvenes proletarios" que armaban usualmente más alboroto del inicial pero que servían para unirlos más cada día.

Y eso era algo que Haruhi en particular atesoraba.

Excepto ese día.

La tarde siguiente tenía un importante examen que debía aprobar a toda costa y los muchachos estaban ya en su usual pelea matutina por quién cocinaría el almuerzo…. Y la perseguían todo el tiempo buscando que tomara partido por cualquiera de ellos.

Lástima.

Y la biblioteca no habría ese día.

Lástima.

En un inmenso esfuerzo por no perder la calma, decidió buscar un lugar tranquilo para estudiar, y de repente, una idea le cruzó por la cabeza.

Se deslizó rápidamente fuera de su habitación, casi sin que lo notaran sus ruidosos compañeros.

Había solo una habitación en todo el lugar –después del fiasco del cumpleaños de Kyoya-sempai- que jamás se atreverían a profanar…

—Ummm…Kyoya-sempai—golpeó la puerta de amigo—¿cree que podría estudiar aquí un rato?

—Ellos pueden llegar a ser bastante molestos en ocasiones, ¿no?— respondió él, despreocupadamente, sin voltear siquiera a verla.

Ella se encogió de hombros —es solo que les emociona vivir juntos, creo… — el "aún después de todo este tiempo" no fue dicho, por supuesto.

—Eres libre de quedarte si lo deseas—dijo él, extendiéndole la cafetera que se encontraba a su lado izquierdo, invitándola a tomar algo.

—¿Ah? ¡Creí que estaba estudiando, sempai!—dijo la joven, mientras se acercaba con algo de asombro hacia el ejemplar del libro que su compañero leía con calma.

—A veces simplemente hay que relajarse, Haru-chan—le dijo él, sin alzar la vista hacia ella. Si lo hubiera hecho, se habría llevado una vergonzosa impresión del rostro de la castaña casi pegado al suyo, solo divididos por el grueso volumen en sus manos.

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—¿Eh? ¿Y Haruhi?— se preguntó más de uno, horas más tarde, cuando estaban punto de salir por el almuerzo finalmente –y luego de varias horas de discusión de por medio- había sido decidido en simplemente "salir a comer afuera"

—… después de todo, ya no vivimos en la época de la esclavitud, Haruhi.

—Difiero de su opinión, sempai, ¿y es que no cree, después de todo, que aquellos que no solo son capaces de dejarse llevar únicamente por la parte lógica de su pensamiento, sino ante totdo, no prestar atención a sus sentimientos en ocasiones, son esclavos de su mente?

Dijeron mientras salían casualmente de la habitación del joven, en dirección a la cocina, ensimismados en alguna discusión en particular de la que los demás no tenían idea alguna si hubieran preguntado.

—"Mira quien lo dice"—suspiró el de gafas mentalmente, antes de ser interrumidos por los que les rodeaban…

—Como sea —se rindió finalmente él— nunca creí que te gustara ese tipo de literatura…

—Es de hecho, uno –si no es que el más- de mis libros favoritos.

Eso es sencillamente asombroso— contestó, genuinamente sorprendido —"eso es algo que definitivamente nunca hubiera creído, y además… no estaba entre mis archivos"— ya que, de hecho, es justamente, mi libro favorito también. Al parecer —replicó, ante la faz gratamente sorprendida de su acompañante— las mentes geniales piensan igual, ¿no te parece? ¿Haru-chan?— le dijo mientras le tomaba de la barbilla, en un gesto tanto gracioso, como intimidante para la susodicha Haru-chan.

¡Estaba realmente cerca de su rostro!

Es verdad que a veces solía llamarla así, pero era generalmente cuando estaban solos y buscaba burlarse un poquito de ella. Era consciente de eso. Absolutamente.

Aún así…

¿Por qué tenía que estar tan dolorosamente cerca?

Casi como si…

En su turbación, ni siquiera se dio cuenta de cuándo había terminado aquel contacto y habían comenzado a dirigirse hacia sus amigos.

—¡¿Qué le hiciste a nuestra Haruhi, eh, Kyoya?!— replicó el presidente del club, al mirar el rostro arrebolado de la castaña saliendo de la habitación de su mejor amigo, segundos después.

Pareció entonces darse cuenta de la presencia de los demás, y enseguida Haruhi enrojeció verdaderamente, pero de furia.

—¡Tamaki-sempai! ¡Por favor deja de ser un pervertido!—fulminó con la mirada al rubio —Solo busqué un lugar tranquilo donde estudiar para mi examen de mañana y ustedes no me dejaban hacerlo, por eso es que fui a esconderme en la habitación de Kyoya-sempai— contestó tranquilamente.

—¡Hemos perturbado la paz de Haruhi! ¡Hemos sido injustos!— replicó dramáticamente el rubio, decidiendo ignorar el hecho de que la muchacha había salido con el rostro enrojecido de la habitación de okaa-san.

—¡Has sido solamente tú quien la has molestado, tono!— uno de los gemelos.

—¡Es verdad, nosotros no fuimos a buscarla temprano por la mañana para preguntarle qué deberíamos cocinar hoy!— definitivamente, y ante la faz casi llorosa del chico de ojos violetas, los gemelos se dijeron que ese siempre sería su pasatiempo favorito: el molestar a Tamaki Suoh –después estaba el molestar a Haruhi por supuesto-

—Anda Haruhi, puedes ir a mi habitación si quieres estudiar, te aseguro que nadie te molestará allí- decía mientras hablaba de su mano.

—No quiero, gracias— cortó secamente ella.

Kyoya se vio forzado a interrumpir la conversación de sus amigos, su estómago reclamaba alimento, después de todo… y el vacío que sentía al ver a Tamaki discutir acaloradamente con la castaña había cambiado instantáneamente su hasta hacía algunos instantes buen humor.

—¿Y bien? ¿Qué tenemos para comer hoy?

Y con eso la discusión terminó.

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Un par de horas más tarde, el día libre del ex Host Club terminaba cuando todos entraron a la limusina para regresar a casa.

Haruhi, fiel a su usual torpeza, tropezó sobre sus pies cuando intentó evitar el pisar la pelota que un niño había lanzado cerca en medio de su juego infantil.

No se dio cuenta de cuándo había tocado el piso, ya que de hecho, no llegó a hacerlo. Había sido socorrida inmediatamente por los brazos protectores de uno de sus amigos.

Lo único que vio fueron los ojos profundos escondidos tras los cristales de las gafas que solía utilizar su sempai.

Y esa fue la segunda vez en el día en que vio tan cerca el rostro de Kyoya Ootori.

Al ver la mirada -que era mitad desconcierto y mitad alivio que la castaña le dirigió, decidió soltarla por la paz y hacer que terminara de entrar al vehículo.

Nadie vio el intercambio aparentemente, para alivio de ambos, aunque no lo supieran.

Tamaki lanzó miradas desconcertadas a Haruhi. Y la castaña, poniendo una mano sobre su pecho suspiró de alivio.

Aquella extraña sensación se había ido.

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Días más tarde, Haruhi se encontraba en la sala común del grupo, particularmente sola. Era la una de la tarde, demasiado pronto para que sus amigos llegaran todavía. Sus clases habían terminado antes de lo previsto y los muchachos no se aparecerían en al menos dos horas. Podría aprovechar y estudiar algo o simplemente cocinar algo para que todos pudieran comer juntos más tarde.

Esa tranquila atmósfera era lo que, desde su primer día en Ouran había buscado –un lugar tranquilo para estudiar— y se sorprendió añorando el usual alboroto que se podía escuchar en aquella residencia...

Después de meditar sus opciones, se decidió por la segunda y durante varios minutos, el único ruido que se escuchaba en la cocina del lugar fue la del cuchillo contra la madera mientras picaba algunas verduras.

Pero pronto la tranquilidad fue destruida por la lluvia que empezó a caer más fuerte. Se veía venir potente.

—Oh, espero que no haya…

Sin siquiera poder terminar la frase, un relámpago rasgó el cielo, seguido de un trueno. Este último le heló la sangre. Se acurrucó instintivamente debajo de la mesa, cerró los ojos y usó sus manos para taparse los oidos. Hizo todo lo posible para ignorar el horrible sonido que se filtraba a través de las ventanas…

En su consternación, ni siquiera pudo reprocharse el no haber esperado a que al menos uno de sus amigos saliera de sus clases, como usualmente hacían en época de tormentas…

Finalmente había revelado su más grande miedo, y al contrario, en lugar de burlarse, los chicos la habían ayudado siempre a que no tuviera que atravesar por aquello sola, dándole cosas ridículas como orejeras afelpadas –las cuales no tenía idea dónde las había colocado- que en al menos algo –no podía negarlo- ayudaban a amortiguar el ruido…

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Las clases del día habían sido más cansadas de lo usual. Y a pesar de su brillantez innata, debía aceptar que el estudiar esa carrera en un país extranjero –con una lengua diferente a la nativa- era ciertamente algo difícil, aún para él.

Salió con gesto cansado. Tenía bastante tarea. ¿Quién pensaría que al llegar a la universidad tuviera que seguir haciendo tarea? Y aparte de todo, tenía aún dos horas más de clases, y la entrega y presentación del proyecto en el que había trabajado toda la semana durante la hora siguiente. El profesor en cuestión había resultado ser un amigo de larga data de su padre, así que tenía que hacerlo particularmente bien si quería sorprender a ambos… además, valía el cincuenta por ciento de la nota del corte final del semestre…

Quería relajarse un poco y llegar a casa pronto. Seguramente sus amigos ya habían salido y se dirigían en esos momentos a la casa que compartían. Haruhi debía haber llegado ya… le había enviado un mensaje de texto a su teléfono personal diciendo que había salido temprano de sus clases y que se adelantaría a preparar algo para que todos cenaran juntos.

Usualmente solían escribirse para comentarse cosas como esas… "llegaré más tarde, estoy en la biblioteca. Gracias por avisar a los demás y/o evitar que vengan a molestarme. —Haruhi." O mensajes como: "Tamaki ha venido por mí y me ha llevado en busca de ingredientes proletarios para la cena. Será mejor que haya algo para comer cuando volvamos, o serás la primera que pruebe los desastrosos experimentos de él. —Kyoya." Recibiendo como respuesta usualemente un "¿Ingredientes proletarios? Malditos ricos bastardos…"…

Un frío lo recorrió y tuvo la virtud de reprimir la media sonrisa que adornaba su semblante ante esos recuerdos… dándose cuenta repentinamente del horrible clima que pugnaba por oscurecer el día. La lluvia comenzaba a arreciar, así que sacó el paraguas que llevaba para estos casos. Siempre tenía que estar preparado al vivir en una ciudad como aquella, donde la lluvia era algo hebdomadario al menos.

Una luz iluminó el lugar y se acompañó de un sonido escabroso que reconoció como el de un trueno.

Repentinamente recordó que alguien que temía a ese clima debía estar sola. Los demás tenían que estar apenas a medio camino, o saliendo de sus clases apenas…

Y con la manía que había adquirido Tamaki –viajar en transporte público cada vez que podía y le daba la gana, lo que se resumía prácticamente a… todo el tiempo- seguramente ni él estaría cerca del lugar…

Pero tenía que hacer el intento. Haruhi era el único tema por el cual Tamaki era capaz de recorrer el mundo y sus alrededores, y hacer cosas insospechadas.

Sintió una punzada en el pecho.

Se sentía como un miserable por guardar en secreto los sentimientos que profesaba hacia su compañera y amiga de ojos cafés…

Podría salir en ese momento a verla… pero recordó aquel maldito proyecto que tenía que presentar y seguidamente pensó en su mejor amigo…

Un sonido –que no era el de los truenos- lo sacó de su línea de pensamiento. Y al ver de quién se trataba, Kyoya palideció aún más.

—Padre, ha sido toda una sorpresa su llamada, ¿hay algo en lo que pueda ayudarle?

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Aquella conversación rondó su mente durante algunos segundos. Pero el ruido de otro trueno lo sacó súbitamente de sus pensamientos.

No tuvo que pensarlo demasiado, y ya tenía el teléfono en la mano….

—¿Tamaki? ¡Será mejor que tomes un taxi! ¡Es Haruhi, ella debe estar en…

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Se veía terrible, el aspecto lloroso de la muchacha había removido el corazón de todos ellos.

Haruhi se encontraba arrodillada, bajo la mesa de la cocina, abrazando sus rodillas con sus delgados brazos… parecía a punto de romperse.

Ella por su parte, no notaba nada, se encontraba ensimismada… como en trance… así que no se dio cuenta cuándo fue izada por Mori, el mayor del grupo que, al igual que los demás miembros del club, habían corrido hasta la residencia en busca de su amiga, una vez Tamaki les había hablado, desesperado.

El cómo consiguió la información, era algo que comentó distraídamente…

—¿Estás seguro de lo que dices, tono?

—Ah, ¡Claro que sí! ¡Kyoya me llamó! ¡No hay tiempo que perder!– había dicho.

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Había abierto los ojos lentamente, después del sopor en el que había caído luego del episodio del día.

Había visto a todos sus amigos al pie de su cama, la cabeza recostada sobre el lecho; otros acomodados en los sillones cercanos.

—"Deben estar incómodos"— pensó acongojadamente. Todos han estado conmigo desde hace bastante tiempo. Miró desde el lecho, hacia la ventana, a través de la cual se filtraba la oscuridad de la noche. Recordaba vagamente haberlos visto entrar e izarla en brazos, pero se dijo que estuvo demasiado distraída como para recordar con más claridad cualquier cosa, aparte de frases sueltas…

Lamentamos el no haber estado contigo,

¡Hemos sido tan idiotas!

¡Eso no volverá a pasar!

Como quiera que sea, ellos habían cumplido su promesa de acompañara siempre y de ayudarla a controlarse durante esos episodios de fobia…

Todos juntos, como amigos… como siempre.

Todos.

Excepto uno.

Kyoya no se encontraba en el lugar.

Su corazón se encogió con una sensación extraña mezclada con tristeza y ¿culpa?

En medio del cansancio que la envolvía, siguió pensando en los sucesos del día mientras se entregaba a los brazos de Morfeo.

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Los chicos habían salido de su habitación al parecer en algún momento de la noche, y ella no podía dejar de pensar en el hecho de que todos se preocupaban por ella en demasía. Que dejaban de lado sus ocupaciones por velar por ella.

Y ella no hacía nada por tratar de superar su miedo.

—¡Soy un fracaso!—se dijo a sí misma, acongojada, la castaña.

—Ellos se preocupan tanto por ti—Una voz fría sobresaltó a Haruhi, quien se volvió hacia el sonido que escuchó y vio a Kyoya, parado en quicio de la puerta—Al oir que estabas sola en esta casa, de inmediato corrieron a ti.

Sus ojos se abrieron ante el dolor de la realización—Hice que todos se preocupen de nuevo, ¿verdad?—dijo ella, apenada —lo… siento mucho… no era intención…— y se inclinó respetuosamente desde el lecho.

—No tienes que disculparte, yo…me preocupo por ti de todos modos— se subió las gafas, ocultando sus ojos con ese gesto.

—Fue usted el que llamó a Tamaki-sempai— era una afirmación, no una pregunta lo que expresó la castaña en esta ocasión.

—Bueno, no queria que me llamara y preguntara dónde estabas, así que sólo le di esa infornación por adelantado— djo sin rodeos, esquivo, Kyoya —Y no tienes que decir lo siento, no es tu culpa por asustarte de los truenos. Todo el mundo tiene sus propios miedos.

"La tormenta me hacer temer y ahora hacer que los demás se preocupen por mí. ¿Es que acaso me estoy convirtiendo en una carga?— Pensó pesadamente y luego miró a Kyoya, la última parte de esa frase apenas había entrado en su cabeza —Kyoya-sempai, ¿cuál es tu miedo?

Él le lanzó una larga mirada y a continuación, se ajustó las gafas —Los Ootori no temen a nada. Y si tuviera un miedo… ¿en serio crees que te lo diría? —y sonrió ladinamente.

—No, solo tengo curiosidad— dijo clavando su mirada en él.

—Sólo para que lo sepas, sí. Tuve miedo alguna vez de algo, cuando era niño, pero ya no.

"Me está tomando el pelo"— pensó Haruhi —"¡no me ha confesado nada!" —Y luego le preguntó con curiosidad —¿Cómo puedes superar tus miedos?

—Piensa en algo más aterrador —Él se encogió de hombros, y como si leyera la pregunta en los ojos de Haruhi, le respondió — Yo lo hice así: pensando en mi padre, retándome —la castaña le miró, sorprendida, como si le hubiera crecido una segunda cabeza repentinamente o algo así… ¿Temerle a su propio padre? Es verdad que el padre de su sempai era algo… aterrador, pero nunca creyó que hasta tal extremo…—Créeme, su temperamento es mucho más terrible que una tormenta de truenos— continuó, al ver en los ojos de la chica una interrogante muda —Una de las muchas maneras de conseguir superar tu miedo es encontrar uno más grande — se volvió sobre sus talones y se dirigió hacia su habitación, dejando a Haruhi sumida en su confusión.

—¿Encontrar un miedo más grande?

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Tamaki estaba sentado en uno de los sofás de la repisa de la ventana, mirando el cielo gris en el exterior. Suspiró.

Se acercaba una tormenta.

—Madre, ¿dónde está Haruhi?

Kyoya dejó de escribir en su portátil, y dio una mirada molesta a Tamaki —me has preguntado esto ya diez veces. Ella está… —Miró su reloj —…caminado hacia aquí desde la biblioteca.

Como el probablemente único miembro masculino responsable del grupo –Haruhi no contaba ya que era una chica y Mori sempai bien podía ser atolondrado si Honey sempai estaba expuesto a algún peligro…- tenía la autoimpuesta responsabilidad de saber dónde debía estar cada miembro del grupo en cada momento del día… además que eso era algo a lo que había estado ya acostumbrado desde que estaba en la secundaria y preparatoria de todos modos…. No le gustaban las sorpresas, y la mejor manera de evitarlas era justamente… el estar preparado…

—No hay necesidad de preocuparse, Tama-chan— intervino Honey al mirar la faz contrita del líder del grupo —cuando Haru-chan esté aquí, nos tendrá a todos nosotros para protegerla— terminó, mientras engullía los pasteles que cubrían prácicamente toda la mesa del comedor.

—¿Crees que deberíamos convertir esta habitación en algo a prueba de sonido?—dijo, dirigiéndose a su mejor amigo —es temporada de tormentas y no quiero que mi Haruhi-…. Continuó Tamaki, dejando la frase en el aire…

—¿¡Desde cuándo Haruhi se volvió suya?!— reclamaron juntos los gemelos.

Kyoya en cambio, se molestó un poco con el hecho de que Tamaki se sonrojara ligeramente después del reclamo de los menores del grupo —Va a costar mucho— dijo llanamente —pero voy pensar en ello.

—¿Haruhi ya llega?— Los mayores del grupo: Honey y Mori irrumpieron en la habitación, jadeando como si hubieran venido de una maratón. Algo extraño de concebir, considerando que eran los herederos de familias especializadas en karate y kendo respectivamente… lo cual reflejaba el estado de preocupación en el que se hallaban…

—No la encontramos en la bilbioteca— completó Mori con voz llana.

Un trueno sacudió el lugar, mismo que tuvo la facultad de hacer palidecer a los que se encontraban en el lugar.

—¡Ella debe estar acurrucada en algún lugar!— Y Tamaki gritó, nervioso.

—¡Pobre Haru-chan! ¡Hay que buscarla!— exclamó Honey.

Todos ellos se precipitaron fuera de la habitación. De común acuerdo, cada uno fue en direcciones opuestas para encontrarla más rápido. Tamaki había corrido en dirección a la biblioteca, mientras los gemelos habían ido al parque cercano, al oeste. Honey y Mori se dirigieron a la universidad y Kyoya había optado por la parada de autobús más cercana.

—Tonta— masculló Kyoya, irritado —dijo que sentía el preocuparnos y ahora está haciendo jutamente eso— masculló, entre dientes mientras se precipitaba en medio de la intensa lluvia. Estaba empapado hasta los huesos, y a pesar de ello casi no sentía el frío que le calaba la piel. La lluvia se intensificó y una repentina luz interrumpió la austeridad de la noche, solo salpicada por el ruido del agua cayendo sobre las aceras. Era un relámpago.

Hizo todo lo posible por buscarla. Aceleró su paso. Repentinamente vio, en medio de otro relámpago, cómo en la acera opuesta, el objeto de su frustración actual, estaba de pie, cerca a un árbol.

—¿¡Haruhi!?

—¿Kyoya sempai?— La persona en cuestión casi gritó con voz temblorosa. Era ella. Finalmente ella. Sintió súbitamente como si el alma le volviera al cuerpo. Se encontraba apoyaba en el tronco de aquel árbol para poder mantenerse de pie, su cuerpo se estremecía ligeramente. Enseguida trató de correr hacia ella, pero Haruhi lloró, y lo detuvo, con un ademán.

—¡No!… sólo…. ¡Quédese allí! ¡Déjeme sola!

—¡¿Estás loca!? ¿¡Qué crees que haces!?—gritó con rabia.

—¡Tengo que enfrentar mi miedo sola!—Un trueno se escuchó nuevamente. Haruhi cayó sobre la acera. Kyoya llegó inmediatamente a ella y la levantó, a pesar de las protestas de la muchacha.

—¡Eres la chica mas tonta que he visto!—ya no sabía si pensaba o hablaba en voz alta —¡¿Cómo se te ocurre pensar en estar sola en medio de esta lluvia?!— no se había dado cuenta de que estaba prácticamente zarandeándola en medio del sentimiento –que era mitad alivio y mitad frustración, con algo de enojo de por medio- que se agolpaba en esos momentos en su maltrecha mente…

Poco a poco, la acompañó a través del camino para volver a la casa. Los destellos luminosos congelaban de tanto en tanto a Haruhi y entonces, vio como otra luz se acercaba a ellos, a toda velocidad. De repente, todo su miedo se esfumó en el aire. Su mente entró en su sano juicio. Instintivamente, empujó a Kyoya fuera de la carretera. Y luego, en un abrir y cerrar de ojos, escuchó un ruido terrible mezclándose con el sonido del trueno, y de repente, todo se volvió oscuro.

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En la gran sala blanca, cinco hombres se encontraban de pie alrededor de una cama, viendo a la persona que permanecía en ella, con cuidado, las espesas pestañas cubriendo los enormes ojos cafés que habían derretido las barreras de todos ellos.

—¿Cuándo despertará? Ha dormido por un día — preguntó con preocupación Honey

—¡Kaoru, no me empujes!

—No es mi culpa, Tono. ¡Vete lejos de mí!—Kaoru se volvió hacia Tamaki quien estaba demasiado cerca de él.

—¡Quiero estar más cerca de Haruhi que ustedes dos! —Tamaki regañó.

Kyoya, que estaba apoyado en la pared del fondo, mirando hacia la ventana, suspiró, cansado —Esto es lo que sucede cuando dejo que todos visiten a Haruhi al mismo tiempo…

Haruhi oyó algo de ruido, ruido muy molesto. Trató de abrir los párpados para ver qué o quién era el causante de esos fastidiosos sonidos. Todo se veía demasiado brillante. Achicó la mirada de modo que fuera capaz de ver mejor. Era una habitación blanca y había cinco figuras junto a su cama.

—¡Miren, sus párpados se mueven!— gritó con júbilo, Hikaru.

—Has despertado, Haru-chan —Era la voz de Honey

—¿Dónde estoy?— Peguntó finalmente, tratando de incorporarse, siendo inmediatamente ayudada por los gemelos, que estaban más cerca de ella.

—En el hospital. Tuviste un acidente, Haruhi.

—Kyoya nos contó lo que ocurrió. ¿Por qué lo hiciste?— la voz anhelante de Tamaki cuestionó lo que todos querían saber.

—Yo… creí que… si era lo suficientemente valiente para enfrentar mi propio miedo—dijo, cuidadosamente. Hablar le costaba aún un poco —no temería más— los demás la miraron con asombro —No quiero que se preocupen por mí cuando esté en esta situación. No quiero ser su carga— terminó, con la mirada en las cobijas que apretaba con sus manos.

—¡¿Quién te ha dicho que eres nuestra carga?!—Gritó Tamaki con rabia, perdiendo finalmente la paciencia, sobresaltándola. Hikaru tuvo que retenerlo de un brazo para tratar de calmarlo.

—Tono, estamos en el hospital. No puedes gritar de esa manera.

—Pensé… pensé que lo que sucedió en Karuizawa le enseñó una lección. ¡Pero estaba equivocado!… yo… ella…—Tamaki parecía tan furioso que se dio la vuelta, se sentó en una silla e ignoró la presencia de la castaña.

—Nos preocupabas, Haruhi—dijo Kaoru con calma —pero eso no significa que eres una carga. Nosotros queremos consolarte, protegerte. Siempre eres tan fuerte, tan seria… solo era la manera en que te demostramos nuestro cariño por ti. Todos te queremos—terminó mientras le acariciaba un brazo.

La muchacha por su parte, se sumió durante unos minutos en sus pensamientos.

—Lo siento— dijo entonces, acongojada, sin dejar de mirar a su cobija.

—No sientas pena por nosotros, siéntela por ti misma— dijo el rubio, simulando estar aburrido —¡Debido a tu torpeza, te haces daño!— Tamaki se rompió, señalándola con un dedo acusador.

Honey sentía la tensión en la sala por lo que levantó su linda voz.

—Está bien, creo que Haru-chan entiende ahora. ¿Por qué no vamos a comer algunos pasteles ahora?— y se dirigió hacia sus compañeros —¿Y? ¿Haru-chan? ¿Funcionó? ¿Tienes miedo a los truenos aún?— Preguntó ansiosamente.

Haruhi abrió mucho los ojos. No había pensado en ellos, de hecho —Bueno, no estoy tan segura de ello— pareció meditar un poco lo que decía —pero cuando vi el coche, se olvidó todo mi miedo— dijo con una pequeña sorisa formándose en sus labios — Kyoya-sempai me dijo que "una de las muchas maneras de conseguir superar tus miedos es encontrar uno más grande"—los demás voltearon a observar al aludido, quien enseguida se sintió apesadumbrado creyendo que tal vez fue el causante de toda esa locura —Tal vez… tal vez…. Lo encontré…

—¿Entonces? ¿Has encontrado un nuevo miedo?— interrumpió Hikaru a la muchacha.

—Mmm… el ver a una persona que amo a punto de hacerse daño… ese es mi miedo más grande. ¿Creen que es posible algo así?— Preguntó, esperanzada.

—¿Quieres decir que amas a Kyoya-sempai?— Preguntó Hikaru con los ojos entrecerrados sospechosamente.

—¿Qué? Por suspuesto que lo amo— enseguida notó lo que había dicho y se corrigió, las mejillas sonrosadas —Los amo a todos.

Todo el mundo suspiró y lamentó el hecho de que fuera alguien tan denso. Haruhi notó a Kyoya de pie en un rincón, quien no había dicho una sola palabra. Se sonrojó más ingensamente al mirarlo.

Cinco minutos después, entró una enfermera e informó a los muchachos que el horario de visitas había acabado y que tendrían que salir para que la enferma pudiera descansar.

El host club de mala gana se despidió de ella –no sin algo de alboroto de por medio- y salió por la puerta. Solo quedó Kyoya a quien la enfermera no le hizo caso.

Estaba consciente de que aquel joven era, después de todo, el hijo del dueño del recientemente abierto hospital, que, en el afán por expandir las empresas del "Ootori Zaibatsu" alrededor del mundo, el jefe, Yoshio Ootori, había dispuesto. Era entonces, aquel atractivo muchacho, uno de los herederos de la cadena hospitalaria en la que ella trabajaba. Trató de lanzarle una mirada, pero el muchacho solo veía en una dirección, y era en la de la muchacha que yacía en el lecho hospitalario…

Suspiró pesadamente.

¡Si tan solo fuese un par de años más joven!

Pero antes de salir, le dijo a Haruhi que había sido muy afortunada, ya que el coche se había detenido a tiempo, por lo que únicamente tenía algunos rasguños y podría salir al día siguiente después de haber terminado la realización de algunas pruebas. Cuando desapareció por la puerta, Haruhi se dio cuenta repentinamente que había quedado sola allí con su sempai.

—Kyoya-sempai ¿está bien?— preguntó lentamente, casi temiendo la repentina tensión que cayó sobre ellos. Kyoya se acercó lentamente a ella, y justo cuando se encontró al frente de ella, abrió la boca.

—No estoy bien. Estoy enojado. Estoy enojado contigo —Dijo con voz peligrosa y una mala aura alredor suyo que hizo que Haruhi se tensara.

—¿Por qué está enojado conmigo?

—¿Por qué?— Se inclinó hacia abajo para que sus ojos se encontraran con los de ella—Debido a que hiciste que me preocupe. Me preocupé tanto y preocuparme no trae ningún mérito, así que estoy enojado contigo— dijo, terminando de hablar, casi atropelladamente, uesto que no había pensado en lo que decía… tratando finalmente de sonar algo hastiado, y haciendo un ademán para salir del lugar. Repentinamente se sentía algo indigno, intoxicado…

El enterarse que él aceptaba preocuparse por alguien, y que ese alguien resultara ser ella, hizo que sintiera un calorcito instalarse en sus mejillas. Su corazón comenzó a latir más alto, tanto, que temió súbitamente que él lo escuchara. Él nunca antes había dicho que se preocupaba por ella antes y el conocer ese hecho hizo que la misma extraña sensación de aquellos meses se instalara en su pecho… casi como un resfriado que afectaba todas las funciones de su cuerpo, pero a la vez era algo más… original…

—¿Us… usted está preocupado por mí?— Tartamudeó, en un afán de olvidar aquella sensación a la que no podía ni quería dar nombre en ese momento, mientras el sueño la vencía. El de lentes, por su parte, se volvió sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.

—No vuelvas a hacer eso— dijo, algunos minutos más tarde, tomando el pomo de la puerta, a una aparentemente dormida Haruhi —No me hagas daño de nuevo al verte así… —susurró, como si hablara consigo mismo. Giró la perilla y salió del lugar.

"¿Qué quiso decir con que le hago daño?"— pensó, mientras se hundía en una vaporosa inconciencia.

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Siendo empujado lejos, Kyoya cayó en la acera, cerca de la carretera. Escuchó un ruido de un trueno intercalado con el de un choque y luego giró la cabeza hacia atrás. Vio que Haruhi estaba acostada allí. La realización de lo sucedido llegó en un instante a su mente brillante y se precipitó rápidamente hacia ella. Estaba como yerta. Sacudió ligeramente sus hombros.

¡Ha…! ¡Haruhi!, ¡abre los ojos!, ¡despierta!

Pero sus ojos ni siquiera se movieron ligeramente cuando llamó su nombre.

¡Haruhi!, ¡por favor!, ¡despierta! —Sosteniendo su cuerpo inmóvil, sangrante de un brazo, sintió que su corazón dejó de latir. Todo su cuerpo se sacudió por la fuerza. El conductor de bajó de su coche, cuando la comprensión lo golpeó; y ayudó a colocar a Haruhi en el coche y aceleró al hospital.

Ninguno de los chicos le había reprochado nada después que los había llamdo y escuchado que había sido él de entre todas las personas quien plantó aquella ridícula idea en la mente de la única chica del grupo.

Si hubiera sido alguno de los gemelos en su lugar, estaba seguro que él lo hubiera golpeado y gritado su irresponsabilidad… estaba seguro de ello. Habría perdido su legendaria compostura.

Y todo por ella.

Es más, ni siquiera sabía todavía porqué no se había golpeado a si mismo por tamaña estupidez.

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Las lágrimas corrían por sus mejillas. En ellas se veian una mezcla de emociones: ira, miedo, ansiedad, angustia. Ella aún no sabía cómo es que un ser humano era capaz de sentir tantas emociones a la vez.

Siendo empujada lejos, cayó en la acera, cerca de la carretera. Escuchó el ruido de un trueno intercalado con el de un choque y luego giró la cabeza hacia atrás. Vio que él estaba acostado allí, como yerto. La realización de lo sucedido llegó en un instante a su mente brillante y se precipitó rápidamente hacia él. No se movía.

¡Realmente no se movía!

Sacudió ligeramente sus hombros al principio, y con más fuerza y desesperación después.

No se movía, ni se movió.

De pronto vio una figura frente a sí misma. Que la miraba con alegría y tristeza a la vez. Una figura gallarda, arrogante e importante, pero que ocultaba la gran bondad de su corazón bajo capas de frialdad…. Frialdad que ella había sido capaz de sobrepasar, llegando a conocer el verdadero yo de aquel hombre que ahora se veía como una figura traslúcida que se despedía de ella.

Cuídate mucho, Haruhi— le decía con una sonrisa —Me alera que te encuentres bien.

Una voz le gritaba con fuerza que camniara hacia él pero sus piernas no le obedecían. Kyoya fue el primero en moverse. Dio un paso más cerca de la chica. De repente colocó su mano traslúcida en la mejilla de la muchacha y con una sonrisa… la más cálida que le hubiere visto esbozar jamás, y sin lentes de por medio, que le permitían finalmente volver a ver esos ojos grises puros, tan llenos de valentía y astucia… le hizo una petición… la petición final, antes de desaparecer…

Para siempre.

Cuídalos a todos… por favor.

¡Kyoya!

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Padre, ha sido toda una sorpresa su llamada, ¿hay algo en lo que pueda ayudarle?

¿Cómo está todo por allí?

Kyoya, quien aún no podía creer que su padre de entre todas las personas le había llamado, no pudo hacer más que tratar de contestar —B… bien, padre, pero aún ignoro el motivo exacto de su llamada —no quiso sonar nervioso pero ciertamente el recibir una llamada de su padre de entre todas las personas, era por demás bizarro.

Es sobre la chiquilla Fujioka…

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El joven miró al cielo gris, mientras una leve llovizna le bañaba el rostro aquella mañana y Haruhi saldría del hospital en un par de horas…

—¿Tamaki? ¿Tienes un momento? — dijo sin dejar que el susodicho contestara siquiera—Me gustaría hablarte de algo.

—"No hay marcha atrás" —Se dijo él.

Se sentía como una basura. Pero no podía dilatar más la situación… probablemente los demás se habrán dado cuenta… bueno, los más perceptivos al menos.

—Ok. Encontrémonos en el parque cercano a la casa. Te espero allí en veinte minutos.

¿Qué es, padre?

Quiero a Haruhi Fujioka como tu esposa, más temprano que tarde.

Después de lo sucedido aquella noche de tomenta, y aunque su padre no le hubiera hecho aquella llamada, Kyoya Ootori había decidido ya que tenía que hablar seriamente con su mejor amigo. A pesar de que sospechaba que el rubio debía haberse dado cuenta ya. Además, el peor escenario que imaginaba era el ser llamado idiota por quien él consideraba un idiota…

Pero de nuevo… era su idiota mejor amigo del que estaba hablando…

Era el diota rubio impredecible número uno que conocía.

Y era su mejor amigo.

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¿Qué había sido ese sueño?

No lo recordaba perfectamente, pero las enfermeras se habían alarmado al escucharla gritar el nombre de uno de los jóvenes que habían venido a visitarla el día anterior.

Recordaba el haber soñado con el accidente, pero era ella la que había sido salvada y no al revés.

Y luego…

Recordaba la despedida de alguien, alguien importante.

Y un sentimiento de profundo vacío le recorrió el cuerpo.

Kyoya.

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Kyoya-sempai, ¿cuál es tu miedo?

—No quiero aceptarlo, pero es cierto. Total y absolutamente cierto…

¡Ha…! ¡Haruhi!, ¡abre los ojos!, ¡despierta!

Y esa mañana lluviosa, Kyoya Ootori decidió encaminarse hacia su destino.

—…"Tú, tú eres mi miedo más grande, rara chica mapache…"

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ABURRIDAS NOTAS DE AUTORA:

¡Hola a todos!

Noticia: el capi estaba listo pero empecé a corregirlo y terminé añadiendo algunas escenas XD (padecer insomnio a pesar de estar posturno sirve de algo al parecer XD)

ADELANTO DEL SIGUIENTE CAPI:

Ooootro día de salida al centro comercial…

(Sí, lo sé, solo eso, ya cansa XD)

Bueno, eso es lo que hay jejejeje y será un capítulo bueno, se los aseguro jaja