DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI
LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO
SERIE DE ONE-SHOT NO ENTRELAZADOS… ¿O SI?
o°oOo°oOo°oOo°o
K: KOALA
.
.
.
"En el amor no existen reglas. Podemos intentar guiarnos por un manual, controlar el corazón, tener una estrategia de comportamiento...
…Pero todo eso es una tontería."."
Paulo Coelho
.
.
.
RESUMEN: Kyoya Ootori jamás pensó actuar como un cursi chico enamorado… y jamás creyó que salía con un koala.
o°oOo°oOo°oOo°o
Aquella soleada mañana en particular Haruhi despertó algo ansiosa. Las vacaciones habían comenzado y habían decidido ir todos de día de campo.
Haruhi y su recién estrenado novio –aún le daba pena el pensar siquiera en la palabra- se dieron una mirada cómplice mientras viajaban hacia el parque más cercano.
Se sintió sonrojada enseguida. ¡Ella no era así! ¿Qué le estaba sucediendo?
Era por él.
Kyoya Ootori había ocupado sus pensamientos desde hacía algunos días. Mejor dicho, desde hacía algún tiempo ya.
Últimamente, siempre que cerraba los ojos, solo estaba él. Él y su rostro perfecto, enmarcado por aquellos lentes que lo hacían verse como alguien intelectual e interesante, pero que ocultaban de quienes le rodeaban todas las maquinaciones que su cabeza brillante pensaba…
En medio de sus cavilaciones, no se había dado cuenta de cuándo habían llegado al lugar donde tendría lugar el picnic.
Sentía que él la observaba de reojo. No se atrevió a levantar la mirada.
Después de todo, habían acordado no revelar nada acerca de su relación a nadie por el momento…
Los muchachos habían acomodado –tras varios alborotos de por medio- ya la manta y la cesta en cuyo interior se encontraban los alimentos que compartirían…
—Haru-chan parece estar distraída el día de hoy ¿no les parece?— preguntó casualmente Honey.
—Nee, Haruhi, ¿estás pensando en algo, verdad?
—Deberías relajarte un poco, Haruhi, los exámenes terminaron después de todo…
—¡Es verdad!— interrumpió el rubio —¡deberíamos jugar uno de esos juegos plebeyos como solíamos hacerlo en la secundaria!— sugirió brillantemente.
Horas después, y después de haber sacado a Haruhi de su abstracción, los gemelos retaban a Tamaki a subir a la copa del árbol más grande, después de que una impersonal y astuta ardilla se apareciera por el lugar, robando algo de comida y el recién estrenado gorro de Haruhi –había sido un regalo de los gemelos- y huyendo rápidamente hacia el susodicho árbol.
—¡Queremos atrapar a aquella ardilla que se robó el gorro de Haruhi!—habían dicho a coro.
Como último recurso, y al ver que su líder empezaba a tambalear en la cima, habían decidido subir todos –para equiparar las cosas y luchar juntos contra el infame animal que osó robar aquella preciada prenda a su adorada Haru-chan- dijeron…
De mala gana, una muchacha de ojos marrones y un joven de gafas siguieron al grupito, deteniéndose a medio camino…
Sorprendente, y súbitamente Kyoya confesó a Haruhi –quien estaba más cerca de él- que nunca antes había montado un árbol y Haruhi admitió apenada y con una pequeña sonrisita que de hecho, tampoco había subido antes. Pero los chicos ya estaban de regreso después de haber luchado contra el pobre animal luego de que este tratara de morderlos por atreverse a perturbar su sagrada paz con todo el ruido que armaron. Aunque solo bastó la intervención de Mori para que el animalito se calmara por completo y los jóvenes bajaran del lugar, ya con la prenda entre sus dedos…
—¡Eh, Haruhi!, ¡si no te apresuras te dejaremos atrás!
—¡Hay que recoger las cosas, parece que va a llover!
Los gritos de los muchachos tuvieron la virtud de sacar de la abstracción en la que se encontraban a los dos jóvenes que continuaban a medio camino de bajada…
—Tienen razón— intervino Kyoya, hablando sólo para que la joven lo escuchase —hay que bajar pronto de aquí si no queremos mojarnos— continuó diciendo, mientras bajaba de aquella rama de un ágil salto.
Haruhi se impresionó bastante ante la agilidad atlética del muchacho de ojos grises; dudó un poco aún arriba y cayó sobre la espalda de él.
Kyoya –después del susto- aliviado por haberla salvado de una caída –y golpe seguro- dijo con un claro tinte de diversión, queriendo mortificarla…
—No creí que mi novia fuera un koala.
Ella, sonrojada enteramente, solo atinó a contestarle —¡Cállate!, aún no podemos decir nada a los demás, ¿recuerdas?— Una idea surcó su mente súbitamente —Por cierto, ¿tus animales favoritos son los koalas?
—Creo que desde hoy, sí— le contestó él, con un leve toque de diversión en su voz, ante el desconcierto de la muchacha —¿por qué la pregunta?— añadió, curioso, muy a su pesar.
—Bueno, hace algunos años, me regalaste un oso de felpa con forma de koala, ¿no lo recuerdas?
Él hizo memoria. Por supuesto que sí lo recordaba. Esa fue, después de todo, la primera vez que había regalado algo a una chica. —Pero aunque debo admitir que aunque ellos no eran mis favoritos antes, desde hoy, lo serán definitivamente— terminó, con una sonrisa ladeada, divertida, en un gesto típico de los Ootori— ya que al parecer, tengo sobre mi espalda al ejemplar de koala más adorable que he podido conocer en mi vida.
—¡Tonto, bájame!— masculló irritada, y avergonzada, al haber descubierto aquella faceta de él, cuando la información llegó a su cabeza finalmente.
—¡Haruhi, espera!— trató él de detener los intentos por bajarse por parte de la muchacha —¡no puedo mantener el equilibrio si te mueves de esa forma!
Y en el forcejeo, ambos cayeron al piso, ella sobre la espalda de él. Los demás miembros del club les miraron sorprendidos, por el ruido, pero enseguida corrieron a socorrerlos, mientras Honey y Mori intercambiaban una pequeña sonrisa cómplice…
Y el sol brillaba de nuevo, las nubes de tormenta se habían alejado.
Y lo que prometían ser nuevas y asombrosas experiencias se vislumbraban a lo lejos…
Y en su habitación, Haruhi se levantó asustada por lo que consideró una horrible pesadilla…
o°oOo°oOo°oOo°o
Abrió los ojos con sorpresa y casi había gritado debido al susto que le provocó lo que… después de algunos segundos de meditación, no había sido más que un sueño…
Afortunadamente nadie la había escuchado… o al menos eso creyó hasta que…
—¡Haruhi! ¿¡Qué te ha sucedido?! ¡¿Has tenido acaso alguna horrible pesadilla?!— la voz de los gemelos en coro se hizo escuchar en medio de la oscuridad de la noche.
Enseguida se dio cuenta de que de hecho… había gritado… y fuertemente, por las reacciones que vio en los rostros de sus amigos.
Todos habían ido a ver qué sucedía.
Todos menos uno.
Kyoya no se encontraba allí.
Su corazón se sintió súbitamente incompleto.
Se apresuró a tranquilizar a todos con las mejillas sonrosadas –después de que le hubieran preguntado sobre qué había tratado su pesadilla- tratando de olvidar aquellos pensamientos de abandono que sintió repentinamente.
Todos sus amigos habían ido enseguida a verla… ¿acaso no debería haberse sentido afortunada?
Es que le había hecho falta él.
—No creí que mi novia fuera un koala.
[…]
—Por cierto, ¿tus animales favoritos son los koalas?
—Creo que si antes no lo eran, desde hoy, definitivamente o serán, ¿por qué la pregunta?
—Bueno, hace algunos años, me regalaste un oso de felpa con forma de koala, ¿no lo recuerdas?
Él hizo memoria. Le era fácil recorda un detalle como aquel —Por supuesto que sí. Pero aunque debo admitir que ellos no eran mis favoritos antes, desde hoy, lo serán definitivamente —terminó, con una sonrisa ladeada, divertida —ya que al parecer, tengo sobre mi espalda al ejemplar de koala más adorable que he podido conocer en mi vida.
Miró el ejemplar de koala en felpa que había sido dado por su sempai hacía algunos años atrás, y que jamás había abandonado desde ese entonces su mesa de noche.
¿Qué rayos había sido ese sueño?
o°oOo°oOo°oOo°o
—Haruhi, ¿quieres salir conmigo?
—Yo… ¿Qué? ¿Por qué?
—Eres muy densa—Kyoya rio. Habló lento pero sin dudas. —Eres una… — se detuvo un poco, su largo dedo levantó la barbilla para que sus ojos se encontraran de nuevo. Haruhi se sonrojó, su corazón latía más y más rápido, y su mente se quedó en blanco. Solo vio la mirada brillante, límpida como el agua cristalina del joven ante ella…
Y cuando vio esa mirada, sin cristales de por medio… -¿Cuándo se había quitado los lentes?- supo que estaba perdida…
Un claro resplandor de felicidad estaba creciendo en su interior a pasos agigantados…
Haruhi sentía como si el tiempo se hubiera pausado en esos momentos… sin embargo, fue su boca la que habló antes de que su mente siquiera meditara lo que pasaba por ella…
—¿Por qué yo, sempai? ¿Es alguna clase de broma o algo por el estilo?— Haruhi pensó en voz alta y se arrepintió al segundo siguiente. Quería golpearse a si misma por destruir este momento. Kyoya apartó la mirada, y se ajustó las gafas para recuperar su máscara.
—¿Eso crees?
—Yo… eh— tartamudeó, ante la mirada intensa reflejada en aquellos ojos grises…
—¿No crees que pueda ser serio acerca de algo como esto acaso?— él había interpretado el silencio de ella, y había fruncido inmediatamente el ceño.
—¡Eh! ¡Haruhi! ¡Kyoya-sempai! ¿por qué no esperaron a que saliéramos todos juntos?
—Lo siento, Haru-chan— dijo Honey, disculpándose con Haruhi pero dirigiendo la mirada a Kyoya en realidad — Takashi y yo quisimos retenerlos cuando Tama-chan nos avisó que tú y Kyo-chan vendrían a comprar algunos pastelillos para la cena, pero al parecer, deseaban escogerlos por ellos mismos.
Era una mentira… una mentirota, y los dos involucrados se encontraron súbitamente conscientes de que los mayores del grupo al parecer sabían lo que realmente estaban haciendo allí, ambos.
Haruhi agradeció internamente en aquel momento el que los gemelos los hubieran interrumpido antes de que ella pudiera darle una respuesta adecuada.
Ahora no sabía si en realidad había sido una buena idea…
Aún en medio del cansancio que sentía, y aunque trataba de volver a dormir con todas su fuerzas, todavía rondaba por su mente el qué habría respondido si hubiera tenido que hacerlo en ese momento…
Kyoya Ootori no es alguien perfecto. Tal vez sí es bastante alto, sus movimientos son parsimoniosos. Y nadie duda de su fría mirada. ¿Encantos? Tal vez alguno, muy, muy en lo profundo de su ser… ¿por qué no? Bajo todo ese hielo… Pero ¿un príncipe?... mas bien el "Rey entre las sombras"…
—"Eres muy bueno analizando a la gente, Haruhi-kun"
La susodicha "Haruhi-kun" no se dio cuenta de que estaba pensando en voz alta hasta que escuchó a sus clientas comentar su muy profundo análisis acerca de la personalidad del vicepresidente del Host Club. Ella, por supuesto, no deseaba hacerlo, pero debido a que algunas chicas le habían atrapado en su camino al club, solicitándole muy amablemente su punto de vista acerca de la actividad –y ello incluía una opinión del ganador de la misma por supuesto-, y retrasándola por ello a cumplir con sus obligaciones en ese lugar… hizo lo que cualquiera con la personalidad de Haruhi haría: una concienzuda reflexión acerca de su sempai, buscando salir lo más pronto posible del asunto.
— "Es verdad, después de todo, es la única persona capaz de diferenciar a Kaoru-kun y Hikaru-kun ¿ne?"
– "Bueno, yo no diría que hubiera sido un buen análisis, pero así es como yo lo veo"
—"Interesante punto de vista, Haruhi-kun, pero dado el hecho de que el que estés aquí perdiendo el tiempo en lugar de atender a las clientas que esperan por ti no ayuda al Host Club al cual voluntariamente decidiste unirte, preferiría que guardaras tus opiniones acerca de mí para más tarde."
Y Haruhi se congeló al instante en que escuchó a Kyoya Ootori, el "Rey entre las sombras" materializarse justo a su lado, en la puerta de la Tercera Sala de Música… y con una expresión que decía que lo había escuchado todo…
Era ciertamente alguien digno de admirar… siempre atento a su alrededor, a pesar que a veces parecía no prestar atención a lo que le rodeaba…
— Haruhi, ¿sabías que el melón es uno de los sabores más famosos entre los fabricantes de aperitivos?
— ¿Eh? — se extrañó Haruhi ante la súbita ruptura en la línea de sus pensamientos.
— No entiendo de estas cosas — continuó él, nuevamente ignorando la consternación de su acompañante —pero hacer que los aperitivos de maíz tengan sabor a melón, sin ser ningún melón… ¿no tendrían un sabor extraño?
— Ese es un punto de vista interesante— dijo entre risas, Haruhi y después de un tiempo de vacilación en el que su cerebro proceso la información.
La primera vez que Haruhi se dio cuenta de que Kyoya realmente se preocupaba por Tamaki como un amigo, se sorprendió y se sintió algo aturdida.
—"Esconde bien su corazón"— pensó, al verlo comprar los bocadillos de melón en la feria plebeya.
Y la segunda vez…
—Sabe bien—admitió —A Tamaki le encantaría esto— Y sin pedir el consentimiento de su acompañante llamó al camarero y pidió 4 cajas.
Haruhi sintió que su corazón latía más deprisa. Esta era la segunda vez que escuchaba-de la boca de él mismo- que Kyoya-sempai pensaba en los demás...
—"Por qué siempre escondes este lado de ti a los demás, sempai?"— Se preguntó, curiosa, muy a su pesar.
—¿No vas a comer?— Le dijo él, ignorando los pensamientos que surcaban la mente de la castaña. Cortó su pizza para ella. Ten y le extendió un tenedor.
—Gracias— fue lo único que pudo articular Haruhi, en medio de su turbación.
… la segunda vez solo sirvió para confirmar dos cosas…
La primera, Kyoya Ootori tenía un valiosísimo corazón, que trataba de ocultar fervientemente ante los demás… y el porqué, era algo que siempre le llamó la atención.
Y la segunda: Kyoya Ootori era alguien que se había metido en su mente, sin previo aviso…
—¡Kyoya-sempai! ¿En verdad está muy molesto con nosotros por lo de hoy?
—Deduces bien, Haruhi— contestó sin mirarla —¿Por qué? ¿Temes por lo que vaya a hacerles a ellos, acaso? —terminó, contestando a su segunda pregunta.
La muchacha pareció meditar por un momento su respuesta, antes de responder finalmente:
—No en realidad —dijo mirando a la lejanía, a sus amigos que seguían avanzando en esa extraña competencia que se habían propuesto— después de todo, ya le he dicho que creía que Kyoya-sempai no es en realidad una mala persona —las pupilas del pelinegro se abrieron estupefactas, por solo una milésima de segundo, aunque su expresión no varió en lo más mínimo —y aunque creo que pude haber ocupado mi tiempo en algo más productivo… —Haruhi pensaba en su intento fallido por ir al supermercado—de hecho, como le dije antes, me pareció bastante divertido, después de un rato, el seguirlo por todos lados —continuó ella, ajena a la incomodidad de su acompañante.
El de ojos grises la observó con detenimiento, parada allí, ignorante de lo que acontecía a su alrededor¸ nada más que la verdad impregnada en esos enormes ojos suyos…
—Oye Haruhi —dudó un poco, pero continuó enseguida, cuando ella volteó a observarlo —Lo gané, y ya que no me gustan estas cosas, creí que sería bueno que la única chica del grupo lo tuviera…. Como un recuerdo del día de hoy— y le tendió un bonito peluche en forma de koala, que había ganado en uno de los juegos de la feria plebeya.
Haruhi tomó el pequeño objeto entre sus manos y sonrió, arrebolada.
Kyoya Ootori después de todo, era amable y… tierno…
—Después de todo tuviste que aguantar el día entero a esos inútiles ¿o me equivoco? Además, — lo que sea que iba a añadir, decidió reemplazarlo con otra frase, ya que la chica no se movía de su sitio—Creo que si te quedas allí parada más tiempo, comenzarán a salirte raíces…— comentó de manera que a Haruhi se le antojó burlona…
…a su muy particular modo.
Siempre lograba desestabilizar su mundo, aunque de forma inconsciente… aún para ella…
—Aunque puedas tener una idea equivocada y creer que tienes todo el tiempo del mundo cuando eres joven… la realidad no siempre es así… Deja de perder tu tiempo en actividades sin valor—reprendió severamente Yoshio Ootori a su hijo, esta vez, sin toda la atención mediática de la bofetada del día anterior.
Aquellas palabras parecieron sacarla de la abstracción en la que se encontraba, luego de que el vicepresidente del pronto extinto club le dijera que su deuda había quedado saldada.
—En este Host Club, Kyoya-sempai trabaja para que todos puedan pasar buenos momentos— interrumpió la reprimenda del padre al hijo, ante la sorpresa de este último —Haciendo que todos pasen buenos momentos, también nos sentimos consumados y satisfechos en nuestro interior… Hacer que la gente pase buenos momentos, ¿es una actividad tan inútil?... Yo creo que Kyoya-sempai es, una persona admirable—dijo con firmeza, ante el autor de los días de su compañero de ojos grises, mientras éste optó por alejarse del lugar sin decir una palabra a los adolescentes vestidos en sendos trajes blancos, en medio del gran salón de la Academia.
—Ya veo— dijo para sí mismo el patriarca Ootori —Así que esa fue la estudiante especial que mencionó Kyoya… —concluyó con curiosidad matizada en su voz grave…
Todos aquellos momentos…
Cuando miró cómo el propio padre del muchacho lo trataba, sin tomar en cuenta que de hecho, tenía por hijo a alguien sumamente hábil, e interesado siempre en complacerlo…. No había dudado ni un segundo en salir en defensa de lo que parecía ser la felicidad del muchacho… sus amigos, el club… resaltando el hecho en su mente el que el joven parecía atesorar más que nada los momentos que pasaba allí, con todos ellos…
Cuando va cabeza a cabeza con él, durante el festival de deportes; cuando busca la compañía del acogedor y agradable silencio en el apartamento de él, para estudiar… o simplemente hablar de algo… dándose cuenta que en realidad está suprimiendo algo más que su corazón. Eso es algo que ciertamente la perturba enormemente, y a la vez, la atrae, sin razón.
Y se encuentra observándolo cada día más...
Una sonrisa genuina cuando los demás están ocupados; un suspiro, no de resignación, sino de familiaridad cuando Tamaki sugiere algún otro viaje; unas pocas palabras de alerta a Honey acerca de que Mori ha estado más callado que de costumbre… todo ello se suma y va llenando espacios en blanco, mucho más rápido de lo esperado.
Sonrisas malvadas, palabras afiladas, ojos fríos y silencios desaprobatorios llenan más espacios.
Fue la preocupación por la madre de Tamaki, lo que sin embargo, constituye la clave para darle acceso a la imagen más grande de lo que Kyoya Ootori realmente es.
Cuando regresó de Francia lo pudo ver. El completo éxito, amabilidad y sin duda, amistosa camaradería reflejada en aquellos ojos grises. No importa que esto último se oculte tras el cristal de sus gafas tan profundamente como para parecer existente siquiera. Ella lo vio. Y ese hecho es suficiente.
—Ummm…Kyoya-sempai—golpeó la puerta de amigo—¿cree que podría estudiar aquí un rato?
—Ellos pueden llegar a ser bastante molestos en ocasiones, ¿no?— respondió él, despreocupadamente, sin voltear siquiera a verla.
Ella se encogió de hombros —es solo que les emociona vivir juntos, creo… — el "aún después de todo este tiempo" no fue dicho, por supuesto.
—Eres libre de quedarte si lo deseas—dijo él, extendiéndole la cafetera que se encontraba a su lado izquierdo, invitándola a tomar algo.
No podía ignorar que él se había vuelto un compañero de estudio tranquilo, un cambio positivo en medio de la distracción que eran los demás como compañeros de estudio. Ella hacía comida para él, y él de vez en cuando hablaba para sugerirle algo. Rara vez Kyoya intercambiaba sus ideas con libertad, pero cuando lo hacía, discutía durante horas con ella. Se había convertido en una relación bastante simbiótica, en la que él casi siempre dejaba sus libros de texto en su lugar. Y bromeaban diciendo que iba a comenzar una nueva deuda por cada vez que ella le hizo olvidar las cosas allí, obligándolo a regresar. Si él no hubiera estado de tan buen carácter cuando volvía, Haruhi le hubiera tomado la palabra ciertamente…
Ahora que por fin vio y aceptó todas las piezas, el rompecabezas que armó fue suficiente como para sacudirla, solo un poco, y sintió de pronto que ya no podría verlo de la misma manera, porque desde hace varios años que no puede mirarlo y visualizar al lejano hombre egoísta que siempre pensó que era.
Antes de que pudiera dar la vuelta, una mano delgada se coló hacia adelante. Haruhi pudo sentir el calor emanado del cuerpo detrás de ella y la otra mano, la de Kyoya, entregó el dinero. Sentía como si el muchacho la abrazara. Una sensación extraña la invadió en alguna parte, pero no pudo precisar el lugar.
Respiró profundamente.
Error.
El olor de la colonia de él le invadió las fosas nasales, causándole vértigo.
Ella nunca había tenido un contacto tan íntimo con él antes. Y menos dos veces el mismo día. Pero había algo sobre Kyoya que la hacía querer saber más. Era una persona tan oscura y serena en el exterior, pero por alguna extraña razón, Haruhi disfrutaba de su compañía. No era una persona molesta; sin embargo, le incomodaba de él que siempre mantuviera su guardia en alto... como si hubiera construido un muro a su alrededor para protegerse de otras personas y casi como si, deseara proteger a otras personas de sí mismo. Había oído muchos rumores de que era frío y egoísta, pero había aprendido hacía mucho tiempo que aquellos eran rumores infundados. Jamás olvidaría los pequeños momentos en los que demostraba su preocupación por los demás… aún cuando ningún beneficio económico o de algún otro tipo le llegaría.
Sonrió, pero se dio cuenta repentinamente que su fragancia ya no estaba allí. Estaba afuera esperando por todo el mundo de nuevo. Frunció el ceño ¿Por qué tenía que ser tan confuso todo con él?
—Tiene un novio muy guapo— sonrió la tendera.
—Uh no es mi novio— contestó ella, arrebolada.
—Oh—la ya algo mayor tendera lucía confundida mientras decía – bueno, pues ciertamente tiene mucho cuidado de usted.
Haruhi podía sentir cómo un profundo rubor cubría sus mejillas… ya no estaba roja… ¡estaba casi morada!...
Se dio un golpe mentalmente… sintiendo que ha tratado –inútilmente al parecer- de esconder, aún inconscientemente un sentimiento que ha ido creciendo poco a poco con ella… con los años que lleva junto a él… colocando una barrera que su mente se encargaba de ocultar bien detrás de su ingenuidad para que nadie entrara en su corazón…
Sin darse cuenta que de hecho, éste estaba ocupado ya por alguien…
¡Y sí que lo había intentado!
Para que nadie moviera su mundo, en perfecta sincronía, hasta que ellos llegaron a su vida.
Hasta que él llegó a su vida.
Desde hacía tanto tiempo atrás…
—Su novia es muy linda, joven— un señor que había entrado a la cafetería y vendía flores interrumpió casualmente, — ¿No desearía comprarle algunas rosas mientras esperan su café?
Antes de que Haruhi pudiera decir algo –o negar algo- Kyoya escogió algunas de las rosas rojas y lilas de entre las que el vendedor les ofreció y pagó rápidamente por ellas.
¡Había sido tan tonta!
—Oh, es verdad, presté mi paraguas a Tamaki-sempai— le recordó ella.
Y él se llamó idiota interiormente, al no haber notado los hombros mojados y algunas gotas de agua en el cabello cuando hubo llegado hacía instantes atrás apenas…
—No me importa compartir—Kyoya abrió su paraguas y salieron. Haruhi trató de mantener algo de espacio entre ellos, siendo que las gotas de agua comenzaron a mojar sus hombros. Kyoya parecía estar algo indeciso acerca de algo. Finalmente, levantó el brazo y tiró de Haruhi pero enseguida su cuerpo se puso rígido -¡había sido una reacción involuntaria! y el muchacho bajó inmediatamente el brazo. —Lo siento, Yo solo… estabas mojándote—Explicó con nerviosismo mientras la castaña pensaba en el por qué tenía una reacción diferente con él, cuando con Tamaki hace un rato –cuando se cruzó por ellos a medio camino de la entrada de la Academia- pareció estar cómoda.
Los sentimientos contradictorios que se agitaban, furiosos, en su interior….
Siempre que se sentía desventurada cuando no lo miraba preocupándose por ella, pero a la vez la sensación similar de pesar cuando lo vio preocupándose por ella cada vez que se metía en problemas….
Ahora entendía todo.
La extraña sensación -¡desde que estaba en Ouran incluso!- que creyó parte de los síntomas de un mal resfriado que no se curaba aún a pesar de que se abrigara bastante; que la dejaron sin aliento, como si no pudiera respirar… cuando veía a aquellas muchachas compañeras suyas coquetear con el joven. Cómo le molestaba el pensar que tuviera una novia, y a la vez le aliviaba de cierto modo el que no pudiera tenerla con el carácter que se gastaba el muchacho, y lo miserable que se había sentido al imaginar que podría hacerle daño poniéndose nuevamente en peligro…
—Kyoya-sempai ¿está bien?— preguntó lentamente, casi temiendo la repentina tensión que cayó sobre ellos. Kyoya se acercó lentamente a ella, y justo cuando se encontró al frente de ella, abrió la boca.
—No estoy bien. Estoy enojado. Estoy enojado contigo —Dijo con voz peligrosa y una mala aura alrededor suyo que hizo que Haruhi se tensara.
—¿Por qué está enojado conmigo?
—¿Por qué?— Se inclinó hacia abajo para que sus ojos se encontraran con los de ella—Debido a que hiciste que me preocupe. Me preocupé tanto y preocuparme no trae ningún mérito, así que estoy enojado contigo— aquellas palabras la habían sorprendido en verdad, pues sonaban no como a una frase obligada y cortés, de las que acostumbraba dirigir a las clientas de antaño, sino como el suspiro de exasperación de una persona que había estado bajo mucha presión y que finalmente tenía un instante de tregua...
El enterarse que él aceptaba preocuparse por alguien, y que ese alguien resultara ser ella, hizo que sintiera un calorcito instalarse en sus mejillas. Su corazón comenzó a latir más alto, tanto, que temió súbitamente que él lo escuchara. Él nunca antes había dicho que se preocupaba por ella antes y el conocer ese hecho hizo que la misma extraña sensación de aquellos meses se instalara en su pecho… casi como un resfriado que afectaba todas las funciones de su cuerpo, pero a la vez era algo más… original…
—¿Us… usted está preocupado por mí?— Tartamudeó, en un afán de olvidar aquella sensación a la que no podía ni quería dar nombre en ese momento, mientras el sueño la vencía. El de lentes, por su parte, se volvió sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.
—No vuelvas a hacer eso— dijo, algunos minutos más tarde, tomando el pomo de la puerta, a una aparentemente dormida Haruhi —No me hagas daño de nuevo al verte así… —susurró, como si hablara consigo mismo. Giró la perilla y salió del lugar.
La revelación de aquello le había caído como un relámpago que tuvo la virtud de aturdirla lo suficiente como para no darse cuenta de que de hecho, estaba punto de amanecer… y su reloj en la mesita de noche indicaba que eran casi las seis…
¿Qué había sido ese sueño?
No lo recordaba perfectamente, pero las enfermeras se habían alarmado al escucharla gritar el nombre de uno de los jóvenes que habían venido a visitarla el día anterior.
Recordaba el haber soñado con el accidente, pero era ella la que había sido salvada y no al revés.
Y luego…
Recordaba la despedida de alguien, alguien importante.
Y un sentimiento de profundo vacío le recorrió el cuerpo.
Kyoya.
Había pasado casi toda la noche en vela, pero al fin pudo darle un nombre a todos aquellos pensamientos que tuviera en su noche de insomnio…
Incluso estaba consciente de que tenía que dormir algo, unos minutos quizás… porque ella sabía – y a pesar que él no estuviera tan cerca de ella como antes del incidente de la cafetería- que si la veía con esas bolsas bajo sus ojos iba a hacer lo que hizo la última vez durante las semanas de exámenes finales, cuando ahuyentó a algunos amigos desagradables con la ayuda de Honey y Mori. Y recordaba ahora con una sonrisa cómo los gemelos se habían quejado durante semanas acerca de cuán malvado había sido Kyoya, mientras incluso Tamaki parecía tener más compresión, negándose incluso a molestarla para que tuviera buenas noches de sueño y unos excelentes exámenes finales…
Todo aquello la despertó repentinamente…
—¿Yo estoy?... ¿¡de Kyoya!?- dijo finalmente, atónita.
La simple idea le heló los huesos…
o°oOo°oOo°oOo°o
—¿No respondes nada ante lo que digo?— había dicho Yoshio Ootori, ante el silencio que invadió a su hijo, cuando le hubo dicho aquello
—Es solo que me ha sorprendido su petición, padre— dijo él, después de algunos segundos más de silencio, en que trató de reponer su frialdad habitual.
—Quiero que la estudiante becada sea una de nosotros— le aclaró el patriarca Ootori —tengo entendido que ella desea estudiar derecho— no debería haberle sorprendido a Kyoya el escucharle decir aquello a su padre, puesto que desde hacia vario tiempo se notaba su interés particular por Haruhi —un abogado sería muy útil en la familia —dio por toda explicación.
—Hai, padre— respondió él, con tranquilidad, después de algunos momentos —trabajaré en ello.
—Como era de esperarse de mi tercer hijo— dijo con orgullo — tengo mis ojos en todas partes, hijo— le dijo. —He visto la forma en que la miras. Y estoy permitiendo esto porque sé que ella traerá mérito a esta familia ¿Entiendes?— le dijo, para gran consternación de Kyoya.
—Hai— Kyoya dijo con aire ausente al teléfono finalmente algunos segundos después, cuando su padre hubo ya cortado la llamada.
—Si tienes éxito en casarte con ella, dejaré que seas mi sucesor, sin duda alguna — dijo decidido el patriarca Ootori desde su oficina, en los altos de Ootori Zaibatsu, en Tokyo.
—¿Qué pensé al decirle eso? ¡Con lo densa que es!— se reprochaba absolutamente enfadado el menor de los Ootori en su habitación, en ese mismo momento…
Había escuchado claramente el grito de la castaña, pero no había querido acudir a ella -¡con lo que le hubiera gustado estar en esos momentos con ella!- Pero después de la escenita en la cafetería, se había prometido a sí mismo no perturbarla con su presencia, hasta que ella tuviera una respuesta clara a su tácita -y nada convencional- confesión.
Solo esperaba que los demás tuvieran la decencia de respetar la distancia que ahora deseaba imponer entre ambos…
o°oOo°oOo°oOo°o
—Podrías pedirle a Kyoya que te preste la suya por el momento al menos— sugirió Tamaki.
—¿Qué? ¡no!— dijo con las mejillas rojas la castaña, absolutamente nerviosa, como si hubiera perdido la compostura.
Los demás la miraron extrañados…
—Es solo que ustedes no entienden—cambió rápidamente el tema de conversación —Me gustaba mi computadora, y tenía previsto mantenerla durante mucho más tiempo, ahora no puedo. Solo dos años y tengo que renunciar a ella.
—No te preocupes, vivió una larga y buena vida— dijo Kaoru con una palmadita de comprensión. —Estoy seguro que encontrarás otra como ella.
—Eso espero— dijo Haruhi mirando de reojo a su vieja amiga, tan confiable durante los últimos dos años — Pero voy a tener que ahorrar para ello. Espero que todavía hagan el modelo —suspiró —Tendré que conformarme hasta entonces.
o°oOo°oOo°oOo°o
Tamaki había sentido un poco el cambio que durante los últimos tiempos había tenido su mejor amigo. ¡Y no solo él! Ciertamente, Haruhi parecía estar también extraña. Especialmente cuando estaban uno en presencia del otro. Y no es como si los hubiera visto muy juntos últimamente… Había tratado de sacarle información a Kyoya, era verdad, pero también era cierto que su amigo podía ser particularmente cerrado cuando le venia la gana de serlo.
Pero él era el mejor amigo de Kyoya y como tal le ofendía el hecho de éste no tuviera confianza en él.
Tal vez se deba a lo sucedido en la cafetería hace un par de semanas atrás.
Ahora veía los sonrojos de la castaña las pocas ocasiones en que se encontraba con Kyoya en la misma habitación. Y poco importaba el hecho de que estuvieran todos reunidos en el mismo lugar, la actitud de Haruhi ciertamente cambiaba únicamente cuando su amigo entraba en escena.
Pero él parecía ignorarla.
Y ella tratar de hacer lo mismo con él.
Una repentina idea le surcó la mente.
Si quería que las cosas funcionaran entre esos dos, tendría que hacer algo drástico por sí mismo.
De pronto, Tamaki levantó el rostro, toda la tristeza que había acumulado su semblante después de escuchar la triste historia del fin de la computadora de su amiga, borrada de su rostro. Tiró de las costosas camisas de seda de los gemelos y los sacó de la habitación de Haruhi casi gritando —¡Espero puedas salvar todo su trabajo, Haruhi!, ¡Hasta pronto!
La susodicha se puso de pie, desconcertada por el comportamiento de Tamaki, sin darse cuenta siquiera que el rubio parecía acabar de maquinar una brillante idea; pero desechó esos pensamientos enseguida cuando comenzó a pensar en que de hecho, debería tratar de salvar todo su trabajo, así que decidió ir a la tienda de asistencia de equipos más cercana.
Desafortunadamente, y después de horas de intentos, el amable asistente le informó contrito que no podría conseguir de nuevo los datos y Haruhi regresó a casa aún más desalentada de lo que salió debido a la pérdida de todo su trabajo. Lo único que amainó en algo su mal humor fue el recordar que de hecho, tenía todos sus libros digitales como libros de texto digitales, por lo que estudiar no sería un gran problema para ella.
o°oOo°oOo°oOo°o
Al regresar a su habitación una sorpresa le esperaba… y no es como si las sorpresas fueran algo extraño en su diario vivir…
La verdad es que ciertamente estaba acostumbrada a ellas…
Al menos eso creía, después de vivir con el ex host club de Ouran durante tanto tiempo…
"Mañana te llevaremos a buscar una computadora nueva, Haru-chan. Te esperaremos en la limusina a las ocho.
—Tamaki 3 =) 3 3. "
o°oOo°oOo°oOo°o
La mañana siguiente, una aburrida Haruhi trataba de recordar la razón que la impulsó a estar ese día parada, ataviada de unos pantalones jeans y una camiseta sencilla, afuera de la puerta de su casa en Boston, a punto de subir a la limusina de los chicos…
¡La computadora, claro!
Aún así, se dijo que aquello no debería ser nada del otro mundo, ni debería tomarle demasiadas horas. Debido, principalmente, al hecho de que no tenía el dinero suficiente para comprar una nueva en esos momentos.
Pero desde hacía mucho tiempo había aprendido que el tratar de detener a sus amigos cuando se proponían algo era de hecho… inútil…
Aún recordaba cuando le platicaron de aquella vez que se propusieron ir todos a aquella feria plebeya, tantos años atrás… y que vistieron por sí mismos incluso a un muy adormilado Kyoya, que fue a parar justamente, abandonado, solo y sin dinero, en sus propias manos…
Una sonrisilla divertida iluminó su semblante.
—"¿Otra vez pensando en él?"— se horrorizó repentina y mentalmente la muchacha —¡No! ¡No! ¡No!— negó frenéticamente, en un gesto tan gracioso como adorable.
Aún con ese gesto, se dispuso a entrar en el habitáculo, pero lo que encontró allí simplemente le heló los huesos…
o°oOo°oOo°oOo°o
.
.
.
ABURRIDAS NOTAS DE AUTORA:
¡Hola a todos!
Les he traído un capítulo más que espero les haya gustado.
¡Espero ansiosa sus opiniones!
Mails bomba, tomatazos, mensajes de "¿por qué nos haces esto?"…
¡Todo es aceptado! XD
Ya en serio, espero aún les siga gustando esta serie de ideas locas que se me ocurren…
"Venen a mí en un sueño y se van en otro sueño" XD
como decía el profesor Fansworth de Futurama jeje
Espero ahora ya haya quedado claro la "amena conversación" entre Kyoya y su padre... ¿Cómo que se trae algo bastante ambicioso, no?
Si desde la serie/manga se veía su interés por Haruhi...
Para premiarlos por su fidelidad (¿siguen aquí? O.o *¡fanfarrias para ustedes!*), aquí les dejo un adelanto de lo que se nos viene a continuación:
"LECCIONES" y más allá muajajajaja
—Tú eres en quien confío más, más que en propia familia, a veces, y eres también quien me entiende mejor. Viste algo en mí que nadie más desde aquel entonces en Okinawa, y luego otra vez el centro comercial. Puedes ver más, mejor que yo. Quiero eso y te respeto. Te quiero.
o°oOo°oOo°oOo°o
—Me temo que no puedo permitir algo como eso —le susurró en voz baja, cerca de su oído— Tamaki puede ser tan idiota como para dejarte ir, pero yo no estoy dispuesto a ello. No aceptaré un no por respuesta…
o°oOo°oOo°oOo°o
—Yo he estado pensando en ti— le dijo en tono algo ofendido, como si ella debió haberlo sabido sin preguntar —fuiste difícil de ignorar, ya que suspirabas cada cinco minutos.
—Kyoya-sempai, tratar de ignorarme es casi tan malo como hacerlo realmente— dijo ella, con irritación, resistiendo el impulso de golpear al de ojos grises. Se alejó de él, tratando de dominar ese sentimiento de frustración que la invadía. —No importa, puedes volver a trabajar si quieres…
—¿Así que hemos vuelto al "sempai", eh?
Yyyyyy eso es todo jejeje
Comentarios-dudas-tomatazos-intentos de asesinato XD
Abajo por favor
=)
