DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI

LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO

SERIE DE ONE-SHOT NO ENTRELAZADOS… ¿O SI?

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M: MÉRITOS

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"Frente a los grandes méritos de otro, no hay más salvación que al amor."

Gustave Flaubert

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RESUMEN: Porque definitivamente había mérito en amarla… y él sería un profesor muy exigente, aun cuando no tenía experiencia alguna en ello…

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El primer beso que compartieron fue ciertamente algo que podría calificar como… torpe.

¿Por qué no lo dijiste desde el principio, Kyoya?— dijo la chica con una pequeña sonrisa en los labios, las mejillas sonrojadas —Este día podría haber sido tan diferente…

Es decir, no es como si no hubiera tenido ninguna experiencia en ello.

¡Tenía casi veintiún años, por el amor de Dios!

Sus reclamos mentales pararon en seco cuando se dio cuenta súbitamente que de hecho… no tenía experiencia alguna en ello.

¿Qué esperaban?

Si él era un Ootori, el tercer hijo de la prodigiosa familia que simplemente no podía verse involucrado en ninguna clase de noticia de ese tipo….

Además, desde que descubrió su peculiar manera de sentir por su compañera/compañero de club-amiga, nunca se le había pasado por la mente el intentar siquiera ganar alguna clase de experiencia con otra persona….

¡Si hasta la susodicha tenía más experiencia en el campo que él!

Aunque la "gran experiencia" hubiera sido con otra chica…

Los recuerdos de aquel festival en Ouran en el que disfrazaron a Haruhi de chica para juntar a aquellos dos compañeros… y el posterior resbalón que la joven sufriera para caer directamente en los labios de la otra muchacha poblaron su mente, sacándole una sonrisa…

Y acto seguido, recordó la torpeza con la que se había acercado a él aquella tarde. Los ojos cerrados, las mejillas sonrosadas… un beso tímido, torpe y cálido…

Definitivamente había mérito en amar a esa chica…

Y él estaría encantado de enseñarle a besar, aún cuando él mismo no tuviera experiencia alguna en ello.

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El segundo beso que compartieron fue…

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—Bella— había soltado en un casi inaudible jadeo. La mirada en sus ojos cuando se inclinó a besarlo no tenía precio. Sin el resplandor de las gafas -¿cuándo habían desaparecido?- para ocultarse detrás de ellas era increíble cuán expresivos podían ser sus ojos. Ellos realmente regalaban al exterior cada una de sus emociones. Primero sorpresa, luego deleite, y luego algo rodando hacia la diversión… Eso último fue confirmado cuando sintió elevarse las comisuras de los labios de él, aun dentro del beso.

Estaba a punto de preguntarle qué encontraba tan divertido, cuando sus pensamientos fueron súbitamente interrumpidos al darse cuenta que él cortó el beso repentinamente.

—¿Qué… qué pasa, Kyoya?

—Nada—sonrió él, como regodéandose de un chiste personal —solo no imaginé que nuestro primer beso sería así.

Ella frunció el ceño, sin siquiera detenerse a pensar en la implicación de la frase "nuestro primer beso" — ¿Entonces?

—Así— contestó él, mientras cerraba el espacio entre sus bocas nuevamente.

Antes que la joven se diera cuenta de lo que sucedía, el ya la estaba besando, y dejó escapar un suspiro que no sabía que estaba conteniendo—"¿Es este ralmente el frío y sereno Kyoya?"— pensó, sorprendida. Y gratamente. El aliento atrapado en la garganta—"Nunca creí que fuera tan... apasionado."

Aquel contacto la estaba llevando a la locura.

Casi como si hubiera oído su muda súpica, él la empujó suavemente, separándola de él, permitiéndose tomar algo de espacio. Mientras luchaba por recuperar el aliento, se dio cuenta que no había abierto aún los ojos.

—Kyo...ya — fue algo más que un susurro en medio de la dificultosa respiración. La mano de ella se deslizó por el brazo de él, y sus ojos se abrieron. En el instante en que sus ojos se encontraron, supo que estaba perdida. Ahogándose en las más profundas psicinas grises, impresionada ante la intensidad y adoración que notó en ellas.

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Y el tercer beso fue…

Justamente el día anterior. Cuando regresaron de una salida casual en busca de "ingredientes para la comida de la noche", misma que había terminado en una bonita tarde tomando un helado.

Llegaron a la puerta de la chica y ella se volvió, un leve rubor cubriendo sus mejillas, sumando de manera exponencial a su encanto. Y él se dijo que le gustaba tener el poder de hacer que ello sucediera. Abrió la puerta un poco, pero ella se quedó mirándolo.

—Kyoya sempai, tuve una buena tarde gracias a ti— Y luego hizo algo completamente inesperado; se estiró y le dio un beso en la mejilla. Antes de que tuviera tiempo de responder, ella se había deslizado dentro y cerró la puerta de su alcoba, dejando a un Kyoya con una media sonrisa en el rostro, y un brillo peculiar en los ojos grises.

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Y otro más ocurrió…

Aquella tarde en particular, se encontraban estudiando en lo del joven Ootori, los exámenes se acercaban…

Kyoya levantó la cabeza desde donde se había centrado en las hojas de cálculo sin fin cuando sintió el suave toque de pequeñas manos hasta los hombros. Sabía por experiencia propia que le sería imposible centrarse en su trabajo mientras ella lo estaba tocando, así que ya ni siquiera lo intentó. Era desesperante, y puede ser que le hiciera parecer un estúpido romántico cuando lo dijese, pero fue suficiente para darle fe en Dios. Que esta chica confiaba en él y se quedó con él. Lo amaba incluso cuando estaba en su modo maníaco extremo-solo preocupado por los exámenes que tenía que presentar… y ello era suficiente para él.

Se sorprendió a sí mismo. Realmente le gustaba tenerla a su alrededor. Y tenía que admitir, que ahora le era más molesto trabajar solo que con su aura de calma llenando la habitación. Ella no era alguien necesitada, siendo tan práctica como era, pero aún hablaba más de lo debido una vez que llegaban a casa. Y en la universidad, se encontraban ocasionalmente en los jardines para el almuerzo.

Amaba pasar sus dedos por el suave cabello después de escribir durante largas horas. Ella lo matenía humano. No podía tirar dinero o estirar una falsa sonrisa para mantenerla feliz. Ella exigía honestidad, de la buena. Aún era profundamente tímida a la hora de besar, por lo que normalmente no lo hacía. Él se había dado cuenta que cuando ella se sonrojaba y apartaba la mirada, era más susceptible a la intrusión en su espacio personal.

Y él aprovechaba… a veces.

Y hoy era uno de esos días.

No tenía mucho tiempo, ya que Honey-sempai había llamado a informarles que había comprado varias tartas de fresa, y que planeaba servirlas con té más tarde.

Y él sabía que le sería bastante difícil el volver a concentrarse, de modo que dejó los papeles de lado, y se dispuso a relajarse un poco, molestando a su pequeña novia.

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—Por favor, sempai— se alarmó Haruhi unos minutos después. —Tengo que estudiar para los exámenes que vienen— Y acto seguido se dirigió hacia Kyoya quien mantenía el libro que la muchacha estaba leyendo hasta hacía algunos momentos en el aire y que fácilmente lo esquivó. No se dio por vencida y volvió a intentarlo.

Kyoya comenzó a caminar hacia atrás y en ese momento tropezó, llevándose consigo a la castaña, cayendo sobe el alfombrado piso.

—¡Basta, sempai!— Y tomó el texto de las manos de Kyoya —Es en serio– Estaba a punto de levantarse, pero Kyoya no soltó su agarre —Tengo que irme.

En ese momento, Kyoya cambió las posiciones y ahora estaba él sobre ella.

—¿Kyoya?— Preguntó ella, con calma.

—No tienes miedo de lo que podría suceder aquí, Haruhi?— y una sonrisa seductora iluminó su semblante.

—Creí que ya habíamos discutido sobre eso, sempai—dijo mirándolo a los ojos. —No tienes nada que ganar haciéndome esto.

—¿Por qué?

—¿Circuntancias?— Dijo después de pensarlo mucho.

—¿Qué pasaría si te dijera que las circunstancas están equivocadas?preguntó, con una sonrisa ladina, de esas que la hacían ruborizarse por completo, para después robarle un rápido beso que la dejó tan roja como una cereza.

—Sempai…— advirtió ella.

—Además, eres mi novia, ¿no?— sentenció el de ojos grises, la voz en tono de burla.

—¡Kyoya-sempai!— le reprochó ella, tratando y fallando sonar severa.

—Bueno, bueno…—le dijo él, levantando las manos, señalando inocencia, aunque su mirada era todo lo contrario. —Te agradezco, Haruhi— le dijo sorpresivamente, terminando la broma, y dejando a la chica en shock durante algunos segundos.

Kyoya continuó, ante la confusión de la muchacha —porque me has servido bien como distracción durante algunos instantes…

—Todo era una broma, ¿verdad?

—Claro, Haruhi, nunca me atrevería a hacer algo… si tú no quieres– completó, cuidadosamente.

La castaña solamente se ruborizó, a la vez que tomó la mano que le ofrecía el muchacho para ayudarle a levantarse.

—¡Hija mía! ¡He venido a..!— interrumpió sorpresivamente un joven rubio.

Haruhi se levantó y tomó el libro del suelo, donde había caído tras el arranque del muchacho de gafas. —No ha pasado nada, Tamaki-sempai— Haruhi dio una sonrisa natural que hizo ruborizarse tanto a Tamaki como al rey entre las Sombras. —Kyoya-sempai estaba simplemente dándome mi libro. Lo dejé ayer aquí.

—No te preocupes, hija mía. —Tamaki tomo los hombros de la muchacha en un gesto que pretendió sea heroico. —Papá está aquí para protegerte de la mamá malvada.

—En primer lugar, sempai no es mi padre—comentó la joven con una expresión cansada, pero en semblante una sonrisita pugnaba por elevar las comisuras de sus labios. —En segundo lugar, no lo necesito para estar a salvo. Kyoya sempai no es un pervertido como sí lo es alguien de los que están aquí, dijo mirándolo.

Despues de ese comentario, Tamaki fue a rumiar su mal humor en una de las esquinas del sitio y Kyoya sonrió ante el comentario defensivo.

—Hasta luego, Kyoya-sempai—dijo Haruhi, caminando hacia la salida. —Y gracias por devolverme mi libro.

—¿Qué hay de tu padre?— Espetó el rubio, rápidamente recuperado. Haruhi no le hizo caso y salió de la habitación. El rey entre las sombras miró a su mejor amigo con una media sonrisa condescendiente…

—Vamos, Honey-sempai llamó hace rato diciendo que el té estaba listo…

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Y el siguiente…

La lluvia comenzó a arreciar con fuerza en las ventanas.

Y los ecos de una tormenta por llegar les calaron los oídos.

Aún cuando Haruhi Fujioka había logrado mantener su miedo bajo control; era cierto también que todavía le era algo difícil mantener la compostura cuando el sonido de un trueno le impregnaba los sentidos.

Aunque ya no se paralizaba como antes, no le gustaba ver a sus amigos preocupándose por ella.

¿Qué podía hacer? Los quería mucho, pero esa era la forma en que creció, y ciertamente le era bastante difícil dejar atrás los viejos hábitos.

Y tenía que ser justamente esa noche en que compartía con Kyoya mientras estudiaban juntos…

—Haruhi— llamó repentinamente el joven de gafas —¿Estás bien con esto?— le dijo refiriéndose a la lluvia que comenzaba a acrecentarse aún más, mientras se quitaba los audífonos de los oídos, dando por finalizada cualquier escucha en la hubiera estado ocupado.

Kyoya había sido el único que –en su vivo derecho- conocía que los temores de Haruhi no estaban superados por completo.

No es que eso le molestara en lo más mínimo.

Después de todo, siempre tenía alguna idea para hacerle olvidar la situación en la que se hallaban…

—Kyoya...— protestó Haruhi, al sentir el abrazo de su novio —¿Qué quieres ganar con esto?

Él sonrió. —No quiero ganar nada con esto, que no sea el placer de estar en tu compañía, Haruhi —Entrelazó sus dedos en el cabello de la castaña y tiró suavemente de ella, mientras la joven se inclinó suavemente hasta cubrir la distancia entre ellos.

Jadeó cuando él puso sus labios en la mejilla derecha, besándola despacio, limpiando las lágrimas saladas que caían por ellas, y las cuales ella misma no se había dado cuenta, antes de inclinarse hacia la otra mejilla, besando sus lágrimas allí también.

—Kyoya… —alcanzó a balbucear apenas mientras él enderezó su cabeza lo suficiente como para mirarla… —yo… yo… —se sintió confusa mientras se sonrojaba furiosamente.

"Adorable."

La siguió con la mirada a la vez que colocó su dedo pulgar e índice en la barbilla de ella antes de inclinarse, sus ojos lentamente cerrándose, cubriendo los labios de ella con los suyos. Ella se maravilló de lo suave que se sentía el contacto de él, mientras lo dejaba hacer…

Él era amable y suave en el contacto, y a ella le pareció que él transfirió todos sus sentimientos en el beso. Podía sentir fácilmente el calor que se extendió por todo su cuerpo, y se encontró respondiendo al beso con fruición.

El joven sonrió por dentro.

Sabía la manera de desviar la atención de la muchacha de esa ligera sensación de malestar que le calaba los poros al escuchar el ruido de un trueno, acompñado por el vistazo de un relámpago a la distancia.

Pero también sabía que no aguantaría la situación mucho tiempo más.

Había tomado mucha paciencia y autocontrol, forjado a través de años de ser criado como un Ootori, el aplacar sus hormonas y no empujarlos a cualquier cosa para la cual él sabía que ninguno de ellos estaba preparado. De modo que, con excepción del primero –y ahra este último que se habían dado-, siguieron los besos castos y distantes entre sí. Él sabía que no tenían prisa, puesto que no pensaba dejarla ir. Tenían todo el tiempo del mundo.

Por lo que decidió simplemente colocarle los audífonos de su reproductor mp3 en los oídos, y las suaves notas del "Vals Medley" de Johan Strauss se filtraron enseguida en la mente de la joven de ojos cafés…

Y cuando sintió que terminó de tranquilizarse, definitivamente; le tendió la mano, una vez más, y la atrajo nuevamente hacia sí mismo, en un elegante intento por empezar a mover los pies al suave ritmo de aquella melodía…

Ante la muda pregunta de ella, él simplemente se encogió de hombros.

—¿Algún problema con ello?— le cuestionó Kyoya, una ceja alzada.

Haruhi reflexionó durante un momento antes de sonreír alegremente hacia él. —Para ti, tal vez, después de todo, eres tú el que va a tener que aguantar mi pobre baile.

—De alguna manera, creo que sobreviviré— Kyoya dijo en voz baja. Le tocó el rostro, luego hizo una pausa y, colocando un mechón del cabello castaño de la chica –que ahora le llegaba hasta los hombros- detrás de la oreja, la miró durante un largo instante, una mirada casi retadora en sus ojos y Haruhi se encontró incapaz de moverse.

—Si te atreves a pisarme, pagarás por ello— le advirtió seriamente.

Haruhi levantó una ceja —¿Crearás acaso una nueva deuda para mí, Kyoya?

—Bueno— dijo aún parado delante de ella—Creo que el pago de esta puede resultar más agradable que las anteriores, ¿no te parece?

Y lo último que vieron los grandes ojos oscuros de Haruhi, fueron los ojos grises –sin cristales de por medio- del joven conocido como Kyoya Ootori, mientras el susodicho se inclinaba hacia ella, buscando nuevamente sus labios.

Después de ese día, no contó los besos que se dieron nunca más.

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ABURRIDAS NOTAS DE AUTORA:

¡Hola a todos!

Espero este episodio de esta Ouran-novela les haya agradado jeje (y que no se hayan perdido ante los saltos de tiempo que he colocado en la misma y ante las escenas algo "subiditas de tono" en algunas partes)

Mil gracias a todas las personitas que han comentado y a quienes no he podido responer aún a sus amables mensajes T.T: okita kagura, Sofitkm, cristianrey1980, PaulaGaTo, , Fblaz, , mutemuia, mitsurey, tsuki-chan, 08ahiru80, black-Kiari, nury14, Haruki-senpai, Koremi-chan, Sarakerim y a todas las personas ue le han dado fav o follow.

¡Muchas gracias a todos!

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Y les dejo con los adelantos del próximo momento sin sentido: "NUBES"

Porque Kyoya Ootori es capaz de sacar provecho, aún cuando las nubes se miren grises.

En realidad, —contestó él mientras hacía ademán de subir sus gafas— he abandonado la idea de tratar de entender los motivos que mueven sus acciones —pero ciertamente, creo que tiene algo que ver con el sentimiento de rechazo. Después de todo, cuando uno se propone a una chica y ésta lo rechaza no es buen augurio para sus posibilidades de éxito.

¿Cómo puedes ser sarcástico sobre algo como eso?—preguntó Haruhi, totalmente ofuscada.

Es que es, en cierta forma, divertido —confesó él, sonriendo ligeramente.

De todas formas, ¿Quién dice que yo iba a rechazarlo?

Kyoya hizo caso omiso y continuó —Pero debido a que pasaste varios años ajena a su creciente afecto, ¿esto vino realmente a ti como un choque? ¿Cómo puede alguien tan perceptivo ser tan ignorante? —Y ya está, lo dijo. Las palabras que ¡por años! él y todos sus amigos tenían en mente, habían sido dichas. Un extraño y algo gracioso sentimiento de libertad lo invadió.

¿Qué?

Pero de nuevo, negando con la cabeza, continuó —Y si te digo, que Hikaru está enamorado de ti también para que no sea una sorpresa cuando se te proponga, entonces tal vez a él sí vas a ser capaz de darle una respuesta apropiada.

¿Hikaru? ¿Es en serio?

Por supuesto — le respondió él con total naturalidad.

Haruhi parpadeó frustrada. EN SERIO no podía ser tan densa. Tantos años y jamás había vislumbrado nada. Respondió, buscando sacudir esos fatalistas pensamientos de su mente –De todas formas, ¿por qué iba él a hacerlo?

¿Por qué? —repitió Kyoya —Supongo que por la misma razón por la que iba a proponértelo el próximo viernes en nuestra cita…

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Muajajaja, supongo que ya todos saben lo que viene ¿verdad?

Personalmente, el capítulo que viene es el que más me ha agrado escribir hasta ahora (junto con unos dos que vendrán después ;) y que torturarán muuucho al Rey entre las Sombras).

Espero ansiosa sus opiniones!

Matta-ne!