DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI

LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO

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OSCURIDAD/OBCECACIÓN

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"Se enamoró de quien no imaginaba, de quien no esperaba y de quien no estaba buscando. Desde ese momento aprendió que el amor no se elige. Es él quien nos elige a nosotros."

Anónimo

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RESUMEN: Porque hay cosas que sólo ocurren en la oscuridad. Y porque ella es alguien obcecado, pero él la ama así…

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Kyoya le dio una mirada. Suspirando, se desabrochó el cierre y se quitó el reloj de su muñeca, poniéndolo sobre el escritorio. Se levantó de la silla y puso sus manos sobre sus hombros. —Te debo una disculpa, Haruhi.

—Me debes más que eso — murmuró, cruzando los brazos con irritación.

Una sonrisa familiar se presentó en su rostro apuesto mientras se inclinaba hacia ella, a la vez que se quitaba los anteojos. Una de sus manos en su cabello, la otra deslizándose hacia la fina cintura. Ella levantó una ceja —¿Qué crees que estás haciendo?

El tiró ella hacia él —¿No es esto lo que querías? — le preguntó con algo de picardía, el deseo brillando en su mirada. La mano en la cintura avanzaba poco a poco hacia abajo, peligrosamente abajo, sus dedos rozando los bordes del fino camisón de seda.

—No— respondió ella, con la mayor naturalidad del mundo, como si su flamante esposo no estuviera casi a horcajadas sobre ella —Yo quería ser más interesante que tu computadora por lo menos durante el día de nuestra boda. Si no puedes al menos pensar hoy en mí, ¿Qué debo esperar entonces para nuestro futuro?

—Yo he estado pensando en ti— le dijo en tono algo ofendido, como si ella debió haberlo sabido sin preguntar —fuiste difícil de ignorar, ya que suspirabas cada cinco minutos.

—Kyoya-sempai, tratar de ignorarme es casi tan malo como hacerlo realmente— dijo ella, con irritación, resistiendo el impulso de golpear al de ojos grises. Se alejó de él, tratando de dominar ese sentimiento de frustración que la invadía. —No importa, puedes volver a trabajar si quieres…

—Así que hemos vuelto al sempai… Estás enojada — afirmó él, al escuchar que lo llamaba sempai, ella solo lo llamaba así cuando tenía algo que reprocharle…

—No, no lo estoy—le dijo con sinceridad, mirándolo a los ojos, por primera vez desde que habían llegado al lugar—Simplemente no esperaba tener que lamentar casarme contigo tan rápido.

Él hizo ademán de acercarse, como si quisiera tomarla entre sus brazos, pero se abstuvo ante la muda negativa de ella y lentamente bajó sus manos hasta ubicarlas a los lados de su cuerpo —Haruhi— suspiró antes de susurrar, con la voz más dulce que jamás nadie había escuchado de él — No estoy acostumbrado a la mendicidad, pero desde que me atreví a mirarte como a una mujer, no puedo reconocerme a mí mismo; me has hecho abrirme a mí mismo al mundo, a tu mundo… por ello no puedo dejar que me dejes tan fácilmente.

—Estoy segura de que apenas y notarás la diferencia— dijo ella con amargura —Puedes llevar tu laptop a la cama contigo, acurrucarte con ella, decirle lo mucho que la amas…

Pese a lo ridícula de la afirmación de su esposa, Kyoya decidió no mostrar ningún atisbo de burla… no quería complicar las cosas…

—Haruhi, ¿estás celosa de mi equipo?— una ceja elevada.

—Creí que lo había dejado claro—dijo, porfiadamente —En el día de la boda, el novio debe ver sólo a la novia.

—En eso te has equivocado, a mi parecer —hizo caso omiso a la mirada incrédula de ella— yo te miro a diario, sólo que he tenido que aprender a controlar los impulsos que surgen en mí al pensar en ti o de lo contrario, no sería capaz de trabajar en nada…

La forma en que afirmó esa última frase fue limpia, clara y concisa, como si estuviera hablando del clima; sin embargo, Haruhi vio en los ojos grises de él, sin cristal de por medio -¿cuándo se había quitado los lentes?- la veracidad centelleante de sus palabras. No fue ciertamente una confesión apasionada, pero era algo más que eso: era una declaración de su amor por ella.

Y deseo…

El alivio entonces se apoderó de su ser y fue capaz de cerrar la distancia que había puesto al principio entre ellos, abrazándolo con fuerza por la cintura. Las manos de Kyoya colgaban en el aire mientras en sus ojos se reflejaba la alarma —Haruhi, ¿qué hizo que…?

Pero ella lo interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios.

—¡Baka! Kyoya Ootori, jamás pensé que diría esto —dijo completamente sonrojada— soy tu esposa, no tu compañera de trabajo. Se supone que conmigo debes ceder a tus deseos, sobre todo en tu noche de bodas — terminó con el rostro casi morado por la vergüenza que sentía al admitir eso, sin mirarlo a los ojos.

—De hecho, Haruhi Ootori— dijo casi saboreando las palabras…. ¡Al fin podía llamarla así!— me he pasado pensando en ello todo el día — le dijo, seguro de lo que decía, y luego bajó la mirada, como avergonzado, un gesto que solo se permitía ante ella —pero perdí la noción de la hora.

Ella dejó escapar un sonido de desaprobación mientras tiraba de la corbata de su ahora esposo —Kyoya, antes de… bueno… tú sabes…

—Lo sé… y lo haré con cuidado, no te preocupes…— dijo despreocupadamente, pero la mirada gris brillando de emoción contenida.

—¿Tú no?..

—No, siempre he estado ocupado con mis estudios, "o tratando de conquistarte", —contestó ante la pregunta tácita de ella—así que jamás tuve tiempo para algo como eso.

—Pero…

—Será… interesante aprender juntos, ¿no lo crees?— le dijo mientras cerraba la distancia que los separaba, su camisa ya en el piso…

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—¿Qué les parece esta?— Pregunto Yamashiro, el agente de bienes raíces que los acompañaba aquel día, indicándoles el amplia sala de estar contigua al gran salón-comedor formal, y Haruhi solo atinó a mirar a Kyoya, quien su vez le devolvió la mirada.

—¿Y bien?— Dijo él, sonando paciente para alguien que no lo conociera, pero para ella definitivamente no sonaba nada paciente en absoluto. Y es que para ser un joven matrimonio conformado por dos personas que por lo general sabían lo que querían y no dudaban en ir tras sus metas, la búsqueda de una casa por sí mismos les estaba resultando relamente frustrante.

—No sé— repondió su mujer.

El agente se dio cuenta de la situación, y decidió terminar con la suave y creciente tensión que los rodeaba—Siempre podemos visitar otra…— pero la joven casada se encogió de hombros. Kyoya sabía que no hacía eso difícil a propósito, pero el dolor que empezaba a taladrar su cabeza ciertamente le estaba poniendo de mal humor.

Ciertamente habian decidido salir de la mansion Ootori y buscar su propio lugar "lejos de casa" a tan solo dos meses de haberse casado, pero es que en verdad necesitaban su propio espacio. Con tantas personas prestas a atenderlos y toda la familia y formalidad rodeándoles -amén de los miembros de Host Club que iban a visitarlos demasiado seguido para su gusto- habían hecho lo posible por buscar algo conveniente, cercano a sus ocupaciones -para que nadie pudiera reclamar nada- y sobre todo, acogedor...

Pero la búsqueda no estaba siendo nada fácil.

—Bien— dijo él, dando por concluida la visita del día. —Ésta es la mas prometedora de todas las casas que nos has mostrado durante toda la semana, Yamashiro-san. Nos quedaremos con esta, puedes pasar por mi oficina para firmar...

—¿Está esa casa en venta?— Preguntó Haruhi, absolutamente ignorando a su marido e interrumpiendo lo que sea que Yamashiro estaba a punto de decir… ambos hombres voltearon a ver a la joven recién casada.

—Ehhh sí— respondio el agente de bienes raíces, apareciendo algo confuso ante los ojos de sus interlocutores.

Ese era Kyoya Ootori, ¿no? El recién anunciado heredero de Ootori Zaibatsu. ¿Por qué entonces se conformaría con aquella casa -que sin ser pequeña, era bastante menos grande que todas aquellas que habia seleccionado personalmente para la joven pareja- cuando le habia mostrado las más hermosas propiedades en venta en aquella bonita región de Tokyo?

Pero la esposa del joven parecía haberle una súplica muda, y Kyoya lo sabía. Aún cuando suspiró; estaba aseguro de que estarían pronto caminando dentro de esa casa, especialmente por ser la primera vez que su esposa mostraba interes en alguna casa cualquiera.

—¿Has tomado en cuenta la frecuencia con la que Tamaki y los otros nos visitarán?— Preguntó él y ella asintió con la cabeza, sin perder de vista la crítica de su querido esposo.

—Todos entrabamos en el departamento de mi padre— dijo ella encogiéndose de hombros. —Estoy segura de que habrá suficiente espacio para todos— Bajó unos pasos hacia el salón principal y se vio obligado a estar de acuerdo. Habría suficiente espacio, incluso con Honey saltando y los gemelos haciendo travesuras.

Era más pequeña de lo que Kyoya hubiera deseado, y sólo pudo suponer, lo que su propio padre hubiera pensado de ella, pero el súbito recuerdo del mundo en el que Haruhi creció, -viviendo en un pequeño apartamento de dos ambientes junto a su padre- le hizo reflexionar que tal vez el resto de las casas eran extravangantes en comparación a esa, grande pero no en extremo pero eso sí, llena de belleza y riqueza absoluta en cuanto a immobiliaria se trata...

—Estás segura?— Preguntó por ultima vez, aun cuando sabía que terminaría cediendo a los deseos de su joven esposa.

Después de todo, se dijo a sí mimso, que el espacio no era importante... porque su hogar estaba donde ella estuviera….

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—Ni lo sueñes. Tengo que estudiar estos archivos para el nuevo caso que me asignaron.

—Negaré que te preparen ootoro.

—En serio crees que me convencerás con algo como eso? Tenemos la nevera llena de ootoro— le recordó su esposa, levantando una ceja.

—Hay muchas posibilidades de que haya ootoro allí también—dijo burlándose de su esposa con suavidad, y ella rodó los ojos. —Padre está tratando de obtener apoyo para ayudar a que el negocio de Fuyumi-nee-san comience.

—¿El negocio de ropa?—preguntó ella y el asintió con la cabeza, complacido de la buena memoria de ella. —Ella me preguntó hace un tiempo si tendría tiempo para ayudar, pero le dije que los gemelos sabrían más de ropa que yo.

Él le dio una pequeña sonrisa, pero ella lo miró, y le cuestionó con la mirada.

—Creo que Fuyumi-nee-san solo quiere tu opinión, en lugar de la de un varón—dijo a modo de explicación.

—En realidad, creo que es una excusa para pasar el tiempo en nuestra casa. Siempre viene con excusas para pasar tiempo aquí. No es que me importe—añadió enseguida, por si las dudas —creo que ella te extraña en la casa principal.

—¿Igual que tu padre te hecha de menos?— Preguntó secamente, mientras ella negaba con exasperación.

—Nunca tendremos privacidad— dijo algo exasperada, pensando en sus otros visitantes hebdomadarios.

—Es por eso mismo que estoy aquí, dijo él, brillantemente —¡Claro! sino, ¿porqué iba a aparecer tan temprano? Pensó ella.

—¿Es por eso que estás aquí? Yo pensé que tenía que ver con los dos meses que… —dejó de beber su taza de té, mientras un tierno sonrojo adornó sus mejillas.

—Eso también podría haber influido en mi visita— aclaró él, gratamente conmovido interiormente porque a pesar de los meses que llevaban casados, ella sún se sonrojaba al hablar de la parte más… íntima de su relación, mientras contemplaba el anillo dorado de ella en su fino dedo anular, y a la vez que se acercaba peligrosamente.

—Sé que no hemos tenido tiempo para estar a solas pero las pasantías me han consumido bastante y…—Trató de frenar el avance de su muy apuesto marido, mientras las mejillas se le coloreaban más a cada paso que él daba hacia ella.

—Estamos en la oficina y…

—Despedí al personal– ella le miró con horror – es decir, les di la tarde libre… ¿no quieres Haruhi?— Dijo con una sonrisa seductora, antes de atraparla en aquel rinconcito de la oficina asignada al pasante principal de aquel reconocido despacho jurídico y que por el momento pertenecía a la castaña, donde la susodicha había huido ante los avances de su esposo, aunque sabía que al final cedería… siempre era así.

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Se detuvo a lavar los platos y asintió. No tenía nada más que hacer y la cocina estaba llena de los ingredientes de todos modos.

—Awwww mi linda hija no solo es una excelente abogada, sino también una gran cocinera. ¡Kyoya-kun debe estar tan feliz de tenerte!—… Dijo soñadoramente Ranka.

—Mmm— hizo una mueca la joven.

—¿Hay algo que está mal?— Preguntó, ladeando la cabeza hacia un lado.

—No, en reaidad, no.— Ella agarró la toalla y se secó las manos. —Es solo que no quería que las horneara.

—¿No quería permitirte hornearlas?— Repitió con incredulidad, refiriéndose a las apetitosas galletas cuyo agradable olor se filtraba por sus fosas nasales. Una vena salió en su frente. —¿Qué? ¿No creyó que mi linda hija pudiera cocinar? ¿Vendrá hoy por ti? ¡tengo mucho que decir a ese hombre!

—Está bien, papá...

—¿Está bien? ¡No lo está! —Cubrió su cara con las manos —pensé que él era el único al que podía confirale el cuidar de ti. Si lo hubiera sabido antes… habría hablado con esos maravillosos gemelos que tienes por amigos, o aquel lindo tipo tipo tranquilo o aquel niño pequeño… o el idiota…— se detuvo en seco. —Bueno, realmente pensé que hice la elección correcta, ¿sabes?— Observó a Haruhi que estaba sentada encima de mientras comía una galleta. —¿Por qué dijo aquello de todos modos?— Preguntó con curiosidad.

La muchacha se encogió de hombros —Dijo que deberíamos solo pedir diez cajas de galletas a la tienda pastelería de Tokyo, o que debería haber pedido a las criadas que las hornearan por mí—terminó, rodando los ojos.

—Oh— La ceja de Ranka se levantó. —Entonces ¿por qué no?

—Porque no estaría hecha en casa si la ordeno a la pastelería y no serían especiales si dejo que otros las hagan por mí— Respondió ella, mirando a su padre como si fuera la cosa mas obvia del mundo. —Y lo más extraño es que se enojó conmigo después de probarlas… no están tan mal, ¿verdad?

—¡No! Definitivamente!— Indicó Ranka. Iba a decir algo mas, pero repentinamente se dio cuenta de algo blanco que rodeaba uno de los dedos de su hija – Haruhi ¿qué es lo que tienes en el dedo?

Miró hacia abajo. —¡Oh! ¿esto?— Levantó su dedo meñique derecho y se encogió de hombros —me quemé mientras estaba tomando las galletas del horno, eso es todo.

—¿Y él vió esa quemadura?

—Antes de comerlas— Ella asintió. —Incluso me ayudo a limpiarla…— y agregó en un susurro que a duras penas fue escuchado por su padre —pero se veía algo enfadado…

—Oh, entonces sí hice la elección correcta después de todo…— rió Ranka.

Haruhi lo miró sin entender la razón de su sonrisa…

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—Haruhi, ¿por qué te casaste conmigo?

—Porque me lo pediste— respondió ella con inocencia.

—Entonces, si alguno de los chicos te lo hubiera pedido antes que yo, lo habrías aceptado?

Ella pareció pensarlo durante algunos segudos que a su esposo se le antojaron eternos. Porqué tenía que ser ella siempre así de obcecada? Nunca –o casi nunca- se daba cuenta de que las palabras que decía, con toda su inocencia y candorosisad, y esos ojos marrones que lo volvían loco, a veces lastimaban…

—No.

—¿No? —por tercera vez en su vida –la primera vez fue cuando le pidió una cita y la segunda, matrimonio a su ahora esposa- Kyoya Ootori estaba pendiente de una respuesta que no era la suya. —¿Por qué?

Ella pareció tatar de encontrar las palabras adecuadas para contestar, antes de decir con una sonrisa en los labios, los ojos enormes, reflejando la más absoluta verdad en ellos.

—Porque ellos no son tú.

Y acto seguido, la castaña dio la vuelta y subió a la habitación de ambos.

Kyoya Ootori sólo atinó a sonreir por lo bajo. Una sonrisa genuina, brillante -de esas que solo ella conocía- lo invadió.

Porque ellos no son tú.

Definititvamente, el estar casado con Haruhi Ootori era todo un desafío… un desafío que había aceptado gustoso, y que estaría feliz de siempre tomarlo –y superarlo-

Porque ellos no son tú.

Ella hacía sus días divertidos.

Con la misma sonrisa -ya más relajada- subió a la habitación que compartía con su esposa.

Al entrar, escuchó la ducha de la lujosa sala de baño encendida.

Negando con la cabeza, caminó decididamente hacia el origen del ruido, mientras se quitaba la camisa… la corbata hacía rato que estaba en el suelo…

Esa mujer lo volvía loco.

Pero no cambiaría esa locura por nada en el mundo.

Esa sería una noche divertida.

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Hora de las aburridas nota de autora, y ¡adivinen desde dónde!

Tarararararan: ¡Francia! Jiji (seh, ya estoy por acá)

Les contaré algo de mi gran travesía:

Este capítulo se terminó de escribir hace unas tres semanas en su integridad (las ideas fueron plasmadas rápidamente como venian a mi mente) y deseaba más que nada (¡más que nada!) el postearlo durante la primera semana de estadía aquí, puesto que durante el resto del tiempo me encontraba editándolo (borrando faltas de ortografía, poniendo signos de puntuación, etc) pero ¿saben qué? ¡Mi computadora se dañó! Aún estando en Ecuador, el cargador no funcionaba del todo bien, pero la llevé al tecnico y compre un cargador nuevo... Pero al llegar aquí: ¡La batería ya no carga más! =( asi que fui con un técnico en París pero la barrera del idioma (que aún no la supero del todo) y el hecho de tener que viajar tanto desde donde estoy para encontrar una solución me desanimaron, puesto que no solo necesito el bendito aparato este para escribirles esta Haru-Kyo- novela, sino también para realizar mis actividades, y preparar mis clases y leer y todo eso...

Cuando al final encontré alguien que me ayude con ese aparatejo, me lo revisó y se dio cuenta que la parte del cargador estaba quemada... ¡quemada! y el arreglo costaba alrededor de 400 euros... T.T así que me salía mejor comprar una nueva que hacer arreglar la anterior... Por suerte tenía esta historia y varios de mis libros de texto (no todos) en mis USB!

Así que aqui me tienen, desde un nuevo pais, en un idioma diferente, y con ordenador portable nuevo... pero debido a que hasta el teclado es diferente (Estoy en un mundo paralelo! O.o) tuve que solicitar una con un teclado americano, así que: NO HAY TILDES NI PUEDO ESCRIBIR SUEÑO, DAÑO, NIÑO y cosas como esas... Seguramente ya se dieron cuenta de ello de todas formas, pero pido disculpas por ello una vez mas puesto que de por si soy enemiga de las faltas de ortografia y les solicito me disculpen por esta vez...

Y las siguientes que vendrán...

T.T

Espero ahorrar para poder comprar una nueva en algún periodo de vacaciones que tenga y en el que tengo previsto ir a España T.T

Quería compartir esto con ustedes, puesto que es la única forma -casi- en la que puedo comunicarme en español.

¿Alguna otra noticia?

Cierto! Acabo de graduarme! (Bueno, ni tanto, fue hace un mes y medio casi que acabe mis estudios jeje) pero ahora soy oficialmente una Doctora en Medicina! Yeih! jiji

¡Fanfarrias para mí! jaja ;)

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Agradezco profundamente a todas las personitas que se han tomado el tiempo para escribir sus pequeñas opiniones acerca de como va avanzando la historia.

Por su amable paciencia y seguimiento, les dejo un adelanto del proximo capitulo, a la vez que espero les hayan gustado esas pequeñas "cápsulas de tiempo" que les he mostrado hoy, que fueron pensadas la pregunta: ¿Cómo sería un día cotidiano en la vida de estos dos? ¡Y voilà! Esto es lo que resultó.

PÁNICO

Ahora se preguntaba si acaso toda la previsión que había hecho había sido en vano. Si todos los esfuerzos para verla habían sido realmente en vano. Tal vez esa relación había fracasado hace semanas… meses atrás.

Tal vez era que ella no podía ver a través de su fría máscara impersonal, después de todo. Su corazón, tan pequeño como era –pues era después de todo, un Ootori- se sentía débil y apretado.

Kyoya Ootori tenía en la mano uno de los archivos de su esposa, y su mundo se inclinó precariamente ante lo que tenía enfrente: los papeles de divorcio presentados por una Haruhi Ootori.

Buscó una silla y se dejó caer en ella, agradecido, al menos, de la soledad de la oficina en la cual podía desmoronarse a gusto. Se quitó las gafas, arrojándolas descuidadamente sobre el escritorio, mientras atraía los papeles para inspeccionarlos mejor.

¿Qué pasó? ¿Apenas se casan y ya van a divorciarse? ¡Sigan conmigo y averiguen la respuesta la próxima vez en esta, su Ouran-novela!

(Me salió estilo comercial XD)

Matta-ne!