DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI

LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO

SERIE DE ONE-SHOT NO ENTRELAZADOS… ¿O SI?

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PÁNICO

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"La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo. "

Víctor Hugo

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RESUMEN: De cómo Haruhi aprende que no debe asustar a Kyoya bajo NINGÚN motivo.

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El solía ser particularmente limpio con las zonas que consideraba suyas y Haruhi lo sabía y apreciaba, y aún más con cualquier lugar que había recibido regularmente su atención –y entre ellos la oficina de su esposa. Ya era costumbre limpiar la desordenada oficina las escasas veces que venía por ella a la espera de su regreso de la corte -es que tenía mucho trabajo siendo el presidente de la Ootori Zaibatsu-, al despacho de abogados donde realizaba la pasantía de su carrera.

Técnicamente, se suponía que debería estar en esos momentos en el hospital, distribuyendo los bonos vacacionales. Los ingresos del hospital fueron un 15% más elevados que los esperados en relación a los del primer semestre del año anterior, y según su apreciacion, era justo dar a sus trabajadores su parte de los mismos. Como era habitual, había terminado antes de lo previsto, y los había enviado temprano, a fin de hacer una visita sorpresa a su esposa para el almuerzo.

Y ni qué decir que los empleados adoraban a su joven jefe. Aun cuando al principio tuvieron dudas –más que nada debido a la juventud del líder- pero sabían que Yoshio Ootori nunca se había equivocado durante los años que llevó la compañía y tuvieron que confiar en la decisión del anterior presidente.

Pero la decisión había superado con creces sus expectativas… pues a pesar de lo serio y joven que podía verse Kyoya Ootori -y como hasta alguien de temer-, sabían muy bien todos el gran trabajo y la perspicacia para el mundo financiero que tenía. No por nada la compañía había tenido más ingresos que el año anterior -algo increíble si consideraban el poco tiempo que el muchacho llevaba en la presidencia-, sino que ahora se encontraba en proceso de absorber algunas empresas en algunos otros países asiáticos y hasta ya pensaban expandirse en el campo europeo, de la mano de compañía de la madre de Tamaki… como hacía algunos años había hecho ya en Estados Unidos.

Y no era solo por eso que los empleados admiraban al Ootori. Sino era mas bien el hecho que era alguien justo, y como tal, les había dado una cuantiosa bonificación en agradecimiento por la labor realizada durante ese semestre. Además que les había enviado temprano...

Como sea, le habían informado que Haruhi Fujioka -ella no utilizaba su apellido de casada en las actividades que tenían que ver en su carrera, a pesar de las protestas de su esposo, ya que le parecía ridículo a este el no utilizarlo, sobre todo cuando después de graduarse era más que seguro que su esposa tomaría el mando del cuerpo de abogados Ootori- estaba en una reunión urgente con uno de los abogados principales de aquel bufet, revisando alguno de los muchos casos en los que trabajaban...

Es tan guapo —suspiraban las féminas que lo miraban pasar.

Lástima que esté casado.

Su esposa aún estudia en la universidad, ¿verdad?

Esos dicen los rumores.

Todos dicen que se casó en secreto, que la chica no es alguien de su posición económica.

Chismes y más chismes… si supieran que Haruhi para él valía más que todas las mujeres del mundo juntas…y que ninguna de ellas sería capaz jamás de reemplazar a su ocasionalmente dulce, siempre despreocupada, bastante obcecada y extrañamente seductora esposa…

Definitivamente todo el personal de Ootori Zaibatsu admiraba en secreto no solo a su jefe, sino más que nada, a su esposa, de quien se decía, era capaz de conseguir lo que quería de él.

Para cualquiera de sus amigos, eran una pareja verdaderamente espectacular, viviendo aún el idilio de los primeros meses de matrimonio... a pesar de que ciertamente, debido a las ocupaciones de él, y a los estudios de ella, no se habían visto tan seguido como hubieran querido.

Pero aún así, nadie dudaba de los sentimientos que los unían...

Es por ello que se había sorprendido mucho al descubrir aquellos papeles en el escritorio algo desordenado de su mujer.

Ahora se preguntaba si acaso toda la previsión que había hecho había sido en vano. Si todos los esfuerzos para verla habían sido realmente en vano. Tal vez esa relación había fracasado hace semanas… meses atrás.

Tal vez era que ella no podía ver a través de su fría máscara impersonal, después de todo. Su corazón, tan pequeño como era –pues era después de todo, un Ootori- se sentía débil y apretado.

Kyoya Ootori tenía en la mano uno de los archivos de su esposa, y su mundo se inclinó precariamente ante lo que tenía enfrente: los papeles de divorcio presentados por una Haruhi Ootori.

Buscó una silla y se dejó caer en ella, agradecido, al menos, de la soledad de la oficina en la cual podía desmoronarse a gusto. Se quitó las gafas, arrojándolas descuidadamente sobre el escritorio, mientras atraía los papeles para inspeccionarlos mejor.

Toda la información más reciente sobre ella se encontraba llenando pulcramente los espacios en los formularios. Sintió un escalofrío en la espalda.

Solamente necesitaba su firma para que estuvieran completos.

Sintiéndose extrañamente vengativo, se preguntó si sería presuntuoso de su parte el firmar ahora y entregárselo en cuanto ella llegara, con su habitual indiferencia, escondiendo el agujero que empezaba a formarse en su pecho.

Mientras contemplaba las plumas en el escritorio de ella, la puerta se abrió súbitamente detrás de él y un olor a rosas inundó su nariz, y, como un golpe quedó registrado en su memoria, una vez más. Era el olor de ese perfume que Tamaki había insistido en comprarle por su último cumpleaños.

Ella le había dicho con ironía que después de años de estar en el Host Club, no podía esperar que se hubiera encariñado con el aroma de las flores.

Se preguntó si Tamaki sospechaba que en realidad ella sí lo usaba, en memoria a los años pasados en el club.

—Kyoya! —Dijo ella con sorpresa —¿qué haces aquí tan temprano?— Preguntó, caminando alrededor de él, con el acelerado ritmo que acostumbraba, y colocando su maletín en el piso junto a la mesa de su escritorio con un suspiro.

Como él no respondió, ella continuó. —Los procedimientos están tomando mucho más tiempo de lo que esperaba para ser un litigio de propiedad—comentó mientras revolvía los papeles de su escritorio —y el doctor Yashima— dijo refiriéndose a su tutor— me ha encargado que sea quien prepare el caso para presentarlo a la corte y…

Súbitamente detuvo su búsqueda, confundida. —¿Kyoya?— Lo miró, observando por primera vez la expresión de su esposo, y como su postura se desplomaba en su silla.

Haruhi casi tropezó con sus propios pies cuando corrió hacia él, sumamente preocupada.

—¿Está todo bien? ¡Te ves terrible! ¿pasó algo en el hospital?

En silencio, él le tendió un fajo de papeles a ella, sintiéndose alejado de la situación, pero a la vez siendo completamente consciente de cada palabra de ella, de cada movimiento, de su aliento incluso.

Y hasta el orgullo que sentía debido a las grandes resposabilidades que dejaban en los hombros de Haruhi a pesar de faltarle aún un año para graduarse lucharon con su propio orgullo, debido a los papeles que había encontrado.

Ella miró con sorpresa los papeles que él le tendió. ¡Eran los mismos que buscaba! Y frunció el ceño mientras le replicaba —estaba buscando esto hace unas horas, tenía que –y su reclamo se detuvo, sus ojos se abrieron con sorpresa, con la realización de lo que él pudo haber interpretado.

—Oh Dios.— Dijo entre avergonzada y asustada. —Kyoya, dime que no leíste esto ¿verdad?— Aunque la verdad se veía claramente en sus ojos.

—Soy un idiota. ¿Cómo pude siquiera pensar que sería capaz de llevar este matrimonio correctamente?— Murmuró él, como olvidado de ella, los ojos inyectados de pánico. Un pánico que nacía del temor de saber que ella se alejaría de él. Que lo que todos temían –y secretamente esperaban- que sucediera, había sucedido… —incluso el idiota de Tamaki se habría dado cuenta de cuándo las cosas empezaron a ir mal.

—¡Kyoya, mírame! Por lo que más quieras… ¡escúchame!

—"Lo que más quiero eres tú... y te vas a ir"— pensó él, pero no lo dijo en voz alta.

—Está mal!— ante la aguda mirada de él, le aclaró— me refiero a que no debería haber puesto mi nombre allí.— Él la miró, confundido. —A lo que me refiero, es que debería haber puesto Naoko Ichihara o algo por el estilo. Yo NO solicitaría el divorcio.

—Pero no nos hemos visto muy seguido últimamente.— Le dijo él, nada aliviado. Era demasiado pronto para sentir alivio. Aún así, se enderezó un poco en su asiento –en el asiento de ella- tratando de recuperar la compostura y perdiéndola. —¿Entonces no estás?

Ella negó frenéticamente. —No, por supuesto que no. Nunca lo haría… bueno, en teoría. Y si lo hiciera, hablaría de eso primero contigo— y añadió, ante la sospresa de él— así es más práctico—se encogió de hombros —Pero no estoy pensando en el divorcio. Ha sido mi culpa. He tenido este importante caso. —Negó frenéticamente. —Prometo que no volveré a descuidarte. Algo como esto no volverá a suceder, Kyoya. ¿Estás bien?

Era el tono preocupado de ella el que le trajo esperanza al girar hacia ella, y él la miró a los ojos con alivio… provisional. Pero necesitaba explicaciones…

—¿Por qué entonces estaba toda tu información en esos formularios?— preguntó, no del todo listo como para confiar en ella todavía. El mundo aún tenía que regresar a su equilibrio perfecto, para él.

Ella se movió enseguida hacia él, sentándose frente a su esposo, quien aún se veía algo pálido. Y procedió a contarle lo sucedido, mientras tomaba su mano entre las suyas. —Hay una cliente que está tratando de solicitar el divorcio. Uno de los peores casos de abuso que he tenido desde que empecé con mis pasantías, pero ella nunca ha tratado de buscar el aspecto legal o de litigios antes. Pensé que iba a ayudarle al darle un ejemplo de cómo llenar los formularios, y el doctor Yashima me pidió que la ayudara con un ejemplo, pero ya no tenía ninguna de las muestra a la mano y yo solo bueno… lo llené por mí misma.

Para Kyoya Ootori, fue un alivio el poder volver a respirar tranquilamente, y durante los siguientes diez segunos trató de convencer a sus músculos de que podían relajarse. En algún momento de su explicación, se habían puesto bastante tensos… y su esposa continuaba hablando.

—Realmente estoy triste, Kyoya. Nunca soñé que verías esto, o que comenzarías a pensar que eran para nosotros. Solo pensé que estaría bien que pudiera mi nombre en ello, dado que jamás llenaría algo como esto… bastante presuntuoso de mi parte, lo admito.

Era lo único que necesitó Kyoya Ootori para ver su fe en el amor, el matrimonio… y la vida hasta cierto punto, devuelta cien veces más fuerte que antes, a la vez que una oleada de extraña gratitud se apoderaba de su ser.

—Bueno— dijo él con voz firme, recuperando la compostura. Y Haruhi se detuvo, parpadeando con desconcierto.

—Está bien— dijo ella, apartándose un poco de él, creyendo que querría su espacio personal.

En cambio, él se le adelantó y se puso de pie, empujándola por la puerta de la oficina, por delante de él.

—¿Kyoya? Preguntó, ahora desconcertada por completo debido a su comportamiento.

—Nos vamos a casa— Le dijo, llevándola por el pasillo. —La secretaria puede decirle a tus clientes que vuelvan mañana.

Perpleja, trató de detenerlo, pero él le respondió besándola con fiereza, y entonces ella lo supo. No podría negarse, aunque quisiera hacerlo en primer lugar. Y lo siguió al auto, sin decir una palabra, donde, apenas entró, él la atrajo hacia su regazo, para luego de varios minutos, soltarla, y arrancar el automóvil, que recorrió enseguida las calles transitadas de Tokyo a toda velocidad.

Unos minutos más tarde, encontró que se sentía aturdida ante las abrumadoras atenciones de su esposo –generalmente circunspecto- para con ella.

—¿Y esto es por?— Le preguntó, después del apasionado beso que compartieron, con la esperanza de que ese tiempo que tomaría él en contestarle les serviría para llegar al menos al piso de arriba. Por primera vez desde su luna de miel, estaba agradecida de que Kyoya había insistido en comprar una casa, en lugar del departamento –pequeño y práctico que ella había sugerido antes de comenzar a buscar casas- puesto que los vecinos se habrían simekemnte escandalizado ante su comportamiento... y apariencia.

—Eso fue por casarte conmigo—le explicó, como diciéndole tonta, por no saber algo tan obvio, según él. Sus labios se curvaron enseguida en una sonrisa divertida cuando la arrastró fuera del coche y prácticamente la cargó por la puerta principal, hacia su alcoba.

—Y lo que viene— la besó rápidamente, dejándola aturdida y sin piso… —es por ser como eres….

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Hora de las aburridas nota de autora,

Muajajajaja, apuesto a que más de uno se quedó como diciendo ¿what?

Bueno, les comentaré que he podido configurar mi computadora portátil inglesa al español, así que ya puedo escribir tildes y la "ñ" por lo que estoy feliz!

Regresaré a mi país en pocas semanas, y allí podré continuar escribiendo hasta que vuelva a ser esclava del sistema de salud en enero T.T

Como sea, agradezco a las personas que aún siguen esta historia, que espero les siga gustando, y en particular, este capítulo casi tragicómico (¿Se nota que me gusta hacer sufrir a Kyoya? XD)

Un adelanto para el próximo capítulo, que saldrá cercano a Navidad :D

¡¿QUÉ?!

RESUMEN: Haruhi comparte la primera navidad con su esposo. Ha buscado qué regalarle, pero no se le ocurre nada... Y algo acerca de las primeras señales de que tu marido es un tirano... y las formas de combatirlo... a lo Haruhi.

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Eso es todo por el adelanto muajajaja.

Un ¡gracias! Inmenso a todos quienes comentan esta historia:

okita kagura, Aigo Snape, 777thHeaven, caro, cristianrey1980, PaulaGaTo,Sofitkm, Yiraf y todas las demás personas que le dan follow y favs...

Díganme qué les pareció este capi, y sus ideas sobre el que viene ¿si?

Matta-ne!

¡Saludines desde Francia!