DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI

LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO

SERIE DE ONE-SHOT NO ENTRELAZADOS… ¿O SI?

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¿¡QUÉ?!

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"Amor no significa mirarse a los ojos, sino mirar juntos hacia la misma meta "

Antoine De Saint-Exupéry

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RESUMEN: Haruhi comparte la primera navidad con su esposo. Ha buscado qué regalarle, pero no se le ocurre nada. Y para Kyoya Ootori, aquello que sucedió era la tercera cosa que no había planificado: la primera, fue el ser amigo del rubio idiota de Tamaki, la segunda, el enamorarse de la mujer a su lado...

Pero tenía que haberlo esperado... después de todo, se trataba de su Haruhi...

Y algo sobre las primeras señales de que tu marido es un tirano... y las formas de combatirlo... a lo Haruhi.

NOTA DE LA AUTORA: La idea del regalo de Navidad fue inspirado en alguno de los epílogos de "En la Torre de Tokyo" -no recuerdo cuál T.T- MAGISTRAL fanfic de Card Captor Sakura, de Mikki-chan.

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—No creo que quieras usar esos pantalones pesados durante el verano— Dijo él, deslizando sus manos y lanzándole una mirada cuestionadora cuando ella abrió la boca para discutir con él—Esa falda—creo, —dijo a la dependienta, quien corrió a buscar lo que Kyoya señalaba.

Haruhi frunció el ceño, pero la sonrisa de él la hizo renunciar a la causa. Años de experiencia antes del matrimonio le habían enseñado el hábito de evitar cualquier conflicto con él.

Y tal vez allí fue donde todo salió mal.

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—La avena es buena para ti – le dijo, mientras su desayuno favorito de invierno -hotcakes con miel de mapple- le era retirado por un criado de su lugar en la mesa de la mansión Ootori, aquel día de desayuno familiar en casa de los suegros, dejando a Haruhi parpadeando confusa, mientras le servían un tazón con la dichosa avena.

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—Son solo algunas cosas que tengo que preparar para la próxima semana. Solo trámites para juicios civiles.

—Bueno, respondió él, reclinándose en su silla. Entonces puedes venir a la exposición en el museo el lunes.

Haruhi levantó la mirada hacia él, pero no dijo nada, indicándole con una ceja levantada que debía seguir explicando.

—Casi todas las personas de la alta sociedad estarán allí. Supongo que ya has elegido un vestido ¿verdad?

—….

—Haruhi….

Parpadeó —Lo siento, Kyoya, no creo que pueda hacerlo, tengo un caso nuevo, te lo dije.

—Habrá una gran cantidad de ootoro allí.

—Kyoya…— suspiró —¿de verdad sigues creyendo que aún funcionaría conmigo algo como eso? Tenemos una pila de ootoro en la nevera, ¿recuerdas?— Se enderezó —Y para que lo sepas, incluso si no lo hubiera, no quiere decir que voy a ir por ello a esa reunión— terminó, indignada.

—Mmm—su marido empujó sus gafas hacia atrás… —ya veo...— y se retiró con una suave sonrisa en los labios.

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—¿Qué es eso?

—¿Qué es qué?

—Eso— Haruhi señaló el jarrón de ocho pulgadas de alto que dos personas desconocidas llevaban cuidadosamente al interior de la sala de estar.

—Eso, es un jarrón de la dinastía Ming, una muy fina pieza de cerámica vidriada que ha sobrevivido desde esos días hasta ahora. Hermoso, ¿no es así?

Pasó saliva difícilmente —¿por qué lo colocan en el centro de la habitación?— Preguntó con nerviosimo, la voz inusualmente aguda.

—Para que sea apareciado por todos. Es un mobiliario muy caro. Me costó bastantes millones de yenes— Se dio la vuelta. —Solo asegúrate de que nadie lo toque. Es un tesoro muy frágil.

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El sonido del vidrio roto se escuchó por toda la mansión de la joven pareja Ootori. Pero nada podría derrotar el sonido de los latidos de su corazón al darse cuenta de quién estaba a unos pies de detrás de ella. Se volvió lentamente, tratando de lavar de su rostro la culpa que ardía en su interior.

—Eso es una pérdida de diez millones, Haruhi— Dijo Kyoya con la cara neutra.

—….

El se subió las gafas. —Y un pedazo de historia también.

—Kyoya, yo…

—Bien, hablaremos de los daños más tarde. Ahora mismo tengo asuntos que atender.— Se dio la vuelta y dejó a una asustada y culpable Haruhi atrás.

La castaña solo parpadebaa en la confusión. ¿Estaba acaso… sonriendo?

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—Usted tiene una hermosa esposa, Sr Ootori.

Kyoya dio un vistazo hacia la mesa de la comida donde se encontraba Haruhi, luciendo otro de los originales Hitachiin. Un gesto algo mitad enojo-mitad resignación en el rostro bonito.

—Sí, lo sé.— dijo él, no sin una nota de orgullo en su voz.

—Pensé que no le gustaban este tipo de reuniones.

Kyoya remontó sus gafas y se limitó a sonreír.

—… Hay… maneras de convencerla… Haruhi es, después de todo, alguien muy aficionado a la historia.

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He sabido que últimamente los accionistas han estado preguntando por cuándo te animarás a darle un heredero a la compañía— comentó casualmente Yoshio Ootori mientras despedía a su hijo y nuera.

No creo que eso les incumba, ciertamente, padre—Y se despidió de su padre, llevándose a su esposa de la mano.

—Sería obstaculizar tu carrera, el tener hijos ahora— Había dicho él, después de aquella cena usual de los viernes en la mansión Ootori, esta vez incómoda, que tuvieran con el padre de su esposo, después que hubiera empezado a hacer preguntas realmente privadas.

Ella solo asintió sin prestale la más mínima atención, ocupada, aparentemente, en la lectura de su próximo caso en la corte, mientras él dejó el asunto por la paz, creyendo ingenuamente que Haruhi era una criaturita consciente.

Pero la mente de la castaña estaba en otro asunto.

Ciertamente nunca había hablado del tema con Kyoya, y en ese momento creyó que hubiera sido una buena idea el haber hablado antes con él del tema... ¿como antes de casarse, quizás?... y aunque ella deseaba ser madre algún día, había sido una especie de acuerdo tácito entre ellos el que ello podría ser llevado a cabo una vez ella terminara sus estudios -para lo cual no faltaban más que un par de meses- y lograra instalarse en algún buen bufet de abogados...

Miró las dichosas tabletitas que tomaba cada día, sin falta-bueno, casi-, sobre la mesita de noche junto a la cama matrimonial.

Las odiaba, pero eran un mal "necesario", de acuerdo a la opinión de Kyoya.

Y ella simplemente no se atrevía a decirle a su querido marido que de hecho, algunas veces no las había tomado...

¡Y es que los estudios y su trabajo como pasante en uno de los despachos de abogados más prestigiados de Tokyo le consumían bastante tiempo!

¿Qué es lo peor que podía suceder?

¡Ah! Las famosas últimas palabras...

Mientras escuchaba el tranquilizador sonido del agua de la ducha que su esposo se encontraba utilizando en el lujoso baño de la habitación, repasó los eventos que venían ocurriendo últimamente y que al principio le desconcertaron, pero después pasaron a incomodarle... un poquito, respecto a la actitud de Kyoya... y respecto a otras cosillas más...

La fama de su esposo en las empresas Ootori era la de alguien integral, consciente de las habilidades de sus trabajadores y a la vez absolutamente serio, y con un tino espectacular en el mundo de los negocios.

Pero para ella, que vivía con él, podría fácilmente ser llamado un tirano... bueno, a veces.

¿Cómo combatirlo sin entrar en su juego?

Una brillante luz se iluminó en su cerebro repentinamente.

Y Navidad se venía acercando...

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Las brillantes luces iluminaban la sala desde el majestuoso árbol de navidad que adornaba una esquina de la misma.

Varios regalos bellamente envueltos se encontraban decorando los pies del árbol, con sendas tarjetas que indicaban a quién iban dirigidos.

Los muchachos llegarían dentro de poco, al igual que su padre. La familia de Kyoya había realizado la tradicional cena de Nochebuena el día anterior, y ese día había sido el escogido por el grupo para pasar juntos.

Y Haruhi por una vez se veía algo aliviada de tenerlos a todos allí.

Algo que notó Kyoya, por supuesto.

¿Qué le sucedía ese día a su normalmente despreocupada Haruhi?

Después de algún tiempo intercambiando regalos, comiendo y jugando, los ex-miembros del Host Club y Ranka se fueron retirando, no sin antes agradecer a los anfitriones y prometerles que estarían sin falta allí para el Año Nuevo, como la familia que pretendían -y siempre habían creído- ser; dejando a la pareja sola, y a una castaña en particular, con mucho en mente...

—¿Estás bien?

—¡Sí!— respondió ella rápidamente, no mirándole a los ojos —Vamos adentro, hace frío.

Él la miró por algún tiempo que a la joven se le hizo eterno—Está bien, después de todo, aún no te he dado tu regalo.

—¿Me compraste algo?

—Eso es obvio, ¿no te parece?— dijo él, con un toque divertido en su voz.

—No es nada ostentoso, ¿o sí?

—En verdad estás preguntándome algo como eso?— continuó, con una sonrisa-para-corazones que tuvo la virtud de poner nerviosa -aún más- a su esposa.

—No, supongo que no debería sorprenderme a estas alturas...— contestó la muchacha, mientras recibía la gran caja adornada co un bonito lazo rojo de manos de su marido, y que contenía un precioso collar de diamantes con pendientes a juego.

—¿Y bien? — cuestionó él, divertido, después de recordarle a su esposa que si quería seguir viviendo, tendría que respirar —me vas a entregar ya lo que me compraste? ¿O me vas a decir que no me compraste nada? — terminó, con un falso tono ofendido en su voz.

Después de algunos segundos, sopesando los pros y los contras de lo que estaba a punto de hacer, y luego de haberse recordado a sí misma que de hecho vivía ahora en medio de la opulencia Ootori, y por tanto, -y aunque aun no lo hacía- tendría que acostumbrarse a ese hecho; con una suave sonrisa en el rostro, la joven se decidió a entregarle su regalo a su esposo... esperando, internamente, que no le diera un ataque...

No mucho...

—Feliz Navidad, Kyoya— le tendió ella un pequeño paquete que el muchacho tomó con lentitud.

—¿Qué es esto?—dijo el joven en cuanto abrió la pequeña cajita de regalo que su esposa le había tendido—¿Un zapato tan diminuto?— la agudeza usual del joven paerció abandonarlo por algunos instantes que a su esposa se le antojaron eternos.

La castaña lo miraba con expresión aburrida.

—Haruhi, ¿Qué significa esto?— el joven de gafas levantó la vista hacia la castaña, bastante aturdido como para armar una frase medianamente coherente.

—¿Qué significa qué, Kyoya?

—Esto... no me vas a decir que tú...— las palabras parecieron ahogarse antes de salir, mientras el chico de gafas miraba aturdido la figura de su esposa, a la vez que una idea harto insólita tomaba forma en su usualmente perspicaz mente.

—¿No has entendido, Kyoya? ¡Vas a ser padre!— la joven simplemente no aguantó más la situación... había sido más divertida de lo que había pensado que sería.

—Yo… ¿lo soy?

Ella asintió, con una bonita sonrisa en el semblante.

Le tomó algunos segundos antes de que esa idea pudiera fundirse en él. Cuando lo hizo, la sonrisa más hermosa que Haruhi le hubiera visto nunca llenó la cara de Kyoya Ootori.

Padre. Kyoya Ootori iba a ser padre. De un niño.

Su hijo.

Se quitó las gafas con gesto automático y tocó el vientre aún plano, que no revelaba todavía la vida que se gestaba ya en su interior- del de su esposa —Haruhi— dijo sin molestarse en ocultar su emoción —Esta es la mejor noticia que he oído en mi vida.

Y acto seguido, la abrazó como si quisiera fundirse en ella en ese mismo instante, denotando la emoción que amenazaba con destilarle por los poros.

Quería gritar al mundo aquella maravilosa noticia, ¡quería girar con ella por los aires!

Pero era Kyoya Ootori, y Kyoya Ootori no hacia esas cosas... Además, un pensamiento furtivo asaltó su mente de pronto...

Y después de algunos instantes meditándolo, se decidió a preguntar.

—Haruhi, aunque ciertamente me ha tomado por sorpresa la noticia, puedo decirte con absoluta honestidad que no me desagrada en lo más mínimo. Pero hay algo importante que deseo preguntarte.

—Dime— dijo la joven, poniendo algo de distancia entre ellos.

—De casualidad, ¿esto fue a propósito?

—¿A qué te refieres?— los ojos castaños enormes escrutando los grises de él.

—A que aún cuando esto es algo digno de celebración, no estoy seguro de cómo ocurrió todo esto— dijo, remontando sus gafas.

—¿En serio quieres que te explique el cómo ocurrió?—dijo divertida, su esposa.

—No me refiero a ese cómo, sabes muy bien de lo que estoy hablando.

Ciertamente Haruhi había querido darle una lección a su amadísimo esposo, pero el pensar en que una pequeña criaturita podría formarse gracias al obvio amor existente entre ambos, era una idea demasiado maravillosa, como para solo dejarla ir.

¿Qué importaban algunas noches de desvelo?

Le faltaban algunos cursos electivos por tomar, y la idea no le parecía nada extraña.

Así que en lugar de tomar precauciones extras debido a sus ocasionales olvidos de las benditas tabletitas esas, cuando aquello ocurría en la oscuridad de su alcoba, simplemente lo dejó pasar...

Pero eso es algo que no dejaría que Kyoya supiera...

—Mmm, talvez... si me alcanzas, te lo diré.

Y subió a paso apurado las escaleras, rumbo a su habitación -a la habitación de ambos- dejando a su esposo algo estupefacto, y aún tembloroso, ante lo que su mente comenzó a maquinar...

Su esposa era definitivamente de cuidado... inteligente, bella, deliciosamente inocente... y de pronto algunas cosas hicieron click en su cabeza... escenas divertidas para él... -como en aquella exclusiva boutique en el corazón de Tokio, o en aquel desayuno invernal en casa de su familia- que seguramente debieron ser cuando menos incómodas para ella...

Pero ¿podía alguien culparlo? En lo que a él concernía, esa era la manera correcta de cuidar de su esposa... y más aún ahora, cuando su más reciente faceta manipuladora, le daban la certeza de que cada día aprendería algo nuevo junto a ella... y ahora, junto a su hijo... o hija.

Su familia.

¿Se parecería a él? ¿Tendría los ojos de su madre? ¿O los cabellos oscuros de los Ootori? ¿O la tranquila, bizarra, pero atrayente personalidad de Haruhi?

Su mente ya empezaba a diseñar numerosos bocetos de la pequeña personita que nacería del amor en su matrimonio...

Y pensar que ninguno de ellos era tan usualmente expresivo...

Y mientras veía las luces del árbol navideño parpadear en medio de la noche, una idea en particular cortó en seco la sonrisa que pugnaba por estirar sus finos labios ante la idea de que un pequeñín estaría celebrando la navidad el año siguiente junto a ellos...

Pero ¿Y si era una niña? ¿Y si algún idiota osaba acercarse con palabras de amor a su hijita? ¡Eso no lo permitiría! ¡Sobre su cadáver!

Kyoya Ootori empezaba a maquinar mil maneras de cuidar a su futuro primogénito... cuando llegara, y aún antes...

Y mientras subía las escaleras en busca de su esposa, solo se dijo que deseaba que la espera no fuera tan larga...

¡Ah! Las famosas últimas palabras...

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Hora de las aburridas nota de autora:

Ok, antes que nada:

¡FELICES FIESTAS A TODOS!

Y QUE ESTE AÑO VENIDERO ESTÉ LLENO DE BENDICIONES Y BUENAS VIBRAS Y MUCHOS, PERO MUCHOS -¡MUCHÍSIMOS!- ÉXITOS PARA TODOS USTEDES.

Éste fue un capítulo especial por ser Navidad y todo eso...

¿Demasiado cursi?

Quizá jaja

La idea, como ya les dije al inicio del capi, fue extraída de uno de los epílogos de este F-A-N-T-Á-S-T-I-C-O (Así, con mayúsculas y deletreado) fanfic de Mikki-chan, que es, para quienes no la conozcan, una genial autora que se ha dedicado desde varios (en realidad muchísimos) años a escribir una muy realista continuación de las aventuras de una ya adulta Sakura Card Captor (mi ídola de niña n.n) y que tiene ya en su haber tres historias terminadas: "El Último Cardcaptor", "En la Torre de Tokyo" -de cuyos epílogos he adaptado la idea de cómo decir a alguien tan agudo y controlado como Kyoya que va a ser padre (tomando en cuenta que de hecho, la retorcida mente que tengo en la vida real le haría lo mismo a mi pobre-futuro esposo XD -cuando encuentre a alguien tan arriesgado como para compartir su vida conmigo XD-), y "El Verdadero Legado", continuando con un nuevo "volumen" de su genialísima obra llamado "Nueva Leyenda", del cual, hasta el momento de escribir esta nota, se han publicado cuatro capítulos.

Bueno, pasando del agradecimiento profundo (aunque no lea esto) a Mikki, por escribir tan bonitas historias, y con un ¡por favor no me demandes! XD es que les comento algo ya en serio, del capítulo.

Espero al idea no les haya parecido extraña o algo así, pero Kyoya es un Ootori, y necesita herederos, ¿no? Jaja

Además que ya sabemos que Haruhi no lo hizo a propósito exactamente... Es que es, después de todo, alguien bastante descuidada en cuanto a estos aspectos se refieren... y pues, ya vemos las consecuencias de sus actos...

Y el que le haya contestado a Kyoya que "ehhh no, no fue a propósito" después de un instante de duda, era, precisamente, con el expreso objetivo de volver loco al muchacho de ojos grises jaja

Y el hecho de ver a un Kyoya un poco "mandón" después de lo visto en el one-shot anterior... es sólo la prueba de la manera de hacer las cosas -y entre ello está el mostrar preocupación por su amadísima esposa- que tiene el joven de gafas...

Espero ansiosa sus comentarios al respecto...

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Así que Haruhi está embarazada...

Y Kyoya está planificando desde ya cómo cuidar a su futuro retoño.

¿Qué locas y divertidas situaciones podrían salir de ello?

Muajajajajajaja!

Esperen y verán todo eso en el siguiente capítulo:

REGALO

RESUMEN: Después de recibir la sorpresa más grande de su vida, Kyoya Ootori sobrelleva el embarazo de su esposa de una forma en la que sólo él podría hacerlo.

Ajeno a los pensamientos de su marido, la sonrojada joven de ojos cafés subía perdida en sus pensamientos…

Y ahí estaba de nuevo…

Tan frío y tan… cálido a la vez…

¿Cómo podría no amarlo?

—"Tienes suerte de que este cabeza dura sea tu padre, bebé…"

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PD: A PARTIR DE AHORA, NECESITARÉ AYUDA PARA ESCOGER EL NOMBRE DEL BEBÉ.

TENÍA PENSADO ALGUNOS, PERO AÚN NO SIENTO QUE HAYA ENCONTRADO ALGUNO VERDADERAMENTE IMPRESIONANTE Y QUE ENCAJE A LA PERFECCIÓN CON LOS OOTORI.

SI PUEDEN (Y DESEAN BRINDARME SU AYUDA) LO ACEPTARÉ GUSTOSA

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PD2: ¿Han oido hablar del Síndrome de Couvade? ;)

Matta-ne!