No hace falta que una relación sea estrecha para añorar, adorar, bendecir.
No hace falta conocerse en profundidad para lograr conmover, llorar, reír.
No hizo falta, pero sí haces falta.
Se necesitan más personas como vos, capaces de utilizar la sonrisa como mejor armamento para lidiar sus propias batallas y dar fuerza al resto.
Gracias, por elevarnos y acercarnos.
Para Rozyho, Roxy, con amor. Y para Adrian, por mantenerte con nosotros.
Regalo para Bandita-kun del año 2022, editado.
Bajo el fulgor de las estrellas
- Parte uno -
La navidad en la mansión de los Li, Hong Kong, podría ser catalogada como uno de los shows más fascinantes de la isla. Adornos monumentales y luces de colores se sincronizaban para dar inicio a una idílica velada, condimentada con los más exquisitos y exóticos platillos que un infante apenas podría pronunciar. Cada detalle y ejecución era obra del impecable desempeño de la servidumbre habitual, cuyos preparativos se iniciaban con un mes de anticipación, siendo supervisados bajo el ojo experto de la matriarca de la familia pese a su ajetreada agenda.
Por tradición, los parientes más cercanos de los Li se reunían en dicha celebración. Condimentos como las sonrisas, animosidad y solidaridad se consideraban esenciales para asegurar el éxito de la velada, y como cada año, una pequeña niña asistía ilusionada de al fin guardar en su memoria el recuerdo de una postal armoniosa y en paz… que hacía tiempo no se concretaba.
Meiling Li, una niña de estatura promedio para sus diez años de edad, cabello largo oscuro como la noche y portadora de unos preciosos ojos en tonos rubí, que combinaban a la perfección con su chispeante personalidad, era la sobrina preferida de la anfitriona de esa noche.
A Meiling le temblaba el pulso cada vez que se presentaba ante Ieran Li, pese a saber el cariño que ésta le profería.
Su tía era una mujer de imponente belleza e intelecto, independiente como ninguna y líder indiscutida; carácter enaltecido tras enviudar unos años atrás. La rigurosa educación impartida por la familia Li, le habían inculcado a profesar un ferviente respeto a sus superiores y acatar toda orden, pero Meiling era un poco… reticente a cumplir con las normas.
Aunque fuera un tanto exagerado definir de ese modo al carácter risueño y travieso de una niña de su edad, bastaba prestar atención al hijo de Ieran para denotar las cualidades que ella halagaba. Sentado en la mesa familiar frente a Meiling, un jovencito de cabello castaño y mirada adusta que la igualaba en edad, estaba condecorado como hijo ideal: correcto, obediente y eficiente.
Un leve sonrojo adornaba las mejillas de la niña cada que lo saludaba. Pese a que él apenas le respondiera con monosílabos y tratara de evadirla en la mayoría de las veces, ella lo quería; porque detrás de su distante personalidad, Xiao Lang era leal, honesto y protector; poseedor de un noble corazón que la había cautivado tiempo atrás y lo había orillado a él a aceptar una propuesta descabellada que los uniría más allá de apellido que compartían.
Mientras el circo de discusiones de la familia daba comienzo, Xiao Lang estaba abstraído dentro de un libro complejo y de inutilidad para alguien como ella. El único varón y heredero de la dinastía Li, había nacido con el don proferido por sus ancestros mágicos, bendecido por los poderes de la luna. Por fortuna, Meiling poseía grandes aptitudes para las artes marciales que juntos practicaban, siendo este el único momento que compartían y que disfrutaba en demasía. Su joven y anhelante corazón bombeaba de emoción en cada lección, y gracias a sus insistencias, había logrado romper una de las barreras del niño, permitiéndole interactuar más allá de los formalismos.
—Ptsss, Xiao. —El aludido apenas atinó a levantar una de sus prominentes cejas sin despegar sus ojos de la lectura—. Te estoy llamando, Xiao Lang.
No hacía falta ser muy discreta con la voz. Sus padres y su tía taparían cualquier interrupción. Aun así, intentaba no llamar la atención o su propuesta se iría al diablo.
—¿Qué quieres? —Apenas respondió el joven, demostrando cierta exasperación en su mirada como en su voz.
—Vamos afuera y hagamos algo divertido.
Xiao Lang negó con la cabeza sin siquiera pensarlo, a lo que ella correspondió inflando sus cachetes como siempre que algo le disgustaba.
«¡Al menos podría tomarse un segundo para considerarlo!», pensó, exasperada.
Los decibeles de la acalorada conversación que los adultos mantenían, provocaron que ambos niños voltearan a verlos, llevando a que Meiling tuviera que taparse los oídos con las manos. Parecía a propósito creer que, en cada navidad, sus familias comenzarán a sacar la larga lista de pendientes que se tenían los unos a los otros, arruinando por completo la velada. Hasta el momento de recibir los obsequios parecía una batalla de egos entre sí que no tenía fin.
Esa nueva "tradición" dio comienzo cuando el patriarca Hien Li falleció unos pocos años atrás, padre de Xiao Lang y sus cinco hermanas. De no ser por su ausencia, Meiling aseguraba que el plan de fuga jamás hubiera sido necesario, porque cada festividad eran risas y juegos compartidos en su compañía. Si bien Xiao Lang nunca fue muy participativo en ese entonces, ella intuía que era quien más sufría la perdida, refugiándose en los pesados libros como el que ahora leía.
Harta de los gritos de su propia madre, Meiling le dio una última mirada a su potencial cómplice antes escabullirse debajo de la mesa, gateando hasta el final de la misma. Aún le quedaba un trecho hasta la puerta que daba al gran jardín e hizo lo propio por esconderse del mayordomo, logrando salir de allí.
La brisa fresca meció sus dos coletas, peinado que recortaba su larga cabellera y le brindaba comodidad para moverse. Debido al clima nocturno, cerró la chaqueta marrón que llevaba puesta y alisó su roja falda que le llegaba a la rodilla y contrastaba con las blancas medias de pierna entera que portaba.
El jardín de su tía estaba calmo. Ningún sirviente se veía rondando por allí y las hermanas de Xiao Lang brillaban por su ausencia. Esperaba no encontrárselas de casualidad o sus fuertes chillidos alertarían a los adultos de su travesura. A paso rápido llegó donde los árboles y arbustos se extendían hasta las mediaciones, algo alejados de la puerta principal. Haciendo un paneo general por su alrededor, agudizó la mirada en la espesura de la vegetación creyendo ver un destello a unos cuantos metros de distancia.
—¿Qué estás haciendo, Meiling?
El grito inicial que pegó del susto fue acallado por sus propias manos. Al girar sobre su eje, constató que ese tono reprochante era de quién ella suponía.
Xiao Lang la miraba con el típico ceño fruncido tatuado en su rostro y manifestaba desaprobación con su postura erguida a brazos cruzados. Su presencia le parecería de lo más varonil y atractiva a Meiling… si no fuera dirigida hacia ella. Que le gustara mucho el chico no significaba que se dejara amedrentar.
—Lo que sea menos estar allí dentro —respondió enfurecida, como si no fuera obvio.
—Deberías hacer oídos sordos como yo y evitar empeorar las cosas. Harás que nos castiguen —zanjó dando media vuelta, encaminándose de regreso a la entrada del comedor.
Meiling no podía creer que solo hubiera llegado hasta allí para sermonearla.
—¡Sí, vete! ¡Total, nadie pidió que vinieras!
—Sí, lo hiciste —acusó él sin voltear, sin detener la marcha.
—¡Pues me arrepentí!
La morena le dio la espalda sintiendo como su rostro hervía de rabia y contuvo los impulsos de seguirle gritando, crispando sus puños a los costados. Xiao Lang siempre encontraba la forma de hacerla enervar y esa vez no fue la excepción, rompiéndole la ilusión de haber recapacitado para acompañarla. Ella no pretendía hacer nada alocado como escaparse, solo salir a juguetear por ahí, pretender ser detectives, explorar el bosque. Aunque, recapacitando sobre su deseo, era bastante improbable que a él le interesaran esos planes. Pero si tan solo se lo dijera con amabilidad, podría pensar en otras opciones como subir al tejado, observar las estrellas en silencio y, tal vez… tomarse de las manos.
¿¡En qué locuras pensaba!? ¡Xiao Lang jamás accedería a tal muestra de afecto!
A decir verdad, el que ellos dos estuvieran ligados el uno al otro fue gracias a su testarudez y conllevaba una cláusula que podría disolver la unión. Se juró así misma estar alerta a cualquier posible amenaza femenina para que no sucedería, ¡pero en ese momento que se fuera al diablo!
Envalentonada por sus sentimientos pisoteados, decidió aventurarse en su propia búsqueda del tesoro siguiendo aquel destello que le había llamado la atención.
A los pocos metros de introducirse en la maleza la abordó un microclima helado que le hizo rechinar sus dientes. Si bien consideraba encontrarse con una temperatura menor dada la espesura de la vegetación, le parecía inusual sufrir un cambio tan abrupto.
Continuó caminando sobando sus brazos, asumiendo que su extrema sensibilidad al frío era el causante. Estaba tan oscuro allí dentro que cada paso que daba era antecedido por su atenta mirada, perseguida por los sonidos de insectos y animales nocturnos que le provocaban escalofríos paranormales.
—Estás en el jardín de tu tía, Meiling. No hay lobos ni criaturas peligrosas por aquí —se decía a sí misma para tranquilizar la temerosa mente.
A unos pasos creyó divisar aquel resplandor de antes. Se apresuró para llegar al sitio, encontrándose con un pergamino dorado pegado en la parte baja de un árbol, similar a los que Xiao Lang usaba en sus entrenamientos mágicos. La simbología era irreconocible para ella y tampoco llegaba a vislumbrar lo que decía. Meiling se acercó lo suficiente para describirlo mejor, dejando que la curiosidad la llevara a investigar. Sus dedos recorrieron los bordes del pergamino a sabiendas de no poder ni querer despegarlo, y antes que continuara la inspección, su cuerpo fue impulsado con brusquedad hacia atrás por algo que la jalaba desde el pie. Al segundo siguiente estaba gritando desaforada tras verse colgada de cabeza al suelo, descubriendo a una rama viviente como responsable de haberla sujetado.
—¡Tonto pedazo de madera! ¡Bájame ya!
Siendo inútil que sus órdenes se cumplieran, Meiling utilizó los frutos de su entrenamiento para elevar el torso y tratar de desajustar la rama que apretaba su tobillo. Sus intentos no fueron suficientes para lidiar con la fuerza sobrenatural del árbol, respondiendo a los ataques tomándola por cada una de sus extremidades. Para ese punto, los chillidos podrían escucharse en toda China y ella rezaba por que así fuera. No soportaba la tensión en sus brazos y piernas, y mucho menos la particularidad en permanecer de cabeza. Entre el desespero, la incertidumbre y las lágrimas nublando su visión, el nombre de una sola persona emergió de sus labios.
—Xiao Lang… —exclamó con la voz ahogada.
Si lo contara nadie le creería.
Al terminar de suplicar por su rescate se sintió libre de amarres cayendo en picada al suelo, amortiguando la caída a tiempo por unos brazos pequeños y vigorosos, capaces de soportar su peso con algo de esfuerzo.
—¡Pero qué tonta eres! ¿¡Qué crees que estabas haciendo aquí!?
El ver a su ansiado salvador le aceleró el pulso así la insultara. Con decisión y sin pudor, Meiling se aferró fuerte al cuello del niño, lloriqueando contra el pecho varonil y agradeciendo sin parar el haber llegado en su auxilio.
Xiao Lang pasó de la furia al desconcierto tras verla tan asustada, y cambió su lenguaje por uno más empático, aunque también trataba de evitar que lo asfixiara.
—Ya no llores. Tenemos que estar atentos —le solicitó a ella con firmeza cuando pudo separarla, siendo alertados por el intenso crujir del entorno.
El bosque embravecido arremetió contra ellos utilizando sus múltiples extremidades de madera, desafiando a Xiao Lang en fuerza y habilidad para rehuir de los ataques. Meiling fue sujetada en brazos del niño y voló por los aires sin esfuerzo, escalando de rama en rama y regresando al suelo con violencia cuando una de ellas logró azotar el pie del muchacho y desestabilizar a ambos.
Con dificultad Xiao Lang logró dejar a Meiling en el suelo sin tropezar y se agachó ejerciendo presión con una mano sobre su tobillo. Su rostro demostró una mueca de dolor, y aún así, con su mano libre sujetaba la espada Jian que había invocado antes del arrebato.
Fue en esa pausa que Meiling notó el elemento mágico que él portaba en sus entrenamientos, no sabiendo en qué momento la había invocado. Acongojada, abrió la boca queriendo preguntar por el estado de su pie, siendo interrumpida por esa dura mirada que anunciaba una reprimenda.
—¿Acaso no te advirtieron que habían encantado las mediaciones de la mansión?
Meiling hizo algo de memoria y se sintió avergonzada. Creyó recordar a sus padres hablándole esa misma noche cuando estaban de camino a la cena, pero su mente se encargó de sustituir las aburridas palabras por posibles escenarios de ella tratando de congeniar con el chico que tenía delante.
Sus deseos se estaban haciendo realidad… de formas que no esperaba.
Un nuevo asalto de los árboles vivientes los sorprendió a ambos. Xiao Lang hizo caso omiso a la molestia en su tobillo y se defendió cortando las ramas con su espada. Por alguna razón, los golpes estaban siendo dirigidos hacia él sin descanso. Sin saber cómo ayudarlo, Meiling se quedó parada a un costado advirtiéndole los sectores por donde más ramas aparecían. Eran demasiadas. Cuando el número superó al chico, éste se vio acorralado e inhabilitado. Las ramas lo habían tomado por sus muñecas y buscaban atar sus piernas, siendo repelidas por las patadas con las que se defendía.
—¡Cuidado, Xiao Lang! —fue lo único que Meiling pudo advertir antes que una rama le llegara a él por detrás. El golpe le hizo perder su única arma cayendo al suelo.
Ella miró con desespero la situación debatiendo si correr hacia la mansión o esperar que un milagro ocurriera.
—¡No te quedes allí parada y ayúdame! —exclamó él, enfurecido.
—¡P-pero no sé qué hacer!
—¡Para algo entrenas conmigo, Meiling! ¡Toma la espada, parte las ramas o lo que sea menos quedarte lloriqueando ahí!
Él estaba en lo cierto. Ella no carecía de fuerza y destreza.
De pronto se sintió tonta al dejarse llevar por sus emociones negativas permitiendo que su compañero quedara expuesto. El fuego emergente de su corazón enardeció su rojiza mirada y fue a tomar la reliquia donde ésta yacía. Era pesada, aun así, concentrándose podía levantarla. Se alejó para tomar impulso y controló la respiración cerrando sus ojos. Tras una larga exhalación de aire, su desafiante mirada enfocó el objetivo donde las ramas aprisionaban a Xiao Lang. Él continuaba resistiéndose a quedar inmóvil así diera señales de claro agotamiento. En la mente de ella, ya no cabían dudas.
Meiling adoptó la posición de combate sosteniendo la espada sagrada en alza. La fuerza de su corazón irrigó el vigor suficiente para correr con ímpetu, domado por ese sentimiento capaz de mover montañas. La distancia no era tan larga, y en el camino sorteó algunas ramas que quisieron detenerla. Dando saltos y giros impecables como una danza guerrera, utilizó la misma vegetación viviente para hacer de escalera hasta donde apresaban a Xiao Lang, suspendido en el aire. Sentía los músculos de su cuerpo quemarle y su visión agudizarse. Su cuerpo viró tras la última pisada que tomó para impulsarse y girar sobre su eje, blandiendo la espada con determinación y acertando con éxito en el blanco. El alma estuvo a punto de salirse por la garganta del enérgico grito que propinó para lograrlo.
Ambos descendientes de los Li viajaron al suelo, amortiguando la caída como excelentes artistas marciales en casi perfecta sincronía. Al culminar, ámbar y rubí se conectaron al instante. Fue él quien sonrió primero, dándole espacio a ella para devolverle el gesto con satisfacción, pero pronto desvió la mirada avergonzada al sentir las mariposas haciendo carrera en su estómago. El saberse de utilidad le devolvió el ánimo, y reconocer el orgullo y complicidad en los ojos de Xiao Lang le bastarían para soñar unas cuantas lunas seguidas.
—¡Cuidado!
El grito de él la devolvió a tierra firme. A tiempo pudo alejarse de otra embestida de ramas furiosas.
—Tenemos que salir de aquí —retomó él poniéndose de pie y tomándola del codo para ayudarla—. ¡Vamos!
Meiling no supo si seguía fantaseando o por qué razón Xiao Lang la llevaba corriendo de la mano. Lo miraba a él concentrado en el camino sin borrar su gesto fruncido y a sus manos enlazadas alternadamente.
—¡Por allí hay un sendero! —le comunicó sin soltarla, apurando la marcha.
Entre pensamientos tontos de ideales románticos como "No me lavaré esta mano en semanas", sus instintos despertaron a tiempo para alertar movimientos extraños a su alrededor. Mientras ellos avanzaban por la espesura del bosque, a la par varias criaturas desconocidas se acercaban a una velocidad similar a la de ellos dos. Cuando supo reconocer lo que eran, hasta sus coletas se electrizaron.
—A-aa-a-¡arañaaaas!
Meiling se apegó al cuerpo de Xiao Lang cuando llegaron al claro que éste había divisado. Ambos se detuvieron estupefactos al constata que enfrente tenían, al menos, una decena de arácnidos negros, peludos e intimidantes de la mitad del tamaño que ellos mismos como salidos de la saga de Harry Potter.
—¿Qué haremos ahora? —le susurró ella sin soltarlo del brazo, temblando del frío que se colaba debajo de su falda, tiritando del miedo ante esos monstruos y de lo tonto que fue hacerse la valiente al adentrarse entre los arbustos.
—Aléjate lo suficiente si vas a ponerte a chillar como antes.
Las mejillas de ella amagaron con inflarse de la impotencia. Él no perdió tiempo y se alejó haciendo frente a las asquerosas criaturas que los acechaban. Elevó la espada con su mano derecha al tiempo que un pergamino era lanzado al aire con la izquierda.
—¡Raitei Shōrai!
Al momento que el papel hizo contacto con el metal, un caudal mágico en forma de rayo fue despedido desde el centro del pergamino, dirigido hacia las arañas mutantes.
Meiling estaba impresionada. Por no ser portadora del don mágico como Xiao Lang, a ella no se le permitía presenciar sus entrenamientos. Y tras verlo por primera vez despedir tal magnitud de poder, el pecho se le infló de júbilo a la par que un sentimiento extraño le oprimía el pecho.
Múltiples veces Xiao Lang hizo uso del mismo conjuro y las criaturas continuaban apareciendo. Acorralado por la cantidad de contrincantes, él se acercó a Meiling de espaldas en intento de protegerla.
—Tendremos que pensar en otra cosa para salir de aquí —le dijo mientras ambos retrocedían un paso a la vez.
La mandíbula masculina estaba tensa y su mirada estudiaba los alrededores. Ella temblaba ligeramente sujetándolo de sus ropas, observando la cantidad de arañas que parecían brotar de la tierra. Sacudió la cabeza de inmediato. No iba a ser un estorbo toda la vida. Decidida comenzó a evaluar las posibilidades de escape. Xiao Lang tenía a su favor la distracción y el ataque de sus conjuros.
«Si los utilizara para abrir camino…» —pensó y sus ojos se iluminaron.
—¡Tengo una idea, Xiao Lang!
Sin completar la oración, Meiling salió del escondite que la espalda del chico le brindaba y utilizó su cuerpo como defensa de esas horribles arañas. No supo de dónde sacó la valentía para hacerles frente, pero sus golpes eran certeros y algunas de sus secuaces se habían alejado ante el ataque. A la par de ella, Xiao Lang hizo uso del conjuro hacia el Dios del trueno para despejar el área y su destreza corporal para acercarse a Meiling.
—¿Qué planeas? —consultó é,l siguiéndole el ritmo.
Antes que su corazón bailara de emoción al saberse partícipe de la contienda, Meiling tropezó con algo. No supo si fue una rama, una pata de araña o sus propios pies, pero dio varios tumbos hacia atrás hasta que resbaló y su cuerpo comenzó a caer por un barranco. Ella misma se vio en cámara lenta cayendo, extendiendo por instinto sus brazos hacia adelante, gritando el nombre de Xiao Lang al tiempo que él trataba de alcanzarla. Cerró los ojos porque no quiso ver el momento en que sus pies dejaron de tocar tierra, y cuando los abrió, estaba colgando a peso muerto, siendo sujeta por ambas manos de su amado. Xiao Lang había soltado su espada, se tiró cuerpo a tierra y llegó a tiempo para agarrarla. Se notaba el esfuerzo que estaba haciendo por sostenerla y a ella se le cristalizaron los ojos.
—Busca impulsarte con tus pies. No hay tiempo. —Requirió él con el sudor bañándole la frente.
Reteniendo las lágrimas, Meiling tomó coraje e hizo lo que el chico le indicó fallando al primer intento y acertando en el segundo. De nuevo a resguardo, Xiao Lang interrumpió cualquier intento de disculpa de ella, volviendo a preguntarle por esa ruta de escape que había divisado. Cuando todo acabara habría momento de sobra de agradecerle las incontables veces que la salvó esa noche.
Su propuesta era sencilla. Meiling le comentó que si abrían camino con ayuda de la espada y los pergaminos, les daría tiempo suficiente para intentar trepar los árboles y escapar de rama en rama hacia el mismo lugar por donde había ingresado. No era la idea más brillante puesto que la vegetación había cobrado vida, pero era la única opción que tenían. Ambos niños asintieron y se pusieron en marcha. Ella tomó unas rocas del suelo para repeler los arácnidos y él intervino con su magia para hacer lo propio. El Dios del viento fue invocado esa vez, elevando por los aires las criaturas, lejos de ellos.
—¡Ahora, Meiling!
Con las últimas energías que le quedaba, corrió detrás de él siguiendo sus pasos. Ambos dieron saltos de rama en rama dejando el aliento por llegar cada vez más alto, cada vez más rápido.
—¡Ven aquí conmigo! —le pidió habiendo alcanzado la cúspide del árbol lindero. Meiling llegó pronto a su lado. Cuando lo hizo, las ramas debajo de sus pies comenzaron a moverse, teniendo que cambiar de lugar.
—A este ritmo no saldremos más. Saltaremos al mismo tiempo. Sujétate fuerte de mí cuando lo hagamos. Quiero que des tu mejor esfuerzo.
Meiling asintió y rodeó el cuerpo masculino con uno de sus brazos. Las mejillas le ardieron automáticamente. A la cuenta de tres que él contabilizó, se elevaron por el aire… sin llegar a caer. Parecía como si estuvieran flotando. Aunque en realidad no lo parecía, ¡era un hecho!. Si bien no podía verlo, sentía que una suave ventisca los envolvía con delicadeza hasta la punta de los pies. Miró a Xiao Lang comprendiendo que había invocado el viento sin que lo notara. Como él mantenía su vista al frente concentrado en traspasar las arboledas, ella aprovechó y se asió con más fuerza y cariño a la cintura, recostando su rostro sobre el pecho del chico.
Meiling esperaba que no la despertaran jamás. Estaba volando por el aire con su persona especial, levitando por la fuerza mágica que él emanaba, sintiendo el calor reconfortante de un abrazo indirecto de la otra parte. El manto estrellado que los acompañaba era una de las postales más románticas que pudiera desear como regalo de navidad.
Lo que a ella le parecieron horas solo fueron unos pocos minutos. El viento los dejó con suavidad sobre el césped y su anhelante corazón la impulsó a mirar a Xiao Lang a la cara e intentar que las palabras no se le atoraran para expresarle su gratitud, admiración y… amor.
Era el momento perfecto para reafirmar sus sentimientos, pero la nube de romanticismo donde se había subido le fue pinchada al verlo a él tieso, parado con sus brazos a los costados de su cuerpo y la mirada ceñuda al frente.
—Joven, Xiao Lang. Señorita, Meiling. Sus padres los esperan dentro.
Tras un asentimiento de cabeza hacia el mayordomo de la familia que se había convertido en un gran referente y persona de sumo respeto y admiración por Xiao Lang cuando su padre falleció, él obedeció y caminó hacia donde le indicaban. Ella lo siguió con la cabeza gacha, esperando que la reprimenda no fuera tan severa como creía y dispuesta a hacerse responsable de la desobediencia.
. . .
El viento nocturno se sentía cada vez más fresco sobre el tejado de los Li, llevándola a sujetarse más fuerte de sus rodillas. Aunque su personalidad fuera más bien inquieta y charlatana, esperaba encontrar consuelo ante la única confidente que siempre la oía y que esa noche estaba acompañada por un centenar de sus fieles compañeras. Cada tanto solía tener conversaciones con la luna; algunas irrelevantes sobre algún acontecimiento del día, otras más profundas como sus anhelos.
Llevaba alrededor de media hora intentando abrir su pecho y cada vez que lo hacía las palabras se le atascaban.
—Tonto Xiao Lang.
Con la manga de sus ropas limpió con rudeza las lágrimas que lograban escaparse y decidió que era hora de bajar. De seguro sus padres estarían deseosos de retornar a su hogar si se los pedía, ya habiendo pasado las doce horas. Sin dificultad descendió por unos caños que la ayudaron a trepar y en dos patadas se encontraba de nuevo en el jardín. Algunas gotas rebeldes seguían emergiendo de sus ojos, por ello esperó un rato antes de volver.
Sus pasos la llevaron sin pensarlo hasta las mismas mediaciones donde iniciaron los problemas. No había sido grato; ella padeció miedo pero a la vez se sintió protegida porque él fue en su auxilio, porque una vez más, le demostró que su apariencia frívola era una pequeña parte de él que se empeñaba en demostrar y ella asumiría con gusto la responsabilidad de sacar a flote ese corazón noble que la enamoró en primer lugar. Pero qué difícil se la hacía el chico… y qué poca confianza le tenía a ella.
—Aquí estabas, Meiling. —La voz de él la paralizó en su lugar. No quería hablarle y mucho menos que la viera en ese estado—. No pensarás en volver a entrar, ¿cierto?
—No soy tan tonta como crees —le escupió con rabia sin voltear.
—No dije eso.
El silencio se instaló entre ellos. Meiling creyó que en cualquier momento regresaría para dar aviso de su paradero. De seguro sus padres ya la estaban buscando para partir.
—Iba a contártelo. —Lo escuchó decir. Su corazón dio un vuelco y sus sentidos se agudizaron. La curiosidad la llevó a mirarlo de reojo; Xiao Lang estaba apoyado bajo la corteza de un árbol junto a ella, con la vista fija en el firmamento.
Meiling trató de no confundir la apacible voz con la que le hablaba, retomando su actitud esquiva.
—¿Ah, sí?, ¿cuándo?, ¿antes de abordar el avión?
—No lo sé. Pronto.
Esas palabras no le bastaban. Meiling se cruzó de brazos y rezongó en respuesta.
Cuando ingresaron a la casa luego del pequeño altercado, su tía Ieran se encontraba enfurecida. Le advirtió a Xiao Lang sobre su conducta, recalcando su irreverencia y la tolerancia cero que le tendría. Cuando al fin creyó poder meter bocado en la discusión para comentar la veracidad de los hechos que lo eximían a Xiao Lang de cargo y culpa, él le contestó en pocas palabras que la actitud que estaban tomando los adultos, en esa y otras veladas, no respondía por las normas de convivencia y disciplina que le estaban requiriendo. La madre de Xiao Lang mantuvo el rictus serio como de costumbre y no perdió la cordura ni la presencia por la poco usual respuesta de su hijo. Ieran reiteró sus palabras una vez más y añadió al final que debía ponerle fin a estos actos de rebeldía de su parte o de otra forma fracasaría en la importante misión que tenía como Card Captor en Japón.
Meiling quedó en shock, olvidándose de defender a Xiao Lang y pidiendo explicaciones al respecto sobre aquello que desconocía. ¿Qué demonios era eso de Card Captor e irse a Japón?
Sus padres se encargaron de ponerla en tema mientras Xiao Lang retornaba a su lugar en la mesa para efectuar el brindis más amargo que ella podía recordar. Se iría… Él viajaría a en pocos meses en busca de unas cartas mágicas perdidas de ese ancestro chiflado de quien Xiao Lang era descendiente y otras cosas más que dejó de oír cuando "viaje" y "Xiao Lang" entraron en la misma oración. Ella estaba sufriendo de antemano su partida, pero también estaba tan afligida…
¿Por qué Xiao Lang tenía que encargarse de algo tan importante él solo? ¿Por qué tenía que cambiar de institución y de vida por esas malditas cartas que quién sabe cuánto tardaría en recolectar? ¿Por qué no podía acompañarlo? La respuesta a esa última pregunta, era clara para ella.
—Me hubiera gustado… ir contigo —balbuceó tratando que su voz no se quebrara.
Si ella hubiera nacido con el bendito don las cosas serían diferentes. No podría liderar la búsqueda de esas cartas mágicas pero le sería de ayuda, de mucha más utilidad de lo que fue en el bosque.
—No te preocupes, volveré pronto. —La mano cálida de él se posó sobre su hombro para contenerla y ella volteó aunque el rostro la delatara—. Es una promesa.
A Meiling le fue imposible no romper en llanto una vez más y aferrarse al cuello de Xiao Lang descargando toda angustia. Él trataba de consolarla con algunas palabras, conteniéndola tanto como podía sin oponer resistencia esa vez. Ese era el chico del cual se enamoró… Y aunque no lo dijera con palabras, él la quería. Así ella lo sentía.
Habiendo desahogado sus penas, se alejó de Xiao Lang lo suficiente para refregar sus ojos y demostrarle que estaba bien, de hecho, no podía estar mejor. Una nueva flama que fulguró en el pecho de Meiling la embargó de determinación. Ella entrenaría más duro. Duplicaría y hasta triplicaría sus lecciones con tal de volverse más fuerte, más ágil, más tenaz. Y cuando lo lograra iría a Japón a toda costa, así tuviera que vaciar sus ahorros para ello, con el fin de ayudar a Xiao Lang en lo que pudiera.
Nadie la iba a apartar de su lado. Jamás.
Con el corazón recompuesto y una meta en mente, Meiling regresó su vista a la Luna llevando una de sus manos al pecho. En silencio le prometió que sería testigo de sus proezas. Ella se quedó un momento esperando un milagro del cielo, una estrella fugaz a la cual pudiera pedirle un deseo, pero la ansiedad y las bajas probabilidades de que sucediera la llevaron a centrarse en el astro más brillante que ubicó de inmediato, cerró los ojos e hizo su petición.
Xiao Lang permanecía a su lado para cuando ella regresó del viaje estelar. Continuaba recostado sobre la corteza mirando al cielo con una expresión serena como nunca antes había visto. Su corazón se aceleró de golpe, sus pies estaban inquietos y esa ferviente necesidad de sellar la promesa aumentaba a pasos agigantados. Tomó coraje, se acercó veloz y dejó que sus labios hicieran un casto y breve contacto con la piel expuesta de la mejilla de él.
Corrió unos metros lejos de Xiao Lang, quien ya le estaba reclamando a gritos tal atrevimiento. Meiling dio media vuelta con gracia para enfrentarlo, portando una sonrisa tan radiante que ni el rostro enrojecido y algo enfurecido del chico podrían boicotear. Él estaba avergonzado y ella feliz de atreverse a besarlo.
—¡Para que no olvides quién es tu prometida!
Entre risas jocosas y saltitos de felicidad, Meiling se despidió de Xiao Lang a sabiendas de que su deseo se haría realidad.
