Prólogo: Espíritu Aventurero
Fantasía.
Esa es la palabra que se usa como concepto al referirse a las leyendas: aquellas historias, mayormente relatadas por personas mayores, que buscan explicar hechos increíbles con aspectos igual o más surrealistas.
Esto es algo cotidiano, pues el hombre siempre tuvo esta tendencia: enalteciendo las acciones de sus antepasados, otorgándoles cualidades divinas o inculcando la intervención de seres con tales características.
Todas las culturas existentes tienen historias parecidas. Cada vez que algo escapa de la comprensión humana, es casi inevitable que la gente busque apoyo en ciertas ideas con tinte "folclórico".
Pero...
¿Y si estos relatos no fueran solo meras excusas a la escasa capacidad humana ante situaciones "complejas"? ¿Qué haríamos si todas esas historias resultaran ser, en cierta medida, reales?
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-Hace mucho tiempo, dos razas gobernaban la tierra. Estas dos razas vivian en paz y armonía. Pero esa tranquilidad no duró para siempre. Un día, las dos razas entraron en una larga guerra. Se dice que esta fue la causa de muchos cambios en el mundo. Al final, después de un largo conflicto, una raza salió victoriosa: los humanos. Desterraron a los derrotados, los monstruos, a las profundidades del subsuelo, donde yacen sellados mediante un poderoso hechizo. Se especula que las puertas a este «mundo desconocido» se encuentran en la parte más alta del monte Ebott. Y si alguien se atreve a escalarlo, no será capaz de volver.- Por la falda de una montaña, un joven en la plenitud de su vida se aventuraba a escalarla mientras leía un artículo sobre su destino. Le había interesado una conversación que escuchó en su pueblo natal, por parte de unos ancianos, que mencionaban su actual ubicación y los peligros que tenía llevar una excursión hacia la cima del monte Ebott, del cual solo se empezó a interesar desde los rumores oídos mientras cumplía su labor como repartidor de periódicos. Continuó con su travesía, una caminata que duró poco más de dos horas y media. Por fortuna, se había preparado bien para este momento. Habiendo previsto una situación similar, alistó una gran mochila con todo lo necesario para sobrevivir a la escalada y el camino de regreso. -Uff, parece que ya estoy llegando a la cima. La única desventaja es que tendré que racionar mis provisiones un poco más de lo esperado, si no, puede que me quede vacío antes de siquiera llegar; además, me gasté todo lo que tenía para este viaje. Así que mas me vale usar lo que poseo de forma inteligente para no quedarme sin provisiones.- El joven explorador continuó un poco más, hasta que logró visualizar un gran agujero en medio de la cima. Extrañado, se acercó con cuidado y echó un vistazo hacia el interior... Pero se acobardó en el último momento, al casi resbalar y caer dentro. -haber, debo tranquilizarme y pensar en un plan... Aunque, viendo como es, creo que ya me estoy arrepintiendo. No creo que valga la pena arriesgar mi vida por un viejo cuento.- Pensó por un breve momento, hasta que tomo su decisión. -Bien, esto es lo que haré: Ataré una de mis cuerdas en el árbol más cercano, luego la extenderé con otras dos que tengo de repuesto, entraré, observaré superficialmente y me iré. Creo que con eso será suficiente; no creo que haya algo interesante. Después de todo, es solo una cueva subterránea; además, he leído bastantes artículos sobre personas que se adentran en este tipo de sitios, así que más razón para acabar con esto rápido. Pero primero, un pequeño descanso para reponer energía y fortalecer la mente y el «alma».- Sacó algunos de sus suministros y se dispuso a relajarse un rato... Pero algo paso, algo extraño. -¿qué es esto? De pronto siento que toda mi fuerza regresó en un instante.- se quedó perplejo ante tal situación inverosímil. Pero antes de llegar a una conclusión razonable, o al menos intentarlo, su vista se posó en el enorme agujero, ahora con un semblante hipnotizado. Después de quedar estático unos segundos, tragó saliva y puso en marcha su plan con energía, prácticamente, salida de la "nada". Cuando tuvo todo listo, emprendió su viaje hacia un nuevo mundo: un lugar donde experimentará situaciones propias de las leyendas, y de las que él nunca creyó que podrían ser ciertas.
Capítulo 1: Amigos
El monte Ebott, un lugar lleno de relatos increíbles. A lo largo de la historia, muchos han dicho ser testigos de cosas inimaginables: los más comunes mencionan encuentros espirituales, otros, mas aventados, dicen presenciar deformaciones en la realidad.
Dentro de ese mismo lugar es donde se encuentra ahora mismo nuestro joven explorador, tendido sobre una cama de girasoles, producto de la caída sufrida por un "error" de cálculo.
- Hmm.- poco a poco, empezó a recobrar su conciencia. Con un gran esfuerzo, abriendo lentamente sus ojos e intentando ignorar el dolor ocasionado por su descuido, logró acomodarse en la suave cama convenientemente posicionada. -¡ug! maldición. Ahora sí que cometí la estupidez más grande de mi vida- se lamentó, ahora viendo los trozos de cuerda que colgaban sobre raíces salientes de las paredes de la montaña. No previó que el lugar estaría infestado de raíces espinosas, y se percató de ello cuando era ya muy tarde. -y ahora... ¿Qué hago? Quiero decir, no tengo forma de salir, mis provisiones se perdieron en el camino y tengo el cuerpo adolorido...- intentó relajarse, pero es difícil cuando los problemas se acumulan rápidamente. Fue en ese momento que dislumbró algo al lado suyo. Con cuidado, se acercó al objeto con genuina curiosidad... Pero solo vio una pequeña barra de chocolate. -Ah, solo es... Espera un segundo.- recordó lo sucedido momentos antes de su descenso, cuando mágicamente sintió un subidón de energía al consumir uno de sus sandwiches, los cuales ahora no son más que abono para los árboles de esta montaña. Al principio, se sintió como un verdadero tonto, pero mientras más pensaba en ello, más se convencía de su idea. -menos mal que estoy solo, si no, tendría que vivir con la vergüenza por el resto de mi vida.- se dispuso a comer la pequeña barra de chocolate, con genuina esperanza... Y ocurrió: el dolor que sentía se esfumó, recuperó su fuerza y, con eso, su angustia fue reemplazada por serenidad. -no tengo idea de lo que sucede, pero no voy a quejarme y simplemente lo aceptaré con gusto. Ahora, debo buscar un modo de... Salir, si eso es posible.- pese a su actitud calmada, se podia sentir un atisbo de preocupación en su voz. Pero no importaba cuanto pensara, sabía que no podía salir por el mismo agujero del que cayó. No solo porque sus artilugios se perdieron, también están los animales peligrosos que puedan vivir donde se encontraba ahora mismo. Le dio un escalofrío al imaginar serpientes, arañas, entre otros animales. Pero lo peor, para él, eran las cucarachas. Desde pequeño les tenía un miedo indescriptible. El darse cuenta de la situación en la que se encontraba hizo que su máscara estoica se rompiera y empezó a alarmarse por lo antes mencionado. -mierda, mierda, mierda, mierda...! Okey, cálmate, no conseguirás nada desesperándote. Solo debes usar el spray anti insectos para... Oh, es verdad... Mi mochila...- sí, no había salvación.
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-¿Sabes? de pequeño siempre soñé con ser el presidente de mi país. Les decía a mis padres que, cuando fuera grande, iba a ser el mejor gobernante de la historia. Lamentablemente, partieron antes de verme cumplir mi promesa. A diferencia de los otros niños de mi zona, mis padres nunca quisieron que les ayude a trabajar, incluso cuando ya había alcanzado la mayoría de edad. Me repetían, especialmente mi madre, que lo único que me concierne es estudiar; así no sufriré cuando ellos dejen este mundo. Pero ese momento llegó más temprano que tarde. No me estoy quejando, amé y amo mucho a mis padres; para mí, fueron los mejores del mundo... Por eso debes amar a tus padres, Rocky. No sabes cuanto tiempo falta para que ellos partan hacia un mejor lugar. Debes honrarlos tanto como puedas para que su legado no se extinga.- la mente humana es algo muy complejo de analizar. Varios científicos, a lo largo de la historia, intentaron comprender y explicar los procesos que el cerebro de una persona es capaz de hacer. Gracias a esos estudios sabemos muchas cosas... Pero aún hay un largo camino por recorrer hasta entender completamente la psique humana. -oye Rocky, ¿Alguna vez te haz enamorado?- es increíble lo que puede hacer la soledad y la angustia. -a decir verdad, yo nunca experimenté algo como eso. Lo estudié, sí, pero no creo que sea lo mismo que experimentarlo en carne propia... Por eso...- antes de continuar con su monólogo, logró visualizar una gran entrada al final del camino en donde se encontraba. Al principio, pensó que estaba alucinando, es decir, si hablarle a una roca no fuera suficiente, ahora tendría que lidiar con malas bromas que le jugaba su mente. -¿Tú también puedes ver eso, Rocky? No soy solo yo, ¿Verdad?- era normal que se encontrara en tal estado, pues pensaba que no tenia escape, y cuando vio las dos grandes piezas de madera custodiando una especie de entrada, no pudo esconder su emoción... Pero claro, su euforia no duró mucho; ahora tendría que lidiar con lo que sea que se encuentre al otro lado. Sin embargo, quedarse en el mismo lugar no iba a ser mejor. -bueno, creo que llegó la hora de despedirnos. Fue un placer conocerte, Rocky. Recuerda lo que te dije, se un buen niño, ¿okey?- dejó a la pequeña roca en medio de otras dos más grandes, lugar donde la había "encontrado". Respiró hondo y se atrevió a cruzar el "pasillo", si se le puede llamar así, hasta estar frente a la gran entrada. -por alguna razón, siento que una vez vaya al otro lado, no habrá vuelta atrás... Bueno, mis padres no criaron a un cobarde.- con renovada valentía empujó la puerta y finalmente... No sabía como seguir. Vio otra gran entrada a lo lejos, así que solo siguió recto, hasta llegar allí. No había camino, por lo que tuvo mucho cuidado por donde pisaba. Pero sucedió algo... Por un momento, creyó haber visto unas raíces moviéndose, no obstante, lo descartó casi de inmediato pensando que no era nada. Hasta que... -¡Hola, humano!- se congeló por unos instantes. Pensó que era el único aquí abajo. No creía estar tan loco como para escuchar voces... Aún. -por aquí- volvió a escuchar aquella voz, muy infantil a su parecer. Si iba a tener voces en su cabeza, mínimo le hubiera gustado que sean de alguien cercano y no las de un niño. -parece que la desgracia no deja de perseguirme, ahora tengo que lidiar con esquizo...fre...¿Nia?- sep! Nada le hubiera preparado para lo que vio al seguir aquella voz. Una flor, un girasol para ser más exactos, apareció ante sus ojos ahora bien abiertos. Parecía que en cualquier momento se iban a salir de sus cuencas. ¿Lo resaltante? Pues esta flor tenia una cara, o al menos eso parecía, ya que poseía ojos y una boca. Lo primero que pensó fue en esos dibujos que hacen todos en el jardín a los cinco años, solo que en la vida real. Una prosopopeya en todo su esplendor, justo delante de él. -vaya, pareces desorientado. Descuida, sé como es el sentimiento. De cualquier modo, me presento: soy Flowey, flowey la flor. Debo decir que esto no sucede a menudo, dos humanos en poco poco tiempo es algo increíble.- el estupor del joven se vio desplazado por curiosidad cuando escuchó a la flor. ¿Había más personas aquí abajo? Y si es así ¿cuantos eran? Quería preguntar, pero lo que más curiosidad le causaba ahora mismo era esta flor parlante. -¿no vas a presentarte? Es de mala educación no corresponder la cortesía de otros. Parece que los humanos no pueden entender eso.- la reprimenda de la flor delante suya le hizo salir de sus pensamientos. -oh, lo siento. Es solo que me sorprendió verte. Mi nombre es Max, tengo 21 años y soy repartidor de periódicos.- eso último fue innecesario, pero solo era información superficial. -así que Max. Debo decir que no esperaba verte, me tomaste por sorpresa. Pero tienes suerte de haberme encontrado primero; los monstruos son criaturas realmente peligrosas.- le advirtió la flor. -¿monstruos dices? Espera... ¿Hablas de esas criaturas que solo se escuchan en...- quiso continuar, pero fue interrumpido -sí, hablo de «esos monstruos». Los que entraron en guerra contra los humanos hace muchos años.- Max no se lo podía creer. Siempre fue excéptico sobre estos temas, ¿y resulta que siempre fueron reales? Si eso es así, ¿entonces qué más puede ser real? Pero sus cuestiones internas, nuevamente, fueron interrumpidas, esta vez, por una voz desconocida. -¿hola? Me pareció escuchar a alguien por aquí.- la nueva voz era serena y amena. La amabilidad podia sentirse en cada palabra. -no puede ser, ya viene.- -e-espera, ¿quién viene?- la intranquilidad de Flowey lo puso alerta y pensó que se trataba de alguien peligroso. Sin recibir respuesta, vio como su nuevo compañero desaparecía por debajo de la tierra. No tuvo tiempo para sorprenderse, pues ya tenía en frente a "la dueña" de aquella voz. -¿qué dem... Es una cabra antropomórfica?- penso al ver a... ¿La nueva integrante? Es difícil distinguir cuando apenas estás conociendo una nueva especie. -Joven humano, no temas por favor. Yo soy Toriel, la guardiana de estas ruinas. Me alivia haberte encontrado.- esto dejó decolocado a Max; se supone que los monstruos eran peligrosos, según palabras de Flowey. Aunque ahora sabía que se trataba de un monstruo femenino, no supo que hacer a continuación. -ven conmigo, este lugar no es del todo seguro. Te llevaré a mi hogar, donde estarás completamente a salvo.- antes de que Max pudiera comentar algo, la mujer monstruo, ahora conocida como Toriel, empezó a alejarse y no tuvo otro remedio que seguirle el paso. -bueno, tampoco se ve como alguien mala. Creo que puedo confiar en ella, por ahora... Aunque tampoco es que tenga muchas opciones.- rápidamente, fue detrás de ella para alcanzarla. Luego de caminar por un rato, llegaron a una sala, donde Toriel le explico como funcionaban los mecanismos de seguridad. -escucha, joven humano, para atravesar estas ruinas debes resolver los acertijos esparcidos en cada sala. Estos sirven como un mecanismo de seguridad, ya que solo nosotros sabremos como se resuelven.- lo siguiente que hizo, fue presionar cuatro placas en un orden específico, logrando así la apertura de la puerta para ir a la otra sala. - tendrás que aprender los patrones de resolución. Y no te preocupes, me encargaré de enseñarte hasta que ya no necesites mi ayuda.- en la siguiente sala, Max debia resolver un acertijo de palancas. Solo tenía que jalar la correcta para ocultar los picos que impedían seguir... Pero con lo que no contó, es que el suelo donde estaba parado se rompiera. Afortunadamente, se sostuvo fuerte de la palanca, y eso le dio tiempo a Toriel para ponerlo a salvo. -¡mi niño! ¿¡Estás bien!? Lo siento tanto, es mi culpa que hayas tenido un susto así. Sabía que debía reforzar aún más esa zona, mi negligencia casi me hace perderte.- para tranquilizarse, lo abrazó tan fuerte, que el susodicho pensó que iba a morir asfixiado. -tranquila, no fue tu culpa, yo tenía que fijarme por donde pisaba. Así que no llores por favor.- cuando se calmó la situación, le dejó en claro que no tenía por qué echarse la culpa. -gracias por tus palabras de consuelo. Es solo que... Antes de ti, otro joven había caído a las ruinas, y lo perdí por el mismo modo que casi te pierdo justo ahora. Temo por lo que le haya pasado.- poco a poco, Max comenzó a entender a la señora. Si lo que dijo Flowey era verdad, entonces los humanos que cayeron antes tenian pocas posibilidades de estar en el mundo terrenal. Por lo que Toriel se encargaba de cuidarlos de los demás monstruos. Pero, por una u otra razón, estos decidían irse. Él compartía ese sentimiento, pues no quería quedarse en el subsuelo, debía regresar a la superficie. Sin embargo, decidió guardarse esos pensamientos para él mismo; no tenía la fuerza para decirle algo así a una señora que sufría una crisis emocional.
Luego de esa pequeña escena dramática, la mujer llevó a Max a la sala de al lado, donde este se encontró envuelto en una encrucijada. Toriel le había explicado que los monstruos no, necesariamente, son malvados. La mayoría eran apacibles, según su nueva cuidadora. Primero, tuvo un conflicto interno, lo que le dijo Toriel era totalmente opuesto a la definición de Flowey, y cuando lo vio escapar, había reforzado esa idea. Pero aquí estaba, con esta mujer cabra antropomórfica a su lado y explicándole como tratar a los monstruos en el subsuelo. -Toriel... ¿Segura que esto servirá? Quiero decir, llevo tres minutos aquí parado y este maniquí no parece tener algo especial.- ahora mismo, se encontraba frente a un maniquí con una peculiar pinta. Le habian dicho que inicie una conversación con el maniquí, pero este no parecía tener muchas ganas de hablar. -no te preocupes, joven humano, lo haz hecho excelente. Me siento orgullosa de ti.- le expresó con notoria y genuina felicidad. Max solo bajó los hombros en señal de cansancio. Era bueno que ella no quiera que él se meta en problemas, pero sus métodos eran... Extraños, cuanto menos. Después de un par de habitaciones, donde uno tenía un acertijo innecesariamente peligroso, la señora le dijo a Max que tenía que regresar ella sola a su hogar. La única explicación que le dio fue que tenia una gran sorpresa preparada para él... Bueno, no exclusivamente para él, sino para cualquier humano que ella traiga consigo. Al principio, se sintió incómodo, pero Toriel le dijo que solo sea amable con los monstruos de las ruinas, ellos no le harán nada si hace lo que le enseñó.
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-¡muy bien! Ahora... ¿Qué hago?- después de explorar un poco, se encontró en un punto muerto. A lo largo de su travesía, luego de separarse de Toriel, se dedicó a seguir por su cuenta. Le sorprendió la apariencia de los monstruos: desde ranas y polillas gigantes, hasta mini cíclopes. Cada vez que se encontraba con uno, intentó entablar una conversación amistosa; sin embargo, estos se apartaban o intentaban atacarlo. Hay que tener en cuenta la palabra "intentar" porque sus movimientos eran tan erráticos que ninguno daba en el blanco. Y hablando de dar en el blanco, algo que desconcertó a Max, fue la iluminación que emanaba de él cuando querían atacarlo. No solo eso, también, a la par con la iluminación a su alrededor, de su pecho se podía observar la silueta de lo que parecía ser un corazón, uno que era la mitad del tamaño de su tórax, solo que este tenía una forma perfecta, como si de un dibujo se tratara. No pudo analizar su nuevo "estado", ya que volvía a la normalidad cuando dejaba el enfrentamiento, que tampoco duraban demasiado. -ya me estoy arrepintiendo de andar solo. No conozco este lugar y ahora me encuentro atrapado y sin salida. Ah, tuve que hacerle caso a Toriel y esperar a su regreso.- parece que la suerte no estaba de su lado últimamente. Cuando llegó a una sala con el suelo agrietado, lo mejor que se le ocurrió fue cruzar, después de todo, ¿qué podría salir mal? Es decir, ya había estado en lugares similares, gracias a sus aventuras pasadas. Solo debía confiar en su instinto, el cual nunca le fallaba... O al menos eso creía. También pensó que Toriel tuvo que haber pasado por aquí, ya que era el único camino a seguir, por lo que debía ser otro de sus acertijos... Pero recordó la trampa de estacas al inicio y descartó la mínima indulgencia por parte de la cuidadora. -a ver... Sí, creo que puedo llegar de un salto. Solo necesito coger impulso y...- ¿mencioné que gran parte del suelo ya se había desmoronado? -uy, esto va a doler- no pudo evitar sentir un dejá vú cuando vio el destino que le esperaba.
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La ciencia siempre nos ilustra con su sabiduría, ¿sabían que una persona puede soportar una caída de hasta 3 veces su altura? Más que eso se le puede considerar mortal. Aunque no recomiendo hacerlo, de ser posible, nunca. -cof, cof, cof, cof! Ha, ha... Genial, ahora estoy mojado.- por "suerte", en vez del duro y frio suelo de concreto, cayó en uno de los tantos canales fluviales que había por las ruinas. Lo único que no supo como responder fue el hecho de que estaba en tierra. ¿Quién lo saco del agua? Sus dudas pronto iban a ser respondidas, gracias a una voz familiar. -vaya, parece que hoy no es tu día de suerte. Hasta estoy empezando a sentir lástima por ti.- de nuevo, la flor apareció ante Max, con esa sonrisa tan enigmática. -tú... Te llamabas Flowey, ¿verdad?- preguntó con cautela -me complace que recuerdes mi nombre, eso me ahorra tiempo. Dime, ¿la señora de arriba te explicó como funcionan las cosas por aquí?- ¿explicar? Que él recuerde, solo le dio un par de consejos sobre como tratar a los monstruos... Y a "hablar" con un maniquí. -¿no lo hizo, en serio? Parece que los años acumulados ya le están afectando.- el tono despectivo que uso para referirse a la guardiana lo incómodo; ella no se había portado mal con él, así que no había motivo para tratarla de esa forma. -bueno, creo que no se puede evitar, tendré que ser yo quien te enseñé como «actuar» por el subsuelo. ¿Listo?- sin esperar respuesta, hizo aparecer lo que parecían ser proyectiles, los cuales, fácilmente, podían confundirse con algún cereal. -¿qué sucede? ¿En serio me va a...?- sin embargo, contrario a lo que pensó, Flowey siguió en su lugar con la misma sonrisa. Y lo volvió a sentir: vio como su cuerpo desprendía un brillo particular y la forma de un corazón apareció en su pecho. Antes de que articulara palabra alguna, el ser frente a él empezó primero. -¿Vez ese corazón? Esa es tu alma, es la culminación de tu ser. Tu alma empieza débil, pero se puede fortalecer con suficiente esfuerzo.- no podía decir que estaba sorprendido a estas alturas. El saber que este "corazón" es su alma le resultó complicado. -no tienes que preocuparte por cosas complicadas, solo debes saber que aquí se maneja la magia. Con ella, los monstruos atacarán directo a tu alma, los ataques, como los que vez ahora, son producto de esta energía. Ahora, intenta esquivar los proyectiles.- al instante, atacó a Max, aunque no brutalmente, solo lo justo para que pudiera eludir. -¡bien hecho! Puedo ver que tienes potencial. Ahora, me gustaría pedirte un favor, siempre quise salir de este lugar tan lúgubre y explorar el exterior; sin embargo, como puedes ver, yo solo no sería capaz de dejar atrás estas paredes. Por lo que, me gustaría acompañarte. Incluso podría «salvarte» de una situación difícil, ya que ahora somos mejores amigos. Debemos tenernos el uno al otro, ¿qué dices?- Max pensó en la propuesta de Flowey, es verdad que tenerlo de compañía sería mejor que estar solo, sin mencionar que puede ayudarlo a defenderse de los monstruos agresivos, aunque desearía que no llegara el momento. -me parece...- antes de responder, se puso alerta al escuchar pasos acercarse. Él se encontraba en una zona baja y los pasos provenían de la zona alta. Estaba tan enfocado en la nueva presencia, que no se opuso a que Flowey pasara por debajo de su camisa, después de todo, igualmente iba a aceptar su sugerencia. Aunque debe admitir que se sintió incómodo sentirlo moverse por debajo de sus prendas. -¿hmm? ¿Otro humano?- parece que hoy es el día de conocer gente, Max no recuerda cuando fue la última vez que conoció a tantas personas en poco tiempo. -Esto es... ¡Maravilloso! Acabo de conocer a un nuevo amigo- ¿qué pasa con los monstruos y su obsesión con entablar amistades? Es decir, prefiere eso a tener que lidiar con criaturas sanguinarias, pero todo lo que vio, hasta ahora, va en contra de lo que le dijo Flowey. -seguramente tuvo una vida difícil- pensó; no encontraba otra explicación a la visión tan prejuiciosa de Flowey hacia estos. Si ese era el caso, entonces los monstruos no eran tan diferentes de los humanos. -oh, lo lamento, me emocioné tanto que olvidé mis modales. Mi nombre es Dalv, soy el encargado de mantener las cosas en orden por aquí. Esta zona de las ruinas es mi hogar, y actualmente estoy trabajando para que se vea más acogedor.- el nuevo integrante se presentó con notoria felicidad, probablemente, por la razón antes mencionada. Y justo cuando Max pensó que ya no podía sorprenderse, el recién llegado se quitó la capucha que traía puesta, solo para revelar su apariencia de vampiro, lo que dejó al joven humano sin aliento. -¿eres... ¡Un vampiro!? ¡eso es increíble! Espera, tengo tantas preguntas por hacer que no sé por...- su emoción llegó a su pico cuando vio la apariencia del monstruo delante suyo. Pero, al instante, se avergonzó por su comportamiento infantil y descortés. -emm, lo siento, creo que me emocioné un poco de más. Me llamo Max, también es un gusto conocerte.- se presentó de la manera mas apropiada posible, dado su estado de ánimo actual. -no te preocupes, hace poco conocí a uno de los tuyos, y me enseñó bastante. Ahora que lo pienso, no le he escrito en un buen tiempo, me ha estado llendo tan bien que no recuerdo la última vez que le envié una carta.- expresó con nostalgia -¿uno de los míos? ¿Te refieres a un humano? ¿Cómo era?- otra vez, un monstruo le decía algo parecido a cuando vio por primera vez a Flowey. -oh, él era muy amable, tanto que me perdonó por haberlo atacado por error, cosa que le agradezco, sinceramente. Aunque era más pequeño que tú. Dime, ¿cuantos años tienes?- esa información era muy ambigua. Mayormente, los varones humanos alcanzan su altura máxima entre los 18-20 años, aunque con algunas excepciones. Por lo que, quien haya caído antes que él, debería haber tenido 16 años o menos. No toma en cuenta los 17 años porque no hay mucha diferencia de tamaño con los de 18. Solo pensar en eso le revolvió el estómago e hizo que se olvidara de su curiosidad por el ser que tenía delante suyo. -tengo 21 años. Una pregunta, ¿podrías señalar la altura del humano que vino antes de mí?- empezó a sudar frío por la posible respuesta. Si sus sospechas eran ciertas, esto era mucho más grotesco de lo que imaginaba. No es que el que sean niños fuera peor que un adulto, al fin y al cabo, un crimen es un crimen. Pero también es verdad que involucrar a niños, quienes aún no se han desarrollado lo suficiente, afecta al juicio de alguien; cosa que no sucede con los adultos, quienes ya pueden valerse por si mismos y han desarrollado un sentido de responsabilidad. -veamos, por lo menos, si no mal recuerdo, era tan alto que podría llegar hasta tu mitad superior... ¿Eso sirve?- ... Oh, Dios.
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-¿Estás seguro que no quieres quedarte un poco más? Tengo una habitación extra, si te sientes cansado.- le ofreció a su invitado. -descuida, ya hiciste mucho por mí al regalarme este abrigo. te lo agradezco.- después de su pequeño intercambio de antes, Dalv trajo a Max a su casa, una que era bastante acogedora, a decir verdad. Al final, Max no pudo satisfacer su curiosidad sobre los vampiros, ya que su mente iba por otros rumbos. Lo que sí mencionó fue que tenía cosas importantes que hacer, y para eso debía salir de las ruinas. Dalv le explicó que afuera se encontraría en Snowdin, un páramo de nieve, tan helado, que te enfriaba hasta los huesos. El juego de palabras fue tan inesperado, que hizo que Max se relajara un poco de sus preocupaciones. Le preguntó dónde había aprendido a hacer eso, a lo que él respondió: "solo poniendo en práctica lo aprendido por mis nuevos amigos". -bueno, fue un placer conocerte, Dalv, me alegra haberlo echo. Te deseo suerte en tus proyectos.- se despidieron con un último apretón de manos, ofrecido por Max. -muchas gracias. También te deseo suerte en tu travesía. Puede que no sea fácil, pero me tienes aquí si necesitas algo, solo envíame una carta y responderé lo más pronto posible.- le correspondió el gesto -gracias, lo tendré en mente.- con esas últimas palabras, abrió y cruzó la puerta para entrar en contacto con la nieve. -muy bien... Ahora, a investigar que demonios pasa con este sitio.- de su voz se podía escuchar una determinación latente, pero su verdadera motivación yacía en llegar al fondo de todo este asunto con los anteriores humanos. Pues, si algo destacaba de Max, era, sin duda alguna, su profundo amor por la vida.
