capítulo 2: Encuentro
-Flowey, necesito preguntarte algo.- le dijo Max a su compañero. Hace poco que habían salido de las ruinas y Flowey no había hablado aún. -claro, compañero, ¿qué necesitas saber?- su tono parecía más divertido esta vez, cosa que no notó el joven humano. -¿sabes algo acerca de los anteriores humanos a mí? Necesito saber un poco más sobre eso y estaría muy agradecido si me ayudaras un poco, al menos.- tenía la esperanza de que Flowey supiera algo. -lo lamento, en serio, eres el primero con el que viajo; los demás no confiaban tanto en mí por ser uno de «ellos» y se mantenían alejados. Solo pude entablar una conversación relativamente estable con la mitad. Pero la historia fue la misma, y después de que dejaban las ruinas... Digamos que no supe nada más, y no tenía forma de saberlo, de todos modos.- Max solo se mostró comprensivo por la respuesta de su compañero. Pensó que era normal que sus antecesores se espantaran al ver a algún habitante de las profundidades; después de todo, si su deducción era cierta, eran solo niños o adolescentes. -¿no conoces un lugar donde pueda conseguir información? En serio quiero saber más sobre los humanos caídos anteriormente.- al menos quería saber si había algún lugar donde pueda estudiar más a fondo todo esto -lo lamento, como te lo dije antes, no podía salir de las ruinas por mi cuenta. Así que no conozco «mucho» el exterior.- al recibir la misma respuesta, Max suspiró derrotado. Si tan solo alguien de buen corazón estuviera para ayudarlo, le estaría eternamente agradecido. Ahora se estaba lamentando de no haberle preguntado a Dalv si quería viajar con él.
. . . . . .
El joven Max tenía un dilema moral justo ahora; se encontró un agujero en medio de una pista de hielo y se preguntaba si podría, o no, pescar algo. Es decir, aquí abajo todos tienen conciencia, Rocky la tenía, estaba seguro de ello, así que se preguntó seriamente si había gente que pescaba aquí. Decidió dejarlo de lado; tampoco es que tenga las herramientas necesarias ahora mismo. Al rato siguiente, sus sentidos se agudizaron, pues visualizó unas huellas en la nieve: estas eran bastante grandes, casi del mismo tamaño que las del joven, por lo que intuyó que el siguiente monstruo con el que se encontraría sería como Toriel o Dalv. Después de caminar un poco, vio que las huellas se desviaban a su izquierda, así que, por precaución, se apegó a una gran roca para ver qué había del otro lado. -¡muy bien! recalibrado el acertijo de la roca de lava. Ya casi termino.- un ave antropomórfica, de apariencia femenina, sacó un blog de notas y lo empezó a revisar. -solo me queda un destino más por visitar, ¡Honeydew Resort, ahí voy!- la nueva figura agitó sus alas y emprendió vuelo hacia su próximo destino. -¡guau! Oye Flowey, ¿y si le pedimos ayuda a ella?- le pregunto a su amigo con voz suave y a la vez entusiasta. -no lo creo, no tiene pinta de ser confiable. Además, algo en ella me da mala espina.- respondió firmemente, aunque Max ya esperaba eso de él. No se veía mala, así que tal vez pueda hablar con ella en el futuro. Se acercó a la estructura que bloqueaba su paso y se percató que había una nota en la pared... Una que tenía muchas posdatas. -vaya, al menos no puedes decir que no es diligente en lo que hace. Hasta se preocupa por que todos la entiendan, eso es adorable.- una sonrisa se formo en su rostro al ver los papeles puestos uno encima de otro. -puedes pensar lo que quieras, pero no olvides con quienes estamos tratando.- fue el turno de Flowey de mostrarse frustrado. Si bien Max había deducido la razón de la actitud de Flowey hacia el resto de los monstruos, criticar a alguien sin conocerlo era insolente. Decidió no indagar en el asunto, por respeto a su amigo, pero se le hacía difícil con ese comportamiento. De todos modos, decidió seguirle el juego a esta señorita, ahora conocida como Martlet, gracias a las notas. No era muy difícil, había una palanca que debia maniobrar de izquierda a derecha para despejar el camino de una bola ignea y así logre derretir el hielo que mantenía la puerta cerrada. Esto le recordó a esos juegos arcade que habían en varios centros recreativos, su padre lo enviaba allí cuando sacaba buenas notas en la escuela. -y ahí lo tienes, siempre me dijeron que capto rápido, ¿tú qué dices, Flowey?- intentó conversar con la flor. -yo digo que deberías dejar de perder el tiempo con estos juegos infantiles. ¿Acaso no recuerdas las metas que te propusiste?- le recriminó con exasperación. -deberías relajarte un poco, amigo, estar siempre a la defensiva no te traerá nada bueno. Solo quiero animarte.- no recibió respuesta, para su infortunio. Luego de ese breve intercambio, Max solo suspiró ante la terquedad de su compañero y siguió su camino. En la siguiente zona se encontró un poste congelado con otra nota, esta decía que, por ningún motivo, alguien se atreva a lamer el hielo porque quedaría atrapado. A Max se le hizo un poco divertido una escena así. Menos mal que quien sea que haya sufrido ese destino, sea libre en este momento.
. . . . . .
-¡guau! ¿Vienes de las ruinas? Eso es genial. Escuché que el señor Dalv está trabajando duro ahí dentro."- se escuchó una voz infantil. -¡sí! no puedo esperar a ver que cosas tiene para enseñarnos.- esto no es lo que Max tenía en mente cuando vio una casa, aparentemente, remodelada en medio de la nieve. Al observar que no tenía puerta, pensó que era una propiedad sin dueño. No esperaba encontrar una pareja de niños dentro. -jeje. Puedo ver que les agrada mucho Dalv. Aunque no se puede esperar menos; sus obras son mucho mejores de los que uno creería. Recuerdo que mencionó un nuevo proyecto en el que estaba trabajando...- ¿para qué dijo eso? -¿¡conoció el nuevo trabajo del señor Dalv? ¡Debe decirnos acerca de eso! ¡Por favor, señor, háblenos de lo que sabe!- los niños se inclinaron ante él, suplicando que les dijera todo lo que sabía. Esto lo puso incómodo; era evidente que estos niños eran fieles admiradores de Dalv, demostrándolo en cada palabra. Eso y también la gran cantidad de pósters que poseían. Literalmente, toda la cabaña estaba repleta de sus ilustraciones. -lo siento niños, pero no puedo hacer eso.- intentó excusarse -¿¡qué, por qué no!?- contraatacaron. -eh... ¡Porque si lo hiciera, entonces el señor Dalv se decepcionaría! Él trabaja muy duro para hacer felices a los niños del subsuelo, y si yo les revelara algo que todavía no ha salido, lo lastimaría mucho y ya no habría sorpresa.- al escuchar eso, los niños se asustaron por pensar que habían hecho algo mal, al casi provocar tristeza en la persona que tanto admiran. -tranquilos, no han hecho nada malo. Es normal tener esa euforia a su edad. Yo también fui como ustedes.- intentó calmar el estado de ánimo de los niños, pero, en el fondo, sabía que solo había una manera de lograrlo. -saben, el señor Dalv me comentó que está preparando un concurso de dibujo para reclutar a niños con talento que puedan ayudarlo en sus próximos proyectos. ¿Qué dicen, quieren participar?- escuchar eso fue como un segundo soplo de vida para los pequeños. Su emoción, antes por los suelos, se renovó por completo. -¿¡en serio, qué tenemos que hacer!? Por favor, díganos.- sí que eran muy entusiastas. -lo único que tienen que hacer es crear su propio personaje: deben crearle una pequeña historia y darle algunos atributos; luego, deben enviárselo por correo o personalmente. Pero lo fundamental es que su trabajo debe estar firmado por ustedes, para que sepa quienes fueron los autores.- los dos infantes prestaron total atención a las instrucciones y anotaron cada palabra para que no se les olvide. -eso es muy fácil, le demostraré al señor Dalv que soy el mejor para ser su ayudante.- -en tus sueños, es obvio que seré yo el ganador y trabajaré con el señor Dalv.- -¿ah sí? Entonces te reto a terminar en un día, te demostraré que yo soy el mejor.- los niños empezaron a discutir entre ellos, y cuando Max pensó que lo había arruinado, vio como estos empezaban a dibujar como si su vida dependiera de ello. -uff, al menos pude controlar la situación... Mas o menos. Perdón Dalv, juro que te lo compensaré.- en eso, recordó su propósito inicial. -niños, disculpen por interrumpir, pero ¿saben acerca de alguien para que me dé instrucciones? Estoy un poco perdido, y me gustaría conseguir algo de información.- los mencionados dejaron lo que estaban haciendo y se dirigieron hacia él -bueno, sí hay alguien.- esa era la respuesta que quería escuchar. -sí, se trata de la señorita Martlet, siempre pasa para ayudar cuando alguien la necesita. Dice que es de la guardia real, pero todos pensamos que es mentira. Es muy amable, comparado a los otros miembros.- respondieron con sinceridad. Max ya sabía que la mujer formaba parte de la guardia real, lo había leído antes. Pero descubrir que ella era un caso excepcional lo intrigó aun más. Al menos, ahora sabía que no todos eran "buenas personas". -aunque sus acertijos son un poco tediosos a veces, pero es genial.- tal vez eran demasiado sinceros. -ah! también está el señor lobo. No sé por qué, pero las señoras mayores siempre se le quedan viendo cuando sale.- -sí, y los otros señores ponen caras divertidas cuando eso pasa.- eso último no era necesario saberlo. -si necesita a alguien que lo ayude, el señor lobo se encuentra cerca de aquí, solo siga hasta encontrar un gran castillo, ahí lo encontrará.- la información, aunque ambigua, fue bienvenida. -muchas gracias niños, en verdad. Ahora los dejo para que continúen, no quiero ser una molestia.- se despidió y retomó su viaje.
. . . . . .
-diablos... Esto no es lo que tenía en mente cuando me imaginé a un lobo. Pensé en algo parecido a los perros que me encontré antes: tiernos y abrazables.- había seguido las indicaciones de los niños: caminó hasta encontrar un gran castillo, donde buscó al señor lobo. Solo que no se imaginó verlo tan... Intimidante. -estoy seguro de que solo un dedo sería suficiente para mandarme a dormir. Lo lamento por los niños, les agradezco, pero me gustaría conservar mi «integridad». Creo que será mejor continuar hasta encontrar a la chica de antes. Al menos ella no parece del tipo que me mataría de un soplido.- sí, encontrarse con el señor lobo estaba fuera de sus planes. Aunque, por alguna razón, sintió que acababa de actuar como Flowey, pero el momento fue efímero. Sin más elección, continuó por el camino nevado hasta encontrarse con un buzón de correo. Este tenía una campana colgando y una nota que decía: "si tiene correspondencia por recibir o entregar, solo toque esta campana y uno de nuestros empleados lo atenderá". El contenido venía con un sello de la agencia de correos de Snowdin. -desearía poder escribirle a Dalv en este momento. Lamentablemente, tendrá que ser para después.- tenía muchas ganas explicarle a su amigo sobre lo ocurrido con los niños. Solo esperaba que sus acciones no tengan efectos negativos en el futuro. -es extraño, ¿no lo crees? Todo es muy colorido. Totalmente diferente a como pensaba que iba a ser.- le sorprendió que Flowey empezara una conversación. -¿tu crees? A mí me parece agradable. Es lindo tener residentes cálidos.- le respondió honestamente. -no te hagas ilusiones, debes andar con cuidado. Recuerda que puedes contar conmigo para cubrirte.- le ofreció. -No creo que sea necesario. Hasta ahora, todos fueron amables. Solo unos pocos se han visto incómodos, pero nada que no haya podido resolver.- se expresó el joven con confianza. -como digas, solo no te quejes después.- A Max le pareció reconfortante hablar con Flowey; se dio cuenta que se había calmado, y eso lo ponía feliz. Después de su pequeña plática, logró visualizar algo a unos metros más adelante. -"Honeydew Resort"... Ah! ¿Eso no es el lugar a donde se dirigía la chica de antes? Eso quiere decir que puede que la encontremos.- la felicidad de Max era casi palpable, por fin iba a tener alguien que lo pueda instruir acerca de este lugar. Le pareció sentir un suspiro de cansancio detrás de su nuca, evidentemente, de parte de Flowey, quien se había rendido en intentar convencer al joven aventado. Rápidamente, cruzó la entrada en forma de arco y se dispuso a buscar a la susodicha. Tuvo un pequeño contratiempo al elegir el camino equivocado, que lo llevó a una piscina... Solo digamos que la vista no fue agradable. Cuando fue por el sendero correcto, vio como la persona que buscaba se iba volando. -¡maldición! No pude alcanzarla.- se empezó a frustrar. Y por si fuera poco, el viento empezó a soplar con más fuerza. -¿¡y cómo demonios puede haber viento si estamos en el interior de una montaña!?- preguntó, a nadie en particular. Le tomó un tiempo controlar sus emociones. Pensaba que las posibilidades de encontrarse de nuevo con ella eran escasas, por lo que se podía entender su actitud. -bien, pensemos fríamente. Primero, tengo que cruzar por aquí... Lo que no parece muy seguro.- parece que la chica fue más creativa esta vez, ya que ahora era el puente delante de él una completa prueba de habilidad. Los tablones de madera subiendo y bajando, combinado con la capa de hielo resbaladiza hacían un combo brutal. -parece que sacó la artillería pesada. No importa, alguien como yo necesita más que esto para impresionarse.- con mucho cuidado, dio sus primeros pasos hasta llegar frente al primer obstáculo. -no hay de otra, la única manera que tengo para cruzar es saltando. Las cuerdas están demasiado congeladas como para sostenerlas sin guantes e intentar cruzar de la forma convencional sería un suicidio. La forma más óptima que se me ocurre es tomar impulso suficiente para hacerlo todo de una sola vez, de lo contrario, puedo decirle adiós a mis sueños y esperanzas.- parte de su confianza también podría deberse a que, si algo salía mal, Flowey estava ahí para ayudarlo. -¡muy bien! Sin miedo al éxito, como decía mi abuela.- retrocedió unos metros para agarrar carrera, y, después de respirar hondo, fue con todo. -¡ahí voy!- pasó con éxito el primer agujero, el segundo también fue superado, en el tercero casi se resbala, pero lo logró... Fue en el cuarto donde cometió un error de cálculo y perdió el equilibrio. -¡arg! ¡Maldita sea! De todos los momentos, tenía que ser justo ahora donde tenía que pasar.- se sujetó lo más fuerte que pudo de la cuerda que se balanceaba violentamente. Sus manos empezaron a arder por el continuó contacto con el material helado. -¡Flowey! Me vendría bien un poco de ayuda.- ... -¿Flowey? por favor, no creo que aguante más tiempo.- ... Pero nadie vino. -mierda...- se dice que las personas tienden a sacar su máxima capacidad cuando se ven "entre la espada y la pared". Numerosas historias de gente logrando proesas a pura fuerza de voluntad son esparcidas a lo largo y ancho de todo el mundo. Y es verdad, si algo caracteriza a los humanos es su fuerza de voluntad inquebrantable. Esa DETERMINACIÓN tan característica que poseen los hace lograr hazañas increíbles. -yo... No voy a... Rendirme.- una mirada feroz se vio en sus ojos, y, con gran esfuerzo, empezó a subir por la cuerda hasta llegar a la parte más alta. Una vez ahí, se balanceó lo mejor que pudo y cuando vio que era el momento, se soltó. Cayó y rodó sobre la nieve, sus manos entumecidas le provocaban un potente ardor. Pero lo único que importaba era que sobrevivió. -ah, lo... Lo logré. Yo, lo logré...- se quedó tendido un rato en la nieve; después de todo, había hecho un gran esfuerzo. A sus ojos, merecía un descanso. Su corazón le latía a mil por hora, y estaba temblando, aunque no por el frío.
. . . . . .
Después de pasar por esa situación tan dramática, quiso retomar su camino... Fue en ese momento que visualizo una placa cerca suyo, la presionó y vio como el puente regresaba a ser uno normal. No pudo evitar soltar una risa irónica. Al menos, nadie más tendría que pasar por eso. La mujer sí que se lo había puesto difícil ahí atrás. Otra cosa que notó, fue la ausencia de su compañero de viaje, Flowey. Lo llamó un par de veces, pero nunca recibió una respuesta. No le quedaba de otra que seguir solo, sobre este páramo helado. -Parece que mis manos se están recuperando poco a poco. Sería genial encontrar un lugar para descansar; estoy exhausto.- otro mecanismo apareció frente a él, y, para su suerte, era como el primero. Estaba agradecido de no tener que involucrarse en más actividades de alto riesgo, al menos por ahora. Cuando cruzó la puerta, no pudo contener su felicidad. Sentía que se le formaban lágrimas de alegría al ver tal majestuosidad delante de él. -no puede ser... ¡Son bancas! Oh, Dios, gracias por escuchar mis plegarias. Sabía que no debía darme por vencido.- en su estado actual, hizo lo que cualquier persona coherente haría... Se acostó en uno de los asientos para descansar. Cualquier cosa era mejor que el frío y solitario suelo. Acomodó su abrigo para que cubra todo su cuerpo y se dejó llevar hacia el maravilloso mundo de los sueños.
. . . . . .
No sabe cuanto tiempo pasó desde que durmió, pero debe admitir que, a pesar de todo, pudo descansar relativamente bien. -uaah. Hola mundo, ya volví.- se acomodó para despertar bien. -que bien abriga esto. Debería traer uno conmigo.- se quedó maravillado con la sábana que lo cubría... Excepto que, no recuerda haber tenido una, para empezar. -¿¡pero qué...!?- Se quedó estático por unos segundos, antes de verificar si estaba completamente solo... Y lo estaba. "¿Quién lo había ayudado?" Era la cuestión que taladraba su cabeza. Tuvo la idea de regresar al local, antes del puente, pero no estaba seguro si sería bueno para su sanidad volver a encontrarse con esa maléfica estructura. -supongo que no me queda de otra que tomar prestado esto. Intentaré devolverlo ni bien vea un residente cerca. Creo que mis posibilidades de encontrarme con ella son más escasas ahora.- sin Flowey, que era su única compañía, se sentía desamparado. Si bien podía actuar un poco gruñón, no lo consideraba un mal tipo. Pero no era el momento de lamentarse, debía seguir. Aún tenía un deber que cumplir. Se colocó la sábana sobre su capucha, después de todo, otra fuente de calor siempre es bienvenido. Pero parece que, al fin, Dios estaba con él esta vez. No solo las bancas donde podía descansar, también se encontró a quien estaba persiguiendo por todas partes. -es... ¡Es ella! Sí, por fin. Después de tanto...- su comportamiento ahora podría ser comparado al de los niños que conoció más temprano. Fue tanto su entusiasmo, que no notó que la chica lo estaba mirando fijamente, parece que ahora había captado su atención. Y antes de que dijera algo, ella empezó. -¡Oh! ¡Hola! Disculpa, ¿podrías decirme tu nombre? Hace poco te vi durmiendo allá atrás, pero no te reconocí por tu ropa.- fue ahí donde Max se dio cuenta de que ella fue quien le había otorgado la sábana que traía consigo. Rápidamente, se la quitó para devolverla. -o sea que fuiste tú quien me abrigó. Te agradezco, de verdad. Estaba en un momento vulnerable.- mostró gratitud ante el gesto. Parece que realmente es alguien de corazón puro; no todos se atreverían a hacer eso por un extraño. Pero ella actuó sin dudarlo, y eso es algo que él reconoció. -descuida, me gusta ayu...- lamentablemente, no todo podía ser perfecto: otra ola de viento soplo con la fuerza suficiente para dejar el rostro del, ahora reconocible, humano al descubierto. -...¿dar?- se nota que fue una gran sorpresa para la joven. El saber que tenía un humano frente ella, sacó a relucir una oleada de emociones: Primero, fue sorpresa, luego incredulidad, después conflicto, cuarto fue realización y por último... Una sonrisa se formó en su rostro. Max pudo haber jurado que esa sonrisa le hizo sentir algo extraño, de diferentes formas. -ya veo... ¡Así que eres un humano! Debo decir que tu camuflaje es muy bueno. Pero no puedes ocultarte por siempre.- el tono, ahora extasiado, de la mujer frente suyo le hizo pensar que estaba esperando un momento como este desde hace tiempo. -sabes, no hace mucho me uní a la guardia real, por lo que tengo un protocolo que seguir estrictamente. Y yo lo he memorizado casi a la perfección, por si se presentaba una situación como esta.- Como Max había previsto, este rumbo de los acontecimientos eran muy obvios. Pero no pudo sentir ningún aura de maldad proveniente de la chica, así que decidió seguirle el juego... Una vez más. -je. Sí, me atrapaste. Parece que tendré que ser más cuidadoso la próxima vez.- se lo tomó como un juego, parecían niños interactuando de esa forma. Pero de lo que nadie se percató hasta este momento, fue en la posición que se encontraban: Max tenía las manos extendidas con la sábana, mientras que Martlet las estaba sujetando para recibir el objeto de vuelta. Por eso su rostro fue revelado. -ah... eh... Tu objeto. No te olvides de agarrarlo.- dijo un poco avergonzado -oh... Es verdad. Te lo agradezco.- respondió igualmente por haberse olvidado de ese detalle. -pero no te confundas, ser amable no te salvará de enfrentarte a la guardia real.- le recordó. -descuida, no se me ha olvidado.- por alguna razón, se sentía cómodo con ella, incluso más que con Flowey. Después de guardar lo devuelto por el chico, ambos se distanciaron para lo que les esperaba. -¡muy bien, humano, espero que estés preparado!- se dirigió hacia él con convicción. -descuida, yo nací preparado.- respondió de igual manera. La sonrisa de ambos era amplia, se notaba la emoción en sus rostros, tal vez por diferentes motivos, pero el sentimiento era mutuo. Al siguiente instante, Max empezó a tener ese brillo que lo caracterizó desde que llegó a este lugar, con su alma a la vista de su rival. -¡vaya! es la primera vez que veo un alma humana... Es lindo.- si la situación de antes lo había avergonzado, este inesperado cumplido lo hizo ponerse bastante rojo. Esto fue notado por la muchacha, que soltó una pequeña risa por su reacción. -¡bien! Como lo dice el primer párrafo del protocolo de la guardia real, deja que tu oponente dé el primer ataque. ¡Vamos! Golpéame con todo lo que tengas.- eso descolocó a Max. ¿En serio la guardia real tiene ese tipo de reglas? ¿Es que son masoquistas o algo así? De cualquier forma, no pensaba en atacar, solo iba a limitarse en esquivar, tal y como lo venía haciendo. Esto fue tan inesperado, que se quedó pensando el tiempo suficiente para que su contrincante hablara. -em... Disculpa, no sé si se me escuchó, pero te estoy dando la preferencia de iniciar el encuentro. No debería hacer esto, pero como es tu primera vez, te daré otra oportunidad.- le repitió -esto debe ser una broma- fue lo que pensó al escuchar, nuevamente, a la chica. No quería golpearla, eso iba en contra de sus principios. -lo siento, pero no tenía planeado atacar. Solo iba a esquivar hasta que esto termine. Además, no sería capaz de lastimar a alguien tan linda.- ahora era el turno de Martlet de sentir su dosis de vergüenza. "¿Acaso dijo que era linda?" se preguntó. De cualquier forma, debía regirse al protocolo. No solo su credibilidad estaba en juego, también los beneficios a los que no estaba dispuesta a renunciar. -siendo ese el caso, entonces solo tendré que actuar hasta hacer que te defiendas.- acto seguido, movió sus alas de forma brusca. De ahí salieron una oleada de plumas tan duras y filosas como el metal. Max se dio cuenta de esto y empezó a esquivar lo mejor que pudo. Menos mal que los ataques no eran tan violentos, de lo contrario, tendría muchos problemas. -¡vamos! si no contraatacas te voy a lastimar.- los proyectiles eran cada vez más complicados de manejar adecuadamente: a veces era rodeado, en otra ocasión, parecían ser teledirigidos e incluso utilizó sus alas para manipular el viento a su favor. Fue cuando sintió, por primera vez, esa sensación al ser alcanzado por un ataque, uno que iba directo al alma, en todo el sentido de la palabra. No era tan doloroso como se lo había imaginado, pero sí lo suficientemente desagradable como para no querer experimentarlo de nuevo. Lo más sorprendente era que, no importa los ataques que recibía, no tenía herida visible. Esto lo atribuyó a la energía misteriosa a la que Flowey denominó como magia. Supuso que al ir directamente por su alma, una representación de su ser, no le dejaba secuelas, o, por lo menos, no tan graves como los ataques físicos. Esto no le preocupaba mucho, pues podía recuperarse después. Realmente, estaba agradecido de que sea ella quien lo esté enfrentando ahora mismo; si no, no estaría seguro de poder sobrevivir tanto tiempo. Los ataques de la chica no iban con intenciones mortales, lo supo porque, cada vez que le llegaba uno, veía una mueca de preocupación en su rostro. Ella era demasiado buena, para su propio bien. -okey, esto no está sucediendo como esperaba, no me estás atacando en absoluto y no hay una guía de como actuar en una situación así...- su voz desprendía más incredulidad que otra cosa. Se había preparado para recibir a un humano desde hace mucho, incluso antes de ingresar a la guardia real. Siempre escuchó, de sus más allegados, que los humanos eran seres despreciables y todo lo peor que se le pueda ocurrir. Claro, ella no se unió a la guardia real por ese motivo, se negó a creer en todo lo que escuchaba sobre la otra especie, ya que creía que todos poseían bondad en su corazón, y lo iba a demostrar... Pero no esperaba esto. Este humano, no solo se negaba a atacar, también tuvo la audacia de alagarla, algo de lo que no estaba acostumbrada. -por favor, aunque sea una vez, ataca. Cualquier cosa que me mandes lo soportaré.- se sentía simplemente mal teniendo una batalla unilateral. Por eso le pidió, con tono suplicante, que se defendiera. No iba a continuar con esto si el no respondía. -... Lo lamento, pero mi respuesta es la misma.- esas palabras no hicieron más que poner ansiosa a la chica, la cual se la veía con un semblante decaído. Max notó esto y no supo muy bien como continuar -¿en serio esto es tan importante para ella?- pensó. No solo no quería lastimarla, tampoco poseía armas para siquiera hacer algo... Fue entonces cuando se le ocurrió. -¡lo tengo! Dame un minuto.- dio la vuelta y se puso de cuclillas. La joven sintió extrañeza cuando él hizo eso, pero esa emoción fue reemplazada por sorpresa cuando vio lo que tenía en manos. -¿eso es...? ¡Hmp!- un proyectil, más específico, una bola de nieve se estrelló contra su rostro. -usaré esto como arma, si no te importa.- sonrió ampliamente mientras apuntaba hacia ella, preparando una ráfaga más potente. Esta última no pudo evitar sonreír, divertida por la ocurrencia del contrario. Ahora era su turno de seguirle el juego al chico, el mismo que había estado atacando por un buen rato. Y, entre toda la diversión, un sentimiento floreció dentro de ella, la felicidad. Felicidad por encontrar a este humano, felicidad por saber que sus ideas no eran erróneas, felicidad por saber que todo lo que ella escuchaba y "conocía" sobre toda su especie era falso. Y por fin podía demostrárselo a todos, pues tenía la prueba justo delante suya.
Capítulo 3: Confianza
Forjar relaciones puede resultar difícil para algunos, más si vivieron bajo ciertas condiciones. Debido a ello, las personas han aprendido a identificar ciertas actitudes que se puedan catalogar como nocivas, para así evitarlas a toda costa. Cada uno tiene sus filtros, creados bajo sus criterios, que utilizan para analizar a los sujetos y decidir, en base a ello, si integrarlos a su círculo privado. Sin embargo, siempre habrá una excepción. Por ejemplo: ¿Alguna vez han conocido a alguien capaz de transmitir una calidez innata? Aquella persona que, sin querer, atrae a muchos por simplemente "ser". No han sido pocos los que han logrado encajar con esa descripción. Evidentemente, esto no quiere decir que el individuo en cuestión sea bueno o malo, pero eso es un tema para otro momento.
. . . . . .
-entonces... ¿Qué quieres saber?- preguntó la joven integrante de la guardia real, ahora relajada junto al joven humano sentado a su lado. Después de su enfrentamiento con bolas de nieve, Max empezó a sentir las consecuencias de la pelea. No era nada grave, solamente estaba fatigado, cosa que se le quitaría con un poco de descanso. El verdadero problema era que, desde su llegada, no había comido nada y se sentía hambriento. La última vez que ingirió algo fue cuando estaba escalando la montaña hace ya muchas horas atrás. -muchas cosas, a decir verdad, pero me temo que pueda desmayarme en cualquier momento. Antes de venir, tuve que pasar por las ruinas, luego caminé por todo este lugar nevado llamado Snowdin, además, antes de juntarme contigo, tuve que pasar un reto bastante grande en ese puente de allá atrás.- aunque haya dormido un poco, aún se sentía cansado, probablemente, por el hambre. -¿puente?... Oh, creo que ya sé a que te refieres. Sí, esa prueba la hice yo sola, una de mis mejores creaciones, a decir verdad.- el orgullo en su voz era palpitante. - sí, me dio bastantes problemas. Casi no la cuento.- comentó con tono hilarante. Pero la chica no lo tomó de la misma forma. -¿en serio? Estoy segura de haber sido bastante indulgente con eso. No me gustaría que alguien saliera lastimado, sabes.- "¿indulgente?" fue lo que se preguntó Max en su cabeza. No sabía si esa palabra tenía otro significado aquí abajo, pero estaba convencido de que eso no lo era. ¿Qué demonios tenían los monstruos con hacer estos "acertijos"? No eran normales. -¿disculpa, cómo que indulgente?- no resistió el impulso y le preguntó. -sí, todas mis pruebas son hechas con los mayores estándares de seguridad. La prueba del puente tenia un seguro en caso de fallarlo.- Max quería decir algo más, pero se empezó a sentir raro: estaba decaído, su cuerpo pesaba, su respiración era ronca y lo que más lo alarmó... Se sentía caliente, caliente en medio de la nieve.-¡uoah! ¿¡Estás bien!? Te ves un poco pálido.- le inquirió Martlet al verlo tambalearse y sostenerse la cabeza. -espera... Antes dijiste que sentías que te ibas a desmayar...- recordó avergonzada, pues se había enfocado más en explicarle sobre la calidad de sus acertijos, que en lo realmente importante. -oh sí. Es que no he comido desde que llegué al subsuelo. Lo máximo que me llevé a la boca fue medio sandwich y una pequeña barra de chocolate.- explicó ante la mirada preocupada de la chica. -okey-emm. Déjame pensar en que podemos hacer. Estoy segura de que se me ocurrirá algo.- ella también se empezó a poner ansiosa por el estado actual del joven. No podía ir por allí con este humano. Sí, quería y tenía tantas ganas de mostrarle al mundo que los humanos no eran esos seres despiadados que tanto se mencionaban, especialmente, a los demás integrantes de la guardia real. -yo... Creo que... Voy a descansar un rato. Puedes dejarme aquí, no te... Preocupes.- se sentía como se iba apagando con cada palabra que pronunciaba. ¿Cómo iba a abandonarlo? Eso definitivamente no encajaba con ella, no iba a dejar que este humano sufra.
. . . . . .
-hmm. ¿Dónde estoy?- en el momento que Max despertó, sintió una pesadez tremenda: era como si su cuerpo tuviera kilos y kilos de masa encima. - genial, lo que me faltaba. Parece que mi cuerpo sigue siendo el mismo, con o sin magia alrededor.- esto apestaba para él, el no poder hacer nada lo enloquecía de sobremanera. Sabía que esto podía pasar, pero no creyó que tan rápido, pues solo habían pasado unas... Sinceramente, no tenía ganas de pensar en cuanto tiempo pasó desde que cayó. -¿ya despertaste? Estaba preocupada de que te haya pasado algo fatal.- Max desvío la vista de su cuerpo y se concentró en la figura de la chica quien seguía a su lado. -no te preocupes, solo parece ser un pequeño malestar, solo debo descansar un poco y comer algo suave. Por cierto, ¿dónde estamos?- dio otro vistazo a su alrededor y se percató que ya no estaban en la nieve. -bueno, todo fue tan repentino, que no supe exactamente como actuar. Mi casa está un poco... «lejos» para ti, así que te traje al Honeydew Resort. La encargada fue comprensiva con nosotros y ofreció alojarte en una de las habitaciones, sin costo alguno.- Max se quedo sin palabras cuando escuchó eso, ¿en serio pasó? Es decir, él entendería si le cobraran por estar aquí, estaban en todo su derecho, al fin y al cabo. Pero sus pensamientos se desviaron a otro momento. -espera... ¿Me cargaste sola hasta aquí? No fui una molestia, ¿cierto?- se preocupó por ser una carga para ella. -¡no! No, nada de eso. Es lo menos que podía hacer después de... Bueno, tú sabes...- Ella no sentía que él fuera una carga, estaba ayudándolo porque eso quería hacer. Por eso, su respuesta vino casi al instante para que él no se sienta peor de lo que se encontraba. -je. ¿Te han dicho que eres muy amable? Nunca había conocido a alguien parecido. Me gusta eso de ti.- de nuevo, él la había alagado. No recordó cuando fue la última vez que se sintió así. Los habitantes de Snowdin le mostraban gratitud cuando estaba al servicio; después de todo, era deber de la guardia real servir al pueblo. Pero que, directamente, la elogiaran de esa forma le avergonzaba un poco. -g-gracias. Nunca me habían dicho algo como eso, así que... No sé como debería reaccionar.- dijo con sinceridad. -tranquila, me pasa también.- Él entendía el sentimiento, ya que también recibía pocos elogios y varias veces no sabía como responder. -si no es mucho pedir, ya que estamos aquí, me gustaría saber un poco más de...- antes de terminar, se escuchó a alguien tocar la puerta. -seguramente es mi pedido, ahora vuelvo.- Martlet fue a verificar. Max no pudo escuchar por completo el intercambio, solo se percató de que la voz de quien tocó la puerta era de una chica. Cuando terminaron de hablar, su acompañante regresó con una sorpresa para él. -"e-eso es..."- se quedó sin palabras. -antes de desmayarte, dijiste que no habías ingerido nada desde que caíste aquí. Supuse que por ese motivo estás tan débil, por lo que, cuando te traje, le pedí a la encargada que te prepara algo. También puedes tomarlo como una disculpa de...- mientras hablaba, se acercó hasta estar junto a Max, quien no pudo resistir y le dio un fuerte abrazo, una "acción" que la sorprendió hasta dejarla estática. -mi parte...- logró terminar su oración a duras penas. -perdona, ¿pero puedo quedarme así un rato, por favor?- pidió de manera suplicante. -c-claro! No hay problema...- le respondió con un notorio sonrojo por lo imprevisto de la situación, aunque Max no podía apreciarlo. Normalmente, era ella quien abrazaba a los demás, no al contrario. Permanecieron así por, al menos, un par de minutos, el joven humano realmente lo necesitaba. -perdón si te incomodé, es solo que... No sé que me pasó.- dijo avergonzado por actuar de esa forma frente a ella. No le gustaba que lo vieran como alguien débil. -no te preocupes, lo entiendo. No sé por lo que pasaste hasta ahora, pero puedo ver que te has esforzado más de lo debido. Es natural que te sientas así.- le transmitió con comprensión. Después de lo ocurrido, Max se dispuso a disfrutar de su primera comida, real, desde que llegó al subsuelo. Hasta antes de caer, solo se había alimentado con pequeñas raciones. La energía propiciada por estas solo duraban lo justo hasta su próxima parada. Eso sin contar el viaje desde su pueblo natal. -gracias por la comida, me aseguraré de mostrarle mi gratitud a la encargada apropiadamente.- se expresó decidido. -no creo que eso sea un problema; ella dijo que estaba más que feliz con ayudar a recuperarte.- Martlet lo conoció recién hace poco, pero eso fue suficiente para que supiera como es el chico en realidad. Estaba realmente encantada de haberlo encontrado... Solo esperaba que las cosas no se complicaran más adelante. -igualmente, no me sentiría bien solo recibiendo. Pero cambiando de tema, ahora que nos encontramos aquí, me gustaría saber algunas cosas, claro, si estas de acuerdo.- el joven quería retomar la conversación que tuvieron antes de que desfallezca. -si te sientes mejor, puedo responder lo que sea... Bueno, no lo que sea, siempre habrá algo que no pueda responder, pero tú me entiendes.- trató de mostrarse confiada con él, quien ya tenia su primera pregunta lista... O eso creyó. Estaba a punto de preguntar lo mismo que a Flowey y a los que se encontró después. Pero, al verla tan inocente, dudó. Ella era el monstruo más amable que conoció hasta ahora, no significa que los demás no lo hayan sido, pero podía sentir que desprendía pureza por doquier. Ni siquiera con Toriel sintió esto. Hablando de Toriel, Max se preguntaba que habrá sido de la señora. No imaginó como debía sentirse en este momento, o cuando se enteró que él ya no estaba con ella. Se prometió que se iban a reencontrar en el futuro. -he escuchado que no soy el primer humano en caer, y quisiera que me expliques acerca de eso.- al final, decidió por preguntarle lo mismo. -oh... ya veo.- el semblante de la chica se oscureció un poco. Ya se estaba arrepintiendo de hacer esto. -bueno... Tienes razón, no eres el primer humano en caer.- comenzó a responder. -verás, la verdad es que nadie sabe con exactitud cuantos humanos han caído. Varios tienen sus propias hipótesis acerca de eso. Algunos dicen que han caído 5, otros mencionan 6, otros 2 y así con el resto. Aunque el rey, Asgore, haya dado una respuesta oficial, siendo «4» la cantidad dicha por él mismo, hubo gente que aseguró ser testigos de un número mayor. Incluso alguien que conocía tenía sus sospechas acerca del tema.- intentó ser lo más transparente posible con su relato. Max, por otro lado, empezó a digerir la información proporcionada. -así que es un tema que cae en la especulación. Y yo que esperaba obtener algo concreto.- pensó. -¿f-fue buena mi respuesta?- la chica se vio incómoda ante la mirasa perdida de Max. -sí, no te preocupes. Solo estaba procesando lo que me dijiste.- explicó antes de que hubiera un malentendido. Martlet suspiró aliviada por ser útil para él. Pero esto estaba lejos de acabar. -ahora, perdón por seguir con esto, pero tengo bastante curiosidad. ¿Podrías responder más preguntas?- si bien, estaba ansioso por respuestas, no quería obligarla a seguir con esto si ella no quisiera. -descuida, me gusta saber que te estoy ayudando.- dijo segura. -Bien, entonces...- con lo de los antiguos humanos zanjado, más o menos, tuvo la vía libre para adentrarse en otros temas. Le preguntó sobre los ciudadanos del subsuelo, los lugares donde habitaban, entre otras cosas. La conversación transcurrió tranquilamente, y Martlet iba respondiendo con más fluidez a medida que pasaba el tiempo. Claro, hubo algunas cosas que no podía responder, ya sea por desconocimiento o, simplemente, porque no creía que fuera importante mencionar. Pero, sin duda, una de las cosas que más incomodó a Max fue la posible respuesta de como se puede romper la barrera mágica que los mantiene en el subsuelo. según la explicación de Martlet: un día, se esparció el rumor de que los monstruos se podían liberar con la obtención de siete almas humanas de corazón puro. Solo así podrán salir a la superficie y vivir felices ahí. Este rumor sería oficializado por el rey tiempo después. Luego de satisfacer su curiosidad, le agradeció profundamente a Martlet por soportarlo, a lo que ella respondió de forma cálida. -guau. Parece que subestimé la vida aquí abajo, es tan complejo como en la superficie. Bueno, tampoco me debería sorprender.- dijo el chico, ya estando un poco mejor. -me alegra haberte ayudado. Me sorprende que tengas tanta curiosidad sobre nosotros. Nunca creí que un humano fuera a mostrar tal interés.- expresó con sinceridad. -n-no digo que sea algo malo, de hecho, me alegra saber que somos importantes para ti, no me malinterpretes.- le aclaró. -no, está bien. Un desconocido viene y de la nada empieza a pedir información sobre toda una civilización. Es normal ser cauteloso.- intentó calmarla. -creo que tienes razón, pero aún así...- fue detenida por Max, en otro intento por apaciguarla. -ya sé, ¿qué tal si me cuentas sobre ti? Hasta ahora solo te pregunté por el resto, pero aún no sé nada de tu vida. Ya que somos amigos, me gustaría conocerte un poco más. También puedo responderte sobre mí.- le ofreció a la joven. Ella le había dicho antes que tenía mucha curiosidad por los humanos, así que pensó en retribuirle el favor respondiendo a todas sus dudas. Martlet empezó contándole un poco acerca de su rutina: ayudando a los civiles, revisando sus acertijos, entre otras cosas. Lo más destacado fue el motivo de por qué se unió a la guardia real: explicó que había escuchado acerca de un humano por parte de un conocido, el cual le comentó sobre el tema y también la relevancia de este humano. Coincidió con lo que siempre escuchó acerca de estos: que eran malos, sin corazón y no dudaban en lastimar sin mostrar un mínimo de arrepentimiento. Dijo que quería comprobarlo con sus propios ojos, que no iba a estar satisfecha con, simplemente, escuchar meras anécdotas. El resto es historia que nos lleva al momento actual. Luego, fue el turno de Max para cumplir con su deber. Respondió todo lo que ella preguntó con respecto a su especie. Estas cuestiones iban desde la vida en la superficie, hasta algunos aspectos más particulares. Le sorprendió que allá arriba no exista la magia, y no supo darle una explicación. También quedó intrigada con la descripción que dio Max sobre unos vehículos llamados aviones, le parecía interesante un transporte volador de gran tamaño.-cómo se sontendrán en el aire?- pensó al saber de su existencia. Pero también le pareció curioso que muchas de las cosas descritas guardaran similitud con el subsuelo. Un ejemplo de ello, sería la arquitectura, no encontraba tanta diferencia con lo que se podía apreciar bajo tierra. Pero claro, primero tendría que presenciarlo. -¡por cierto, hemos estado conversando por tanto tiempo y aún no conocemos nuestros nombres!- dijo alarmada. -tranquila, creo que eso no es malo del todo. Quiero decir, Ahora podemos presentarnos formalmente. le extendió la mano en un gesto amistoso. -me llamo Max, soy un humano y tengo 21 años.- él fue primero. La muchacha se quedó viéndolo unos segundos hasta sonreír y correspondió el gesto. -yo soy Martlet, tengo 22 años y soy la miembro más reciente de la guardia real. Espero que nos llevemos bien.- Max ya sabía su nombre, gracias a las notas que dejaba en cada acertijo, pero le sorprendió un poco descubrir su edad. Creía que, al ser monstruos, envejecían diferente a los humanos. Por eso no se la jugó por un número, a pesar de haberlo deducido. -estoy seguro de que nos llevaremos bien.- respondió el joven humano con emoción en todo su ser.
. . . . . .
A max le sentó bien descansar. Al día siguiente se sintió renovado y su emoción se mantenía intacta. Lo más importante, hizo otro amigo aquí abajo. Ahora su lista de amistades ascendió a tres... Bueno, no sabía si contar a Toriel como amiga, ella actuaba más como una madre. Por eso no la agregó a su lista. Aunque tampoco la veía como su madre, solo una mujer tenía ese privilegio, y vivía por siempre en su corazón. Al salir de la cama, pudo visualizar una pila de ropa con una nota encima, esta decía: -hola Max, soy Martlet. Solo te quería avisar que no salgas del Resort sin mí, estaré allí en la mañana. Por cierto, esta ropa adjunta la hice para ti; vi en que estado estaban tus prendas y quise hacerte este pequeño favor. No te preocupes, no fue una molestia, después de todo, eres el primer amigo humano que tengo y estoy más que feliz en ayudar. Así que no pienses cosas malas. También tienes el permiso de la encargada para asearte en la ducha, úsalo libremente. Bueno, se está haciendo un poco tarde, creo que debería ir a descansar. Recuerda esperarme, no salgas por tu cuenta, no quiero que te pase algo. Firma: Martlet de la guardia real.- Max no pudo evitar sonreir por lo escrito en la nota. Pensó que esto era algún plan de los monstruos para hacerlo sentir que les debía algo. Por supuesto, no creyó que fuera el caso, pero la cantidad de favores que le hacían era abismal. Muy poca gente fuera del subsuelo se atrevería a hacer lo que estos... Ya no sabía si debía llamarlos "monstruos", para empezar. Según él, ese concepto no se asemeja, ni por asomo, para describir a esta gente. Pero, sabía que no todos podían ser buenas personas, no era ingenuo. Sabía que, tarde o temprano, iba a tener que lidiar con verdaderos monstruos, esta vez, en todo el sentido de la palabra. Solo esperaba que nadie involucrado con él fuera perjudicado. Decidió dejar ese tren de pensamiento y mejor se fue a duchar. Ya tendría tiempo para poner en orden sus ideas.
. . . . . .
La guardia real: una facción tan enigmática, hasta para los propios residentes del subsuelo. Miles de historias se han esparcido hasta los confines más recónditos del reino, los cuales van desde soldados mejorados por los propios científicos reales, hasta monstruos que lograron, de alguna forma, absorber un alma humana, y que ahora poseían un poder inimaginable. Pocas eran las veces que se mostraban al público, se creía que cada vez que la guardia real se hacía presente fuera de los dominios del rey, era señal de que una nueva generación de monstruos se avecinaba y solo salían para observar quienes eran dignos de integrar a la organización. Cuando los civiles en Snowdin recibieron la noticia de que un guardia real iba a servir activamente en la región, no pudieron evitar recordar todas estas historias. Pero, grande fue su sorpresa cuando ese integrante se presentó en la forma de una chica tan amable, que hasta daba miedo. Por eso, cuando aquella mujer les dijo que, efectivamente, era quien estaba a cargo de velar por la seguridad de todos, pensaban que solo se trataba de alguien entusiasta. Nunca se les pasó por la mente que decía la verdad... Al menos, una parte de ella.
-hola, ¿sabes si mi amigo ya despertó?- Martlet apareció en el establecimiento, tal y como mencionó en su carta. Le preguntó a la encargada, una joven con apariencia de oso detrás de una barra. Tras ella había muchas bebidas, algunas alcohólicas, pero siempre haciendo honor a su nombre, con bastantes productos a base de miel... Mucha miel. -sí, hace poco bajó para agradecerme por lo de ayer. Intenté decirle que no había problema, pero insistió en querer pagarnos de alguna forma... Fue un poco vergonzoso, a decir verdad. Se ofreció a trabajar aquí, pero no pude aceptarlo; el personal que tenemos es suficiente.- la imagen de Max suplicando trabajar como forma de pago le hizo sudar por lo incómodo que sería, aunque no lo culpaba. -entonces, ¿está en la misma habitación?- quiso asegurarse -sí, se rindió al final y regresó a su cuarto de hospedaje.- Martlet agradeció la información y fue a ver a Max. Desde esta mañana que tenía algo importante que hablar con él. ¿El problema? No sabía como decírselo. Antes de entrar a la habitación, respiró hondo e intentó relajarse. -Max, soy yo, Martlet. Voy a entrar.- le avisó. Cuando entró, pudo verlo sentado en un borde de la cama, con su capucha de vuelta en su lugar. La joven se había acostumbrado a verlo sin ese abrigo, por lo que, le resultó un poco extraño volver a tenerlo de esa forma. Pero estaba contenta, él había utilizado la ropa que ella le hizo... Bueno, no exactamente. Simplemente extendió un poco algunas de sus prendas para dárselo, pero a sus ojos, era lo mismo. Le alivió no haberse equivocado con las medidas, al casi ser del mismo tamaño, pensó que solo necesitaba pequeños ajustes. -que bueno que funcionó- se dijo a si misma. -Max, debo decirte algo. Es sobre tu viaje de regreso a la superficie... Verás, yo...- estaba buscando las palabras correctas para expresarse. Quería decirle sobre el viaje que debía emprender de ahora en adelante. -¿regreso? No estoy planeando volver.- mencionó despreocupado. -tranquilo, lo entiendo. Por eso quiero... ¿¡Espera qué!?- se sorprendió ante la respuesta del humano. No creía haber escuchado bien. -dije que no quiero volver... Al menos por ahora. Tengo un compromiso que cumplir primero.- sí, esta vez estaba segura de haberlo oído fuerte y claro. Esto tiraba al traste todos sus planes. Pero no iba a ir en contra de los deseos del chico. Después de todo, ahora tenía más tiempo. -¿en serio? ¿Puedo saber?- le preguntó por lo dicho. -bueno, creo que puedo decírtelo. Desde que llegué, no pude quitarme de la cabeza el tema de los humanos anteriores a mí. Así que me propuse investigar hasta el fondo del asunto. He escuchado cosas muy... Perturbadoras. Solo espero que lo que creo sea erróneo.- le dijo sin ocultar nada. -qué harás si logras obtener lo que buscas?- preguntó ansiosa. -no te preocupes, no tengo la intención de lastimar a nadie aquí. Te prometo que, pase lo que pase, nadie saldrá herido.- la chica suspiró aliviada por su respuesta. Ella podía sentir la convicción en sus palabras, además, tenía acciones para respaldarlas. -iré contigo.- ahora fue el turno de Max para sorprenderse. No era una pregunta, sino una afirmación, decidida unilateralmente. Su plan original consistía en pedirle que le diera instrucciones para los lugares donde debía ir sin ser visto, también le interesaba tener un mapa para viajar. No esperó que ella quisiera ir con él. -¿Estás segura? Quiero decir, no me molestaría, pero ¿estás bien con eso?- era verdad, a él no le vendría mal que ella lo acompañe, no solo sería una buena guía, también le gustaría tener a alguien con quien viajar. Desde que Flowey desapareció, no supo nada más. Esperó y esperó, pero nadie apareció. -definitivamente. Estoy segura de que no sabes por donde ir. Y si los demás guardias te ven, puede que no sean tan comprensivos, especialmente su líder. No sé quien es, después de todo, solo soy una recién ingresada. Pero he escuchado lo suficiente para saber que los humanos no son de su agrado.- le explicó sus motivos al joven, quien lo pensó por un momento. No encontró una razón para negarse. -no te puedo rechazar si lo pones de esa manera.- le contestó. -¡bien! Será nuestra aventura. Ya estoy emocionada de solo pensarlo.- a Max le pareció divertido y tierno el entusiasmo contagioso que desprendía. -je, je. Linda.- se le escapó por accidente. Lo que ocasionó que la chica se sonrojara de la vergüenza y saliera para esperarlo abajo. Sin mucho que hacer para permanecer en el local, él la siguió para poder explicarle a detalle lo que tenía en mente. Le había interesado esa biblioteca que le mencionó ayer. Si había un lugar donde podía conseguir más información, ese sería el adecuado... Claro que, según Martlet, estaban bastante lejos de ahí. El pueblo al que tenían que ir estaba rodeando las ruinas, las cuales se extendían demasiado. Cuando bajó, vio que su nueva compañera de viaje estaba terminando lo que parecía ser su primera comida del día. Esperó pacientemente, no iba a ser irrespetuoso e interrumpirla. Echó un vistazo a su alrededor para distraerse, y se dio cuenta que el lugar era más cálido de lo que se podría esperar: tenía varios cuadros, los cuales retrataban a la perfección los sabores de los productos; el olor a miel que rodeaba la zona, lejos de ser empalagoso, te abría el apetito; y la música no se quedaba atrás, no era un experto en ese rubro, pero sabía distinguir un jazz cuando lo escuchaba. Eso y otras cosas le incitaban querer permanecer aquí por siempre. No tardó en concluir que este lugar debía ser muy popular entre los pobladores y turistas. Después de todo, ¿quién no quisiera visitar un lugar tan maravillos? Tanta fue su admiracion, que ya estaba olvidando su propósito inicial. Menos mal que había alguien para sacarlo del transe. -¿ya estás listo?- la voz provenía de detrás suyo. Volteó y la vio, lista para partir. -sí. Solo que no me había percatado de lo hermoso que es este lugar. Sería perfecto para unas vacaciones.dijo con sinceridad. Lamentablemente, sabía que eso no podría ser posible para él. -será mejor que partamos; mencionaste que ese pueblo está un poco lejos.- no sabía cuanto tiempo le tomarían llegar a su destino, pero estaba seguro de que con ella al frente iba a ser más fácil. -eso es verdad, si queremos ir a pie. Cerca de aquí hay una estación de teleféricos que nos pueden llevar en menos de la mitad de tiempo.- esa información le vino de maravilla. Saber que se ahorraría casi tres cuartos del tiempo que le llevaría ir a pie, hizo que se relajara. -¿¡en serio!? Siempre he querido subirme a uno. No puedo esperar.- se entusiasmó al saber que podía cumplir uno de sus más grandes sueños. Siempre veía por la televisión como personas utilizaban estos transportes en sus viajes de esquí, y quería subirse a uno. Se despidieron de la encargada y, después de que Max vuelva a prometer pagarle por su amabilidad, comenzaron con su viaje. -por cierto, Max, he querido preguntarte algo desde que te vi esta mañana.- se dirigió al susodicho. -¿Sí, qué es?- inquirió. -¿qué hiciste con tu ropa vieja?- la pregunta fue hecha con genuina curiosidad. -¡oh! Pues la tiré.- ......
