Lily lo había abandonado de nuevo, por las chicas que siempre rondaban a Potter y Black. Le dolía, pero Severus ya esperaba eso de su amiga. Lily se mantenía firme en que nunca socializaría directamente con los chicos que lo atormentaban, pero la verdad sea dicha, él no le creía. Se estaba volviendo demasiado popular, demasiado sociable para ignorarlos. Pero confiaba en su palabra, en su mayor parte.

Habían pasado un buen verano juntos, contando sus experiencias de la escuela el año anterior. Severus sentía una pizca de culpa por no haberle contado a Lily todo lo que le había pasado, pero su beso con la chica en el portal era... era suyo. No quería que nadie más lo supiera. Ella era su secreto.

Severus había intentado preguntarle a su madre sobre el libro, pero ella no dijo nada, demasiado asustada de que Tobias la escuchara. Ese imbécil asqueroso había derramado cerveza en su uniforme escolar justo antes de ir a Kings Cross. Sin nadie que limpiara mágicamente su ropa, Severus había ido a la escuela oliendo ligeramente a alcohol ese septiembre. Había recibido miradas de los padres en el andén, y notó la forma en que todos habían susurrado cosas a sus hijos sobre él. La madre de Potter lo había mirado con tanta lástima que hizo que su rostro ardiera de vergüenza. ¡Cómo se atrevía esa mujer a tener lástima por él, especialmente cuando su hijo era un bastardo!

Se sentó solo en un compartimento de tren ese año. Lily había estado con sus amigas.

Había intentado el hechizo del poema en el compartimento solitario, pero su chica no había venido. Tal vez... tal vez ya no funcionaba.

A medida que pasaban los meses de escuela, Severus lo intentó numerosas veces, día y noche, pero siempre fallaba. No sabía por qué.

Había estado en la biblioteca estudiando Encantamientos cuando lo intentó de nuevo. Severus estaba instalado en la esquina trasera de la biblioteca, la que había descubierto que los Merodeadores nunca revisaban cuando buscaban objetivos.

En voz baja, murmuró el poema, un hábito en realidad, pero para su gran sorpresa funcionó. Sentada frente a él en la mesa estaba la Gryffindor, sonriendo felizmente al verlo. Dijo algo que él no pudo oír, su voz sonaba como si estuviera bajo el agua. Se encogió de hombros, indicando que no la había entendido y miró hacia otro lado tímidamente. Ambos se habían llamado para... para un beso. Severus miró rápidamente alrededor de la biblioteca y descubrió que no había nadie cerca para presenciar lo que esperaba que sucediera. Hicieron contacto visual tímidamente, la chica trató de acomodar su cabello sin éxito. Lentamente se encontraron en el centro de la mesa, inclinándose torpemente sobre sus deberes para alcanzarse el uno al otro. Severus iba a besarla, pero se movió demasiado rápido. Su nariz chocó con la de ella y retrocedió como si se hubiera quemado. ¡Qué idiota era!

Volvió a mirarla justo cuando ella estaba dejando un espectral beso en su nariz, un ligero y encantador recordatorio de que ella lo estaba esperando. A él.

Con una confianza renovada, Severus finalmente encontró sus labios y la besó. Fue un beso más largo que la última vez, y sus labios se sintieron simplemente... simplemente encantadores. Cuando se separaron, se sintió más ligero que el aire, y desesperadamente deseó poder besarla de nuevo. Su pequeño gesto de despedida fue recibido con el suyo, más vacilante. No quería que se fuera. Su sonrisa se convirtió en un ceño fruncido mientras miraba su corbata, sin duda juzgándolo por su afiliación a la Casa a la que pertenecía. Ella desapareció antes de que pudiera intentar hacer algo al respecto.

Nunca logró que volviera a su lado ese año. Severus desesperadamente esperaba que no fuera porque ella ya no deseaba que la encontrara.

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Hermione estaba confundida. Su amor era un... ¡un Slytherin! Sus labios todavía hormigueaban por el beso que habían compartido en su rincón de la biblioteca. Se sentía tan mal, besar a un Slytherin mientras este fiasco de la Cámara de los Secretos estaba sucediendo. Pero él era... él era su verdadero amor, ¿no? Hermione razonó durante el desayuno a la mañana siguiente que él no debía ser tan malo entonces, porque ella nunca amaría a una persona verdaderamente horrible.

Su investigación sobre el hechizo había resultado en nada, y Hermione no estaba dispuesta a preguntarle a uno de sus profesores. ¡Pensarían que estaba loca! En cambio, Hermione pasó el resto de su año investigando la Cámara, antes de quedara petrificada.

Hermione nunca tuvo la oportunidad de probar el hechizo nuevamente ese año, y no se atrevió a hacer el hechizo fuera de la escuela a pesar de que lo deseaba desesperadamente.

Nota de la traductora: un capítulo cortito pero espero que les haya gustado