The Legend of Zelda y todos sus personajes son propiedad de Miyamoto Shigeru, Tezuka Takashi y Nintendo.
Palabras: 800.
02.- Leer
La vista de la princesa permanecía fija en las letras del pergamino desplegado sobre la mesa. De vez en cuando sus labios se movían dibujando en el aire palabras silenciosas, sus dedos acariciaban con reverencia el papel. Link la observaba maravillado. Zelda era una persona culta, sabía leer, sabía escribir, poseía un vasto conocimiento sobre ciencias y hablaba varios idiomas, entre ellos el hyliano antiguo.
Zelda se levantó apurada y buscó a su alrededor algo que parecía ser de vital importancia.
—Mi libreta —musitó desconcertada por no tenerla a su lado.
Link dio un paso al frente, la recogió de la repisa junto a los ventanales y se la ofreció con gesto tímido.
—Gracias. Ah, Link, ¿podrías hacerme un favor?
Él asintió, no era habitual que Zelda se mostrase cómoda con él desde que la Espada Maestra estaba en su poder.
—Siéntate conmigo, por favor.
Se descolgó la espada y el escudo de la espalda, los dejó apoyados contra la columna junto a la mesa y obedeció. Deseaba que todo volviera a ser como antes, a cuando Zelda y él eran amigos, a cuando verle la hacía sonreír relajada.
Empujó el pergamino hasta dejarlo frente a él y colocó el dedo índice sobre las elegantes letras.
—Díctame este pasaje, tengo la sensación de que lo he leído en algún otro lugar. Necesito tenerlo a mano cuando repase mis notas.
Los ojos de Link se abrieron con espanto, la miró, pero ella ya estaba inclinada sobre su cuaderno preparada para escribir.
—Lo siento, no puedo —susurró avergonzado.
—¿Qué? ¿Por qué? —Los ojos verdes de Zelda se fijaron en los suyos, rehuyó su mirada—. ¿Es por cómo me he comportado contigo? —preguntó, su tono de voz estaba lleno de arrepentimiento sincero. Él disintió—. Sé que no he sido justa y lo siento de veras. Entiendo que estés enfadado y dolido conmigo, pero esto...
—No es eso. Es que no puedo.
La miró con las mejillas enrojecidas y una mueca llena de vergüenza adornando su rostro. Los labios de Zelda se entreabrieron por la sorpresa.
—No sabes leer —siseó.
Link encorvó la espalda, Zelda se dio cuenta de hasta qué punto le acomplejaba. Posó la mano sobre su brazo y le sonrió amable.
—Está bien, no pasa nada, Link. No es nada de lo que avergonzarse.
Cerró el cuaderno, le dio la vuelta y volvió a abrirlo por la última página. Link observó la página en blanco.
—Este pictograma se lee «la» y se escribe así —explicó trazando el carácter en la página en blanco, le ofreció el lápiz.
—La —musitó él imitando el trazado con torpeza.
—Eso es. Muy bien. Estos dos se leen como «tecnología». —Recuperó el lápiz y los trazó con cuidado—. El primero se lee como «tecno» y el segundo como «logía».
Zelda frunció el ceño sin ofrecerle el lápiz. Suspiró.
—Lo siento, creo que este texto es demasiado complejo para empezar.
—No importa, no quiero molestar.
—No, no es eso. Es un texto técnico —explicó sujetando su manga para retenerle a su lado—. Deberíamos empezar con algo más sencillo, me gustaría enseñarte si quieres aprender.
—Soy un soldado, no necesito saber leer —replicó muerto de vergüenza—. Sólo tengo que saber luchar y poder interpretar un mapa.
—¿Y si te pierdes? —preguntó ella—. Imagina que no tienes un mapa, que no hay nadie por el camino y te encuentras con un indicador, ¿cómo podrías saber a dónde te diriges?
Suspiró. No soportaba la idea de ser de nuevo el centro de burlas por algo que no sabía hacer y aún menos el de una persona tan culta como Zelda.
—Link, no es una molestia enseñarte —afirmó. Entendía su inseguridad, el miedo a que no funcionase, el sentirse inferior. Le entendía perfectamente—. Lo haré encantada si quieres aprender.
—No lo sé. —Dio unos toquecitos sobre el pergamino—. Léelo, lo memorizaré.
Asintió. Tendría que confiar en su buena memoria.
—La tecnología más avanzada permite poner en funcionamiento pequeñas armas ancestrales —leyó Zelda despacio—. Aparatos más pequeños y compactos que los guardianes, mas tan poderosas como estos. Se dividen en armas de defensa y de ataque.
«Tecnología militar» pensó Link, ese era un campo en el que tenía suficiente conocimiento como para que las palabras que Zelda iba pronunciando se grabasen en su memoria. Sintió como la curiosidad por lo escrito en aquel pergamino se extendía por su cuerpo. Si supiera leer podría acceder a toda aquella información, la propia Zelda le había dicho que podía ir a la gran biblioteca real siempre que quisiera. Si supiera leer…
—Quiero aprender —la interrumpió con un susurro.
Zelda le sonrió como lo hacía antes, cuando él sólo era su caballero. Reprimió las ganas de rozar su piel.
—Buscaré los mejores libros para enseñarte, lo prometo.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! La idea de hacer a Link vulnerable por no saber hacer algo básico como leer y escribir se me hizo irresistible. Creo que Zelda sería una buena maestra.
Nos leemos.
