Capítulo IV
Aún no veía su vida pasar por sus ojos, aún mantenía la esperanza de que saldría de allí entera e intacta. Su "siervo" la tomó de su brazo izquierdo con fuerza y la empujó hacia la pared. Hinata apoyó ambas manos en la rugosa pared. Sintió el cuerpo de su victimario por toda su espalda. La respiración de él le helaba su nuca.
- ¿Qué estás haciendo? - dijo ella asustada, esperando que su voz no temblara ante él. Debía mantenerse segura. – Por favor, déjame ir – suplicó.
- Lo siento princesa – respondió él con sorna. Su voz era clara, masculina y aterciopelada. Se pegó más a ella ejerciendo presión, Hinata sintió la dureza del cuerpo masculino, y el olor a hierro que desprendía. – Esto te pasa por comportarte como niña rica, y cometer el error de comprarme – La mano que sostenía su brazo se dirigió hacia el brazo derecho de la joven, rodeándola con la propia cadena que lo sostenía a él.
Hinata temblaba, ¿Cuándo le había quitado su puñal? – Yo…- tartamudeo – Yo te daré la libertad – suplicó ella – Solo, déjame ir – él rio.
- ¿Crees que soy imbécil? – la sintió temblar entre su cuerpo. – Eres una Hyuga – afirmó – Seguramente tienes a varios de tus séquitos rodeando el terreno – la cadena la apretaba más, y el puñal se sentía casi como si le cortara el alma por su cuello. – Solamente tú puedes sacarme de aquí – él sintió el aroma de la joven, era limpio, seductor y un poco embriagador. Negó mentalmente, no era el momento de tener esos pensamientos.
El tumulto y el escándalo que se escuchaba entre los comerciantes y los oficiales se sentía todavía más errático y desordenado. Todos parecían ajenos al asalto que estaba recibiendo la "princesa" Hyuga. Hinata pensaba diferentes formas para librarse de esa situación, más no había una que pudiera realizar estando tan desarmada como se encontraba. Lo escuchó resoplar.
- Bien – dijo él tomándola del hombro, y con una facilidad que a ella la irritó, la alejó de la pared. Detrás de ella observó hacia adelante sin dificultad, pues era mucho más alto. El camino de ese pasillo era largo y estrecho; ignoraba hacia donde lo llevaría, pero por ahora solo le quedaba recorrerlo, pronto los Hyugas caerían. – Camina princesa –
Ella dio dos pasos, y se detuvo con fuerza. Él gruño – Te dije que caminaras –
- Déjame – le dijo seria y calmada – O no te garantizo que salgas con vida de aquí –
- ¿Eh? – vociferó. Ella ¿lo estaba amenazando? – No creo que estés en posición de negociar, mucho menos de amenazarme –
- ¿Lo crees? – comentó Hinata sonriendo. Él se sorprendió por la extraña actitud de ella. En un momento estaba temblando, casi llorando, y ahora ¿se reía de él?
Pensó que quizás debía ignorarla, obligarla a caminar o arrastrarla de ser necesario. Que estuviera loca no era su problema. Hasta que todo pensamiento se borró de su mente al sentir algo puntiagudo en su espalda.
-Suéltala – le ordenó Tenten. Una de sus dos espadas había sido desenvainada y estaba dispuesta a clavársela a ese maldito esclavo.
-Te tardaste – dijo Hinata hacia su amiga.
- Lo siento, el mercado está hecho un caos – dijo sincera.
Él se dio cuenta que la joven Hyuga había estado haciendo tiempo. Había fingido temor, solo para darle los minutos necesarios a su sierva castaña de aparecer. Más no se impresionó de ver a la mujer allí, supuso que la distracción de los vendedores y oficiales no duraría mucho. Por lo que había escuchado, aquella joven era la custodia de la princesa Hyuga. Bien, probaría que tan buena era como luchadora.
El puñal con que amenazaba el fino cuello de Hinata, fue despedido a una velocidad increíble hacia la castaña. Tenten reaccionó desviando el impacto con la misma espada que apuntaba al pelinegro. Él aprovecho para darse la vuelta junto con su rehén y enfrentarse a la joven custodia. Tenten lo miró de frente, se sentía extraña enfrentando a una persona que parecía ser ciega, sin embargo, ambas sabían que él solo fingía.
- No lo repetiré – dijo Tenten tomando su postura en guardia, demostrando el filo peligroso de su katana – Suéltala – exigió.
-Hmp – murmuró él sonriendo. - ¿Crees que puedes vencerme? – preguntó con burla.
Ella no respondió. No era tonta, podía notar que no estaba al nivel de aquel hombre, ni siquiera estaba a nivel de Neji. Pero no se lo demostraría. Desenvainó su segunda espada, y se la arrojó hacia él y Hinata. El filo de la misma se clavó a unos metros detrás de ambos, en el suelo. Él sonrió tétricamente.
- ¿Segura que quieres darme una espada? – preguntó con sorna. – Te arrepentirás en haberlo hecho –
Tenten sonrió con arrogancia - ¿Quién dijo que era para ti? –
Antes de que él pudiera responder, su joven rehén se impulsó hacia adelante, dio un salto con impulso tomando la misma cadena con la que él la sostenía y giró en el aire en 360 sobre su atacante. Él joven pelinegro fue consciente de que la "princesa" Hyuga ahora estaba detrás de él, sosteniendo la espada que su castaña custodia había arrojado. Apuntándolo y casi ahorcándolo con la cadena.
El pelinegro se encontraba entre ambos filos, y con una mano sosteniendo la cadena sobre su cuello. Igualmente sonrió.
- Lo admito – exclamó – Me has sorprendido – Hinata elevó una ceja antes sus palabras arrogantes. – Pero las sorpresas no te dejarán con vida, princesa –
Con una velocidad sobre humana se desenredó la cadena de su cuello, se giró enfrentándola y la atacó. Hinata reaccionó en el segundo exacto levantando la katana, defendiéndose de la cadena que él usaba de arma.
Ambos quedaron a centímetros, casi sintiendo el aliento del otro. La cadena había quedado enredada en el filo de la larga hoja de la Hyuga. Ella temblaba ante la fuerza del agarre y el impulso de potencia para resistirlo. Él sonrió mostrando sus blancos dientes. Tenten corrió detrás del esclavo, con su espada dispuesta para atacar.
- ¡Espera Tenten! – gritó Hinata. La castaña se detuvo a apenas dos metros del ataque. La joven Hyuga observó desafiante a su atacante. – No tenemos que hacer esto – la castaña escuchaba las palabras de Hinata, sin embargo, desconfió de la situación.
- Yo creo que si Princesa – él ejerció un poco de fuerza y avanzó, haciéndola a ella retroceder, pero sin bajar el arma, y manteniendo el ataque.
- Se quién eres – le dijo segura. Él dejó de sonreír.
- Mientes – declaró.
- Eres un Uchiha – confesó. Si él joven se desestabilizó, fingió admirablemente su postura. – No puedes negarlo ¿Verdad? - Él quería averiguar cómo se había dado cuenta, pero no se lo preguntaría, jamás se pondría en evidencia. – Tu cuello – dijo Hinata, imaginándose que su contrincante querría saber cómo ella había descubierto parcialmente su identidad – Colocaste tierra y sangre en el lugar que todos los Uchihas son marcados con su símbolo familiar. –
"¿Cómo sabe aquello?" se preguntó él. Y lo más importante…- ¿Desde cuándo lo sabes? – la interrogó con enojo.
- Desde que te vi en el mercado – declaró ella. En realidad, le había llamado la atención ese detalle, pero solo cuando él decidió atacarla es que se dio cuenta de que estaba ante uno de los Uchihas. – Podemos hacer un pacto – Él pareció arrugar su mirada vendada – Si tu cumples tu parte, yo te ayudaré a conseguir lo que quieres –
El joven Uchiha pasó de la seriedad, a la ironía en solo segundos - ¿Y qué es lo que yo necesito conseguir? – le preguntó. Hinata tragó saliva, no respondió. – ¿No lo sabes? – dijo él con burla - ¿Qué pasa si te digo, que lo quiero es asesinar a Hashirama? – preguntó desafiante - ¿Me ayudarías? -
La joven ojiperla abrió sus ojos impresionada. Claro que no lo ayudaría, pero él debía de pensar que ella era demasiado estúpida como para creer que un Uchiha se arriesgaría a tal hazaña suicida. Sabía que los Uchihas eran peligrosos, pero también sabía que no eran idiotas. No, obviamente había algo más.
- Maldito – gruño Tenten, apuntándolo de nuevo con su espada.
- Tranquila Tenten – calmó a su amiga. Hinata sonrió. – Señor Uchiha –lo nombró – No me crea estúpida – él elevó una ceja ante aquellas palabras, y el formalismo de las mismas – Si ese fuera su objetivo, entonces no estaría en terrenos Hyugas infiltrado – él respiró profundamente enojado, ¿ella realmente había descubierto sus verdaderas intenciones? – La única manera de ingresar a las residencias de los feudales Hyugas, es por medio de la servidumbre, por eso se hiso pasar por esclavo ¿verdad? – lo desafió ella a que él lo negara. Pero el joven no lo hizo - ¿Qué es lo que busca, señor Uchiha? –
Él no respondió. Aquella situación estaba siendo demasiado extraña, y complicaba sus propósitos.
El Uchiha resopló. Nada de lo que estaba sucediendo había estado en sus planes. No se suponía que sería comprado para ser custodio. Se supone que debería haber sido vendido a los cuarteles de guerra, y allí podría verse cara a cara con Hizashi Hyuga. Su objetivo era Hiashi Hyuga, pero el bastardo jamás se presentaba en los cuarteles, su hermano era el encargado de ello, y por medio del hermano llegaría al otro. Pero la maldita "princesa" había echado a perder sus planes.
Y, aunque si bien, la hija del mismo le había facilitado la entrada a la "guarida" del patriarca Hyuga, todo se vino abajo en el momento en que ella decidió descubrir su identidad. Al menos parcialmente.
Además, ¿Ella era Hinata Hyuga? No lo podía creer. Había escuchado que Hiashi Hyuga tenía dos hijas, la mayor, Hinata, que era considera la más débil de la familia; y la menor, Hanabi, el futuro de la familia Hyuga.
Él se extrañó, no se supone que Hinata Hyuga supiera defenderse, mucho menos que fuera tan inteligente. Al final, lo que habían averiguado de los Hyugas resultó ser falso.
- ¿Cuánto tiempo estaremos así? – cuestionó la joven Hyuga. Su fuerza se debilitaba, y ella podía notar que aquel hombre se mantenía como si nada.
- Tú dímelo – respondió él – ¿Qué es lo que busco? – la interrogó – Si sabes lo que es, entonces haremos el pacto –
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Deidara sudaba como condenado. ¿Qué carajos eran los Uchihas?, ¿No se suponía que su líder estaba en un estado debilitado? ¡¿Cómo es que tenía tanta fuerza?!
El brillo de la larga y delgada hoja de la Katana de Itachi casi lo ciega. El Uchiha aprovechó aquel descuido, con un movimiento casi sutil pero poderoso, golpeó el filo de la Katana tipo sierra del rubio, y la misma salió despedida, clavándose a metros de su dueño. Deidara quedó fuera de combate.
- Bien, se acabó muchachos – exclamó Shisui golpeando sus palmas – Hora de descansar-
- ¡¿Qué?! – gritó Hidan levantándose de donde había estado sentado - ¿Cómo que descansar? ¡Es mi turno ahora! – exigió.
- Vamos, ya es suficiente por hoy Hidan – dijo Shisui. No iba a permitir que su primo se exigiera más de lo normal. Observo a Itachi envainar su espada y retirarse hacia una improvisada mesa, donde había dejado una toalla y un cuenco con agua.
Lo había tomado desprevenido aquel pedido de Itachi de entrenar con algunos de sus compañeros Akatsuki, normalmente entrenaban juntos, pero se ve que su primo tenía otros planes en mente.
Kakuzu había sido el primero en enfrentarse en duelo con Itachi, el mismo duró quince minutos, en movimientos que casi ninguno de ellos pudo identificar, había derrumbado las seis armas del guerrero silencioso.
Luego de él Deidara se ofreció como contrincante con su orgullosa Katana tipo sierra, sus bombas explosivas las dejaría para la guerra. El mismo combate solo duró doce minutos, que al rubio le pareció interminables.
Itachi se estaba limpiando el sudor de la cara con la toalla, cuando escuchó la voz de la única Akatsuki mujer resonar entre los presentes.
- Hidan, con gusto me enfrentaré a ti – comentó Konan, fascinada y eufórica por el esplendoroso desenvolvimiento de su líder – Si quieres-
Hidan iba a aceptar, ya era momento que se cobrara el puñetazo que la atrevida de Konan le había dado. Pero Shisui intervino, como siempre.
- No, ya no es momento de entrenar – sentenció. Konan elevó una ceja irritada ¿Quién se creía Shisui para ordenarles a ellos cuando entrenar, y cuando no?
- ¿Por qué no? – quiso saber ella levantándose para enfrentarlo – Necesito entrenar para mantenerme en plena forma –
- ¡Si! – confirmó Hidan - ¡Además, la perra me debe un puñetazo! –
- Con gusto te igualaré el otro ojo – dijo ella con arrogancia.
- Por eso mismo – respondió Shisui – ustedes no quieren entrenar, solo quieren matarse entre sí –
- Eso no debería importante – lo enfrentó Konan – Si nos matamos o no, no es tu problema –
- Konan – dijo seriamente el Uchiha mayor – si lo que quieres es entrenar, elige otro compañero –
Konan estaba furiosa, ese día no podía ir peor. Primero, casi se comporta como una desquiciada enamorada con su líder por malentender las acciones de Itachi; luego se había enterado que todos en el campamento hablaban basura de ella, ¿Qué se había desnudado? ¡Estaban todos locos!
Y ahora, el maldito de Shisui Uchiha no la dejaba descargar su furia mal contenida contra Hidan.
- Bien –respondió resuelta – entonces entrenemos, tú y yo -
Shisui se sorprendió con el pedido, no esperaba que ella lo eligiera. Seguramente estaba demasiado enfadada con él, que ahora quería convertirlo en su saco de boxeo. La observó sutilmente, ella sonreía con arrogancia y atrevimiento.
- Bien – exclamó – Acepto tu invitación- comentó sonriéndole. A ella esa sonrisa la irritó más.
- Lo va empalar – comentó Sasori a sus otros compañeros, quienes se había reunido para observar a su líder entrenar, y ahora, para ver a Shisui siendo atacado por Konan.
- Ella solo está enfadada – respondió Nagato – pero no llegara a tanto –
- ¡Nooo! – exageró Hidan – ¡Solo intentará castrarlo! – dio una ligera carcajada ante su propio comentario. Y se sentó con los demás.
- Imagino que te sientes afortunado entonces – dijo riendo Deidara – aunque todos preferiríamos que hubieses sido tú el castrado –
- ¡Cállate! – le grito el peli plata enfadado.
Konan observó como Shisui Uchiha se quitaba su armadura, que no era gran cosa, solo usaba protectores en sus antebrazos, en sus hombros y en sus piernas. Ella también hizo lo mismo. Ambos debían estar en iguales condiciones. Él la observó quitarse sus propios protectores, y sonrió. Ella se irritó todavía más de ser posible, ¿estaba comenzando a menospreciarla? ¡Le haría tragar esa maldita sonrisa arrogante! Se juró Konan.
Ambos tomaron sus respectivas espadas. La de Konan era un poco más corta que la de Shisui, y más fina la hoja. Pero a ella le quedaba perfecta.
Se situaron en el medio y se miraron cara a cara. La diversión estaba plasmada en las pupilas del Uchiha, y la furia en las de Konan.
- Bien – dijo Nagato, actuando como réferi – Solo es entrenar, nada de intenciones asesinas – continuó – Recuerden que somos compañeros, combatimos uno por el otro, dejaremos nuestras vidas en el campo de batalla, pero jamás atacaremos a uno de los nuestros, nosotros somos una familia que…-
- ¡Ya cállate Nagato! – gritaron todos, incluidos los combatientes.
- Esta bien – dijo ofendido – Solo quería que se sobre entendiera que nada de ataques mortales – exclamó – Ahora, comiencen-
Konan no espero ningún movimiento de su rival, al contrario, se lanzó con fuerza empuñando su confiable arma. Shisui sospechaba que ella era impulsiva, esperó con calma su ataque. Y repelió el movimiento.
Ambos filos creaban chispas al chocar entre sí. Konan estaba encendida, y furiosa con cada uno de los ataques, parecía que él no se esforzaba, y eso la irritaba, pues se sentía menospreciada.
Shisui solo detenía los ataques de su rival, en ningún momento tuvo intenciones de él también atacar. Supuso que, por lo mismo, los golpes de Konan se volvían más efusivos y descuidados. Podía ver, en todo el lenguaje corporal de ella, que quería vencerlo y lastimarlo; aunque tal vez no de forma mortal.
- ¿Por qué no me atacas? – exclamó ella furiosa a solo unos centímetros del rostro de él. Las hojas de sus espadas crearon una equis ante el choque. - ¿Crees que soy menos que tú? – ella elevó su pierna y lo pateó en la zona del abdomen, él retrocedió. – ¿Es eso? – Konan sacó un puñal que tenía en el interior de su manga y se lo lanzó. Shisui la detuvo con su otra mano, sosteniendo la pequeña arma desde el filo. Cortándose con el mismo puñal.
Konan Saltó hacia él, la espada sostenida desde la empuñadora con ambas manos. Shisui en un hábil movimiento hizo girar el puñal que lastimaba su mano, lo sostuvo desde la empuñadura y con el filo del mismo, y su espada, detuvo la estocada de Konan. Luego, en movimiento imperceptible, golpeó la espada de su rival mujer con la suya, y el arma voló, clavándose en el suelo terroso.
Konan no se inmutó, apenas se vio desprovista de su espada, sus ligeras piernas golpearon las manos de Shisui, haciendo que él soltara ambas armas. Se lanzó hacia él, con la intención de golpearlo en su cara. Él intentó detenerla, sin golpearla, y esquivándola. Pero en un movimiento veloz, ella intentó darle un puñetazo, que él detuvo con su mano, retrocediendo ambos; terminaron cayendo al suelo.
Konan estaba sobre él, sosteniéndole las muñecas con sus manos. Él la observó sorprendido, y un poco avergonzado. No porque lo hubiera tirado, sino por la postura incómoda en la que se encontraban. Ella sonrió, contenta de generar una expresión sorpresiva en el Uchiha.
- Creo que has perdido – dijo ella aún sosteniéndolo por las muñecas y sonriendo con arrogancia. Shisui tragó saliva, su ego fue un poco golpeado.
Un brillo travieso se colocó en sus pupilas - ¿Tú crees? – preguntó divertido. Konan no tuvo tiempo de responder, Shisui la rodeó con sus piernas y la volteó con total facilidad, y se colocó sobre ella. Esta vez él la sostuvo, pero no de sus muñecas, sino que había tomado sus manos y había entrelazado sus dedos con los de ella. Konan se sonrojo.
- ¡Déjame! - intentó ella zafarse del cuerpo de él. Pero parecía inútil, él era más fuerte y pesado.
- Por supuesto – dijo él – Pero antes, admite que has perdido – le sonrió. Ella parecía ponerse más roja todavía. Shisui la encontró adorable, aunque no sabía si estaba roja de la vergüenza, o de la ira.
Sus compañeros empezaron a silbar. Itachi desde hacía minutos había dejado de mirar y se había adentrado a su tienda de batalla.
- ¡Oigan, busquen una habitación, ustedes dos! – les gritó Hidan con mofa.
- ¡Suéltame Shisui! – le gritó Konan intentando luchar contra la fuerza de él.
- No escuche las palabras mágicas – comentó él con burla.
Los demás seguían haciendo comentarios, riéndose y aplaudiendo.
- ¡Vamos, no ves como los otros están malentiendo todo! – dijo ella furiosa.
- Realmente no los estoy escuchando – respondió el Uchiha. Ella forcejeó con él un poco más, hasta que se rindió - ¿y bien? -
- Yo…- dijo ella irritada – he perdido –
Shisui sonrió, decidió levantarse de arriba de ella.
Konan ni bien se vio liberada fue por su arma. La tomó, la envainó en su funda y salió furiosa y avergonzada en dirección contraria de donde estaban todos sus compañeros.
Shisui la observó irse. Notó un brillo imperceptible en el suelo, era el puñal de ella. Lo tomó y limpio la tierra que tenía.
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-Y bien princesa – exclamó el joven Uchiha con sorna – estoy esperando tu respuesta –
A Hinata comenzaron a temblarle los brazos, había perdido gran parte de su fuerza. Lo bueno es que él ya no ejercía la misma presión que al comienzo. Ella pensaba, ¿qué era lo que podría buscar un Uchiha en las tierras de su padre? Porque estaba claro, que era a su padre a quien quería. La pregunta era ¿Para qué lo quería?
Si bien su padre era el mayor contribuyente monetario que Hashirama tenía, no podría ser posible que solo por ello lo quisiera matar. ¿Qué era lo que conseguiría con la muerta de su progenitor?
Hinata estaba confundida, si lo que había escuchado de las historias sobre los enemigos de su nación, Madara, Akatsuki y, por sobre todo, los Uchihas, eran ciertas, entonces, aquello que buscaba ese Uchiha era todavía mucho más importante que su propio padre.
"Los Uchihas no actuarían así, sin un motivo en particular" pensó ella. Si bien Hiashi Hyuga no pisaba los campos de guerra, si deambulaba en busca de comercios, pues él no confiaba en otros para hacer tratos que en él mismo. En cualquiera de esos viajes podrían haberlo interceptado y asesinarlo.
- No me hago joven aquí esperando – le recordó él.
El cerebro de ella trabajaba a velocidades insanas. No tenía una sola pista de que era lo que él buscaba. Lo observó, no había forma de que él le dijera que era. No cuando lo único que buscaba, seguramente, era matarla por ser una Hyuga.
Hyuga, algo de ellos buscaba.
- Creo saber que es- dijo ella no muy convencida, ganando segundos de tiempo. Pensó en los Uchihas, en los miembros de ese clan. Sacando a Madara, y concentrándose solo en el Uchiha que tenía delante, debía de suponer que este joven era uno de los hijos de Fugaku Uchiha. Era intuición. Y también, eran la familia más nombrada.
Si era así, entonces era uno de los dos hermanos, o era Itachi, el mayor, o era Sasuke, el menor. Estaba casi segura de que éste era Sasuke, pues había escuchado de Neji que Itachi Uchiha había sido nombrado como líder del mayor escuadrón de batalla de Konoha del Oeste, el primero que iba de frente al ataque. Había escuchado de su primo, quien estaba en el octavo escuadrón de la Hoja escondida de Kurama, que desde el primero al cuarto batallón habían sido barridos abismalmente por los Akatsuki, como se hacía llamar el ejercito que tenía de líder a Itachi Uchiha.
Entonces, si el mayor de aquellos dos hermanos estaba en el campo de batalla, el menor seguramente haría practica de espionaje.
Además de ellos dos, había un tercero, un tal Shisui, de aquel no sabía mucho. Pero estaba segura que este Uchiha tampoco era ese tal Shisui, estaba más segura todavía de que era Sasuke Uchiha.
También había escuchado de los conflictos internos, al parecer aquellos tres Uchihas no simpatizaban mucho con su rey. Significaba que todo lo que estaban haciendo era a escondidas y por sus propios propósitos. ¿Qué querrían esos tres Uchihas de los Hyugas?
Y entonces, como si de un rayo de luz se tratase, su mente se iluminó.
"¡Si!, solo puede ser eso"
Ella bajo su Katana, él estudiando sus movimientos se quedó en guardia sosteniendo aún las cadenas, pero ahora sin atacarla. Ambos se quedaron inmóviles, estudiándose.
- Se lo que busca, Sasuke Uchiha – dijo ella.
Él trago saliva, había descubierto totalmente su identidad. Mantuvo su actitud desconfiando, aunque lo supiera eso solo significaba que con más motivos debía asesinarla, a ella y a la otra mujer que aún lo apuntaba con su espada.
- Buscas el elixir Hyuga – dijo ella confiada. Era imposible que se equivocara. No podía existir otro interés.
Sasuke se puso rígido. Una especie de odio comenzó a crecer en su interior. Había pasado prácticamente más de un mes en la que sería la primera misión que su hermano le había confiado. Sólo él sabía lo que le había costado convencer a Itachi de que estaba más que preparado para la misma. Sin embargo, aunque su hermano le había dado permiso, debía cumplir un plazo de tiempo determinado, y ya se le había vencido. Gracias a su gran plan estratégico logró infiltrarse como esclavo ciego. Había llegado a la fosa, en donde había asesinado a casi todos sus contrincantes, y cuando por fin llegó a las tierras Hyugas; una mujer, corrección, una maldita mujer, lo había descubierto. Su padre tenía razón, las mujeres eran la maldición de los hombres.
- ¿Qué sucede, Sasuke Uchiha? – ella pronunció su nombre casi saboreando la incomodidad que a él le producía. Había dado en el clavo, el Uchiha buscaba el elixir. - ¿No es acaso eso lo que busca? –
Él no respondió. Pero su silencio lo hacía por él.
- ¿Asique en verdad es eso? –exclamó Tenten detrás de él. Sasuke gruñó, hasta la maldita sierva se mofaba de él.
- ¿Y bien? – cuestionó ella – ¿Hay trato o no? –
Él gruñó. No se detuvo a pensar como ella había averiguado su identidad, ni siquiera como se había enterado de su objetivo de busqueda; al diablo con ella, lo había atrapado - ¿Qué es lo que quieres? –
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Shisui se había refrescado en el lago que costeaba el campamento que habían levantado. La herida de su mano no le dolía, pero le molestaba un poco al rozarla con cualquier cosa.
Se estaba secando el cabello corto con una toalla, cuando la figura de alguien entró casi con actitud furiosa dentro de su tienda de campaña.
Los oscuros ojos se abrieron con sorpresa al notar a su única compañera Akatsuki, marchando hacia él con el rostro contraído en ira.
- ¿Konan? – la nombro extrañado de verla allí – ¿Necesitas algo? –
La nombrada peliazul se detuvo a una distancia prudencial, sus ojos escudriñaron la persona de Shisui, y se sonrojó. Él maldito ¿no podía haberse abrochado la camisa? ¿tenía que mostrarle su abdomen bien trabajado? "¡No seas idiota Konan, es Shisui al que tienes en frente, deja de distraerte por idioteces!"
Konan lo miró a los ojos, estiró su mano a la altura de él. Shisui estaba confundido. – Te traje una venda – él la miró sin entender. Ella comprendía su sorpresa, hasta para ella misma su propia actitud era extraña. Pero había visto sangre en su mano, sangre de él al cortarse con su puñal.
No pudo evitar sentirse un poco culpable.
- ¿Una venda? – preguntó. Se sacó la toalla de la cabeza y la dejó en una mesa que usaba como escritorio. Se preguntó para que le había traído aquello, y se dio cuenta de que era para su herida. - ¿Es para mi mano? – ella quería tirársela a la cara. Solamente sabía cómo humillarla. Lo que le había costado llegar hasta allí para tratar su mano herida; pero su moral era fuerte. Ella asintió a su pregunta. – Gracias – él se la recibió sonriendo sinceramente. Konan iba a retirarse, pero observó que comenzó a vendarse con dificultad usando sus dientes. Ella resopló.
Se preguntó ¿Qué era lo que la había impulsado a ir a esa tienda y llevarle la venda a aquel Uchiha, tan alta era su moral, su sentido de culpa? No lo sabía, y aunque se arrepentía, ya estaba allí.
- Te ayudaré – dijo con firmeza. Le quitó la venda y tomó la mano herida. Shisui sentía como una especie de consuelo recibido de su compañera; aun cuando ella no lo viera así. Konan comenzó a envolver la herida, observó con detenimiento la mano masculina, podía ser un hombre, pero tenía bonitas manos. Sus dedos eran largos, se ruborizó al recordar como él había enredado esos dedos con los suyos. Apretó un poco la venda al tener ese pensamiento. Shisui dio un quejido, pero ella no se disculpó. Finalizó su trabajo y se giró para irse.
- ¡Espera! – la llamó Shisui. Ella se detuvo, pero no se giró para verlo. El Uchiha buscó en el único cajón que tenía la mesa y sacó el puñal de ella. – Toma –
Konan se giró, miro la mano vendada de él sosteniendo algo. Ella notó que era su pertenencia. Estiró su mano y él colocó el arma entre sus dedos.
- Gracias Konan – ella solo asintió y salió con rapidez del lugar.
El corazón de Shisui latía rápido y cálido. Aquel momento fue único para él. Si tan solo las miradas tan tiernas y cargadas de cariño de Konan, fueran dirigidas para él y no para su primo. Pero aquella era la realidad.
Lo que Shisui no sabía es que el corazón de cierta mujer de hielo, comenzó a latir con intensidad.
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En la residencia Hyuga.
Tenten hacia guardia a las afuera de los aposentos de Hinata. Normalmente estaría adentro, con su amiga, pero en ese momento era necesario que nadie se atreviera a entrar. Sino, ambas estarían en problemas.
Dentro de las habitaciones, Hinata se paseaba de un lado a otro. Estaba nerviosa. Aún no había planificado como sería su plan de escape, por ahora tenía a su nuevo siervo tomando un baño.
Sasuke decidió que lo mejor que podía hacer era seguirle el juego a la princesa Hyuga, si le daba o no el elixir Hyuga no importaba. Lo conseguiría con o sin ella. Y por supuesto que no cumpliría su promesa de llevarla hacia las fronteras del ejercito de Hashirama. "No seas un tonto suicida" recordó las palabras de su hermano. Aunque no podía evitar tener curiosidad, ¿por qué la princesa Hyuga quería ir allí?
El agua se sentía reconfortante, semanas sin bañarse le estaba afectando. Se había sacado la venda de sus ojos, la luz natural que entraba por una pequeña ventana lo encegueció. Por supuesto que podía ver a través de aquella tira de tela, pero la luz no llegaba con profundidad, asique, cualquier tenue luz cálida podía cegarlo. Pero el efecto solo duro hasta que su vista volvió a acostumbrarse a la claridad.
Sus ojos parpadearon luego de ser lavados, sus negras iris enfocaron y escudriñaron todo el cuarto de baño. Era muy femenino, era muy obvio que pertenecía a una mujer. Suspiró tranquilamente cuando unos golpes en la puerta del baño lo alertaron.
- Señor Uchiha – susurró Hinata – ¿le falta mucho para acabar su baño? - ¡había estado allí media hora!
Él no respondió, y siguió refrescándose. Su piel volvía a sentirse fresca, y si podía estar allí unos minutos más, pues lo haría.
Hinata murmuró con enojo muchos apelativos para el joven Uchiha ¿Qué le costaba responder?
Escucho la vos de Tenten, parecía discutir con alguien. Se acercó a la puerta para aumentar su audición.
Afuera, Tenten se encontró con su amo Neji. Él se veía enojado, ella bajo su mirada.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó él. Ella elevó la mirada y se ruborizo. ¿Cómo era posible que le afectara la cercanía del primo de Hinata? Más cuando él le había dejado muy en claro la diferencia de clases entre ambos.
- Yo, estoy esperando a Hinata – dijo ella.
- Escuche que tuvo una discusión con Ino Yamanaka – exclamó él cruzándose de brazos – y que Hinata-sama la atacó – Tenten tragó fuerte - ¿es así? –
Sin otro camino que pudiese tomar, ella asintió. – Sabes que no puedes permitir aquello – su voz estaba volviéndose más grave y peligrosa.
- Lo sé – dijo ella sin elevar la mirada. Él resoplo.
- A un lado – intentó correrla de la entrada de la habitación –Debo hablar con Hinata – Tenten entró en pánico. Justamente Neji no debía entrar.
- ¡No puedes! – gritó ella. Él elevó su ceja.
- ¿Por qué no? – exigió.
- Hinata, ella…- murmuró Tenten pensando en una excusa – ella se está dando un baño –
Neji la miró serio, si creía que él era estúpido entonces le demostraría cual equivocada estaba. – No sabes mentir Tenten – dijo empujándola a un lado y abriendo la puerta.
Hinata había escuchado hasta que Tenten dijo que se estaba bañando. Sabía que su primo no se lo creería, pues Tenten esperaría dentro y no fuera.
Corrió hacia el baño, antes de notar que la puerta de su habitación se abriera, giró el pomo y se adentró.
Sasuke estaba allí de pie, había salido de la bañera y se había envuelto la cintura con el largo manto que ella le había dado para secarse. Quedó un poco impresionado de ver a la heredera Hyuga adentrarse con prisa. Ella se giró luego de cerrar la puerta. Y se encontró con una imagen que la escandalizó y la ruborizó cual tomate. El cuerpo masculino era un verdadero enigma para ella. Y allí estaba, descubriendo ese misterio en el mismísimo enemigo de su nación. Su cuerpo se parecía a las estatuas de los dioses griegos que había visto de escritos sobre Roma y Grecia. Solo que ese hombre de cabello oscuro era real.
Sasuke Uchiha estaba cubierto solo por aquel manto que cubría su pudor. Él se ruborizo al ser descubierto en tal situación. Ella salió del estupor y llevó su dedo a su propio labio en señal de que él hiciera silencio, luego se giró mirando a la puerta con miedo de que la misma se abriera.
El pelinegro se extrañó por ello, pero luego escucho una voz masculina llamándola.
- ¿Hinata-sama? – era la voz de Neji Hyuga. El pelinegro frunció su ceño, Neji Hyuga era uno de los enemigos a quien había jurado asesinar en el campo de batalla. Ver la sangre del nombrado "genio" Hyuga derramada por sus manos y su espada era uno de sus mayores y retorcidos sueños.
Y el bastardo estaba a solo unos pasos. Una oportunidad casi jugosa.
Avanzó unos pasos, siendo guiado por su instinto más profundo y asesino; sin embargo, aquella mujer se interpuso, de nuevo.
- Estoy bañándome Neji-nisaaa- gritó ella. Neji gruño, al parecer Tenten había tenido razón.
- La esperare en el salón de Té – dijo él. Ella le respondió que estaba bien, y él salió de la habitación.
Hinata sentía su corazón a mil por horas; estuvo a solo unos cuantos pasos de ser descubierta, y no tan solo ella, sino también su nuevo "siervo" y enemigo nacional. Dios sabe el baño de sangre que hubiese sido si Neji y el Uchiha se hubieran visto.
De repente se volvió consiente de la presencia de cierto pelinegro y de que ella estaba invadiendo la privacidad de su siervo, quien estaba muy en paños menores. Se ruborizó aún más y el corazón tenía todas las intenciones de explotar.
Se giró, en un alarde de valentía, lo enfrentó- ¡Vístase rápido señor Uchiha! – dijo ella escandalizada. Él elevó una ceja y cruzó sus brazos. Ella se dio cuenta de que ya no portaba la venda alrededor de sus ojos, y que aquellos iris oscuros cual carbón penetraron su mirada, casi se sentía desnuda, cohibida y... atraída. Inconscientemente se cubrió su pecho con sus brazos. Él paso de la seriedad, a la sonrisa arrogante. No entendía por qué ella reaccionaba así, pero le divirtió. Se acercó a ella con la firme intención de intimidarla y, de ser posible, ver a que otro tono de rojo podía pintar su vergüenza. - ¡Señor Uchiha vístase! – exclamo ella pegándose más a la puerta. Él rio con ironía. Y se alejó de ella.
- En eso estaba princesa – respondió él tomando una camisa limpia que le había dejado Hinata – ¿Cómo se supone que iba a saber que te gusta espiar a los hombres bañándose? –
- YO…- gritó ella sorprendida por tal declaración - ¡Yo no espío a los hombres! – abrió la puerta con furia y salió del baño azotándola. Él sonrió divertido.
Tenten había entrado muy alterada. Neji se comportó como un cabrón al haberla empujado de esa manera. Aún estaba herida de sus manos, pero parecía que a él no le había importado en lo más mínimo. Mejor, ya era momento de pisar suelo y olvidarse de ese maldito amor platónico.
Ahora lo importante era que Hinata no hubiese sido descubierta.
- ¡Hinata! – dijo ella apresurada - ¡No pude evitar que Neji entrara! -
- Lo sé, descuida, escuché la discusión – respondió calmándola. Tenten asintió notando como su "señorita" estaba bastante ruborizada.
- Dijo que espera hablar contigo en el salón de té – exclamó Tenten.
- Si, iré ahora – dijo abanicándose en un intento de bajar el calor de la vergüenza que se había instalado en su rostro.
- ¿Estas bien? – la interrogó preocupada.
- Si – afirmó con fuerza – Tenten, necesito que vigiles a nuestro "custodio" – comentó – Aún no podemos confiar en él –
Tenten iba a responderle que era casi imposible que en algún momento pudiesen confiar en él. Pero se abstuvo en responder aquello y solamente asintió.
Hinata abrió con delicadeza la puerta del salón. Neji estaba allí esperándola. Ella lo observó, la ira la inundó. Culpa de su "siervo" había rotó su promesa de no hablarle a su primo.
- Hinata-sama – la saludó Neji. Ella se sentó en el centro, frente a él. Ignoró el saludo. – Escuche que tuvo cierto altercado en el mercado –
- Nada que no pudiera solucionar sola – respondió seria sin mirarlo a los ojos.
- Me di cuenta – dijo él seriamente. Su prima estaba de rebelde, podía notarlo. – Aun así, no es recomendable que usted se comporte de esta manera – la regaño – mucho menos cuando debe presentarse en la reunión con los feudos y aliados como la futura líder Hyuga –
Un tic nervioso y de ira atacó el ojo izquierdo de Hinata. Jamás aceptaría ser líder del mismo clan que le arrebató tanto la vida de su hermana, como su propia libertad. Pero debía mantener la calma, nadie debía sospechar que estaba formulando un plan de escape. – Lo sé, guardare la compostura –
Neji asintió, para nada convencido. – Sabe que yo seré su acompañante ¿verdad? – Ella asintió. – Y que no permitiré que arruine su vida – dijo en tono amenazante, casi intentando decirle que sea lo que estuviese planeando, debía dar marcha atrás.
Hinata elevó su mirada blanquecina dando de lleno con la de su primo. Neji la amenazaba, nada nuevo. Esta vez no retrocedería. Esta vez había firmado su libertad. Sonrió hacia su primo. Él podía intentar detenerla, no importaba. Ya no le temía a nada.
Continuará.
Pues si, Shisui esta un poco enamorado de Konan ;)
