ERRARE HUMANUM EST
Los automóviles que transportaban al equipo habían llegado por fin a la gasolinera de la autopista número 14 donde habían encontrado a otra víctima…
El cuerpo de la víctima mostraba los signos inequívocos de haber sufrido un ataque de Código V, salvo que éste había sido prácticamente destrozado, es más como si en lugar de Código V hubiera sido una bestia salvaje quien se hubiera ensañado con el pobre hombre.
¿Esto es normal?- preguntó Michael después de tapar con la sábana lo poco que quedaba del cadáver.
Nunca había visto algo así- habló Vaughan Rice- es la primera vez que veo que los destrocen de esta manera.
El padre Harman por su parte se encontraba recolectando información que pudiera serles de utilidad con los guardias de la gasolinera pero ninguno de ellos había visto algo, no había sido hasta entrada la mañana que un camionero había entrado al sanitario y encontrado los restos de la víctima.
Al ser encontrado en el baño la cámara de seguridad de la estación no pudo captar nada, además de poco hubiera podido servir ya que los Código V no pueden ser captados por aparatos electrónicos.
Y una vez más, como si se burlara de ellos ahí estaba el tatuaje de libélula ahora en la muñeca derecha del desconocido, lo único que parecía no habían profanado ¿qué podía significar? ¿Tenía alguna relación con el caso anterior? ¿Estarían planeando algo mucho más espeluznante los Códigos V's?
…
No había nada más que pudieran ver en la gasolinera, lo único que podían hacer era regresar a sus instalaciones y continuar trabajando, tal vez la doctora March pudiera encontrar algo de utilidad con su microscopio.
Todo el camino de regreso Pearse estuvo muy callado cosa que ponía hasta cierto punto nerviosos a Rice y a Michael. ¿Qué estaría pensando el padre? Eran lo que se preguntaban cada uno de ellos en silencio mientras la mirada de zafiro de su líder parecía perderse en el cristal de la ventanilla mirando a la distancia…
Solamente llegar Pearse fue directamente a su oficina, la puerta se cerró con llave y ninguno de ellos lo vio en todo lo que restó de la tarde.
Angie no podía encontrar alguna conexión entre esta nueva víctima y la anterior, cierto que ambas tenían el tatuaje de libélula aunque en diferentes partes del cuerpo, dicha imagen había sido dibujada con un grupo sanguíneo diferente al del huésped y ambos habían sido dibujados después de haber terminados con ellos.
Solo esperaban que las huellas dactilares pudieran decirles quienes eran las víctimas tal vez eso dejara ver un poco más claro por dónde iba el caso.
….
¿Señor?- golpeó con los nudillos la doctora March la puerta del padre Harman.
Nada, no contestó nadie.
¿Sucede algo?- preguntó Vaughan que pasaba en ese momento por el corredor con un café aun caliente en las manos.
No contesta- informó Angie- ¿lo has visto?
No sabía que Pearse hubiera salido- informó el exmilitar- permíteme- le entregó a Angie su café y acto seguido aplicando presión abrió la puerta- disculpe señor, pero…
Nada, el lugar estaba vacío.
…
No, no había sido un ataque de Códigos V's, no, tampoco Pearse J. Harman había desaparecido por arte de magia, solamente había aprovechado un momento de distracción en que sus hombres y compañeros estaban trabajando para salir un momento a despejar la mente.
Pese a que no lo soportaba había tomado su medicamento mientras trataba de encontrar alguna pista que pudiera servirles para resolver este caso, era completamente diferente a lo que los Códigos V's los tenían acostumbrados, era como si tuvieran el valor y el arrojo de salir a plena luz del día, obviamente eso no era posible además los cadáveres de las víctimas ya tenían horas de haber muerto lo que corroboraba el hecho de que habían sido asesinados durante la noche; pero ¿para qué? ¿por qué? No era el clásico hecho de alimentarse, además cada uno de ellos tenía una marca, como si fueran migajas en el bosque que les dejaban los vampiros.
Sin poder encontrar una respuesta en sus libros, en lo que sabía, sin saber cómo podría resolver este caso Harman salió a estirar un poco las piernas. Se había llevado su abrigo gris Oxford y su bufanda café por lo fresco de la tarde, además el cielo amenazaba con alguna lluvia eventual. Caminaba por las calles de Londres tratando de concentrarse en alguna solución cuando para su asombro terminó por llegar hasta las puertas de una iglesia.
Los caminos del señor son misteriosos- musitó con una ligera sonrisa en los labios.
Sin mucho pensarlo entró al recinto. El lugar estaba oscuro solamente iluminado débilmente por los cirios del camino central, unas cuantas bancas adelante había unas personas, otras cuantas al centro y nadie en el fondo. Aun era temprano para alguna misa vespertina o nocturna.
El padre cerró los ojos mientras respiraba hondo el aroma del incienso y de la santidad del lugar, no pudo evitar recordar cuando después de saber que estaba enfermo había prácticamente escapado a la Iglesia para tratar de encontrar tranquilidad.
¿Harman?- llamó de pronto una voz a su derecha.
Pearse abrió los ojos, parecía que el descanso había durado mucho menos de lo que esperaba. Parado en el pasillo central se encontraba un anciano sonriéndole, claro, lo reconoció, era el anciano a quien habían interrogado en la mañana por el primer caso de las libélulas.
¿Señor, Smith?- recordó el nombre Harman.
Joshua, por favor- contestó el anciano- ¿pidiendo ayuda a los Santos?
Harman se sonrió mientras el señor Smith se sentaba.
No, me temo no pueden ayudarme- dijo tristemente Pearse.
No dude de la intervención divina, siempre escuchan… tardan en responder, pero siempre escuchan…- habló el anciano con una sonrisa en su rostro.
Estoy seguro que lo hacen- asintió el padre- ¿salvando el alma un poco?
Siempre vengo a esta hora- se rio por lo bajo Joshua- ¿ve a las niñas en el coro?
Al frente a la derecha un grupo de diez niñas vestidas como pequeños monaguillos entonaban algunas canciones religiosas. Sin contestar Harman asintió.
La pequeña de coletas, la pelirroja- continuó hablando el señor Smith- es mi pequeña Anne-Marie, bueno, es la más pequeña de las hijas de mi hermana. Tiene una voz angelical aunque le da pena hablar en público, solo viene a practicar si yo la acompaño. Es un encanto de niña. Escuchaba como entonaba el "Come on, come on, Emmanuel" cuando me llegó su fragancia, nunca olvido un perfume o una loción, señor.
Pearse estaba sorprendido por lo desarrollados de los sentidos del hombre, no importaba que estuviera ciego parecía percibir el mundo mucho mejor que muchos hombres en todos sus sentidos.
Pero dejemos a la pequeña Anne continuar con su ensayo- le cortó sus pensamientos el señor Smith- su voz delata que esta preocupado ¿es por el cuerpo que encontraron esta mañana?
No puede ser engañado ¿cierto?- se sonrió el padre Harman- Sí, tenemos ciertos problemas, encontramos otro cuerpo con la libélula y no puedo encontrar una conexión- se sinceró dejando escapar un ligero suspiro.
Si me permite, señor. Se escucha usted exhausto, no es bueno mal pasarse- le sonrió el anciano- sabe, yo también estaba pensando en las libélulas. Justo cuando regresé a casa le pregunté a Meg si recordaba esa vieja historia sobre libélulas y el diablo.
¿El diablo?- ironizó Harman- ¿cree que esté suelto en Londres?
¿Y me lo dice un padre?- le contestó de la misma forma el señor Smith- no, yo me refiero a esa vieja historia, ya sabe cuando por allá del lejano siglo XV se creía que las libélulas presagiaban desgracias por estar asociadas con el diablo, las serpientes y la brujería ¿Cómo las llamaban? ¡Ah sí! "La aguja zurcidora del Diablo"
¿La aguja zurcidora del Diablo?- repitió Pearse.
A la distancia se escuchaba aun a las niñas pequeñas entonar las canciones con un fervor infantil mientras en el fondo ambos hombres habían guardado por un momento silencio.
Se creía- habló Joshua después de unos minutos- que Satanás había mandado a las libélulas desde el infierno para desatar las desgracias de este mundo…
¿Y si las libélulas si tenían relación con los Códigos V's? ¿Y si realmente se las estaban dejando como un mensaje?
Tengo que irme- se levantó de golpe el padre Harman- señor Smith, muchas gracias. Ha sido de mucha ayuda.
De nada, padre, solamente un pobre ciego recordando historias de la niñez…- inclinó su cabeza el anciano.
Pearse Harman dejó al señor Smith aun en la iglesia escuchando la dulce voz de su pequeña mientras él salía velozmente al exterior sacando su teléfono celular, debía contactar inmediatamente a su equipo… Se habían equivocado, estaban buscando las respuestas en el lugar equivocado…
Continuara…
