Capítulo 11: El Canto

—"¡Au!", chilló Judo, "¡Me duele!"

—"Quédate quieta", ordenó Wendy, "Ya casi termino".

La chow-chow le estaba curando la herida a su hija. Era solo una raspadura. Por el momento nada grave. Logró desinfectarla y luego vendarla cuidadosamente.

—"Listo", dijo al finalizar. "Con suerte sanará antes de tu cumpleaños"

—"No tienes que hacerme una fiesta", soltó para mirar a otro lado. "Papá dice que ya estoy grande para eso..."

Wendy frunció el ceño. "¡Eso es ridículo! Claro que tendrás una fiesta. Es una vez al año".

—"Todos los cumpleaños son iguales…", dijo en tono apagado.

El rostro angustiante de su hija le hacía sentir cohibida.

—"Cariño, escucha, no tenemos que hacer lo que dice tu padre", indicó, "Esta vez podríamos cambiar un poco"

Judo la observó por un momento.

—"Podríamos celebrar aquí, conseguir algunos juegos e incluso puedes invitar a quien quieras", la miró expectante, "¿Qué dices?".

Judo suspiró para volver a mirar a otro lado. "No lo sé…"

—"Está bien…", le hizo seña para que se detuviera, "Hagamos esto: piénsatelo por ahora, y si luego sigues creyendo que no te parece una buena idea, entonces estaré de acuerdo contigo y no haremos nada, sin discusión", propuso, "¿Te parece bien?"

Judo asintió levemente.

—"Perfecto, ahora… ¿Quieres ir a dormir?"

Judo volvió a asentir levemente.

—"De acuerdo, entonces prepararé…"

—"¡Espera!", interrumpió.

—"¿Qué pasa?"

—"¿Podrías…?", se frotó la nuca con nerviosismo, "¿Podrías llamar al papá de Bluey?".

Wendy se sorprendió ante aquel pedido. "¿Para qué?"

—"Es que…", comenzó a jugar nerviosamente con sus pulgares, "Quisiera verlo… y… hablar con él… Por favor"

Una sonrisa comenzó a formarse en el rostro de la chow-chow. Jamás se imaginó que su hija fuera a hacerle ese tipo de peticiones. Sin embargo, tampoco le molestaba en lo absoluto.

—"Lo haré", asintió, "Pero ten en cuenta que podría estar ocupado".

Judo asintió con una sonrisa comprensible.

MIENTRAS TANTO

El Heeler azul había terminado de presenciar la obra musical de sus hijas. Quizás lo único cuestionable era la parte del canto, además de las canciones con letras muy aleatorias y con poca coherencia, aunque de todas maneras no podía culparlas siendo ellas las creadoras. A pesar de todo, resultó ser algo entretenido.

Ya estaba anocheciendo y los tres se encontraban cenando.

—"¡Me alegra que hayas podido ver nuestra obra, papá!", exclamó Bingo.

Bandit sonrió. "No me la perdería por nada del mundo"

—"¿Por qué Wendy no pudo quedarse?", cuestionó Bluey.

—"Bueno… ella tuvo que atender algo muy urgente", intentó excusar Bandit.

—"¿Urgente?", preguntó Bingo.

Bandit asintió. "Así es"

—"¿Estaba triste por algo?", pregunta Bluey.

Bandit casi se sobresalta ante esa pregunta. "¿Por qué lo dices?"

—"No lo sé", responde, frunciendo los hombros y levantando los brazos. "Cuando nos ayudó por segunda vez estaba algo diferente", soltó recordando, "Como si hubiera estado llorando"

Bandit traga salía y nuevamente intentó excusarse. "No-no. Lo que pasa es que… Estaba algo cansada"

—"¿Cansada?"

Bandit mueve la cabeza arriba y abajo rápidamente. "Pero no te preocupes, la próxima vez que venga le diré que vea la obra, ¿Les parece bien?".

Ambas cachorritas asintieron mientras él se limpiaba una gota de sudor de la frente. Creyó haber esquivado una bala.

—"Por cierto, es muy probable que Wendy traiga a Judo", informó.

—"¿En serio?", preguntaron ambas al mismo tiempo.

Bandit asintió.

—"¡Genial!", exclamó Bluey, "Podríamos invitarla a unirse a nuestra obra"

Bandit sonrió. "Creo que podría ser una buena idea…"

Pasaron varios segundos de silencio tranquilo. El Heeler azul se encontró bebiendo agua antes de notar como sus hijas se miraban y cuchicheaban entre sí para luego observarlo brevemente.

—"Papá…", pronunció Bluey.

—"¿Sí, nena?"

—"¿Tú y Wendy son amigos?"

Bandit asintió sin mirar a su hija. Estaba más concentrado en terminar su comida.

—"¿Qué tan amigos?", preguntó Bingo.

—"Pues… muy amigos", respondió él todavía sin mirar a ninguna.

—"¿Muy-muy-muy-muy-muy-muy-muy amigos?", inquirió Bingo.

—"Bueno… sí", dijo algo extrañado mirando ahora a sus hijas. "¿Por qué la pregunta?"

—"Es que Bingo y yo lo sabemos todo", respondió Bluey con cierta altivez en su tono.

Bandit arqueó una ceja. "¿Lo saben todo?"

Bluey y Bingo asintieron al mismo tiempo.

—"Y… ¿Qué es lo que saben exactamente?", él sondeó.

Ambas cachorritas agitaron sus cabezas mientras hacían gestos con sus manos.

—"Es un secreto", respondió Bluey.

—"¿Un secreto?", preguntó él con curiosidad.

—"Así es", exclamó Bingo.

—"Y ¿Por qué no me lo cuentan?"

—"Porque entonces ya no sería secreto", fue la tajante respuesta de Bluey.

Bandit se rió un poco. "Está bien, entiendo"

Al terminar la cena, las niñas fueron al baño mientras Bandit se encargó de lavar los platos. Tuvo que interrumpir su trabajo cuando escuchó el sonido de una notificación e inmediatamente hojeó su teléfono.

Se trataba de su vecina. Rápidamente abrió la aplicación. Wendy Aquí estoy Qué sucede? Estás bien? Le había enviado los mensajes a la velocidad de la luz. Con lo que había sucedido hace unas horas, le preocupaba su situación. Aunque todo estaba tan tranquilo cuando se retiraron, la incertidumbre de que algo grave podía llegar a pasar en cualquier momento todavía flotaba en el aire. Ella envió un emoji de un conejo levantando el pulgar. Bandit sonrió un poco. Bandit levantó rápidamente la vista y miró la hora. Tengo que terminar de limpiar la cocina y acostar a las niñas Con suerte terminaré en unos 30 minutos Por qué? Bandit se había sorprendido un poco con ese último mensaje. Estuvo mirando su teléfono un buen rato antes de finalmente responder. Allí estaré. POCO DESPUÉS El Heeler azul llamó con calma a la puerta principal y pronto se abrió para revelar el rostro de su vecina. —"Buenas noches", dijo ella mientras su rostro se iluminó con una sonrisa. "Hacía mucho que no te veía", soltó a modo de broma. Bandit se rió un poco. "Buenas noches, vecina, también hace mucho que no la veo", le devolvió la broma. "¿Puedo pasar?" —"Claro", respondió ella, dando un paso atrás de la puerta y permitiendo que él ingresara. "Ella te está esperando en su habitación", señaló. Bandit asintió. "Entendido" Al llegar al cuarto de la chow-chow cachorrita, el Heeler azul pudo verla recostada en la cama. Tenía la mirada algo perdida, como si aún estuviera compungida debido a todo lo que ocurrió en el día. No podía culparla. Si había algo que ayudaría a animarla o hacerla sentir un poco mejor aunque sea, estaba dispuesto a eso. —"Toc-toc", golpeó el marco de la entrada para hacer notar su presencia, "¿Hay alguien aquí?" La chow-chow cachorrita levantó la mirada rápidamente y una gran sonrisa se formó en su rostro. —"¡Viniste!" exclamó contenta. —"Así es", asintió, "Tu madre me dijo que querías hablar conmigo, ¿De qué se trata?" De la nada, el rostro de la chow-chow cachorrita decayó. "Yo…" —"Judo, ¿Qué pasa?", preguntó preocupado al ver su expresión. La pequeña hizo una pausa y respiró hondo. —"Yo… lo siento", soltó con tristeza. —"¿Qué cosa?" —"Lamento como te traté antes", se encogió de hombros. Él hizo una mueca. "Judo, no tienes nada que disculparte" —"¡Claro que sí!", vociferó, "Yo actué muy mal y… no quise tratarte así, es que yo…" Él le hizo seña para que se detuviera. "Judo, está bien", dijo suavemente mientras se acercaba a ella. "Aceptaré tus disculpas si eso te deja tranquila, pero quiero que sepas que yo no te guardo nada de rencor por lo que hiciste", afirmó. "No tienes que torturarte con eso", puso una mirada comprensible. Ella le dedicó una débil sonrisa mientras sus hombros se relajaron. —"Entonces… ¿Solo querías verme para decirme eso?" —"Um, noo... bueno…", se frotó la nuca con nerviosismo para luego agarrar rápidamente un libro que había en su mesita de noche, "¿Me leerías un cuento?". —"¿Un cuento?", preguntó sorprendido por aquel pedido. Ella asintió nerviosa. —"De acuerdo", aceptó sonriendo. Al escuchar eso, una gran sonrisa se apoderó del rostro de la pequeña mientras su cara brillaba de la emoción. —"Pero debo advertirte que a veces pretendo quedarme dormido cuando cuento una historia", le guiñó el ojo y ella se rió entre dientes. Judo se acomodó en la cama y luego dio unas palmaditas en el lugar a su lado. Bandit se apoyó en la cabecera, con las piernas extendidas. Ella se apoyó contra el Heeler azul. Revisando el índice, él encontró el capítulo donde ella se quedó la última vez, lo hojeó y comenzó a leer. —"Dijo el pez al león, '¿Quien pudiera ser una bestia feroz?'. Y el león discrepó. 'Es más divertido ser un buceador'" Bandit finge quedarse dormido, roncando. Judo se ríe y luego lo sacude para despertarlo. —"¡Despierta!" Bandit reacciona asustado cuando despierta. —"¿Eh? ¿Qué? ¿Qué? Oh, lo siento. Creo que debo haberme quedado dormido", dice a modo de broma. "Ahora, ¿Dónde estaba yo? Oh, sí...", se aclara la garganta. "En el mundo animal hay sus controversias como es natural. Pero fueron de pie…" Bandit finge quedarse dormido otra vez, roncando. Judo se ríe. —"¡Despierta!" Bandit exclama al despertar. "¡Para repartirse el arca de Noé!" Judo se ríe más. Wendy sonrió mientras observaba en secreto su interacción. Reflexionaba sobre todos los hombres que había dejado entrar en casa. Judo había rechazado a todos… a excepción de su vecino. Es irónico, piensa, que Bandit fue el único que consiguió derribar ese muro. No puede dejar de pensar que él hubiera sido un excelente padre para Judo. Si tan solo… Antes de terminar de leer, Bandit comprueba que Judo se había quedado dormida. Cuidadosamente se levanta, la cubre con las sábanas y le da las buenas noches antes de retirarse. Al salir del cuarto y cerrar la puerta, el Heeler azul vio a la chow-chow de pie, con la mirada perdida. —"¿Estabas espiando o practicabas para ser estatua?", él la sacó de sus pensamientos Wendy agitó la cabeza y volvió a la realidad. —"Oh, solo estaba pensando que tengo algunos dulces de miel que me sobraron y no tengo con quien compartirlos…". Bandit se rió ante su respuesta. "¿Es una invitación?" —"Tal vez…", sonrió, mirando a otro lado mientras fruncía los hombros y levantaba las manos. Su propio entusiasmo creció increíblemente ante la idea. —"¿Tendrías algo para beber?", preguntó él. La chow-chow se movió hasta la cocina para tomar dos latas del mini refrigerador. Le arrojó uno a su vecino y luego se sentó en la mesa. "Ven, toma algo conmigo". —"Umm... Claro", dice él, vacilante. No sabe cómo reaccionar ante el regalo casual de su vecina, pero lo acepta de todos modos. —"Oye, no te preocupes por eso", dijo, abriendo su lata de inmediato y tomando un sorbo de la misma. "Es solo refresco", aclaró. —"Ah. Genial" El Heeler azul nunca rechazaría la oportunidad de beber. Sin embargo, desde el incidente en su casa, no se sentía nada cómodo con alcohol cerca, y peor aún, viendo a su vecina consumiéndolo. Hay un silencio, interrumpido por el silbido de su lata al abrirse. A Bandit no le gustaba mucho el refresco de uva, le recordaba a cierta bebida que había consumido en un momento que luego generó bastante confusión entre ambos, pero sería de mala educación ignorarlo. Inclinando la lata hacia atrás, él se encontró bebiendo el contenido como si fuera el único líquido que volvería a tomar. Entablaron conversación. Parecía que hablarían toda la noche, sonriendo y riendo como lo hacen los viejos amigos, pero ambos sabían que estaban dando vueltas alrededor del elefante en la habitación. —"Gracias de nuevo por tu ayuda el día de hoy", dijo ella después de un rato de plática. —"No fue nada", dijo tras un sorbo de refresco. "Pero, tengo una duda, ¿Lo que ése sujeto dijo es cierto?" La chow-chow no respondió. Le dio una mirada ilegible. —"Wendy…", pronuncia cuando no obtiene respuesta tras un rato. "Lo escuché todo sin querer. No debería haberlo hecho, lo sé, pero era imposible ignorar esos gritos afuera". La chow-chow sigue sin responder. Se muestra cabizbaja. —"No te puede quitar a Judo", dice con seriedad. Ella respira hondo antes de hablar. "No conoces a ese sujeto…", tomó de su refresco antes de proseguir. "Cuando Richard y yo nos divorciamos, puso fotos suyas en toda la alcoba de Judo. Creo que quería convencerla de que, sin importar nada, él seguiría dentro de su vida" —"Ohh…", suelta con desencanto. "¿No has pensado irte a otro país?", preguntó más como sugerencia. Wendy negó con la cabeza. "Lo pensé varias veces, pero es imposible…", resopló. "El padre de Richard es uno de los mejores jueces del país y tiene varios parientes que son abogados", le hizo saber, "Si intentara sacar a Judo podría perder la custodia…" —"Ohh…", soltó nuevamente ante aquella declaración. Un suspiro de frustración salió de ella mientras se ponía cohibida. —"A pesar de lo que Richard pueda ser... siempre será el padre de Judo". Ambos se sentaron en silencio durante lo que parecieron horas. Sólo el tictac del reloj resuena en la sala. —"...Oye, ¿Qué pasa?", pregunta él preocupado. —"Oh, no es nada importante...", responde en tono apagado. No era nada importante, pensó Wendy, porque era simplemente su propia negación de las luchas que enfrentaba. Despreciaba la idea de no poder estar a la altura de las expectativas tanto de su hija como de la gente que le rodeaba. Pero más que eso, odiaba no poder deshacerse de esa debilidad suya. —"Wendy, no me tomes por tonto", dijo con seriedad, "Cuéntamelo, podría ser de ayuda". Los pensamientos de la chow-chow se detuvieron con la repentina declaración de su vecino. Sus palabras son duras, pero ciertamente están llenas de comprensión. —"Siempre termino echando toda mi negatividad hacia ti y… Siento que no es correcto", declara con angustia. "No estás obligado a escucharme" El rostro de Bandit muestra un ceño irritado. "Te escucho porque quiero, no porque tenga que hacerlo", aclaró. Wendy no puede evitar soltar una leve sonrisa ante esa respuesta. No sabe si Bandit realmente se preocupa por ella como su amigo o… algo más. En realidad, podrían ser varias cosas, y pensar en eso hace que el corazón de la chow-chow se acelere. Creía que ninguna otra persona podría escuchar estas dulces palabras saliendo directamente de la boca de aquel macho tan carismático, aparte de ella. —"¿Tienes miedo?", simplemente afirmó él, mientras seguía mirándola con preocupación. La chow-chow reaccionó algo sorprendida. No importaba cuán valiente se estuviera poniendo ante los demás, estaba aterrorizada ante la presencia de alguien que se decía que era imbatible. Sabía que enfrentarlo podría hacerle perder todo aquello por lo que luchó durante años. —"¿Soy realmente tan obvia?", respondió ella, confirmando sus sospechas. "Si te dijera que no le temo, entonces sería la mayor mentirosa que existe". Aunque Bandit pudo mantenerse calmado y sereno, compartía el mismo sentimiento. Un temor persistente, por así decirlo. —"Realmente no puedo culparte…", pronunció él para luego suspirar. "El solo verlo y pensar que en cualquier momento te haría daño…", cerró los ojos con fuerza, "No sé qué habría hecho yo..." Wendy pone otra leve sonrisa antes de mirar a otro lado. —"A veces pienso, ¿Qué habría pasado si hubiera decidido no seguir adelante?" Bandit no pudo evitar reírse del comentario, encontrando que la respuesta era bastante obvia. "Básicamente sería el equivalente a huir hacia una hermosa mentira, pero sólo por un breve momento". Asintiendo con la cabeza, la chow-chow simplemente miró a su vecino en contemplación, con una expresión algo dudosa en su rostro. —"¿Te hice preocupar?", pregunta ella con un toque de vergüenza, extendiendo su mano, alcanzando la de su vecino y entrelazando sus dedos. "Lo siento, muchacho". Wendy suspiró y Bandit se dio cuenta de que de nuevo estaba mortificándose pensando en eso. Decidió distraerla y hacerla sonreír de nuevo. —"Anoche… cuando te dije lo hermosa que eres… lo decía en serio", reveló, era monótono, pero las comisuras de su boca estaban inclinadas hacia arriba, antes de tomar aire nuevamente. "Y… también creo que eres muy decidida", agregó luego. —"Oh… Gracias", se sonroja un poco ante sus palabras. "Tengo miedo de no ser lo suficientemente decidida, y me siento horrible por dudar de mí misma. Aun así, no puedo evitarlo..." —"Eres muy fuerte, hermosa, inteligente, madura y posees grandes habilidades", continuó el Heeler azul, mirándola intensamente, pero sin mucha expresión. La chow-chow realmente no esperaba este repentino reparto de cumplidos. Tenía confianza en sus habilidades y apariencia, pero se sintió aún mejor al escucharlo de su vecino, al ser reconocidos por él. —"Gracias…te lo agradezco", rápidamente apartó la mirada, tratando de disimular su sonrojo. El Heeler azul le hizo pequeñas caricias al dorso de su mano con el pulgar. —"Si hay algo que sí sé con certeza, es que todo lo que hagas mañana será perfecto y sin defecto", declaró. —"O-oye, eso es demasiado", cuestionó. —"No dije eso porque mis expectativas sobre ti sean tan altas, es porque no tengo tales expectativas", afirmó. "Cada defecto tuyo te hace quién eres, y para mí, eres perfecta", dijo con seguridad. "Solo recuerda que incluso con las expectativas de todos, alguien siempre te verá perfecta, pase lo que pase". La risa brota de la chow-chow. ¿Quién podría haber pensado que la gélida negatividad que sentía podía derretirse solo con esas palabras? Cuando se trata de momentos como estos, donde ella y su vecino simplemente pueden disfrutar al máximo de la compañía del otro sin nadie más, todo es tan diferente... Los dos volvieron a entablar conversación durante un largo rato, hasta que Bandit se levantó. —"Bueno… se está haciendo tarde", señaló mientras reprimía un bostezo. —"Sí, así es…", estuvo de acuerdo mientras hacía lo mismo, estirándose después, "aunque fue agradable hablar un poco". —"Lo mismo digo", comentó él. "Me alegra saber que ustedes están bien". La chow-chow acompañó a su vecino hasta la puerta. Antes de irse, él le hizo una pregunta. —"¿Wendy?" —"¿Sí?" —"¿Alguna vez te sientes sola?" —"A veces supongo…", reconoció. "Hay noches en que me quedo despierta sin poder dormir". —"Bueno, si eso pasa, ven a buscarme. Es un placer pasar el rato contigo", sugirió mientras ella movía su cola de manera emocionada. —"Me encantaría…", dijo, con cuidado de mantener la emoción fuera de su voz AL DIA SIGUIENTE Conduce, espera y luego vuelve a conducir, cada vez que Richard siente la necesidad de salir durante el amanecer. Ha perfeccionado su rutina: despertar una hora antes de lo habitual, tomar algo ligero, salir con su coche elegante y elegir un lugar específico donde pudiera relajarse. Esta vez ya tenía un punto de encuentro: El puente Story. Se detiene debajo del puente. Sale del auto y se apoya en el capó. Observa todo a su alrededor. Respira profundo. Se deja llevar. Reza. Le gusta la paz y la tranquilidad, pero a veces simplemente se abre a pensamientos no deseados y sentimientos apremiantes e inquietantes que no puede cambiar. Como que no se le escapa la ironía de lo que está pasando. Todo lo que puede hacer ahora es tratar de controlarse. Una sombra cae sobre él, seguida de un ligero repiqueteo, perturbando sus pensamientos. —"Dolon…", pronuncia sin dejar de mirar el paisaje. —"¿Por qué...? ¿Por qué me citaste aquí?", pregunta jadeando, "¿Por qué simplemente no nos pudimos reunir en tu casa?" —"Necesitaba salir un poco", responde suspirando. "Además, me gusta la vista de aquí" —"Esto me recuerda a esas típicas telenovelas turcas donde el crimen organizado se reúne en lugares abandonados o poco frecuentados para intercambiar..." Richard interrumpe. "Ve al punto. ¿Tienes lo que te pedí?" —"Por supuesto", asiente para luego sacar unos papeles de la carpeta que llevaba. "No fue difícil. Solo tuve que buscar quien era el vecino de tu ex", informó, mostrándole los papeles. "Se llama Bandit Heeler. Es arqueólogo" —"¿¡Qué!?", vocifera, quitándole los papeles para hojearlos brevemente. "Tiene que ser una broma, ¿Ese viejo oso pardo en serio es arqueólogo?" Dolon asiente. "Me tomé la molestia de buscar sus artículos e investigaciones y debo decir que algunos son interesantes", reconoció con una sonrisa. "No vas a creer esto, pero le rechazaron una teoría sobre el primer perro que caminaba en dos piernas…" Richard siguió hojeando los papeles, sin prestarle atención. —"Oye, ¿Seguro que él es el supuesto nuevo novio de tu ex?", preguntó, bastante dudoso. —"Pero, ¿Qué dices Dolon? ¡Por supuesto que lo es!", exclamó con seguridad. "Coincide con las descripciones de los comentarios de las vecinas…", fue bajando su tono mientras ponía una mirada pensativa, "aunque no sé por qué decían que se llamaban 'Barry'". —"Quizás se confundieron con el nombre" —"Quizás" —"Pues deberías saber que está casado", informó. Richard alzó la mirada rápidamente, con sorpresa. "¿Está casado?" —"Así es", asintió, "Y tiene dos hijas" —"Vaya…", movió su cabeza arriba y abajo con lentitud. "Esto es interesante…", sonrió descaradamente. "Ya me había dicho que tenía hijas, pero pensaba que era una broma", se rió entre dientes. "Me costaba creer que alguien de verdad tendría hijos con ese viejo oso pardo". —"Pues ese viejo oso pardo es el nuevo novio de tu ex", dice vacilante, pero solo provoca que el chow-chow de traje le dedique una mirada fulminante. "Lo siento", dice asustado. —"Sube al auto…", ordenó, señalándole. Se suben, pero Richard no arranca, se queda pensativo un buen rato. Dolon decide expresarle sus dudas. —"Oye, no entiendo por qué me pediste que lo investigara. No encontré nada malo de él ni parece tener malas intenciones. De hecho, yo diría que es un buen sujeto". —"Ese es el problema, Dolon", manifiesta con seriedad mientras lo mira, "Es demasiado bueno para Wendy…" Dolon arquea una ceja. "¿Qué estás tramando?" El chow-chow de traje guarda silencio un momento mientras vuelve a mirar al frente. —"¿Puedes conseguirme el número de su esposa?" —"Supongamos que sí…", dice al aire, "¿Qué harás luego?" —"Decirle lo que está ocurriendo, por supuesto" —"Espera, calavera", le hace seña, "¿Vas a llamarla para avisarle que su esposo la está engañando?" Richard asiente. "Tiene que saberlo" —"Permíteme discrepar ahí peeeeeeeeeero…", alargó la palabra con incredulidad, "No creo que sea una buena idea". El chow-chow de traje se mostró ceñudo. —"¿De qué hablas? Las cosas están claras", dijo con convicción, "Wendy está saliendo con un tipo casado y ese tipo está engañando a su esposa", expuso, haciendo gestos con sus manos, "La esposa debe saberlo". —"Ya, pero ¿Tienes alguna prueba?", cuestionó, "¿Fotos? ¿Videos? ¿Conversaciones?" —"Bueno… no", reconoció, "Pero tú puedes ayudarme con eso". —"¡Oh no!", exclamó, "¡No-no-no-no! ¡No-no-no! Por ahí yo no me meto" —"Oye, vamos, es como en el trabajo" —"¡De eso nada!", replicó, "En el trabajo me encargo de investigar a la gente con la que te reúnes para asegurarme de que no tengan malas intenciones ni termines haciendo negocios turbios", aclaró. "En tus problemas personales yo no me meto", se cruzó de brazos. —"Dolon…" Dolon no responde Richard resopló. "Muy bien, si no me vas a conseguir su número, yo hablaré personalmente con su esposa". —"Buena suerte con eso", dijo al aire, "Está en Noruega". Richard se sorprendió un poco. "¿Noruega?" Dolon asiente. —"¿Qué está haciendo allá?" —"Es directora de seguridad de aeropuertos", informó. "Por curiosidad la busqué en internet y había varias páginas en noruego que hablaban de ella. Ahí fue donde descubrí que se encontraba dando charlas sobre seguridad. Incluso logré sintonizar un canal local del país para poder verla". Richard asiente levemente. "Ya veo…" —"Tengo que admitir que… es una buena mujer", dijo en tono zumbón, "Pero Wendy…" El chow-chow de traje le dedicó otra mirada fulminante que hizo que el Aussiepoo se estremeciera. —"Tampoco está tan mal…", dijo por lo bajo. El chow-chow de traje gruñó para luego mirar a otro lado y quedarse en silencio nuevamente. —"Richard, te lo pido por favor, no vayas a cometer una locura", intentó hacerlo entrar en razón. El chow-chow de traje no responde. —"Mira, no te voy a engañar, yo aún dudo mucho que él realmente sea el nuevo novio de Wendy", dijo con sinceridad, "Tal vez lo sea, pero ¿Eso en que te afecta?" —"No se trata de mí, Dolon", respondió, "Se trata de… ayudar" —"¿Ayudar?", cuestionó. Richard asintió. —"¿Avisar a alguien sobre una infidelidad es ayudar?" —"Por supuesto. Es contribuir a una buena causa. Tú sabes, para que nadie salga lastimado" —"¿Desde cuándo te interesa eso?", volvió a cuestionar. "Y perdona que te lo diga, pero tú mismo me explicaste que la monogamia no es natural, sino algo implementado por la sociedad como una norma para cumplir, y que nuestra verdadera función natural como machos es esparcir nuestros genes…" Richard volvió a gruñir y le dio un golpe al volante, algo que hizo asustar de sobremanera al Aussiepoo. —"¿¡Pero que pasa aquí!?", refunfuñó, "Wendy, Samantha, tú ¿¡Desde cuando se volvieron todos tan contestatarios!?" Hubo un silencio, un silencio incómodamente largo. El Aussiepoo podía ver la exasperación en el rostro de aquel chow-chow de traje. —"Escucha, bro, yo estoy contigo, pase lo que pase", empezó diciendo Dolon, "Pero no pienso involucrarme en esto", dejó en claro. "Si es verdad lo que dices, entonces la descubrirán tarde o temprano y pagará las consecuencias sin que tú tengas que mover un dedo", dijo con seguridad. Richard piensa en sus palabras mientras asiente en silencio. —"Hazme caso. No te involucres en esto", pidió con una seriedad que su amigo hacia mucho que no veía en en él. El chow-chow de traje suspiró. "Está bien. No haré nada… De momento" —"¡Así se habla, tabla!", exclamó cálidamente y con una sonrisa. "Ahora… ¿Qué te parece si mejor vamos a comer algo?" —"Me parece una buena idea…", asintió, "Pero…", levantó su dedo índice, "Primero iremos a comprarte un traje" —"¿¡Qué!?", enarcó las cejas. —"No hay excusas", espetó, mientras se ponía el cinturón de seguridad. "En unos días será la gran gala, y quiero que me acompañes". —"¿No puedes ir mejor con Samantha?" Hubo otro silencio muy prolongado hasta que el chow-chow de traje se dignara en responder. —"Sabes muy bien lo que pasó", dice fríamente. —"Sí, ¿Cómo olvidarlo? Ayer casi termina todo en un escándalo y fue difícil cortar con esa fiesta y sacar a la gente tratando de que nadie se enterara de lo que ocurrió", dice, recordando, "pero creí que a lo mejor existía una pequeña-chiquita-diminuta posibilidad de que la hubieras recontratado" Richard negó con la cabeza. "Nada de eso" —"Es una lástima. Era muy buena", dijo con cierta pena. Richard resopló. "Ya tomé la decisión…", comentó distantemente. "Además, entiende perfectamente que las acciones tienen consecuencias" —"Y… ¿Qué harás ahora sin ella?" —"Volveré a buscar a alguien" —"Dudo mucho que llegue a ser la mitad de buena que Samantha-Salamandra", afirmaba, un poco vacilante. Richard miró a un lado. "Ya veremos…" MIENTRAS TANTO Durante un rato, después de que Bandit abrió los ojos, no se atrevió a moverse. Aún quedaba un buen rato para que sonara su alarma y luego para despertar a las niñas. Intentó volver a dormir, pero no lo consiguió. La mañana de verano era tan agradable. El Heeler azul se sentía contento con su taza de café caliente mientras se sentaba en el balcón y contemplaba el paisaje que tenía ante él. Era una mañana tranquila, una de tantas que tuvo con anterioridad. A menudo se encontraba mirando a la nada durante horas, cuando todo estaba tranquilo y casi como un sueño; un momento en el que podía fingir que todo estaba bien. Era reconfortante de una manera que no podría serlo mucho más y, a veces, podía fingir que el pozo aullante de emociones sin nombre en él no existía. Reflexionaba sobre lo que pensó cuando su esposa decidió irse por trabajo sin siquiera consultarle. Antes no estaba seguro de como afrontaría su ausencia, así como lidiar con las niñas y sus preguntas, además de prepararse mentalmente para cuando tuviera que dejarlas temporalmente con alguien. Ahora, mientras miraba a la casa de su vecina, reconoce que nunca ha estado solo. Todavía quedaban cinco días más antes de que su esposa vuelva. Cinco mañanas más de admiración de la pacífica naturaleza que lo rodeaba, además de otras cosas que podría aprovechar. Tomó un sorbo de su café y miró la banda dorada en su dedo anular. Era un anillo simple, pero que demostraba que amaba a alguien tanto como ella lo amaba a él. El timbre sonó, interrumpiendo abruptamente su línea de pensamiento. Caminó hasta la entrada, mientras se preguntaba de quién podría tratarse. Tenía varios en la mira, pero al abrir la puerta, se sorprendió al ver que no era ninguno de ellos. Era un perro que llevaba una etiqueta con su nombre, una gorra y una tableta marcadas con el logotipo de una empresa de electricidad. —"Hola, buenos días…", se presentó aquel macho con sus mejores intenciones, aunque con una mirada extraña y una voz algo apagada, ronca y rasposa. —"Buenos días…", Bandit le devolvió el saludo. —"Le gustaría ahorrar… $200 al año en… su factura de energía?", su voz fue alternando en diferentes tonos. —"¿Qué?" —"Dije… si le gustaría…" Aquel macho de repente dejó de hablar. Cerró sus ojos con fuerza y se cubrió la cara. —"¿Se encuentra bien?", preguntó Bandit extrañado por su reacción. El macho se inclinó un poco hacia atrás y luego estornudó repetidamente con todas sus fuerzas hacia adelante. El Heeler azul rápidamente se cubrió con el brazo. —"Lo siento…", dijo mientras se limpiaba la nariz. "No me he encontrado bien últimamente" —"Entiendo…", contestó Bandit algo incómodo mientras se sacudía el brazo. —"Mejor… regresaré en otro momento", pronunció aquel macho mientras se retiraba. Tras cerrar la puerta, el Heeler azul se dirigió inmediatamente al baño y se lavó varias partes de su cuerpo, esperando no haberse infectado. MAS TARDE Luego de despertar a sus hijas, el Heeler azul se dispuso a prepararles el desayuno. Desafortunadamente, no pudo hacer una llamada con su esposa. Intentó comunicarse con ella antes para tratar de tener una charla a solas, pero solo terminó recibiendo un mensaje, un mensaje bastante raro. A Bandit no le cuadraba para nada la manera en que su esposa le respondió por teléfono. Cuando se sentía cansada y no tenía ganas de hablar, se lo hacía saber, con lujo de detalles, pero este caso fue muy distinto. Cuando él le preguntó si podían hablar, ella respondió con "Estoy ocupada. Avísale a las niñas que las llamaré esta noche". Es cierto que los mensajes de texto se pueden interpretar de muchas maneras, y en este caso, él sintió aquella respuesta como fría. Quizás había tenido un mal día, quizás… O ¿Solo era paranoia suya? No lo sabía. Por el momento decidió no darle demasiadas vueltas a aquel asunto confuso y ocuparse de las niñas. —"Papáaaa", pronunció la cachorrita azul desde la mesa del comedor. —"¿Sí, nena?", balbuceó el patriarca desde la cocina, sin mirarla y concentrado en terminar de cocinar. —"¿Luego quieres jugar con nosotras a Kwang Jong?" Él se quedó en silencio un momento mientras trataba de descifrar lo que acababa de escuchar. Luego volteó para verlas. —"¿Juan Long?", preguntó con una mirada confusa. Ambas se rieron. —"No, papá, Kwang Jong", aclaró Bluey. —"¿Qué es eso?" —"¡Es un juego que inventamos!", exclamó Bingo. —"Se juega tomando dos cartas, y gana quien tenga la combinación con la calificación más alta o, si no hay combinaciones, la carta con la calificación más alta", explicó Bluey. —"Ohh… ya veo…", dijo Bandit, fingiendo haber entendido. "Pero no creo que pueda, tengo que terminar de limpiar la casa" —"¡Papáaaaa!", soltó Bingo con exasperación. —"¿No puedes limpiar luego?", preguntó Bluey. Bandit negó con la cabeza. "Nada de eso", regresó a la comida cocinándose, "La casa ha estado bastante sucia estos días y apenas he limpiado la mitad". —"¿Por qué tienes que limpiar la casa?", inquirió Bluey. —"Porque es lo que normalmente se hace cuando hay mucha suciedad y desorden" —"Y ¿La limpias todos los días?" —"Bueno… eso trato" —"Y ¿Por qué tardas tanto en limpiarla?" —"Porque no tengo ocho brazos como un pulpo ni soy veloz como un guepardo", responde en tono zumbón, "Y también porque terminan haciendo algo que la ensucie o cause alguna catástrofe" —"¿¡Qué!?", exclamaron ambas al mismo tiempo. —"¡Eso no es cierto!", se quejó Bluey —"¡Sí!", Bingo se unió a la queja. —"La terraza la ensuciaron ustedes los adultos el día de la parrillada", señaló Bluey con molestia. —"¡Sí!", agregó Bingo. Bandit se giró y las miró seriamente. —"El jardín también cuenta como parte de la casa", señaló, "y ustedes han hecho un gran desastre el día de la parrillada" —"Oh… Es cierto", reconoció Bluey para luego reírse y su hermana la acompañó. Bandit rodó sus ojos mientras resoplaba. —"Miren, hagamos esto: cuando terminemos de desayunar nos dedicaremos a limpiar la casa juntos", propuso con una sonrisa. —"Aburridooooooooooooo", soltó Bluey con exasperación. —"Oh vamos", insistió, haciendo un gesto con la mano, "es algo muy bueno". —"Sí, pero es aburrido", perseveró Bluey. Bandit decidió ponerse firme. Sincerándose, sin levantar mucho la voz. —"Escuchen, quiero que la casa esté perfecta para cuando su madre regrese. ¿Acaso creen que sería correcto que ella llegue cansada y vea todo el caos que hay aquí y termine limpiándolo por su cuenta?" Ambas cachorritas pensaron por un momento y terminaron respondiendo con un "No…" apenado. —"Me alegra que hayan entendido…", se giró un momento para revolver lo que estaba cocinando. "Sé que puede ser un trabajo aburrido, pero si lo hacemos juntos estoy seguro de que terminaremos rápido y luego tendremos mucho tiempo para jugar" —"Está bien… pero si me quedo dormida durante la limpieza no es mi culpa", avisó Bluey. Bandit sabía que debería sentirse molesto, pero encontró todo el asunto bastante entretenido. Su hija era la persona más vaga que jamás había conocido, además de otros parientes cercanos, por supuesto. —"Entonces te usaré como aspiradora", le advirtió él. Bluey y Bingo apenas pudieron contener la risa, imaginándose toda la escena. De repente, el timbre sonó. El Heeler azul se disculpó un momento mientras iba a atender. Rápidamente abrió la puerta, creyendo que se trataba del macho de antes, pero grande fue su sorpresa cuando una pequeña chow-chow inmediatamente se abalanzó sobre él, abrazándolo. —"¡Judo!", exclamó perplejo. —"¡Buenos días!", dijo ella con entusiasmo mientras se soltaba del abrazo. —"Buenos días…", le devolvió el saludo. "¿Cómo está tu rodilla?" —"Está mejor", aseguró mientras le mostraba la herida vendada. —"Eso es bueno…" El Heeler azul apartó la mirada un momento mientras veía a su vecina acercándose. —"Lo lamento…", frunció los hombros mientras levantaba los brazos, "Insistió mucho en venir a verte" Bandit sonrió un poco. "Está bien. Llegan justo a tiempo para el desayuno". —"¡Sí!", vociferó ella. —"Judo, lávate las manos", ordenó su madre. —"El baño está por allá…", señaló Bandit. La pequeña se dirigió al lugar señalado. El Heeler azul se hizo a un lado para dejar entrar a si vecina y cerró la puerta detrás de ella. —"Espero no haber interrumpido nada…", dijo ella algo apenada. Bandit negó con la cabeza. "Para nada. De hecho, justo estaba terminando de hacer mi desayuno" —"¿Qué cocinaste?", preguntó con curiosidad. —"Un poco de avena. ¿Te apetece?" Wendy asintió. "Por supuesto" Ambos adultos se dirigieron a la cocina. Luego de saludarse con las niñas, Wendy se sentó a la mesa. Bandit le sirvió algo de la avena que había terminado de cocinar. Las cachorritas hicieron un chiste al respecto sobre lo poco apetecible que se veía la comida. La chow-chow les devolvió la broma, además de explicarles por qué era saludable. Él se ríe. Wendy sonríe, un poco tímida, un poco vacilante, pero lo suficiente como para que la mañana parezca de repente más brillante. Bandit deja escapar un suspiro que no se había dado cuenta que estaba conteniendo. Esto se estaba convirtiendo en una rutina para ellos. La chow-chow hizo notar la tardanza de su hija y le pidió a su vecino que fuera a comprobar si se encontraba bien. Él accedió con gusto. Al llegar al pasillo escuchó un sonido que le hizo detener sus pasos. Sí, esa era inconfundiblemente la voz de Judo, cantando lo que parecía ser la letra de alguna de las canciones de aquella película que él había visto en su casa, y que recordaba vagamente. Comenzó a avanzar lentamente, acercando sus pies cada vez más a la puerta del baño, la cual estaba entreabierta. La voz de la pequeña era mucho más fácil de escuchar ahora que él se había acercado, y se arriesgó a asomar la cabeza para escuchar mejor. La chow-chow cachorrita estaba parada sobre un taburete, tonteando frente al espejo. No sabía por qué, pero ver a aquella pequeña normalmente reservada cantando libremente con su corazón y sonriendo mientras lo hacía le hizo parecer nada menos que hermoso. El Heeler azul no pudo evitar recordar a su vecina cuando cantó una canción improvisada, quedándose absolutamente hipnotizado por su cautivadora voz y pensar que Judo había heredado ese talento. El Heeler azul abrió la puerta despacio y continuó parado en la entrada, con la espalda de la chow-chow cachorrita todavía vuelta hacia él, no queriendo arruinar este momento en el que había entrado. Judo lentamente giró la cabeza y se quedó completamente congelada, con los ojos muy abiertos, al ver al padre de su mejor amiga apoyado contra el marco de la puerta detrás suyo y mirándola directamente. —"C-creí que nadie me escuchaba…", pronunció en un tono tembloroso. —"Por suerte sí", alegó él con una sonrisa. "Venga, ¿Vamos a desayunar?" Tanto el Heeler azul como la pequeña chow-chow se dirigieron al comedor con los demás. Luego de que él le preparara algo a ella, se sentaron todos juntos, teniendo muchas conversaciones paralelas. Los tres miembros de la familia Heeler observaban a Judo degustar el plato que Bandit le había preparado. Ella comparte una mirada con su madre mientras prueban con mucha parsimonia para concluir que es delicioso, felicitando al chef. La casa pronto está aprovisionada de sus risas. A Wendy se le escapó una risita, siempre disfrutando cada vez que su hija y las dos cachorritas Heeler se enzarzaban en sus bromas alegres y amistosas. En un momento sus ojos se fijaron en la mirada divertida de Bandit y ambos compartieron una sonrisa. Bluey y Bingo le hicieron saber a Judo sobre la obra musical que habían planeado y hasta la invitaron a formar parte. Su respuesta es un asentimiento incómodo que, honestamente, no le inspira mucha confianza a Bandit. Las pequeñas pidieron permiso a su padre de hacer la obra en ese momento, algo que él estuvo a punto de oponerse debido a los planes de limpieza que habían hecho con anterioridad. Sin embargo, por el momento tuvo que desistir de la idea ante las visitas, así que aceptó. Ambas celebraron y se retiraron mientras llevaban a Judo con ellas. Ambos adultos se encontraban en el cuarto de juegos, sentados en las gradas improvisadas, junto a los demás peluches que simulaban ser el público. Las cachorritas Heeler dieron inicio a la obra musical. Era exactamente como su padre la había visto el día anterior, solo que con alguna que otra breve escena nueva. Mientras ambas bailaban, balanceándose alto y bajo y cantando letras fracturadas por la risa, Bandit no puede evitar sentir que su corazón se hincha de alegría al notar la carcajada de su vecina. Fue el turno de Judo. Ella había ingresado con un disfraz improvisado que la hacía parecer una señora mayor. Parecía que estaba nerviosa, ya que apenas podía recitar correctamente las líneas que había acordado con sus amigas. Sin embargo, lo más complicado fue la parte del canto. La anticipación, los nervios, la emoción, el regocijo absoluto, se revuelven en su estómago como una secadora de ropa en la configuración más alta. Pronunció unas palabras y luego… todo se arruinó para ella. Cantó desafinado. Su respiración se entrecortó un poco y tragó saliva maldiciendo en voz baja. Se retiró inmediatamente a toda prisa, ignorando a todos los presentes que le preguntaban qué le pasaba. Todos se miraron entre sí, preocupados por ese repentino disruptivo. Wendy quiso ir a hablar con su hija. Sin embargo, el Heeler azul se ofreció a hacerlo él mismo, algo con lo que ella estuvo de acuerdo. Confiaba tanto en su vecino que estaba segura de que él era capaz de domesticar hasta la bestia más feroz. El Heeler azul fue al segundo piso. Había escuchado a la pequeña subir las escaleras. No tuvo que buscar mucho: se encontraba en el cuarto de Bluey y Bingo, de espaldas, mirando hacia la terraza. —"Judo, ¿Qué pasa?" —"Yo… no puedo hacerlo", dijo ella, un poco sin aliento —"¿Qué cosa?", preguntó él, levantando lentamente las cejas. —"No puedo cantar" La respuesta de Bandit fue una pregunta genuina. "¿No puedes o no quieres?" La chow-chow cachorrita reflexionó por un momento. —"Claro que quiero, pero…", resopló cabizbaja mientras volteaba, "No puedo hacerlo. No canto muy bien…", asegura, dedicándole una mirada angustiante. —"… ¡Oh, hum! Entiendo… Pero… ¡Tu canto es realmente bueno!", dijo Bandit con seriedad mientras tropezaba un poco con sus palabras. —"No es cierto…", dice con un pequeño suspiro de cansancio, con todo su cuerpo abrumado por la mortificación mientras se tiraba sobre la cama de Bluey antes de enterrar su rostro profundamente entre sus manos. —"¡Oye, oye! ¡No te avergüences!", exclamó mientras se acercaba para sentarse en la cama. "Eso que cantaste esta mañana fue lo mejor que he escuchado en mi vida. Eres muy buena". Judo lentamente levantó la vista para encontrarse con la mirada comprensible de Bandit. —"… ¿De veras?", dijo en voz baja, intentando lentamente recuperarse de su vergüenza. —"Si, en serio. No deberías sentirte avergonzada por eso. Sabes que soy una de las personas más honestas que jamás hayas conocido y no miento cuando digo que tu voz es perfecta". Judo se sonrojó ligeramente ante el cumplido, mirando al padre de su mejor amiga con ojos muy abiertos y brillantes. Por alguna razón, de repente se encontró tratando de evitar que sus ojos se humedecieran. —"Gracias…" sonrió suavemente. Bandit sonrió cuando vio la expresión de felicidad en su rostro. Luego pensó por un momento y tuvo una idea. —"Escucha, ¿Qué te parece si mejor tú cantas alguna canción que te guste?", propuso, "Así estarás más cómoda". Judo asintió lentamente, estando de acuerdo. —"De acuerdo, ¿Cuál es la canción que más te gusta?" —"¿Tienes tú teléfono?" —"Sí, claro" Bandit le entregó su teléfono y Judo buscó la canción que quería. La reprodujo. Él la escuchó detenidamente. Era la misma que ella había cantado en la mañana, y efectivamente sus dudas eran correctas: pertenecía a la película que había visto en su casa. —"Te sabes la letra, ¿Verdad?" Judo asintió. —"De acuerdo, hagamos esto: imagina que yo soy el público, ¿De acuerdo?" Judo asiente. —"Muy bien, ahora tú párate justo ahí", señaló. Judo obedece, se levanta de la cama y camina hasta el medio de la habitación. —"Entonces yo soy el público…", hace un par de imitaciones, alternando su voz, "¡Hola! ¿Este asiento está ocupado?'-¡Vaya! La fila para el baño sí que era larga- ¡Rayos ese tipo no le puso mantequilla a mis palomitas!" Judo se ríe. —"De acuerdo, ahora solo tienes que empezar cantando…", consulta su teléfono, "'El día eterno te parecerá'" Judo hizo una mueca. "No puedo…" —"Sí puedes", la animó suavemente, "Solo empieza diciendo 'El día eterno te parecerá'" Judo respiró hondo. "'El día eterno te parecerá…'" —"Buen comienzo, pero tienes que alargar la última palabra", indicó, "Así: 'El día eterno te pareceráaaaaaaa'" —"'El día eterno te pareceráaaaaaaa'" —"¡Muy bien!", la felicitó, "Ahora viene la segunda línea: 'Mientras el sol se oculta'" —"'Mientras el sol se oculta'" —"Ahora subimos el tono… 'Mientras el sol se ocultaaaaa'" —"'Mientras el sol se ocultaaaaa'" —"Un poco más agudo" —"'Mientras el sol se ocultaaaaaaaaaaa'" —"'¡Muy bien!", la felicitó. "Ahora intenta cantar como una rana" Judo arqueó una ceja, extrañada. "¿Cómo una rana?" —"Sí, así…" Bandit cantó la misma línea con una voz más baja y rasposa, lo que le valió la risa de Judo. —"De acuerdo, ahora viene la siguiente parte…", volvió a consultar su teléfono, "'Pero algo sigue igual, al tiempo pasar. La luna saldrá'" —"'Pero algo sigue igual, al tiempo pasar. La luna saldrá'" —"'La luna saldráaaaaaa'", le indicó en un tono más agudo. —"'La luna saldráaaaaaa'" Antes de que Bandit le indicara la siguiente parte, Judo siguió por su cuenta. —" El día se desvanece en azul Recuerdos te atormentan Pero mira la luz del agua brillar La luna saldrá " Oh-oh cierra tus ojos Prometo que el otoño vendrá pronto y el verano se irá al Respirar "" —"¡Ya está! ¡Lo hiciste!", aplaudió, "¡Cantaste! ¡Woooo!" Judo sonríe emocionada mientras hace una pose en agradecimiento por el vitoreo de Bandit. Inmediatamente, nota más aplausos detrás de ella. Al ver voltear, ve a su madre y sus amigas, de pie en la entrada. —"¿E-Estaban escuchando?", pregunta con nerviosismo. —"¡Eso fue increíble!", vocifera Bluey, acercándose con su hermana. —"¿En serio?", pregunta con asombro. Bluey asiente. —"¡Tienes una voz muy bella!", exclama Bingo. Judo sonríe avergonzada. "Gracias…" —"¿Por qué no nos dijiste que sabías cantar tan bien?", pregunta Bluey. Judo desvía su mirada, sin saber cómo explicarse. "Bueno…" —"Ella solo canta para un público muy reservado", se metió Bandit en la conversación. "¿Verdad?", preguntó mirando a Judo. La chow-chow cachorrita miró al macho azul con incredulidad y éste le guiñó el ojo. —"¡Sí! ¡Exacto!", exclamó luego de comprender aquel guiño. —"¿Podemos ser tu público?", pregunta Bluey. "Queremos escucharte cantar más" —"Ah… no lo sé", Judo se frotó el brazo con nerviosismo. —"¡Por favoooor!", suplicó Bingo. —"Oigan, tengo una idea", empezó diciendo Bandit, "¿Qué les parece si ustedes primero nos muestran su obra y luego Judo canta al final como cierre?" —"¡Es una gran idea!", dijo Bluey con entusiasmo, seguida por su hermana. —"Pero solo lo haremos si Judo está de acuerdo", clarificó. "Entonces, ¿Qué dices?", preguntó, inclinándose para igualar la altura de la pequeña chow-chow, "¿Estás de acuerdo con esa idea?" Judo tuvo un momento para pensar mientras miraba a Bandit, a su madre y a sus amigas. Finalmente se decidió con un "está bien", mientras esbozaba una sonrisa y los demás festejaban. El resto del día transcurrió tranquilamente. Las niñas pudieron terminar de mostrar su obra musical, y Judo cantó al final, algo que hasta las cachorritas Heeler presenciaron desde las gradas improvisadas. Wendy no pudo contener una lágrima. Ver a su hija cantando con tanta emoción le hacía tan feliz. Estaba tan orgullosa de ella. Bandit no dejó de sonreír en todo momento. Creía haber hecho un buen trabajo al ayudar a Judo con algo que le apasionaba. Inconscientemente, y sin que las demás lo notaran, Bandi y Wendy se habían tomado de las manos, permaneciendo así un buen rato. Cayó la tarde y las chow-chow tenían que retirarse. Luego de Judo se despidiera de sus amigas y el padre de ellas, con un largo abrazo de por medio, Wendy aprovechó para hablar unos momentos con Bandit. —"Gracias, por lo de hoy", dice, esbozando una sonrisa. Bandit sonríe para luego hacer un gesto con las manos. "Ni lo menciones" —"¿Sabes?, Podría acostumbrarme a empezar así cada mañana", susurró suavemente, jugando con un mechón de su cabello. Bandit se sorprendió un poco ante aquel comentario. —"Entonces… ¿Te gustaría venir a desayunar mañana?", preguntó frotándose la nuca. —"¿Es una invitación?", pregunta con mirada pícara. —"Tal vez…", levanta las manos mientras frunce los hombros. Wendy suelta una risita. "Me encantaría desayunar contigo de nuevo" —"A mí también..." —"No puedo decirte que no…", suelta mientras mira a los ojos de su vecino. Wendy está sonriendo, su habitual sonrisa amplia. Suspiró hermosamente. Bandit sonrió mientras contemplaba tranquilamente los ojos de su vecina. Estuvieron allí, de pie, en la entrada, un buen rato sin decirse nada, pero con unas miradas de pura felicidad marcando sus facciones. El Heeler azul parpadeó y notó a la chow-chow con una tierna sonrisa, que devolvió rápidamente. Solo se apartó de su mirada cuando empezó a sentirse extraño. Frunció el ceño, cerró sus ojos y dio un gran estornudo hacia otro lado. —"¿Te encuentras bien?", preguntó Wendy preocupada. —"Sí, solo…", se refregó la nariz, "Debe ser alguna alergia" —"Deberías tomar algo", recomendó. —"Sí, lo haré. De todos modos, no creo que sea algo grave" —"Está bien, entonces… ¿Te veo mañana?" Bandit asintió. "Por supuesto" Ambos se despidieron. Bandit cerró la puerta y volvió a estornudar. Espera que lo que sea que tenía fuera solo una simple alergia.