Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia


CAPÍTULO 21

Rinoa sentía una pesadez extraña en su cuerpo, estaba agotada, todo aquello la estaba superando. Se encontraba sentada contra la pared y sus piernas recogidas contra su pecho, apenas había dicho una palabra desde que aquella mujer le revelase la verdad.

Tras unos minutos Sanha le tendió la mano a Rinoa quien la aceptó sin vacilar.

- Debemos irnos de aquí -dijo la mujer arrastrando a la joven fuera de lo que había sido su refugio-.

La lluvia había parado pero aquellas nubes plomizas seguían cubriéndolo todo. Rinoa se paró en seco mirando hacia el cielo, todo era gris.

- Aquí nunca sale el sol, pero te acostumbrarás -intervino la mujer haciendo que Rinoa reiniciara sus pasos-.

Caminaron durante un rato, todo el paisaje era igual, desolador, edificios destruidos y escombros, allí no quedaba nada.

Los pasos de Rinoa cada vez eran más lentos, observando el polvo que levantaban sus propias pisadas y de repente no pudo más con toda esa situación, se paró y cayó de rodillas. Su mirada se perdió en la infinidad de aquel camino que al parecer no llevaba a ninguna parte, pero unos árboles a la izquierda llamaron su atención, parecía increíble que en aquel lugar pudiera haber un pequeño bosque.

Sanha, que iba algunos pasos por delante de la pelinegra, se percató del estado de Rinoa y con rapidez se acercó hasta ella.

- Vamos, debemos continuar, solo tenemos que cruzar ese bosque –dijo arrodillándose frente a ella-.

- Déjame, no quiero continuar, quiero volver al jardín –dijo exasperada-.

- ¡Basta ya! –exclamó la mujer con gesto molesto en el rostro-. Esta es tu vida ahora, debes aceptarla –sentenció-

- ¡No! Tu no lo entiendes, yo debería...

Rinoa calló de repente al oír unos extraños sonidos, parecían llantos de niños y gritos de terror.

- ¿Qué demonios es eso? -preguntó la joven confundida-.

- ¡Vámonos! –apremió obligándola a levantarse del suelo-.

Rinoa, aturdida y con la esperanza completamente perdida, obedeció. Sanha la cogió de la mano y reanudaron el paso, esta vez más ligero, pero aquellas voces se hacían más graves y Rinoa no podía dejar de mirar a su alrededor, intentando saber de dónde provenían. De repente, una especie de sombra cruzó por delante del rostro de Rinoa. Un grito ahogado salió de la garganta de la joven bruja, soltándose de la mano de Sanha.

- ¿Qué son esas cosas? –dijo mirando de un lado hacia otro, viendo como aquellas extrañas sombras se multiplicaban y emitían sonidos aterradores-.

- Son las almas que quedaron atrapadas en el tiempo tras su compresión. Son algo así como almas en pena y su sed de venganza es insaciable. Debemos llegar antes de que anochezca. ¡Vamos!

- Llegar ¿a dónde?

La joven notó como era arrastrada del brazo por aquella mujer, que poseía una fuerza desconocida por Rinoa hasta el momento. Parecía tan frágil, pensó mientras corrían hacia aquel bosque.


La noche iba cayendo en aquel extraño lugar y sin darse cuenta, ambas se encontraban frente a la entrada del bosque. Estaba oscuro y la mirada de Rinoa se perdió entre la infinidad de ramas, raíces y hojas que invadían el lugar. Cada uno de esos enormes árboles parecía tener vida propia, se agitaban con furia, retorciéndose de dolor por las fuertes ráfagas de viento que azotaban el lugar.

- Escúchame, cruzaremos este bosque corriendo, yo iré delante y da igual lo que oigas o lo que veas, no mires atrás y no te pares. ¿Me has entendido?

Rinoa tragó saliva ante la advertencia de la mujer ¿qué especie de criaturas habitaban aquel infierno? La mano de la mujer en su hombro la sacó de sus pensamientos y bajo la atenta mirada de esa desconocida, Rinoa asintió, dando a entender que estaba preparada para lo que fuera que iba a ocurrir allí dentro.

Sanha volvió a cogerle de la mano con fuerza y juntas se adentraron en la oscuridad. Anduvieron unos minutos hasta que la mujer paró en seco. Se encontraban frente a un estrecho camino de polvo, a cada lado de este, se levantaban unos enormes árboles en los que algunos, Rinoa no alcanzaba a ver la copa. Sus troncos tenían un perímetro inusual que jamás había visto y las raíces que sobresalían del suelo se retorcían infinitamente sin saber dónde acababan; y el que aquellos viejos árboles se retorciesen con el viento no ayudaba en absoluto, parecía como si se fuesen a caer encima de ellas y aplastarlas sin compasión. Rinoa vio como a lo largo del camino se filtraba luz entre alguna de las ramas, alzó la vista y moviéndose un poco hacia su izquierda pudo comprobar que la luna desprendía una luz que, si no fuese por aquellos árboles, alumbraría perfectamente el camino.

- ¿No es preciosa? –dijo la mujer con la mirada fija en el hueco que las ramas formaban, dejando visible la luna-. Cuando la noche cae las nubes desaparecen y dan paso a una hermosa luna, ojalá ocurriese también por el día –explicó la mujer con cierta melancolía en sus palabras-. ¿Estás lista? -vio como Rinoa asentía sin mucha convicción-. Y no los mires –añadió la mujer señalando hacia los árboles-.

Rinoa se asustó aún más ante el último comentario de ella. De repente la mujer gritó algo que Rinoa no entendió y salió corriendo. La joven bruja la siguió todo lo deprisa que podía, su vista alcanzaba a ver la silueta de la mujer, pero miró hacia el suelo y se dio cuenta que no veía nada, así que decidió confiar en sí misma y rezar para que no hubiese nada en el camino que la hiciera caer.

Oyó como la mujer le gritaba que corriese más deprisa, segundos más tarde entendió el porqué. Aquellos árboles habían cobrado vida, graves rugidos que provenían de dentro de sus troncos hacían vibrar el suelo, sus ramas y raíces se desprendían de ellos, invadiendo el camino recorrido por ellas hasta el momento.

Rinoa no podía creer lo que veía, todo a su alrededor se movía violentamente y desaparecía engullido por la multitud de raíces. De repente y sin previo aviso una enorme raíz se cruzó de izquierda a derecha clavándose en el tronco de un de los árboles del lado opuesto. Rinoa pudo comprobar con horror que bloqueaba el camino. Asustada miró hacia atrás, una maraña de ramas, raíces y hojas la seguían de cerca, gritando y aullando con rabia. Sin pensárselo dos veces la joven se dejó caer al suelo y resbaló bajo aquella enorme raíz y con una agilidad que desconocía en ella, se puso en pie y siguió corriendo. Otra rama se interpuso en su camino, la cual saltó por encima sin ningún problema.

Estaba empezando a notar el cansancio en sus piernas cuando divisó la salida de aquel infierno. Aceleró el paso lo que pudo y justo en el momento de salir de allí, una de las muchas raíces se abalanzó contra su rostro. Rinoa, con esa agilidad que estaba empezando a otorgarle su poder de bruja, hizo un rápido movimiento hacia la derecha y consiguió esquivarla, pero no sin que esa rama rozara su mejilla. Aquel pequeño corte fue suficiente para despistarla y hacerla caer al suelo. Algo aturdida miró hacia atrás, la maraña se acercaba a ella con rapidez y sin ningún tipo de piedad. Se incorporo rápidamente, pero ya era demasiado tarde, cerró los ojos tapando su cara y esperando su muerte, pero aquello no ocurrió. Fueron tan solo unos segundos cuando sintió un tirón en su brazo, sin saber muy bien que había ocurrido abrió los ojos y pudo ver que se encontraba fuera del bosque.

A su lado estaba Sanha, ambas estaban en el suelo respirando agitadamente. Observaban sin habla como la salida del bosque quedaba bloqueada por una infinidad de raíces que seguían retorciéndose sobre si mismas hasta que no quedó ningún hueco accesible.

- ¿Cómo saldremos ahora de aquí? –preguntó intentando recuperar el aliento-.

- No te preocupes, por la noche el bosque bloquea la salida y la entrada, no le gustan las visitas nocturnas -añadió con media sonrisa-.

- Vaya, no me había dado cuenta –dijo con sarcasmo-.

- Alégrate de estar en buena forma, no todos consiguen salir de ahí, además te dije que si anochecía... -comentó la mujer reanudando el camino-.

- Vale, vale, ya lo he entendido –protestó siguiendo los pasos de Sanha-.

Caminaron, ahora sí, bajo la luz de la luna que alumbraba el camino. Rinoa echó un último vistazo al bosque y un escalofrió recorrió su espalda al recordar lo vivido hacía unos minutos.

No tardaron mucho en llegar a lo que parecía una aldea. Pequeñas casas hechas de madera, hojas, ramas y demás formaban el poblado. Eran circulares y trozos de tela hacían las veces de puerta. A pesar del aspecto exterior, aquellas pequeñas cabañitas parecían bastantes acogedoras. Rinoa pudo divisar que al fondo del poblado se hallaba una casa algo más grande, su construcción era más compleja y de ella salía y entraba mucha gente.

Hombres y mujeres se movían de un lado hacia otro, cortando leña, recogiendo frutos, construyendo o arreglando sus casas. Los niños que correteaban la miraban con extrañeza, reían y cuchicheaban entre ellos. A Rinoa no le extrañó en absoluto el comportamiento de los pequeños, su ropa para nada se correspondía con la de aquel pueblo, que pereciese haber quedado anclado en el pasado.

Siguieron su camino sin pronunciar palabra y Rinoa no podía dejar de observarlo todo. Aquel poblado estaba perfectamente iluminado por medio de pequeñas antorchas cubiertas por una especie de cristal a modo de protección y a pesar del aspecto del lugar, sus gentes parecían felices. Pronto llegaron a la construcción en la que Rinoa se había fijado a la entrada.

- Bueno, ya hemos llegado -comentó Sanha-.

- ¿Qué es esto? -preguntó la pelinegra mientras recorría con la mirada la fachada-.

- Aquí se encuentra nuestro Patrón, él se encarga de la aldea, reparte el trabajo, organiza la escuela, bueno ya sabes, ese tipo de cosas. Adelante, él te está esperando -dijo empujando con delicadeza a Rinoa-.

Ésta entró con algo de miedo, no sabía lo que se iba a encontrar allí dentro. Pasó a una gran sala de forma hexagonal, en cada lado había una especie de puesto en los que los habitantes del lugar hacían cola. Al fondo se abrió una gran puerta de madera y una mujer de aspecto jovial le dio permiso para pasar dentro. Sanha siguió sus pasos y pronto se encontraron frente al hombre al que todos los habitantes de la aldea llamaban Patrón.

Rinoa no podía apartar la mirada de él, imaginaba que se encontraría frente a un hombre mayor, barba larga y canosa, gafas y enclenque, pero para su sorpresa, no fue así. Se hallaba frente a un hombre alto, delgado pero musculoso. Su pelo era castaño con algunas mechas oscuras y varios mechones de pelo tapaban parte de su lado izquierdo. Le echó unos treinta años. Sus ojos eran azules, pero un azul casi cristalino que destacaban con el color tostado de su piel. Rinoa se ruborizó al comprobar que aquel hombre era muy atractivo y rápidamente bajo la mirada.

- Hola Rinoa, nos alegramos mucho de que por fin estés entre nosotros -dijo con una voz cálida y varonil-.

- Que hago aquí... -dijo sin levantar la vista-.

- Te lo explicaré todo desde el principio -dijo tomando asiento en un sofá cercano y apartándose el mechón que estorbaba en su cara-.

Rinoa lo siguió con la mirada y tras aclararse la garganta y beber agua de un cuenco de madera cercano, se dispuso a hablar.

- Tras la comprensión del tiempo, algunos de los que has visto en tu recorrido por la aldea, aparecimos en la ciudad de Balamb, bueno o lo que quedaba de ella. Ninguno sabíamos que hacer, tan solo teníamos presente que la misión de destruir a la bruja había fracasado y que nada de esto sería lo mismo.

El hombre hizo una breve pausa desviando la vista hacia un lado. Parece que recordar aquello aun dolía demasiado.

- Tras unos días, decidimos movernos y buscar algún sitio en el que refugiarnos. Por el camino te encontramos a ti, llevabas varios días inconsciente, así que no lo dudamos y te llevamos con nosotros, no podíamos dejarte allí y por fin encontramos esta aldea -el hombre miró a Rinoa de reojo-, lo sé, parece anclada en el pasado, pero recuerda pasado, presente y futuro juntos.

Paró unos segundos y le ofreció agua a Rinoa quien la aceptó sin vacilar, ahora que lo pensaba estaba demasiado sedienta.

- Las personas de esta aldea nos acogieron con mucho cariño, les ayudábamos en todo lo que podíamos y bueno, con el tiempo yo he llegado a ocupar este puesto -dijo con una sonrisa de agradecimiento mientras señalaba el lugar donde se encontraba sentado-.

Rinoa no había dicho nada desde que el hombre comenzó su historia, todo aquello le sonaba tan irreal ¿de verdad no habían derrotado a Artemisa?

El hombre continuó con su relato.

- Bueno y tu...caíste en coma o eso dedujimos. El doctor de esta aldea te examinó sin llegar a entender demasiado bien que te ocurría, así que creímos que estabas en coma. Todos los días, algunos hombres salían de la aldea a buscar supervivientes u otros lugares como éste. Un día regresaron con una extraña máquina de un tamaño considerable, aunque no pesaba demasiado, parecía del futuro. Estuvimos varios días intentado saber lo que era o cómo funcionaba. Un buen día, un chico nos informó de que él era experto en maquinaria de ese tipo y que la haría funcionar, si aún se podía. Sin mucho esfuerzo lo consiguió, nos informó que era una máquina especializada en leer la mente y sin ninguna duda, provenía del futuro. La usamos contigo y rápidamente supimos todo lo que te había ocurrido, Irvine, Squall, Zell, Selphie, Quistis y tú, los héroes que habían intentado salvar la tierra y no lo consiguieron, pero parece ser que tu mente no lo aceptó y creó una historia paralela, una ilusión, tu mundo ideal. Estuvimos varios días buscando a tus amigos, pero no hubo suerte -el hombre hizo una pausa-. Creemos que ellos no están aquí -añadió con culpabilidad en sus palabras-.

- Pero y...

- No, Rinoa, no -interrumpió el hombre levantando su mano para que no continuase-. Tampoco Laguna, ni Eleone, ni Seifer... Ninguno de ellos, lo siento, de verdad. Sabemos que querías mucho a Squall, era comandante del jardín de Balamb ¿no es cierto?

- No puede ser... -una lágrima solitaria recorrió el rostro de la joven-. No puede estar muerto.

- Yo era soldado de élite en Trabia, mi mujer y yo íbamos a tener un hijo, pero... -dijo agachando la cabeza-.

- Y yo era doctora en Deling -habló Sanha quien se había mantenido al margen hasta ahora-.

El hombre miró a Sanha y la sonrió mientras asentía.

- Otros eran instructores en distintos jardines y el chico que nos ayudó con la máquina desde luego no pertenecía a nuestra época -aclaró mientras se levantaba y se acercaba a Rinoa-. Todos venimos de lugares diferentes -finalizó posando sus manos sobre los hombros de la chica-.

- Pero esto no puede ser verdad, para mí todo era muy real ¿y cómo llegué a despertar? -preguntó Rinoa-

- Un día cuando el doctor fue a ver que tal estabas, habías desaparecido, no sabemos cómo llegaste a salir de aquí, pero supongo que tú tampoco podrás responder a eso -sonrió de medio lado-. Por la tarde Sanha te encontró a la entrada de Balamb y bueno ya estás aquí. Eso es todo.

El hombre dio un par de vueltas por la estancia y acercándose de nuevo a Rinoa, la cogió de las manos. Ésta vio que aún era más alto a su lado, el hombre se inclinó y le susurró al oído: "Ahora este es tu hogar como para el resto de nosotros".

Rinoa no dijo una palabra, se notaba mareada y todo le sonaba lejano, como si realmente no estuviese allí, como aquella tarde en la cafetería. De repente notó como se desplomaba y unos fuertes brazos la arropaban y no la dejaban caer al suelo.

Cuando abrió los ojos el corazón le dio un vuelco, las manos que ahora estaban acariciando su cara eran las de Squall, gritaba su nombre y la zarandeaba suavemente. Sus ojos volvieron a cerrarse sin que ella pudiera evitarlo, a lo lejos pudo oír una voz femenina que repetía sin cesar: "Volveré a intentarlo, la sacaré de ahí, te lo prometo".

Esta vez su vista estaba borrosa, Sanha acariciaba su cara mientras pronunciaba su nombre con ternura.

- Te has desmayado, pensábamos que habías regresado a tu mundo -sonrió la mujer con melancolía-.

- Yo... Yo he visto a Squall, él estaba conmigo -decía confundida-.

- Debes olvidarlos, piensa que la última vez que ellos te vieron fue en aquella lucha, ni Selphie es tu mejor amiga, ni Squall tu novio, ni Zell tu entrenador... Sé que suena cruel, pero es así, ahora dejaré que descanses.

La mujer se marchó y dejó a Rinoa allí sola. La joven bruja se incorporó en una cama hecha a base de telas y ramas de árbol. Recorrió la estancia con la mirada, al parecer, se encontraba en una especie de habitación circular bastante austera con una pequeña hoguera en el centro que alumbraba y daba calor al lugar. Se notó igual de mareada que antes, su mirada estaba borrosa y apenas podía distinguir la realidad del mundo de los sueños. Ella acababa de ver a Squall y ¿tan solo había sido un sueño?, aun sentía las manos de él en su rostro, todo era más real que aquella maldita aldea, la historia de ese hombre no le había convencido para nada, demasiados cabos sin atar y ¿dónde estaba Yinna?, nadie la había nombrado desde que habían llegado allí.

De repente se acordó de la raíz que le atacó segundos antes de salir del bosque, juraría que le había hecho un pequeño corte en el rostro, así que de un salto se levantó y buscó un espejo. Revolvió aquella pequeña habitación hasta que dio con un trocito de espejo rodeado de algunas ramas de palmera, se miró el pómulo y como esperaba, allí no encontró nada. Su rostro estaba intacto, ningún corte, ni magulladuras, ni heridas en su cuerpo, ¿cómo era posible que después de lo ocurrido en el bosque no tuviese ninguna marca? La joven no entendía nada, caminó en círculos por la habitación con mil cosas rondando su cabeza, no sabía que hacer estaba atrapada, pero ¿dónde?

Tras varios minutos se sentó frente a la pequeña hoguera, pensativa, sus ojos estaban fijos en las llamas rojizas que desprendían un placentero calor. De repente y sin saber por qué estaba haciendo tal cosa, acercó su mano a esas llamas y para su sorpresa no se quemó, era capaz de atravesar el fuego sin sentir una pizca de dolor, es más, ni siquiera notaba nada. Una voz infantil la sacó de aquel juego imposible.

- ¿A que no sientes el dolor? -dijo con inocencia-.

- ¿Qué...? ¿cómo dices? -dijo levantándose y acercándose a la pequeña de ojos redondos y brillantes-.

- Él te está esperando, debes ir, éste no es tu lugar. Recuerda... No sientes dolor.

Rinoa no entendía lo que aquella niña decía, pero parecía como si la conociese. La pequeña salió corriendo sin dar ninguna explicación más. Rinoa la siguió, pero al salir de la pequeña habitación todo había cambiado, la aldea ya no se encontraba allí. De nuevo, esa enorme explanada de tierra volvía a ocuparlo todo, hasta donde su vista alcanzaba. No podía creerlo, nada de todo aquello tenía sentido ya. Sin pensar en nada más se dejó caer al suelo, no se molestaría en andar por aquel paraje, ya que todo era igual, esperaría a que aquello cambiase o que alguien apareciese, estaba completamente agotada, ni siquiera podía llorar. ¿Era todo aquello un mal sueño? Pero ¿por qué no podía despertar?

El tiempo pasaba y las nubes parecían moverse con rapidez, pero seguía sin poder verse el sol, ni la luna, nada, todo era desolador. De repente una mano se posó sobre su hombro, ella no se sobresaltó ya que algo parecido le había ocurrido hacía un rato ¿iría otra vez a la aldea?

- ¿Rinoa? ¿eres tú?, por fin te encuentro.

La voz sonaba cansada y emocionada a la vez. La joven giró para ver de quien se trataba. Cuando su vista cansada consiguió enfocar aquella silueta frente a ella, no podía creerlo, era Eleone, pero ¿qué hacía allí? Ahora sí que ya no entendía nada.

- ¿Eleone?... -preguntó acercándose a ella con paso muy lento-. ¿De verdad eres tú?, ¿qué es este lugar?

- Solo debes darme la mano, vamos, ven aquí -le decía inquieta y nerviosa-.

- No... Tú no eres real, nada de esto es real.

- Vamos Rinoa, no hay tiempo, ella se acerca... No pierdes nada por venir conmigo ¿no? -dijo intentando convencer a la joven-.

Sin decir nada Rinoa comenzó a andar hacia ella, justo en el momento en el que sus manos iban a juntarse, una niebla espesa cubrió el lugar y a lo lejos pudo escucharse una voz.

- ¡No! no lo hagas... Ella no es real -dijo la voz angustiada-.

Rinoa se dio la vuelta rápidamente y pudo comprobar con horror que aquella voz provenía de Yinna. Su aspecto era normal, como la había conoció en el baño del jardín de Balamb, pero Rinoa pudo fijarse que de su cuello colgaba aquel extraño símbolo.

La joven bruja se encontraba entre aquellas dos personas y ninguna de ellas le inspiraban la suficiente confianza, estaba demasiado confusa para pensar.

- Ven conmigo... -decía Yinna extendiendo sus brazos hacia Rinoa-. Siento todo esto, lo siento de verdad, todo este tiempo solo he querido ayudarte, siento si he sido demasiado brusca.

La pelinegra la miró con recelo y la vio sonreír de manera amable, por un momento le inspiró la confianza que necesitaba.

- ¡No la escuches!, ella se apoderará de ti -gritó de pronto Eleone desde el otro lado-.

- ¡Cállate!, nada de lo que ella ha vivido es real, éste es su mundo -exclamó cambiando su semblante amable a uno más serio-. Solo eres un producto de su imaginación.

La pelinegra desvió la mirada hacia Eleone de nuevo y la vio con gesto molesto, como si no pudiera controlar la situación.

- Recuerda, Rinoa... Aquí no sientes el dolor... Eso es por qué todo es un sueño, ella está en tu mente, te esta dominando, yo he venido a sacarte de aquí. Dame la mano, ¡vamos! -decía la joven que poco a poco iba acercándose a Rinoa-.

- Tú no eres real, todo se destruyó con la compresión del tiempo... -insistió Yinna acercándose también hacia Rinoa-.

Rinoa no podía dejar de alternar la mirada entre aquellas dos mujeres que tenían versiones tan distintas. Ella solo quería ver a Squall.

- Y entonces ¿qué era esa aldea? No era real... -habló esta vez Rinoa dirigiéndose hacia Yinna-.

La observó suspirar exasperada.

- Solo intentaba ponerte las cosas más fáciles, que vieses que no todo era tan horrible... Ahora estás conmigo... por favor ven... -decía mientras reducía el espacio que la separaba de la joven bruja-.

Rinoa se llevó las manos a la cabeza con frustración. No podía más, realmente no quería irse con ninguna de las dos, ya que no sabía si todo eso era real o no. La joven se agachó y tapo sus oídos, no seguiría escuchando aquella discusión.

Un viento bastante fuerte comenzó a levantarse en aquella explanada de tierra y las voces de ambas mujeres empezaron a resonar con dificultad.

- ¡Squall te está esperando, Rinoa! No hay tiempo... ¡Ella te destruirá y jamás volverás a verle! - gritaba la muchacha intentando que su voz se escuchase entre esas ráfagas de viento-.

En cuanto el nombre de Squall llegó hasta sus oídos, se levantó con rapidez y enfrentó su mirada con la de Eleone.

- ¿Qué? -pronunció sin más-. Él... él ¿está bien? -dijo con lágrimas en los ojos-.

- Está muy preocupado... Ven conmigo...

Sin pensarlo más, Rinoa reanudó sus pasos hacia Eleone, quien la esperaba con los brazos extendidos. No sabía muy bien lo que hacía, solo quería ver a Squall.

Justo en el momento en el que sus manos iban a rozarse, un extraño ruido tras ella llamó su atención y ambas mujeres volvieron a alejarse. Un gran rayo de luz proveniente del cuerpo de Yinna, se acercaba hacia ellas con gran rapidez.

Rinoa notó como Eleone la apartaba, haciéndola caer al suelo. La joven bruja cubrió el rostro con sus brazos, pero pudo sentir como aquel rayo golpeó contra su cuerpo, dejándola apenas sin respiración. Tras unos segundos abrió los ojos con dificultad y comprobó que el lugar había quedado inundado por aquella extraña luz.

Intentó incorporarse tratando de abrir sus ojos una vez más, pero le era imposible, sentía un gran dolor, como si mirase directamente al sol. Justo en el momento en el que se disponía a levantarse, unos dedos fríos y delegados la agarraron del antebrazo, arrastrándola consigo y abandonando aquel lugar.

La joven bruja no mostró ninguna resistencia, no podía moverse ni hablar, solo podía pensar a donde la llevarían esta vez, ¿volvería a casa?


Squall no podía más, los nervios de aquella situación lo estaban consumiendo. Desde que Eleone había comenzado a introducirse en la mente de Rinoa había pasado más de una hora. Lo único que veía Squall era a Eleone quieta, como si algo la poseyese y pequeñas gotas de sudor invadir su frente.

De repente, la joven se desplomó en la cama, como si de un muñeco de trapo se tratase, Squall fue rápidamente hacia ella y pudo comprobar con alivio que solo era el cansancio la que la había llevado a ese estado.

El muchacho la ayudó a incorporarse, no aguantaba más, necesitaba saber lo que había ocurrido, aunque por la cara de la joven y el estado catatónico en el que aún se encontraba Rinoa, apostaría que las cosas no habían salido como esperaban.

- Eleone ¿qué ha ocurrido? –preguntó preocupado-.

- Lo siento, no sé qué ha pasado, la tenía cogida de la mano, pero en el último momento… -dijo la muchacha desconsolada-. Yinna estaba allí, la he visto Squall, siento a ver dudado de ti.

Parece que Rinoa no lo había conseguido, en el último momento algo extraño había ocurrido y Eleone no había podido traerla de vuelta. Ahora el estado de la joven bruja era una incógnita, no sabían dónde se encontraba su mente por lo que era imposible ayudarla, tenía que ser ella sola la que saliese de aquella pesadilla.

- ¿Y qué va a pasar ahora con ella? -preguntaba el chico con la mirada fija en Rinoa-.

- No lo sé… debemos buscar a esa tal Yinna, ella es la que controla su mente. Si la encontramos, tal vez, tengamos alguna oportunidad -contestó acercándose al joven e intentando consolarle-.

Observó como el comandante daba vueltas por la habitación mientras negaba con la cabeza.

- Hace días que no se les ve por el jardín, Kramer no nos será de ayuda, ni nadie del jardín. Es como si ellos llevasen semanas controlando todo a su antojo -explicó deteniendo sus pasos y dejando escapar un sonoro suspiro-.

- Lo siento… -dijo Eleone cabizbaja-. Dudé de todo esto cuando me lo contaste y ahora… su estado es similar al de un coma profundo y no sé cómo hacer que despierte -acabó diciendo con lágrimas en los ojos-.

Squall no dijo nada ante las últimas palabras de Eleone. Con paso lento se acercó a la ventana y clavó la mirada en la luna que brillaba en el cielo nocturno, como si en ella pudiese ver la solución a los problemas. Entonces, suspirando una última vez, se dio la vuelta y poseído por una rabia incontenible, comenzó a golpear la pared hasta que sus nudillos empezaron a sangrar. Maldijo a Yinna y a sus hermanos por todo lo que estaba sucediendo. Con las fuerzas completamente agotadas y la esperanza perdida, se desplomó de rodillas en el suelo del cuarto. Un par de lágrimas aisladas resbalaron por sus mejillas, pero no las reprimió, necesitaba desahogarse.

Eleone, asusta por el comportamiento del joven, se levantó con rapidez de la cama y arrodillándose junto a él, intentó calmarle. Lo abrazó con fuerza y simplemente dejó que llorase.

Pasaron unos minutos así, ninguno dijo nada, cuando Squall creyó sentirse más tranquilo se levantó del suelo y se sentó en la cama junto a Rinoa. La observó detenidamente, estaba pálida, demasiado pensó el chico y acariciando su mejilla, se maldijo de nuevo por todo lo que había pasado, jamás creyó que llegarían a estar en esa situación.

- No es culpa tuya -comentó Eleone cautelosa mientras posaba una mano sobre el hombro del joven-.

Lo oyó emitir un sonido de molestia.

- ¡Escúchame, Squall! -exclamó la chica haciendo que él la mirase-. No es tu culpa ¿vale? Ni nada de lo que ocurrió en el pasado -observó como los ojos azules se volvían recelosos-. No puedes salvar continuamente a todo el mundo. Vamos a encontrar una solución.

Squall apartó la mirada hacia un lado, pero no dijo nada, estaba cansado.

- ¿Me dejas que te cure esa mano? -dijo con amabilidad Eleone-.

El muchacho asintió y dejó que Eleone curase sus nudillos.

- Creo que volveré a Esthar, debo intentar hablar con Edea ella…

- Es tarde, es mejor descansar. Puedes dormir junto a Rinoa, yo dormiré en el sofá.

Eleone lo miró, pero no quiso rebatir al joven. Seguramente quedarse allí sería lo mejor, ya era más de medianoche y la verdad que se sentía exhausta después de haber intentando traer de vuelta a Rinoa. Así que sin decir nada más, se levantó y volvió al baño para guardar las cosas de la cura.

- Gracias, Eleone.

Cuando salió del baño vio a Squall con un gesto más amable mientras le tendía una manta. Ésta sonrió y acariciando su mejilla se dirigió a la cama.

- Intenta descansar -dijo Squall apagando la luz-.

Eleone no dijo nada y se acurrucó junto a Rinoa. Con cuidado posó su mano sobre la de ella, estaba algo fría, así que cogiendo la colcha, le cubrió también los brazo que hasta ahora se habían mantenido por fuera. Volvió a refugiarse bajo su propia manta y pensó en como afrontaría Squall el hecho de que Rinoa no despertase. Intentó borrar esos pensamientos negativos de su mente y con una última frase rodando su mente, se quedó dormida.

"Rinoa, vuelve a casa".


Aquella explanada terrosa y falta de vida, donde Rinoa llevaba un rato, se había llenado de luz. Todo giraba a su alrededor, de la misma manera que cuando salió al exterior, tras abandonar el jardín. ¿Cuándo había sido eso? Desde luego, había perdido la noción del tiempo.

Juró que antes de que aquello pasara, la mano de Eleone había intentado agarrarla, llevársela de allí, pero ella, en el último momento había desconfiado y se echó atrás y ahora era incapaz de saber dónde se encontraba. Squall era la única persona que perduraba intacta en su mente y la única que sabía con seguridad, que era real.

Ahora sabía que lo vivido hacía unas horas simplemente había sido fruto de una manipulación mental de Yinna. Eleone estaba ahí para ayudarla, pero por su inseguridad, no había logrado su objetivo.

Tras un rato sin saber muy bien que estaba pasando, empezó a sentir como su mente se aclaraba. Todos los recuerdos de esos meses volvían a estar intactos en su memoria y todos los momentos vividos junto a Squall la llenaron de vida. Detuvo sus pasos, sin ser si quiera muy consciente de que estaba caminando y tomó una bocanada de aire. Aquel lugar seguía estando lleno de una luz extraña y de pronto unas voces lejanas empezaron a resonar en aquel lugar.

La mujer agudizó sus sentidos e intentó prestar mas atención. Las voces se oían lejanas y algo acolchadas, pero no tardó en reconocer la cálida voz de Squall. Una sonrisa apareció en su rostro y sin querer, pronunció su nombre. Anduvo sin rumbo entre la claridad del lugar y fue entonces cuando lo escuchó con claridad. Sin duda era Squall, parecía furioso y enfadado y demasiado triste. Gritaba sin cesar y maldecía una y otra vez a Yinna y a sus hermanos, echándose la culpa de todo lo ocurrido.

- ¡No! -exclamó Rinoa-. ¡No es tu culpa! -gritó con desesperación-.

Giró sobre si misma, intentando en vano, encontrar un resquicio de algo que la llevase de vuelta. Ella no debería estar allí, debía volver a Balamb junto a su familia, junto a Squall.

De pronto aquella luz, desapareció de golpe, y frente a ella apareció Yinna. Rinoa ahogó un grito al verla y trastabillo hasta caer al suelo. De nuevo estaba en esa tierra yerma, oscura y fría.

- Vamos Rinoa, no sigas con esto, solo te haces más daño. No sabemos como hacerte ver que todo pertenece a tu imaginación.

- No…

- Rinoa, por favor, vuelve con nosotros, estarás conmigo, no dejaré que te pase nada. Prometo que te acostumbrarás.

La joven bruja, se levantó con parsimonia y sacudió el polvo de su ropa y manos. Yinna parecía amable y su voz era dulce, nada que ver con la Yinna que ella tenía en su recuerdo. Vio como poco a poco se iba acercando a ella. Su mirada oscura no dejaba de mirarla y Rinoa comenzó a sentir eso que siempre notaba cuando Yinna estaba cerca. Ahora sabía que era su poder, el que ella albergaba, que le decía que eso no estaba bien. Era su instinto de bruja avisándola de que debía huir, salir de allí cuanto antes.

Aquella nueva sensación la reconfortó, por fin entendía algo más sobre su poder de bruja. Su instinto era superior al de cualquier otra persona y ahora había aprendido a controlarlo.

Una risa estridente la hizo volver de entre sus pensamientos y cuando reparó en Yinna, la reconoció. Ahora si era ella, la que siempre había visto. Su sonrisa exagerada y no humana, su pelo lacio y desaliñado cayendo por su cara y ese aspecto que estaba empezando a adquirir, con su piel blanquecina y sus ojos enrojecidos por una furia que jamás había visto en nadie.

- Estoy aburrida de fingir, niña estúpida. Se acabaron los jueguecitos. Hasta ahora me he divertido, nada más. He intentado dominar tu mente con visiones agradables, pero…

Aquel ser dejó escapar una especie de sonido a modo de molestia.

- Parece que tu resistencia es mayor de la que esperaba. He de decir que me has sorprendido, no esperaba que fueras tan fuerte. Y…

- ¡Cállate, maldita sea! – exclamó de pronto Rinoa interrumpiendo la verborrea de su enemiga-. Cierra el pico de una vez, me tienes harta ¿sabes? Hablas demasiado -añadió suspirando mientras se masajeaba las sienes-.

Yinna se quedó callada y sus ojos abiertos de par en par, sin poder creerse la soberbia de esa niña. Sintió como su sangre hervía y la rabia la envolvió por completo, haciendo que sus ojos enrojecieran del todo.

- ¿Cómo has dicho? -gritó con una voz demasiado grave-.

Rinoa se asustó, pero no dejó que esa mujer lo notase.

- ¡Que estoy harta de ti! -repitió enfrentándose a ella-.

De pronto y sin ser consciente de ello, Rinoa sintió cómo una fuerza invisible la cogía del cuello y la elevaba algunos centímetros del suelo. La respiración no tardó en faltarle y solo podía ver a Yinna a unos pasos alejada de ella, quieta y con esa sonrisa en su cara.

La pelinegra no entendía como podía estar haciendo eso, pero lo que sí sabía es que no aguantaría mucho mas así. Intentó forcejear con esa fuerza invisible, zafarse de ella, pero el aliento empezó a faltarle y entonces recordó que nada de aquello era real, lo parecía sin duda, pero no lo era. Ese era el autentico poder de Yinna, hacerte creer que estabas en su mundo y debilitarte hasta controlar tu mente por completo.

Rinoa cerró los ojos e intentó concentrarse y ahí estaban otra vez, esas voces lejanas, era Eleone y Squall, ahora parecía algo más calmado y eso la tranquilizó. Quiso decir algo, pero la falta de aliento se lo impidió. Entonces notó un agradable calor a su lado, como si alguien estuviera junto a ella y de pronto, una mano sobre la de ella, la hizo despertar. Era cálida, suave y pequeña y no dejaba de acariciar la suya. Sus ojos viajaron hasta su mano, no había nada allí, pero lo notaba, alguien estaba tocando su mano y podía sentir un agradable calor que la reconfortó al instante. Antes de que sus ojos volvieran a cerrarse, lo escuchó:

"Rinoa, vuelve a casa".


Notitas…

Bueno, pues ostro capitulito más, espero que os haya gustado y como siempre, gracias por leer Hasta la próxima.

Nancyriny: Jejeje, ya sabes tú que nada de eso era real, ¡claro! Bueno pues parece que Rinoa sigue con su momento de locura. Pero a partir de ahora las cosas empezarán a ponerse un poquito mas serias. Espero no tardar mucho en subir el siguiente.

¡Mil gracias por tu apoyo!