Capítulo 9
Tenía un aspecto tan frágil, allí tendida, con el cabello empapado en sudor, la frente y las mejillas húmedas, la respiración entrecortada. Pero Draco sabía que Hermione Granger no era precisamente frágil. Vaya carácter el suyo, enferma y todo. Imaginaba cómo sería cuando estuviera en perfecto estado de salud.
Después de lo que debió de haber pasado, no pudo culparla por tratar de partirle la cabeza con un candelabro. Había enviado al cochero a Bridgewater para averiguar lo sucedido y había recibido su informe la noche anterior. Él no tenía forma de saber que la doncella a quien había enviado a llevar los víveres a la acababa de ser despedida por el ama de llaves, y en consecuencia, no había cumplido las órdenes ni había dado instrucciones al respecto a nadie más.
Se habia limitado a recoger sus cosas y marcharse. Y Hermione tampoco podía saberlo.
Draco aún no había podido decírselo. Apenas había recobrado la lucidez en un par de ocasiones en dos días. Los remedios que le había recetado el médico comenzaban a hacer efecto, pero como el propio médico había anunciado, su estado empeoraría antes de mejorar. Pero por fin le había bajado la fiebre y dormía plácidamente. Había sido una larga noche, y más largos aún los últimos dos días, porque Draco apenas se había apartado de su lecho desde el momento en que ella se había desmayado entre sus brazos, tres noches antes.
Era una paciente terrible, quejica, rebelde. Se negaba a que Draco no hiciera nada por ella, quería levantarse y hacerlo todo sola. Pero él había insistido, le había cubierto con mantas mojadas y frescas las partes del cuerpo que ella había accedido a mostrarle y le había servido la comida en la cama, por poco apetitosa que ésta fuera. Draco era un desastre en la cocina.
Hoy debia presentarse una cocinera para una entrevista. En cuanto el cochero había regresado de Bridgewater, Draco lo había enviado a la agencia de colocaciones en busca de una cocinera. Aceptaría a quienquiera que se presente, porque si no tuviera que volver a entrar en la cocina en toda su vida,
mucho mejor. Los demás criados podrían esperar hasta que Hermione estuviera en condiciones de contratarlos personalmente.
La noche de pasión que había anticipado al regresar a Londres no había salido como esperaba. Y pensar que había abandonado pronto la fiesta de Amy sólo encontrarse para con una furia apasionada, en lugar de lo que tanto ansiaba.
Pero ahora que Hermione estaba instalada en Londres, tendrían tiempo de sobra para íntima.
La luz que se colaba por la ventana despertó a Hermione. Draco se había vuelto a olvidar de correr las cortinas por la noche. Lo cierto es que descuidaba muchos pequeños detalles como aquellos, de los que normalmente se ocupaban los criados. No es que eso moleste a Hermione, con todo lo que se había esmerado para cuidarla.
Sentía remordimientos, quizás sin motivos, pero todavía intentaba compensarla por lo ocurrido en la cabaña, y eso hablaba muy bien de él.
Al despertar la segunda mañana, lo había encontrado en la habitación con ella. El día anterior, Draco la había despertado con una taza de té, caldo y medicinas. Y esta mañana no sólo estaba allí, sino también dentro de su cama.
Fue una sorpresa despertar y encontrarlo a su lado. Y un gran esfuerzo devanarse los sesos para recordar si había alguna razón para que estuviera en su cama o si simplemente estaba demasiado cansado para buscar otro sitio donde dormir. Pero Hermione no grababa nada después de la cena ligera que había tomado la noche anterior y que a duras penas había conseguido mantener en el estómago, ya que ardía de fiebre.
Esta mañana se sintió mucho mejor; un tanto débil y con los miembros entumecidos después de dos días en cama, pero el calor constante que la había atormentado en las últimas jornadas había desaparecido. De hecho, por primera vez en varios días sintió un poco de frío. Notó que el fuego se había consumido hasta quedar reducido a unas cuantas brasas y que su camisón estaba empapado de sudor.
El cuerpo tendido a su lado era una tentadora fuente de calor, pero no tuvo el valor de acurrucarse junto a Draco, aunque estaba dormido. La había atendido durante esos días y pronto se convertiría en su amante oficial, pero apenas lo conocía... Y ojalá no hubiera grabado que pronto sería su amante. La sola idea la hacía sentirse incómoda con su proximidad. Bueno, no tanto incómoda como físicamente alterada. De repente tomó conciencia de que era un hombre atractivo, y ahora que estaba dormido tenía la oportunidad de estudiarlo con atención.
Estaba tendido de espaldas sobre las mantas, con un brazo sobre la cabeza y el otro a un lado del cuerpo.
La camisa blanca estaba arremangada hasta los codos, dejando al descubierto un vello del mismo tono dora do de su cabello. Los músculos de sus antebrazos eran abultados; sus muñecas, anchas; sus manos, grandes.
La camisa entreabierta dejaba ver otra mata de pelo dorado. Al tener una mano levantada, la camisa también estaba tensa, dejando entrever un pecho grande y un vientre duro y plano. Y sus piernas eran tan largas que sus pies, descalzos aunque enfundados en calcetines, llegaban al borde de la cama.
Dormía con la boca entreabierta, los labios firmes apenas separados. No roncaba, pero Hermione se preguntó si alguna vez lo haría. Sin duda tendremos ocasión de descubrirlo.
Vio unas pestañas largas y doradas en las que no había reparado antes porque aquellos volubles ojos grises acaparaban toda su atención. Arrugaba las cejas, al parecer disgustado con sus sueños. Hermione sintió la imperiosa tentación de alisarle la frente con los dedos, pero se contuvo.
No quería estar a su lado cuando él despertara. De ninguna manera. Su posición en esos momentos era demasiado íntima y vaya a saber qué idea podría ocurrir... aunque quizás no. Después de todo, ella debió de tener un aspecto horrible, tras dos días de la mínima higiene en la cama, y el pelo sin lavar después de varias noches de intensos sudores. No cabía duda; parecería un esperpento.
De hecho, en ese mismo momento un baño se le antojaba un paraíso; un agradable y caliente remojón aliviaría sus músculos entumecidos y le quitaría el picor de la cabeza. Y tal vez pudiera dárselo antes de que Draco despertara, así podría tener un aspecto algo más decente cuando le agradeciera su tierna, aunque dominante, atención.
Le sorprendía que se hubiera quedado cuidándola cuando no tenía por qué hacerlo. Podría haber contratado a una enfermera. Pero suponía que los remordimientos lo habían inducido a permanecer a su lado.
Cualquiera que fuera la razón, se alegraba de que se hubiera quedado, deque le hubiera demostrado una vez más que no era el hombre cruel e insensible que ella había imaginado.
Se levantó de la cama con cuidado de no despertarlo y cogió algunas prendas. Antes de cerrar la puerta del baño, comprobó que Draco estaba durmiendo a pierna suelta... o al menos no había notado sus ojos entornados, espiándola. Incluso se tomó el tiempo necesario para secarse el pelo antes de vestirse y siguió cepillándoselo cuando volvió a la habitación.
Había tardado tanto que Draco ya no estaba allí. El fuego recién encendido en la chimenea comenzaba a vencer al frío de la habitación. Aunque lo cierto es que apenas había reparado en el frío al levantarse, después de pasar tanto tiempo contemplando a Draco. Sonrió al notar que había hecho la cama, y deseó haber podido presenciar cómo se las había apañado para hacerla solo.
Se tomó unos minutos más para peinarse de la forma habitual y luego bajó a ver si Draco se había marchado de la casa. No era así. Lo encontré en la cocina,
preparando el té, con una bandeja de pastas a su lado. Todavía no se había cambiado de ropa. Claro que era muy probable que aun no tuviera otra muda en la casa.
Hermione sonrió cuando él alzó la vista y la vio en el umbral de la puerta.
—No puedo creer que haya tenido tiempo para hacer eso —dijo señalando la bandeja con pastas.
—Soy incapaz de cocinar y nunca volveré a intentarlo —gruñó él—. Oí pasar a un vendedor ambulante y fui a averiguar qué vendía. Sólo pastas, pero no vienen mal a esta hora de la mañana y todavía están calientes.
El «nunca volveré a intentarlo» quedó claro para Hermione cuando vio el caótico estado de la cocina. Draco reparó en su expresión y dijo:
—Hoy viene una cocinera... ¿Qué pasa? —añadió al ver que parecía aún más preocupada.
—En cuanto asome la cabeza en la cocina se marchará corriendo —predijo.
Draco frunció el entrecejo.
—Tonterías —dijo, pero enseguida añadió—: ¿Te parece? Muy bien, la compensaré por quedarme. Pero si no te gusta esta cocinera, por favor no la despidas hasta que consigamos otra... a menos que sepas cocinar. Los demás criados vendrán a entrevistarse contigo la semana próxima.
—¿Así que me quedaré en esta casa?
—¿No te gusta?
Parecía tan decepcionado que Hermione se apresuró a tranquilizarlo:
—Claro que me gusta, pero no estaba segura de que fueras a alojarme aquí.
—Cielos, ¿no te lo había dicho? Bien, he firmado un contrato de seis meses que puede prorrogarse con facilidad. Así que si hay algo que no te guste, algún mueble o lo que sea, podemos cambiarlo. Ésta será tu casa, Hermione, y quiero que te sientes cómoda en ella.
Hermione se ruborizó. Draco estaba insinuando que esperaba que la relación durara, aunque todavía no había comenzado.
—Es muy amable de tu parte. Estoy segura de que me encontraré cómoda.
— Estupendo. Y ahora, ¿te parece que compartamos este magro festín en el comedor, que no está tan desordenado?
Hermione sonrió y salió de la cocina. El comedor se vio muy alegre a esa hora, bañado por la luz del sol que, milagrosamente para la época del año,
todavía no había desaparecido detrás de un banco de nubes.
—¿Cuántos criados deben contratar? — mientras preguntaba se sentaba frente a él y comenzaba a servir el té.
—Todos los que necesitan.
—¿Les pagarás tú el sueldo, o prefieres que yo me ocupe de eso?
-Mmm. No había pensado en eso. Supongo que lo más sensato será darte una suma para la casa y para ti.
A propósito, en cuanto te sientas mejor iremos de compras. No debes tener mucha ropa en esa maleta tan pequeña.
Hermione supuso que podría ahorrarle dinero si enviaba a buscar el resto de su ropa. Pero, ¿cómo se lo explicaría a tía Elizabeth, cuando en teoría sólo había ido a pasar una breve temporada con su amiga de Kettering? Ya era bastante desagradable tener que inventar excusas para prolongar su estancia. Además, no creía que Draco tuviera intención de comprarle ropa del estilo de la suya, aunque esperaba no tener que volver a llevar nada parecido a aquel horrible vestido rojo.
—Como quieras —dijo.
—¿Te encuentras mejor esta mañana? — preguntó él con voz titubeante—. ¿Ya no tienes fiebre?
—Creo que por fin estoy curada.
La sonrisa de Draco se volvió sensual.
—Excelente. Entonces te dejaré sola durante el día, pero regresaré para pasar la noche contigo.
Hermione se enfadó conmigo mismo por no haber entendido a qué se debía el interés de Draco por su salud.
Era evidente a qué se refería cuando había dicho que iba a «pasar la noche» con ella. Ahora, con las mejillas encendidas de rubor, no tuvo más remedio que asentir con la cabeza.
La cocinera llegó por la mañana, poco después de que Draco se marchara, y tras pasar unos minutos con ella Hermione intuyó que se llevarían a cabo de maravilla.
Alicia Whipple no se daba ínfulas y aseguraba que nunca se metía donde no la llamaban. Después de que Hermione le explicara con cierta vergüenza que recibiría las visitas de un caballero por las noches, la única forma elegante de expresarlo, Alicia le reiteró que las visitas de Hermione no eran de su incumbencia.
Su situación podría plantear problemas. Sabía que muchos criados se negarían a trabajar para ella, imaginando que los demás los medirían con la misma vara.
Algunos sirvientes necesitaron sentirse orgullosos de sus amos, y trabajar para la amante de un caballero no era motivo de orgullo. Pero había otros que no daban importancia a esas cosas, que simplemente necesitaban trabajo. Hermione tuvo que elegir a sus criados entre estos últimos.
A mediodía apareció un carruaje. El cochero, que no era el de Draco, le informó que a partir de ese momento estaría en su servicio. Le excluía dónde dejaría el coche y los caballos, pues la casa no tenía sus propias cuadras, y dónde podía localizarlo cuando lo necesitaba. Entonces Hermione cayó en la cuenta de que, a pesar de sus planes de arreglárselas con un servicio mínimo, necesitaría al menos un lacayo.
Usó el coche por primera vez esa misma tarde. Después de pensarlo un poco y de recordar el dulce beso con que se había despedido Draco, decidió organizar una velada romántica para evitar que su primera noche juntos se convirtiera en una experiencia sórdida. De modo que encargó a Alicia que preparó una buena cena con vino y le dio dinero de sobra para las compras.
Por suerte, Draco la había dejado con algo más que un beso. El fajo de billetes que le había entregado sumaba más de cien libras, y sólo había dicho:
«Esto te alcanzará para una temporada.» Vaya que sí. Algunas casas grandes requerían menos dinero, y la suya era pequeña.
Aunque había dejado a Alicia un cargo de las compras, hizo algunas por su cuenta. Tardó bastante tiempo en encontrar lo que buscaba porque aún no conocía Londres y tuvo que recurrir a la ayuda del cochero. Por fin Hermione, o más bien el cochero, encontré una tienda donde vendían lencería fina. Y aunque nunca había usado nada parecido, sus camisones eran todos abrigados y prácticos, la mujer que le vendió el conjunto, que apareció una bata y zapatillas a juego, le aseguró que todas las novias modernas compraban esa clase de prendas para su noche de bodas .
Hermione ignoraba si eso era cierto o si la dependienta había anunciado sus títulos y sólo pretendía concretar la venta, pero le daba igual. El camisón era exactamente como ella lo había imaginado y estaba muy satisfecho con su compra. Otra cosa seria que se atreviera a ponerselo cuando llegara el momento...
Draco no le había dicho a qué hora regresaría esa noche. should habérselo preguntado, pero no saberlo tampoco era un problema, al menos para Alicia. Al fin y al cabo, los nobles estaban acostumbrados a comer a horas insólitas, dependiendo de si asistían o no a una fiesta, y la comida podía mantenerse caliente.
Pero Draco volvió antes de lo que Hermione esperaba, poco después de la puesta de sol. Aunque ella no lo sabía, él tenía tantos deseos de iniciar la relación de una vez por todas, que había tenido que luchar consigo mismo para no ir antes y concederle algún tiempo a solas. Fue una suerte que no se lo dijera,
pues Hermione ya estaba suficientemente nerviosa. Saber que él hubiera preferido llevarla arriba de inmediato habría terminado de alterarla.
Sin embargo, era todo un caballero, y no mostró que su rostro o sus palabras delataran sus intenciones.
También llegó con un ramo de flores, un detalle innecesario, pero encantador. Mientras se entretenía poniéndolas en un florero, Hermione tuvo ocasión de romper la tensión de los incómodos primeros momentos.
Draco vestía formalmente, aunque Hermione supuso que su criado personal no lo dejaría salir a la calle por la noche de ninguna otra manera. Su corbatín estaba perfectamente atado y un remate de puntilla blanca sobresalía por debajo de los puños de su abrigo marrón, ceñido sobre sus anchos hombros. Era demasiado apuesto y Hermione se sintió poco atractiva en comparación.
Se había hecho un peinado apenas un poco más festivo, pero no podía hacer mucho más. No había llevado ropa elegante consigo, sólo algunos trajes apropiados para viajar y un vestido que podía pasar en una reunión informal y que llevaba puesto ahora.
Era de tafetán rosa, con las mangas abullonadas típicas de los vestidos de noche, al estilo imperio, pero muy poco sofisticado para una ciudad como Londres. A diferencia de lo que dictaba la moda, el escote no era pronunciado.
No tenía nada provocativo, ni lazos ni adornos que lo hicieran más elegante, y sin embargo Draco no le quitaba los ojos de encima.
Antes de cenar, tomó un aperitivo en el salón. Hermione sólo se había acordado del vino, pero Alicia había hecho un inventario de lo que había en la casa antes de salir al mercado, y por suerte había comprado varias cosas más.
Draco continuó hablando de trivialidades incluso después de que pasaran al comedor. Le contó que su amigo Gregory acababa de comprar un caballo que esperaban se luciera en las carreras. Le habló de sus días de estudiante, de su mejor amigo, Blaise Zabini, y de cómo se habían conocido. Luego apareció a algunos miembros de su familia, al menos a su prima Pansy que se había casado con Blaise, ya su tío Anthony, a quien había ido a ver esa misma tarde para presenciar cómo derribaba a su contrincante en Knighton Hall, lo que quiera que fuera ese lugar.
Fue una suerte que Draco mantuviera la conversación animada con anécdotas personales, pues Hermione no podía decir gran cosa de sí misma sin mentir o delatarse. Todavía no tienen una historia en común que les permitiera hablar de las cosas que habían hecho juntos... sobre todo de cosas que no la turbaran.
A los postres, Draco le aclaró lo ocurrido en Bridgewater:
—La doncella que envié con tus provisiones ha sido despedida.
—¿Por no llevarme las cosas?
-No. La habían despedido antes de que le diera las instrucciones pertinentes y por eso no cumplió mis órdenes ni se preocupó de que otro lo hiciera en su lugar. Hubiera sido todo un detalle de su parte que me lo dijera en su momento, pero no lo hizo. Estaba enfadada con el ama de llaves a causa del despido y sencillamente empacó sus cosas y se largó.
—En tal caso te debo una disculpa.
—No, en absoluto —le aseguró él.
Hermione sacudió la cabeza.
—Claro que te la debo, por pensar que eras insensible y desconsiderado... y por arrojar al fuego la nota que me enviaste, deseando que fueras tú.
Draco la miró con incredulidad unos segundos antes de echarse a reír.
Hermione se sonrojó. No sabía por qué había hecho esa confesión, aunque le había resultado útil para explicar su necesidad de disculparse.
Tampoco comprendió por qué le había causado tanta gracia a Draco, hasta que él dijo:
—Menudo personaje esconde bajo tu apariencia modosa. Nadie lo diría aloírte hablar.
—Sí, supongo que tengo un carácter fuerte —admitió—, aunque nunca sale a relucir sin una provocación previa. Es un rasgo de mi familia, al menos de la rama de mi madre.
La verdad es que se quedo algo corta. La mayoría de sus conocidos dirían que su madre tenía un carácter extremadamente fuerte, considerando que había matado al padre de Hermione durante una de sus rabias. No había sido intencional, pero aun así había sido un asesinato.
Lo miró con las pestañas entornadas.
—¿Te preocupa?
-No mucho. Casi todos los miembros de mi familia también tienen un carácter fuerte, así que estoy acostumbrado. —Luego sonrió—. Pero no creo que vaya a provocarte muy a menudo.
Hermione le devolvió la sonrisa. Qué forma más complicada de aclarar que no volvería a darle motivos de queja. Se alegró de haber preocupado en preparar una velada especial. Aunque ahora que lo miraba, no podía entender por qué había anticipado que su primera noche juntos fuera a ser sórdida.
Supuso que se debía al pecado que estaban a punto de cometer, pero tenía que dejar de pensar en ello en esos términos. Había hecho un trato. Y había conseguido salvar a su familia. Debería estar agradecida de que la hubiera comprado Draco Malfoy.
Sabía que muchas mujeres la considerarían afortunada. Y quizás después de aquella noche ella también se considere así. Pero todavía tenía que sobrevivir a aquella noche... o más bien a lo que sucedería en la planta alta. Había llegado la hora. Habían pasado un buen rato juntos. El vino la habia achispado. Podía demorar el momento decisivo un poco más, pero eso no iba a facilitarle las cosas. Sólo conseguiría intensificar su nerviosismo.
De modo que, con la cara ardiente de rubor, finalmente dijo:
—Si no te importa, subiré a ponerme algo más fresco para la noche.
—Cielos, claro que no me importa. Adelante.
Hermione parpadeó, pues hasta ese momento no había caído en la cuenta de la impaciencia de Draco por llevarla a la cama. Saber que estaba tan ansioso desató una placentera ola de calidez en su interior y la hizo sonrojarse aún más.
Se levantó para marcharse.
—Entonces te veré pronto... arriba.
Draco le cogió la mano y se la llevó a los labios.
—Estás nerviosa, querida, pero no deberías estarlo. Nos divertiremos juntos, te lo prometemos.
¿Divertirse? ¿Pensaba que hacer el amor era divertido? Vaya. Pero Hermione sólo atinó a asentir con la cabeza. Las palabras se negaron a salir de su garganta.
Sentía deseos de llorar por lo que estaba a punto de perder. Queria terminar con todo de una vez. Quería asesinar a su tío Elliott por haberla empujado a esa casa,
donde estaba a punto de vivir su noche de bodas sin que anteriormente se hubiera celebrado una boda. Y, en el fondo, quería volver a saborear los besos de Draco Malfoy.
Dios santo, ya no sabía qué quería.
Hola a tod s! Vuelvo con tres capítulos por la ausencia de estos días. La verdad es que estuve muy ocupada en el trabajo. De ahora en adelante voy a tratar de actualizar una vez por día. Si les gusto este capitulo dejen un comentario, es lindo saber que alguien esta disfrutando de esta historia.
Creo que cuando termine esta adaptación voy a adaptar la novela que lo tiene de protagonista a Theo, díganme quien les gastaría que fuera su pareja. Yo estoy entre Ginny o Luna. Saludos :)
