Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Ésta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.

Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, trastornos psicológicos, y/o prácticas sexuales riesgosas.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Puede contener referencias al cómic. Después de "Era de Ultrón"

Dedicatoria: Pieri Alea. Gracias por introducirme en el Stony. Luz, verdad y vida.


III

Impacto.

Tomó uno de sus mejores blazer del armario. Sabía que nada le hacía ver tan bien como esos tonos cálidos contrastando con su piel. Aunque ahora mismo, lucía terriblemente pálida. Observó su reflejó en el gran espejo de su vestidor. Su conjunto era impecable. Solía serlo siempre a decir verdad. Pero su barba estaba descuidada. Su cabello, con algunas canas traicionándole, estaba más desaliñado y sus ojos desapareciendo tras un par de profundas marcas oscuras alrededor de sus cuencas. Su complexión perdía volumen de forma escandalosa, y tuvo que recordarse adquirir más prendas en una talla que no le recordaran cuanto peso estaba perdiendo últimamente.

Era la primera vez que se detenía a observar su reflejo en meses.

En el fondo, ese reflejo sincronizaba perfectamente con su interior. Cansado y roto. La última vez que salió fuera de la torre –o siquiera se molestó en estar presentable para alguien más- fue la última cita con Pepper. Su aniversario era algo que tenía la fortuna de recordar gracias a FRIDAY, y claro, tenía que ser especial. Hizo las reservaciones. El lugar era perfecto, el ambiente el ideal. Nada podía fallar.

Pero falló.

El anillo se quedó en su bolsillo sin oportunidad alguna de ver la luz. Y volvió al tercer cajón de su vestidor para ser almacenado, junto con su relación con Potts. Sintió como una débil sonrisa se dibujó al recordar aquella pieza de joyería, que nunca llegó a su destino. La cordura perdida de Rodhes en la búsqueda de la pieza perfecta fue en vano. De pronto su vestidor le pareció tan vacío. Lleno de piezas de lujo que había acumulado. Que adquiría. Y no importaba cuanto podía comprar. Seguía sintiéndose terriblemente vacío.

Tomó las primeras gafas que encontró, en un intento de ocultar el cansancio que podía leerse en sus ojos.

"Soy Tony Stark" se recordó ante su reflejo, recobrando la postura. Volviendo a su elemento. Tomó todo el oxígeno que sus pulmones le permitieron, como si estos fueran a devolverle la vitalidad. Su último vistazo en el espejo le dibujó una sonrisa triste.

– Perfecto.

. . .

– Justo estaba por comenzar…

El comentario del soldado hizo eco en el comedor. Un espacio diseñado para una decena más de personas, y que lucía desolado sin los vengadores allí. Dos platillos estaban dispuestos sobre la mesa. Suficiente explicación del extraño olor que llegaba hasta su recámara. ¿El Capitán América cocinando la cena? ¿Qué seguía? ¿Qué remendara su ropa interior? Se detuvo frente al que dedujo, era su plato. Las porciones eran gigantescas para la proporción del recipiente. Cada grupo de alimentos dispuesto en un orden descuidado. Más tradicional. El acervo de alta cocina del Capitán era nulo.

– Sin condimentos especiales, por si te lo preguntabas –comentó al ver el gesto de Stark sobre su plato.

Stark asintió poco convencido. El tema de tener niñera comenzaba a ir demasiado lejos.

– Me preguntaba si era para mí o para un escuadrón entero.

El soldado levantó las cejas, incrédulo.

– Es una porción perfecta para…

– …un supersoldado –completó Stark –los mortales tenemos que cuidar el colesterol.

– Tuve un largo día –se justificó Rogers, llevándose un gran bocado a la boca.

El millonario analizó su plato, poco convencido de probarlo.

– ¿Novedades? –Preguntó, levantándose de la mesa, para dirigirse a su cava – ¿O es clasificado?

– Ya sabes cómo son las cosas ahora –concilió Steve, observando con más detenimiento al millonario, mientras elegía entre su colección de vinos. Le sorprendió, luego de meses, verle entallado en sus trajes costosos y no en los harapos con los que llevaba tiempo luciendo en su taller. Podía olfatear el encanto en cada uno de sus movimientos. Era hipnotizante ver como cada gesto en su caminar parecía ser planeado. Cómo su postura, incluso los más mínimos detalles, tenían una gracia añejada con años de una vida social codeándose con la clase más adinerada del mundo. Se estaba esforzando por lucir como el Stark de siempre, por interpretar su papel.

Por olvidar el incidente de hace unas horas.

– No lo sé Cap, ¿cómo son? –inquirió con curiosidad, luchando contra el corcho de la botella elegida – ¿Eres mi niñera y tengo que terminar mi comida si quiero salir a jugar?

El último comentario encendió las mejillas del súper soldado.

– Me refiero a qué, oficialmente, no eres un Vengador…

Tony se congeló unos segundos ante sus palabras.

– …en servicio –arregló Rogers.

Asintió, lanzando el corcho lejos, y tomando un par de copas.

– Hazme un favor y acompaña ese filete con vino –le espetó, colocando una copa junto al soldado y llenándola.

– Tony… –el aludido giró a verle confundido. Le causaba cierta extrañeza escucharle nombrarlo por su nombre de pila –Por seguridad es mejor que no lo sepas del todo.

El genio soltó una carcajada.

– Eres tan noble Rogers –sonrió –es comprensible que lo oculten, y tremendamente ingenuo porque podría acceder a todos sus secretitos en 30 segundos si quisiera pero…

Steve le lanzó una mirada desaprobatoria.

– No estoy sugiriendo que lo haré, por cierto –lanzó finalmente –Además, ustedes saben que necesitan mejorar sus protocolos de seguridad…

Steve asintió, olfateando el vino de Stark.

– Sam está fuera –murmuró, cabizbajo.

– ¿Disculpa?

Steve finalmente dio un ligero sorbo al vino. Un Cabernet Sauvignon, supuso. Su conocimiento en vinos era bastante deficiente.

– Sus estabilizadores de vuelo le han jugado una mala pasada y tuvo un aterrizaje espantoso –sentenció –su pierna se fracturó en tres junto con varias de sus costillas.

Stark cerró sus ojos y respiró profundamente, como si la noticia le crispara los nervios.

– ¿Tony?

Levantó su mano, intentando detener la verborragia que Steve le diría sobre tomar las cosas con calma.

– Decenas de veces mencioné que los estabilizadores…

Rogers suspiró.

– Stark, lo sabemos pero…

– …eran bastante obsoletos y disfuncionales en caso de qué…

– Lo que pasó hoy…

– …las condiciones de aterrizaje forzaran…

– No es lo qué estás pensando…

– …además de que tenía dos años sin hacer simulaciones en condiciones de vuelo extremas y mencioné que…

–¡STARK!

El millonario se detuvo. Acababa de utilizar ese tono imperativo que surgía en el cuándo tenía que dar órdenes a un cadete rebelde. El genio cortó el contacto visual para volver a su copa, molesto por la interrupción de su interlocutor.

– Sabemos que lo mencionaste, pero tienes que entender algo: los accidentes ocurren –espetó, más tranquilo –No puedes evitar que ocurran por más que intentes predecirlos.

– No me retes Capitán –retachó Tony sin mirarle, dedicándose a desmenuzar su filete en los trozos más pequeños que pudiera –Es lo que intento cada día y estoy muy cerca de lograrlo.

Rogers suspiró.

– La última vez que buscaste anticiparte al peligro creaste a Ultrón.

El comentario funcionó como dinamita, levantándole de la mesa. El capitán lo observó, sorprendido. La indignación se personificó en el rostro de su amigo.

– Tú no…

Ahogó el resto de su sentencia dentro de sí. Era claro que el correcto Steve Rogers defendería siempre la idea de contrarrestar el crimen hasta que éste existiera, y no le preocupaba estar preparándose ante ello. Cada hora las amenazas en el mundo crecían y trabajaban por refinar su funcionamiento, y no podía darse el lujo de descansar. Debía trabajar, aún más duro, en estar siempre varios pasos delante de cada enemigo que pudiese existir. Y no, no esperaría a que Steve Rogers le protegiera la espalda cada que el mundo se veía sumido en una crisis de seguridad.

– Lo que quise decir es que…

– ¿Qué debemos sentarnos a esperar que alguien venga con un ejército a invadir nuestro planeta? –sugirió irritado el genio.

Steve cortó su diálogo. Stark solía ser muy radical en ocasiones. Y eso lo volvía loco.

– Porque eso es justo lo que planeo no hacer: sentarme a esperar como el mundo colapsa así que –sentenció, tomando la botella de vino abierta –con su permiso Capitán, tengo trabajo que hacer.

– No espera, Tony…

– Y quiero que FRIDAY me dé acceso ahora mismo –ordenó al solado, mientras se dirigía hacia su laboratorio.

Steve fue tras él. No era difícil alcanzarle, siempre sería más veloz que un humano promedio. Antes de que el genio pudiera prevenirse, le arrebató la botella, logrando detenerlo. Tony dio media vuelta, como si la sola acción le fuera una ofensa.

– ¿Qué crees que estás haciendo? –masculló el genio.

– ¿Puedes escucharme?

– Ya escuché suficiente –lanzó el genio, intentando arrebatarle su botella.

– Stark, estás tomando las cosas demasiado…

– Personales –complementó el genio.

Steve levantó una ceja, y afirmó en silencio.

– Dime Capitán, ¿cuál es realmente tu misión aquí?

El soldado suspiró.

– Tony…

Stark se acercó lentamente al rubio. La diferencia de alturas era evidente. Podía ser más pequeño que el súper soldado, pero nunca se permitiría sentirse menos que él.

– Dime que no estás aquí porque el gobierno cree que soy el peligro personificado, capaz de crear la extinción de la humanidad desde su laboratorio –le masculló, clavando su vista en él.

Los hombros del soldado se desplomaron. No le sorprendía que el genio dedujera su situación, pero admitió que su misión sonaba más cruel en su boca. Stark leyó la derrota en los ojos del rubio.

– Increíble… –murmuró el genio. Su voz no tenía ningún tinte de enfado. Era solo decepción. La misma decepción que se instaló en sus ojos.

– No es…

– Dime que tú no piensas como ellos –musitó, apenas audible. Como si lo dijera para sí mismo, como quién pide un deseo, ignorando, quizá solo por un momento, que Steve podía escucharle gracias a su audición mejorada.

– Tony, tú no estás bien… –sentenció el rubio, dejando salir la premisa que lo llevó a instalarse en la Torre.

El genio negó lentamente.

– No Capitán, no lo estoy –lanzó con una sonrisa triste–Soy un inventor loco.

– No es lo que quería…

Stark retrocedió varios pasos.

– ¿Y qué es lo que querías? –Escupió con rabia– ¿Sedarme para detenerme? ¿Vigilarme para mantener a tus amigos del pentágono tranquilos?

– Stark, por favor, intenta calmarte…

– ¿Calma Capitán? –Interrumpió el genio –yo me encontraba muy calmado antes a que llegaras a instalarte como mi niñera, obligándome a cumplir con un horario de siesta y quitándome mis juguetes.

– Quizá si te comportaras y cuidaras como un adulto…– musitó Steve, intentando en vano, aplacar la impaciencia que burbujeaba en su interior.

El rostro de Stark se desencajó.

– Capitán, no necesito niñera.

– Pues cualquiera podría decir que necesitas una –lanzó con acidez Steve, guardándose el último ápice de paciencia que le quedaba.

Stark alzó las cejas, con incredulidad.

– Perfecto, entendí la idea –clamó el genio –aunque olvidas un pequeño detalle –zanjó alejándose de él, y alzando su mano hacia donde se encontraba. Un par de segundos después, su brazo era cubierto por la sección de la armadura que había activado –Propiedad privada Capitán, yo decido quién entra y a quién lanzo por la ventana –rugió antes de, en un arranque de ira, disparar contra el soldado.

Evadió el disparo, provocando que el ataque terminara con parte de la sala de estar. En cuclillas, desde el suelo, le regresó una mirada incrédula al genio. Lo hizo. Le atacó. Menos de tres minutos de conversación y Stark uso su armamento en su contra. Natasha lo describió: inestable. Un concepto que evito a toda costa usar en su último reporte al pentágono. Puso las manos en el fuego por aquel hombre que acababa de atacarle.

– Al parecer no quedo claro –le espetó el genio.

Steve negó lentamente.

– Tony, no…

– Fuera –masculló antes de lanzar otro disparo de energía contra él.

Sus reflejos lo lanzaron fuera del alcance de Stark, pero esta vez aprovechó el movimiento para llegar hasta el genio y bloquearlo. El castaño al verse paralizado, le devolvió una mirada iracunda. El resto de la armadura comenzó a llegar a cada extremidad del millonario.

– Detente ahora Stark –le ordenó.

El genio le clavó la rodilla armada en su tórax como respuesta.

– No volveré a repetirlo Capitán –le gruño, antes de que su rostro se cubriera con su casco –Fuera.

Otro par de disparos le siguieron en los siguientes dos movimientos evasivos del Capitán, hasta que logró alcanzar su escudo, lanzándole contra Ironman en dos movimientos, logrando desactivar su mano derecha. El genio respondió elevándose hasta el súper soldado, el cual se lanzó a sus piernas para impulsarle y lanzarlo hasta el muro más cercano. Desde el suelo, lanzó un par de grilletes a las piernas del soldado para inmovilizarlo, mientras se acercaba nuevamente al rubio.

– No crearé el interruptor para la destrucción de la humanidad –masculló, con un deje de resentimiento en su voz, que Steve lo interpretó como decepción. Decepción y traición.

El último vistazo que tuvo del genio esa noche, fue antes de que le lanzara en solo tres movimientos, por el ventanal de la sala de estar hacía la densa noche neoyorkina. Rozó el perfil del ventanal inútilmente, antes de comenzar a deslizarse en caída libre sobre la envolvente de la torre de los Avengers. En los últimos 20 metros antes de caer de lleno contra el asfalto, se aferró al alero de la entrada del edificio, en posición fetal sobre su escudo, salvándole del impacto.

Los neoyorkinos a su alrededor chillaron de pánico ante su caída, mientras algunos más aprovechaban para grabar la escena con sus móviles.

Steve se irguió con lentitud, procesando lo que acababa de ocurrir. En un acto casi instintivo, levantó su vista hacía el piso del que cayó. Juraría ver un pequeño punto de luz levitando cerca del hueco en el ventanal, para luego desaparecer.

– Romanoff –comunicó a su altavoz –Necesito transporte…

. . .

– ¿Comunicaciones dentro de la torre?

– Hemos perdido todo tipo de contacto con el servidor central de la Torre Stark, Capitán – informó Visión.

– ¿Perdón?

– Al parecer, el Sr. Stark apagó manualmente los servicios de comunicaciones – explicó el androide.

– ¿Imágenes?

Visión pausó un momento, como si le costara informar la situación.

– Desactivadas, Capitán.

– Pero, tienes el control sobre la red de comunicaciones.

– No si destruyen el hardware –explicó finalmente Visión, señalando al monitor la última grabación de la torre Stark. Tony caminaba erráticamente por su laboratorio, pateando y destruyendo cualquier cosa que se encontraba a su pasó. Detuvo su marcha un momento para fijar su vista en la cámara que le grababa. Lo observó salir del cuadro y regresar con un extintor, el cual arrojó contra la cámara. La grabación terminaba ahí mismo.

– ¿Micrófonos? –intentó el soldado.

– Los perdimos también Señor.

– ¿Tenemos algún tipo de información de lo que ocurre dentro de la torre?

Visión analizó el monitor.

– El aire acondicionado. Está a una temperatura ambiente de 21 °C.

– Claro… –bufó el Capitán.

Natasha tenía razón. Era mejor alejarse. Su intento por ayudar a su amigo terminó mucho peor de lo planeado. "Dale tiempo", le recomendó la espía. Suspiró sonoramente.

– ¿Hay algo en lo que pueda ayudar Capitán? –inquirió Visión, notando la frustración de su jefe.

Negó lentamente, rendido.

– Solo tiempo…


Debería estar festejando nochevieja.

Pero adoro tener tiempo para escribir un poco en calma. Y de paso dejarles esto para año nuevo.

Felices fiestas a ti que me lees. Gracias por sus reviews y por seguir la historia.

Propósito de año nuevo: terminar todos mis fics –como todos por aquí-.

Saludos c:

Bethap