Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, y/o prácticas sexuales riesgosas.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Puede contener referencias al cómic. Después de "Era de Ultrón"


VII

Citas.

4 DE ENERO, PISO 120, TORRE STARK, NUEVA YORK.

Observó su reflejo con detenimiento. No creía que la barba pudiese ocultar bien su identidad, pero Hill aseguraba lo contrario. Arregló los últimos detalles de su traje: enderezó su corbata, reacomodó el cuello de su camisa. Cuando terminó estaba listo para pasar como cualquier guardaespaldas. O al menos, eso esperaba.

"Dale su espacio", le recomendó Rodhes. Cuando Steve preguntó de vuelta cómo se encontraba el genio, el semblante del coronel se ensombreció, sin obtener respuesta alguna.

Un mal presentimiento se instaló en él.

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27 DE DICIEMBRE, TORRE STARK, NUEVA YORK.

I'll be home for Christmas, you can plan on me…

Rodhes tarareaba en el silencioso vestíbulo de la Torre Stark. Había aterrizado muy temprano por la mañana ese día, de vuelta de Washington DC. Habían pasado varios años para que pudiese tomar un respiro y pasar Navidad de vuelta en casa. Su estómago aún seguía lleno de toda la comida que le ofrecieron durante su estadía en la capital. En su mano derecha cargaba con varias bolsas de regalo brillantes y en la izquierda con una caja de galletas horneadas por su madre. Aún después de los años, su madre seguía manteniendo un especial cariño por el ya no tan joven Stark, a quien recibió durante muchos años en Navidad, luego de la muerte de sus padres.

El coronel le envío sus mejores deseos al millonario durante Nochebuena, extrañándole su nula respuesta. Supuso, conociendo tan bien a su amigo, debía estar ocupado en alguna extravagante fiesta o con alguna –o algunas– damas que lo acompañarían durante esa noche. Se acercó con la recepcionista en turno, que le recibió con un gesto desconfiado, algo poco peculiar en las empleadas de Stark. La chica volvió a su monitor para leer su perfil arrojado por el sistema automático de seguridad en el elevador-, conteniendo la sorpresa al reconocerlo.

— ¿Coronel Rodhes?

— Él mismo —devolvió, sonriente.

— ¿Tiene alguna cita con el Sr. Stark? —inquirió de forma protocolaria la chica.

— No en realidad. Y el día que la necesite, seguro no volvería a venir.

La chica sonrió ante el comentario. Indagó el historial de visitas, y revisó archivos. Rodhes lo tomó con paciencia, reconociendo que era una empleada novata que no conocería el grado de confianza entre el millonario y él. Era de las pocas personas a las cuales el protocolo de seguridad no aplicaba.

— Adelante Coronel Rodhes —le devolvió con una seca sonrisa. Él le agradeció de vuelta antes de ingresar al elevador privado.

Las puertas se abrieron, recibiéndole en el pethouse. Reconoció de inmediato una cantidad enormes de mantas cubriendo varias secciones de muros y todo el perímetro de lo que Rodhes sabía, era el taller de Tony. Era la señal de que el personal de mantenimiento realizaba su trabajo, y eso ocurría sólo cuando el millonario o algún vengador destruían accidentalmente una parte del inmueble. El coronel negó con la cabeza. Quizá sería el resultado de alguna fiesta privada.

— ¡Tony! —llamó, y tan pronto lo hizo se arrepintió de ello. Deseó no encontrarse con alguna escena entre él y alguna compañera de cama.

— El señor Stark se encuentra en el comedor —anunció FRIDAY. Rodó los ojos. Su amigo nunca dejaría sus aires de arrogancia.

— ¿Pero qué demonios hiciste con tu…—la frase del Coronel se cortó en seco. Allí, tras tres pantallas improvisadas sobre la enorme mesa del comedor, la pálida figura del multimillonario le devolvió la mirada. No fue hasta que acortó la distancia hasta donde se encontraba el genio lo notó: sus manos vendadas, sus ojos hundidos tras unas profundas ojeras, sus pómulos evidenciando una delgadez que nunca antes había lucido. Tras su silla, un porta suero cargaba con una dosis que iba a parar hasta el brazo derecho del genio. Su cabello estaba despeinado, su barba estaba descuidada, vestía solo una bata y unos pantalones deportivos. No era el Stark que conocía. Rodhes hizo la cuenta enseguida: cuatro meses. Era el tiempo que pasó desde la última vez que le visitó.

— ¿Tony?

— Rodhey, sabes que me has visto peor —resolvió el genio, con una sonrisa triste.

El coronel negó lentamente.

— No, no es así.

— ¿Esas galletas son para mí? —inquirió el genio, cambiando de rumbo la conversación.

— Tony —reprendió su amigo — ¿Qué ocurre?

Tony evadió la pregunta. Ese era el punto donde el típico Stark se levantaría a buscar un trago y contaría una historia enredada para evadir hablar sobre sí mismo. Pero no lo hizo. No sabía si porque ahora mismo el alcohol no era una buena idea, o si simplemente el hecho de incorporarse de la silla era complicado. Rodhes pensó en el segundo. Incluso hablar parecía agotarle.

— Me temo que fue demasiado whisky por este año —resumió con un gesto triste. Rodhes conocía la historia de los diferentes altibajos con el alcohol que sufrió su amigo durante su vida, para saber que era un demonio personal que volvía de vez en cuando. Pero su última recaía había sido ya hace más de seis años, desde que se incorporó a los Vengadores y dedicaba su tiempo a ser un héroe.

O al menos eso era antes.

Pensó que la vida de excesos del multimillonario murió en la cueva de Afganistán donde fue secuestrado. Era evidente que no era así.

— Esto es más que unas copas de más amigo —concluyó en voz baja, como si sus palabras pudieran demoler al genio.

Tony no respondió. Parecía serle más interesante jugar con el vendaje de sus manos.

— ¿Qué ocurrió? —le cuestionó. El genio soltó una pequeña risa triste.

— Pepper está saliendo con alguien —resumió el genio.

Rodhes suspiró. Conocía esa historia. Sabía lo mucho que significaba Pepper para Tony, aún luego de su ruptura. Pero estaba seguro que Stark era muchísimo más que eso, para tomarse esa noticia de tal manera.

— Podías llamarme, ¿sabes? —dijo Rodhes, tomando asiento en el comedor.

— Estabas ocupado jugando con tus nuevos amigos —reprochó él.

El coronel suspiró.

— Siempre hay tiempo Tony —le recordó.

— Claro —afirmó él, revolviendo su cabello. Fue cuando notó que el vendaje continuaba por su antebrazo.

— Esto no fue solo por Pepper —afirmó con seguridad Rodhey — ¿qué ocurrió?

— Sólo una mala noche —concluyó, evadiendo su mirada.

El moreno enarcó una ceja, incrédulo.

— Esto —recalcó con dureza, señalando a Tony y su porta suero —no es solo una mala noche. Y no Tony, no te he visto peor antes.

— Vamos Rodhey…

— He estado a tu lado en los malos tiempos, pero nunca…

Se guardó sus palabras. Pero nunca lo había visto tan cerca del borde. Porque ahí era donde estaba. No necesitaba ser un médico o un especialista en el tema. Sabía que su amigo estaba en el fondo como nunca antes.

— No quiero regresar un día y encontrarte frío.

— Estás exagerando.

— Tony, tienes que detener toda esta locura. Y si no lo haces tú, lo haré yo.

Stark se frotó el puente de la nariz, exasperado.

— Tengo todo bajo control, ¿de acuerdo?

— Tú no luces bajo control Tony.

El genio articuló como si fuera a debatir. Pero no encontró respuesta. Se apoyó en los reposabrazos de la silla antes de intentar fallidamente incorporarse. Sus piernas flaquearon como si no pudiesen sostener el peso.

— Dios mío Tony —se lamentó Rodhes, acercándose para ayudarlo a equilibrarse para no caer y devolverlo a la silla.

—Es…solo…

— ¿Un mal día? —Adivinó Rodhes —No puedes controlarlo. Esto se te está yendo de las manos.

Tony sonrió como si su amigo le contara un chiste.

— Sigo vivo, ¿no?

— No por mucho tiempo.

La sonrisa del genio se borró.

— Es suficiente. No quería hacerlo, pero no me dejas opciones. Pediré tu tutela legal**.

— Estás bromeando…

— No, estoy siendo responsable. Cuando todos me contaron que estabas actuando extraño y comenzabas a descuidarte de nuevo no les creí. Confié en ti. Ignoré las llamadas preocupadas de Banner, o la solicitud de Rogers para venir hasta acá contigo.

— Espera, ¿Rogers solicitó cuidarme?

— Los ignoré porque pensé que ellos no te conocían. Que exageraban.

— ¿Rogers solicitó cuidarme?

— Si. El pentágono quería enviar algún agente encubierto, pero él se ofreció a hacerlo. Estaba preocupado por ti.

La vista de Tony se perdió por unos segundos.

— El caso es que, cometí un error al confiar que estarías bien aquí, sólo. No lo volveré a cometer —concluyó, incorporándose de su silla para irse —solicitaré una evaluación psicológica para reclamar tu tutela temporal.

— Rodhey, espera…

— No seré yo quien te deje morir Tony —zanjó el coronel, antes de marcharse.

Tony ni siquiera intentó detenerlo. Su mente se había perdido en la conversación.

Estaba preocupado por ti…

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4 DE ENERO, PISO 122, TORRE STARK, NUEVA YORK.

Bienvenido Capitán —le recibió la voz amistosa de Friday. Steve inhaló todo el aire que pudo. Su estómago le incomodaba, removiéndose, nervioso. Las puertas se abrieron, permitiéndole el paso. La iluminación general estaba apagada, dejando sólo a la iluminación de cortesía hacer todo el trabajo. Fue complicado ajustar sus ojos a la oscuridad que le envolvía. Al fondo, la luz proveniente de la habitación del genio iluminaba el resto del vestíbulo. Logró reconocer ligeras remodelaciones al lugar, cambios en la decoración y mobiliario. Sentía que habían pasado años desde la última vez que estuvo allí. Instintivamente giró hacia el ventanal por donde Stark lo lanzó, meses atrás. No había marca alguna del suceso. A pesar del tiempo que tuvo para pensarlo, seguía avergonzado de su actitud aquella noche. Ambos perdieron el control. Mencionó un par de cosas de la forma más errónea que encontró ante Tony. En su defensa, el millonario tenía un carácter bastante voluble. Sopesó de nuevo sus opciones esa noche, como si de último minuto fuese a ocurrírsele una mejor idea y poder huir del encuentro. Un parte de sí, quería evitarlo. Otra, muy profunda y dolida, esperaba por saber de él. Finalmente era el Capitán América. Y sí, su maldita ética personal lo atormentaba cuando sospechaba un mínimo ápice de culpa en su interior. Un par de pasos lentos acercándose le dieron aviso. Se enderezó, recordando su misión esta noche.

El genio caminó por la penumbra. Entro a la sala de estar donde se encontraba el soldado sin mirarle. Las luces se encendieron en cuando ingresó.

Algo dentro de sí dolió de solo verlo.

Su smoking blanco no aportaba el volumen que podría esperarse. Steve no supo cuánto peso había perdido, pero lucía como una persona completamente distinta. Daba la sensación que podría romperse en cualquier momento. Quizá, eso era sumamente acertado. Le observó mientras terminaba de colocarse el reloj y pulseras –supuso que tendrían que estar conectadas con su armadura de alguna forma- y giró para caminar hacía la salida. No le dio ni un vistazo al soldado. Camino como si no estuviese allí.

— Hola Tony —murmuró con tristeza, cuando este paso de largo.

El genio ni se inmutó, siguiendo su camino hacía el elevador.

— Llama al resto del equipo. Avisa que estoy en camino —espetó, sin mirarle, como si fuera cualquier otro de sus empleados.

Steve suspiró.

— Tony, por favor… —reclamó Steve girando hacía él.

— Señor Stark para ti esta noche —escupió el genio, girando sobre sí mismo para por fin, encontrarse con el soldado.

— Solo para que lo sepas, ofrecí varias alternativas para que no tuvieras que lidiar conmigo ésta noche, pero no hubo otra opción.

— Y yo sólo estoy cooperando porque me necesitan como carnada —simplificó el genio, acercándose. Con la distancia reducida entre ambos, Steve pudo notar como sus pómulos estaban más marcados con sus mejillas hundidas. Cómo, a pesar del maquillaje que seguro usaba, las bolsas oscuras bajo sus ojos revelaban su relieve —Así que deja de pretender que somos un equipo, porque ambos sabemos que estamos aquí por órdenes externas y no por voluntad propia.

— Yo si estoy aquí por voluntad propia.

La mirada del genio se suavizó.

— Haré mi parte y eso es todo —concluyó el genio, antes de dar media vuelta.

— Ojalá no fuera todo.

Le vio detener sus pasos.

— Sólo luchó para mí Capitán, ¿recuerdas? —escupió con amargura, sin mirarle.

Steve suspiró.

— Estás equivocado si aún crees que…

— Siempre estoy equivocado —cortó Tony, girando de nuevo hacia él —todo lo que dijera estaba equivocado por el simple hecho de salir de mi boca.

— Tony…

El soldado sostuvo su mirada con la del moreno. Podía verlo ahora, medio año después. La decepción y el rencor en su mirada, ocultando sin éxito la tristeza que escondía. Steve quería decirle tantas cosas. Todo lo que había pasado por su mente los últimos seis meses que repasó una y otra vez su última pelea. Y allí estaba, frente a él. Una elección descuidada de palabras y el resto de su amistad sería historia.

— No Capitán. Esto no se trata sobre salvar al mundo —escupió el genio —sino de quién puede dominarlo. Esa es la constante en la ecuación, siempre.

— Eso era Hydra —terció el rubio.

— ¿Vas a decirme que desmantelando a Hydra eliminamos la mala hierba en todas las esferas gubernamentales? ¿De verdad quieres que crea eso?

Steve suspiró.

— No, sé que no es así —musitó con tristeza —pero no por ello jugaré sólo, con mis reglas.

Stark le devolvió una media sonrisa incrédula.

— Y eso nos llevó por caminos distintos.

— Pero aun así accediste a esto.

El genio desvió su mirada, conteniéndose.

— ¿Quién dice que no obtengo beneficios de ello? —espetó, con seguridad.

— No eres así —concluyó Steve —te conozco y sé que no lo eres.

— Quizá nunca terminaste de conocerme.

— O quizá conocí demasiado de ti.

El millonario se congeló, observándolo con los ojos entrecerrados.

— Tony, sé lo que está ocurriendo —murmuró, apenas rompiendo el silencio —te he visto. Las cosas últimamente no van bien para ti y luego de que te fuiste…

— Voy a detener todo esto aquí —masculló con acidez el genio —porque lo que ocurre en mi vida es asunto mío. Ve a salvar al mundo Rogers. Créeme: yo seré la última persona que te necesite.

— Sólo intento ayudar.

— Nadie solicitó tu ayuda.

— Quiero hacerlo.

— Puedo cuidarme solo.

— Porque me preocupas Tony.

Lo observó tensar su mandíbula, buscando como responder a ello.

— Eso es lo que hacen los amigos. Cuidarse. Y no puedo irme a seguir salvando al mundo, sin saber que no puedo salvarte.

Stark desvió su mirada al paisaje neoyorkino nocturno. Steve creyó ver algunas cicatrices bien escondidas en su rostro.

— Entonces es tu conflicto, no el mío.

— La bomba hacía Nueva York no lo era tampoco.

Tony cerró los ojos, como si la sola mención del hecho fuera dolorosa.

— No vuelvas a mencionar…—el moreno llevó su mano al puente de su nariz, frotándolo con exasperación.

— Y sin embargo tomaste esa bomba y la llevaste lejos de la ciudad… —recordó Steve.

— …no tenía alternativa.

— Eso es lo que hacemos Tony, ver por…

— No es así Capitán —masculló exasperado el genio —Cuidan sus intereses. Deja de mentir y pretender que te importa mi seguridad personal cuando lo único que les preocupa es que no desarrolle algo que los deje obsoletos y…

Tony cubrió sus ojos con su mano, de pronto respirando superficialmente, como si le estuviese costando trabajo hacerlo.

— ¿Tony?

— Te dije que no lo mencionaras —murmuró, hiperventilando.

— Hey, ¿estás bien?

— Yo… —el genio salió disparado hacia la terraza, como si huyera de algo. Apenas dio un paso fuera, le vio caer de rodillas, apoyando su cuerpo contra el cristal del barandal.

Rogers, esperamos por ustedes para salir —informó Hill por el auricular — ¿Todo en orden?

Hizo una pausa, para ver como fuera, en la terraza, el genio se sentaba y abrazaba sus piernas, con expresión angustiada. Temblaba, quizá porque el clima neoyorkino aún era frío y aún más con la altura de la torre, o porque algo realmente le aterraba.

¿Rogers?

— Todo en orden, estoy con ustedes en 5 minutos —murmuró a Hill, mientras se acercaba a Tony, poniéndose en cuclillas junto a él —Hey, Tony…

El genio parecía ignorar que el soldado se encontraba ahí.

— Ellos volverán —musitó angustiado.

— Sólo, respira, ¿de acuerdo? —le susurró al genio, tomando su rostro perlado de sudor frío entre sus manos.

— No estoy preparado… —murmuró, con su mirada empañada —Nos vencerán y…

— No lo harán Tony, porque lo enfrentaremos juntos —le susurró Steve —No estás solo. Juro que no te dejaré solo.

El genio, afirmó. Fue apenas un ligero movimiento de cabeza, pero Steve notó como su respiración comenzó a ser más lenta y profunda.

— Y ésta noche cuidaré tu espalda —le recordó, con una tímida sonrisa.

Tony cerró los ojos, en una mezcla de incredulidad y resignación.

— Creí haber dicho ya que…

— No necesitas una niñera —completó el rubio —pero si un amigo.

— Sigues siendo un dolor en el trasero —masculló el genio. Steve se forzó a guardarse una sonrisa. No sería fácil. Con Stark nunca lo sería. Pero tenía la plena convicción de que haría lo que fuera, por recuperar su confianza.


**En EE UU se puede solicitar la tutela legal de adultos, bajo diferentes circunstancias, previo juicio y autorización de un juez. Las Tutelas de Salud Mental (LPS), pueden solicitarse por cónyuge, familiares o amigos del pupilo, lo cual les da autoridad de manejar su salud como determine el tutor. Son temporales, y pueden extenderse según el caso.

Vale, este capítulo ha ido bastante corto, pero es que ya hacía falta ver a estos dos juntos. ¿Ya se vieron Endgame? ¿No? Pues anden, que hay mucho que comentar.

Por el momento, muchísimas gracias a los que siguen la historia.

Respuestas a reviews:

Fio Gonzlez: Quizá. Es muy necesario que tenga al Capitán a su lado.

Alessandra Von Grey: Muchas gracias por estar al pendiente, y si, Tony es experto en interpretar su papel de Ave Fénix.

¡Hasta la próxima!

Bethap